September 11, 2022
De parte de Indymedia Argentina
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Bajo esta luna tremenda: la noche de las infancias

Por Facundo Lo Duca
(APe) 07/09/2022

Hay noches dedicadas a los museos, a las librer铆as y a las pizzer铆as, pero ni una sola para los pibes y pibas que atraviesan la nocturnidad por diferentes razones. Con los locales y las plazas cerradas, se vuelven parte de un paisaje l煤gubre. Cr贸nica a contramano de lo diurno.

 Sentado de rodillas, Agust铆n acomoda tres figuritas del mundial en el suelo. Ninguna es de la selecci贸n argentina, pero eso no lo frustra. Forma una l铆nea con las tres.

鈹As铆 es el defensa 鈹le explica a su madre, parada al lado.

Despu茅s adelanta la del medio y dice:

 鈹As铆 la delantera.

Tiene ocho a帽os, viste un buzo azul de Boca Juniors y con su madre aguardan en una fila larga para recibir un plato de comida. El lugar: la entrada de la Biblioteca del Congreso de la Naci贸n, en Capital Federal. Son las diez de la noche, el fr铆o h煤medo de agosto se pega en los huesos. Desde hace semanas, una organizaci贸n social se re煤ne en este punto y reparte alimentos.

La luz blanquecina de la entrada de la biblioteca desaf铆a la lugubridad en la vereda. A煤n est谩 abierta. De hecho, es la 煤nica del pa铆s con un horario trasnoche. El escritor Ricardo Piglia sol铆a frecuentarla. Su vida noct谩mbula le permit铆a encontrar all铆 un resguardo del bullicio urbano y leer hasta caer rendido. Sin embargo, en la 煤nica biblioteca abierta a estas horas, la gente no entra: 驴de qu茅 sirve un libro cuando el est贸mago est谩 vac铆o?

La fila avanza. Agust铆n se sienta en las escalinatas del edificio y descansa el ment贸n en sus pu帽os, pensativo.

鈹Vamos a ver El Molino 鈹le dice su madre, con dos bandejas pl谩sticas humeantes.

Las astas de la hist贸rica confiter铆a 鈹que volvi贸 a abrir sus puertas este a帽o鈹 brillan con un color acre. Al lado, el Congreso, tambi茅n resplandece. Desde ac谩 es f谩cil amar a Buenos Aires, pensar铆a probablemente alg煤n turista.

Agust铆n y su madre, sin embargo, se sientan en la base maciza de un farol, sobre la avenida Callao. Comen en silencio. El peque帽o saca las figuritas y agarra la cuchara pl谩stica. La coloca en el piso de forma horizontal y, un poquito m谩s adelante, a sus tres jugadores.

鈹El arco y la barrera 鈹dice y su madre asiente.

La ciudad tiene la noche de los museos, la de las librer铆as y hasta de las pizzer铆as, pero no hay una sola noche dedicada a las infancias. Las plazas se cierran, los locales bajan sus persianas. Como si ese 谩mbito estuviera vetado para los pibes y pibas de la ciudad que atraviesan ese espacio todos los d铆as 驴A d贸nde juegan ellos, entonces, empujados a la nocturnidad por diferentes situaciones?

No hay pol铆ticas estatales, adem谩s, que conciernan a la noche, tampoco estad铆sticas precisas de cu谩ntos chicos y chicas deambulan a estas horas. No hay, sobre todo, historias. Lo importante, para la mayor铆a de los medios, trascurre durante lo diurno. Para cuando la luna asoma, s贸lo quedan las noticias de la secci贸n policial.

Sin embargo, para Alan, de 12 a帽os, acodado en su carro de recolector urbano sobre la avenida Corrientes, la noche es un aliciente. Alan estudia por la ma帽ana y colabora con su familia en su trabajo de recolectores de una cooperativa en Lomas de Zamora, por la noche.

鈹De d铆a Buenos Aires es un bardo 鈹dice 鈹; de noche te perdona, si sab茅s patearla.

Las tradicionales pizzer铆as de la avenida, a las once de la noche, siguen colmadas; detr谩s, el Obelisco. Alan empuja el carro de tela blanco con liviandad, aunque llegue a juntar casi sesenta kilos de materiales por jornada. Cada vez que pasa por una casa de instrumentos, pega la cara a la vidriera. Sue帽a, dice, con dedicarse a la m煤sica y comprarse un viol铆n. Su tema favorito es El olvidado, del folklorista, N茅stor Garnica. Una estrofa de la letra dice as铆:

鈥淔lor obrera soy
Silvestre de espuma
Cuando el tren se va
Miro en las v铆as la luna
Pensando tal vez
Mi pueblo encuentre fortuna鈥.

Alan se toma un descanso. Apoya su espalda sobre el carro y se limpia el sudor de la frente con el codo.

鈹Termino en un rato y ya nos vamos a casa 鈹cuenta 鈹. Lo jodido es subir todo al cami贸n despu茅s.

La avenida Corrientes supo ser una vanguardia cultural entre los a帽os 鈥30 y 鈥60. La elite pol铆tica se mestizaba con la bohemia porte帽a. De hecho, hay un encuentro que ilustra esto. Una medianoche como 茅sta, pero de 1939, el escritor y periodista Roberto Arlt se cruz贸 a una joven Eva Duarte de Per贸n. La an茅cdota, narrada por C茅sar Tiempo 鈹amigo y confidente del escritor de Los Lanzallamas鈹 dice as铆: Arlt, de 39 a帽os, y Evita, de 20, compartieron de casualidad un caf茅 en uno de los teatros donde ahora Alan divisa restos de cartones en los containers. All铆 el creador de las aguafuertes porte帽as, cont贸 Tiempo, derram贸 sin querer su caf茅 sobre el vestido de Eva. El escritor se arrodill贸 y le pidi贸 disculpas, quiz谩s como una premonici贸n de todo lo que vendr铆a despu茅s.

Ahora Alan emprende su vuelta. Las luces de la avenida, como una pasarela, lo acompa帽an hasta perderse en el bajo porte帽o.

M谩s de la mitad de los pobres de la Ciudad de Buenos Aires son ni帽os, ni帽as y j贸venes que tienen menos de 29 a帽os, seg煤n datos de la Direcci贸n de Estad铆sticas y Censos del distrito del a帽o 2020. Esto equivale a 410.000 personas, es decir, el 54,2% de los 767 mil pobres. Los m谩s afectados por esta realidad son los menores de 14 a帽os que representan el 37,7% o, dicho de otra manera, 4 de cada 10 chicos y chicas.

No hay pol铆ticas estatales, adem谩s, que conciernan a la noche, tampoco estad铆sticas precisas de cu谩ntos chicos y chicas deambulan a estas horas.

A las dos de la ma帽ana, el barrio de Constituci贸n se transforma en una postal urbana como pocas. La calle O鈥橞rian, aleda帽a a la estaci贸n de trenes 鈹una de las terminales por las que transitan m谩s cantidad de gente en toda Latinoam茅rica鈹, alberga construcciones que parecen castillos. En la entrada de uno de esos edificios est谩 el 鈥楪uli鈥, sentado con tres amigos. Ninguno supera los 15 a帽os. Ma帽ana, un martes cualquiera de agosto, no ir谩n a la escuela. La abandonaron en la pandemia.

鈹Cada uno hace la suya ahora 鈹dice el Guli, con un pucho en la mano. 鈹En el barrio es as铆.

Para divertirse en noches desoladas como 茅sta, cuenta Guli, juegan a la pelota en las inmediaciones de la v铆a del tren, cerrado por estas horas.

鈹O vamos para el puente y fumamos uno鈹 dice. El puente es una explanada corta que sobrevuela una parte de la estaci贸n en completo abandono. All铆, con el tiempo, se form贸 un peque帽o barrio ferroviario en las oficinas en desuso de la empresa que regula las l铆neas f茅rreas.

鈹Ah铆 se ve todo Consti. Nos quedamos un rato鈹 dice el Guli.

Cada vez m谩s pibes y pibas se suman a la noche de las infancias.

Bajo una luna tremenda.

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enviado por redlatinasinfronteras.sur@gmail.com



Fuente: Argentina.indymedia.org