February 3, 2021
De parte de Fundacion Aurora Intermitente
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¿Es la Presidencia una culebra de cascabel?: miscelánea sobre el asalto al Capitolio del J6

Todo asalto a “la sede de la soberanía nacional” –vulgo, Parlamento-, es un hecho extraordinario y, por su rareza, cuasi revolucionario. Pero, lastimosamente, suele serlo en su vertiente contrarrevolucionaria lo cual demuestra que los contrarrevolucionarios veneran dos dogmas: 1) que su alma encarna mejor que nadie a la Nación porque es más soberana que la sociedad y 2) que la idolatrada ‘soberanía nacional’ es una entelequia fruto de los deliquios sociales, socialistas, comunistas o colectivistas de la plebe puesto que, como Thatcher repetía hasta la saciedad, la sociedad no existe, sólo hay individuos.
Los asaltos contrarrevolucionarios suelen ser autogolpes. Descarados como los de Tejero/Juan Carlos I (1981) o el de Fujimori (1992) O autogolpes algo maquillados como el del general Pavía contra las Cortes federales españolas (1874) o el putsch hitleriano ‘de la cervecería’ (1923) que preludiaba una nonata Marcha sobre Berlín que, una década después, fue coronada por el incendio del Reichstag (1933) El 06.I.2021, Trump perpetró un autogolpe cuando ordenó a sus sicarios que asaltaran el Capitolio (Congreso+Senado) de Washington. Pero, simultáneamente, los auto-golpistas atacaron, además, a una decena de otros Capitolios por lo que mejor hablamos de asaltos, en plural. Observación: si mencionamos a Trump, es en el entendimiento de que no nos referimos a un tal fulano Donald sino a un equipo de conspiradores y de magnates politizados suponemos que presididos por su hija Ivanka (dentro de cuatro años, ¿candidata a Presidenta?)

Los asaltos del 06 enero 2021

Es evidente que la okupación del Primer Capitolio de los EEUU (J6 en jerga gringa) fue ordenada por el equipo de Trump y contó con apoyos internos a todos los niveles, desde gobernantes y mandos militares hasta policías del montón. Y es no menos evidente que representó no un caprichoso arrebato del Presidente sino la cumbre de un proceso del que hubo avisos suficientes. Por ejemplo: en 2019, una manifestación de 10.000 energúmenos armados hasta los dientes, asolaron Richmond (Va) y, para remate, el 08.octubre.2020, los trumpistas más exaltados intentaron secuestrar y asesinar a la demócrata Gretchen Whitmer, gobernadora de Michigan.

Item más, el putsch (golpe de estado si hubiera triunfado) del día de Reyes fue diseñado imitando las marchas sobre Roma (1922) o sobre Berlín que precedieron a las tiranías de Mussolini y Hitler. En el caso gringo, quizá involuntariamente, el comando de campaña trumpiano no disimuló sus raíces históricas golpistas sino que, al revés, presumió de plagiar las mecánicas fascio-nazis. Por ello, se denominó ‘Marcha sobre Washington’ (March for Trump; bajo el lema Detengan el Robo Stop the Steal) El endiosado Presidente Trump la convocó, la financió y la jaleó pronosticando que sería very big… y wild –socorrido eufemismo por violenta.
Es probable que los trumpistas del montón no conocieran los detalles de las Marchas europeas pero, de ser así, no sería por ignorancia sino por adanismo puesto que, para esos activistas, Europa no existía hasta que, gracias a un par de guerras mundiales, sus tropas expedicionarias la asaltaron (humanitariamente) y la redimieron.

El golpe de estado de las barrigas cerveceras (the beer belly putsch)

El trumpismo se manifestó a través de sus innumerables grupúsculos lo cual contrasta con la homogeneidad (monotonía) de la mayoría de los partidos políticos –dejamos para otra ocasión investigar si esos grupúsculos tienen verdadero poder dentro del partido republicano, el del elefante, el Grand Old Party, GOP-. Por ejemplo, aparecieron Qanon, The Proud Boys, el Ku Klux Klan, los Boogaloo, los Patriots, The Kek Flag –con sus cuatro KKKK encabezados por Pepe the Frog-, The Three Percenters, el movimiento Stop the Steal, el National Anarchist Movement y un largo etcétera. Todos ellos enarbolando sus propias banderolas a las que podríamos sumar otras como la bandera de las barras y estrellas –no tan abundante como en otras ocasiones-, y la confederada sureña amén de otras debutantes como la del Sha de Persia y la sionista. Desde la óptica visual, por ser amarilla, destacaba la veterana Gadsden flag –volveré sobre ella-. Y, desde el punto de vista de la confusión interesada, algunos han querido ver banderas antifascistas. Era necesario inventarlas para que los listillos de turno pudieran achacar el asalto a los Antifas.

Veteranía del libertarianismo gringo

Escribió Shakespeare que “Macbeth will never be defeated until Birnam Wood marches to fight you” y, efectivamente, la imagen de las turbas (mob) asaltantes era la de un bosque de gonfalones marchando en son de guerra. Pero no contra la macbetiana ambición de poder representada por Trump sino contra los burócratas liliputienses que le han defenestrado. Por ende, el Birnam Wood desfilaba pensando en el futuro –o, si se prefiere, en el siguiente Acto de la Tragedia.

Schwarzenegger entendió enseguida que ese espectáculo debía ser desdramatizado y consiguientemente reciclado como ópera cómica –de comic-. De ahí que se apropiara de la espada de Conan para exhibirla como lo que es, un exgobernador californiano de guardarropía dirigiéndose a unos adultos infantiles e infantilizados. Pero, ojo, además de estar armados con mucho más que escopetillas, esos adultos son ‘emprendedores’ neoliberales. Por ello, el robaperas que se llevó un atril del Congreso, lo subastó inmediatamente en eBay por precio de 14.900 US$. Y por eso, es oportuno conocer que los cuernos del disfraz que hizo famoso a un conspirador de cuyo nombre no quiero acordarme, cuestan 11 US$ mientras que su gorro de piel puede alcanzar los 450 US$. Especulo que, en los próximos años, veremos a muchos supremacistas con cuernos aunque sólo unos pocos con cofias medio indias medio pioneras cuyo éxito comercial radicará precisamente en esta confusión.

Algunos se hacen una pregunta retórica: ¿qué hubiera ocurrido si los asaltantes del Capitolio hubieran sido negros o hispanos? Obviamente que les hubieran masacrado. Más aún, nunca hubieran llegado a las cercanías porque les habrían asesinado en sus barrios. Un antecedente: en el Washington de 1919, una turbamulta de caucásicos, asesinó a 40 negros; la masacre duró tres días en los que la policía y el Presidente W. Wilson –los conspiradores que incitaron a aquella barbarie- se afanaron en borrar las huellas de sus crímenes.

Populismo no, fascismo

Entre 2016 y 2020, los medios dominantes gringos calificaron a Trump como: fascista, 627 veces; autoritario, 1.807 veces; y populista, 3.422 veces (apud A. Dimaggio, Counterpunch, 07 enero 2020) Blanqueamiento puro. Para quien suscribe, Trump es un proto-Führer y lo sostengo no sólo por su racismo, extractivismo, machismo y etc. de todos conocidos sino también porque sus fuerzas de asalto o Sturmabteilung (SA, 1920) o grupúsculos –por el momento-, son una mazamorra de irracionales cuya heterogénea confusión puede decantarse en un fascismo à la americana. Ejemplo: Qanon es uno de los grupúsculos más fuertes, conspiranoicos… y más engañosos puesto que sostiene que “toda figura de autoridad es parte de una camarilla secreta que trabaja contra la libertad”. Nada que objetar pues autoridad es antónima de libertad. Pero, en la práctica, Qanon es trumpista hasta la médula. En otras palabras, necesita a un Jefe volátil, comerciante y grosero –léase, un Führer.
Muchos nos preguntamos si Trump estará maquinando fundar una cadena de televisión. Remember que, en plena campaña electoral, su compinche Rupert Murdoch le mezquinó –léase, encareció demasiado- su querida Fox. De fundar una suerte de Fox aún más tremendista, ¿será el primer paso para escindir el GOP inventándose un Vox à la gringa? Pudiera ser porque tiene 74 millones de votantes y, lo que es más decisivo: 18 millones de exmilicos con experiencia armada -y con sumisión fascista garantizada. Esta masa –confusa y neoliberal-, tiene un líder y unos grupúsculos irracionalistas con ribetes esotéricos. Sólo les falta un pretexto bélico, externo o interno. Si el equipo de Biden cae en la tentación de emprender alguna guerra con la que desembarazarse de los más desperados, el horizonte será muy parecido al de la Alemania nazi. Aunque, quizá, con una variable moderna: la vuelta de los veteranos será gestionada como si fueran desechos tóxicos –la guerra moderna es más industrial y menos territorial que las anteriores. Y no olvidemos que Trump no comenzó ninguna guerra mientras que Biden, como vicepresidente del hiperbelicista premio Nobel de la Paz, tiene experiencia en este campo –minado.
Sea como fuere, en estos momentos Trump tiene fortísimos enemigos que ya han empezado a satanizarle. Hoy, tiene en su contra no sólo a las famosas ciberpotencias (Twitter et al) sino también a una OTAN que no le perdona haberle reducido su trabajo imperialista, a los generales belicistas (menudo pleonasmo), a la Chamber of Commerce (USACC), a la National Association of Manufacturers (NAM), al Wall Street Journal y etc.

Propina de humor negro

Las dos mujeres que murieron en el asalto del J6 son carne de chiste contradictorio. Veamos: 1) Ashli Babbitt, 35, había pasado 14 años en la Aviación militar USA. La víspera del asalto, tuiteó en Qanon que estaba llegando el día en el que Trump renacería para ajusticiar a los corruptos y pedófilos –no sé si incluyó a los pederastas- que se conchababan en el Capitolio. Lo curioso de su caso es que Babbitt fue el título de una novela de Sinclair Lewis que tuvo mucho éxito desde los 1920’s. Ahora, según el diccionario, Babbitt es una persona que “is satisfied with a narrow set of values and thinks mainly about possessions and making money”. Dicho de otra forma, es el Americano medio. Armado, violento y, en definitiva, fascista.

2) Rosanne Boyland, 34, tenía antecedentes como camella de heroína y otros cuantos delitos. Y no murió de un disparo como Babbitt sino aplastada por una avalancha de sus propios correligionarios. Lo estrambótico de su caso es que Boyland portaba una bandera amarilla, precisamente la Gadsden flag antes mencionada. Es la bandera de los libertarianos –jamás confundir con sus antagónicos, los libertarios-, se inventó en 1775 y luce en una de sus caras una culebra de cascabel inspirada, dícese, en que Benjamin Franklin escribió que los británicos les enviaban presidiarios así que los patriotas debían responder enviando al Reino Unido algunos cargamentos de serpientes de cascabel. El caso es que, en la otra cara, esta bandera pregona el lema Dont [sic] tread on me (=no me pises) Y, en efecto, Boyland no fue pisoteada sino, más aún, laminada.

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Fuente: Aurorafundacion.org