August 9, 2021
De parte de Lobo Suelto
219 puntos de vista

Una larga tradici贸n, conocida bajo el nombre de materialismo, termina de consolidarse con un gesto, una decisi贸n de Maquiavelo: ir directamente a la verdad de las cosas y no a su representaci贸n imaginaria. Si nos tomamos en serio esta afirmaci贸n, si hacemos caso a lo que ella sugiere, deberemos empezar diciendo que muchos de los que hoy se llaman materialistas no lo son. En un pa铆s donde la crudeza es tomada por cinismo y la ilusi贸n por hidalgu铆a, no proliferan pensamientos que podamos llamar de esta manera. Una excepci贸n es la del escritor Jorge As铆s. Si su narrativa puede ser calificada de materialista es porque su pluma no justifica ni juzga: narra lo que ve, lo que pasa, lo que hay. Retrata un mundo al desnudo. Y lo comprende. Ese retrato, con sus pinceladas de crudeza, con sus retoques de iron铆a, hace trizas el delirio biempensante, la densidad fantaseada del progresismo argentino.

Empecemos por el hombre Jorge As铆s. Antes de escritor, al igual que Rodolfo en Flores robadas, trabaj贸 vendiendo retratos al 贸leo en el conurbano bonaerense. Tocaba puertas, era recibido por vecinos, y as铆 lograba conseguir unos pesos. Su primera escuela: el retrato y la venta. Esa fue la gran virtud que luego desarrollar铆a en su escritura. La representaci贸n de las cosas como son. Y el comercio, la seducci贸n de las palabras. Tal como sucede en la venta, se帽ala As铆s, lo importante en la literatura no es tanto las palabras que uno usa, sino la cara con que las dice, c贸mo las dice: entonces seducen. El Turco 鈥揺sta no es ninguna novedad鈥 es un chamuyero. Y en el mejor sentido de la palabra. El chamuyo no es asunto de verdad o mentira. Se trata de otra cosa: del entendimiento y el uso de la capacidad envolvente del lenguaje. Es el arte de hacer sentir, de hacer mundo con las palabras, y as铆 envolver al otro en la atm贸sfera que se construye.

Si nos permitimos combinar esta primera escuela con una segunda ligada al mundo de la militancia de izquierda, podemos agregar algo m谩s: lo que As铆s dibuja es el rostro desnudo de la pol铆tica. El Turco retrata los gestos de una sociedad que prefiere no mirarse, aterrorizada por la imagen que el espejo podr铆a devolverle. Por eso interesa su materialismo. Porque tiene una especificidad muy concreta. As铆s combate a una cultura ennoblecida, inquebrantable defensora de las causas m谩s trascendentes, pero poseedora de un imperdonable defecto: ha renunciado a mirar como condici贸n para no mirarse, ha renunciado a pensar como condici贸n para no pensarse. Y as铆 evitar el disgusto de las cosas mismas, de la realidad sin atajos ni facilismos. El Turco retrata semblantes, figuras, que la intelectualidad biempensante prefiere omitir. Nos muestra la verdad de los buscas, de los reventados, de los canguros.

Hace todo esto sin la necesidad de justificarse. En primer lugar, porque no le interesa; en segundo, porque al tratar la verdad de las cosas mismas, la justificaci贸n no requiere otro argumento que el del paso del tiempo. Esto le otorga a su narrativa un rasgo fundamental: crudeza anticipatoria. Anticipa el cinismo futuro que se esconde bajo la ilusi贸n del presente. Ese es su materialismo. Flores robadas, por ejemplo, retrata la ret贸rica heroica, alucinada, de la militancia de los a帽os setenta. No deber铆a entenderse esto como una escritura contra la militancia. Por el contrario, es una escritura contra una forma de militancia enamorada de su propia representaci贸n, contra una forma de militancia extraviada en los delirios de una fantas铆a abstracta y narcisista. Podr铆amos decir, repitiendo palabras de Le贸n Rozitchner, que su escritura se帽ala el obst谩culo a enfrentar. Aquel que debe ser vencido para dar lugar a una nueva forma, a un pensamiento diferente de lo pol铆tico.

En su crudeza anticipatoria, el Turco As铆s nos muestra c贸mo la fantas铆a colectiva, la negaci贸n radical de las cosas mismas, encuentra con el tiempo refugios donde ocultarse. Del sue帽o eterno del socialismo a la peronizaci贸n de la izquierda, de la Plaza euf贸rica por la recuperaci贸n de las Malvinas al festejo por el retorno democr谩tico, de la revoluci贸n productiva al que se vayan todos, de la d茅cada ganada al resistiendo con aguante. Ilusi贸n, intento, derrota, frustraci贸n, reinvenci贸n de s铆 mismo, reconciliaci贸n con el mundo y b煤squeda de una nueva ilusi贸n. Ese pareciera ser el c铆rculo de la pol铆tica argentina.

La derrota se hereda, dice el Turco. Y quiz谩s pueda leerse el conjunto de su obra como la narraci贸n de esa larga herencia. Como la voluntad de registrar una misma vibraci贸n que atraviesa los tiempos. Hay en As铆s un esfuerzo por ver la derrota en el anuncio de la victoria, por recordar en cada plaza el cinismo de la anterior. Quisiera insistir en este punto: la crudeza de As铆s no se debe a una especie de tentaci贸n contrera (que seguramente la tenga), sino a una voluntad de retratar la verdad real de las cosas. Esta construcci贸n de s铆 mismo como un francotirador acerca la narrativa de As铆s a la de Fogwill. Ambos escriben contra el autismo del progresismo argentino. Ese encierro alucinado en el infinito abstracto de las consignas esconde la presencia de una confortable ilusi贸n: la ilusi贸n de que las palabras implican pensamientos y los pensamientos acciones. Entonces se habla, se repite, se proclama lo que los tiempos exigen. Incluso cuando esa exigencia pareciera arremeter contra los propios tiempos. En el transcurso de esa incansable repetici贸n sucede lo terrible: se piensa que se piensa. O lo que es peor, se piensa que se hace. El progresismo es un fen贸meno discursivo que se encarga de la distribuci贸n de mercanc铆as apalabradas, de listas blancas de nombres, de ilusiones que tranquilizan y entusiasman.

Pero la ilusi贸n tiene patas cortas. Pronto se descubre la ineficacia pol铆tica de estas mercanc铆as, la enorme distancia que las separa de la verdad material. Y cuando los atajos de la ilusi贸n se topan, como siempre, con las exigencias de la realidad, la decepci贸n es ineludible. La realidad hist贸rica aparece al desnudo, en carne propia, y se transforma en algo insoportable. La violencia se muestra como el fundamento real de la vida social y la ilusi贸n de una acci贸n pol铆tica pac铆fica con libros de Galeano y obras de Spregelburd se parte en mil pedazos. Entonces pasa lo siguiente. Todos pareci茅ramos vivir una terrible pesadilla cuando en verdad lo que sucede es lo contrario: despertamos del sue帽o tranquilo, ilusorio, de los a帽os felices del humanismo progresista.

La decepci贸n 鈥搚 este es el verdadero problema鈥 no conduce siempre al abandono de la satisfacci贸n imaginada. Muchas veces, lejos de reconocer y repensar las circunstancias reales del mundo exterior, nos entregamos una vez m谩s a la repetici贸n de lo mismo. Y all铆 la ilusi贸n se perpet煤a. La derrota se hereda, una y otra vez. As铆 nos encerramos en la fantas铆a que siempre nos deja triunfales, impolutos, mientras la realidad avanza y avanza, volvi茅ndose cada vez m谩s dolorosa.

*El texto es un cap铆tulo del libro Engendros publicado en el a帽o 2018 y disponible en PDF en Lobo!




Fuente: Lobosuelto.com