August 11, 2022
De parte de Cultura Y Anarquismo
168 puntos de vista

Richard Dawkins tenía quince años cuando dejó de
creer en Dios. Profundamente impresionado por la belleza y la
complejidad de los seres vivos, estaba convencido de que tenía que
existir un diseñador. Sin embargo, cuando empezó a estudiar biología
evolutiva cambió de opinión. Solía ser de sentido común que los seres
vivos tenían que haber sido creados por Dios, pero Darwin hizo saltar
por los aires esa idea concreta. En
Ateísmo para principiantes,
uno de los mejores y más exitosos divulgadores de ciencia del mundo
ofrece a sus lectores, jóvenes y adultos, la misma oportunidad de
replantearse algunas de las cuestiones más importantes: ¿Cree usted en
Dios? ¿En cuál? ¿Hemos de ser religiosos para así portarnos bien con los
demás? ¿Cuánto de lo que leemos en la Biblia es cierto?

Zenda adelanta el primer capítulo del libro.

***

1

¡DEMASIADOS DIOSES!

¿Cree usted en Dios?

¿En cuál de ellos?

A
lo largo de la historia se ha venerado a miles de dioses en todo el
mundo. Los politeístas creen en un montón de dioses al mismo tiempo (en
griego, theos es «dios» y poly, «muchos»). Wotan (u
Odín) era el principal dios de los vikingos. Otros dioses vikingos eran
Balder (el dios de la belleza), Tor (el dios del trueno con su poderoso
martillo) y su hija Trud. Tenían diosas como Snotra (diosa de la
sabiduría), Frigg (diosa de la maternidad) y Ran (diosa del mar).

Los
antiguos griegos y romanos también eran politeístas. Sus dioses, al
igual que los de los vikingos, eran muy humanos, dotados de los intensos
deseos y emociones que caracterizan a nuestra especie. Los doce dioses y
diosas griegos se suelen emparejar con sus equivalentes romanos que se
pensaba realizaban las mismas tareas, como Zeus (el Júpiter romano), rey
de dioses, con sus rayos; Hera, su esposa (Juno); Poseidón (Neptuno),
dios del mar; Afrodita (Venus), diosa del amor; Hermes (Mercurio),
mensajero de los dioses, que volaba gracias a sus sandalias aladas;
Dionisio (Baco), dios del vino. De las principales religiones que
sobreviven en la actualidad, el hinduismo también es politeísta, y
cuenta con miles de dioses.

Una gran cantidad de griegos y romanos
pensaban que sus dioses eran auténticos —les rezaban, sacrificaban
animales en su honor, les daban las gracias por la buena fortuna y les
maldecían cuando las cosas iban mal—. ¿Cómo sabemos que esas antiguas
personas no tenían razón? ¿Por qué ya nadie cree en Zeus? No podemos
saberlo a ciencia cierta, pero la mayoría de nosotros estamos lo
bastante seguros para afirmar que somos «ateos» con respecto a todos
esos dioses antiguos (un «teísta» es alguien que cree en dios —o dioses—
y un «ateo» —o «ateísta», la «a» significa «no»— es alguien que no cree
en ellos). Los romanos decían que los primeros cristianos eran ateos
porque no creían en Júpiter, en Neptuno o en cualquiera de sus dioses.
En la actualidad, utilizamos esa palabra para las personas que no creen
en ningún dios.

Al igual que usted, espero, yo no creo en Júpiter,
Poseidón, Tor, Venus, Cupido, Snotra, Marte, Odín o Apolo. No creo en
los antiguos dioses egipcios, como Osiris, Tot, Nut, Anubis o su hermano
Horus, del que, al igual que de Jesús y de muchos otros dioses de todo
el mundo, se dijo que había nacido de una virgen. No creo en Hadad,
Enlil, Anu, Dagón, Marduk ni en ninguno de los antiguos dioses
babilonios.

No creo en Anyanwu, Mawu, Ngai, ni en ninguno de los
dioses del sol de África. Ni tampoco en Bila, Gnowee, Wala,
Wuriupranili, Karraur ni en ninguna de las diosas del sol de las tribus
aborígenes australianas. No creo en ninguno de los muchos dioses y
diosas celtas, como Edain, la diosa irlandesa del sol, o Elatha, el dios
de la luna. No creo en Mazu, la diosa china del agua, o Dakuwaqa, el
dios tiburón de Fidji, o Illuyanka el dragón del océano de los hititas.
No creo en ninguno de los cientos y cientos de dioses del cielo, de los
ríos, del sol, de las estrellas, de la luna, del tiempo, del fuego, de
los bosques… demasiados dioses en los que no creer.

Y no creo en
Yahvé, el dios de los judíos. Pero es bastante probable que usted sí, si
fue criado como judío, cristiano o musulmán. El dios judío fue adoptado
por los cristianos y (con el nombre árabe de Alá) por los musulmanes.
El cristianismo y el islam son descendientes de la antigua religión
judía. La primera parte de la Biblia cristiana es puramente judía, y el
libro sagrado de los musulmanes, el Corán, deriva parcialmente de las
escrituras judías. Esas tres religiones, el judaísmo, el cristianismo y
el islam, a menudo son agrupadas bajo el nombre de religiones
«abrahámicas», porque las tres se remontan al mítico patriarca Abraham,
quien también es venerado como el fundador del pueblo judío. Nos
volveremos a topar con él en un capítulo posterior.

Esas tres
religiones son consideradas monoteístas porque sus miembros afirman
creer en un único dios. Y digo «afirman» por varias razones. Yahvé, el
dios dominante de la actualidad (razón por la cual escribiré Dios, con
«D» mayúscula), empezó desde abajo, como dios tribal de los antiguos
israelitas, quienes creían que les cuidaba por ser ellos su «pueblo
elegido». (Es un accidente histórico —la legalización del cristianismo
por parte del Imperio romano después de que el emperador Constantino se
convirtiera en el año 312 d. C.— que llevó a que Yahvé fuera adorado por
todo el mundo en la actualidad). Las tribus vecinas tenían sus propios
dioses, que, según creían, les proporcionaban una protección
especial. Y, aunque los israelitas adoraban a su propio dios tribal
Yahvé, esto no implicaba necesariamente que no creyeran en los dioses de
las tribus rivales, como Baal, el dios de la fertilidad de los
canaanitas; tan solo pensaban que Yahvé era más poderoso —y también
extremadamente celoso (tal como veremos más adelante): pobre de ti si te
pilla flirteando con alguno de los demás dioses—.

El monoteísmo
de los cristianos y musulmanes modernos es también bastante sospechoso.
Por ejemplo, creen en un «demonio » malvado llamado Satanás
(cristianismo) o Shaitán (islam). También se le conoce por toda una
serie de nombres, como Belcebú, Satán, el Maligno, el Adversario, Belial
o Lucifer. No lo consideran un dios, pero sí creen que posee poderes
como los de un dios y que está librando, junto a sus fuerzas del mal,
una titánica guerra contra las fuerzas del bien de Dios. A menudo, las
religiones heredan ideas de religiones más antiguas. La idea de una
guerra cósmica del bien frente al mal proviene probablemente del
zoroastrismo, una religión temprana fundada por el profeta persa
Zoroastro, que influyó en las religiones abrahámicas. El zoroastrismo
era una religión con dos dioses, el dios bueno (Ahura Mazda) batallando
contra el dios malvado (Angra Mainyu). Todavía quedan algunos
zoroastrianos, sobre todo en la India. Pero esta es otra religión en la
que tampoco creo y en la que seguramente usted tampoco.

Una de las
acusaciones más peculiares dirigidas a los ateos, especialmente en
Estados Unidos y en los países islámicos, es que adoran a Satanás. Por
supuesto, los ateos no creen en dioses malvados más de lo que creen en
los buenos. No creen en nada sobrenatural. Solo las personas religiosas
creen en Satanás.

El cristianismo también bordea el politeísmo de
otras maneras. «Padre, Hijo y Espíritu Santo» son descritos como «tres
en uno y uno en tres». Durante siglos se ha discutido muchas veces sobre
el significado exacto de esa afirmación, a veces incluso de forma
violenta. Parece una fórmula para meter con calzador el politeísmo
dentro del monoteísmo. Se nos podría perdonar quelo llamáramos
triteísmo. La temprana separación de la Iglesia católica oriental
(ortodoxa) y la occidental (romana) se produjo en gran parte por una
disputa sobre la siguiente cuestión: ¿el Espíritu Santo «proviene» (sea
lo que sea lo que esto signifique) del Padre y del Hijo o solo del
Padre? Ese es el tipo de cosas en las que los teólogos invierten su
tiempo pensando.

Y luego está la madre de Jesús, María. Para los
católicos romanos, María es una diosa a todos los efectos. Niegan que lo
sea, pero le siguen rezando. Creen que fue «concebida inmaculadamente».
¿Qué significa eso? Bien, los católicos creen que todos «nacemos en
pecado». Incluso los diminutos bebés, que seguramente a usted le parece
que son un poco jóvenes para pecar. De todas formas, los católicos
piensan que María (al igual que Jesús) fue una excepción. El resto de
nosotros heredamos el pecado cometido por Adán, el primer hombre. De
hecho, Adán nunca existió realmente, por lo que no pudo pecar. Pero los
teólogos católicos no se echan atrás por detalles tan nimios como ese.
Los católicos también creen que María, en lugar de morir como el resto
de nosotros, fue físicamente succionada hacia «arriba» hasta entrar en
el cielo. La describen como la «Reina del Cielo» (¡a veces incluso como
la «Reina del Universo»!), con una pequeña corona colocada sobre su
cabeza. Parecería que todos estos detalles la convierten en una diosa
como los miles y miles de deidades hindúes (que los propios hindúes
dicen que son solo versiones diferentes de un único dios). Si los
griegos, los romanos y los vikingos eran politeístas, los católicos
romanos también lo son.

Los católicos romanos también rezan a
santos individuales: gente fallecida que es recordada como especialmente
devota y que ha sido «canonizada» por un papa. El papa Juan Pablo II
canonizó a 483 nuevos santos, y Francisco, el papa actual, canonizó nada
menos que a 813 en un solo día. Creen que muchos de esos santos tienes
habilidades especiales, que hacen que valga la pena rezarles con
propósitos particulares o por grupos concretos de personas. San Andrés
es el patrón de los pescaderos; san Bernardo, de los arquitectos; san
Drogón, el de los propietarios de cafeterías; san Gumaro, de los
leñadores; santa Liduvina, de los patinadores sobre hielo. Si usted
necesitara rezar para tener paciencia, un católico le aconsejaría que
rezase a santa Rita de Casia. Si su fe flaquea, intente con san Juan de
la Cruz. Si siente aflicción o angustia, santa Dimpna puede que sea lo
que más le conviene. Los que sufren un cáncer suelen probar con san
Peregrino. Si el lector ha perdido sus llaves, san Antonio es su hombre.
Y luego están los ángeles, los cuales poseen diversos rangos, desde los
serafines en la cima, pasando por los arcángeles más abajo y así hasta
llegar a su ángel de la guarda personal. Una vez más, los católicos
romanos negarán que los ángeles son dioses o semidioses, y protestarán
afirmando que no rezan a los santos, sino que tan solo les piden que
intercedan por ellos ante Dios. Los musulmanes también creen en los
ángeles. Y en los demonios, a los que llaman genios.

No creo que
importe mucho si María, los santos, los arcángeles y los ángeles son
dioses, semidioses o nada. Discutir sobre si los ángeles son o no son
semidioses es como discutir sobre si las hadas son lo mismo que los
duendes.

Aunque es muy posible que usted no crea en hadas y
duendes, es bastante probable que haya sido educado en alguna de las
tres fes abrahámicas como judío, cristiano o musulmán. Resulta que yo
mismo fui educado como cristiano. Fui a escuelas cristinas y fui
confirmado por la Iglesia de Inglaterra cuando tenía trece años.
Finalmente, abandoné el cristianismo a los quince. Una de las razones
por las que lo hice fue esta: a los nueve años ya había averiguado que,
si hubiera nacido de unos progenitores vikingos, creería firmemente en
Odín y Thor. Si hubiera nacido en la antigua Grecia, adoraría a Zeus y a
Afrodita. En los tiempos modernos, si hubiera nacido en Pakistán o
Egipto, creería que Jesús fue tan solo un profeta, no el Hijo de Dios,
tal como enseñan los sacerdotes cristianos. Si hubiera nacido de
progenitores judíos, todavía estaría esperando la llegada del Mesías, el
salvador tanto tiempo prometido, en lugar de creer que Jesús fue el
Mesías, como enseñaban en mis escuelas cristianas. Las personas que
crecen en diferentes países hacen lo mismo que sus padres y creen en el
dios o dioses de su país. Estas creencias se contradicen entre sí, por
lo que no todas pueden estar en lo cierto.

Si una de ellas es
correcta, ¿por qué tendría que ser la creencia que casualmente has
heredado en el país en el que naciste? No hace falta ser muy sarcástico
para pensar algo parecido a esto: «¿A que es asombroso que casi cada
niño y niña siga la misma religión que sus padres, y que siempre resulte
que es la religión correcta?». Siento aversión por el hábito de
etiquetar a los niños pequeños con la religión de sus padres: «niño
católico », «niño protestante». Esas expresiones se pueden escuchar
refiriéndose a niños demasiado pequeños para hablar, por no decir
demasiado jóvenes como para profesar opiniones religiosas. Me parece tan
absurdo como hablar de un «niño socialista» o de un «niño conservador»:
nadie usaría jamás una frase como esa. Tampoco creo que debamos hablar
de «niños ateos».

Y ahora, unos cuantos nombres más para la gente
que no cree. Hay muchas personas que prefieren evitar la palabra «ateo»,
incluso a pesar de que no creen en ningún dios determinado. Algunos se
limitan a decir «No sé, no lo podemos saber». A menudo, estas personas
se llaman a sí mismas «agnósticos». La palabra (basada en una palabra
griega que significa «desconocido ») fue acuñada por Thomas Henry
Huxley, un amigo de Charles Darwin conocido como el «Bulldog de Darwin»
porque peleaba por su causa en público cuando Darwin era demasiado
tímido, estaba demasiado ocupado o demasiado enfermo para hacerlo.
Algunas personas que se llaman a sí mismas agnósticas piensan que es
igual de probable que existan o no existan dioses. Creo que ese es un
argumento bastante débil, y Huxley estaría de acuerdo. No podemos
demostrar que las hadas no existen, pero eso no significa que pensemos
que hay un 50 % de posibilidades de que sí existan. Los agnósticos más
sensatos dicen que no están seguros, pero que creen que es bastante
improbable que exista alguna clase de dios. Otros agnósticos quizá digan
que no es que sea improbable, sino que, simplemente, no lo sabemos.

Hay
personas que no creen en dioses conocidos pero que anhelan la
existencia de «algún tipo de poder superior», un «espíritu puro», una
inteligencia creativa de la que no sabemos nada excepto que diseñó el
universo. Dirían algo como: «Bien, no creo en Dios —con lo que es casi
seguro que se refieren al dios abrahámico—, pero no puedo creer que no
exista nada más. Debe de haber algo más, algo más allá».

Algunas
de estas personas se consideran «panteístas». Los panteístas son algo
imprecisos respecto a sus creencias. Dicen cosas como «mi dios es todo»,
o «mi dios es la naturaleza», o «mi dios es el universo», o «mi dios es
el misterio profundo de todo aquello que desconocemos». El gran Albert
Einstein utilizaba la palabra «Dios» más o menos en este último sentido.
Eso es muy distinto a un dios que escucha tus oraciones, lee tus
pensamientos más íntimos y te perdona (o castiga) tus pecados —algo que
se supone que sí hace el Dios abrahámico—. Einstein era inflexible
respecto a que no creía en un dios personal que hiciera ninguna de esas
cosas.

Otros se consideran «deístas». Los deístas no creen en
ninguno de los dioses conocidos de la historia. Pero creen en algo un
poco más definido que aquello en lo que creen los panteístas. Creen en
una inteligencia creativa que inventó las leyes del universo, puso todo
en marcha al inicio del tiempo y del espacio, y luego se apartó y no
hizo nada más: simplemente, dejó que todo sucediera según las leyes que
él (¿ello?) había dispuesto. Varios de los padres fundadores de Estados
Unidos, hombres como Thomas Jefferson y James Madison, eran deístas.
Sospecho que, si hubieran vivido después de Charles Darwin en lugar de
en el siglo XVIII, habrían sido ateos, pero no puedo demostrarlo.

Cuando
alguien afirma que es ateo no significa que pueda demostrar que no
existen dioses. Estrictamente hablando, es imposible demostrar que algo no
existe. No sabemos a ciencia cierta que no existan dioses, de la misma
manera que no podemos demostrar que no existen las hadas, los duendes,
los elfos, los trasgos, los leprechauns o los unicornios rosas;
de la misma forma que no podemos demostrar que Papá Noel, el conejo de
Pascua o el ratoncito Pérez no existen. Hay miles de millones de cosas
que podemos imaginar y que nadie puede rebatir. El filósofo Bertrand
Russell lo explicó con una descripción gráfica muy brillante. Si yo le
dijera que hay una tetera china orbitando alrededor del sol, usted no
podría refutar mi afirmación. Pero el hecho de que no se pueda refutar
algo no justifica que se deba creer en ello. Siendo estrictos, todos
deberíamos ser «agnósticos respecto a la tetera». En la práctica somos
a-teteristas. Usted puede ser ateo en el mismo sentido (técnicamente
agnóstico) en el que es a-teterista, a-hadista, a-duendista,
a-unicornista, a-cualquier- cosa-que-pueda-inventar-ista.

Estrictamente
hablando, todos deberíamos ser agnósticos sobre esos miles de millones
de cosas que podemos imaginar y que nadie puede refutar. Pero no creemos
en ellas. Y hasta que alguien presente una razón para creer, estamos
perdiendo nuestro tiempo preocupándonos por ello. Ese es el enfoque que
todos adoptamos respecto a Tor, Apolo, Ran, Marduk, Mitra y el gran Juju
allá en la cima de la Montaña. ¿No podemos ir un poquito más allá y
pensar de la misma forma respecto a Yahvé o Alá?

He dicho «hasta
que alguien presente una razón para creer». Bien, muchas personas tienen
razones que, según ellos, justifican su creencia en uno u otro dios. O
para creer en alguna clase de «poder superior» o «inteligencia creativa»
anónimos. Así que tenemos que fijarnos en esas razones y ver si son
realmente buenas. En este libro veremos algunas de ellas. Especialmente
en la segunda parte, en la que hablaremos de evolución.

Respecto a
ese tema tan importante, todo lo que puedo decir ahora es que la
evolución es un hecho comprobado: somos primos de los chimpancés, primos
ligeramente más alejados de los monos, y mucho más de los peces, etc.

Muchas
personas creen en su dios o dioses por las escrituras: la Biblia, el
Corán o algún otro libro sagrado. Puede que este capítulo ya le haya
preparado para dudar de que eso sea una razón para creer. Existen muchas
fes diferentes. ¿Cómo sabe que el libro sagrado con el que le educaron
es el verdadero? Y si todos los demás están equivocados, ¿qué le hace
pensar que su libro sagrado no lo está? Es posible que muchos de ustedes
hayan sido educados siguiendo un libro sagrado en particular, la Biblia
de los cristianos. El siguiente capítulo tratará de la Biblia. ¿Quién
la escribió y qué razones puede tener alguien para creer que lo que dice
es cierto?

Extraído de https://www.zendalibros.com




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com