July 12, 2021
De parte de Portal Libertario OACA
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Lo último que pensé de mí es “buena persona” pero, ¿ya está? ¿eso es todo lo que pienso de mí?

En mi pensamiento hay un montón de sensaciones e ideas que nunca he podido expresar y, aquí, quiero expresarlas.

Tengo 30 años, voy a cumplir 31 dentro de poco, de muy poco; además, en unos días.

¿Qué puedo decir de todo lo que he hecho y he dicho en todos estos años, contando los 8 años y medio de militancia que se han quedado atrás y que me dejaron bochornosamente roto y roído por dentro?

Pues puedo decir muchas cosas y, además, voy a decirlas:

Lo que hice en mi tierna infancia fue algo que jamás se me olvidará y que he preferido respetar porque fue un satisfactorio aprendizaje que me sirvió para años posteriores; más o menos hasta la entrada juventud, hasta mis veintipico años donde me vi envuelto en una abrumadora depresión y de donde salí tras dejar la militancia, precisamente cuando abandone lo que se me estaba comiendo por dentro.

Mi adolescencia fue una expresión del desprecio, la ira y el odio de los demás hacia mí y solo me pude escapar gracias a los amigos de fuera del instituto que fueron los que me arroparon y acogieron hasta el final. Hasta mi brote psicótico.

Más adelante, me enteré que mi brote psicótico había sido una violación y perjuré que el responsable acabaría bajo tierra pero pasó una cosa: no sabía quién era el responsable.

En mis veinticinco años me di cuenta de una cosa: la humanidad es inocente. Y yo lo creo, pues a un bebé no lo veo cometiendo asesinato, violación, maltrato, vejación o imprudencia y perdoné a mi agresor. Una cosa: no sé si es agresor o agresora, aún no lo sé.

Los años siguientes fueron de extremada exacerbación y se terminaron con un ingreso en el psiquiátrico que se repitió dos veces más por los mismos motivos y tiene que ver con mi participación como militante en pequeños colectivos locales que tuvieron la suerte de sobrevivir en las mejores de las condiciones.

Después del tercer ingreso, me di cuenta que no valía la pena estampar una y otra vez la cabeza contra un muro de piedra que no se rompía ni con la más máxima maquinaria preparada para romper muros. Así que me fui de la militancia.

Y ya, con 27 años y bastante más me dediqué a la familia y a las tareas del hogar mientras trabajaba en un lugar donde ejercí tareas de “Ayudante de cocina”.

No supe nada de nadie hasta que un correo electrónico llegó a mi correo en el que ponía “asamblea de fundación de la C.N.T.. ¿Quieres participar?”. Yo había dicho por diestro y siniestro que no quería que me llegase ningún tipo de mensaje con contenido militante y se lo había dicho a toda la ciudad. ¡Y ese correo electrónico era de mi ciudad!

Fui a la primera asamblea pero me fui poco después porque no aguanto los problemas que surgen en ningún tipo de asamblea tipo militante o tipo informal que se presente en ningún lugar del mundo. Y eso fue mi militancia: problemas.

Por lo demás he pasado estos últimos años de manera feliz y en paz, y he creído que los problemas que sufrí dentro de la militancia se debían a los demás pero, no. Se debían también a mí mismo. A no recordar lo que paso en aquel momento en aquel lugar en aquel preciso instante. No soy culpable. Problemones ha habido. Yo no quiero contar lo que pasó pero recuerdo a una persona que me dijo una vez una cosa: “problemas vas a tener, solo tienes que saber como resolverlos”.

Yo resuelto me fui. Y gracias a ello me he recuperado. Qué sí: que tomo pastillas pero he recuperado la memoria y sé que el que lo fue, fue un “anarconazi” que hoy en día va mejor con su vida y que dice que esas ideas ni anarquismo, ni nada; solo una mentira que fue y que desapareció. Pero desapareció por la lucha antifascista. Por la lucha antifascista toda unida. Todos los frentes, toda la acción concentrada en resolver el problema. Se fue. Volví. Estoy. No estoy. Puede que esté. Puede que no esté. No hay nadie como tú. Me llaman el desaparecido.

-Richie punk-




Fuente: Portaloaca.com