July 29, 2021
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
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El 9 de abril se cumplieron 200 a帽os del nacimiento de uno de los grandes poetas que ha dado el mundo, Charles Pierre Baudelaire (1821-1867). El parisino es una de esas figuras, como Byron o Whitman, cuya impronta trasciende la calidad (indiscutible) de su trabajo literario. Y es que el desencanto que imprimi贸 el autor 鈥榤aldito鈥 por excelencia a sus inmortales poemas le llev贸 a conseguir, adem谩s de la incomprensi贸n y el rechazo de sus contempor谩neos, una enorme influencia en las generaciones posteriores y un lugar en la historia de la literatura.

Baudelaire fue un cliente insatisfecho de ese producto, en apariencia irrefutable, al que llamamos existencia humana. Y no en su versi贸n m谩s precaria o carente de los mimbres m谩s elementales. Pobreza, injusticia o enfermedad no se encontraban en su lista de problemas. Al autor de Los para铆sos artificiales, la vida prime de un intelectual de clase media que ten铆a sus necesidades b谩sicas satisfechas y viv铆a en la capital cultural del planeta tambi茅n le parec铆a motivo de reclamaci贸n. Eso supon铆a un serio problema para los expertos en marketing que llevaban siglos vendiendo el breve pasaje del ser humano por el mundo como un regalo.

El escritor franc茅s expres贸 como nadie la ausencia de prop贸sito que acecha agazapada en el 谩nimo de las personas y que, tarde o temprano, se manifiesta en forma de angustia vital. 脡l lo llamaba spleen (鈥榖azo鈥, en ingl茅s), una referencia que procede de la medicina de la antigua Grecia, donde los galenos cl谩sicos atribu铆an los cambios en el estado emocional a factores f铆sicos y responsabilizaban al bazo de segregar una 芦bilis negra禄 que provocaba melancol铆a. 

Entre el Romanticismo y la Modernidad, Baudelaire se convirti贸 en uno de los primeros poetas urbanos

Baudelaire respond铆a a ese desencanto a trav茅s de dos intereses entre los que repart铆a su tiempo. Por un lado, el arte y su trabajo. Traductor de Edgar Allan Poe, ensayista y poeta, era un trabajador de las letras meticuloso y perfeccionista que revisaba sus textos una y otra vez. Por otro, la entrega entusiasta a una vida de excesos y vicios. Su exaltaci贸n de las drogas o la prostituci贸n en Las flores del mal, su obra m谩s conocida, le vali贸 un escandaloso juicio por atentar contra la moral y las buenas costumbres. 

Algunos autores teorizan que en la supuesta depravaci贸n del poeta hab铆a m谩s ruido que nueces, que ten铆a m谩s de pose est茅tica que de realidad. Lo que es seguro es que le gustaba provocar a un establishment cuyos valores rechazaba abiertamente. Baudelaire era un outsider que disfrutaba haciendo ostentaci贸n de su desencaje social. Una de sus travesuras m谩s sonadas fue la admiraci贸n que mostraba por Sat谩n, a quien consideraba un rebelde de manual, como reflej贸 en un poema de Las flores del mal:

Pr铆ncipe del exilio, a quien perjudicaron,

Y que, vencido, a煤n te alzas con m谩s fuerza.

Pero, m谩s all谩 de esa carga de dandy y poeta maldito que tanto le gustaba cultivar, Baudelaire fue tambi茅n un renovador de las letras. Considerado, junto a su admirado Poe, uno de los padres del Simbolismo, complet贸 el tr谩nsito entre el Romanticismo y la Modernidad, y al cruzar esa frontera se llev贸 la l铆rica desde la naturaleza, que no le interesaba particularmente, hasta la gran ciudad. Se convirti贸, as铆, en uno de los primeros poetas urbanos, que se hallaba en su salsa paseando entre la muchedumbre por las avenidas iluminadas de Par铆s y encontraba m谩s f谩cilmente la inspiraci贸n en caf茅s y tugurios de dudosa reputaci贸n que en el esplendor de campos y lagos. De esas inmersiones, camuflado entre personajes an贸nimos que hac铆an su vida y se ocupaban de sus asuntos cotidianos, sac贸 a muchos de los retratos que poblaron sus poemas.

No solo fue un renovador de los temas; tambi茅n de las formas. En lugar de dirigirse exclusivamente a una 茅lite de intelectuales, el parisino ampli贸 su espectro y quiso hablarle a un p煤blico de masas utilizando los peri贸dicos para publicar su trabajo, rebajando el tono de su lenguaje e introduciendo los poemas en prosa.

驴C贸mo ver铆amos a Charles Baudelaire si viviera hoy? Posiblemente, su figura no chirriar铆a tanto en nuestra 茅poca como lo hizo en la suya. Quiz谩 ser铆a un tuitero incansable e impertinente, de esos que les saca los colores, con ingenio y mala baba, a los valores establecidos, que se mete con la Corona, con la Iglesia, con el Gobierno de turno y con todo aquello que le sonara a rancio o convencional. Un personaje p煤blico, admirado por unos, despreciado por otros, al que un d铆a ver铆amos haciendo declaraciones a la prensa rosa en un photocall y otro protestando airadamente en la gala de los Goya. Un artista que paga multas con una mano y recibe subvenciones con la otra (como, de hecho, hizo en vida). Y todo sin perder su aspecto de 鈥榩ijo鈥 intelectual, atractivo y con cierto aire de superioridad. Y es que, por encima de todo, Baudelaire quiso ser (y lo fue en may煤sculas), un moderno.

Ram贸n Oliver / Ethic




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com