January 22, 2023
De parte de ANRed
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Bautismos. «No queremos hacer sentir mal a un chico que está haciendo su primera pretemporada y le gusta tener el pelo largo. Hace poquito charlamos con Mariano (Andújar), no tiene sentido ridiculizarlos. Mientras estemos nosotros, no se va a dar». La frase corresponde a Mauro Boselli, el experimentado delantero de Estudiantes de La Plata, que tomó una clara postura sobre una de las tantas «costumbres» que tiene el mundo del fútbol: el «bautismo» de los juveniles. Por Diario Femenino.


La «práctica» consiste en que los jugadores mayores de un plantel les corten el pelo a los juveniles que son promovidos a Primera División. En la concentración o en los vestuarios, frente a los compañeros y en la previa del debut (o de su primera pretemporada), el corte se realiza generalmente de manera ridícula, obligando a los chicos a un posterior rapado. Y todo como parte de un «ritual» que se fue naturalizando con el paso del tiempo.

Sucede allá y acá; en el fútbol profesional y en el local. Y los juveniles, que en muchos casos se muestran orgullosos por haber dado ese paso de «pertenencia», en otros tantos se sienten «rehenes» o «víctimas» de un «rito de iniciación» del que preferirían no formar parte.

Boselli, uno de los referentes del fútbol argentino, volvió a poner en estos días el tema sobre la mesa. Y LA CHUECA contactó a tres especialistas que brindaron sus miradas: el ex futbolista y actual comunicador Rafael Crocinelli, quien dejó de jugar al verse «desbordado» por el «sistema del fútbol», y las psicólogas deportivas pampeanas Gabriela Pasquettín y María de los Angeles Corró Molas.

Víctima y victimario.

«El bautismo o ritual, como vulgarmente se lo llama en la cultura del deporte, es una instancia de ‘liminalidad’, en la cual un jugador pasa de un estado a otro. Se produce un pasaje que en mi libro lo analizo con lo que es la firma del primer contrato: dejan de ser juveniles y pasan a ser adultos y profesionales», se presenta Crocinelli, autor del libro «Cuerpos que (no) importan», en el que relata sus experiencias como futbolista y las prácticas «naturalizadas» de un sistema que terminó expulsándolo.

«El tema del corte de pelo es como un código interno que tienen los jugadores. En mi caso yo he sido víctima y victimario de eso, porque me han cortado el pelo y también he cortado. Después, el libro me permitió desnaturalizarlo, desentrañarme, cuestionarlo… Porque son prácticas que están naturalizadas y legitimadas. Es así, vos sabés que llegás a Primera y te espera eso. Y te vas preparando, mentalizando y lo tomás como natural, cuando no tiene nada de natural», cuestiona el ex futbolista de Sarmiento de Junín y Everton de La Plata.

«Lo que hizo Boselli es un poco parar la pelota y decir ‘che, esto no está bueno’, porque la otra persona puede no estar de acuerdo. Y esos sentidos son los que tenemos que empezar a trabajar y pregonar en el fútbol argentino. El tema de la empatía, del respeto a la integridad, de la diferencia…», amplía.

En ese contexto, Crocinelli, que para escribir su libro entrevistó a una veintena de compañeros y entrenadores, fue más profundo: «Muchos chicos lo sufren, pero no dicen nada para poder pertenecer».

«Es necesario que los mismos jugadores se planten y empiecen a hacerse cargo de su relevancia e incidencia política. Porque esa manifestación de Boselli fue algo político, fue un acto político al decir ‘che, no está bueno esto, mientras estemos nosotros no lo vamos a hacer’. Y es clave que se reproduzca, se lo visibilice y a partir de la visibilización se van a tomar muchas acciones al respecto», concluye.

Ni bueno ni malo.

«En esto, como en cualquier otra cuestión de la vida en general, nada es ni bueno ni malo en sí mismo, sino que depende de las personas, del contexto, de la situación. Porque en realidad, dentro del fútbol como en cualquier otro deporte, tenés códigos y tradiciones a las que el futbolista está habituado», reflexiona a su turno la psicóloga Gabriela Pasquettín, que conoce desde adentro al fútbol y a los futbolistas pampeanos.

«Entonces -continúa-, puede que haya personas que no estén de acuerdo, que no se sientan bien, que sientan que los van a ridiculizar si le cortan el pelo en el bautismo… Pero también hay otros que se sienten orgullosos, que el día que en el vestuario le cortaron el pelo de forma ridícula, porque debutaron en Primera, están orgullosos de eso y se sacan fotos y las suben a todos lados, justamente porque forma parte de un folclore propio del deporte».

Y en el mismo sentido agrega: «Visto desde ese lugar es que uno tendría que tomarlo en cuenta para ver ‘cada caso como único’. Respetar es la base de cualquier relación y cualquier vínculo. Si a la persona esto no la va a hacer sentir bien, no es necesario para debutar en Primera que te corten el pelo de una forma ridícula. Ahora, si el pibe que está por debutar en Primera siente que esto forma parte porque tiene que ver con lo que todos han ido viviendo y con el momento esperado -porque el momento esperado no es solo el de entrar a la cancha a jugar su primer partido, sino también el del primer vestuario-, entonces sí».

«Por eso decía que nada es bueno ni malo en sí mismo, sino que depende de cada uno, de cada situación, de cada persona. Creo que no es algo que haya que prohibir, pero sí tomar en cuenta y respetar», cierra la profesional.

Naturalización y conciencia.

María de los Angeles Corró Molas es psicóloga deportiva y trabaja en el Club La Barranca de Santa Rosa, donde le tocó actuar, entre otras cuestiones, para frenar otra de esas «costumbres» del fútbol.

«Nos pasó con el clásico ‘puente’ en los cumpleaños, en los que la persona que cumple años pasa por el medio y le pegan. Al día siguiente nos llamó la madre contando que el chico (de inferiores) había aparecido con un dolor por los golpes que le habían dado y que él no se había animado a parar la situación en ese momento», cuenta Corró Molas. «Entonces tuvimos que intervenir para decirles que no, que busquen otras formas de festejar», completa.

«Lo que uno observa, desde la mirada psicológica, es que son conductas que están naturalizadas y estereotipadas, que tienen que ver con la cultura del deporte y que es muy difícil desarraigar porque no hay conciencia de las implicancias de esas conductas», explica.

«Hay que hacer un trabajo minucioso de por qué se hacen, se sostienen y se refuerzan esas prácticas, y si el objetivo es un objetivo saludable. Si va en pos de los valores que uno trabaja ligados al deporte, o es una acción que simplemente se repite con el paso de los años y que es nociva», añade Corró Molas.

En ese contexto, y sobre el caso de los «bautismos» en particular, reflexiona: «En el caso puntual del debut en Primera División, aquel que no se quiere pelar o no quiere acceder a esto, queda como ‘marcado’ dentro del grupo… Entonces hay que empezar a poner una luz de conciencia sobre estas cuestiones y ver por qué las repetimos».

«Lo que pasa es que si a un chico que está en un proceso de formación le presentás algo como que es válido y está bien, ese chico se va a desarrollar entendiendo que hacer eso es pertenecer a un equipo», explica. Y añade: «La responsabilidad está en el entorno deportivo que configuramos los adultos, porque si le mostrás que eso está bien, crece entendiendo que eso está bien, naturalizando que se tiene que aguantar una patada o que si no quiere que lo pelen lo tienen que pelar igual, porque si no, no pertenece al equipo».

«No nos tenemos que olvidar que son personas que se van formando a través del deporte, que van formando su personalidad. Entonces si les presentamos una realidad en la que todo el que debuta en Primera se tiene que pelar porque es la ley implícita que existe en este equipo, el chico no lo va a cuestionar», amplía el concepto.

«Al varón lo tildan de ‘maricón’ si no pasa por el puente. ‘No te la aguantás’, le dicen, y ese tipo de comentarios son sumamente nocivos, y refuerzan esa idea de que para pertenecer tenés que hacer cosas como pelarte. Otra cosa es hacerlo por una promesa o una cuestión personal, porque ahí hay una elección consciente. El tema es cuando nosotros generamos comportamientos estereotipados a partir de los cuales los chicos se ven obligados a hacerlo, porque si no lo hacen quedan fuera del equipo», analiza la psicóloga.

Finalmente, pide visibilizar estos temas y tomar conciencia de lo que representan. «Todos los adultos que configuramos el entorno deportivo tenemos que empezar a reflexionar sobre estas cuestiones, que están invisibilizadas e implícitas en los entrenamientos y en los partidos. Y el camino es justamente este, empezar a hablar de por qué tenemos estas prácticas. Lo importante siempre es sentar la base de la libre elección, y que nadie se sienta obligado a tener determinada conducta para poder pertenecer», cierra.

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Fuente: Anred.org