September 20, 2021
De parte de La Haine
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Lo m谩s incre铆ble de todo es que Men谩jem Beguin sea premio Nobel de la Paz. Pero lo es sin remedio -aunque ahora cueste trabajo creerlo- desde que le fue concedido en 1978, al mismo tiempo que a Anwar el Sadat, entonces presidente de Egipto, por haber suscrito un acuerdo de paz separada en Camp David.

Aquella determinaci贸n espectacular le cost贸 a Sadat el repudio inmediato de la comunidad 谩rabe, y m谩s tarde le cost贸 la vida. A Beguin, en cambio, le ha permitido la ejecuci贸n met贸dica de un proyecto estrat茅gico que a煤n no ha culminado. Pero que hace pocos d铆as propici贸 la masacre b谩rbara de m谩s de un millar de refugiados palestinos en un campamento de Beirut. Si existiera el Premio Nobel de la Muerte, este a帽o lo tendr铆an asegurado sin rivales el mismo Men谩jem Beguin y su asesino profesional Ariel Sharon.

En efecto, vistos ahora, los acuerdos de Camp David no tendr铆an para Beguin otra finalidad que la de cubrirse las espaldas para exterminar, primero, a la Organizaci贸n para la Liberaci贸n de Palestina (OLP), y establecer luego nuevos asentamientos israel铆es en Samaria y Judea. Para quienes tenemos una edad que nos permite recordar las consignas de los nazis, estos dos prop贸sitos de Beguin suscitan reminiscencias espantosas: la teor铆a del espacio vital, con la que Hitler se propuso extender su imperio a medio mundo, y lo que 茅l mismo llam贸 la soluci贸n final del problema jud铆o, que condujo a los campos de exterminio a m谩s de seis millones de seres humanos inocentes.

La ampliaci贸n del espacio vital del Estado de Israel y la soluci贸n final del problema palestino -tal como las concibe hoy el premio Nobel de la Paz de 1978- se iniciaron, en la noche del 5 de junio pasado, con la invasi贸n de L铆bano por fuerzas militares israel铆es especializadas en la ciencia de la demolici贸n y el exterminio. Men谩jem Beguin trat贸 de justificar esta expedici贸n sangrienta con dos argumentos falsos. El primero fue la tentativa de asesinato del embajador de Israel en Londres, Shlomo Argov, a finales de mayo. El segundo fue el supuesto bombardeo de Galilea por la OLP, refugiada en L铆bano.

Beguin acus贸 del atentado de Londres a la resistencia palestina y amenaz贸 con represalias inmediatas. Pero Scotland Yard revel贸 m谩s tarde que los verdaderos autores hab铆an sido miembros de la organizaci贸n disidente de Abou Nidal, que en los meses anteriores hab铆a asesinado inclusive a varios dirigentes de la OLP. En cuanto al segundo argumento, se comprob贸 muy pronto que los palestinos s贸lo dispararon dos o tres veces contra Galilea y causaron un muerto. Los disparos fueron hechos como represalia por los bombardeos de Israel contra los campos de refugiados palestinos, que dieron muerte a varios centenares de civiles (las masacres de Sabra y Chatila).

En realidad, la guerra sin coraz贸n desatada por Beguin con base en aquellos dos pretextos no era nada nuevo para los lectores del semanario israel铆 Haclam Haze, que hab铆a anunciado con todos sus pormenores desde septiembre de 1981. Es decir, nueve meses antes. Contra el refr谩n seg煤n el cual una guerra avisada no mata a nadie, las tropas israel铆es -que se consideran entre las m谩s eficaces y las m谩s preparadas del mundo- mataron en las primeras dos semanas a casi 30.000 civiles palestinos y libaneses y convirtieron en escombros a media ciudad. Sus p茅rdidas en el mismo per铆odo no hab铆an pasado de trescientas.

Ahora la estrategia de Beguin es muy clara. Al destruir a la OLP ha tratado de eliminar al 煤nico interlocutor palestino que parec铆a capaz de negociar una paz fundada sobre la base de la instalaci贸n de un Estado palestino independiente en Cisjordania y Gaza, que el propio Beguin ha proclamado como territorios ancestrales del pueblo jud铆o. Ese acuerdo estaba al alcance de la mano desde el 4 de julio pasado, cuando Yasir Arafat, presidente de la OLP, acept贸 el principio de un reconocimiento rec铆proco de los pueblos de Israel y Palestina, en una entrevista publicada por Le Monde, de Par铆s, en aquella fecha. Pero Beguin ignor贸 esa declaraci贸n, que entorpecia sus proyectos expansionistas ya en pleno desarrollo, y prosigui贸 con el establecimiento de un cintur贸n de seguridad en torno de Israel. Un cambio de Gobierno en Siria podr铆a ser el paso inmediato, con la extensi贸n consiguiente de una guerra desigual y sin cuartel, cuyas consecuencias finales son imprevisibles.

Yo estaba en Par铆s en junio pasado, cuando las tropas de Israel invadieron L铆bano. Por casualidad estaba tambi茅n el a帽o anterior, cuando el general Jaruzelsky implant贸 el poder militar en Polonia contra la voluntad evidente de la mayor铆a del pueblo polaco. Y tambi茅n por casualidad me encontraba all铆 cuando las tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas. Las reacciones de los medios de comunicaci贸n ante esos tres acontecimientos, as铆 como las de los intelectuales y, la de la opini贸n p煤blica en general, fueron para m铆 una lecci贸n inquietante.

La crisis de Polonia produjo en Europa una especie de conmoci贸n social. Yo tuve la buena ocasi贸n de agregar mi firma a la de los muy escogidos y muy notables intelectuales y artistas que suscribieron la invitaci贸n para un homenaje al hero铆smo del pueblo polaco, que se celebr贸 en el teatro de la Opera de Par铆s, patrocinado por el Ministerio de Cultura de Francia. Sin embargo, algunos anticomunistas profesionales me acusaron en p煤blico de que mi protesta no fuera tan hist贸rica como la de ellos. En aquel clima pasional, toda actitud que no fuera manique铆sta se consideraba ambigua.

En cambio, cuando las tropas de Israel invadieron y ensangrentaron L铆bano, el silencio fue casi un谩nime aun entre los m谩s exaltados Jerem铆as de Polonia, a pesar de que ni el n煤mero de muertos ni el tama帽o de los estragos admit铆an ning煤n posibilidad de comparaci贸n entre la tragedia de los dos pa铆ses. M谩s a煤n: por esas mismas fechas, los argentinos hab铆an recuperado las islas Malvinas, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no esper贸 48 horas para ordenar el retiro de las tropas ni la Comunidad Econ贸mica Europea lo pens贸 demasiado para imponer sanciones comerciales a Argentina.

En cambio, ni ese mismo organismo ni ning煤n otro de su envergadura orden贸 el retiro de las tropas israel铆es de L铆bano en aquella ocasi贸n. El Gobierno del presidente Reagan, por supuesto, fue el c贸mplice m谩s servicial de la pandilla sionista. Por 煤ltimo, la prudencia casi inconcebible de la Uni贸n Sovi茅tica, y la fragmentaci贸n fraternal del mundo 谩rabe acabaron de completar las condiciones propicias para el mesanismo demente de Beguin y la barbarie guerrera del general Sharon. Tengo muchos amigos, cuyas voces fuertes podr铆an escucharse en medio mundo, que hubieran querido y sin duda siguen queriendo expresar su indignaci贸n por este festival de sangre, pero algunos de ellos confiesan en voz baja que no se atreven por temor de ser se帽alados de antisemitas. No s茅 si ser谩n conscientes de que est谩n cediendo -al precio de su alma- ante un chantaje inadmisible.

La verdad es que nadie ha estado tan solo como el pueblo jud铆o y el pueblo palestino en medio de tanto horror. Desde el principio de la invasi贸n a L铆bano empezaron en Tel Aviv y otras ciudades las manifestaciones populares de protesta que a煤n no han terminado, y que en el pasado fin de semana hab铆an alcanzado una fuerza emocionante. Eran m谩s de 400.000 israel铆es proclamando en las calles que aquella guerra sucia no es la suya porque est谩 muy lejos de ser la de su dios, que durante tantos y tantos siglos se hab铆a complacido con la convivencia de palestinos y jud铆os bajo el mismo cielo. En un pa铆s de tres millones de habitantes, una manifestaci贸n de 400.000 personas equivaldr铆an en t茅rminos proporcionales a una de casi treinta millones en Washington.

Es con esa protesta interna con la que me siento identificado cada vez que conozco las noticias de las hostilidades de los Beguines y los Sharones en L铆bano, y en cualquier parte del mundo, y a ella quiero sumar mi voz de escritor solitario por el gran cari帽o y la admiraci贸n inmensa que siento por un pueblo que no conoc铆 en los peri贸dicos de hoy, sino en la lectura asombrada de la Biblia. No le temo al chantaje del antisemitismo, no le he temido nunca al chantaje del anticomunismo profesional, que andan juntos y a veces revueltos, y siempre haciendo estragos semejantes en este mundo desdichado.

1982. Gabriel Garcia M谩rquez 鈥 ACI.




Fuente: Lahaine.org