May 11, 2021
De parte de Acracia
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Luis Garc铆a Berlanga, otro de los nombres claves de la cultura contempor谩nea, falleci贸n en 2020; este a帽o 2021, se cumple su centenario y bien merece un nuevo reconocimiento. Un cineasta, tantas veces, genial, aunque algunos proyectos no tuvieran el resultado que merec铆an. Un anarquista burgu茅s, ox铆moron recurrente en su bi贸grafos, y producto tal vez de su no subordinaci贸n a filiaci贸n pol铆tica alguna (en el sentido de militancia en un partido) y de su reiterada negativa a poner su firma en manifiestos colectivos.

Un hombre, a diferencia de tantos compa帽eros suyos de profesi贸n, de una discreci贸n y modestia exquisitas (hu铆a, al menos aparentemente, de los reconocimientos y oropeles, aunque tantas veces parec铆a jugar a la confusi贸n de su imagen p煤blica), de tal manera que si su nombre estuvo acompa帽ado de la pol茅mica en alguna ocasi贸n, fue debido a la estulticia y maldad de los dem谩s, poderosos incluidos. Fue el caso de la conocida an茅cdota con el dictador Franco, cuando 茅ste afirm贸 que Berlanga no era un comunista, era algo peor: 芦un mal espa帽ol禄. A Berlanga, con seguridad, le traer铆a al fresco este comentario, si dejamos a un lado la l贸gica precauci贸n por un r茅gimen fascista en el que realiz贸 parte de una obra irrepetible, y clave para comprender una sociedad gris y mezquina. Uno de los grandes valores de Berlanga es el de utilizar la transgresi贸n como componente esencial de sus obras, algo que seguramente era consustancial a su naturaleza creativa (y a la de su 芦gemelo禄 Azcona), ese talento para reirse de las normas, para desacralizar y mostrar las miserias de manera 谩cida y, casi siempre, entra帽able. El mejor homenaje es repasar, una y otra vez, encontrando nuevos elementos de disfrute en cada visi贸n, las que son sus tres grandes obras.

Bienvenido, Mister Marshall (1953), como es sabido, estuvo escrita por el propio Berlanga y Juan Antonio Bardem (Miguel Mihura colabor贸 en los di谩logos y en las canciones), dos autores que tomar铆an posteriormente caminos muy diferentes, dos manera de entender el cine y la vida (era conocida la filiaci贸n comunista de Bardem). Algo influenciados por La kermesse heroica, de Jacques Feyder, decidieron escribir una historia en la que un pueblo soporta una invasi贸n a base de halagar a sus invasores, idea que ser铆a el germen de Bienvenido, Mister Marshall. El genial Jos茅 Isbert interpreta al alcalde de Villar del R铆o, el cual es informado de que una delegaci贸n estadounidense llegar谩 al pueblo para satisfacer las necesidades de sus habitantes. Aunque se da cierta desconfianza sobre los visitantes, se prepara el recibimiento de la mejor manera y todo el mundo sue帽a con las peticiones que van a hacer a los americanos. Es ya popular la secuencia en que la comitiva norteamericana pasa de largo, sin detenerse en el pueblo, una voz en off termina la historia recordando que no existen soluciones m谩gicas (se ve aqu铆 la impronta did谩ctica recurrente en el cine de Bardem, no pueden esperarse soluciones desde fuera y son los propios espa帽oles los que tienen que arrimar el hombro para vencer la adversidad). El esperpento nacional, que tanto gustaba retratar a Berlanga, tuvo esta vez su extensi贸n con los poderosos Estados Unidos de Am茅rica, en el pase de la pel铆cula en Cannes (festival en la que fue, finalmente, premiada con una menci贸n del jurado). La delegaci贸n americana protest贸 por una secuencia en la que su bandera era arrastrada por un riachuelo; adem谩s, a los productores se les ocurri贸 imprimir d贸lares falsos para promocionar el film, con los rostros de Isbert y Lolita Sevilla, por lo que se acab贸 liando gorda y acabaron los art铆fices en comisaria. Finalmente, la escena de la bandera arrastrado fue cortada, algo en lo que insisti贸 Edward G. Robinson, miembro del jurado en Cannes. La cosa tiene explicaci贸n, y muy triste, ya que el actor estaba perseguido por el Comit茅 de Actividades Antiamericanas y ten铆a un l贸gico miedo de ser implicado en una actividad subversiva o antipatri贸tica.

La censura franquista prohibi贸 el que iba a ser el t铆tulo de Pl谩cido (1961), Siente un pobre a su mesa. Algo absurdo, ya que ese es el lema de la campa帽a de la pel铆cula, en la que unos famosos de medio pelo contribuyen a un fiesta de caridad en la que unos mendigos son repartidos entre diversas familias para que cenen con ellos en Nochebuena. El protagonista, Pl谩cido (un impagable Cassen), trabaja en la campa帽a como transportista con su motocarro, mientras su aut茅ntica preocupaci贸n es pagar una nueva letra de lo que es su herramienta de trabajo. Berlanga dir铆a que hab铆a hecho una pel铆cula sobre la incomunicaci贸n, algo real que se pretende enmascarar con una serie de ficciones e hipocres铆as como es la caridad, bajo la cual el mal sigue subsistiendo. No es casual que este genial film marque el pistoletazo de salida de una colaboraci贸n fructifera, y ya permanente, como es la de Azcona y Berlanga. El director valenciano, entre las pocas pel铆culas que destacaba de aquellos a帽os, mencionaba con admiraci贸n El pisito y El cochecito, fruto del talento del Azcona y Marco Ferreri. Curiosamente, el contacto entre Berlanga y Azcona se remonta a mucho antes de Pl谩cido, cuando al primero le aconsejaron, precisamente, adaptar la novela El pisito y le recomendaron al segundo como guionista. Como el proyecto ya estaba en marcha, teniendo a Ferreri como director (el resultado final fue sobresaliente), Berlanga se puso a leer todo lo que hab铆a escrito Azcona, y se interes贸 por la adaptaci贸n de su novela Los muertos no se tocan, nene (que no interes贸 a los productores; curiosamente, es una adaptaci贸n cinematogr谩fica que se est谩 produciendo este a帽o 2010). Otro relato corto de Azcona, llamado El paral铆tico, germen de lo que luego ser铆a el film El cochecito, fue tambi茅n le铆do por Berlanga y considerado por 茅l algo dif铆cil de extender para un largometraje. Berlanga, tiempo despu茅s, adem谩s de dejar clara su admiraci贸n por ellas, se lamentar铆a de no haber intervenido en dos de las mejores pel铆culas del momento, El pisito y El cochecito. Con Azcona, Berlanga hab铆a hecho por aquel entonces ya varias cosas, entre las que estaba Se vende un tranv铆a, un mediometraje para televisi贸n sobre unos p铆caros geniales, y Los aficionados, que fue imposible de rodar en la 茅poca y m谩s dos d茅cadas despu茅s se convertir铆a en La vaquilla (para el que subscribe, uno de sus films menos afortunados). El resultado que s铆 fue genial fue el de Pl谩cido, una pel铆cula que Berlanga describ铆a como un ejemplo de su cine anarquista. Efectivamente, a pesar del retrato demolador que se realiza de una sociedad, plagada de personajes grotestos, hay mucho de humanista en la mirada hacia una tragicomedia en la que sus protagonistas parecen predeterminados a tener su papel. Se ha dicho tantas veces que Berlanga era m谩s un dinamitador que un revolucionario, y tal vez es as铆, pero con las mejores colaboraciones con Azcona, el cual s铆 realiza de forma m谩s evidente una lectura moral y es m谩s palpable el deseo de un mundo mejor, parecen completarse los elementos necesarios para ese 芦cine anarquista禄.

El verdugo, realizada en 1963, es con seguridad la mejor obra de Berlanga, y una de las cumbres del s茅ptimo arte. Pero, c贸mo es posible que se realizara esta maravilla, esta diatriba feroz contra la pena de muerte, en la que se retrata una sociedad franquista plaglada de vileza y mediocridad. La valent铆a que se puso en ello, frente a la estupidez e iniquidad del r茅gimen franquista y de sus instrumentos represores, merece ya situar a sus art铆fices en la historia. Como otras veces, Berlanga se inspira en un hecho real que conoci贸 a trav茅s de un amigo abogado, la historia trata de un empleado de pompas f煤nebres (interpretado por Nino Manfredi) que acaba teniendo relaciones con la hija de un verdugo (el gran Pepe Isbert) y, para optar a un piso de protecci贸n oficial, acaba siendo convencido para recoger el testigo de la terrible profesi贸n de su suegro. El temeroso joven conf铆a en que nunca tenga que ejecutar a nadie, gracias a los indultos y la escasez de penas de muerte, pero antol贸gica resulta esa escena en las Cuevas del Drac en la que aparece en barca una pareja de la Guard铆a Civil para reclamarle su destino (no hace falta insistir en el simbolismo con la barca de Caronte, acentuado por una orquesta que toca la Barcarola, de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach). Se dice que esta secuencia resume todas las intenciones de la obra berlanguiana: en el momento de mayor felicidad, aparece un elemento distorsionador para introducir la tragedia en la vida.

Otro de los momentos memorables de esta pel铆cula es cuando, al no llegar finalmente el indulto y tener que llevarse a cabo la ejecuci贸n, un plano general nos muestra a un grupo acompa帽ando a la v铆ctima y otro detr谩s en el que, practicamente, se arrastra a un lamentoso verdugo. Esta secuencia, casi al final, se completa cuando alguien le coloca la corbata al cuello al verdugo, igual que el garrote al reo; se lleva a cabo la ejecuci贸n y el protagonista entra en los engranajes de una sociedad terrible. Azcona y Berlanga se inspiraron para esta escena en una ejecuci贸n real, en la que el verdugo se puso enfermo al ver que su v铆ctima era una mujer, y tuvo que ser arrastrado hasta el lugar de la ejecuci贸n.  A pesar de todo, el retrato que se hacen en este film de la figura del verdugo es tambi茅n de v铆ctima. Se trata de un pobre hombre que, para sobrevivir, acaba cayendo en la trampa del sistema, alguna manera parece que la justicia tambi茅n ejecuta al verdugo y es estigmatizado hip贸critamente (los guardias civiles se niegan a estrecharle la mano, usando en su lugar el saludo militar). Algo que ayuda notablemente a que el espectador tenga tambi茅n una mirada compasiva hacia el verdugo es la interpretaci贸n de Pepe Isbert, alguien capaz de dar humanidad y convicci贸n a cualquier personaje.

Como resulta l贸gico, El verdugo caus贸 muchos problemas pol铆ticos, tanto en Espa帽a, como cuando se present贸 en el Festival de Venecia. Seg煤n recuerda Ricardo Mu帽oz Suay, ayudante de direcci贸n en el film, la pel铆cula sufri贸, adem谩s de la censura previa del gui贸n, algunos cortes posteriores. Por ejemplo, una secuencia en la que el funcionario de prisiones est谩 instruyendo al verdugo en lo que ser谩 su labor, hubo que eliminarla, lo mismo que el ruido que hac铆a el malet铆n de Isbert debido a sus herramientas de trabajo. La proyecci贸n de la pel铆cula en Venecia coincidi贸, pr谩cticamente, con la ejecuci贸n de los anarquistas Granado y Delgado, por lo que el clima contra la pena de muerte era muy adverso y, adem谩s, en Italia se conoc铆a al dictador Franco como 芦el verdugo禄. Aunque de esto 煤ltimo no se reconoce intenci贸n alguna por parte de los art铆fices de la pel铆cula, lo que s铆 se hizo en la ciudad italiana es reproducir el grabado de Goya, en el que se est谩 agarrotando a un hombre, algo que a la postre utilizar铆an en la prensa progresista para denunciar la ejecuci贸n de los anarquistas. Sin embargo, en el Festival de Venecia fue prohibida la difusi贸n del grabado, y todas las copias fueron destruidas. A pesar de todo, de las diatribas del embajador espa帽ol cuando vio la pel铆cula en un pase privado, El verdugo fue un 茅xito en la Mostra. Mu帽oz Suay recuerda que, curiosamente, esa izquierda que tildaba a Berlanga de peque帽o-burgu茅s no fue muy entusiasta con la pel铆cula.

El propio Berlanga recuerda los cortes primeros que hab铆a sufrido El verdugo, algo que 茅l se vio l贸gicamente obligado a aceptar. Sin embargo, a la vuelta del Festival de Venecia, se produjo una nueva situaci贸n con una carta de un personajillo del r茅gimen, el mencionado embajador en Roma, deseoso de hacer m茅rito, y que tiempo despu茅s se convertir铆a en Ministro de Informaci贸n y Turismo substituyendo a Fraga. Esta carta dirigida al Ministro de Asuntos Exteriores reflejaba, tal vez, el 芦estado de 谩nimo禄 del r茅gimen respecto a la pel铆cula de Berlanga, era una defensa de la sociedad franquista y un ataque a una obra distorsionadora de la realidad. El caso es que esa carta provoc贸 una nueva censura, con cortes en la pel铆cula y con orden expresa, como se enterar铆a tiempo despu茅s Berlanga, de retirarla de la salas, a pesar de que funcion贸 muy bien la escasa semana que se mantuvo. El r茅gimen intent贸 que el film pasara desapercibido, al igual que se hac铆a con cierta poes铆a 芦subversiva禄, se toleraban las cosas hasta cierto punto, solo en la medida en que no tuvieran apenas difusi贸n.

Lo m谩s importante, al d铆a de hoy y pese a todas las mutilaciones y avatares que sufri贸, es que El verdugo es una obra maestra indiscutible. A pesar de todos los comentarios que ha realizado Berlanga sobre su falta de planificaci贸n cinematogr谩fica y su capacidad para la improvisaci贸n en el rodaje, algo que tal vez pretend铆a 煤nicamente despistar y mantener cierta imagen p煤blica que le divert铆a, El verdugo es el fruto de un trabajo magistral de puesta en escena. No creo que est茅 dejado mucho al azar en este trabajo, las posiciones de la c谩mara, el fin de las tomas, la colocaci贸n de los personajes, la continuidad de la acci贸n鈥 Como mencion茅 anteriormente, la estructura de la obra berlanguiana tiene todas las intenciones, se realiza en base al concepto de frustraci贸n, concretada en El verdugo de manera m谩s evidente cuando el personaje hace el amor con su pareja y aparece el elemento tr谩gico de rigor, por lo que se puede hablar entonces de coitus interruptus: la primera vez, es el padre verdugo de la chica que les sorprende, la segunda, la carta en la que se le notifica que debe 芦estrenarse禄 como verdugo. Lo que hace grande a una pel铆cula, no es solo la base de un magn铆fico gui贸n, ni siquiera el dominio riguroso de la t茅cnica, lo constituye el hecho de saber dar coherencia a los muchos elementos que la componen. El gran cineasta que fue Berlanga sab铆a mucho de ello

Capi Vidal




Fuente: Acracia.org