May 14, 2021
De parte de Arrezafe
253 puntos de vista


Palestina, una
historia de apartheid israelí y complicidad occidental
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Pascual Serrano

SPUTNIK – 14/05/2021


De nuevo las bombas y
la muerte ocupan la actualidad palestino-israelí. Con un
desequilibrio enorme entre las partes, en esta guerra casi nunca se
explican sus orígenes. Detrás de motivos geopolíticos, religiosos
y étnicos, encontramos una historia de apartheid que se inicia en
la Primera Guerra Mundial y contin√ļa en el siglo XXI en las redes.

El eterno conflicto
palestino-israelí
ha implosionado por enésima vez con su
habitual escalada de manifestaciones, disparos, cohetes, bombas y
muertos. Por supuesto, con el habitual desequilibrio de tragedia y
víctimas a uno y otro lado.

En esta ocasión el
detonante ha sido la decisión judicial israelí que ordena desalojar
a varias familias palestinas del barrio de Sheij Jarrah, un peque√Īo
distrito de Jerusalén Este. Estas familias han vivido en esa
localidad desde hace décadas, antes bajo control de Jordania. Ni las
protestas de Jordania ni de la ONU, pidiendo detener esa expulsión y
cumplir con el derecho internacional humanitario, han detenido al
Gobierno de Israel, quien no detiene sus planes de judialización del
este de Jerusalén, ocupado en la guerra de 1967.

Para continuar su
atropello, el lunes 10 de mayo se celebró la Marcha de la Bandera,
un evento nacionalista israelí que conmemora esa ocupación. Para
más inri, las autoridades israelíes han ido poniendo obstáculos a
las celebraciones del mes de Ramad√°n, cerrando la Puerta de Damasco,
acceso principal al barrio musulm√°n de la Ciudad Vieja, bajo el
argumento de evitar concentraciones a causa de la pandemia. Esta
decisión provocó el enfado entre la comunidad palestina residente
en Jerusalén y las
protestas se extendieron hasta la Explanada
de las Mezquitas.

La escalada de violencia
contin√ļa a d√≠a de hoy y las milicias palestinas de Hamas acuden
desde Gaza en solidaridad con sus hermanos de Cisjordania con el ya
habitual cruce entre sus artesanales y bastante ineficaces cohetes,
que yo mismo pude comprobar en Gaza, contra las destructivas bombas
israel√≠es. Basta observar los n√ļmeros a fecha 12 de mayo: 1.050
cohetes de Ham√°s m√°s otros 200 fallidos contra 500 bombardeos
irael√≠es. Balance: 48 palestinos muertos, 14 de ellos ni√Īos y seis
israelíes muertos (estas cifras de muertos palestinos ya estarán
superadas cuando usted esté leyendo esto). Es el álgebra de la
injusticia, como diría Arundhati Roy.

Esta es la información
periodística que se encontrará en todos los medios, pero que
necesita del suficiente contexto y antecedentes para comprenderse.
Hace a√Īos que el conflicto palestino-israel√≠ se presenta como una
secuencia de partes de guerra en el que no se sabe cuándo empezó
todo, por qué ni qué mueve a la confrontación de las dos partes
.
Son preguntas básicas y lógicas que surgen a quienes desean
comprender mínimamente el conflicto palestino-israelí y a las que
no se encontrará respuesta en los medios de comunicación a pesar de
que todos los días hay noticias sobre la región. Intentémoslo
nosotros.

Primera Guerra Mundial

La Palestina histórica
(27.009 km2) estuvo dominada por el Imperio otomano desde 1516 hasta
1917. Tras la Primera
Guerra Mundial
fue sometida a la autoridad brit√°nica, que
promovió el llamado Mandato Británico como figura colonial de 1922
a 1947. Con la creación del Estado de Israel en 1948, el peculiar
nacionalismo exclusivista judío, el sionismo, puso en marcha un
largo proceso de transformación de un territorio árabe palestino en
un espacio dominado por los judíos.

Aparentemente, el
conflicto palestino-israelí podría parecer otro conflicto étnico
sin m√°s, en el que dos pueblos se disputan un mismo territorio. Sin
embargo, aunque los palestinos sí mantienen una homogeneidad étnica,
al ser todos árabes, entre los israelíes podemos encontrar hebreos,
árabes (los llamados orientales), europeos (askenazis), sefardíes
(descendientes de los jud√≠os expulsados de Espa√Īa en 1492),
etíopes, bereberes, tailandeses, indostanos, uzbekos, kurdos e
incluso otras etnias diferentes. Muchas de éstas afirman descender
de las famosas diez tribus perdidas de Israel por efecto de la
conquista asiria en el siglo VIII antes de la era cristiana.

Por otro lado, mientras
los sionistas defienden la existencia un territorio exclusivo para
judíos, los israelíes no sionistas y la gran mayoría de los
palestinos hablan de convivencia en com√ļn. Esta combinaci√≥n hace
que sea difícil considerar simplemente el conflicto
palestino-israelí como un conflicto territorial de carácter étnico.

También podría parecer
un conflicto religioso, en el que los seguidores de dos religiones
contrapuestas luchan por controlar los lugares sagrados que ambas
tienen en com√ļn. Tanto hebreos como √°rabes afirman proceder del
mítico Abraham, a cuyos descendientes tanto el Yahvé de la religión
judía como el Alá de la musulmana (el mismo Dios bíblico en
realidad) les prometió la antigua tierra de Canaán (Palestina,
parte de Jordania y el sur de Líbano y de Siria) en los tiempos en
los que como tribus beduinas abandonaron el nomadismo. El sionismo
trata de legitimarse considerando que Dios otorgó la Tierra
Prometida al pueblo judío, argumento que impide cualquier
posibilidad de debate al respecto, pues se considera un dogma
religioso. En cambio, los palestinos no fundamentan su derecho a
permanecer en Palestina en base a criterios religiosos, sino
históricos y jurídicos, ya que esa tierra les pertenece en
propiedad y la legalidad internacional lo ha confirmado.

El conflicto
palestino-israelí también podría parecer un típico conflicto
colonial, en el que se trata de controlar una zona periférica rica
en recursos naturales, como es Oriente Medio, implementando para ello
políticas de terror contra la población autóctona para obligarla a
someterse. Esto estaría en consonancia con la tendencia de la propia
definición que la izquierda no sionista israelí hace del conflicto,
al autodenominarse muchas veces, movimiento anticolonialista. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que el valor de Palestina no es
tanto económico como simbólico y debe su importancia estratégica
más bien a los recursos naturales, en especial el petróleo, de los
países vecinos.

Geopolítica

El origen de la versión
geopolítica del conflicto hay que buscarlo en la política
colonialista del Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, cuando
Palestina quedó bajo el Mandato Británico, así como del de Estados
Unidos, después como potencia hegemónica tras la Segunda
Guerra Mundial
, ante la importancia de Oriente Medio en cuanto a
proveedor de petróleo y consumidor de armamento. De hecho,
actualmente, la ayuda militar anual de Estados Unidos a Israel se
establece desde un acuerdo con el Gobierno Obama en 2016 para 10 a√Īos
a raz√≥n de 3.800 millones de d√≥lares cada a√Īo. Si a esto le
a√Īadimos todas las donaciones de car√°cter privado que los jud√≠os
sionistas norteamericanos entregan a Israel, obtenemos la clave para
entender el poderío económico y militar israelí en la zona.

Pero lo que es un
conflicto con un contexto geopolítico mundial con dimensiones
étnicas y religiosas ha terminado por convertirse en algo más crudo
y pragm√°tico: un sistema de apartheid, en el que una
comunidad originaria de Europa u occidentalizada, con mayores
recursos económicos, técnicos y militares, mantiene políticas de
segregación sobre otra comunidad étnicamente distinguible que es
además la población autóctona del territorio en cuestión.

La legitimación para
llevar a cabo las políticas segregacionistas israelíes se
fundamenta en la propia persecución secular del pueblo judío, que
necesita un “hogar nacional” para escapar a la misma, sin
tener en cuenta que para solucionar el llamado “problema jud√≠o”
se ha creado otro problema que est√° afectando a las relaciones del
mundo √°rabe con Occidente. Este supuesto rechazo secular ha generado
un complejo paranoico en los judíos, reafirmado por el terrible
Holocausto
perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Desde ese
punto de vista muy propio del sionismo, el judío se contempla a sí
mismo como una eterna víctima sin un lugar en un mundo antisemita
por definici√≥n, de forma que la √ļnica posibilidad de supervivencia
del pueblo judío radica en la conquista de un territorio seguro, y
qué mejor para ello que la legendaria Tierra Prometida que su dios
tribal les regaló en sus relatos míticos. Así, la ocupación de
Palestina se define como una guerra de supervivencia del tipo “o
ellos o nosotros” que justifica la limpieza √©tnica que est√°
perpetrando Israel. Este razonamiento se convierte en fundamentalista
desde el momento en que se tacha de antisemita todo lo que sea
antisionista, y se elimina así cualquier posibilidad de debate sobre
el papel de Israel en el conflicto. Esto le permite, sin complejos,
calificar a los palestinos de terroristas y de esta forma legitimar
todas las violaciones de los derechos humanos.

Limpieza étnica

Se puede decir que la
discriminación institucional israelí comenzó poco antes de la
propia fundación del Estado de Israel en 1948, concretamente en
noviembre de 1947, cuando la ONU aprobó la repartición. Desde ese
mismo a√Īo los palestinos est√°n padeciendo una aut√©ntica limpieza
étnica. La expulsión ha sido sistemática, planificada y ejecutada,
vulnerando los más mínimos derechos de las personas. Será a partir
de 1967 cuando la segregación mostrará su cara más dura,
convirtiéndose realmente en un sistema de apartheid en el que la
sociedad palestina bajo la ocupación vive una erosión de las
libertades, una fuerte represión, toques de queda
indiscriminados, castigos colectivos y expropiación de tierras. Se
a√Īade con la ocupaci√≥n una tercera dimensi√≥n del conflicto, la del
apartheid sobre los habitantes de los Territorios Ocupados, sumada a
los dos problemas previos generados por la creación del Estado de
Israel: los millones de refugiados palestinos que todavía esperan
retornar a sus casas y la discriminación antidemocrática de los
árabes-israelíes.

La llamada “√ļnica
democracia de Oriente Medio” niega desde 1967 el derecho a una
nacionalidad a m√°s de 4,8 millones de personas que viven en los
Territorios Ocupados (casi la mitad en lugares cerrados), y con ello
pierden todo derecho a exigir derechos, a la vez que otros casi
6 millones de personas
han sido condenadas al exilio y viven en
su mayoría en campos de refugiados en Jordania, el Líbano y Siria.
En los Territorios Ocupados las normas que rigen son m√°s de 2.000
ordenanzas militares que regulan todos los aspectos y subordinan por
completo la vida de millones de √°rabes-palestinos a los miles de
colonos judíos que se han instalado allí. Las colonias sionistas
actuales est√°n directa e indirectamente subvencionadas por el
Gobierno israelí por medio de ventajas fiscales, subvenciones a la
industria y al consumo y construcción de infraestructuras. En los
a√Īos noventa se construyeron 400 kil√≥metros de carreteras de
circunvalación exclusivas para los colonos, que además de ser
motivo para la expropiaci√≥n de tierras, act√ļan como enormes
barreras entre las diversas poblaciones palestinas, dej√°ndolas
aisladas entre s√≠ y creando una geograf√≠a fragmentada en peque√Īos
cantones.

De este modo, la sociedad
palestina se ha fragmentado en palestinos refugiados (5,4
millones dispersos
por varios países). Asimismo, se olvida el
hecho básico de que la política de seguridad israelí, mediante la
cual se justifican todas las violaciones de los derechos humanos, se
trata, en realidad, de una política ofensiva que está encaminada
a la limpieza étnica
y que tiene como consecuencia precisamente
la pérdida de la seguridad de los ciudadanos israelíes.

Grandes potencias
occidentales

No podemos terminar esta
exposición sin destacar la complicidad de las grandes potencias
occidentales en la tragedia palestina.

El apoyo internacional
directo o indirecto al proceso colonial de los asentamientos
sionistas en Palestina
sigue tan presente hoy como lo fue ayer
seg√ļn el relato anteriormente se√Īalado. Si el imperialismo
británico alumbró la injusta promesa de la partición de Palestina
para construir el Estado de Israel en este territorio, hoy en día,
los atropellos siguen siendo constantes: desprecio a las resoluciones
de la ONU respecto a las fronteras entre las dos naciones, impunidad
de Israel ante los crímenes
investigados por la Corte Penal
Internacional, incumplimiento de diferentes acuerdos o compromisos de
paz, indiferencia ante las políticas de nuevas ocupaciones y
expulsiones de poblaciones palestinas por parte de Israel y, siempre,
el apoyo financiero, comercial y militar a Israel por parte de
Estados Unidos y la Unión Europea.

La reacción de los
gobernantes europeos, como la ministra de Asuntos Exteriores
espa√Īola, ante cada crisis militar de bombas israel√≠es y cientos de
muertos palestinos contra cohetes in√ļtiles y alg√ļn israel√≠ herido
es insultante.

(V√ćDEO)

Y si hasta hoy la
criminal equidistancia de los medios de comunicación occidentales
entre víctimas y verdugos era la tónica, ahora se adapta a los
nuevos tiempos y también se tiene en las empresas que dominan las
redes sociales.

Redes sociales

Un grupo de diversas
organizaciones en defensa de los derechos humanos y digitales
ha denunciado que, tras las protestas palestinas por el desalojo de
las familias de Jerusal√©n “la escala de eliminaciones de
contenido y suspensiones de cuentas informadas por los usuarios y
documentadas por las organizaciones de derechos digitales es atroz y
pronunciada”.

Cientos de mensajes
críticos con la violencia ejercida por los cuerpos de seguridad de
Israel desaparecieron, lo que levantó las sospechas de los
activistas. “El contenido eliminado y las cuentas suspendidas
está documentando y denunciando las políticas israelíes de
limpieza √©tnica, apartheid y persecuci√≥n”,
aseguran
en un comunicado
. “Estas violaciones no se limitan a los
usuarios palestinos, sino que también afectan a activistas de todo
el mundo que utilizan las redes sociales para crear conciencia sobre
la grave situaci√≥n en Sheikh Jarrah”. La denuncia est√°
documentada y firmada por 7amleh, Access Now, ARTICLE 19, Mnemonic,
SMEX, INSMnetwork-Iraq, Pen Iraq, Electronic Frontier Foundation y el
Instituto Tahrir de Políticas de Oriente Medio. Estas organizaciones
han recopilado cientos de ejemplos de esa censura.

La complicidad entre
Israel y las empresas de redes sociales para regular
y censurar el contenido
y las cuentas palestinas est√° bien
documentada. Tras una visita de una delegación de Facebook en 2016,
el ministro de justicia de Israel en ese momento declaró
que Facebook, Google y YouTube estaban “cumpliendo con hasta el
95% de las solicitudes israel√≠es para eliminar contenido”, casi
todos palestinos.

Ya el pasado 2020, el
Centro √Ārabe para el Avance de las Redes Sociales (7amleh) desvel√≥
que Facebook ha cumplido con el 81% de las solicitudes de Israel para
eliminar contenido.

Y así es como se observa
la línea cronológica del colonialismo y el apartheid contra los
palestinos que va desde la Primera Guerra Mundial a los tiempos de
las redes sociales.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com