September 22, 2021
De parte de Lobo Suelto
231 puntos de vista


Traducci贸n: Diego Ortolani

Para la serie Ecolog铆as de la Transformaci贸n, publicamos la traducci贸n en italiano (de Andrea Moresco) de las reflexiones en dos partes que Davide Gallo Lassere ha dedicado a las obras de Andreas Malm, tres de las cuales recientemente publicadas en franc茅s (**). Aparecido en noviembre pasado en la revista 鈥淐ontretemps鈥, el an谩lisis de Gallo Lassere cumple un doble rol. De un lado, introduce con gran claridad el pensamiento de Malm, concentr谩ndose en particular sobre dos expresiones de la crisis ecol贸gica: el cambio clim谩tico y la pandemia. De otro lado, interroga cr铆ticamente tal pensamiento a partir del instrumental te贸rico del autonomismo 鈥渙peraista鈥 italiano 鈥揺l cual resulta radicalmente transformado por este 鈥渆ncuentro鈥-.  Este doble ensayo interviene de modo original en el vivaz debate sobre la ecolog铆a pol铆tica que ya desde varios a帽os se viene desarrollando.

La explosi贸n (鈥) de las emisiones es la herencia atmosf茅rica de la lucha de clases (1)[i]

El autonomismo ecol贸gico (ecological autonomism) es una teor铆a de la crisis aguda (2)[ii]

鈥淓sto lo cambia todo鈥, exclam贸 Naomi Klein en su famoso libro del 2014, con una frase feliz. 鈥淭odo puede cambiar鈥, tradujo m谩s sobriamente su editor franc茅s, el a帽o siguiente. Mientras, las versiones italiana y alemana optaron por soluciones de regusto teol贸gico-pol铆tico, de las cuales emerge claramente la exhortaci贸n kair贸tica de transformar de ra铆z nuestros estilos de vida y nuestros m茅todos de producci贸n: 鈥淪贸lo la revoluci贸n nos salvar谩鈥, titulan. Los subt铆tulos, a su vez, no obstante sus tonos diversos, subrayan m谩s o menos intensamente la irreductibilidad entre naturaleza y sociedad: 鈥淐apitalismo vs Clima鈥, 鈥淐apitalismo y cambio clim谩tico o Por qu茅 el capitalismo no es sostenible鈥.

La argumentaci贸n de Klein se basa en un asunto que es tanto real铆stico-naturalista (la naturaleza existe, precede y comprende las formaciones humanas) como hist贸rico-materialista: algunos elementos socio-econ贸micos se han desarrollado en el tiempo, incidiendo gravemente sobre los equilibrios ambientales; los cuales, a su vez, est谩n reaccionando actualmente sobre todos los seres vivientes, humanos y no humanos, provocando cataclismos de diversa magnitud seg煤n las contingencias sociales y geogr谩ficas. De aqu铆 la necesidad de intervenir cuanto antes en el presente sobre las causas estructurales de las cat谩strofes actuales y futuras,cuyas causas radican en el pasado.

El desaf铆o de esta doble contribuci贸n es afrontar algunos aspectos de la actual crisis ecol贸gica basada sobre dos grandes macro fen贸menos de nuestro tiempo, cuya compresi贸n reclama una enfoque ontol贸gico-epistemol贸gico similar al de Klain: el calentamiento global y la pandemia de Covid-19. Para afrontar tal tarea nos confiamos al estudio del historiador Andreas Malm, confront谩ndolo sin embargo a la gram谩tica te贸rico-pol铆tica elaborada desde los enfoques (neo)autonomistas -con los cuales, por lo dem谩s, el mismo Malm flirtea en algunos puntos de sus numerosas obras- (3).[iii]

Este primer art铆culo, 鈥淏ienvenidos al pasado..鈥, concentr谩ndose sobre la acumulaci贸n de emisiones de CO2 en la atm贸sfera, asume una 贸ptica diacr贸nica y se concentra sobre la historia a largo plazo del calentamiento global. Se trata de una genealog铆a pol铆tica de la transici贸n permanente hacia las fuentes de energ铆a f贸sil, co-determinada por la insubordinaci贸n obrera y anticolonial.

El segundo art铆culo, 鈥淩etorno al presente. Espacios globales, naturaleza salvaje y crisis pand茅mica鈥, concentr谩ndose sobre los procesos de deforestaci贸n, p茅rdida de biodiversidad y zoonosis, ofrece un diagn贸stico del presente que sondea las m煤ltiples disposiciones del espacio global. Se trata de un retrato de la globalizaci贸n en t茅rminos 1) de la autonom铆a inalienable de la naturaleza salvaje respecto al acrecentado dominio del capital, y 2) de las tendencias siempre m谩s probables a los desastres pand茅micos que la profundizaci贸n de este dominio implica. Articulando estos dos enfoques esperamos suministrar las coordinadas espacio-temporales m铆nimas para encuadrar la crisis ecol贸gica.

M谩s all谩 de los elementos de la discusi贸n eco-marxista sobre cambio clim谩tico y Covid 19, y m谩s all谩 de la exposici贸n de las tesis profundizadas por el autor sueco, esta doble contribuci贸n persigue otro objetivo, a saber: leer a Malm a trav茅s del autonomismo y leer el autonomismo a trav茅s de Malm. El primer movimiento de pensamiento subraya la centralidad epistemol贸gica e historiogr谩fica de los antagonismos en los procesos de transformaci贸n social. El segundo movimiento, en vez, aspira a suministrar indicaciones para colmar una de las principales lagunas del autonomismo, como es su escasa atenci贸n a las cuestiones ecol贸gicas.

El primer punto apunta a criticar la hip贸tesis pol铆tica provocadora de Malm, aquella de la necesidad de un 鈥渓eninismo ecol贸gico鈥, sobre la base de los presupuestos inmanentes a su propio discurso te贸rico. El segundo punto, al contrario, participa de una necesaria actualizaci贸n de la caja de herramientas autonomista, como armer铆a conceptual que puede revelarse 煤til para responder a los desaf铆os del presente. Lo que emerge de un contraste tal es una teor铆a de las crisis agudas del capitalismo, de sus violentas repercusiones sobre el ambiente social y biosf茅rico, y de la importancia crucial que la conflictividad social ocupa en las din谩micas hist贸ricas (4). [iv]

Contrariamente a las m谩s refinadas elaboraciones te贸ricas, seg煤n Andreas Malm, calentamiento global y Covid-19 constituyen dos casos paradigm谩ticos de autonom铆a de la naturaleza. Ciertamente, los dos fen贸menos, si bien manifiestan fuertes trazos comunes, son de orden diverso, y cualquier comparaci贸n apresurada arriesga aparecer falaz 鈥搒er铆a, dice Malm, como equiparar una guerra a un proyectil-. El primero es de hecho un proceso que hunde sus ra铆ces en un pasado lejano, mientras el segundo es un evento con una historia m谩s breve. El cambio clim谩tico produce efectos que se prev茅 persistan por siglos, mientras la circulaci贸n global de los (corona)virus y el brote de epidemias o pandemias en los pr贸ximos decenios resultan imprevisibles.

Adem谩s, mientras la difusi贸n de la pandemia de SARS-CoV-2 puede ser considerada una consecuencia singular, aun cuando particularmente dram谩tica, del cambio clim谩tico en curso, el impacto de la pandemia sobre la reducci贸n de emisiones de CO2 ha sido relativamente reducido. No obstante aquello, para Malm, los dos fen贸menos traen a la luz un hecho ontol贸gico ineludible: naturaleza y sociedad no est谩n jam谩s completamente entrelazadas, la captura de la primera por la segunda no es jam谩s completa ni totalizante. No s贸lo se puede siempre, anal铆ticamente hablando, hacer una distinci贸n entre las dos entidades, sino que, desde un punto de vista pr谩ctico, se debe hacer. Toda pol铆tica tiene una epistemolog铆a, cada epistemolog铆a es una pol铆tica. Y las de Malm se basan en una cr铆tica a las ontolog铆as post-dualistas.

Para contrastar los procesos violentos que han determinado el calentamieto global y que abren escenarios desastrosos, se debe luego comprender qu茅 le hace (y le ha hecho) la sociedad a la naturaleza, y qu茅 lehace (y le ha hecho) la naturaleza a la sociedad. Las sociedades humanas en general, y la sociedad capitalista en particular, no producen la naturaleza, la perturban; no la producen, pero la trasmutan, la modelan, la disturban y la desestabilizan. La construcci贸n ideol贸gico-cultural de la naturaleza no quita en modo alguno el v铆nculo inmanente a sus leyes mismas, precisamente a su autonom铆a: 鈥渓as sociedades humanas han transformado los ciclos planetarios del carbono, pero no los 谩tomos de carbono鈥, afirma Malm, citando a su colega Alf Jornborq. Esto es un hecho, no una interpretaci贸n, se podr铆a a帽adir. La sociog茅nesis no es una demiurgia.

Es, antes bien, 鈥渦na unidad de contrarios en movimiento, una combinaci贸n din谩mica, un proceso en el cual los componentes sociales y naturales se enfrentan entre ellos鈥, al punto que 鈥渕谩s la sociedad se sumerge en la naturaleza, m谩s la naturaleza invade la sociedad, con su ej茅rcito espectral, cuyas primeras incursiones ya se hacen sentir鈥 (5). [v]Algo que es todav铆a m谩s transparente en el 2020 que en el 2017, cuando fueron escritas estas l铆neas sobre 鈥渓a paradoja de la naturaleza historizada鈥.

M谩s all谩 de ciertas estereotipaciones de las posiciones constructivistas, hibridistas y neomaterialistas (6), [vi]lo que Malm quiere poner a la luz no es s贸lo la anterioridad hist贸rica y una irreductible exterioridad de la naturaleza respecto de la sociedad, sino tambi茅n su primado ontol贸gico. Sin naturaleza, obviamente, ninguna sociedad. Pero tambi茅n, y sobre todo desde un punto de vista anticapitalista, la defensa de la naturaleza comporta, entre otras cosas, una pol铆tica de la separaci贸n. Dado que el capital no puede reproducirse sin contar con sus externalidades negativas, se debe en primer lugar disociar su impronta del sustrato material sobre el cual bascula 鈥搇a emisi贸n masiva de CO2 a la atm贸sfera terrestre, la descarga de sustancias t贸xicas sobre los ecosistemas, etc.-.

Y despu茅s se debe reconocer el rol ineludible de las externalidades naturales positivas 鈥搇a apropiaci贸n gratuita o a muy bajo costo de alimento, energ铆a, minerales y otros recursos-. En esto, la historia oscura de la explotaci贸n de los recursos naturales procede paralelamente a aquella de la puesta en valor de la fuerza de trabajo (7). [vii]La una y la otra se codeterminan, y en ambos casos la asimilaci贸n en los circuitos capitalistas va en detrimento de la autonom铆a tanto de las y los trabajadores como de la naturaleza: 鈥渆l capital es un comando impuesto a la separaci贸n鈥 (8). [viii]Esta observaci贸n ontol贸gico-pol铆tica de Toni Negri, retomada por Malm, suministra el hilo rojo de las p谩ginas siguientes, donde reconstruiremos las coordinadas hist贸rico-naturalistas (9) [ix]al interior de las cuales se desenvuelve la tragedia desigual y combinada de nuestros tiempos.

Lucha de clases y acumulaci贸n originaria de capital f贸sil

El calentamiento global, fruto del antagonismo entre grupos humanos, no hace m谩s que aumentar las tensiones sociales, econ贸micas y pol铆ticas. Esta es la tesis de base de la obra historiogr谩fica de Malm, de su diagn贸stico del presente y de las perspectivas de colapso futuro al cual conduce. El aumento de la temperatura sobre la Tierra, determinado en primer lugar por el uso capitalista de ese 鈥渃ompendio de relaciones sociales desiguales鈥 (10) [x]que son los combustibles f贸siles, es un producto impuro de los conflictos sociales pasados y presentes. Que se asuma un punto de vista  global o se concentre sobre la Inglaterra (pre)victoriana no importa: la lucha de clases prevalece. En todo el mundo, la adopci贸n de los combustibles f贸siles como motor primario de la acumulaci贸n de capital fue impuesta por la fuerza, en reacci贸n al rechazo obrero al trabajo (11). [xi]

Si de hecho los seres humanos conocen desde hace mucho tiempo las propiedades pirol铆ticas del carbono, y si lo usan para calentar las habitaciones desde la pre-modernidad, es solo a partir de los a帽os 1820-30 que su producci贸n y su consumo fueron mucho m谩s all谩 de las costumbres precedentes. Pero entonces, 驴qu茅 sucedi贸 en aquel momento?驴Por qu茅 una mutaci贸n de tal magnitud aconteci贸 en concomitancia con las primeras leyes en defensa del trabajo?驴C贸mo fue posible que tal cambio epocal haya excedido los confines reducidos de Inglaterra para alcanzar los cuatro 谩ngulos del mundo?

Nos parece que el recuento de Malm sobre la acumulaci贸n originaria de capital f贸sil no solo est谩 en grado de dar cuenta de este pasaje de una fase hist贸rica a la otra, sino tambi茅n de producir efectos de subjetivaci贸n similares a los de las narraciones de Marx y los marxismos negros y feministas sobre el pasaje. Y una vez m谩s, la cercan铆a a la lectura autonomista de las transformaciones sociales nos parece fruct铆fero, dado que el enfoque de Malm retoma la cl谩sica dial茅ctica autonomista de luchas/crisis/desarrollo, que hace de la innovaci贸n tecnol贸gica el fulcro de la respuesta capitalista a la ingobernabilidad del trabajo.

No pudiendo restituir aqu铆 la riqueza epistemol贸gica, historiogr谩fica y pol铆tica de estos debates, nos contentaremos con subrayar c贸mo desde los primeros escritos autonomistas, el uso capitalista de las m谩quinas es puesto bajo los reflectores en cuanto cristalizaciones del despotismo de f谩brica. Siguiendo las ense帽anzas de Marx, Raniero Panzieri y Romano Alquati critican la presunta neutralidad de la ciencia y dela tecnolog铆a, y revelan as铆 su puesta en juego pol铆tica, 铆nsita en el proceso productivo del capital. Seg煤n los 鈥淐uadernos Rojos鈥 y 鈥淐lase Obrera鈥 (cl谩sicas revistas autonomistas de los 60-70), los procesos de reestructuraci贸n de la producci贸n no encarnan el proceso productivo de una racionalidad super partes, sino que velan por enfrentar los comportamientos de resistencia de las y los trabajadores, por sobre-regimentar la fuerza de trabajo insubordinada y someterla a las nuevas normas de maximizaci贸n de la ganancia.

Mario Tronti ampl铆a este 谩ngulo visual, denunciando la l贸gica f茅rrea que ha forjado la reconfiguraci贸n integral de la f谩brica y de la sociedad: son las racionalizaciones de la administraci贸n p煤blica, las reformas educativas, de la sanidad p煤blica, de la urban铆stica, as铆 como la cuesti贸n de la moneda o la programaci贸n de las inversiones, las que vienen a reforzar el plan del capital despu茅s de las dificultades emergidas desde 1929 en adelante. El comando capitalista integra as铆 mayormente a la clase obrera en las mallas de su poder, pero a la vez abre las puertas a crisis de mayor magnitud. Aquello que Toni Negri por una parte y Sergio Bologna por la otra no dejar谩n de subrayar para el post 麓68. Si Keynes representa la respuesta burguesa a Lenin, el giro imperial del neoliberalismo da sustancia a la reacci贸n capitalista a las amenazas de las y los trabajadores de los a帽os 60 y 70. De la misma manera, la precarizaci贸n de la ocupaci贸n, la financiarizaci贸n de la econom铆a y el despliegue de la log铆stica global constituyen la punta de diamante de una contrarrevoluci贸n desde arriba, de frente a la desestabilizaci贸n pol铆tica causada por los movimientos sociales de la 茅poca.

Ahora bien, la 鈥渞evoluci贸n copernicana鈥 que comport贸 considerar a los sujetos de las luchas sociales como prioritarios respecto al desarrollo objetivo del capital, est谩 al centro de la transici贸n originaria a lo f贸sil descrita por Malm. Con la introducci贸n, sin embargo, de un elemento fundamental para relativizar el 鈥渟ociocentrismo autonomista鈥 (12), [xii]esto es: la cuesti贸n energ茅tica. Este impensado del autonomismo representa el coraz贸n de la historiograf铆a eco-marxista de Malm y es un complemento necesario para cualquier cr铆tica anticapitalista. Las secuencias lucha/crisis/desarrollo no se limitan de hecho a conmocionar, seg煤n la ense帽anza autonomista, las relaciones sociales, econ贸micas y pol铆ticas de un determinado per铆odo, sino sacuden desde la cima al fondo los equilibrios ambientales y ecosist茅micos, provocando vastas mutaciones ecol贸gicas. Para reasumir la propuesta de Malm, podemos entonces decir que la sustituci贸n del agua por el carbono como principal fuente de energ铆a en la producci贸n, es desde el inicio un proyecto de clase, cuyas repercusiones son 鈥搊 ser谩n- siempre m谩s amplias.

Si 鈥渆l calentamiento global es el resultado de las acciones del pasado鈥, es decir, si 鈥渘o estamos nunca en el calor del momento, sino solo en el calor del pasado actual鈥, entonces 鈥渦na eternidad (hist贸rica) se est谩 determinando en este momento鈥 (13). [xiii]

Estamos de hecho en medio de un per铆odo de crisis aguda, y es a trav茅s del prisma de esta interdicci贸n temporal que Malm elabora su recorrido te贸rico y pol铆tico: para las clases subalternas en particular, y para la salvaguarda de muchas especies vegetales y animales, deviene siempre m谩s urgente apagar lo m谩s r谩pidamente posible el fuego que quema el planeta. De aqu铆 la importancia de combatir el capital f贸sil como causa principal de los desastres actuales y futuros. 驴Pero, qu茅 es exactamente el capital f贸sil?驴C贸mo pudo devenir as铆 neur谩lgico para la econom铆a general de las sociedades capitalistas? Y m谩s en general, 驴qu茅 se entiende por econom铆as f贸siles?

Seg煤n Malm, la econom铆a f贸sil, caracterizada por un vertiginoso aumento de las emisiones de CO2, se refiere a 鈥渦na expansi贸n de la escala de la producci贸n material obtenida a trav茅s de la expansi贸n de la combusti贸n de carb贸n, petr贸leo y /o gas鈥 (14). [xiv]A diferencia del paradigma ricardo-malthussiano, sin embargo, no son las presiones competitivas o demogr谩ficas, las restricciones territoriales o el agotamiento de las fuentes alternativas las que llevaron a algunos capitalistas a avalar esta elecci贸n estrat茅gica, sino motivos eminentemente pol铆ticos. La m谩quina de vapor prevaleci贸 sobre la rueda hidr谩ulica no porque fuese m谩s eficiente o confiable, o porque el carbono fuera m谩s econ贸mico y abundante que el agua. No es una crisis energ茅tica la que est谩 en el origen de una transici贸n tan decisiva para el destino del mundo, sino una verdadera y precisa crisis de control de la fuerza de trabajo.

Antes y durante toda la transici贸n, la superioridad tecnol贸gica de la m谩quina y la rentabilidad econ贸mica de los recursos en realidad constitu铆an contra argumentos: las ruedas eran m谩s potentes, menos sujetas a reparaciones, y el agua corr铆a libre y copiosamente en los campos ingleses (15). [xv]Estas ten铆an sin embargo un defecto importante: la distancia de las grandes concentraciones obreras. La energ铆a hidr谩ulica de hecho confiri贸 una din谩mica centr铆fuga al desarrollo espacial de la primera revoluci贸n industrial, alejando las f谩bricas de los centros urbanos. Fen贸meno que siempre ha dado lugar a grandes problemas gerenciales, concernientes a la oferta y la gesti贸n de mano de obra, hasta que el poder creciente de la clase obrera dio lugar al cambio.

Desde el inicio de ese siglo XIX, los 贸rganos de prensa especializados susurraban a las orejas de los capitanes de la industria y sus consejeros: la ventaja del vapor consiste en poder acercar la fuerza de trabajo. Se necesitaba emplazar las f谩bricas al centro de una poblaci贸n educada en el sudor de la frente, para garantizar el acceso a una fuerza de trabajo que pudiera ser explotada a placer, liberando as铆 鈥渁l capital de sus cadenas espaciales鈥 (16)[xvi]. En las f谩bricas-colonias de la campi帽a, el industrial deb铆a alzar el edificio, equipar las maquinarias, construir los albergues, garantizar un m铆nimo de servicios reproductivos, en suma: fundar la poblaci贸n ex novo, sin el m铆nimo soporte financiero y log铆sitico de parte de las autoridades p煤blicas. Adem谩s, el reclutamiento de la fuerza de trabajo representaba un gran desaf铆o: 鈥淟a idea de trabajar sobre las m谩quinas en largas jornadas con horarios regulares, amontonados bajo el mismo techo y bajo la estrecha supervisi贸n de un capataz era muy repugnante, sobre todo en las zonas rurales鈥.

Como sucede frecuentemente, es entonces 鈥渓a implacable aversi贸n a la disciplina de f谩brica鈥 (17) [xvii]la que suscita m谩xima preocupaci贸n, constri帽endo a los capitalistas a lanzar campa帽as publicitarias para importar obreros y obreras desde la ciudad. No obstante el gasto exorbitante en capital constante, los costos de reproducci贸n, la carencia de mano de obra y la pr谩ctica asidua de la fuga del trabajo, tal situaci贸n fue sostenible hasta m谩s o menos 1825-30. Sin embargo, cuando las huelgas, los sabotajes y las revueltas se radicalizaron, las f谩bricas-colonias se demostraron demasiado vulnerables. Al punto que, una vez aprobada la ley del horario de trabajo de 10 horas al d铆a, los ataques extremadamente feroces contras las y los trabajadores y los sindicatos no fueron m谩s suficientes para mantener las tasas de ganancias, y la 煤nica elecci贸n posible consisti贸 en una verdadera inversi贸n de la estrategia de inversi贸n de los capitales. Los capitalistas liados a la energ铆a hidr谩ulica fueron constre帽idos siempre m谩s a reconvertirse al vapor y a cambiar la geograf铆a del capital, insertando as铆 una din谩mica centr铆peta. O, dicho de otra forma, 鈥渓a fundaci贸n de la ciudad industrial fue f贸sil鈥 (18)[xviii].

De una transici贸n a la otra

Una vez insertado en el circuito de valorizaci贸n, el carbono permiti贸 al capital reconquistar la iniciativa y explotar m谩s f谩cilmente los ej茅rcitos de reserva que se estaban acumulando en las grandes ciudades inglesas. Una composici贸n social m谩s obediente y numerosa fue as铆 puesta disponible, gracias a las caracter铆sticas intr铆nsecas de los recursos energ茅ticos. Extra铆do de las v铆sceras de la tierra, el carb贸n pod铆a ser trasladado, almacenado y consumido donde era m谩s conveniente, es decir, donde el chantaje del capital sobre el trabajo era m谩s eficaz:

鈥減or primera vez en la historia, el convertidor y la fuente de energ铆a mec谩nica 鈥搇a m谩quina y la mina- fueron espacialmente disociados鈥 (19).[xix]

Esto rindi贸 un inmenso servicio a los capitalistas del algod贸n. Sin la base energ茅tica del carbono, de hecho, los m谩rgenes para disponer ad libitum de la fuerza de trabajo hubieran sido m谩s restringidos. Entonces, el combustible f贸sil procur贸 una condici贸n material decisiva para resolver las contradicciones pol铆ticas de la sociedad capitalista de la 茅poca. Antes de la transici贸n energ茅tica, la mecanizaci贸n y la automatizaci贸n de la producci贸n pod铆an ciertamente sustituir a los trabajadores/as m谩s recalcitrantes, pero segu铆an siendo alimentadas por fuentes no completamente domables por el capital. El viento, por ejemplo, permanece por definici贸n aleatorio. El agua, aun pudiendo ser embalsada y canalizada, est谩 ligada a las fluctuaciones estacionales y a territorios no necesariamente congeniables (como vimos). 

Al contrario, la carrera del carbono era guiada justo por aquello que Malm llama 鈥渟u potencia impotente, o su poder sin poder鈥 (20)[xx]. Completamente controlable por su patr贸n, ontol贸gicamente sujeto al capitalista, el carbono es una variable completamente dependiente de las exigencias de la acumulaci贸n, y encarna as铆 a la perfecci贸n la fantas铆a de todo detentador de dinero y medios de producci贸n: el carbono es鈥渦na fuerza motriz sobre la cual el capital puede ejercitar un poder absoluto, ofreciendo al capital toda la potencia de la que tiene necesidad鈥 (21)[xxi].

Las virtudes del carb贸n, 鈥減erfectamente d贸cil, maleable y flexible鈥 (22)[xxii], representan la negaci贸n por excelencia de las carencias de las otras fuerzas motrices y de los vicios de la fuerza de trabajo (aquello que los autonomistas defin铆an como 鈥渞igidez del trabajo鈥, o el trabajo como 鈥渧ariable independiente鈥 del capital). As铆, a partir de 1830, la m谩quina de vapor sustituye siempre m谩s a la rueda hidr谩ulica y la extracci贸n del carb贸n tuvo un notable salto adelante. Heterog茅nesis de los fines, la autodefensa obrera constri帽贸 al capital a poner en acto esta gran transformaci贸n energ茅tica, la cual ha ejercitado una enorme influencia sobre la producci贸n de una espacialidad y una temporalidad propiamente capitalista. La victoria en la lucha sobre la jornada de trabajo termin贸 as铆 por entretener el predominio del espacio-tiempo abstracto del capital sobre el espacio absoluto y el tiempo concreto, t铆picos de las formaciones sociales pre o proto capitalistas (23)[xxiii].

De hecho, a diferencia de las energ铆as renovables, los combustibles f贸siles no dependen de las cualidades morfol贸gicas de un lugar o de la casualidad de las estaciones. Al contrario, su manejabilidad reduce el tiempo y el espacio a datos puramente cuantitativos y funcionales. Desde este punto de vista, los combustibles f贸siles son para la energ铆a aquello que el dinero es para el intercambio: disponibles/v谩lidos en cualquier momento y en cualquier lugar, entre ambos abren el campo de lo posible al capitalismo, entre ambos permiten al capital ignorar ciertos l铆mites ligados a las propiedades particulares de los objetos entre los cuales median, entre ambos aceleran e intensifican los ritmos de producci贸n. Con el carbono, el capital se libera definitivamente de diversas cadenas naturales, y obtiene tanto una mayor libertad de movimiento como una mayor eficiencia de rendimiento.

Luego, la f贸rmula general del capital debe ser re-transcrita en t茅rminos no s贸lo ecol贸gicos, sino tambi茅n energ茅ticos. Aquello que caracteriza a todas las sociedades capitalistas es de hecho el imperativo del crecimiento indefinido. M谩s all谩 de sus singularidades hist贸ricas, toda sociedad capitalista tiende a ir m谩s all谩 de sus propios confines, para ensanchar al infinito el circuito de la reproducci贸n de las propias relaciones sociales. Esto implica la expansi贸n perpetua del reino de las mercanc铆as para hacer siempre m谩s dinero: D-M-D麓, dinero-mercanc铆a-plusdinero. Sin embargo, la acumulaci贸n de capital a trav茅s de la mercantilizaci贸n del mundo manifiesta diversas dimensiones: la sujeci贸n de masas siempre mas consistentes de fuerza de trabajo bajo el comando de la moneda, el desarrollo de los medios de producci贸n, pero tambi茅n la subsunci贸n ininterrumpida de nuevos territorios sociales y geogr谩ficos bajo la ley de la ganancia, y el cont铆nuo englobamiento de nuevos recursos naturales 鈥揺nerg铆a y alimento en primer lugar- por parte del capital.

Ahora bien, la puesta en valor de la fuerza de trabajo es el elemento vital de este proceso potencialmente ilimitado, privado de significados y contenidos espec铆ficos, mientras la colonizaci贸n del espacio social y la anexi贸n imperialista de los continentes constituyen sus brazos armados. Al interior de este cuadro anal铆tico, la originalidad del eco-marxismo de Malm consiste en el focalizarse sobre la asimilaci贸n siempre mayor de los combustibles f贸siles para sostener el despliegue capitalista. La M en la f贸rmula general del capital D-M-D麓 emerge, entonces, de la triangulaci贸n entre la acumulaci贸n de medios de producci贸n, la explotaci贸n del trabajo vivo y la incorporaci贸n en las relaciones de producci贸n de porciones siempre m谩s grandes de naturaleza extrahumana, de la cual los combustibles f贸siles capturan la atenci贸n del autor.

En un art铆culo brillante, Malm proyecta tal enfoque en una perspectiva de largo alcance. Factor que permite construir un puente con la situaci贸n contempor谩nea, en la cual la reciente explosi贸n de emisiones de CO2 a nivel global se debe poner en relaci贸n con la crisis de la gobernanza capitalista de la fuerza de trabajo en los a帽os 麓60 y 麓70. Atendiendo a la lectura de Ernst Mandel de los estudios de Nikolai Kondratiev sobre los ciclos econ贸micos, Malm muestra la fundamental plasticidad del capitalismo en el curso de los 煤ltimos siglos. La l贸gica de la f贸rmula general del capital se ha concretizado efectivamente en una multiplicidad de formaciones sociales heterog茅neas, si bien en cada fase de transici贸n hemos visto en acto una misma tendencia. Como nos ense帽an los autonomistas, cada vez que una crisis est谩 en pleno desenvolvimiento, asistimos a una revoluci贸n tecnol贸gica capaz de disolver los impasses econ贸micos y pol铆ticos que obstaculizan la larga marcha del capital. Y cada vez, esta alteraci贸n en las relaciones de producci贸n operada por la introducci贸n de nuevas m谩quinas procede en concomitancia no s贸lo con La reorganizaci贸n de los procesos de trabajo (necesaria para enfrentarla indisciplina obrera), sino tambi茅n de una radical transformaci贸n del sistema energ茅tico.

Es as铆 que la entera constelaci贸n tecnol贸gica productora de energ铆a, los sectores traccionantes de la econom铆a y las infraestructuras log铆sticas subyacentes se transforman dela cima al fondo. Sin entrar en los detalles, la secuencia de diversos ciclos 鈥揷ada uno caracterizado por una fase ascendente y una descendente- dio lugar a las siguientes transiciones: una primera oleada de 1780 a 1848 guiada por la mecanizaci贸n hidr谩ulica de la industria del algod贸n y el hierro; una segunda oleada del 1848 al 1896 sostenida por la mecanizaci贸n a vapor de la industria (algod贸n, hierro, carb贸n, m谩quinas herramientas) y de los transportes (ferrocarriles); un tercer ciclo del 1896 al 1945 determinado por la electrificaci贸n de la industria, de los transportes y de los n煤cleos familiares, con centro en  los aparatajes el茅ctricos, la ingenier铆a, la qu铆mica y el acero; un cuarto ciclo del 1945 a 1992 promovido por la motorizaci贸n de los transportes (autom贸viles, aviones) y de diversas ramas de la econom铆a (refiner铆a, petroqu铆mica, petr贸leo, gas); y una 煤ltima oleada dasde 1992 a hoy, impulsada por la digitalizaci贸n de la econom铆a y la centralidad productiva de la computadora, el software, aparatajes de telecomunicaciones, microprocesadores, etc. (24)[xxiv].

Seg煤n Mandel, los pasajes de fase son introducidos sea por elementos end贸genos al circuito econ贸mico, sea por factores ex贸genos de naturaleza social y pol铆tica. Es la combinaci贸n de esta pluralidad de fen贸menos inmanentes al capital y otros (parcialmente) trascendentes a 茅l, lo que da inicio al cambio de la coyuntura hist贸rica y estimula el ensanchamiento recursivo de la base energ茅tica sobre la cual se basa el sistema. Por lo que respecta a la transici贸n del cuarto al quinto ciclo 鈥揷on el inicio de la fase descendiente del cuarto entre fines de los a帽os 麓60 e inicios de los a帽os 麓70-, la componente subjetiva de la lucha de clases prevaleci贸 sobre las contradicciones objetivas inmanentes al capital (intensificaci贸n de la competencia, agotamiento de los mercados, etc.). M谩s all谩 de los matices en la periodizaci贸n de la acumulaci贸n capitalista, esta observaci贸n, signo distintivo del autonomismo, suministra un indicio para descifrar una aparente anomal铆a en el modelo de Mandel, asumido por Malm. Ciertamente:

鈥淎 diferencia de los motores a vapor, de la electricidad, del autom贸vil y del petr贸leo, las computadoras no son ni a motor, ni transmisores ni fuentes de energ铆a, y sin embargo la expansi贸n econ贸mica que han producido ha causado la explosi贸n m谩s extrema de emisiones de CO2 en la historia del capital industrializado鈥 (25)[xxv].

La tesis de Malm es que las nuevas tecnolog铆as de la informaci贸n y la comunicaci贸n (NTIC), aunque no est谩n inmediatamente ligadas a la extracci贸n y a la circulaci贸n de los combustibles f贸siles, han cumplido un rol ineludible en el combatir/reabsorver los movimientos sociales que hab铆an minado el viejo r茅gimen socio-energ茅tico, y que las mismas ejercitan en el seno del ciclo actual una potencia constituyente. Una vez m谩s, las luchas que portaron a la crisis del viejo r茅gimen de acumulaci贸n est谩n ligadas por un doble nudo al desarrollo del nuevo sistema tecno-energ茅tico. La degeneraci贸n en curso de los equilibrios atmosf茅ricos es, de hecho, directamente proporcional a las deslocalizaciones de las f谩bricas occidentales en el Sudeste Asi谩tico, y esta reconfiguraci贸n de las cadenas globales de las mercanc铆as, uno de cuyos objetivos prioritarios consisti贸 en la disoluci贸n de las concentraciones obreras de la era keynesiana y fordista, no habr铆a sido jam谩s practicable sin el trabajo de conexi贸n y coordinaci贸n vuelto posible por las NTIC.

TheWarmingCondition: el Capitaloceno visto desde China

Para discernir el reciente salto del calentamiento global, es imperativo relevar la alquimia entre el conflicto de los trabajadores en Occidente en los a帽os 麓60 y 麓70, la sucesiva profundizaci贸n de las tendencias a la globalizaci贸n del capital en los a帽os 麓80 y 麓90, y el ascenso astron贸mico de China al inicio de este siglo: luchas/crisis/desarrollo, con particular atenci贸n a la espiral energ茅tica que de ello deriva, el crecimiento en t茅rminos absolutos delcapital total (el as铆 llamado PIB Mundial), y procediendo en paralelo con la ampliaci贸n de la combusti贸n de carb贸n, gas y petr贸leo. A煤n si el an谩lisis de tales din谩micas va bastante m谩s all谩 de la magnitud limitada de este texto, necesitamos sin embargo hacernos una pregunta: 驴por qu茅 China en particular, y no otros paises?驴Qu茅 condiciones ha satisfecho para atraer as铆 tantos capitales durante su boom?

En el momento en el cual el peso del trabajo vivo devino insoportable en Occidente, China apareci贸 por varios motivos como un lugar id贸neo para recibir formidables flujos de inversiones extranjeras directas. Para decirlo en modo estilizado: est谩 dotada de una clase obrera colosal, relativamente disciplinada e instruida, que sufre la presi贸n de las masas campesinas del interior del pa铆s. En segundo lugar, China goza de un sistema pol铆tico bastante estable, gobernado bajo la 茅gida centralizadora del Partido Comunista. Despu茅s de lo cual, China desarroll贸 una s贸lida y ramificada red log铆stica y metropolitana, la cual se ha mostrado particularmente adaptada a la circulaci贸n de las mercanc铆as: puertos, aeropuertos, autopistas, ferrov铆as, etc. Por 煤ltimo, el gigante asi谩tico dispone de yacimientos f贸siles y de una notable y avanzada infraestructura energ茅tica.

As铆 fue como China pudo devenir la principal chimenea de la f谩brica global. Los n煤meros en ese sentido son desconcertantes. Por un lado, el PBI de China creci贸 m谩s de 40 veces entre 1990 y 2019, haciendo de Pek铆n la segunda econom铆a despu茅s de Washington, si bien como sabemos sus tasas de crecimiento siguen siendo m谩s sostenidas que las de sus competidores occidentales. Del otro lado, el consumo de combustibles f贸siles (fundamentalmente carb贸n)ha literalmente explotado, volviendo a China no solo el m谩s grande extractor mundial de combustibles f贸siles, sino tambi茅n el masgrande emisor de CO2 en t茅rminos absolutos, responsable de m谩s del 50 % de los recientes cambios en la composici贸n del aire (26).[xxvi]

Estas cifras bien conocidas deben sin embargo ser re-examinadas. De manera esquem谩tica: si bien China concentr贸 sobre si los deseos del gran capital transnacional, el nacionalismo metodol贸gico no ofrece una buena lente a trav茅s de la cual examinar las cuestiones clim谩ticas. El sistema-China no puede ser considerado el principal pir贸mano en el incendio que est谩 inflamando al planeta. Al contrario, detr谩s de estos datos es preciso decodificar y criticar la compleja mara帽a de las relaciones sociales globales. La localizaci贸n de las emisiones sobre el territorio de un pa铆s no dice nada de la estrecha red que conecta la producci贸n de un bien o servicio en un 谩ngulo del mundo con su transporte y consumo en cualquier otro lugar. La 鈥渃olumna de humo china鈥 (27) [xxvii]depende obvia y directamente de sus masivas exportaciones, las cuales hasta 2008 eran 鈥搚 son todav铆a hoy, si bien menos intensamente- elemento motor del crecimiento fulgurante del Drag贸n oriental. Son fundamentalmente los compartimentos productivos destinados al mercado global los responsables del aumento de las emisiones de CO2, mientras otras estad铆sticas (cambios demogr谩ficos, mejoramiento del nivel de vida nacional) cuentan mucho menos.

Desde este punto de vista, el 鈥渇ardo ecol贸gico鈥 (28) [xxviii]de los pa铆ses ricos y el estilo de vida de sus clases acomodadas, asumen una magnitud completamente distinta. En tal sentido, el deterioro de los valores atmosf茅ricos producido por las f谩bricas situadas en China es el lado contaminado de la medalla de la tercerizaci贸n de la econom铆a del Norte global. Se confirma as铆, en modo in茅dito y con proporciones enormes, el fen贸meno que constituye el hilo rojo de la historiograf铆a pol铆tica de Malm: si el capital fuga del trabajo caro y del conflicto, 鈥渁ll铆 donde va el capital, lo siguen inmediatamente las emisiones de gases鈥, determinando una variaci贸n en la composici贸n f贸sil del capital (29). [xxix]

Tal narraci贸n anal铆tica descalifica inexorablemente el mito del Antropoceno (30)[xxx]. Seg煤n Malm, las teor铆as del Antropoceno acusan abstractamente a la humanidad en cuanto tal: el ser humano, en cuanto entidad indiferenciada, ser铆a culpable de la desastrosa evoluci贸n del cambio clim谩tico. Se trata de una narraci贸n que des-naturaliza para re-naturalizar: en el origen del calentamiento global no est谩n las evoluciones clim谩ticas inmanentes a las leyes de la naturaleza, sino la naturaleza humana. El descubrimiento del fuego, el productivismo innato y otras cualidades a-hist贸ricas y universales tales que designar铆an al ser gen茅rico, sin embargo, no calzan bien con la realidad, en cuanto conducen a una visi贸n abstracta de la acci贸n humana responsable de las depredaciones de la naturaleza.

鈥淓n realidad, no fue m谩s que una camarilla de hombres blancos brit谩nicos la que literalmente apunt贸 el vapor como un arma 鈥搒obre mar y tierra, desde los barcos y los rieles- contra la casi totalidad de la humanidad, desde el delta del N铆ger al delta del Yangts茅, desde el Medio Oriente a la Am茅rica Latina鈥os capitalistas de un peque帽o pedazo de territorio del mundo occidental invirtieron en esta tecnolog铆a, poniendo la primera piedra de la econom铆a f贸sil: y en ning煤n momento la especie humana vot贸 por ella, con los pies o en las urnas, ni ha marchado al un铆sono por ella, ni ha ejercitado alg煤n tipo de autoridad com煤n sobre su destino y sobre el del sistema Tierra鈥(31).[xxxi]

El calentamiento global no es el fruto de la marca del anthropos, sino de una espec铆fica formaci贸n social. El 鈥渂usiness as usual鈥, o sea el incineramiento creciente de combustibles f贸siles, puede aparecer natural solo a un ojo ideologizado. Para contrarrestar la actitud de espera y derrotismo, debemos entonces poner en juego la historia del clima y preguntarnos cuales fuerzas sociales han activado este foco 鈥損ara nada inevitable- y por qu茅 lo hicieron. Una historiograf铆a cr铆tica debe por tanto mostrar la naturaleza contingente de este proceso, las alternativas que han sido descartadas a lo largo del camino, y sobre todo las responsabilidades pasadas y los intereses presentes que se oponen a las posibilidades concretas de transici贸n socioecol贸gica (32).[xxxii]

Algunos datos elementales merecen ser mencionados para liberarnos de la narraci贸n teleol贸gica del Antropoceno, y para poner de relieve la violencia hist贸rico-pol铆tica que atiz贸 el brasero. Al inicio del siglo XXI, los pa铆ses del Norte del mundo contaban con menos del 20 % de la poblaci贸n mundial, aunque desde 1850 habian emitido m谩s del 70% del CO2 a la atm贸sfera; el 45% de los m谩s pobres de la humanidad representaba el 7% de las emisiones, mientras el 7 % m谩s rico representaba m谩s del 50%; m谩s all谩 de las distinciones de clase al interior de cada pa铆s, un norteamericano medio tiene una huella de carbono 500 veces superior a la de un habitante del 脕frica subsahariana (y es bien sabido que los consumidores de ostentaci贸n y lujo son los m谩s extremadamente contaminantes); el 65% de las emisiones totales acumuladas hasta hoy son imputables a 90 multinacionales de la extracci贸n de combustibles f贸siles. Etc茅tera. En suma: seg煤n la 茅poca, el lugar y la extracci贸n social, la huella de carbono de un ejemplar de homo sapiens sapiens puede variar en una relaci贸n de 1 a mucho m谩s de 1000 (33).[xxxiii]

La raza humana aparece, luego, como una abstracci贸n demasiado confusa e indeterminada para individuar a los verdaderos culpables. Y esta mistificaci贸n te贸rica implica obviamente una par谩lisis pol铆tica. Retomando una de las lecciones fundamentales del autonomismo (directamente inspirada en la lectura que hizo Luk谩cs de Lenin), es la parcialidad del punto de vista de los sujetos en lucha la que proporciona la br煤jula para orientarnos en la jungla de la historia. Porque es s贸lo desde una perspectiva epistemol贸gica de parte (particular y parcial) que podemos acceder a la comprensi贸n de las relaciones sociales capitalistas y buscar promover su radical transformaci贸n (34)[xxxiv].

Consideraciones finales

Donde quiera que se ha implantado, el pi茅 de hierro del capital f贸sil ha vertido l谩grimas y sangre. Pero donde quiera que ha ido, ha encontrado una fuerte resistencia. Desde Alaska a Borneo, pasando por el Ecuador, Nigeria, el Medio Oriente y la India, no hay lugar sobre la Tierra donde el rechazo de los explotados a someterse a sus dictados no se haya manifestado claro y neto. El antagonismo de los trabajadores y los coolies en las minas o los conflictos de los pueblos ind铆genas y colonizados en sus territorios, constituyen monumentos imperecederos en memoria de las luchas. De ahora en adelante, sin embargo, la n茅mesis del capital f贸sil no ser谩 encarnada simplemente desde la autonom铆a de las y los trabajadores, de las y los colonizados, sino tambi茅n desde la autonom铆a de la naturaleza. Sobre la temporalidad c铆clica de las crisis capitalistas cl谩sicas, se inserta siempre m谩s la temporalidad acumulativa del calentamiento global. O, dicho de otro modo, sobre la tendencia procesual de la lucha de clases, se inserta la tendencia exponencial de las cat谩strofes ecol贸gicas.

Y si hasta hoy el reformismo del capital ha sabido siempre desactivar las luchas y las crisis renovando constantemente la gram谩tica de su desarrollo, para pretender contener/contrarrestar no s贸lo la autonom铆a de los dominados, sino tambi茅n aquella sin intencionalidad de la naturaleza,deber谩 mostrar una reactividad y una inventiva todav铆a mayores. Solo que, despu茅s de 13 a帽os de crisis sist茅mica y sin v铆as de salida en el horizonte, estos dos activos parecen peligrosamente ausentes. A煤n m谩s: la pandemia global de Covid-19, la depresi贸n econ贸mica que est谩 provocando y la crisis de la gobernanza en acto hoy no har谩n m谩s que empeorar la situaci贸n. Del otro lado de la barricada, a su vez, los movimientos por la justicia clim谩tica y las revueltas populares han conocido una estaci贸n de gran efervescencia hasta el 2019, si bien no est谩n todav铆a a la altura de la urgencia epocal.

Podemos entonces concluir este primer texto citando al Keynes del 鈥淭ratado sobre la reforma monetaria鈥, el cual, poco despu茅s de la firma del Tratado de Versalles, criticaba a los economistas que rechazaban intervenir en la situaci贸n econ贸mica. 鈥淓n el largo plazo鈥, escrib铆a, 鈥渆staremos todos muertos. Los economistas se ponen una tarea demasiado f谩cil si se dicen, en medio de los tumultos, que cuando la tempestad sea un lejano recuerdo, el oc茅ano volver谩 a estar calmado鈥

Quienes soportan el peso de las consecuencias del Capitaloceno, saben bien que si no es frenada por sus cuerpos, la tempestad en curso no parar谩 de avanzar.

(*) Davide Gallo Lassere participa en redes de investigaci贸n militante y es Doctor en Filosof铆a por la Universidad de Par铆s/Nanterre y la Universidad de Tur铆n.

(**) Ediciones en espa帽ol de la obra de Andreas Malm:

Capital f贸sil. El auge del vapor y las ra铆ces del calentamiento global, Capit谩n Swing, nov 2020

El murci茅lago y el capital. Coronavirus, cambio clim谩tico y guerra social, Errata Naturae, oct 2020

Notas

[1] A. Malm, http://revueperiode.net/le-mythe-de-lanthropocene/.

[2] A. Malm, The Progress of this Storm, Verso, 2018, p. 207.

[3] Para una introducci贸n al autonomismo, cf S. Wright, Assalto al cielo, Alegre, 2008, o en franc茅s, la gu铆a de lectura escrita junto a J. Allavena, http://revueperiode.net/guide-de-lecture-operaismes/.

[4] Estos dos textos hacen parte de una serie sobre la 鈥渃risis鈥 en la cual estoy trabajando, son precedidos de Sur la m茅thodeop茅ra茂ste, escrito con J. Allavena et M. Polleri (https://acta.zone/s-bologna-et-g-daghini-mai-68-en-france-bonnes-feuilles/); La mont茅e des autoritarismes (https://www.contretemps.eu/montee-autoritarismes-chamayou/); Dans la boitenoire des ann茅es 10 : crise, n茅o-fascisme et mouvementssociaux (https://vacarme.org/article3256.html); Penser le capitalisme global : multiplication du travail, op茅rations du capital et contre-pouvoirs, por aparecer Actuel Marx ; La crise des GiletsJaunes et l鈥檋orizon des possibles. De chacunselonsesprivil猫ges 脿 chacunselonsesbesoins (https://revue-k.univ-lille.fr/cahier-special-2020.html);  Micrologiespolici猫res et crise de r茅gime (https://www.contretemps.eu/violences-policieres-crise-regime/).

[5] A. Malm, Nature et soci茅t茅: un anciendualismepour une situationnouvelle, en P. Guillibert, S. Haber (a cura di) Actuel Marx, n掳 61/2017, pp. 54 e 58. Sobre la 芦paradoja de una naturaleza historizada禄, ib. pp. 54-59.

[6] Para una intervenci贸n eminentemente pol铆tica, e inspirada por la urgencia clim谩tica, sobre estos debates onto-epistemol贸gicos, cf. A. Malm, Theprogress of this Storm, op. cit., en particular pp. 21-118. Este texto, que no siempre rinde justicia a los autores y a las teor铆as que discute, se desarrolla bajo el signo de la siguiente cita 鈥淢enos Latour, m谩s Lenin: esto es lo que reclama la warmingcondition鈥, p.118.

[7] Cf. R. Patel, J. W. Moore, Una storia del mondo a buonmercato, Feltrinelli, 2018.

[8] Negricitadopor A. Malm, The progress of this Storm, op. cit., p. 200. Sobre la dial茅ctica de la separaci贸n, cf A. Negri, Il dominio e ilsabotaggio, Feltrinelli, 1978 (Los libros de la autonom铆a obrera, Akal, 2004). Con la expresi贸n dial茅ctica de la separaci贸n Negri entiende no s贸lo la autonom铆a del trabajo respecto al desarrollo capitalista, y por lo tanto la necesidad de 茅ste de apoyarse en ella, sino tambi茅n la obra de ruptura y secesi贸n del primero respecto al segundo. La autonom铆a de la naturaleza respecto al capital es sin embargo muy diferente a la del trabajo, y sus efectos pueden revelarse catastr贸ficos antes que emancipatorios. Asumir pol铆ticamente la posibilidad de la cat谩strofe implica, entonces, tener en la m谩s alta consideraci贸n esta separaci贸n originaria entre naturaleza y capital, y operar para poner en juego relaciones ecol贸gicamente sostenibles.

[9] Sobre el concepto de naturalismo hist贸rico, cf. dos obras en curso de publicaci贸n, P. Guillibert, Terre e Capital, Amsterdam 2021, y F. Monferrand, Le jeune Marx et le capitalisme, Amsterdam, 2021. V茅ase adem谩s los lemas Nature e Naturalisme, de J. Farjat, F. Monferrand, Dictionnaire Marx, Ellipse, 2020, pp. 157-62.

[10] Cf. A. Malm, L鈥檃nthropoc猫necontrel鈥檋istoire, La fabrique, 2017, p. 45.

[11] El primado de la lucha de clases en la din谩mica de la transformaci贸n social, y la centralidad de la pr谩ctica del rechazo al trabajo constituyen el ADN del autonomismo. Nos parece que este enfoque constituye el hilo rojo de la historiograf铆a de Malm, y que ello fue ilustrado eficazmente por Timothy Mitchell, quien mostr贸 c贸mo la transici贸n al petr贸leo fue decidida por Churchill para contrastar el poder de los mineros del carb贸n. Cf. su libro CarbonDemocracy, La D茅couverte, 2013.

[12] Cf. a este prop贸sito E. Leonardi, Italian Theory e World Ecology, en Sociologia urbana e rurale, n掳120/2019, pp. 93-108; y Bringing Class Analysis Back In, en Ecological Economics, n掳 156/2019, pp. 83-90.

[13] A. Malm, The progress of this storm, op. cit., pp. 5 et 7.

[14] A. Malm, L鈥檃nthropoc猫necontrel鈥檋istoire, op. cit. p. 67.

[15] Cf. el paragrafo L鈥櫭﹏igme de la sup茅rieurit茅 de l鈥檈au, ibid., pp. 81-91.

[16] Ibid., p. 94.

[17] Ibid. p. 97.

[18] Ibid. p. 104.

[19] Idem.

[20] Ibid. p. 112

[21] Ibid. p. 114

[22] Ibid. p. 113

[23] Aqu铆 adviene, en t茅rminos marxistas, el pasaje de la extracci贸n de plusvalor absoluto a la extracci贸n de plusvalor relativo. Una vez limitada la duraci贸n de la jornada laboral, los molinos ya no pueden alcanzar la competencia de las m谩quinas a vapor, las cu谩les pod铆an ser aceleradas a placer, intensificando as铆 el ritmo de trabajo. Sobre la creaci贸n de una espacio-temporalidad propiamente capitalista, cf. ibid. pp. 131-134. Sobre la abstracci贸n de la naturaleza en la transici贸n del feudalismo al capitalismo, cf. tambi茅n J. W. Moore, Le capitalismedans la toile de la vie, Asym茅trie, 2020, y tambi茅n, en red http://revueperiode.net/au-dela-de-lecosocialisme-une-theorie-des-crises-dans-lecologie-monde-capitaliste/, as铆 como sus tres estudios sobre el Capitaloceno, libremente accesibles en su sitio https://jasonwmoore.com/.

[24] Cf. A. Malm, https://www.mediationsjournal.org/articles/long-waves.

[25] Ibid.

[26] A. Malm, http://revueperiode.net/capital-fossile-vers-une-autre-histoire-du-changement-climatique/.

[27] Ibid.

[28] Ibid.

[29] Ibid.

[30] Cf. A. Malm, http://revueperiode.net/le-mythe-de-lanthropocene/.

[31] A. Malm, L鈥檃nthropoc猫necontrel鈥檋istoire, op. cit., p. 10. Para una teorizaci贸n del capitaloceno, cf. J. W. Moore, 驴Antropocene o Capitalocene?,Ombre Corte, 2017, asi como los articulos disponibles en https://jasonwmoore.wordpress.com/. Para una defensa del concepto de Antropoceno, cf. D. Chakrabarty, https://pcc.hypotheses.org/files/2012/03/Chakrabarty_2009.pdf. Del mismo autor, R茅茅crirel鈥檋istoiredepuisl鈥橝nthropoc猫ne, in P. Guillibert, S. Haber (sous la direction de), Actuel Marx n掳 61/2017, op. cit., pp. 95-105.

[32] Ibid. pp. 20-27.

[33] Para estos datos, cf. ibid. p. 11-13 y cf. A. Malm, http://revueperiode.net/capital-fossile-vers-une-autre-histoire-du-changement-climatique/.

[34] Se trata de un enfoque epistemolgico y pol铆tico que necesitar铆a de una discusi贸n profundizada, cuyos pasajes fundamentales han sido desarrollados en las obras cl谩sicas de G. Lukacs, 鈥淗istoria y consciencia de clase鈥, y de M. Tronti, 鈥淥breros y Capital鈥.

Imagen: Ecologie della trasformazione, rubrica a cura di Emanuele Leonardi

FUENTE: http://www.leparoleelecose.it/?p=40486




Fuente: Lobosuelto.com