November 28, 2021
De parte de La Haine
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En medio de la fiebre consumista del ‘Black Friday’, trabajadoras esenciales exigen sus derechos. De plataformas digitales a piquetes de huelga, de eso va este texto

Hace d铆as que nos bombardean con t茅cnicas agresivas de ‘marketing’, ofertas incre铆bles si compras ya, la felicidad a golpe de click. Parece que se acaba el mundo si te quedas fuera de la fiesta: del Black Friday al Cyber Monday, en noviembre se dispara el consumo mundial. El capitalismo es un sistema productivista y consumista. La competencia impulsa a producir m谩s, en menos tiempo y a costos m谩s bajos. El capital alimenta la llama del consumo porque necesita colocar una cantidad cada vez m谩s grande de mercanc铆as, m谩s all谩 de que tengan o no alguna utilidad social. La obsolescencia programada, la industria publicitaria, el cr茅dito y las plataformas de venta digitales potencian esas tendencias. Marx se帽alaba que la producci贸n determina no solo el objeto de consumo sino el modo de consumo, la producci贸n capitalista crea al consumidor y sus necesidades artificiales.

Black Friday es sin贸nimo de Amazon, crecimiento del transporte de mercanc铆as por tierra, por aire y por mar junto con la proliferaci贸n de grandes nodos log铆sticos en las periferias urbanas. Esto ha permitido a los capitalistas deslocalizar la producci贸n y utilizar mano de obra barata en todo el globo, pero ese modelo est谩 muy cuestionado. En primer lugar, porque la crisis de suministros y la crisis energ茅tica muestran las contradicciones profundas de un sistema econ贸mico irracional. Por otra parte, porque Amazon es sin贸nimo de explotaci贸n laboral y precariedad.

Activistas de diferentes pa铆ses preparan huelgas y protestas en 20 pa铆ses para este 26 de noviembre y han lanzado el hashtag #MakeAmazonPay. La jornada incluye paros de los camioneros que hacen entregas para Amazon en Italia y huelgas en almacenes de Francia, adem谩s de acciones en Sud谩frica, Bangladesh y Camboya. “En cada eslab贸n de esta cadena de abusos, estamos luchando para que Amazon pague. Somos trabajadores y activistas divididos por la geograf铆a y por nuestro papel en la econom铆a global, pero unidos en nuestro compromiso de hacer que Amazon pague salarios justos, pague impuestos y pague por su impacto en el planeta”, aseguran en un manifiesto unitario.

Los trabajadores de la log铆stica han adquirido un papel clave en el capitalismo actual. As铆 como los mineros de comienzos del siglo XX ten铆an la capacidad de paralizar la producci贸n y distribuci贸n del carb贸n -lo que a su vez afectaba al resto de la producci贸n-, los trabajadores de la log铆stica tienen hoy una posici贸n estrat茅gica para interrumpir la circulaci贸n de mercanc铆as. Tal como se帽ala el soci贸logo Razmig Keucheyan, esa posici贸n les permite combinar una cr铆tica simult谩nea a la producci贸n y al consumo. No es casualidad que las huelgas en Amazon sean acompa帽adas de campa帽as solidarias de boicots para no comprar durante el Black Friday y otras iniciativas similares. Tambi茅n es significativo que los trabajadores no solo exijan salarios dignos, sino que tambi茅n denuncian el impacto ecodestructivo de Amazon.

El regreso de la voluntad de huelga

Una vez superado el momento m谩s duro de la pandemia, en algunos pa铆ses est谩 en curso una reactivaci贸n de la conflictividad laboral. Esto es notorio en EEUU, pero no solo all铆. “Considerados esenciales en 2020. Demu茅strenlo en 2021” era el lema con el que salieron a la huelga 10.000 trabajadores de John Deere en ese pa铆s durante octubre, denominado #Striketober (una fusi贸n de las palabras huelga y octubre, en ingl茅s). Una oleada de huelgas contra la precariedad, bajos salarios y largas jornadas laborales que soportan los trabajadores esenciales. Un descontento profundo que se expresa tambi茅n en la masiva ola de renuncias laborales.

El investigador Kim Moody, especialista en conflictos laborales en EEUU, sostiene que “millones de trabajadores mal pagados han descubierto, si es que a煤n no lo sab铆an, que eran ‘esenciales’ para el funcionamiento de la sociedad, incluso cuando sus jefes continuaban abusando de ellos, haci茅ndolos trabajar en exceso y pag谩ndoles mal. Esto tambi茅n contribuy贸 a la voluntad de huelga. Adem谩s de eso… las ganancias corporativas no financieras nacionales se dispararon en un 70% en el segundo trimestre de 2021… sus trabajadores toman nota y toman posici贸n.” Moody considera muy probable que esta ola de huelgas y el activismo laboral contin煤en creciendo ya que son “resultado no solo de condiciones pand茅micas y coyunturales, sino de la acumulaci贸n de agravios durante un largo per铆odo.”

“Orgullosas de ser el proletariado”

La acumulaci贸n de agravios es el combustible que alimenta muchas de las huelgas que estamos viendo en el Estado espa帽ol, desde la huelga del metal en C谩diz a las protestas de las cuidadoras y trabajadoras esenciales.

La lucha del metal tiene gran impacto subjetivo. Trabajadoras y trabajadores, desde Euskadi a Andaluc铆a, env铆an su apoyo y colaboran con la caja de resistencia, porque “si ganan en C谩diz, ganamos todas”. Tal vez desde las huelgas mineras del 2012 no se ve铆a una lucha de este tipo, que marca a fuego la sensibilidad colectiva. Mientras la derecha y los medios de comunicaci贸n criminalizan e inventan bulos, los trabajadores responden: “No somos delincuentes, somos clase obrera”. Un mensaje que tambi茅n deber铆an escuchar en los despachos del gobierno “progresista” donde estos d铆as piden levantar la huelga para “no hacer el juego a la derecha”. Como si reprimir los piquetes de huelga y defender los intereses de las grandes empresas no fuera, justamente, lo que le hace el juego a la derecha.

La huelga del metal no es un fen贸meno aislado, en los 煤ltimos meses se han desarrollado otros conflictos importantes. Las limpiadoras del Museo Guggenheim de Bilbao salieron a la huelga el 11 de junio, y llevan ya 163 d铆as en lucha. Un r茅cord superado por los trabajadores y trabajadoras de Tubacex, que tras 236 d铆as de huelga lograron la reincorporaci贸n de los 600 trabajadores de de 脕lava (incluyendo 129 que iban a quedar en la calle por un ERE). “No es covid, es codicia” se帽alaron los trabajadores, y lograron concitar un gran apoyo social para la defensa de los puestos de trabajo. La caja de resistencia fue una herramienta clave en su huelga, una de las m谩s largas de la historia reciente. Trabajadores de diferentes empresas se acercaban al piquete para entregar un sobre con una colecta, grupos de vecinos hac铆an una donaci贸n, colectivos solidarios aportaban lo suyo.

La huelga de Airbus contra el cierre de la planta de Puerto Real, la huelga general en A Mari帽a (Lugo), la lucha de Alcoa, de las trabajadoras de residencias en Euskadi, del personal sanitario en varias comunidades, entre muchas otras, vienen dando forma a una nueva conflictividad obrera, aunque esta no se encuentre en el foco medi谩tico. Seg煤n el Ministerio de Trabajo, entre enero y julio hubo unas 400 huelgas, pero desde aquel momento se han multiplicado. Algo que contrasta con la pasividad de las direcciones de los sindicatos mayoritarios -recordemos que llevamos casi una d茅cada sin huelga general, como si faltaran los motivos-.

Como parte de estas luchas, las cuidadoras del SAD (Servicio de atenci贸n a domicilio) est谩n realizando manifestaciones y una acampada frente al Ministerio de Trabajo en Madrid. Trabajadoras “esenciales” que son tratadas como descartables. “Quiero hacer llegar nuestro apoyo a los trabajadores de la huelga del metal en C谩diz, porque somos la clase trabajadora y tenemos los mismos problemas. As铆 que, tomemos las calles, plant茅mosles cara, que si nos unimos somos m谩s, y damos miedo”, nos dice Teresa, trabajadora del SAD. La solidaridad es una tendencia que siempre brota desde abajo, a pesar de las divisiones impuestas desde arriba.

En las huelgas, trabajadoras y trabajadores toman conciencia de su propia fuerza y logran identificar amigos y enemigos. Contra la resignaci贸n de la izquierda institucional y las c煤pulas de los sindicatos burocratizados que repiten que “no se puede”, las huelgas est谩n mostrando un camino alternativo. Kim Moody se帽ala que las crisis, las guerras y las pandemias evidencian las fisuras en el sistema. La pandemia ha aumentado las desigualdades y los agravios acumulados, pero tambi茅n ha desvelado la vulnerabilidad del capital. Sin trabajadores y trabajadoras no funciona nada. Las huelgas muestran ese poder potencial. Y que ya es hora de que el miedo cambie de bando.

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Fuente: Lahaine.org