May 5, 2022
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<br /> BOBBY SANDS LEG脫 SU SONRISA A UN PUEBLO QUE ANHELA LIBERTAD | Temas del d铆a | GARA Euskal Herriko egunkaria<br />

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05 MAY. 2021

Iker BIZKARGUENAGA

UNA HUELGA DE HAMBRE QUE SACUDI脫 AL MUNDO

Se cumplen cuarenta a帽os de la muerte de Bobby Sands tras 66 d铆as en huelga de hambre. Aquella protesta, que se sald贸 con nueve v铆ctimas m谩s, desnud贸 la crueldad brit谩nica, caus贸 estupor en la comunidad internacional y abri贸 una nueva etapa en el conflicto.

Cuando un vecino o un visitante se adentra por Falls Road desde el centro de Belfast, caminando bajo la inquietante sombra de Divis Tower, un monstruo de hormig贸n de 60 metros de altura donde el Ej茅rcito brit谩nico mantuvo un puesto de observaci贸n y un nido de francotiradores, no tarda en toparse con uno de los lugares m谩s fotografiados del norte de Irlanda: el mural en recuerdo a Bobby Sands.

Desde la fachada de la sede de Sinn F茅in, parece custodiar la historia y las historias que han protagonizado esas calles abigarradas que militares y polic铆as de vocaci贸n imperial y comportamiento de hamp贸n intentaron someter, sin 茅xito, durante d茅cadas.

Ese enclave, s铆mbolo para el movimiento republicano, sufri贸 hace cuarenta a帽os un trauma pol铆tico que provoc贸 un llanto, que se expandi贸 a toda Irlanda y a buena parte del mundo, esa parte que se conmueve con el dolor y se subleva ante la injusticia.

El 5 de mayo de 1981 falleci贸 Bobby Sands. Y su muerte no solo caus贸 un profundo dolor, tambi茅n cerr贸 cualquier esperanza de que el Gobierno brit谩nico atendiera de forma razonable unas demandas que s铆 lo eran, y que condujeron a varios presos pol铆ticos irlandeses a emprender una huelga de hambre que acabar铆a cobr谩ndose una decena de vidas. El modo en que se desarroll贸 la protesta y su tr谩gico desenlace supusieron un hito en un conflicto que tiene demasiadas fechas marcadas en rojo en el calendario.

Estrategia de criminalizaci贸n

Lo cierto es que el relato de la huelga de hambre de 1981 empieza una d茅cada antes. En la primavera de 1972, varios presos del Ej茅rcito Republicano Irland茅s (IRA) en Belfast protagonizaron un ayuno para exigir que se les aplicara un estatus acorde a su condici贸n de prisioneros pol铆ticos, una demanda que se les garantiz贸 35 d铆as despu茅s.

De esta forma, en los a帽os siguientes miles de presos y presas tuvieron ese 鈥渆status de categor铆a especial鈥, hasta que a mediados de los a帽os 70, Londres, empantanado en el conflicto, tir贸 de manual contrainsurgente y decidi贸 aplicar una estrategia de 芦aislamiento y normalizaci贸n禄. Como su nombre indica, esta pretend铆a arrinconar a los sectores m谩s abiertamente enfrentados a su dominio y separarlos del resto de la poblaci贸n.

Para ello necesitaba asentar una ficci贸n de normalidad donde la 煤nica nota discordante ser铆a el movimiento republicano, que deb铆a ser criminalizado, sus acciones presentadas como actos de delincuencia com煤n y sus militantes despojados de toda significaci贸n pol铆tica. La maquinaria de la propaganda empez贸 a escupir con profusi贸n t茅rminos como 芦paramilitares禄, 芦terrorismo禄 芦mafia禄, para fijar el marco discursivo, pero en esa estrategia que pend铆a de muchos hilos no cuadraba que hubiera dos mil presos a los que se les reconoc铆a su car谩cter pol铆tico.

En enero de 1975, la Comisi贸n Gardiner hizo varias recomendaciones, entre ellas, la eliminaci贸n progresiva del estatus pol铆tico y el fin del internamiento, que es como se defin铆a al encarcelamiento de personas sin cargos. A ra铆z de aquello, el Gobierno declar贸 que los detenidos despu茅s del 1 de marzo ya no ser铆an tratados como presos pol铆ticos, y que en Long Kesh, por aquel entonces m谩s un campo de internamiento que una c谩rcel al uso, cumplir铆an condena en nuevas celdas dise帽adas para maximizar el control de los prisioneros en cuatro alas de 25 habit谩culos individuales, en lugar de las caba帽as utilizadas hasta entonces. Esas 谩reas, que llamaron 鈥淗-Block鈥 por su forma caracter铆stica, ya forman parte de la historia negra de Irlanda.

Los siguientes a帽os fueron una sucesi贸n de pulsos. Los militantes detenidos despu茅s del ultim谩tum se negaron a aceptar el nuevo r茅gimen, a cooperar con los guardias y a aceptar su disciplina. Tambi茅n rechazaron el uniforme de la prisi贸n, y como se les neg贸 su ropa decidieron que vestir铆an una manta. En marzo de 1978, 18 meses despu茅s del inicio de la protesta de las mantas y con la administraci贸n penitenciaria respondiendo de forma muy violenta, los presos decidieron no lavarse ni salir de sus celdas, una forma de denuncia que dur贸 tres a帽os y a la que se sumaron las mujeres de Armagh.

Para entonces, el ambiente estaba caldeado en la calle, donde la normalidad ficticia chocaba con la excepcionalidad real y las campa帽as de solidaridad se multiplicaban.

El 31 de julio de 1978, el arzobispo Tomas O Fiaich visit贸 a los presos y critic贸 las condiciones en las que se hallaban. 芦Despu茅s de haber pasado el domingo en la prisi贸n, qued茅 impresionado por las condiciones inhumanas que prevalecen en los pabellones H 3, 4 y 5, donde est谩n encarcelados m谩s de 300 presos. Dif铆cilmente se permitir铆a que un animal permaneciera en esas condiciones, y mucho menos un ser humano禄, expuso a una opini贸n p煤blica cada vez m谩s enojada.

Antes que 茅l, en junio, se hab铆a pronunciado Amnist铆a Internacional, que hab铆a reclamado una investigaci贸n. El Gobierno brit谩nico, sin embargo, no aflojaba, de modo que en marzo de 1980, O Fiaich 鈥搚a cardenal鈥 y el obispo Edward Daly se reunieron con Humphrey Atkins, hombre fuerte de la nueva primera ministra Margaret Thatcher, para buscar una soluci贸n, cuando la huelga de hambre empezaba a mencionarse entre los presos como una nueva forma de lucha.

Tampoco funcion贸 aquella interlocuci贸n, y el 27 de octubre de 1980 comenz贸 una primera huelga de hambre que se prolong贸 durante 56 d铆as y que fue el origen de la mayor movilizaci贸n ciudadana desde la campa帽a por los derechos civiles de los a帽os 60 y 70.

Un Gobierno sin palabra

Esa primera huelga acab贸 el 18 de diciembre, cuando el Gobierno present贸 a los presos un documento que satisfizo sus demandas. Parec铆a que el conflicto entraba en v铆as de soluci贸n, sobre todo, cuando el director de Long Kesh se reuni贸 con un prisionero llamado Bobby Sands, que ejerc铆a de l铆der y portavoz de los blanket men y que expres贸 p煤blicamente su satisfacci贸n por la nueva era de cooperaci贸n, sin precedentes desde que el Gobierno brit谩nico emprendi贸 su pol铆tica de criminalizaci贸n en marzo de 1976. Sin embargo, aquello fue una ilusi贸n.

En cuanto los focos se alejaron de la c谩rcel, aquel documento se convirti贸 en papel mojado, volvieron las formas anteriores y los intentos de humillaci贸n. El 9 de enero, Atkins reneg贸 de lo que hab铆a manifestado p煤blicamente el 18 de diciembre, y retir贸 la orden de que los presos recibieran su ropa. La situaci贸n regresaba a la casilla de salida, el enfrentamiento era descarnado, y el 1 de marzo Sands inici贸 una huelga de hambre.

Y ya no habr铆a vuelta atr谩s para este preso que, pese a su juventud 鈥揷umpli贸 27 a帽os en el noveno d铆a de ayuno鈥 gozaba de un gran carisma dentro y fuera de la c谩rcel. Nacido en Rathcoole, un enclave mayoritariamente lealista del norte de Belfast, con diez a帽os de edad tuvo que abandonar el hogar con su familia ante el hostigamiento que sufr铆an. 芦Yo s贸lo era un chico de clase obrera de un gueto nacionalista, es la represi贸n la que crea el esp铆ritu revolucionario de la libertad禄, escribir铆a a帽os despu茅s, y advert铆a: 芦no me conformar茅 hasta lograr la liberaci贸n de mi pa铆s, hasta que Irlanda se convierta en una rep煤blica socialista soberana e independiente禄.

Esa determinaci贸n le condujo a participar de forma activa en el movimiento republicano a una edad muy temprana, y con 18 a帽os fue detenido por primera vez. Pas贸 tres a帽os en Long Kesh, donde dedic贸 tiempo a la lectura y al estudio del ga茅lico. Al salir volvi贸 a incorporarse a su unidad en el IRA, al tiempo que desempe帽aba un intenso activismo en el barrio de Twinbrook, que le llev贸 a ser un referente, hasta el punto de que la gente llamaba a su puerta ante cualquier problema que afectaba a la comunidad.

No tard贸 en volver a ser detenido y encarcelado, primero en Crumlin Road y luego en una celda de los 芦bloques H禄 de Long Kesh, donde se uni贸 a la protesta de la manta. Sufri贸 palizas y largas etapas en celdas de castigo y un r茅gimen draconiano, como el resto de sus compa帽eros. Lo que probablemente nunca habr铆a esperado, en absoluto, era convertirse en diputado en el Parlamento de Westminster. Ocurri贸 al poco de empezar la huelga de hambre, cuando el electo por Fermanagh y Tyrone Frank Maguire falleci贸 de un infarto, una tr谩gica circunstancia que fue aprovechada para, a trav茅s de la candidatura de Sands, hacer m谩s presente en calles y medios la situaci贸n de los presos pol铆ticos.

La campa帽a electoral, tremendamente polarizada, moviliz贸 a miles de personas y los resultados depararon un enorme triunfo: Sands gan贸 al aspirante unionista por m谩s de mil votos. Sin embargo, eso no arredr贸 a Londres, que no se movi贸 ni un mil铆metro. Thatcher, imperturbable, encar贸 lo que era una demanda de dignidad como un 贸rdago, y 66 d铆as despu茅s de iniciar la huelga aquella alegr铆a por la victoria en las urnas mut贸 en dolor por la muerte de Sands. No ser铆a el 煤ltimo, le seguir铆an nueve presos m谩s.

Aquello fue una tragedia humana, pero fue adem谩s un enorme error de c谩lculo de Londres, que perdi贸 el favor de mucha gente, tambi茅n en la escena internacional. Casi tanta como la que empez贸 a mirar con otros ojos al movimiento republicano irland茅s, que abri贸 una nueva etapa en su lucha.

Hoy, 40 a帽os despu茅s, en Divis Tower no hay militares brit谩nicos sino una enorme pancarta en favor de la unidad de Irlanda, una reivindicaci贸n cada vez m谩s plausible, y Sinn F茅in es la fuerza pol铆tica con mayor respaldo en toda la isla. Y en la fachada de la sede de Falls, un barrio m谩s colorido, igual de indomable, la sonrisa perenne de Bobby parece marcar el camino a un movimiento que en este tiempo ha hecho lema de una de sus frases m谩s conocidas: 芦Nuestra venganza ser谩 la risa de nuestros hijos e hijas禄.




Fuente: Naiz.eus