May 14, 2021
De parte de Indymedia Argentina
203 puntos de vista


BOLIVIA: LA HIST脫RICA DERROTA DE LA DERECHA

Por Rafael Bautista S.

En pol铆tica, lo posible es tambi茅n una cuesti贸n de percepci贸n y no s贸lo de mera objetividad. La misma objetividad no es una fatalidad sino una creaci贸n; por eso los hechos no son objetivos en s铆, sino en correspondencia con la nueva objetividad producida, es decir, con la nueva subjetividad productora de nueva realidad. Situarse en esa novedad, constituye la perspectiva adecuada para percibir las posibilidades que se abren, incluso en escenarios adversos; porque las definiciones que se realizan, en momentos decisivos, est谩n tambi茅n determinadas por los marcos hermen茅uticos que se tienen.

Esto significa que, en pol铆tica, la percepci贸n asumida define las apuestas que se haga. Si la percepci贸n que tengo no se halla en correspondencia con la nueva objetividad, entonces sucede una desconexi贸n inexcusable que trae, como consecuencia inmediata, la p茅rdida de sentido de realidad. En ese sentido, desde la percepci贸n anacr贸nica del decadente sistema pol铆tico boliviano (que sobrevive no por cuenta propia sino por el padrinazgo for谩neo a su rancia insistencia), pareciera que el campo popular se habr铆a fragmentado, despu茅s de las elecciones subnacionales.

Pero esa es la visi贸n de una derecha que, en estas elecciones, ha sido ol铆mpicamente relegada y reducida, de nuevo, a sus nichos naturales, es decir, a los c铆rculos urbanos de reproducci贸n racista se帽orial. En tal sentido, se podr铆a afirmar que la derecha est谩 enfrentando su propio desenlace fat铆dico, es decir su abandono del campo pol铆tico. Lo cual no significa la capitulaci贸n de su fuerza sino su renuncia a la legitimidad pol铆tica; porque siendo el campo pol铆tico merecidamente re-cooptado por lo nacional-popular, la derecha sabe que lo ind铆gena, de aqu铆 en adelante, ha de definir m谩s contundentemente, no s贸lo las elecciones sino, sobre todo, la pol铆tica misma.

Esta ganancia, que podr铆a ser definitivamente estrat茅gica, el pueblo no se la debe a ning煤n partido ni a ning煤n l铆der, sino a pesar de estos. En la recuperaci贸n democr谩tica se evidenci贸 c贸mo el pueblo boliviano, supo producir desde s铆, su reconstituci贸n en cuanto sujeto hist贸rico, con capacidad de organizaci贸n espont谩nea y de proyecto sostenido. Fue la actualizaci贸n de su memoria hist贸rica lo que produjo hasta una rearticulaci贸n popular de forma rauda e imprevista. Por eso no triunf贸 la dictadura, porque no se pod铆a matar a un esp铆ritu milenario encarnado en una movilizaci贸n nacional profundamente democr谩tica y popular.

El 55% del triunfo fue la respuesta contundente de un proyecto de vida que demostr贸 no s贸lo estar m谩s vivo que nunca, sino que tiene capacidad de recuperaci贸n pronta ante lo que hubiese significado su aniquilaci贸n. Los golpistas estaban dispuestos a todo, porque en su ceguera desorientada, cre铆an que se iban a quedarse toda la vida, pero no pudieron ante la potencia misma del poder de un pueblo reconstituido desde sus ra铆ces milenarias. El pueblo pudo sacar de su memoria hist贸rica la fuerza necesaria para enfrentar una nueva asonada golpista y ungirse merecidamente de la unci贸n democr谩tica que se le hab铆a sido usurpado; mientras que la derecha s贸lo pod铆a acopiar su miedo hist贸rico convertido en programa de vida, que se traduce siempre en el impotente desprecio pol铆tico al 鈥渋ndio convertido en multitud鈥.

Por eso la derecha ya no sabe c贸mo recuperarse de su propia fatalidad que, de derrota en derrota, s贸lo puede advertir el fin de su condici贸n de elite pol铆tica. Despu茅s de las elecciones subnacionales, la derecha ve el campo pol铆tico como algo ya ajeno; sabe que ya no puede ganar de modo limpio y tampoco irradiar un liderazgo nacional y trata de transferir esas carencias en el pueblo que tanto desprecia; haciendo creer que sus desgracias la sufren otros. Act煤a del mismo modo como act煤a el Imperio en decadencia: se inventa todos los enemigos posibles para legitimar su rancia presencia, pero en esa insistencia produce, para s铆 mismo, una situaci贸n bastante embarazosa: aquel que asiste a una fiesta sin ser invitado tambi茅n suele irse sin ser despedido.

Si la derecha renuncia a lo pol铆tico, entonces, 驴a qu茅 apuesta? Ya lo demostr贸 con el golpe. Apuesta al asalto, es decir, a la guerra, al caos, a la desestabilizaci贸n, fiel a la doctrina imperial en su propia decadencia (que lo profieren los halcones de Washington): 鈥渟i caemos, haremos todo lo posible para que el mundo entero caiga con nosotros鈥. Por eso no puede salir de su propia beligerancia y, desde ella, chantajea de modo grosero, reclamando una 鈥渞econciliaci贸n鈥 como si nada hubiese ocurrido, como si el golpe fuese un invento y su relato del 鈥渇raude鈥 fuera palabra divina.

Su propia crisis de sentido existencial, no le permite advertir su anacronismo: quiere volver a la rep煤blica como se vuelve a la infancia. En ese sentido, su inmadurez es la penosa y triste herencia de su condici贸n de elite inmerecida: el negarle hist贸ricamente al pueblo siquiera un ascenso econ贸mico-social es la constataci贸n de su 煤nica consigna de no permitir jam谩s un pa铆s compartido, una inclusividad imposible para su provinciana miop铆a de un pa铆s reducido a finca privada.

Si de reconciliaci贸n hablamos, primero la derecha, en conjunto, debiera reconocer 鈥抍omo brazo pol铆tico de la oligarqu铆a鈥 que su permanencia en el poder pol铆tico fue gracias a la continuidad de un proyecto antinacional, afirmado sobre la injusticia y desigualdad estructural. Pero nunca ha de reconocer eso, porque esa es la base misma de su existencia. Y eso lo demostr贸 en el golpe y la posterior dictadura. Su ensa帽amiento no era contra un supuesto gobierno corrupto; de serlo as铆, hubiese demostrado una leg铆tima voluntad pol铆tica de limpiar la corrupci贸n del Estado (que data desde la fundaci贸n misma del pa铆s).

Pero no s贸lo demostraron que vinieron a asaltar el patrimonio p煤blico sino a destrozar todos los logros que un indio hab铆a realizado; con ello demostraron que el golpe no era a un gobierno sino a un proyecto nacional-popular y al sujeto hist贸rico-popular inspirador de ese proyecto. Por eso quemaron la wiphala, por eso entraron con cruz y biblia en mano, por eso abundaron los exorcismos, por eso emitieron un decreto de licencia para matar, por eso instauraron el reino del terror, la persecuci贸n, el miedo; por eso despu茅s la Iglesia los absuelve, porque la historia volvi贸 para confirmarse a s铆 misma: la conquista y el genocidio, con la cruz y la espada, no son sucesos del pasado sino actualidad constante.

Desde la visi贸n se帽orialista, puede que un partido est茅 fragmentado, aunque eso, en el caso del MAS, tampoco ser铆a una fatalidad sino la posibilidad de una deseada renovaci贸n, pero el pueblo no, porque el bloque popular nunca ha sido homog茅neo sino plural, sus luchas tampoco son uniformes sino anal贸gicas. Esto es lo que el c谩lculo pol铆tico no advierte. Desde la visi贸n partido pol铆tico, el bloque popular s贸lo puede tener una 煤nica expresi贸n pol铆tica y es lo que todo partido pretende: diluir esa potencia plural en una pertenencia 煤nica y privativa.

Pero desde el bloque popular el partido es un 鈥渋nstrumento pol铆tico鈥, es decir, lo supeditado al pueblo es el partido y no al rev茅s. Ninguna expresi贸n pol铆tica podr铆a concentrar esa potencia democr谩tico-plural; menos cuando el pueblo empieza a mutar sus propias formas de auto-convocaci贸n y puede definir, desde su propia presencia movilizada, lo pol铆tico mismo, en tanto direccionalidad hist贸rica. Esa fue la lucidez popular ind铆gena que la encarn贸 el Mallku, porque el golpe era en contra del Estado plurinacional y su contenido ind铆gena; por eso la derecha, en su miop铆a hist贸rica y pol铆tica, demostr贸 su naturaleza antinacional y antipopular, socavando su propia exigua legitimidad que le brinda el racismo urbano se帽orialista.

Por eso se arrincona ahora sus propias expectativas al 谩mbito exclusivamente local, donde tampoco logra hegemon铆a, pues la composici贸n partidaria de gobiernos municipales y departamentales, le brinda un recortado margen de acci贸n. Pierde a nivel nacional y en su localismo, su campo de irradiaci贸n se va haciendo contractivo, en la medida en que es incapaz de proyecci贸n de liderazgo nacional.

Si hay crisis se trata de la crisis de la derecha, no del campo popular, tampoco de la democracia, porque 茅sta, recuperada por el pueblo, muta tambi茅n a una nueva din谩mica de variantes expresivas que logran, en conjunto, desarticular tambi茅n las opciones de derecha. Aun cuando la infiltraci贸n conservadora sea posible, recicl谩ndose en las opciones desprendidas del propio MAS, lo m谩s probable es el colapso inminente de la derecha como bloque unificado.

Esa unificaci贸n apenas dur贸 el mes de convulsi贸n c铆vica, en octubre del 2019, adem谩s de mimada y protegida por el amotinamiento policial y la deliberaci贸n militar. El ingreso de estos actores decisivos (y no la movilizaci贸n 鈥減itita鈥) daba por concluido el cap铆tulo de la insurrecci贸n se帽orial como representaci贸n dom茅stica de una 鈥渞evoluci贸n de colores鈥 y daba lugar al cerco militar del orden democr谩tico para, de ese modo, alterado ya el r茅gimen constitucional, disponer la instalaci贸n de una espuria auto-proclamaci贸n, imposible constitucionalmente.

Los poderes e intereses involucrados (no s贸lo nacionales) hab铆an detallado un plan de contingencias que deb铆an operarse a la brevedad posible, bajo el argumento de llenar el 鈥渧ac铆o de poder鈥 (adem谩s provocado por coacci贸n c铆vico-paramilitar), y eso s贸lo era posible con el ej茅rcito y la polic铆a constituidos en garantes de ese asalto ileg铆timo que se produc铆a al orden constitucional. Y un golpe se define de ese modo, es decir, como la ruptura ileg铆tima y violenta de un orden constitucional.

La apuesta perversa de la concentraci贸n fascista de la derecha demostraba, desde entonces, que ya no le importaba la democracia ni las reglas de juego democr谩ticas; y eso lo demostr贸 el propio Mesa, cuando pudiendo establecer un acuerdo pol铆tico e ir a una nueva elecci贸n 鈥抯in alteraci贸n del orden democr谩tico鈥 y pudiendo haber ganado amplia y leg铆timamente, demostr贸 que su ceguera pol铆tica s贸lo admit铆a, de modo obediente, el guion imperial desestabilizador, pertinente a un asalto fascista del Estado plurinacional. Pero no era s贸lo el caudillo letrado. Todos estaban enceguecidos con su propia movilizaci贸n ficticia y magnificada por sus operadores medi谩ticos y respaldada por la propia deliberaci贸n de fuerza, que creyeron que hab铆an tomado las calles por asalto, es decir, producido una revoluci贸n. Esa escenograf铆a montada fue el primer impulso de una soberbia exponencial que les priv贸 definitivamente del principio realidad, necesario e ineludible en pol铆tica. Asaltaron literalmente el poder como perros hambrientos y, como tales, destrozaron todo cuanto hab铆a, del modo m谩s grosero posible, porque creyeron que se iban a quedar para siempre.

Pero la aventura les duro muy poco, como poco duro su insurrecci贸n se帽orialista, travestida de 鈥渞evoluci贸n ciudadana鈥. Ahora que ya no tienen modo de recomposici贸n democr谩tica de su presencia pol铆tica, comedidamente piden auxilio a Washington, la OEA y la Uni贸n Europea, buscando afuera, como es su costumbre, la legitimidad que no logran adentro.

Por ello, la 煤nica estratagema que abrazan es la desestabilizaci贸n, el caos y, en definitiva, otro golpe. Esa es la opci贸n de un mundo en decadencia en conformidad con la pol铆tica de caos indefinido o guerra hibrida que promueve el Imperio en decadencia, como 煤ltima posibilidad de restauraci贸n imperial; es decir, la conectividad (como dependencia colonial) de nuestras elites olig谩rquicas, con el imperialismo, no es s贸lo ideol贸gica sino tambi茅n existencial.

Nos encontramos en una indefinida transici贸n civilizatoria que est谩 descomponiendo completamente el dise帽o geopol铆tico imperial, es decir, la unipolaridad. Por eso presenciamos una dram谩tica situaci贸n en lo local y en lo global, porque todo se trata de sobrevivencia en un desplome global que exige definiciones urgentes, proyectivas y sostenibles. Para las oligarqu铆as la 煤nica opci贸n es seguir al amparo del Imperio que, aun en decadencia, puede exigir de sus administradores perif茅ricos su capitulaci贸n 煤ltima, es decir, el sacrificio p贸stumo como su piadoso tributo: la destrucci贸n de sus Estados. Se trata de sobrevivencia pura y simple en un mundo sumido en el caos generado por las pretensiones exponenciales del Imperio que, adem谩s, develan ya su car谩cter amenazantemente suicida: 鈥渟i caemos, haremos hasta lo imposible para que el mundo entero caiga con nosotros鈥.

Esa es ahora la amenaza de la gran narrativa imperial que act煤a de modo naturalizado hasta en el anti-imperialismo izquierdista. Por eso es menester finalmente entender que la dominaci贸n es tambi茅n una forma de pensar. Esa narrativa no se manifiesta tanto como econom铆a pol铆tica sino como geopol铆tica y esto quiere decir, entre otras cosas, que el poder se va resignificando continuamente; el poder de inicio, que se impone, no es el mismo que se sostiene en el tiempo. El propio Imperio ha mudado su fisonom铆a a una forma mucho m谩s perversa. Ya no se trata del Imperio sostenido por el concepto Estado-naci贸n sino de un nuevo tipo de poder que puede prescindir de esa figura pol铆tica, es m谩s, prescinde de la pol铆tica misma, as铆 como prescinde y hasta renuncia al derecho y al orden internacional, imponi茅ndose como un fatalismo sin alternativa alguna.

Por eso hasta la resistencia se muestra intrascendente en un mundo sin alternativas. Ese es el laberinto apocal铆ptico de la narrativa imperial que se expresa, desde el fundamentalismo neoliberal hasta el fundamentalismo cristiano (operador pr谩ctico de esa narrativa). Y es, en ese sentido, que se entiende las apuestas derechistas (en la regi贸n) por la beligerancia pura. Ya no pueden producir hegemon铆a y tampoco les interesa cuando ostentan arrogantemente el poder de fuerza.

Bolivia demostr贸 que lo 煤nico que puede hacerle frente a semejante poder de intimidaci贸n, es no s贸lo la capacidad de resistencia organizada sino la recreaci贸n del pueblo en tanto proyecto de vida, es decir, como recuperaci贸n popular de la politicidad plena. Nuestro pa铆s est谩 ingresando a esa fase, y todo ingreso a una nueva fase es ca贸tica y llena de inc贸gnitas. Los liderazgos anteriores mismos agotan sus m谩rgenes de acci贸n e, inevitablemente, ceden ante nuevos actores que poseen mayor capacidad de recepci贸n de lo acumulado pol铆ticamente.

En pol铆tica, quienes fuerzan su permanencia, terminan por hacer posible su propio desplazamiento. Todav铆a teniendo base de legitimaci贸n social pueden disputar m谩rgenes de presencia pol铆tica, pero movilizando intransigentemente sus vectores de poder, s贸lo horadan su permanencia futura; porque la nueva objetividad es precisamente nueva por la nueva subjetividad potencial y reclama una nueva realidad, nuevos actores y nuevos liderazgos.

Los viejos act煤an en una realidad que ya no existe, suponiendo que su presencia basta para reponer algo que ya no hay; act煤an como act煤a el propio Imperio, para justificar su permanencia se imaginan rivales que les disputan su liderazgo, cuando los nuevos no disputan nada, simplemente expresan (incluso de modo no todav铆a consciente) la nueva situaci贸n. Quien se inventa contrincantes que no existen, termina peleando consigo mismo y agotando todas sus fuerzas; lo peligroso es que ello pueda provocar una situaci贸n de disputas innecesarias en el bloque popular. Repetimos: ninguna expresi贸n pol铆tica podr铆a ya agotar lo diverso y plural de esta nueva reconstituci贸n popular. Una redefinici贸n de lo que es pueblo se hace necesaria en esta novedosa recuperaci贸n del pueblo como sujeto, es decir, como pueblo en tanto que pueblo.

Lo primero a constituir es siempre el pueblo como potencia, como sede 煤nica y soberana del poder; sus determinaciones de representaci贸n y delegaci贸n son posteriores y se deducen del propio proceso de des-constituci贸n y re-constituci贸n del bloque popular. Mientras la derecha prorrumpe sus endechas nost谩lgicas y amenaza sin argumentos, el pueblo se constituye en el ungido del esp铆ritu de los tiempos, condici贸n que le permite trascender el fatalismo imperial y proyectarse como el impulsor de un mundo imposible para el reino de este mundo: donde, como dec铆an los zapatistas, quepan todos, de modo digno y verdadero, donde vivamos bien todos.

La Paz, Chuquiago Marka, 11 de mayo de 2021
Rafael Bautista S., autor de: 鈥淓l tablero del siglo XXI.

Geopol铆tica des-colonial de un orden

global post-occidental鈥,

yo soy si T煤 eres ediciones.

Dirige 鈥渆l taller de la descolonizaci贸n鈥 y

鈥渓a comunidad de pensamiento am谩utico鈥
rafaelcorso@yahoo.com




Fuente: Argentina.indymedia.org