March 7, 2021
De parte de SAS Madrid
4 puntos de vista


Regresan las medidas de confinamiento y toques de queda, con la vista puesta en los estados más precarios. La cepa brasileña gana terreno: para marzo y abril podrían alcanzarse las tres mil muertes diarias.

Un año después del comienzo de la pandemia, Brasil salta de récord en récord, todos ellos negativos: casi 11 millones de casos y 261.000 fallecidos, con un ritmo nunca visto cercano a las 2.000 muertes por día. El gigante latinoamericano se embala en sentido contrario al resto del planeta, dejando la sensación de que cuando el resto de los demás países afectados por la covid-19 esté en un rincón lamiendo sus heridas, Brasil todavía continuará luchando contra sus demonios. Aislado, tal vez. Posiblemente necesitado de más ayuda internacional. Porque si los estados más potentes, São Paulo y Río de Janeiro, sufren cada día más, nadie sabe lo que puede llegar a ocurrir durante los próximos meses en los estados más precarios del norte y el noreste.

El estado de Amazonas, que ha necesitado apoyo venezolano en esta segunda ola del virus, tiembla solo de pensar en la tercera. De Amazonas provienen 11.172 de las víctimas mortales brasileñas. En el estado de Bahía ya tienen preparados cuatro contenedores frigoríficos –como ya hicieran precisamente en Amazonas– para acumular cadáveres a las puertas del hospital de campaña del estadio Arena Fonte Nova, del Instituto Couto Maia, del Hospital Ernesto Simões y del Hospital Espanhol. De Bahia proceden 12.251 de los muertos brasileños. Seis meses duró la primera ola, y va camino de cinco meses la segunda, con el inconveniente de que ahora la cepa brasileña ya ha ganado terreno y es mayoría entre los casos confirmados de al menos seis estados: Ceará, Paraná, Santa Catarina, Río de Janeiro, Río Grande del Sur y Pernambuco.

La Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), uno de los centros de investigación referencia en América Latina, ha publicado esta semana un boletín extraordinario sobre el empeoramiento de la pandemia en Brasil. El documento hace hincapié en que, por primera vez desde el inicio de la crisis, “se verifica en todo el país el agravamiento simultáneo de diversos indicadores, como el aumento del número de casos, de óbitos, el mantenimiento de niveles altos de incidencia del síndrome de respiración aguda grave, el alto nivel de positividad en los test y la sobrecarga en los hospitales”.

En lo que respecta a las camas de UCI disponibles para enfermos de covid-19 en la red hospitalaria brasileña, solo permanecen en alerta intermedia los estados de la región sudeste (São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Espíritu Santo) y casos puntuales como Amapá, Sergipe, Alagoas y Paraíba. El resto de los estados están instalados en la alerta roja, con largas colas de espera, que son sinónimos de muerte. En la región semiárida del sertón del noreste, la más pobre de Brasil, esta demora puede llegar a diez días, para los que consiguen desplazarse algunas de las capitales, como Fortaleza (Ceará). 11.506 de los brasileños que han perdido la vida como consecuencia de la covid-19 residían en Ceará.

Teniendo en cuenta la desgracia actual y la decadencia que se avecina, 14 de los 27 gobernadores han exigido por carta al presidente Jair Bolsonaro que reaccione de una vez por todas. A estas alturas, los gobernadores firmantes se centran en la “adopción inmediata de las providencias necesarias para viabilizar la obtención –junto a entidades extranjeras y organismos internacionales– de nuevas dosis de inmunizantes”. Las unidades federativas, aseguran, “están al límite de sus fuerzas y sus posibilidades”. La vacunación en masa, dicen, es probablemente la única opción para salir de esta.

Brasil, un país acostumbrado a colosales campañas de vacunación, tiene capacidad para vacunar a un millón de personas por día, pero de momento el rendimiento no llega ni a la cuarta parte de esa cuota. Firman la misiva Renan Filho (Alagoas), Waldez Goés (Amapá), Rui Costa (Bahía), Camilo Santana (Ceará), Renato Casagrande (Espírito Santo), Flávio Dino (Maranhão), Mauro Mendes (Mato Grosso), João Azêvedo (Paraíba), Paulo Câmara (Pernambuco), Wellington Dias (Piauí), Fátima Bezerra (Río Grande del Norte), Eduardo Leite (Río Grande del Sur), Belivaldo Chagas (Sergipe) y Helder Barbalho (Pará).

Barbalho, al frente de uno de los estados amazónicos y, por tanto, uno de los más complejos desde el punto de vista logístico, ha sido uno de los pioneros en confinamientos y toques de queda, que a partir de este fin de semana vuelven a implantarse en centenas de municipios por todo el país. En Pará han fallecido ya 8.701 personas, y están enfrascados en los desafíos de los traslados de enfermos entre municipios. “No podemos dejar que aquí suceda lo que ha sucedido en Amazonas, en Santa Catarina o en Paraná”, ha explicado el gobernador: “Tener que pedir prestadas aeronaves para transportar pacientes de un estado a otro porque su sistema de salud no aguanta”.

La amenaza de los 3.000 muertos por día

Apoyándose en los diagnósticos del boletín de Fiocruz, el ministerio de sanidad, con el general Eduardo Pazuello al frente, ya asume –al igual que una creciente mayoría de la comunidad científica brasileña– que durante los meses de marzo y abril los 2.000 fallecidos diarios pueden pasar a ser 3.000, cifras con las que Brasil entraría en mayo certificando 350.000 muertos, sin stock suficiente de vacunas como para tratar de frenar la cuesta abajo, y para colmo con la clase política dividida.

La politización de la crisis sociosanitaria surgió en el minuto cero y lo ha contaminado todo: desde la tímida comunicación inicial hasta el lento y farragoso programa de vacunación, pasando por la implantación o no de medidas restrictivas. Y si estuvo politizado 2020 y lo sigue estando 2021, el próximo año, con las elecciones presidenciales en la agenda –octubre de 2022–, se antoja mucho peor.

Este pasado jueves, en una reunión del Tribunal Superior Electoral, el magistrado Alexandre de Moraes, a su vez uno de los once miembros del Tribunal Supremo, se manifestaba sobre la desorganización de la lucha contra la pandemia en Brasil: “Todos los entes federativos deberían actuar en cooperación, siempre bajo el liderazgo nacional, el liderazgo de la unión”. Un liderazgo que, como remarcó De Moraes, “ha faltado” hasta ahora. El propio Bolsonaro no se cansa de mostrar su punto de vista sobre todo esto. En un evento en Goiás el presidente hablaba así a sus seguidores: “No os habéis quedado en casa, no os habéis acobardado. Tenemos que afrontar nuestros problemas. Basta de blandengues, de lloriqueos. ¿Hasta cuándo van a estar llorando?”.

Ante la falta de liderazgo desde la presidencia del Gobierno, parte de la sociedad brasileña sigue dando ejemplo de solidaridad, articulación y gestión de crisis. Uno de los proyectos que mayor interés está acaparando en las últimas semanas, conocidos los problemas de escasez de oxígeno medicinal en Amazonas, es el del movimiento voluntario UniãoBR. La organización, que funciona en red por todo el territorio brasileño, capta recursos económicos para, entre otros aspectos, la compra de cilindros de oxígeno y la instalación de plantas generadoras de oxígeno medicinal, surtiendo a los puntos que más lo necesiten en cada momento.

Enlace relacionado Público.es 06/03/2021.




Fuente: Sasmadrid.org