November 30, 2020
De parte de La Haine
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Hay un consenso amplio en que el paso al capitalismo no ha cumplido su promesa de prosperidad. Se extra帽a el socialismo

Pocos elementos de la transformaci贸n posterior a 1989 en Bulgaria fueron un resultado de una pol铆tica democr谩tica popular, siendo gran parte de aquella fruto del giro mundial hacia la globalizaci贸n neoliberal. En algunas explicaciones populares que circulan en el pa铆s, los cambios pol铆ticos ni siquiera fueron revolucionarios: para mucha gente, el periodo no fue m谩s que una adaptaci贸n pol铆tico-econ贸mica y un blindaje de las antiguas 茅lites, una explicaci贸n que ha mantenido vivo un anticomunismo persistente y a menudo visceral a pesar de que el r茅gimen socialista de Estado desapareci贸 hace 30 a帽os.

Si las narrativas pol铆ticas, medi谩ticas y populares en el pa铆s discrepan en torno a la cuesti贸n de si los cambios han tra铆do demasiado o demasiado poco capitalismo, o no el tipo adecuado de capitalismo (sino m谩s bien una versi贸n balcanizada, defectuosa), hay un consenso amplio en que la transformaci贸n no ha cumplido su promesa de prosperidad. Treinta a帽os de reformas aplicadas en Bulgaria 鈥揳 menudo ca贸ticas y experimentales en la pr谩ctica, pero coherentes con su l贸gica neoliberal鈥 han comportado efectivamente un periodo de pol铆ticas de austeridad estrictas, resueltas a dar v铆a libre a los negocios.

Fase uno: la reforma estructural

La primera d茅cada y media de la transici贸n estuvo presidida por demandas de reformas estructurales necesarias para reducir el gasto excesivo del Estado socialista. Las reformas se llevaron a cabo en su mayor parte bajo la 茅gida de las instituciones financieras internacionales, a cambio de pr茅stamos de ajuste estructural. La segunda mitad del periodo (despu茅s de que el pa铆s ingresara en la Uni贸n Europea en 2007) vio nuevas reformas, encaminadas a la optimizaci贸n de varios sistemas (como la sanidad, la educaci贸n y la judicatura), bajo la atenta mirada de la Comisi贸n Europea.

Los siete primeros a帽os tambi茅n fueron pol铆ticamente muy inestables, con cinco gobiernos elegidos democr谩ticamente y cuatro gobiernos interinos. A cambio de ayuda financiera, Bulgaria comenz贸 a seguir las directrices del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para embarcarse en una cura de caballo (en febrero de 1991 se liberalizaron de la noche a la ma帽ana el 97 % de todos los precios, incluidos los de los alimentos, generando una fuerte inflaci贸n), con el recorte de subsidios, salarios y gastos sociales, y en un proceso de privatizaci贸n de la econom铆a.

Los primeros gobiernos tardaron en comenzar a privatizar las empresas p煤blicas (un 10 % hasta 1996), mientras que la p茅rdida de los mercados del Comecon/1 provoc贸 que muchas f谩bricas solo funcionaran a medio gas, cosa que facilit贸 el despido de personal en un momento en que el sistema de seguridad social sufr铆a fuertes recortes. La primera fase de la devoluci贸n de tierras y de cierre de las cooperativas agrarias y peque帽as empresas del mundo rural fue especialmente devastadora para miles de trabajadoras poco cualificadas, entre ellos muchos gitanos. A lo largo de las siguientes tres d茅cadas, miles de familias gitanas fueron desplazadas adem谩s cuando sus viviendas autoconstruidas, que hab铆an sido toleradas por el r茅gimen anterior, fueron declaradas ilegales por las autoridades municipales neoliberales, que quer铆an liberar espacio para promociones inmobiliarias privadas.

La primera ola de despidos masivos en 1990 afect贸 a trabajadores y trabajadoras cualificadas, con la idea de que se reciclar铆an y encontrar铆an trabajo en el nuevo sector privado emergente, pero buena parte emigraron. Para quienes conservaron el empleo, sus ingresos laborales en t茅rminos reales cayeron dr谩sticamente (un 66,7 % en 1991). En 1997, el salario m铆nimo se hab铆a reducido 3,4 veces (y el salario medio 2,2 veces) el PIB real per capita. A pesar de que los salarios han aumentado de forma constante desde 1997, esta brecha se mantiene, y algunos an谩lisis muestran que el nivel actual del PIB implica que los salarios podr铆an ser el doble de altos que lo que son.

A ra铆z de una grave crisis bancaria y monetaria a finales de 1996, se estableci贸 un r茅gimen de control de cambios y ahora se han delegado todas las decisiones de pol铆tica econ贸mica al FMI. Al mismo tiempo, tras las elecciones se form贸 un gobierno de derechas que aceler贸 el proceso de privatizaci贸n, eliminando otros 275.000 puestos de trabajo a lo largo de los siguientes cuatro a帽os. Mientras, procedi贸 a diezmar la red de seguridad social para quienes hab铆an perdido su empleo, una reforma que se financi贸 mediante un pr茅stamo de ajuste de la protecci贸n social del FMI.

Las condiciones de este y otros pr茅stamos tomados a lo largo de los a帽os siguientes recortaron el gran Estado socialista al precio de muchas vidas y recursos para el sustento. Por ejemplo, la cuota que se destina al fondo p煤blico de desempleo descendi贸 del 7 % al 1 %, debiendo adem谩s ser aportado a partes iguales por empresas y trabajadores. Se elimin贸 el plus de peligrosidad para las pensiones de 140.000 trabajadores y se estableci贸 una nueva legislaci贸n laboral con el fin de crear una fuerza de trabajo flexible, desprovista de muchos derechos, mientras que los sindicatos perdieron poder frente a los representantes de la patronal y del Estado, que actuaban conjuntamente.

Con 谩nimo de recortar el gasto social se implantaron reformas para ahorrar a costa de la gente m谩s vulnerable, al tiempo que en muchos casos se incrementaban los gastos burocr谩ticos asociados a la aplicaci贸n de criterios m谩s restrictivos. Como resume la sindicalista b煤lgara Vanya Grigorova, el sistema de bienestar humilla m谩s que protege a la gente: quienes consiguen sortear los criterios sumamente restrictivos y logran culminar el proceso de solicitud superburocratizado, reciben finalmente sumas tan humillantemente magras que no llegan ni al umbral de pobreza oficial.

Se privatiz贸 el sector energ茅tico (aunque dos de las tres distribuidoras de electricidad son ahora compa帽铆as p煤blicas de Chequia y Austria), con el consiguiente aumento de los precios, de manera que actualmente cerca de la mitad de la poblaci贸n b煤lgara se considera pobre energ茅ticamente.
Las reformas del sistema sanitario comportaron una reducci贸n de la cuota patronal a la seguridad social y el imperativo general de estabilidad financiera supuso cargar los costes de un sistema sanitario cada vez m谩s insuficiente sobre las espaldas de la clase trabajadora.

Bajo la 茅gida del Banco Mundial, entre 2001 y 2011 se clausuraron 800 escuelas. El alumnado se reagrup贸 en clases m谩s numerosas y ahora quienes viven en una localidad que ha perdido su escuela tienen que acudir con el bus escolar al centro m谩s cercano. Muchos ni帽os y ni帽as simplemente dejaron de ir. Los m谩s afectados fueron de nuevo las familias gitanas. Bulgaria sirvi贸 de hecho de banco de pruebas del cierre de escuelas. Despu茅s de este experimento, el Banco Mundial dej贸 de recomendar la clausura de colegios en otros pa铆ses.

Una nueva divisi贸n del trabajo t贸xica

A partir del ingreso de Bulgaria en la UE en 2007 se introdujeron nuevas reformas con vistas a seguir optimizando los sistemas, ahora supervisadas por la Comisi贸n Europea. La moratoria decretada en 2001 en materia de privatizaci贸n de hospitales se levant贸 en 2008, pese a que desde entonces no ha sido privatizado ninguno. Peri贸dicamente tambi茅n se reclama la privatizaci贸n de universidades, pero estas de momento tambi茅n se han quedado a salvo. No obstante, los hospitales, las universidades y las escuelas que sobrevivieron a los embates de la d茅cada anterior han sido objeto de reformas de mercado: los presupuestos delegados que hacen que compitan entre s铆, la financiaci贸n por proyectos y los diversos sistemas de clasificaci贸n sirven para invertir la l贸gica bajo la que operan: de proveer un servicio p煤blico a buscar una ganancia.

A帽os despu茅s de la introducci贸n de mecanismos de mercado, estos sistemas est谩n ahora sumamente infradotados de personal y de financiaci贸n y la calidad del servicio p煤blico que prestan es en muchos casos insuficiente. Ambos sistemas se caracterizan por unos niveles significativos de exclusi贸n social: m谩s de dos millones de personas carecen de seguro de enfermedad, y quienes s铆 lo tienen, desembolsan los copagos m谩s altos de la UE. Los datos m谩s recientes del sistema escolar revelan que un tercio de los ni帽os y ni帽as de zonas rurales abandonan la escuela prematuramente; entre los menores gitanos, la proporci贸n aumenta al 67 %.

Despu茅s de que las instituciones financieras internacionales insistieran durante a帽os en la necesidad de reducir la carga fiscal, Bulgaria introdujo en 2008 un tipo fiscal 煤nico del 10 %. Este sistema tributario, que de hecho es regresivo, ha generado desde entonces profundas desigualdades: los ingresos del 20 % m谩s rico de la poblaci贸n son en promedio ocho veces mayores que los del 20 % m谩s pobre, frente a un promedio de la UE de cinco veces. Adem谩s, aunque la productividad media del trabajo en Bulgaria equivale a la mitad de la media de la UE, los salarios son cinco veces m谩s bajos.

Estas disparidades salariales 鈥搒obre un tel贸n de fondo de p茅rdida perenne de derechos y de seguridad en el empleo鈥 han hecho que desde 1989 hayan emigrado millones de habitantes del pa铆s. Tan solo hasta 2005 ya emigraron cerca de un mill贸n de personas (o m谩s del 12 % de la poblaci贸n), mientras que la apertura de las fronteras de la UE en 2007 y el colapso econ贸mico mundial en 2008 dieron pie a un nuevo 茅xodo masivo: en 2018 abandonaron Bulgaria, todos los d铆as, 74 personas con destino a Alemania. Mucha gente trata de mejorar sus magras y precarias rentas trabajando temporalmente en Occidente, una nueva divisi贸n del trabajo que asegura la provisi贸n de mano de obra barata para las explotaciones agr铆colas occidentales, dejando el coste del seguro de enfermedad y de la seguridad social en general a cargo del depauperado Estado b煤lgaro.

Las nuevas formas de migraci贸n laboral precaria han dejado a muchas personas gravemente afectadas. Numerosos ni帽os y ni帽as crecen bajo los cuidados de sus abuelas y abuelos y no ven a sus progenitores m谩s que a trav茅s de Skype. Ha aparecido un nuevo grupo de cuidadoras transnacionales de edad avanzada 鈥搈igrantes mayores que cuidan de sus hijos migrantes, o migrantes de mediana edad que cuidan de sus progenitores mayores (con ciertas obligaciones malabares hacia progenitores y nietos al mismo tiempo)/2. Esta movilidad motivada por la necesidad de cuidados menoscaba la ciudadan铆a social tanto en Bulgaria como en los pa铆ses a los que migran, al limitar o incluso excluir a estar personas de todo apoyo estatal de bienestar social, generando a menudo nuevas formas de desigualdad de g茅nero e intergeneracional.

Dislocaciones sociales y espaciales

Estos nuevos foros de divisi贸n internacional del trabajo tambi茅n han marcado 鈥渦n cisma geogr谩fico de la producci贸n y la reproducci贸n social鈥, que relega la reproducci贸n social al diezmado Estado de bienestar b煤lgaro y al hogar en particular. Esto ha contribuido a la creciente prevalencia pol铆tica de la familia y del trabajo de cuidados de las mujeres, nutriendo en parte el pronunciado giro conservador que vemos en toda la regi贸n y m谩s all谩.

Son especialmente las mujeres y la poblaci贸n migrantes quienes han sido objeto de una presi贸n cada vez m谩s fuerte del ala conservadora. Tras una campa帽a antig茅nero iniciada por la extrema derecha y retomada en otros sectores m谩s amplios, Bulgaria se neg贸 a ratificar el Convenio de Estambul sobre la prevenci贸n y la lucha contra la violencia contra las mujeres en 2018. Mientras, partidos pol铆ticos y medios de derechas han estado calificando sistem谩ticamente a la gente refugiada y de etnia gitana de problema de seguridad, abogando por la aplicaci贸n de pol铆ticas racistas y de exclusi贸n, lo que ha dado lugar a que grupos justicieros patrullen a lo largo de la frontera turca para cazar refugiados y se produzcan peri贸dicamente demoliciones de casas en barrios gitanos.

La caza de brujas de g茅nero y el p谩nico generado ante las personas refugiadas y gitanas no solo han sido impulsados por partidos de derechas. Conocidos intelectuales supuestamente progresistas y el Partido Socialista B煤lgaro (BSP), que es procapitalista/3 y cada vez m谩s conservador en lo social, han sido a menudo igual de entusiastas en esta materia que sus hom贸logos de derechas/4.

El mecanismo que convierte a las personas de etnia gitana en chivos expiatorios suele basarse en una serie de falsas narrativas, que despu茅s se utilizan para justificar nuevos recortes presupuestarios. La afirmaci贸n de que dichas personas se aprovechan del generoso estado de bienestar de Bulgaria sirve para legitimar la imposici贸n de m谩s criterios restrictivos para el acceso a la seguridad social. La afirmaci贸n de que roban electricidad de las l铆neas de distribuci贸n se utiliza para justificar unas tarifas el茅ctricas exorbitantes. La afirmaci贸n de que los gitanos no pagan las cuotas del seguro de enfermedad se aduce para limitar el acceso a los servicios de urgencias, y as铆 sucesivamente.

En el otro extremo de estas falsas narrativas se halla la panacea de la Inversi贸n Extranjera Directa (IED): mientras tachan a las masas de perezosas, improductivas y no merecedoras de la ayuda p煤blica, la mayor铆a de los principales partidos pol铆ticos (y medios de comunicaci贸n) enaltecen la figura del salvador casi m铆tico, encarnada por el inversor extranjero, prometiendo regularmente atraer IED al pa铆s como gancho electoral fundamental. Resulta curioso que en 2019 la emigraci贸n b煤lgara fue la principal inversora extranjera directa, cuyas remesas registradas oficialmente superaron la IED/5.

En su ansiedad por atraer la IED, los partidos pol铆ticos suelen predicar regularmente con el mantra del buen clima inversor, destacando el tipo fiscal 煤nico del impuesto de sociedades del 10 % y la disponibilidad de una fuerza de trabajo muy cualificada, pero barata.

Sin embargo, en las 煤ltimas dos d茅cadas la IED se ha dado principalmente en forma de subcontrataci贸n de producciones intensivas en recursos y en mano de obra (por ejemplo, la confecci贸n) en sectores de bajo valor a帽adido y 鈥渂asadas en el d煤mping social, en la contenci贸n de los costes de personal y en una competencia a la baja鈥. En la pr谩ctica, los atractivos de la econom铆a de transici贸n de Bulgaria, el tipo fiscal plano y la mano de obra barata, se basan en sistemas p煤blicos gravemente infradotados, as铆 como en unos salarios degradantes y en las malas condiciones de trabajo en las f谩bricas, justo las razones de que tantas personas b煤lgaras opten en primer lugar por emigrar.

Las 煤ltimas tres d茅cadas de insistencia constante en la disciplina financiera y la optimizaci贸n, la flexibilidad y la movilidad laboral han costado vidas y sustentos y favorecido la inseguridad, la dislocaci贸n social y la vuelta a ideolog铆as conservadoras. Es m谩s, muchas de las pol铆ticas de recorte de gastos y de creaci贸n de entornos favorables a las empresas no funcionan ni en pintura: si cierras escuelas, los ni帽os y ni帽as dejar谩n de estudiar; si no aseguras unos salarios dignos y la protecci贸n de la seguridad social, la gente se ir谩.

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Notas

1/ Consejo de Asistencia Mutual Econ贸mica (1949-1991), la alianza econ贸mica, encabezada por la Uni贸n Sovi茅tica, de los pa铆ses socialistas de Estado.

2/ Las cuidadoras migrantes de edad avanzada se desplazan a veces hasta cinco veces al a帽o, pasando cada dos meses en un lugar diferente.

3/ El Partido Socialista B煤lgaro implant贸 el tipo fiscal 煤nico del 10 % en 2008, por ejemplo.

4/ Tsoneva, J. y Stoyanova, V., Europe, Islam and the Roma: liberalism and the manufacture of cultural difference, (de pr贸xima aparici贸n).

5/ Es m谩s, ha aportado continuamente entre uno y dos tercios, aproximadamente, de la financiaci贸n externa desde 2004. En algunas de las regiones m谩s desfavorecidas, familias enteras viven casi enteramente del dinero remitido por familiares emigrantes.

rosalux.de. Traducci贸n: viento sur. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org