July 10, 2021
De parte de Nodo50
235 puntos de vista


punto de vista sobre el choque cultural

1

Recal茅 en el siglo XVI buscando un punto de vista sobre el choque entre culturas.

Explicar茅 c贸mo.

En 1990 nac铆a un mundo nuevo. La disoluci贸n de la Uni贸n Sovi茅tica y la ca铆da del muro de Berl铆n se帽alan el final de una 茅poca. De esto nadie dudaba. Por un momento se pens贸, mucha gente pens贸, que aquel final iba a coincidir con el principio de la universalizaci贸n del liberalismo y de la democracia representativa. La euforia pol铆tica crec铆a en lo que un d铆a se llam贸 鈥淥ccidente鈥. La aldea global empez贸 a parecerse a la ciudad alegre y confiada de don Jacinto Benavente.

Pronto qued贸 claro que no hab铆a motivos para la euforia. No es la ampliaci贸n de la democracia precisamente lo que caracteriza al mundo actual. Y lo que navega con el nombre de liberalismo es m谩s bien un maniqueo autoritario disfrazado de 鈥渕ercado libre鈥.

En los cinco a帽os ya transcurridos de la nueva 茅poca se ha hecho evidente que las cosas van por otro lado. Y eso es sumamente llamativo. Muchas personas bondadosas est谩n perplejas. La aceleraci贸n del tempo hist贸rico desconcierta una vez m谩s. Debemos reconocer que hay motivos para ello. Mediada la d茅cada de los sesenta los m谩s escuchados dirigentes pol铆ticos e intelectuales de nuestro mundo pensaron y dijeron en voz alta que la vieja lucha de clases dejaba el 谩mbito de los estados para trasladarse al 谩mbito mundial. Luego, en cambio, se dijo y repiti贸 hasta la saciedad que hab铆a acabado la 茅poca de la lucha entre las clases. Pero hubo m谩s. Hoy en d铆a los cient铆ficos sociales suelen considerar que la conflictividad social en el plano internacional ha quedado casi por completo subordinada a los choques entre culturas. A cualquier parte adonde uno dirija la mirada all铆 est谩 la guerra entre etnias, la xenofobia, el racismo, el ataque cultural. La impresi贸n que el mundo da es que las gentes tienden a subordinar los intereses econ贸micos y sociales, que un d铆a aproximaban a los individuos en el seno de las clases sociales, para volver a fijarse, una vez m谩s, en los colores de sus pieles, en las diferencias entre sus costumbres, en los h谩bitos del otro, en la diversidad de las lenguas.

Y esto ocurre en un Imperio 煤nico. En un mercado 煤nico. Mientras el pensamiento hegem贸nico tiende tambi茅n a la uniformidad.

2

Choque entre culturas, se ha dicho. Pero puesto que 鈥渃ultura鈥 es una de esas palabras ante las cuales unos sacan la pistola y otros vuelven la espalda conviene pararse un momento en ella. 鈥淐ultura鈥 es un t茅rmino que ha llegado a tener significaciones distintas en nuestra lengua.

Decimos de alguien que 鈥渘o tiene cultura鈥, que es un inculto, cuando ignora los conocimientos b谩sicos, elementales, que se adquieren hoy en d铆a a trav茅s de la ense帽anza general obligatoria y reglada; 鈥渃ulto鈥 es, en cambio, para el lenguaje cotidiano en nuestras sociedades, el individuo informado, ilustrado, con luces.

Pero tambi茅n usamos habitualmente el t茅rmino 鈥渃ultura鈥 (o su plural) para referirnos a pueblos, etnias, sociedades estructuradas o grupos sociales muy determinados, vinculados, por ejemplo, a ciertos gremios antiguos, o de origen campesino, cuyos miembros se han formado de modo cuasi autodidacta, o en el seno de tradiciones artesanales, o que no han pasado por la ense帽anza general b谩sica obligatoria; a pesar de lo cual se afirma de ellos, a veces con raz贸n, que son m谩s 鈥渃ultos鈥 que muchos de nuestros letratenientes. Se suele hablar as铆, no sin nostalgia, de la notable 鈥渃ultura鈥 t茅cnica y literaria de los viejos linotipistas, de la particular 鈥渃ultura鈥 del campesino gallego, que, al decir de Cela, es 鈥渂achiller por antonomasia鈥, o de la incomparable 鈥渃ultura鈥 del estar-en-el-mundo-con-gracia propia del campesinado andaluz, o, m谩s en general, de la vieja, persistente y muy respetable cultura de la supervivencia del campesinado europeo cuya voz se puede escuchar, ya entrecortada, en la emotiva y sugerente trilog铆a de John Berger titulada De sus fatigas.

Tal vez se me objete que 鈥渃ulturas鈥 como la del 鈥渂achiller por antonomasia鈥, o la del 鈥渆star-en-el-mundo-con-gracia鈥, o la de la supervivencia campesina son en realidad restos en liquidaci贸n de una 茅poca pasada, y que, por tanto, no tiene inter茅s traerlas a colaci贸n aqu铆, en un discurso que se pretende reflexivo sobre el choque cultural. No entrar茅 ahora al toro de la pol茅mica, porque lo que me interesa en este punto es solo precisar el uso de las palabras. Pero s铆 quisiera avanzar ya un par de sugerencias al hilo de esta objeci贸n.

Una: que algunos de los rasgos culturales a los que se hab铆a dado hace mucho tiempo la despedida definitiva (como si fueran mero folclore campesino pasado de moda) retornan por donde menos nos lo esper谩bamos. Dos: que la mayor铆a de la humanidad, en 脕frica, Asia, Am茅rica Latina y parte de Europa, vive todav铆a en el marco de culturas de la supervivencia, o, por lo menos, inmersa en un complicad铆simo proceso de transculturaci贸n en el que el peso de las viejas costumbres campesinas sigue siendo muy importante, cuando no decisivo. El siglo de las revoluciones acostumbr贸 a los intelectuales a confundir los picos del cambio hist贸rico con la Historia misma. Pero la historia real est谩 hecha tanto de discontinuidades como de continuidades, y al lado mismo de aquellos lugares, pocos, en que los revolucionarios tocaban el cielo con sus manos, en 1789, en 1848, en 1871, en 1917, en 1921, en 1937, la vieja cultura campesina de la supervivencia a煤n segu铆a con el antiguo ritmo. Todav铆a hoy, despu茅s de la gran discontinuidad de 1990, sorprende la persistencia de tradiciones as铆 en la Europa del Este. Esto puede explicar las meteduras de pata de tantos economistas y polit贸logos de nuestro tiempo obnubilados por las moderneces.

As铆, pues, para evitar complicaciones y equ铆vocos, que en este tema del choque cultural suelen tener consecuencias pr谩cticas peligros铆simas, conviene que nos pongamos previamente de acuerdo sobre el uso que se va a hacer de las palabras.

Utilizar茅 aqu铆 el t茅rmino 鈥渃ultura鈥 en la acepci贸n que se dio originalmente a esta palabra en la etnolog铆a y la antropolog铆a de lengua inglesa, desde Tylor; una acepci贸n que luego se ha hecho habitual en la literatura antropol贸gica contempor谩nea. Entender茅, pues, por 鈥渃ultura鈥 un conjunto o complejo de conocimientos y pr谩cticas, creencias, costumbres, aptitudes y h谩bitos (incluyendo arte, moral y derecho) que el hombre adquiere como animal social, como miembro de la sociedad. Culturas son, por tanto, formas de comportamiento adquiridas y transmitidas, en nuestro caso, mediante s铆mbolos, las cuales cristalizan en organizaciones e instituciones sociales; todos los sistemas o complejos culturales pueden ser considerados a la vez como productos de la acci贸n humana en marcos hist贸ricos concretos y como elementos condicionantes de la acci贸n futura. Desde Kroeber y Kluckhohn suele aceptarse, adem谩s, que el n煤cleo central o duro de las culturas as铆 entendidas son las ideas tradicionales (sobre arte, moral, derecho, etc.) y los valores vinculados a ellas. Es esta acepci贸n del t茅rmino 鈥渃ultura鈥 lo que por lo general permite a los antrop贸logos ser m谩s comprensivos de la diversidad cultural que la mayor铆a de los intelectuales, los cuales acostumbran a identificar la cultura con los resultados de la ense帽anza superior.

Para no complicar ahora este intento de precisar el uso de las palabras voy a dejar todav铆a entre par茅ntesis un par de matices. Primero: la existencia, en el seno de las culturas antropol贸gicamente descritas, de subculturas diferenciadas, a veces tan importantes (por la cantidad o por la cualidad de sus agentes) como para requerir un discurso espec铆fico cuando hablamos de choque cultural: no hay m谩s que pensar en la recurrente dial茅ctica que enfrenta a las subculturas propias de los sexos conformadas hist贸ricamente. Segundo: la persistencia, sobre todo en la literatura de lengua alemana de origen rom谩ntico y organicista, de una distinci贸n fuerte entre cultura y civilizaci贸n, seg煤n la cual la civilizaci贸n ser铆a algo as铆 como el ocaso de las culturas en la necesaria decadencia oto帽al; una distinci贸n, esta, que, desde la primera guerra mundial sobre todo, ha servido para desplazar la preocupaci贸n por el choque entre culturas hacia otro tema igualmente inquietante: el de la crisis cr铆tica de esta gran abstracci贸n que es la cultura europea.

Por 鈥渃hoque鈥 entiendo aqu铆 la colisi贸n o encontronazo, m谩s o menos violento, entre culturas diferenciadas que se encuentran y entran en contacto inesperadamente, por lo general como consecuencia de grandes movimientos de poblaci贸n m谩s all谩 de los l铆mites fronterizos convencionalmente establecidos por los Estados. La dimensi贸n de los encuentros entre culturas derivados de las emigraciones de los pueblos es muy variable. No todo encuentro entre culturas supone o implica por necesidad un choque y menos un ataque; pero, a pesar de esto, lo cierto es que la mayor铆a de ellos suelen ser percibidos por una parte tambi茅n mayoritaria de las poblaciones implicadas como una invasi贸n indeseada.

Describo. Todav铆a no valoro.

3

Parece natural que en un Imperio 煤nico caracterizado por un mercado 煤nico, y en el que las facilidades de transporte y comunicaci贸n son muy grandes, las variantes del encuentro entre culturas se multipliquen. Y as铆 es realmente. Lo es hasta el punto de que el emigrante y el refugiado se han convertido en dos de las figuras m谩s representativas de nuestra 茅poca. Babelia es la metr贸polis del hombre del final del siglo XX. Una Babelia en la que se impone la espontaneidad ub茅rrima del mercado y la m谩s irresponsable opini贸n respecto de las personas que quedan fuera o al margen del mercado establecido. Parece inconcebible pero es as铆: el n煤mero de los euf贸ricos detractores de la planificaci贸n aumenta tanto m谩s cuanto m谩s evidente resulta que la falta de planificaci贸n racional y democr谩tica en el presente obligar谩 a la planificaci贸n forzada y autoritaria ma帽ana. No hay m谩s que pensar en los oc茅anos. O en la escasez de agua potable y para riego. O en el hecho de que se empiece a poner precio al aire que respiramos cuando ha de ser sano, o sea, sencillamente, respirable. (Todas esas cosas eran no hace mucho nullius, que dec铆an los antiguos, cosas que no son de nadie y, por tanto, cosas de todos sin propietario declarado). El liberalismo salvaje europeo no ha encontrado todav铆a su bozal y sigue especulando al borde del abismo con la posibilidad perversa de que se lo pongan otros.

El aumento en flecha de las migraciones est谩 dando lugar a un nuevo tipo de racismo, aunque en la Europa occidental y central el encontronazo entre culturas a煤n se halla contenido por las leyes; por unas leyes que se promulgaron para impedir otro racismo, no el de hoy (que es un racismo diferencialista y culturalista). Pero las leyes vigentes en la comunidad internacional han quedado por completo desbordadas en otros casos de choque entre culturas en los que la identidad 茅tnica, religiosa, nacional o tribal pasaban a primer plano, ya fuera porque comunidades pr贸ximas empujaban hacia la autoafirmaci贸n 茅tnica, ya porque la escasez era mucha y creci贸 el temor por la forma de distribuci贸n, o porque la actividad casi exclusiva de las poblaciones hab铆an pasado a ser la reproducci贸n mera y simple.

Pueblos en los que hace no muchos a帽os conviv铆an y se mezclaban gentes de diferentes culturas (con problemas, s铆; con diferencias latentes, claro; y a trav茅s de no pocos sufrimientos por aquello del 鈥渆star vosotros en nosotros y nosotros en vosotros鈥, desde luego) se han convertido de pronto en un infierno en el que, por ejemplo, sentirse dos o tres cosas sustanciales a la vez, o creer tener tres identidades al mismo tiempo, equivale a estar muerto; y muerto por aquellos mismos, un d铆a pr贸jimos, que niegan ahora, de repente, que se pueda ser m谩s de una cosa en este mundo de culturas exclusivistas autoafirmadas. Etnias, religiones y naciones que por lo general observan con indiferencia o con discreto desprecio el crecimiento del Imperio 煤nico no pueden, en cambio, soportar la diversidad del vecino de al lado y sus implicaciones pol铆ticas.

No es este el lugar para la enumeraci贸n y el an谩lisis de los encontronazos entre culturas que se han producido desde 1990. Pero s铆 se puede decir aqu铆 que los horrores de la guerra y la barbarie del neorracismo planean de nuevo sobre Europa. Y que el horror y la barbarie de este final de siglo XX tienen su origen, una vez m谩s, en la intolerancia que acompa帽a al choque entre culturas.[1]

Nota
[1] Me he referido a esto en los cap铆tulos XIV a XIX de La barbarie: de ellos y de los nuestros. Barcelona, Paid贸s, 1995.

Fuente: Primeros apartados del primer cap铆tulo del libro de F. Fern谩ndez Buey La gran perturbaci贸n. Discurso del indio metropolitano.

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Fuente: Elviejotopo.com