December 12, 2020
De parte de Asociacion Germinal
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Profesor de Química de la Universidad de La Laguna advierte cómo regresa a nuestro organismo la contaminación.

Las toneladas de plástico que llegan cada año a los mares y océanos hace mucho tiempo que comenzaron a regresar a nuestro organismo, provocando consecuencias que aún resulta difícil establecer con total precisión.

Así lo advertía recientemente, en un artículo de divulgación publicado en la prensa local,  el Profesor Titular de Química Analítica de la Universidad de La Laguna Javier Hernández Borges.

 «Es evidente – advierte este profesor – que tenemos  un problema de contaminación por plástico a nivel global probablemente mucho mayor de lo que imaginemos».

«De todo el plástico que se produce a nivel mundial (unos 359 millones de toneladas en el año 2018), se estima que aproximadamente un 8-10 % acaba en mares y océanos».

La cuestión es  -según destaca Hernández Borges – que aunque, con razón, nos parezca muchísima la basura plástica que vemos en el litoral, ésta representa solamente un  1 % del total.

«El 99 % restante – añade el químico – no sabemos exactamente dónde está, aunque cada vez aparecen más estudios que muestran que podría encontrarse ampliamente distribuido en los fondos oceánicos o incluso bastante fragmentado».

Y es que uno de los grandes problemas para la Salud humana que plantea la  liberación de plásticos al medioambiente – según explica el docente de la ULL – está en estas partículas de pequeño tamaño, denominadas en su mayoría microplásticos o, si son aún más pequeñas, nanoplásticos.

 «Tendemos a pensar – aclara también Hernández Borges –  que los microplásticos sólo aparecen en el medio marino, donde son más perceptibles, pero también existen en grandes cantidades en los suelos e incluso en el aire que respiramos».

Y, claro, como casi todo la basura que regalamos al medioambiente, «los microplásticos también acaban volviendo a nosotros».

«Su distribución es tal – continúa exponiendo en su artículo Javier Hernández  – que ya han entrado en la cadena trófica» de los animales y, a través de ellos, acaban en nuestros organismos.

Ya se «han  encontrado microplásticos en las heces de los seres humanos» y -según las estimaciones mencionadas por el profesor de la ULL se estima, «que ingerimos -ahí es nada –   el plástico equivalente a una tarjeta de crédito a la semana».

Según aclara Hernández Borges, «todavía necesitamos más estudios que nos ayuden a discernir qué efecto puede tener la ingesta de microplásticos por parte de los organismos vivos, sobre todo porque estos contienen ciertos aditivos que podrían desprenderse durante su ingesta, al igual que los contaminantes que son capaces de retener, dado que actúan como si de esponjas se tratara, preconcentrando ciertos compuestos, algo que no es muy conocido».

Lo que, en cambio, no es aventurado conjeturar es que beneficiosos para nuestra salud  seguro que no serán.

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Fuente: Asociaciongerminal.org