January 12, 2022
De parte de La Haine
218 puntos de vista


I Alguien dijo hace ya tiempo que todo lo s贸lido se desvanece en el aire. 驴Y lo inasible? 驴Algo tan complejo de sujetar como la memoria tambi茅n se disuelve? Quiz谩s m谩s de un lector se sorprenda con esta pregunta inicial de un texto que pretende analizar la materialidad y la memoria desde una 贸ptica inusual como es el cuerpo considerado enemigo por el poder. La idea es delinear una serie de reflexiones sobre procesos tan complejos como la presentificaci贸n de lo ausente que se ejerce a trav茅s de recuerdos que pueden ser fieles, manipulados o prohibidos, pero siempre latentes. Para ello abordar茅 el eje cuerpo y memoria en tanto presentificaci贸n de ausencias forzadas a desaparecer o a imponerse mediante la historia oficial y los anclajes geogr谩ficos sobre los cuales se instalan en tanto materialidad receptiva.

Aunque reconozco que es un tema incomodo me propongo examinar brevemente el tratamiento dado por el poder a los cad谩veres enemigos. El mecanismo habitual es invisibilizar la muerte como si no hubiese tenido lugar y lo prueban las decenas de miles de personas desaparecidas con las que nuestro continente tiene una deuda. La presentificaci贸n de los ausentes sigue en pie, sus presencias habitan y ti帽en una geograf铆a especial. Veremos como la memoria es inseparable de tales territorios dado que la corporalidad se une y disuelve en la materia, no en el aire…. Creo que en un continente como el nuestro es pertinente analizar el significado y destino que asume la corporalidad ausente asociada a la geograf铆a que guarda a su vez relaci贸n con la memoria y la reutilizaci贸n simb贸lica tanto de los muertos como del espacio. Tenemos entonces cuerpos, territorios y memoria. Pero vayamos por parte, o mejor dicho, por cuerpo.

Existen memorias oficiales y otras subterr谩neas. Tanto en Grecia como en la Antigua Roma una de las condenas m谩s temidas era la damnatio memoriae, la condena al olvido. En general eso es lo que busca el poder. Un ejemplo actual lo tenemos en China donde el Partico Comunista prohibi贸 cualquier menci贸n sobre la masacre de Tiananmen de 1989 borrando todos los registros period铆sticos y purgando textos y personas; hoy en Rusia Yuri Dimitrev fue condenado a quince a帽os por investigar los campos de exterminio stalinistas de Sandarmokh y Krasny Bor; del otro lado del mostrador vemos lo que han hecho con Juli谩n Assange. Su “delito” consisti贸 en divulgar los WikiLeaks que desnuda lo que Occidente dice y piensa en realidad. En ese sentido tambi茅n existen muertos visibles y otros desvanecidos. Sin 谩nimo alguno de establecer comparaciones ni ponderaciones sobre los imaginarios culturales, marcos ideol贸gicos, religiosos o actuaciones de unos y otros utilizar茅 algunos ejemplos concretos acerca del tratamiento dado a los cad谩veres del inca Atahualpa, el rebelde T煤pac Amaru II, el general Augusto Sandino, Eva Duarte de Per贸n, Ernesto Guevara Lynch de la Serna e incluso el saudita Ben Laden. Aqu铆 busco poner en foco el tratamiento dado a cuerpos y memorias.

II Comienzo con Atahualpa quien en principio no “muri贸” en Cajamarca como se帽alan los textos escolares sino que fue asesinado y de alguna manera condensa y resume en su persona el exterminio de los pueblos originarios, la apropiaci贸n de sus bienes que se convierten en un bot铆n y la transformaci贸n de su pueblo en combustible biol贸gico para mover las relaciones econ贸micas de producci贸n dando inicio a la Modernidad europea. Para el imaginario andino su inexplicable ajusticiamiento en 1533 a manos del porquerizo Francisco Pizarro, fue y sigue siendo un cataclismo sin fin. Parangonando a Miguel Hern谩ndez podr铆amos agregar que se trata de “un rayo que no cesa”. No obstante ello, tampoco tiene descanso el trabajo comunitario que hace siglos busca elaborar la cat谩strofe. Capturado en Cajamarca mediante un ardid, luego le exigen a Atahualpa un cuantioso rescate: las famosas habitaciones repletas de oro y plata. Pese a que el secuestrado cumple con el pago, el secuestrador ejecuta al secuestrado. Lo ahorca mediante garrote vil, luego exhibe el cuerpo durante una jornada completa para que los s煤bditos se convenzan de la muerte. Al d铆a siguiente lo manda a enterrar.

Apenas Pizarro abandona Cajamarca para avanzar sobre Cuzco, los capitanes del Inca que no pudieron rescatarlo con vida, al menos lo regresan a la muerte de la propia cultura. Para ello sustraen el cad谩ver del soberano con objeto de momificarlo, 煤nico modo de mantener la vida en el m谩s all谩 y ocultan su malqui (momia) en alguna cueva que jam谩s fue descubierta. Su desaparici贸n pronto ingresa en el territorio m铆tico donde experimenta una degollaci贸n mental que se corporiza en el mito de Inkarry (Inca y Rey) para preservar la esperanza de su retorno, por eso tergivers贸 el hecho para matarlo otra vez y de otra forma cuyos primeros rastros pueden apreciarse tempranamente en el texto y dibujos de Guam谩n Poma que muestran lo que no sucedi贸, Atahualpa no fue decapitado por los conquistadores fue asfixiado. La decapitaci贸n es esencial en la trama legendaria ya que afirma que Pizarro ocult贸 la cabeza, lo interesante es que en el lugar donde se encuentra, 茅sta no deja de crecer recuperando cada parte de su organismo hasta la 煤ltima de las u帽as. Es Inkarry que reconquistar谩 el Tawantinsuyo. En alguna monta帽a su cabeza est谩 creciendo, madura lentamente como un tub茅rculo, como una papa oculta en la clandestinidad de la tierra y se prepara, solitaria y m谩gica para expulsar a los invasores. Ignorar el sitio exacto de los Andes donde se encuentra su malqui intacto, posibilita que pueda derramarse por doquier, no “ser” sino “estar” habitando la totalidad de territorio. Todo el mundo andino puede ser su tumba 煤tero-originario del cual emerger谩 victorioso cuando su metamorfosis este concluida. Solo necesita tiempo, por eso el imaginario cultural al crear el mito niega el garrote vil, es decir la muerte por asfixia y lo decapita, lo necesita m铆nimo para que el tiempo lo maximice, esa tergiversaci贸n permite otorgarle temporalidad a la cabeza para crecer y a la cultura asimilar ese rayo que no cesa.

Utilizando a Rodolfo Kusch, podr铆amos decir que esa testa solitaria habita una temporalidad del mero estar, no la temporalidad del ser lineal y si se quiere industrial, sino el tiempo agrario de lo vegetal, de lo terrestre. Es indudable que la resistencia m铆tica, la que habita el imaginario social es una de las m谩s dif铆ciles de combatir y erradicar. El cuerpo del Inca deja de ser Atahualpa, para resignificarse en un instrumento vers谩til que regresar谩 una y otra vez a lo largo de los siglos asumiendo nuevos nombres para el mismo combate y del cual inescrupulosos pol铆ticos peruanos como Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Ollanta Umala se aprovecharon para utilizar publicidades electorales que los muestran ataviados como Inkarry. Mucho m谩s interesante resulta que el emblema de la reforma agraria que lleva a cabo el general Velazco Alvarado utiliz贸 la cabeza de T煤pac Amaru II que encarna el retorno de Inkarry, es decir una cabeza-semilla y por lo tanto resulta m谩s que pertinente emplearla en dicha reforma.

III Es vox populi la tremenda crueldad del suplicio aplicado a Jos茅 Gabriel Condorcanqui conocido como T煤pac Amaru II. Despu茅s de obligarlo a presenciar la tortura y ejecuci贸n de su mujer Micaela Bastidas junto a sus hijos Hip贸lito y Fernando, el sumario del corregidor Jos茅 Antonio de Areche ordena cortarle la lengua y amarrar sus extremidades a cuatro caballos para despedazarlo. Los miembros, tras ser exhibidos junto con su cabeza, son quemados y esparcidas las cenizas. M谩s all谩 del terrible suplicio padecido en 1781 por el rebelde, debemos advertir que semejante crueldad es un indicativo del terror experimentado por los funcionarios realistas ante la mayor insurrecci贸n de la 茅poca Colonial que paradojamente dur贸 apenas medio a帽o pese a extenderse desde Ecuador a la Argentina. Un especialista en el levantamiento como Boleslao Lewin en su formidable y documentada investigaci贸n habla de cien mil muertos y un n煤mero varias veces mayor de desplazados que huyen de la zona de conflicto para evitar la represalia (Lewin 2004). Aunque nunca se mat贸 en la Colonia tanta gente en tan poco tiempo, los aires de independencia comenzaron a soplar cada vez m谩s recios y la desmesurada crueldad es el s铆ntoma de una administraci贸n que asiste al colapso de su mundo que intent贸 detener el paso del tiempo con r铆os de sangre.

Desaparecido T煤pac Amaru II, el corregidor Areche decreta una suerte de castigos f谩cticos y otros de car谩cter simb贸lico para “las indiadas rebeldes”. En un intento por modelar el cuerpo del adversario a la propia imagen y semejanza, dado que la vestimenta es un n铆tido referente identitario, ordena la utilizaci贸n de ropas y peinados peninsulares, proscribe los trajes y bailes de indios “que solo sirven para representarles los que usaban sus antiguos Incas, record谩ndoles memorias que influyen en concitarles m谩s y m谩s odio a la naci贸n dominante, fuera de ser su aspecto rid铆culo y poco conforme 谩 la pureza de nuestra religi贸n, pues colocan en varias partes de 茅l al Sol”. Tambi茅n los retratos de sus Incas pasan a alimentar las hogueras de la represi贸n. No deb铆a quedar nada, e incluso ordena el empleo obligatorio del castellano prohibiendo el quechua, un idioma que en su momento fue una lengua franca que facilit贸 la Conquista. Buscan destruir la identidad de todo un pueblo. La represi贸n apunta a la memoria, a la palabra y tambi茅n al futuro que se avizora oscuro. Justamente el castigo simb贸lico m谩s estructural y que guarda relaci贸n con el porvenir es el que luce como m谩s il贸gico. Areche ordena que la casa natal del rebelde “sea arrasada 贸 batida y salada 谩 vista de todos los vecinos del pueblo 贸 pueblos 谩 donde las tuviere 贸 existan”. Un escribano real da fe que el solar donde naci贸 Condorcanqui es desmantelado piedra por piedra por los soldados que a continuaci贸n esparcen enormes cantidades de sal gruesa con el fin de esterilizar el suelo natal que concibi贸 semejante rebelde.

驴Acaso el suelo del Corregimiento de Tinta produce algo m谩s que papas? Las actitudes de unos y otros as铆 parecen confirmarlo. La cabeza de T煤pac Amau para los suyos es un fruto m谩gico, un sue帽o eterno de esperanzas y para los realistas una pesadilla de horror. Es una planta que crece y se incorpora y camina. Por eso es necesario neutralizar el espacio que le dio vida. Necesitan matar la semilla, amedrentar la tierra, esterilizar el suelo. Debe castigar esa tierra paridora. La idea que subyace busca impedir que nadie semejante brote y florezca en ese terreno. Procuran impedir por todas las formas, el regreso del Inca esterilizando la potencia germinativa del suelo natal que produjo aquella cabeza rebelde. Realmente se trata de un exorcismo m谩gico que apunta a anular aquel portal por donde vino al mundo. Destruirlo y esterilizarlo de nuevos nacimientos, de nuevos retornos, por eso se ensa帽an con la tierra misma que gener贸 semejante rebelde que cuando eligi贸 su nombre real, decidi贸 asumir el nombre de T煤pac Amaru, el del 煤ltimo Inca capturado en Vilcabamba en 1572 y as铆 continuar el ciclo de retornos.

Asesinato de Tupac Amaru

IV Cuatro d铆as despu茅s de ordenar la ejecuci贸n de Augusto Sandino conocido como “el general de hombres libres”, el jefe de la Guardia Nacional (GN) Anastasio “Tacho” Somoza anunci贸 la creaci贸n de una comisi贸n investigadora “para averiguar los deplorables sucesos ocurridos la noche del 21 de febrero de 1934” fecha en que Sandino tras cenar en la residencia del presidente Juan Sacasa, fue detenido, conducido a un descampado y ejecutado junto a dos colaboradores cercanos por Somoza. Precisamente Sandino hab铆a acudido a la reuni贸n para exponer sus quejas ante los abusos y arbitrariedades cometidos por la GN manejada por Somoza. Realmente el caso no era para que ning煤n detective se devane los sesos buscando pistas e indicios ocultos. Era sabido por todos que “Tacho” lo hab铆a mandado ejecutar utilizando a sus oficiales m谩s confiables. Es m谩s, la misma noche del crimen fue personalmente “a tomar vista” del cad谩ver.

El cuerpo del “general de los hombres libres” fue conducido al campo de Larreynaga, frente al lago de Managua donde le despojaron de todas su pertenencias, le quitaron la ropa, su anillo matrimonial y lo arrojaron a una fosa no sin antes profanarlo. La plana mayor de la GN hizo un juramento de silencio e incluso firm贸 un acta, o m谩s bien un pacto de sangre donde acordaron la eliminaci贸n de Sandino, una suerte de comida tot茅mica con objeto de socializar el crimen. El documento menciona incluso que el embajador de EEUU Artur Bliss Lane “aprueba el asunto”. Su ejecuci贸n supuso tambi茅n el ataque al campamento de Wiwil铆 donde la GN elimina medio millar de sandinistas junto con sus mujeres e hijos tal como Gregorio Selser lo describe con pruebas contundentes.

Una versi贸n afirma que Somoza manda matar a los enterradores para que nadie, excepto 茅l, supiera la ubicaci贸n real de los restos. Otra, asegura que el cad谩ver del h茅roe de las Segovias permaneci贸 en la fosa original hasta 1944. En ese entonces, grandes protestas sociales sacuden Nicaragua y “Tacho” Somoza, temeroso que los opositores descubran la ubicaci贸n del cuerpo y lo utilicen como emblema contra su gobierno, manda desenterrar los restos, los incinera y luego esparce las cenizas por el lago Managua, acciones que supervisa personalmente. En cualquier caso, se mantiene el terror causado por aquel portador del emblem谩tico sombrero alado. Hacia 1979, “Tachito” Somoza constat贸 en carne propia lo in煤tiles que resultaron los desvelos de su dinast铆a para cegar la vitalidad insospechada del cad谩ver a quien el pueblo sigui贸 teniendo presente como estandarte y que retorn贸 con el del Frente Sandinista. Una vez en el poder, el FSLN intento ubicar aquellos restos legendarios. Afortunadamente no lo lograron, permaneciendo de ese modo en alg煤n lugar de Nicaragua, es decir, en todos los valles y montes sacralizando la totalidad de la geograf铆a. No ocurri贸 lo mismo con Guevara.

Sandino

V Cuando en julio de 1952 fue evidente que Eva Per贸n atravesaba sus 煤ltimos d铆as devorada por una enfermedad que los mejores m茅dicos no lograba detener, en las paredes de Buenos Aires aparecieron pintadas con una frase contundente: “隆Viva el C谩ncer!”. Ella concentraba un odio visceral que iba m谩s all谩 de lo ideol贸gico. La odiaban por su condici贸n de mujer, por haber hecho su propio camino, por artista, por volcarse a la pol铆tica con una vehemencia jam谩s superada en una 茅poca donde la cocina era el h谩bitat natural de la mujer marginada en una sociedad patriarcal donde no ten铆a voz ni voto. Su vida fue un torbellino y fallece a los 33 a帽os a la edad en que Cristo sube al calvario, ella atraviesa el v铆a crucis de su enfermedad, datos que fueron le铆dos como un signo al igual que ser portadora del nombre de la mujer primigenia. Su deceso se produjo en el Palacio Unzu茅 en ese entonces residencia presidencial. Tras el golpe de Estado que derroca a Per贸n el Palacio fue demolido piedra por piedra. Y como si se tratase de un exorcismo para desterrar el “aluvi贸n zool贸gico de la negrada” en ese espacio levantaron la Biblioteca Nacional como signo de cultura frente a la supuesta incultura peronista. Evita, la abanderada de los humildes se transforma en la Jefa Espiritual de la Naci贸n y ese mismo 26 de julio cuando muere se procede a embalsamar su cad谩ver.

El velatorio con honores de Jefe de Estado aunque jam谩s tuvo cargo p煤blico dura m谩s de dos semanas para que dos millones de personas le expresen su 煤ltimo adi贸s. Finalmente el 11 de agosto sus restos son trasladados al edificio de la GCT, donde durante meses se perfecciona el embalsamamiento. El cuerpo es cubierto por un cristal y sostenido por cuerdas transparentes en medio de un sal贸n del segundo piso. Todos concuerdan que esa “bella durmiente” levita en el denso aire de la sala. La extraordinaria devoci贸n que su figura produce en vida, tras el deceso se convierte r谩pidamente en un paradigma celestial que el libro de lectura para 2掳 grado El hada buena de 1954 plantea con sencillez “Lleg贸 de lejos. Era rubia. Era linda. Era buena. Se hizo famosa. Contemplo el dolor de los pobres y quiso aliviarlos en su desdicha. Ning煤n clamor fue deso铆do. Pero su vida era la de una flor delicada. Y su paso por la Tierra deb铆a ser breve”.

El golpe de Estado de 1955 termina secuestrando el cad谩ver como una forma de contrarrestar su poder. Pensaron quemarlo, arrojarlo mar adentro y otras ocurrencias truculentas, sin embargo los golpistas eran ultra cat贸licos y por ende deb铆an darle una sepultura cristiana. Conscientes que en Argentina es imposible guardar un secreto descartan mil maneras de inhumarla de modo an贸nimo. Por lo pronto se desquitaron con un hurac谩n iconoclasta destruyendo bustos, quemando retratos, incluso mencionar su nombre era motivo para ser encarcelado. Pronunciar su nombre equival铆a a convocarla del m谩s all谩. No cabe duda que toda Latinoam茅rica es adicta a la magia, a la realidad fant谩stica. Era indudable que esa muerta se hab铆a convertido en un fetiche que produc铆a un temor reverencial.

Entre tanto, el cuerpo va a deambular de un lado a otro temerosos que un comando peronista lo recupere. Lo llevan a casas particulares de militares, permanece meses en una furgoneta, en un deposito militar, oculto en el Servicio de Inteligencia, la paranoia de los profanadores llevan a esconderlo tras el tel贸n de un cine con funciones diarias. El cuerpo es una braza ardiente. No saben qu茅 hacer. Finalmente, con la anuencia de la Iglesia lo trasladan a Italia y lo entierran en Mil谩n en una tumba con otro nombre. Tras casi veinte a帽os y arduas negociaciones la devuelven a Per贸n en su residencia de Madrid donde estaba exiliado, que extra帽amente cuando regresa a la Argentina lo deja all铆. Reci茅n tras el fallecimiento del general en 1974 Eva regresa a la Argentina donde la instalan en la Quinta de Olivos. Tras el golpe de 1976, los militares entierran su momia en la Recoleta en la cripta de la familia Duarte a casi diez metros de profundidad en donde deber铆a encontrarse hoy.

VI Ernesto Guevara Lynch de la Serna fue apresado con vida en la Quebrada de Yuro el 8 de octubre de 1967. Las 煤ltimas fotos lo muestran como un animal arisco, sucio y desarrapado, al que logran sujetar a tiro limpio. A la ma帽ana siguiente, Bolivia informa que Guevara hab铆a muerto en combate el d铆a anterior. Una vez ejecutado, lo exponen como un trofeo de caza mayor en aquella mesa rodeado por agentes y militares ufanos de exhibir y exhibirse junto al cad谩ver de la presa cautiva. En ese momento de auge revolucionario, es necesario mostrar que el muerto est谩 bien muerto, incluso ser bien expl铆citos por eso exponen el pecho descubierto de Guevara con los orificios de entrada de los proyectiles, mostrar que est谩 vencido, que yace inm贸vil, que la rebeli贸n frente a la organizaci贸n de la miseria no tiene sentido ni futuro. El torso desnudo con los impactos de las balas ense帽a aquello que el poder desea demostrar a la sociedad y creer para sus adentros, que Guevara no es inmortal, que la revoluci贸n se puede matar, s贸lo es cuesti贸n de perseverancia y de tropas entrenadas.

Este hombre singular que hab铆a combatido en Cuba donde fue Ministro de Industria hasta que ensill贸 nuevamente a Rocinante y parti贸 al 脕frica, marcando en cierto sentido un camino que luego seguir铆a la Revoluci贸n auxiliando Angola, pero Bolivia fue la vencida. Todo result贸 mal desde casi el comienzo como se desprende no solo del final, sino sobre todo por las p谩ginas de su Diario. Tras ser ejecutado sus restos y los de sus compa帽eros fueron enterrados clandestinamente constituyendo la ubicaci贸n de la fosa, uno de los secretos mejor guardados por los uniformados del altiplano que no se caracterizan precisamente por mantener la boca cerrada. Un dato adicional, le amputan las manos para proceder a la identificaci贸n de sus huellas dactilares para que no hubiese duda de su identidad. La idea era que su tumba no se convirtiera en un santuario revolucionario. Euf贸ricos con la exhibici贸n de la presa, sus matadores no reparan en los ojos abiertos del cad谩ver exhibido en la mesa de aquella escuelita. Cuentan que ya muerto le abrieron bien los parpados para que no quedara duda de su identidad. La fuga que no logr贸 aquel cuerpo cercado por rangers bolivianos lo consigue aquella mirada tan fija de Guevara que se les escapa en los negativos de las c谩maras fotogr谩ficas. La mirada se fuga aunque lo sigan viendo expuesto sobre aquella mesa. Muerto, su cuerpo se liga a ese espacio donde lo exhiben y su memoria ingresa al mito y es aun m谩s peligroso que cuando estaba en el monte.

Sin embargo treinta a帽os despu茅s, en octubre de 1997, los escasos vestigios esqueletarios que sobrevivieron a la voracidad de la tierra, fueron identificados por el equipo de Antropolog铆a Forense a la vera de un aer贸dromo militar en Vallegrande. Obviamente carec铆a de manos. Tras ser llevados a Cuba se realiz贸 una solemne ceremonia para depositarlo en un mausoleo de Santa Clara. Las c谩maras mostraron a dos soldados muy altos que en actitud marcial portaban el peque帽o f茅retro donde hab铆an reducido a la leyenda. S茅 que pocos estar谩n de acuerdo conmigo, pero soy honesto y es lo que pienso, m谩s all谩 que todas las vidas son importantes, Guevara no era un desaparecido m谩s en un Continente azotado por esa marea asesina, era una leyenda y como tal deb铆a continuar habitando su espacio m铆tico. M谩s all谩 de entender los motivos de su familia como la intenci贸n pol铆tica de Cuba por repatriar a Ernesto Guevara, esos huesitos en esa peque帽a caja mortuoria distan tanto de aquel hombre a quien no le alcanzaba el d铆a para construir un mundo que imaginaba factible y ni que decir sobre la geograf铆a boliviana que perdi贸 su sacralidad.

Pienso que extirparlo de aquella tierra que nutri贸 su sangre, un acto que si bien se realiz贸 en forma respetuosa, no por eso deja de tener ciertos visos de profanaci贸n geogr谩fica para terminar encapsul谩ndolo en ese m铆nimo f茅retro en las ant铆podas de lo que fue aquel cuerpo. Guevara no era un detenido desaparecido que es identificado en una fosa com煤n como por ejemplo El Pozo de Vargas[1] cuya recuperaci贸n cierra una b煤squeda y da cierto consuleo a sus familiares, Guevara era un muerto singular una leyenda que habitaba un enorme territorio. El mito se convirti贸 en un vestigio arqueol贸gico. Lo momificaron convirti茅ndolo en una pieza de museo. Su repatriaci贸n acab贸 por desacralizar aquella vasta y an贸nima geograf铆a que lo albergaba. Durante a帽os estuvo en “alg煤n lugar” que pod铆an ser todos para situarlo luego en un muy peque帽o sitio puntual. Hoy la banalizaci贸n de su rostro en remeras, tatuajes y llaveros no hace m谩s que confirmar que todo lo que ingresa etiquetado a un museo posee una suerte de sello que garantiza ser un vestigio del pasado.

VII La muerte y los muertos que son una suerte de adelanto de la nuestra jam谩s dejaron de perturbar desde el inicio de la cultura, siempre provocaron sensaciones ligadas con el respeto, con lo incompresible y sobre todo con el temor ante la posible venganza que podr铆a suscitar su retorno o permanencia entre los vivos. Claro que unos provocan m谩s miedo que otros. Por eso el tratamiento dado por EEUU al cad谩ver del jeque saudita Osama Ben Laden sirve como disparador para advertir como la corporalidad esta ligada a la memoria de unos y a la desesperaci贸n que por momentos se advierte en otros para desintegrarlo de la geograf铆a sin hablar de lo veloz que fue la fabricaci贸n de un ex amigo en enemigo. Las im谩genes tienen necesidad de mostrar y adoctrinar como lo han expuesto con desparpajo durante generaciones las l谩minas escolares que manipularon nuestra infancia. Poseen una capacidad discursiva desde el comienzo de la historia. Lo advertimos en los inicios del arte parietal con la imposici贸n de las manos sobre el contorno de alg煤n animal que se desea cazar.

Desde siempre se manejaron las representaciones, basta ver el tratamiento del tama帽o de la figura descomunal de alg煤n fara贸n y la multitud de sirvientes que no le llegan a la rodilla. Se帽ores y vasallos, transitan una dial茅ctica circular donde el emisor siempre es el poder. El receptor, invariablemente es el que obedece, sean los esclavos de ayer o los ciudadanos de hoy. Tambi茅n, y como supongo los lectores lo habr谩n advertido, es tan importante la presencia de la imagen como su ausencia, algo que toda potencia conoce a la perfecci贸n y que EEUU demostr贸 hace algunas d茅cadas con la Guerra del Golfo y de la cual hasta Jean Baudrillar acab贸 intoxic谩ndose con su propio texto La Guerra del Golfo no ha tenido lugar una ocurrencia del centrismo occidental con el que seguramente ninguno de los millares de iraqu铆es muertos y heridos coincidir铆a. M谩s tarde en Afganist谩n, ocurri贸 otro tanto, los muertos propios y ajenos, el material que m谩s abunda, es lo que est谩 m谩s ausente, sobre todo los muertos propios, a diferencia de lo ocurrido en Vietnam donde permitieron a la prensa que pudiera estar donde los llevara la noticia, algo que constituy贸 un grave error semiol贸gico que jam谩s volver铆an a repetir.

Ya el mismo Hern谩n Cortes hab铆a dado temprana c谩tedra en ese sentido al enterrar a escondidas a los primeros soldados muertos por los aztecas e incluso a sus caballos para mantener la idea de absoluta superioridad sobre el adversario. Adem谩s de no desmoralizar al frente interno, la idea que subyace en la manipulaci贸n medi谩tica del Pent谩gono es demostrar la inmortalidad propia, mientras que el enemigo posee una muerte invisible, una muerte de desaparecido que aturde y perturba en una guerra que si tuvo lugar, pero se trata de una muerte que no importa, la muerte de los seres multitudinarios que no conviene mostrar para seguir desempe帽ando el papel del muchacho bueno de la pel铆cula. Los muertos solo tienen existencia si se ven, muertos contantes y sonantes, de lo contrario habitan esa entidad macabra que constituyen las estad铆sticas. Las bajas enemigos son datos num茅ricos que pertenecen a la imaginaci贸n, o muestran que no los muestran y es una manera de poner de relieve la inocencia del victimario y de quien consume la noticia al hacernos participar de una comida tot茅mica en muertes no vistas que alguien produce y otros consumen, la complicidad es compartida y por ende se aplica el axioma de Fuenteovejuna, si todos participan ninguno es culpable eso garantiza la comida tot茅mica.

Me interesa ejemplificar con un caso. Tras la ejecuci贸n sumaria de Ben Laden en 2011 decretada por el premio Nobel de la Paz Barak Obama su administraci贸n debati贸 sobre “la conveniencia” de mostrar el cad谩ver mediatizado a trav茅s de una foto para que todos se convencieran de que el mito hab铆a sido neutralizado. Finalmente, dado el car谩cter “atroz” del estado de Ben Laden, deciden no facilitarla. El Pent谩gono asegura “que se trata de una imagen muy cruda en la que aparece pr谩cticamente destrozada la cara del l铆der de Al Qaeda”. En lugar de apreciar lo que quedaba del cr谩neo del saudita, tuvimos oportunidad de observar a Obama y su gabinete mirando por TV la cacer铆a y asesinato en directo y detenernos en la impresi贸n que la escena le provoc贸 a Hilary Clinton tap谩ndose la boca ante la manera de impartir justicia por el gobierno dem贸crata del cual formaba parte activa.

En esa imagen que tuvo visitas record en la red el gabinete observa aquello que no nos muestran. Para nosotros resulta suficiente el gesto de la sensible Hilary. La imagen es “atroz” y los 煤nicos capacitados para enfrentarla son los funcionarios imperiales que desde hace siglos, al igual que imperios anteriores nos protegen de diablos, indios y terroristas tan diversos como oportunos. El Poder indica que podemos ver, y a su vez nos muestran lo que no nos muestran y solo ellos tienen capacidad de mirar ostentando una permanente tutela sobre nuestra minoridad perceptiva. No olvidemos el mismo Dios en persona a poco de comenzar su creaci贸n prohibi贸 comer del 谩rbol del conocimiento del bien y del mal… Los motivos de Jehov谩 y de la Administraci贸n de EEUU son altruistas, para preservarnos. M谩s all谩 de la notable confusi贸n de las propias informaciones de Washington sobre el asesinato del l铆der de Al-Qaeda, es significativo que una vez muerto Ben Laden no concluye su capacidad para provocar terror, por eso su cad谩ver es capturado y contin煤a teniendo la misma importancia y peligrosidad como si estuviera vivo.

La Naci贸n sentencia: “Despu茅s de un tiroteo, mataron a Osama ben Laden y tomaron su cuerpo bajo custodia” (04/05/2011). Pese al eufemismo “custodia”, la frase es contundente. El cuerpo sigue siendo peligroso y sus matadores deben protegerse de la energ铆a que emana del mismo. Se convierte al igual que los ejemplos anteriores en un problema casi insoluble que es necesario neutralizar. Nos cuentan, sin mostrar escena alguna que su mortaja fue arrojada al oc茅ano 脥ndico desde un portaviones. Para hacer m谩s promiscuo el mamarracho, aseguran haber cumplido “escrupulosamente” el ritual musulm谩n, tirando tambi茅n por la borda la normativa que establece esa misma liturgia que ordena enterrar los cuerpos en tierra en direcci贸n a la Meca.

VIII El poder trata de matar por segunda vez a ciertos personajes al disponer de sus restos para convertirlos en una muerte en standby o suspendida apuntando siempre a su desaparici贸n de la memoria borrando todo rastro posible. Una situaci贸n que pone en evidencia que el cad谩ver no es libre ni siquiera de morir como debe ser… Por el contrario, toman de reh茅n a los despojos para evitar que su corporalidad asuma el rol de un s铆mbolo que indudablemente est谩 m谩s all谩 de s铆 mismo. Los primeros obreros muertos en una conmemoraci贸n de 1掳 de mayo en Buenos Aires en 1904 durante el gobierno de Julio Roca fueron secuestrados por la polic铆a en pleno funeral para que no hubiese muertos. Incre铆ble pero real. La destrucci贸n corporal no es suficiente como explique al hablar de T煤pac Amaru o Sandino. El espacio que ocupa la memoria de la corporalidad ausente se transforma en un problema grave, una cuesti贸n de Estado como evidencia la expresi贸n Hilary Clinton. Y el poder se desespera con esa suerte de monstruo y lo descuartiza, lo incinera, lo arroja a una fosa secreta, lo exhibe en triunfo como un crucificado de ojos abiertos o lo arroja al mar desde los vuelos de la muerte como sucedi贸 en Argentina. Pero el cuerpo les sigue molestando. Es necesario proscribir los recuerdos, borrar la memoria del imaginario social.

Pero la historia vuelve a repetirse coincidiendo con aquel bando del corregidor Areche que sentencia a T煤pac Amaru prohibiendo “recordar memorias” e incluso hablar en quechua. Y el poder vacila entre mostrar o no mostrar al cad谩ver. Occidente es el inventor de la muerte as茅ptica, quir煤rgica y limpia, casi inexistente por eso opta por mostrar que no lo muestra, lo guarda para s铆, una muerte que no muere y permanece en ese impasse jur铆dico que implica la categor铆a desaparecido. Sin embargo tal acto conjuratorio no le alcanza para disolver el cuerpo temido que sigue estando y sus cenizas, sus huesos y sus nombres contin煤an esgrimiendo una resistencia que resulta imposible de exorcizar, como lo demuestra el ejemplo de T煤pac Amaru transformado en Inkarry cuyo descuartizamiento no hizo m谩s que multiplicarlo en una enorme geograf铆a de la que va a regresar y de la que me ocupar茅 en otro momento hablando sobre la geograf铆a sagrada. Es lento, pero viene…

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[1] Ubicado en Tucum谩n, es el sitio de Argentina donde fueron arrojados m谩s de un centenar de detenidos desaparecidos por la Dictadura de 1976.

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Fuente: Lahaine.org