September 6, 2021
De parte de Contrainformacion Anarquista
192 puntos de vista


El siguiente texto es el discurso del anarquista Alfredo Cospito, actualmente encarcelado en Terni, para el debate sobre el libro ¿Qué Internacional?, celebrado en el marco de la segunda edición de la iniciativa “TERRA D’AMORE E LIBERTÀ” (Tierra de Amor y Libertad), dos jornadas de edición anarquista en Calabria centradas en el internacionalismo y la continuidad revolucionaria, en Grisolia los días 23 y 24 de agosto de 2021.

Últimamente me pregunto con qué cara un anarquista que lleva diez años preso como yo pretende expresar un análisis «realista» del presente, del movimiento real fuera de estas cuatro paredes. La entrevista con «Vetriolo» me pilló todavía relativamente empapado de realidad, fuera de la lucha, todavía convencido de tener una visión «realista» y objetiva del mundo. ¿Qué internacional? es el resultado de treinta años de lucha practicada, de golpes infligidos y recibidos, de afinidades y amistades nacidas y luego cortadas traumáticamente por el muro de una prisión. Resumiendo, hoy puedo decir con cierta convicción que los únicos momentos en los que tuve la certeza de haber contribuido a cambiar las cosas fueron aquellos en los que choqué concretamente con el sistema, en los que arriesgué mi libertad y mi piel. En esos momentos que viví, me sentí más vivo que nunca. Y el placer que sentí fue incomparable, sólo comparable al amor por los propios o por la pareja en los momentos más intensos de pasión. Recuerdo cuando, de joven, me parecía imposible emprender acciones concretas, el nivel de profundización siempre me parecía insuficiente, las habilidades prácticas que tenía no parecían estar a la altura, no sabía por dónde empezar, al principio uno se siente inepto, incapaz… Esperaba una sugerencia, un comienzo de mis compañeros más experimentados. A menudo, a cambio de mi entusiasmo, recibía una buena dosis de «realismo» que amortiguaba o corría el riesgo de amortiguar cualquier «ambición» revolucionaria, cualquier impulso a la acción. Por increíble que parezca, el «realismo» a veces hace imposible cualquier acción, cualquier impulso. Sólo salí de esta especie de «callejón sin salida» cuando decidí, de forma torpe, imprudente, loca y provocadora, armar mis manos. Entonces todo se volvió «fácil», fracaso tras fracaso, paso a paso, las cosas empezaron a funcionar. Busqué a mis compañeros y los encontré, nos reconocimos, haciendo del rechazo a la delegación y la espera nuestra brújula. Han pasado muchos (quizás demasiados) años desde aquella época y hoy me encuentro en el otro lado, anarquista «navegado» con más «experiencia». Y lo que me apetece decir es, sencillamente, que sigas tu instinto y no hagas demasiado caso a la prudencia de quienes, desde la altura de su propia vida «vivida», instan a la moderación. Porque el dicho popular «se nace pirómano y se muere bombero» no es tan descabellado. Cada día aquí dentro lucho conmigo mismo para seguir siendo lo que era, y no siempre lo consigo. En mis palabras, a veces veo lo que siempre he combatido: el oportunismo, el paternalismo, el realismo… la «política». Dinámicas que corren el riesgo de hacerme olvidar lo hermoso que era comunicarse sólo a través de gestos de destrucción y las palabras que los seguían. Cuando no corría el riesgo de convertirme en un «punto de referencia», cuando era un completo desconocido. Y las estupideces que decía se quedaban en los confines de mi propia boca, y nadie se daba por aludido. Lo tragicómico es que la «metamorfosis» es casi indolora y no nos afecta sólo a los presos, sino quizá más a los que fuera de estos muros lidian cada día con una realidad que tiende a normalizarse. El «realismo» te arrastra a un continuo declive que te lleva a juzgar a los que siguen siendo «ellos mismos» como ingenuos, provocadores, infantiles, ilusos.

Me alegra que los compañeros calabreses del espacio anarquista «Lunanera» me hayan invitado a decir unas palabras de presentación para el folleto publicado por Monte Bove, ¿Qué Internacional? Me alegro especialmente porque, como abruzzés, creo que el trabajo editorial de los compañeros calabreses es muy importante porque pone de manifiesto la importancia que el anarquismo del sur de Italia ha tenido en nuestra historia. Una de las características de este anarquismo han sido históricamente sus posiciones antiorganizativas e informales. Sólo hay que recordar a Di Giovanni y Schicchi y, más recientemente, a Leggio y Bonanno. ¿Qué Internacional? está en esa línea, toda la experiencia informal de la Federación Anarquista Informal está en esa misma línea. La «línea» de la informalidad y el anarquismo antiorganizativo del que la organización informal es el punto de apoyo. La FAI y la FAI-FRI fueron un intento de dotarse de una estructura fluida, de crear una comunicación básica a través de acciones. Fuera de toda idiotez sectaria y cháchara demencial. Nunca me cansaré de repetirlo. La palabra sólo va para los que arriesgan su piel y su libertad haciendo huelga. La charla de la que hablo es la de la web. Últimamente he estado pensando mucho en estas dinámicas, también gracias a algunos compañeros. Internet nos permite comunicar con rapidez las acciones y los mensajes que las acompañan. Pero al mismo tiempo nos aturde con un continuo ruido de fondo compuesto por una miríada de delirios producidos por los comentarios de los espectadores aplaudidores o hipercríticos (que al fin y al cabo son la misma cosa). Espectadores que, para dar sentido y «radicalidad» a su existencia, emiten juicios sumarios creando ridículos tribunales de «pureza» revolucionaria. Este no es un preso anarquista por lo que no es digno de solidaridad, ¡pero ese sí! Se lo merece todo, tiene un hermoso pedigrí… ¡qué triste! Por no hablar de los «ideólogos» de turno que tratan de enjaular un fenómeno intrínsecamente caótico como la «internacional negra» en jaulas «ideológicas» y esquemas simplistas que revelan obtusidad y distancia con la dinámica de la acción practicada. Para salir de este atolladero, en mi opinión, hay que actuar por una doble vía. Dos vías como dos líneas paralelas que no se cruzan pero que van en la misma dirección. El estudio histórico y teórico que saca a la luz las estrategias organizativas llevadas a cabo en los últimos años. Y la otra vía, la de la lucha real y concreta que aportamos con nuestras propias manos para construir, día a día, acciones, resistencias, coordinaciones, luchas de presos, colectivos, grupos de acción, organizaciones informales o específicas a las que damos nuestra contribución. Lo que me gusta llamar «experimentación revolucionaria», que no es otra cosa que la búsqueda de la herramienta adecuada para desencajar este mundo. Dos niveles diferentes, uno a la luz del día, que en mi opinión sigue encontrando en la página impresa un instrumento adecuado para transmitir un análisis en profundidad, una reflexión sobre esas dinámicas pasadas que ojalá puedan enseñarnos algo, inspirarnos. La otra, el plan de la lucha concreta que cada uno de nosotros cultiva con sus compañeros, que ciertamente no puede agotarse en la prensa de un libro.

La vida de un anarquista, de un rebelde, de un revolucionario encuentra (en mi opinión) plenitud y realización sólo cuando se relaciona con la vida, cuando te ensucias las manos con la mierda que nos rodea. Puede ocurrir de muchas maneras, cada uno encuentra la suya. La violencia anárquica es mi forma de cambiar las cosas. La visión que me interesa es la que trata de la forma en que se organizaron los que nos precedieron. Para entender a partir de sus éxitos o fracasos cómo actuar hoy, inmediatamente. Con los compañeros de «Lunanera», junto con otras editoriales anarquistas, hemos iniciado un camino editorial de profundización de algunas experiencias históricas de lucha armada de tipo libertario y anarquista que en las últimas décadas han atravesado la escena revolucionaria. Nuestro primer trabajo será el Movimiento Ibérico de Liberación – Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista. Sin embargo, es consciente de que la vida está en otra parte, en la lucha. Para terminar, quiero reiterar el concepto inicial dirigido a los hipotéticos nuevos camaradas que en mi enferma fantasía escucharán estas palabras.

Sigue tu instinto, tu rabia, no escuches demasiado a los compañeros concienciados. Lánzate a la lucha, en el peor de los casos habrás vivido una vida con algunos riesgos y sufrimientos más, pero también llena de pensamientos felices, placeres y satisfacciones. Quizás contribuyendo a cambiar las cosas, y por qué no… a marcar la diferencia. Como decía una vieja canción anarquista, «lo ideal es la acción».

Un abrazo anarquista y revolucionario a todos los compañeros presentes.

Siempre por la anarquía,

Alfredo Cospito
Prisión de Terni

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Fuente: Contramadriz.espivblogs.net