November 29, 2022
De parte de Briega
144 puntos de vista

El contexto pol铆tico general

La transici贸n espa帽ola a la democracia fue un periodo complicado, conflictivo, plagado de dificultades y obst谩culos. La valoraci贸n sobre su devenir resulta hoy m谩s pol茅mica que nunca; si durante algunos a帽os el discurso hegem贸nico traz贸 un panorama casi id铆lico, calificando el periodo como ejemplar, hasta el punto de constituir un modelo para las transiciones que vendr铆an despu茅s (Am茅rica Latina y Europa del Este, fundamentalmente), la irrupci贸n de nuevas generaciones al mando de la pol铆tica espa帽ola, la distancia respecto al horror de la guerra, la desaparici贸n de los miedos que condicionaron la intervenci贸n de la ciudadan铆a tras la muerte de Franco, y sobre todo la crisis econ贸mica y pol铆tica que desde 2008 sacudi贸 nuestro pa铆s y Europa en su conjunto propiciaron una trasformaci贸n de la mirada; se difundieron entonces discursos muy cr铆ticos con el sistema resultante de la transici贸n a la democracia, denominado peyorativamente r茅gimen del 78, enfatizando los elementos que efectivamente perturbaron la implementaci贸n de una democracia avanzada en nuestro pa铆s, como la extensi贸n de la corrupci贸n que ligaba poderosos intereses econ贸micos con las elites pol铆ticas, devenidas en casta alejada de la ciudadan铆a con el jefe del estado en lugar destacado. Ya hace tiempo, no obstante, que investigadores del periodo hab铆an puesto de relieve aspectos no desconocidos, pero s铆 poco visibilizados bajo la capa de purpurina extendida sobre el conjunto. As铆, el balance de la violencia pol铆tica desplegada en esos a帽os nunca debi贸 permitir conclusiones demasiado autocomplacientes: Portugal y Grecia salieron de dictaduras con un reguero de muertos y heridos mucho menor.

Esta violencia pol铆tica tuvo varios agentes responsables. Adem谩s de la vinculada a unas fuerzas de orden p煤blico acostumbradas a actuar en un r茅gimen dictatorial, desconocedor y violador de los derechos humanos, el terrorismo fue uno de los protagonistas indiscutibles del proceso. Si ETA fue la organizaci贸n m谩s activa y letal, con notable diferencia, no cabe menospreciar la actuaci贸n de otros grupos, particularmente los GRAPO, que, como ha subrayado Gaizka Fern谩ndez, causaron m谩s muertes que la alemana Baader-Meinhof, por sorprendente que pueda parecer, dada la notable diferencia de repercusi贸n obtenida por ambas organizaciones. Tambi茅n actuaron varios grupos nacionalistas, que cometieron atentados en comunidades como Catalu帽a, Arag贸n, Galicia o Canarias, en una suerte de p谩lida imitaci贸n de las pr谩cticas de ETA.

Otro terrorismo activo y que jug贸 un papel m谩s que significativo en la transici贸n fue el de extrema derecha. Se trat贸 de una actuaci贸n protagonizada por numerosos grupos y personas, a veces de forma descoordinada y no planificada, pero unificada por los objetivos y la ideolog铆a que la animaba: esta se vinculaba a un fascismo que todav铆a se parec铆a a los que se conformaron en las d茅cadas precedentes a la II Guerra Mundial, mientras que el objetivo que un铆a a estos grupos no era otro que el restablecimiento de la dictadura. No siempre es cierto que los extremos se tocan, pero en este caso s铆 que confluyeron los intereses de algunos de estos grupos terroristas, aunque la finalidad 煤ltima fuera bien diferente; mientras la extrema derecha pretend铆a la reedici贸n del franquismo porque ese era el r茅gimen que respond铆a a su visi贸n nacionalista y totalitaria, ETA (y seguramente los GRAPO, aunque en este caso hay menos estudios que lo avalen) buscaban provocar un golpe de estado que pusiera en marcha el mecanismo 鈥渁cci贸n-represi贸n-acci贸n鈥 que explor贸 con cierto 茅xito en los 煤ltimos a帽os del franquismo. Parad贸jicamente, como pone de relieve Sophie Baby, la resultante de la violencia desplegada desde estos 谩mbitos no solo no consigui贸 sus objetivos desestabilizadores, sino que contribuy贸 a la consolidaci贸n de la v铆a reformista emprendida por Su谩rez con el apoyo de la oposici贸n, porque alent贸 los fantasmas guerracivilistas que merodearon durante el periodo. Seg煤n esta interpretaci贸n la violencia habr铆a contribuido a prolongar el temor que buena parte de las generaciones mayores mostraban ante la posibilidad de repetir las circunstancias que llevaron a la guerra civil. Es evidente que desde el gobierno se incidi贸 en esta interpretaci贸n, eludiendo otros posibles an谩lisis que podr铆an haber inclinado la situaci贸n hacia otros derroteros.

Cantabria participa del panorama descrito. Al igual que en el resto de Espa帽a (salvo Euskadi), el terrorismo con mayor incidencia num茅rica es el de extrema derecha, aunque no alcanza las dimensiones de otros ya citados, porque no se producen asesinatos (como sucedi贸 con este mismo terrorismo en Madrid o Montejurra, por ejemplo), pero que ser铆a err贸neo calificar como de baja intensidad. Su impacto y su reiteraci贸n fueron amplios, quiz谩 m谩s que por sus efectos inmediatos en forma de da帽os materiales o lesiones (que tambi茅n los hubo), por su presencia recurrente, con todo lo que ello implicaba en cuanto a condicionante del devenir pol铆tico y de la amenaza constante sobre militantes y activistas, fundamentalmente de izquierdas. Su capacidad de intimidaci贸n se vio incrementada por la inacci贸n, cuando no abierta complicidad, manifestada en la frecuente impunidad, e incluso en ocasiones colaboraci贸n, con la que contaron desde las fuerzas policiales. Hay una estrecha relaci贸n entre el discurso de la extrema derecha oficial (el denominado en la 茅poca bunker) y la violencia supuestamente de 鈥渋ncontrolados鈥, que en realidad eran habitualmente militantes de las organizaciones ultras, y en ocasiones miembros de las fuerzas de orden p煤blico, o muy directamente vinculados a ellas. Quienes recibieron las agresiones eran sobre todo militantes y activistas de las organizaciones de izquierdas, a los que se hac铆a llegar el mensaje de que no pod铆an pensar que la muerte de Franco significaba la recuperaci贸n de su actividad pol铆tica en total libertad; pero el objetivo de restringir las libertades inclu铆a tambi茅n la labor cultural de librer铆as, quioscos, cines y actuaciones musicales. Las librer铆as eran objetivo sencillamente identificable y blanco f谩cil de las agresiones. Pero tambi茅n algunas pel铆culas no gratas y grupos musicales igualmente considerados irreverentes conocieron los ataques de los nost谩lgicos del franquismo. Estos ataques respond铆an a la voluntad de los militantes franquistas de no renunciar a la censura que hab铆a impedido a la ciudadan铆a acceder a los productos culturales que desde las elites gobernantes (con un papel estelar de la Iglesia cat贸lica) se consideraban inmorales, y que inclu铆an tanto los directamente vinculados a propuestas pol铆ticamente progresistas y de izquierdas como a los relacionados con lo que desde la religi贸n oficial se consideraba atentatorio contra los valores morales establecidos. Pero m谩s all谩 de las formas concretas que pudieran adoptar los objetivos de la violencia fascista, subyace en todas sus actuaciones la finalidad de amedrentar, de hacer entender no solo a la militancia de izquierdas (activa y numerosa en la 茅poca) sino al conjunto de la ciudadan铆a que corr铆a un riesgo todo lo que se saliera de la 鈥渘ormalidad鈥 que hab铆a presidido la sociedad durante el franquismo, y que inclu铆a por supuesto una f茅rrea censura. Todos los avances que se iban logrando, siempre parciales y costosos por la lentitud de la adaptaci贸n de las leyes y por las inercias mantenidas por las fuerzas de orden p煤blico se ve铆an agravadas por la presencia recurrente de una extrema derecha violenta.

Como han puesto de manifiesto estudiosos de la transici贸n, y en concreto de la violencia ejercida durante el periodo (Baby, Casals, Rodr铆guez, Gallego), la extrema derecha fue derrotada porque, con todas las dificultades y carencias que se puedan estimar, el franquismo no volvi贸 y fue sustituido por un r茅gimen democr谩tico homologable a los del resto de Europa Occidental, pero su derrota fue relativa, porque su presencia amenazante ejerci贸 una funci贸n de freno a las demandas democr谩ticas y progresistas; igualmente, contribuy贸 a fomentar los miedos que ya subyac铆an en amplios sectores de la poblaci贸n, temerosa de reeditar una guerra civil que las generaciones mayores ten铆an muy presente. No hubo exactamente esa pol铆tica de olvido que a veces se achaca al discurso dominante en la transici贸n. M谩s bien, la presencia de la guerra civil, impl铆cita siempre y expl铆cita muchas veces, cumpli贸 un papel disuasorio respecto a las demandas de una izquierda hasta entonces recluida en las catacumbas. La presencia de la extrema derecha, adem谩s del temor inducido por su querencia por la violencia, materializado en las armas que portaban y empleaban sus militantes, supon铆a un recordatorio persistente de que las pr谩cticas franquistas segu铆an vivas en el pa铆s, y nadie pod铆a dar por hecho que no volvieran a imponerse desde el poder. La actitud de las fuerzas de orden p煤blico y los ruidos de sables procedentes de los cuarteles justificaban ampliamente el miedo. El 23 de febrero vendr铆a a certificar la raz贸n de los temores; su fracaso tendr铆a igualmente algo de incompleto: la fallida vuelta a la dictadura se vio levemente compensada por un 鈥済olpe de tim贸n鈥 que, desde el gobierno de Calvo Sotelo, y posteriormente los de Felipe Gonz谩lez, evitar铆a los excesos de un proceso que se hab铆a escapado de las manos a Adolfo Su谩rez, al menos desde el punto de vista de los sectores m谩s conservadores.

Aunque la sopa de siglas que acompa帽贸 la eclosi贸n de organizaciones pol铆ticas en los a帽os de la transici贸n tambi茅n afect贸 a quienes eran partidarios de prohibirlas, los atentados terroristas fueron reivindicados en nombre de organizaciones que en ocasiones solo serv铆an de pantalla para eludir el origen y la pertenencia de los autores. Sin duda la 鈥減artida de la porra鈥 de aquellos a帽os se vincul贸 generalmente a los Guerrilleros de Cristo Rey, pero el car谩cter de esta organizaci贸n probablemente es m谩s fluido y vers谩til de lo que la fama alcanzada pod铆a hace pensar. Tanto en Cantabria como en el resto de Espa帽a, hubo una organizaci贸n protagonista en el 谩mbito de la extrema derecha durante los 煤ltimos a帽os del franquismo y la transici贸n: Fuerza Nueva. Organizaci贸n legal, primero como asociaci贸n cultural editora de una revista y posteriormente como partido pol铆tico, las reiteradas implicaciones de sus afilados en actos violentos extendieron una sospecha que la tozudez de la realidad y las contradicciones de sus dirigentes no hicieron sino confirmar. As铆, tanto sus l铆deres nacionales como provinciales se desligaron sistem谩ticamente de las acciones terroristas cometidas por correligionarios o simpatizantes de la organizaci贸n, y expresaron su rechazo. Sin embargo, no faltan en sus proclamas justificaciones que vienen a avalar los desmanes. Por ejemplo, Blas Pi帽ar, en entrevista concedida a la Hoja del Lunes el 8 de mayo del 78 afirma: 鈥渓a violencia por la violencia, como la acci贸n por la acci贸n (鈥.), carece de sentido. Hay momentos, sin embargo, en que la violencia constituye un deber y hasta una exigencia de caridad; yo siempre hago la siguiente pregunta a los que me formulan este tema: 驴si van a violar a su esposa, 驴usted qu茅 har谩? 驴Contestar谩 usted al violento con la violencia para salvar la dignidad de su mujer? En este caso, usted es un violento. Y si no recurre a la violencia para defender a su mujer de la violencia de ese violento, 驴qu茅 es usted?鈥




Fuente: Briega.org