May 26, 2021
De parte de La Peste
253 puntos de vista


Colin Ward (1924-2010) fue un hombre cuyo compromiso con el anarquismo fue activo hasta el final de sus d铆as; arquitecto, urbanista, pedagogo, autor de numerosos ensayos (aunque, de nuevo hay que decirlo lamentablemente, escasea su obra publicada en castellano) y colaborador incansable en el grupo vinculado a la publicaci贸n Freedom. El mismo Ward, hablando de los or铆genes de sus ideas libertarias, afirm贸 en alguna ocasi贸n c贸mo logro inmunizarse en los a帽os 30 contra el dogmatismo y la idolatr铆a por Stalin que afect贸 a gran parte de la izquierda. Ello se produjo gracias a las lecturas de Emma Goldman y Alexander Berkman, provenientes de la librer铆a anarquista de Glasgow, por un lado, y a las de Arthur Koestler y George Orwell, por otro. Ward subscrib铆a la famosa definici贸n para anarquismo realizada por Kropotkin en 1905 para la Enciclopedia Brit谩nica. Pod铆a denominarse tanto socialista como anarcosindicalista, aunque consideraba que exist铆an diversos caminos para desembocar en el anarquismo, como se hab铆a demostrado en el colectivo de Freedom Press. Su cr铆tica era evidente hacia aquellos que empleaban tiempo en tratar de denostar otra facci贸n 谩crata.

En su obra Anarqu铆a en acci贸n (Enclave, Madrid 2013), Colin Ward defiende que la sociedad libertaria que nos gustar铆a ya se encuentra aqu铆 (a excepci贸n de algunos 鈥減eque帽os鈥 contratiempos como la explotaci贸n, la guerra, el autoritarismo o el hambre), enterrada bajo el peso del poder pol铆tico, de la burocracia, del capitalismo y de la religi贸n. Se niega as铆 cualquier especulaci贸n anarquista sobre una sociedad futura y se apuesta por la organizaci贸n humana producto de la vida cotidiana, capaz de superar toda suerte de inclinaciones autoritarias. Gustav Landauer lo expres贸 de la siguiente manera: 鈥渓a actualizaci贸n y reconstrucci贸n de algo que siempre ha estado presente, que existe junto al Estado, aunque subterr谩neo y desperdiciado鈥. El mismo autor aportar谩 una interesante reflexi贸n: 鈥淓l Estado no es algo que pueda ser destruido por una revoluci贸n, sino una condici贸n, cierta relaci贸n entre seres humanos, un modo de comportamiento humano; lo destruimos contratando nuevas relaciones, comport谩ndonos de diferente forma鈥. Paul Goodman, a su vez, afirm贸: 鈥渦na sociedad libre no puede ser la substituci贸n del 鈥榲iejo orden鈥 por el 鈥榥uevo orden鈥; es la extensi贸n de c铆rculos de acci贸n libre hasta que constituyen la mayor parte de la vida social鈥. Se trata de un bello punto de vista; si se comienza a mirar la sociedad humana desde una 贸ptica anarquista, se acaba descubriendo que las alternativas est谩n ah铆 en el subsuelo de la dominaci贸n socipol铆tica y que todas las personas las tienen al alcance de la mano.

Anarqu铆a es ausencia de gobierno y de autoridad, pero nunca de organizaci贸n. El gobierno se ocupa de hacer cumplir las leyes, el garante de que los propietarios de los bienes sociales los sigan controlando, excluyendo a una parte de la sociedad; el principio de autoridad garantiza, a su vez, que la gente trabaje para otros, no por su propia voluntad sino porque no tienen alternativa. Ward se帽ala que los gobernados, en gran medida y adem谩s del temor que tambi茅n puede sustentar a los Estados, mantienen a los gobernantes al tener los mismos valores: creencia en el principio de autoridad, en la jerarqu铆a y en el poder. Estas personas que, a priori, tienen esos valores y se vanaglorian de poder elegir entre diferentes 茅lites gobernantes, en su vida cotidiana sin embargo hacen funcionar a la sociedad asoci谩ndose voluntariamente y empleando no pocas veces el 鈥渁poyo mutuo鈥 con sus semejantes. La filosof铆a pol铆tica y social del anarquismo se basa, principalmente, en la tendencia natural y espont谩nea de los seres humanos a asociarse en beneficio mutuo, sin intervenci贸n de gobierno alguno.

La disminuci贸n de la espontaneidad social es consecuencia del poder pol铆tico. Se trata de una pugna entre dos principios que aparecen constantemente en la condici贸n humana a trav茅s de la historia, as铆 lo ve铆a Kropotkin: 鈥淎 trav茅s de la historia de nuestra civilizaci贸n, dos tradiciones, dos tendencias opuestas han estado enfrentadas: la tradici贸n romana y la tradici贸n popular, la tradici贸n imperial y la tradici贸n federalista, la tradici贸n autoritaria y la tradici贸n liberal鈥. Y existe una correlaci贸n invertida entre las dos, la fuerza de una supone la debilidad de la otra. Los totalitarios, del pelaje que sea, tratar谩n siempre de acabar con aquellas instituciones sociales que no puedan controlar. Muchos autores han rodeado al Estado de cierto halo metaf铆sico, algo que ha quedado como una impronta popular y que se puede comprobar en muchas conversaciones populares, pero para su definici贸n sociol贸gica no es ni m谩s ni menos que un mecanismo pol铆tico, que monopoliza la violencia, y una forma de organizaci贸n social como otra cualquiera. Sin embargo, la diferencia con otros tipos de asociaci贸n es que el Estado se arroga el poder final de opresi贸n, aparentemente dirigido hacia alg煤n enemigo exterior, pero constantemente ejercido hacia el interior. Martin Buber apunt贸 que el mantenimiento de las crisis externas latentes favorec铆a al Estado a la hora de mantener una superioridad en las crisis internas. Simone Weil declarar铆a que el gran error era observar la guerra simplemente como un episodio de pol铆tica exterior, cuando se trata del m谩s atroz acto de pol铆tica interior. El Estado usar谩 la guerra, o su amenaza, como arma contra su propia poblaci贸n.

El progresivo deterioro del Estado, el arrebatarle el poder que se ha atribuido, es necesario para potenciar lo social. Naturalmente, el objetivo no es construir otra forma piramidal distinta, sino redes de individuos y grupos capaces de tomar sus propias decisiones y decidir as铆 su destino. No est谩 nunca dem谩s el insistir en las nociones que constituyen la filosof铆a vital del anarquismo: unidades federadas en base a la acci贸n directa, y a la autonom铆a y al control de los productores. Acci贸n directa fue un concepto creado por sindicalistas revolucionarios de principios del siglo XX, que ha ido ampliando su campo a lo largo del tiempo: puede definirse como la acci贸n que tiende a una meta deseada en una determinada situaci贸n con la implicaci贸n de los propios interesados. David Wieck recuerda que estamos tan mediatizados por las instituciones autoritarias (del gobierno, o de otro tipo), que las importantes consecuencias de nuestro esfuerzo para modificar nuestro entorno quedan devaluadas o ignoradas. Tal vez, la capacidad cotidiana para la acci贸n directa es la misma capacidad para ser libre, y constituye un entrenamiento impagable. Naturalmente, la idea de acci贸n directa es indisociable de las de autonom铆a, autogesti贸n y descentralizaci贸n. Uno de los campos m谩s importantes para pr谩cticar estos conceptos es el del trabajo. Ward recuerda que no existe teor铆a t茅cnica alguna que demuestre que la autogesti贸n resulta imposible; lo que s铆 es una realidad, que constituye un obst谩culo para practicarla, son los intereses de privilegio creados en la distribuci贸n del poder y de la propiedad.

La descentralizaci贸n es inherente al anarquismo, no hay cabida para otro tipo de soluci贸n. Se trata de un determinado uso sociol贸gico de la geograf铆a, nunca del aislamiento, y el federalismo ser谩 el principio b谩sico de organizaci贸n humana. Acci贸n directa aut贸noma, descentralizaci贸n de la toma de decisiones y federaci贸n libre son las caracter铆sticas de una situaci贸n de aut茅ntica transformaci贸n social. Malatesta lo expresar谩 de la siguiente forma: 鈥淟a revoluci贸n es la destrucci贸n de todos los v铆nculos coactivos; es la autonom铆a de los grupos, de las comunas, de las regiones; la revoluci贸n es la federaci贸n libre constituida por un deseo de hermandad, por intereses individuales y colectivos, por las necesidades de la producci贸n y de la defensa; la revoluci贸n es la constituci贸n de innumerables grupos libres a partir de ideas, deseos, y apetencias afines de todo tipo, latentes en el pueblo; la revoluci贸n es la formaci贸n y disoluci贸n de miles de corporaciones, representativas, de distrito, comunales, regionales, nacionales, que, a pesar de que carecen de poder legislativo, sirven para dar a conocer y coordinar los deseos e intereses populares, y que act煤an mediante la informaci贸n, el consejo y el ejemplo. La revoluci贸n es la libertad en el crisol de los hechos, y dura mientras dure la libertad, es decir hasta que otros, aprovech谩ndose del cansancio de las masas, de las inevitables decepciones que siguen a las esperanzas exageradas, de los errores probables y de los fallos humanos, consiguen constituir un poder, el cual, apoyado por un ej茅rcito de mercenarios o proscritos, hace la ley, frena el movimiento en el punto que ha alcanzado, y entonces se inicia la reacci贸n鈥.
Malatesta sugiere que la reacci贸n ser谩 inevitable, y Ward afirma que esto es lo que crea el flujo y reflujo de la historia. Landauer dijo que todo tiempo posterior a una revoluci贸n es un tiempo previo a la revoluci贸n para aquellos cuyas vidas no se han hundido en el lodo en alg煤n momento del pasado. No existe una 鈥渓ucha final鈥, tan solo una serie de luchas 鈥済uerrilleras鈥 en diversos frentes. Es por eso que el anarquismo no es un movimiento hist贸rico, fracasado o no, sino una filosof铆a social (o socialista) coherente, que surge una y otra vez. Resulta primordial hacer ver a las personas que se trata de una importante alternativa de vida, para la que hay que buscar constantemente soluciones en el tipo de sociedad en que nos encontremos.

El orden espont谩neo

El orden espont谩neo, seg煤n la teor铆a anarquista, podr铆a definirse as铆: dada una necesidad com煤n, un grupo de personas, a costa de esfuerzos y errores, de iniciativas improvisadas y distintas experiencias, pone orden en su situaci贸n, orden que ser谩 m谩s duradero y estar谩 m谩s estrechamente vinculado a sus necesidades que el que podr铆a proveer cualquier otro tipo de autoridad impuesta desde fuera. Colin Ward se inspira en Kropotkin para dar esta definici贸n, en las observaciones del ruso sobre la historia de la sociedad humana y del estudio de los sucesos al comienzo de la Revoluci贸n francesa y de la Comuna de Par铆s de 1871. Numerosas experiencias revolucionarias, situaciones posteriores a desastres naturales y actividades en las que no se daban formas organizativas o autoridad jer谩rquica parecen confirmar la visi贸n kropotkiniana, solo en estas situaciones excepcionales el principio de autoridad es substituido por el principio de orden espont谩neo. Los anarquistas consideraran esta perspectiva como normal, a diferencia de cualquier visi贸n autoritaria.

Ward menciona diversas situaciones que confirman la teor铆a del orden espont谩neo. El Pionner Heath Centre de Peckham, al sur de Londres, a mediados del siglo XX, aporta un ejemplo sobre la organizaci贸n espont谩nea en la pr谩ctica. Diversos m茅dicos y bi贸logos decidieron, en lugar de estudiar la enfermedad, hacerlo con la naturaleza de la salud y del comportamiento sano. Constituyeron un club social con miembros subscritos en familia, compartiendo una serie de comodidades a cambio de ex谩menes m茅dicos peri贸dicos. Las personas pod铆an actuar a su antojo, expresar sus deseos abiertamente y todo ello sin leyes, reglas o dirigentes; el 煤nico control era la vigilancia de que no se formara ning煤n tipo de autoridad. Despues de ocho primeros meses de caos, con ni帽os indisciplinados que se manejaban a su antojo y hac铆an la vida intolerable para los dem谩s, el doctor Scott Williamson descubri贸 que la paz se restablec铆a si los cr铆os respond铆an a los diferentes est铆mulos que se interpon铆an en su camino. Su confianza fue premiada y en menos de seis meses el caos se convirti贸 en orden, la vida cotidiana estaba compuesta de chavales que se ba帽aban, hac铆an deporte, jugaban y, en ocasiones, le铆an en bibliotecas. Se desterraron as铆, sin necesidad de una autoridad coercitiva, las correr铆as y los gritos. John Comerford, en uno de los informes sobre este experimento, sac贸 la siguiente conclusi贸n: 鈥減or lo tanto, si se deja sola a una sociedad en circunstancias adecuadas para expresarse armoniosamente, se salva por s铆 sola y logra una armon铆a de acciones que no pueden ser emuladas por liderazgos impuestos鈥. Diversas obras recogen la experiencia de Peckham: John Comeford, Health the Unknown: The Story of the Peckhan Experiment, Londres, 1947; Innes Pearse y Lucy Crocker, The Peckham Experiment, Londres, 1943, y Biologists in Search of Material de G. Scott Williamson y I. H. Pearse, Londres, 1938. Ward menciona tambi茅n a Edward Allswort Ross (Social Control, Nueva York, 1901), el cual sac贸 la misma conclusi贸n, a comienzos del siglo XX, en su estudio de la verdadera evoluci贸n de sociedades 鈥渇ronterizas鈥 en la Am茅rica del siglo XIX.

M谩s ejemplos en esta l铆nea lo aporta gente valiente, paciente y confiada que apost贸 por comunidades de autogobierno y sin castigos para jovenes considerados delincuentes. Homer Lane ten铆a la m谩xima de que 鈥渓a libertad no se puede dar. El ni帽o la toma como un descubrimiento y un invento鈥, y fiel a ello cre贸 una comunidad de chicos y chicas enviados por los tribunales. Howard Jones (Reluctant Rebels, Londres, 1963) dijo que Lane se neg贸 a imponer un tipo de instituci贸n autoritaria copiado del mundo adulto, la estructura de autogobierno la crearon los propios chavales, lenta y dolorosamente, hasta llegar a satisfacer sus propias necesidades. August Aichhorn (Wayward Youth, Londres, 1925) dirigi贸 en Viena una casa para ni帽os inadaptados, algunos de los cuales eran especialmente agresivos y destrozaron todo lo que pudieron durante cierto tiempo; la gran confianza en su propio m茅todo, junto a un control sobrehumano para ignorar a vecinos, polic铆a y autoridades, dio sus frutos: los ni帽os terminaron por apaciguarse y desarrollaron un fuerte sentimiento de solidaridad con las personas que trabajaban junto a ellos, era la base para un proceso de reeducaci贸n a pesar de las grandes limitaciones que el 鈥渕undo real鈥 les hab铆a impuesto. Son ejemplos de gente encomiable, aut茅nticamente libres y moralmente de una enorme fortaleza para sostener un m茅todo antiautoritario. Ward se帽ala que en la vida cotidiana, a priori, no habr铆a que tratar con temperamentos tan inquietos por lo que la experiencia no tiene porque ser tan dr谩stica. De alguna manera, tendemos a presionar a los dem谩s para llevar a cabo una tarea com煤n, y siempre existe el riesgo de que se genere alg煤n tipo de autoridad debido a una aparente falta de objetivo o a que el tiempo se extienda tediosamente hasta que se forme un orden espont谩neo. Puede definirse este riesgo como el de un hatajo autoritario, en aras de una supuesta rapidez y eficacia, con la consecuente imposici贸n de un m茅todo y un orden de ese tipo. Ward concluye algo impagable: el umbral de tolerancia del desorden varia enormemente de un individuo a otro, por lo que el supuesto amante del orden que puede imponer autoridad y m茅todo es en realidad alguien inseguro y falto de libertad.

Tambi茅n resulta apreciable, en situaciones muy diferentes, el orden espont谩neo que aparece en la sociedad humana en aquellos escasos momentos en que una revoluci贸n popular ha retirado el apoyo (el poder) a las fuerzas de la ley y el orden. Se mencionan ejemplos de experiencias personales en reg铆menes autoritarios, como en Sud谩frica o en la antigua Checoslovaquia (en la famosa Primavera de Praga del 68), en el que la intolerable vida anterior habr铆a llevado a un fuerte deseo de mejorar las cosas espont谩neamente y sin coacci贸n de ninguna clase. Son sentimientos de haber entrado en una era de libertad e igualdad, como describ铆a Orwell en la Barcelona revolucionaria de Homenaje a Catalu帽a; o lo producido en La Habana justo antes de entrar el ej茅rcito castrista tras caer el r茅gimen de Batista, situaci贸n en la que la sociedad se autoorganizaba eficientemente antes de ser aplastada de nuevo por una maquinaria represiva en nombre del orden y en prevenci贸n de todo prurito 鈥渃ontrarrevolucionario鈥.

Se reclama del estudio del comportamiento humano de las relaciones sociales una atenci贸n a esos momentos en que la sociedad se mantiene unida solo por la consolidaci贸n de la solidaridad humana, sin poder pol铆tico ni autoridad coercitiva, con la intenci贸n de descubrir qu茅 tipos de situaciones previas se precisan para aumentar la espontaneidad social, la participaci贸n y, en suma, la libertad. Ward se帽ala, al menos hasta hace 30 a帽os cuando escribi贸 su obra, que esos momentos sin polic铆a ser谩n interesantes de estudio al menos para los criminalistas, y sin embargo se encuentran ausentes en los textos de sicolog铆a social o de historia. Para escarbar en ellos, es necesario recurrir a testimonios personales de los directamente implicados. Es posible que se trate del reflejo de los prejuicios acerca de la transformaci贸n social y una adhesi贸n a los valores y al orden social inherentes a la democracia burguesa liberal. T茅cnicas de organizaci贸n y de control, del tipo que fuere, suelen ser utilizadas para reforzar la autoridad de los que las controlan, y acaban limitando la experiencia libre y espont谩nea de nuevas formas sociales.

Los males de la jerarquizaci贸n

John Comerford, antes mencionado a prop贸sito del experimento de Peckham, afirm贸 que exist铆a una costumbre por el liderazgo artificial, por lo que resultaba dif铆cil que se descubriese que los dirigentes no necesitan entrenamiento ni nombramiento. Cuando las circunstancias lo requieren, de manera espont谩nea surgen los hombres m谩s capacitados. En el experimento, los observadores cient铆ficos observaron a miembros libres convertidos de manera instintiva, no oficialmente, en un dirigente que afrontaba las necesidades de una ocasi贸n determinada. Estos l铆deres aparec铆an y desaparec铆an seg煤n lo requer铆a el flujo del Centro. Ni eran nombrados, ni eran derrocados de manera consciente. El resto de la comunidad segu铆a al dirigente mientras su gesti贸n fuera beneficiosa, de manera voluntaria y sin que se consideraran en deuda con 茅l, no exist铆a ning煤n trauma en ninguna fase del proceso.

Viene al caso recordar las palabras de Bakunin: 鈥淩ecibo y doy; as铆 es la vida humana. Cada uno dirige y es dirigido a su vez. Por lo tanto, no existe autoridad fija y constante, sino un continuo intercambio de autoridad y subordinaci贸n mutuas, temporales y, por encima de todo, voluntarias鈥. Cu谩nto hay que aprender de estas palabras todav铆a, acerca del concepto de autoridad que propone el anarquismo, que nunca niega la gesti贸n y el liderazgo, siempre que todos los miembros sean conscientes y se sientan part铆cipes del proceso. Se niega el mando jer谩rquico, autoritario, privilegiado y permanente, y se opone un concepto de autoridad revolucionario, si se quiere, con consecuencias no del todo estudiadas en la organizaci贸n del trabajo. En esta l铆nea, el siguiente planteamiento corresponde a Wilhelm Reich: 鈥溌縀n qu茅 principio se basar铆a nuestra organizaci贸n, si no hubiesen votos, ni directivos, ni subjefes, ni secretarios, ni presidentes, ni vicepresidentes鈥︹. El mismo Reich responde: 鈥淟o que nos manten铆a undios era nuestro trabajo, nuestras mutuas interdependencias en este trabajo, nuestros intereses objetivos en un problema gigantesco, con muchas ramificaciones especializadas. No hab铆a solicitado colaboradores. Ven铆an por s铆 solos. Se quedaban, o se iban, cuando el trabajo ya no les sosten铆a. No form谩bamos un grupo pol铆tico ni prepar谩bamos un grupo de acci贸n鈥 Cada uno contribu铆a de acuerdo con su inter茅s en el trabajo [鈥 Exist铆an, por lo tanto, intereses objetivos de trabajo biol贸gico y funciones de trabajo capaces de regular la colaboraci贸n humana. El trabajo ejemplar organiza sus sistemas de funcionamiento org谩nica y espont谩neamente, aunque s贸lo sea gradualmente, a tientas y equivoc谩ndose a menudo. En cambio, las organizaciones pol铆ticas, con sus 鈥渃ampa帽as鈥 y 鈥減lataformas鈥, act煤an sin ning煤n tipo de conexi贸n con los deberes y problemas de la vida cotidiana鈥.

En otra parte de su estudio sobre la 鈥渄emocracia en el trabajo鈥, Wilhelm Reich dice: 鈥淪i en una organizaci贸n aparecen las enemistades personales, las intrigas y las maniobras pol铆ticas, puede uno estar seguro de que sus miembros ya no tienen puntos objetivos en com煤n y que ya no les une un inter茅s com煤n de trabajo. As铆 como de los intereses mutuos surgen v铆nculos organizativos de trabajo, tambi茅n se disuelven cuanto estos intereses se desvanecen, o empiezan a entrar en conflicto entre s铆鈥. La autoridad tiene su origen en la actividad, elegida de manera voluntaria con un determinado fin, y de esa autoridad deriva un cambiante y fluido cambio de liderazgo. Si un miembro est谩 en la autoridad, ser谩 debido a un rango en alguno cadena de mando; si se es una autoridad, ello proceder谩 de conocimientos especiales, y si se tiene autoridad, ser谩 como consecuencia de una sabidur铆a especial. Los conocimientos y la sabidur铆a, por supuesto, no est谩n distribuidos de acuerdo con el rango, ni ser谩n monopolio de alguna persona en cualquier empresa. Una organizaci贸n jer谩rquica, del tipo que fuere, no dejar谩 tomar decisiones a las personas que se encuentran en la base a pesar de los conocimientos y sabidur铆a que posean (siendo esas mismas personas las que hacen funcionar la empresa); otro handicap de las jerarquizaciones organizativas es que esas personas de los estratos m谩s bajos no tengan m谩s motivaci贸n que la necesidad econ贸mica, sin que exista identificaci贸n alguna con la empresa para dar lugar a un mando y a una tarea com煤n.

Ya Kropotkin se帽al贸 los males de la divisi贸n del trabajo, que imped铆a la educaci贸n e inventiva de los trabajadores. Se pide una integraci贸n de los conocimientos, una combinaci贸n de la educaci贸n cient铆fica y de la destreza manual. No se puede decir que a comienzos del siglo XXI la situaci贸n haya mejorado, el sistema condena a gran parte de las personas a un trabajo embrutecedor, al margen de la formaci贸n que posean, y se niega su capacidad para inventar e innovar. Habr铆a que analizar las m煤ltiples formas existentes que impiden el desarrollo de la individualidad en los seres humanos y observar el potencial incumplido de cada uno de ellos. A la mayor parte de las personas se les empuja, y se acaban conformando en mayor o en menor medida, a una vida que no puede calificarse m谩s que como 鈥渟obrevivir鈥, van dando tumbos sin percibir su potencial. Ello se debe a que se reserva a un minor铆a la capacidad de iniciativa, de tomar decisiones y juicios. Nadie puede negar que vivimos en un sistema de privilegios en el que solo algunos pueden acabar 鈥渃omprando鈥 un tiempo de desarrollo de su individualidad, y aun as铆 solo de manera parcial. Vivimos sometidos a las decisiones de otros, de manera constante, nuestro espacio privado constituye una falacia, la mayor parte del tiempo, o un escape. No son desde帽ables los an谩lisis realizados por los anarquistas hace d茅cadas, m谩s bien siguen siendo v谩lidos en la m谩s compleja sociedad actual. Los males se帽alados, correspondientes a las jerarquizaciones sociopol铆tica y laboral, siguen generando una poblaci贸n mayoritaria a la que se pide que no piense ni cree, m谩xime en esta sociedad del espect谩culo y la banalidad.

Autonom铆a local como base del federalismo 谩crata

Kropotkin insist铆a en que la organizaci贸n voluntaria y no coactiva pod铆a proveer una compleja trama de servicios sin que intervenga autoridad alguna. El ejemplo cl谩sico para la comprensi贸n del principio federal anarquista ha sido siempre el del servicio postal o las l铆neas ferroviarias, en las que no tiene que intervenir ninguna autoridad central para que funcionen correctamente. No existen razones de peso para pensar que los grupos integrantes de federaciones complejas no puedan funcionar sobre la base de la asociaci贸n voluntaria. Todo organizaci贸n piramidal, basada en la jerarqu铆a y en la coacci贸n, constituye un enorme fraude que ha supuesto, y continuar谩 haci茅ndolo, el lavado de cerebro de generaciones de trabajadores.
El gran defensor del federalismo como principio b谩sico de organizaci贸n humana fue, como es sabido, Proudhon. Desde su perspectiva, el principio federativo deb铆a funcionar a partir del nivel m谩s bajo de la sociedad, a nivel local y con el control directo de las personas intervinientes. Por encima de esas asociaciones locales, la organizaci贸n confederal ser铆a m谩s bien una coordinaci贸n entre ellas y no tanto un 贸rgano de administraci贸n. Para Proudhon, la naci贸n quedar铆a sustituida por una confederaci贸n geogr谩fica de regiones, Europa acabar铆a convertida en una confederaci贸n de confederaciones en la que el inter茅s de la provincia m谩s peque帽a tendr铆a tanta importancia como el de la mayor, todos los asuntos se arreglar铆an gracias a acuerdos mutuos, compromisos y arbitrajes. George Woodcock afirm贸 que, en la evoluci贸n de las ideas anarquistas, El principio federativo representa el primer estudio exhaustivo y emancipador acerca la organizaci贸n federal como alternativa pr谩ctica al nacionalismo pol铆tico.

Proudhon consider贸 que Europa era demasiado extensa para convertirse en una confederaci贸n, de ah铆 la idea de 鈥渃onfederaci贸n de confederaciones鈥. Su deseo era que todas la naciones recobrar铆an su libertad gracias a la transformaci贸n en confederaciones, y la noci贸n de equilibrio pol铆tico de Europa se har铆a realidad. En los libros de texto de ciencia pol铆tica el anarquismo deber铆a tener su lugar, as铆 como el principio federal como n煤cleo de la teor铆a 谩crata, se vendr铆an abajo de ese modo demasiados prejuicios y se aclarar铆an cosas para que las personas posean una mayor cultura pol铆tica. Cualquier organizaci贸n humana es susceptible de ser transformada mediante el principio federal, no constituye ninguna idea irrealizable. De hecho, se aplica constantemente en el mundo de las asociaciones voluntarias, y la experiencia dice que aquellas m谩s activas y eficientes son las que inician su actividad y toman sus decisiones a partir de lo local. Creo que puede decirse a estas alturas que el centralismo es visto con recelo en cualquier actividad humana, a pesar de la constante intervenci贸n de la voluntad de poder, del apego a la tradici贸n o de las diferentes caras del dogmatismo. Todo ese peso autoritario o costumbrista se ve entrentado m谩s tarde o m谩s temprano a una realidad en la que el control de los miembros que conlleva el centralismo supone la paralizaci贸n de los grupos y la apat铆a de sus miembros.

La sociedad no necesita necesariamente de una organizaci贸n que act煤e como correa de transmisi贸n, sino a miles o millones de personas que se re煤nan en grupos que mantengan contactos informales entre s铆. S铆 es necesaria la consciencia de las masas, de tal manera que si un grupo aporta una alternativa v谩lida puede servir de inspiraci贸n a otros. La organizaci贸n sociopol铆tica que conocemos como Estado, solo una de las posibles, posee muchas contradicciones que pueden ser aprovechadas con habilidad. Deber铆amos demostrar al poder pol铆tico que sus alternativas concebibles son err贸neas (todas ellas se mantienen en la 贸rbita de la dominaci贸n), que la organizaci贸n horizontal y antiautoritaria demuestra una mayor justicia, dinamicidad y capacidad de acci贸n. La actividad local y lo inmediato constituyen el resorte primario para toda organizaci贸n social, de ah铆 se vincular铆an en una trama sin centro y sin 贸rgano ejecutivo, dando lugar a nuevas c茅lulas a medida que crecen las originales. Cualquier actividad humana puede adaptarse a este modelo en el que se obtiene autonom铆a, responsabilidad y cumplimiento de las necesidades locales.

La ciudad anarquista

Colin Ward aseguraba que la planificaci贸n contempor谩nea de las poblaciones ten铆a su origen en la reforma sanitaria y en los movimientos para la salud p煤blica del siglo XIX, encubiertos de nociones arquitect贸nicas sobre el dise帽o municipal, nociones econ贸micas sobre la situaci贸n de la industria y, especialmente, de nociones de ingenier铆a sobre la planificaci贸n de carreteras. Dejando a un lado la especulaci贸n actual, en connivencia con la usualmente corrupta administraci贸n, se recuerda que en el pasado han existido idealistas planificadores con gran esperanza en un gran movimiento popular que supusiera la mejora de poblaciones, el desarrollo de ciudades y una aproximaci贸n regionalista y descentralizadora a la planificaci贸n f铆sica. Se dieron v铆nculos al respecto con ge贸grafos anarquistas, como Kropotkin o Reclus, y la amistad de ellos con Patrick Geddes, nombre que no podr铆a faltar seg煤n su bi贸grafo en un libro sobre los or铆genes cient铆ficos del anarquismo. Geddes fue un gran innovador en la planificaci贸n urban铆stica y en la educaci贸n, cre铆a que el progreso social estaba en directa relaci贸n con la forma espacial, especialmente en los tiempos en que la industrializaci贸n lo hab铆a transformado todo.

Sin embargo, los procesos de cambio e innovaci贸n han estado casi siempre en manos de burocracias y/o especuladores, la iniciativa popular y la posibilidad de elecci贸n apenas han entrado en juego y ha conducido a que se desconf铆e de la figura del planificador al identificarla con un funcionario. Ward consideraba la planificaci贸n como el dispositivo esencial de una sociedad ordenada, y se hab铆a convertido en el mundo capitalista en una forma de opresi贸n de los ricos hacia los pobres, los amos del llamado mercado libre no admiten ninguna limitaci贸n a su derecho a conseguir los m谩ximos beneficios. La noci贸n de planificaci贸n (al menos la de pueblos y campos) se hab铆a convertido en incomprensible, y habr铆a que recordar las siguientes palabras del urbanista Melvin Webber: 鈥淟a planificaci贸n es la 煤nica rama del conocimiento que pretende ser una ciencia, que considera un plan realizado cuando simplemente est谩 acabado; rara vez se controla si el plan se lleva realmente a cabo, lo cual era su objetivo, y si, en caso de realizarse algo distinto, es para bien o para mal鈥.

La obra del soci贸logo Richard Sennet, The Uses of Disorder, fue considerada en alguna ocasi贸n como el punto de partida del proceso de definici贸n del anarquismo del siglo XIX en funci贸n del siglo XX. Se trata de un estudio sobre la identidad personal y la vida en ciudad, con varias l铆neas de pensamiento que acaban entrecruz谩ndose. Una de ellas es la opini贸n del sic贸logo Erik Erikson de que, en la adolescencia, el hombre busca una identidad purificada para huir de la incertidumbre y del sufrimiento; as铆, la verdadera madurez se encontrar铆a en la aceptaci贸n de la diversidad y del desorden. Otra idea es que la sociedad norteamericana moderna paraliza a las personas en su actitud adolescente (la gente pudiente escapa de la complejidad de la ciudad, con sus problemas de diversidad cultural y de clases, hacia c铆rculos privados supuestamente seguros localizados en la afueras: la comunidad purificada). Por 煤ltimo, la l铆nea de pensamiento radicada en que la planificaci贸n urbana, tal y como se conceb铆a en el pasado (con t茅cnicas como la de zonificar y acabar con los usuarios inconformistas), habr铆a ayudado a este proceso, especialmente mediante proyectos para el futuro que sirven de base para la energ铆a y los gastos actuales. Tal cosa, supone conjeturar sobre las futuras exigencias f铆sicas y sociales de una comunidad o una ciudad y, partiendo de la energ铆a y de los gastos del presente, allanar el futuro para el futuro Estado. En principio, los planificadores afirman que las necesidades futuras se ir谩n adaptando seg煤n las objeciones encontradas en el camino, y el an谩lisis de las necesidades futuras no son m谩s que un modelo de las mejores condiciones. Sin embargo, la realidad dice que los planificadores profesionales tratan los desaf铆os o divergencias populares como una amenaza o una interferencia en sus planes, y no como un esfuerzo natural para mejorar la reconstrucci贸n social. Los planificadores consideran su plan como m谩s 鈥渧erdadero鈥, dejando al margen los cambios hist贸ricos, los movimientos imprevistos en la realidad de la vida humana.

Sennet desea una ciudad en la que la gente se vea obligada a enfrentarse a s铆 directamente, sin conflictos violentos como en las actuales urbes, en las que no existe otra salida al darse la imposibilidad de las confrontaciones personales (las peticiones de ley y orden son m谩s fuertes en comunidades aisladas). Sin polic铆a, ni ninguna otra forma de control central sobre las escuelas, la zonificaci贸n y las actividades ciudadanas, que podr铆an llevarse a cabo mediante una acci贸n normal de la comunidad. La ciudad anarquista propuesta por Sennet 鈥渋ncita a los hombres a decir lo que piensan sobre cada uno de ellos para, as铆, poder forjar un modelo de mutua compatibilidad鈥; mediante la descentralizaci贸n, se empuja al individuo a pactar con los que le rodean en un medio de gran diversidad, eludiendo la normalizaci贸n del conflicto, y se lleva a que la responsabilidad de apaciguar a las personas en los asuntos locales recaiga en los directamente implicados. Por otra parte, la labor de los profesionales de la planificaci贸n estar谩 dirigida a partes concretas de la ciudad, para sus diversos integrantes, sin pretender arreglar su futuro, ya que iniciar谩n un proceso de madurez al comprometerse activamente en formar su propia vida social. El objetivo ser铆a la formaci贸n de Consejos de Vecinos, con el consecuente control real de los servicios comunes, y llegar despu茅s a la federaci贸n de las comunidades de vecinos.

Una vez m谩s, dentro del anarquismo, idea vieja o nueva, se trata de la b煤squeda de una planificaci贸n y una administraci贸n social a trav茅s de una trama descentralizada de comunidades aut贸nomas. Aunque se apoye en cierta tradici贸n, seg煤n el antiguo antagonismo entre autoridad central y federaci贸n de grupos aut贸nomos, la ideas libertarias miran hacia adelante obteniendo un nuevo vigor con la experiencia y el conocimiento. Hay que mantener la mente l煤cida para discernir entre los que es una aut茅ntica participaci贸n local en los asuntos que le ata帽en (un control de la planificaci贸n por parte del ciudadano) y lo que es una mera educaci贸n para aceptar a las autoridades planificadoras.

Revoluci贸n sexual

El anarquista contempor谩neo Alex Comford, en su obra El sexo en la sociedad, consideraba que cuando elegimos un c贸nyuge lo que hacemos es procurar repetir o mantener las mismas relaciones que ten铆amos en la infancia, as铆 como recuperar las fantas铆as que se nos hab铆an negado. As铆, las relaciones se convierten en muchas personas en intentos de realizar partes de esas fantas铆as; como, habitualmente, las dos partes no tendr谩n las mismas fantas铆as, la cosa acababa convierti茅ndose en un duelo entre fantas铆as diferentes o antag贸nicas. Lo que se trata es de dar un mayor horizonte a lo sentimental, tratando de desterrar la etiqueta de 鈥渋nmoral鈥 para determinados tipos de relaciones (entre dos, o m谩s personas) y los derechos de exclusividad que puede reclamar cada objeto de amor. En cualquier caso, de lo que se trata es de aportar libertad para que cada relaci贸n resuelva las cosas a su manera, tratando de no crear obst谩culos impositivos que lo que hacen, m谩s bien, es generar problemas donde no los hay.

Sea cual fuere la visi贸n de los anarquistas del pasado, no siempre adelantados a su tiempo, el anarquismo es sin贸nimo tambi茅n de revoluci贸n sexual. Colin Ward lo defini贸 se帽alando que la revoluci贸n sexual, que tanto hab铆a avanzado a mediados del siglo pasado, era esencialmente anarquista al combatir las regulaciones impuestas por el Estado y por las Iglesias a las acciones de las personas. No se habla necesariamente de un fracaso de la familia tradicional, m谩s bien de una ampliaci贸n del campo de actividad sexual para que cada cual lo dirija como le parezca. Cada vez que la sociedad ha avanzado en este sentido, y en cualquier otro campo, con un mayor margen de libertad, no se han cumplido los terribles presagios de moralistas y religiosos. La Iglesia acab贸 legando el c贸digo penal en asuntos de sexo al Estado, la disminuci贸n de la fe religiosa en el mundo hac铆a cada vez m谩s dif铆cil su justificaci贸n. Las relaciones entre la represi贸n pol铆tica y represi贸n sexual no son, tal vez, demasiado di谩fanas, y no parece demostrable que la liberaci贸n en un asunto conduce necesariamente a la liberaci贸n en otro. Lo que s铆 est谩 claro es que la revoluci贸n sexual ha aportado mayor felicidad a las personas. La legislaci贸n al respecto de la conducta sexual, en diferentes pa铆ses y 茅pocas, no posee bases inmutables, podemos darnos cuenta del absurdo autoritario si observamos seg煤n qu茅 cosas. Ian Dunn, en Gay Liberation in Scotland, afirmaba que la homosexualidad masculina se convirti贸 en un problema solo por haber sido sometida a una legislaci贸n; la homosexualidad femenina no lo era, al ignorar los legisladores masculinos su existencia. Las normas y prohibiciones han abundado en lo absurdo y en el desvirtuamiento de las relaciones.

Alex Comford dir铆a: 鈥渆l actual contenido del comportamiento sexual cambia probablemente mucho menos en las diversas culturas que la capacidad individual de disfrutar de 茅l sin culpa鈥. El mismo autor trat贸 de establecer dos imperativos al respecto de la conducta sexual (no jugar con los sentimientos ajenos y no dar lugar a un nacimiento no deseado), por lo que hay quien se burl贸 de 茅l por tratar de imponer 鈥渓eyes鈥 anarquistas. La respuesta de Comford no tiene precio, al invocar una filosof铆a de libertad que requiera niveles superiores de responsabilidad personas por encima de la simple creencia en la autoridad. Del mismo modo, quer铆a ver las causas de la falta de prudencia y respeto en ciertos comportamientos adolescentes como producto de una c贸digo punitivo sin sentido, en lugar de buscar apelar a principios comprensibles capaces de potenciar la parte m谩s sensible de los j贸venes.

Se trata de ser cr铆tico con un modelo de familia que puede ser la mejor soluci贸n para algunas personas, pero que constituye un evidente foco de tensiones y fracasos para muchos otros, sin que la sociedad permita soluciones al respecto. Puede que se haya avanzado mucho al respecto en los 煤ltimos a帽os, al menos en la sociedad occidental, pero el peligro reaccionario se mantiene constante tratando de encorsetar la vida sexual y familiar. Las soluciones al respecto que puede aportar el anarquismo pasar铆an, como es l贸gico, por mayores cotas de libertad, pero tambi茅n de responsabilidad y de solidaridad. Kropotkin afirmaba 鈥渢odos los ni帽os son nuestros ni帽os鈥, por lo que se pide compartir esa responsabilidad tambi茅n de forma comunitaria. Colin Ward quer铆a ver el fracaso de la estructura familiar, por no educarles en esa responsabilidad sobre s铆 mismos y sobre la sociedad. No es cuesti贸n de buscar alternativas estereotipadas, ya que las necesidades y aspiraciones personales son diversas, ni de universalizar un modelo familiar. Lo aut茅nticamente importante es el rol que ejercen los individuos, y no tanto la estructura de la familia. De nuevo se se帽ala el autoritarismo como causante de numerosos males, ya que una presi贸n a la infancia para que realicen lo que otras consideran lo mejor para ellos da lugar a tantos adolescentes y adultos frustrados. La educaci贸n en la responsabilidad es mucho m谩s adaptable eludiendo la tutela en los chavales y dej谩ndoles que, en gran medida, vayan descubriendo el mundo. No se trata de eludir tareas educativas ni de abandonar a nuestros hijos en manos de una sociedad (m谩s bien fr铆vola y consumista), sino de buscar alternativas experimentales que abunden en los valores y en la responsabilidad sin imposiciones da帽inas.

Educaci贸n liberadora

Es recurrente hablar del hincapi茅 que hace el anarquismo en la educaci贸n, puede decirse que ning煤n otro movimiento ha mostrado un mayor compromiso con la ense帽anza en sus acciones y en sus escritos. Colin Ward dir铆a que el cometido social de la ense帽anza es perpetuar la sociedad, ya que 茅sta garantiza su futuro moldeando a sus hijos a su propia imagen. Frank MackKinnon, en The Politics of Education (Londres, 1961), afirmaba que en la moderna sociedad gubernamental el m谩s importante instrumento, con el que cuenta el Estado para incular a las personas desde temprana edad lo que tienen que hacer, es el sistema de ense帽anza. Los grandes fil贸sofos racionalistas del siglo XVIII especularon sobre los problemas de una ense帽anza popular, puede hablarse de dos grandes pensadores que muestran posiciones antit茅ticas: Rousseau, que se mostraba a favor de una ense帽anza p煤blica establecida por el gobierno, y Godwin, que critic贸 al Estado y la idea global de una educaci贸n. Godwin argumentaba que una ense帽anza p煤blica reproducir谩 la idea de permanencia y conservaci贸n propia de una instituci贸n oficial, y adoctrinar谩 a los alumnos en los dogmas establecidos; por otra parte, y como otro de sus males, una ense帽anza nacional ten铆a su origen en la falta de comprensi贸n acerca del esp铆ritu humano, por lo que es necesario abandonar toda tutela y dejar a los hombres actuar seg煤n su vocaci贸n; tambi茅n Godwin se帽alaba el v铆nculo entre una ense帽anza nacional y el principio de gobierno, de tal manera que el Estado usar谩 el sistema educativo para fortalecerse y perpetuarse.

Por su parte, Bakunin describir谩 en Dios y el Estado al pueblo como 鈥渁quel eterno menor, aquel alumno decididamente incapaz de aprobar un examen, que de pronto accede a la sabidur铆a de sus maestros y se libera de su disciplina鈥. Naturalmente, no es necesario aclarar que, tanto Bakunin, como cualquier anarquista razonable, no estar谩 a favor de la abolici贸n de las escuelas y s铆 de la eliminaci贸n del principio de autoridad en ellas. Era un deseo de acabar con los tradicionales roles de preceptor y alumno, tal y como lo expresaba Godwin, y de fomentar el continuo aprendizaje de forma voluntaria. El educador anarquista contempor谩neo Paul Goodman mencionaba el ejemplo del antiguo pedagogo ateniense que paseaba por la ciudad con sus disc铆pulos; reclamaba, para ello, m谩s seguridad y disponibilidad en las calles y en el lugar de trabajo. La planificaci贸n urbana deber铆a procurar que los chavales hagan uso de su ciudad, la pedagog铆a, que los ni帽os peque帽os se asomen con inter茅s y por iniciativa propia a todo cuanto acontezca; as铆, gracias a la observaci贸n, las preguntas y la imitaci贸n pr谩ctica, podr铆a sacar provecho el educando seg煤n su propio criterio. Seg煤n Goodman, el trabajo es un medio adecuado para la ense帽anza t茅cnica, siempre que los jovenes tengan un margen para organizarse y criticar; se trata de un formaci贸n directa para que los trabajadores tiendan a la autogesti贸n. La educaci贸n universitaria ser铆a para los 鈥渁dultos鈥 que ya poseen alg煤n conocimiento.

Colin Ward hablaba de 鈥渞espeto por el estudiante鈥 dentro del anarquismo, nunca de desprecio por el aprendizaje. La cr铆tica que dirig铆a al sistema de ense帽anza era demoledora, ya que resultaba profundamente antieducativo. Los chavales empiezan a corta edad impacientes por aprender y acaban, despu茅s de unos a帽os, deseosos de escapar de aquello. Como soluci贸n, solo encontraba una presi贸n desde las mismas bases, cuando los mismos educandos acabaran hartos de una autoridad y leyes arbitrarias, iniciando una aut茅ntica revoluci贸n en la ense帽anza al mostrar que el sistema ni siquiera tendr铆a ya una apariencia de efectividad. En cuanto a la educaci贸n universitaria, Ward mencionaba, junto a algunos otros ejemplos, la espa帽ola Instituci贸n Libre de Ense帽anza, fundada a finales del siglo XIX por influyentes profesores universitarios apartados de la educaci贸n oficial de un gobierno subordinado a la Iglesia. Los brillantes resultados para una generaci贸n son conocidos (Unamuno, Ortega y Gasset, Joaqu铆n Costa, Coss铆o, Antonio Machado, P铆o Baroja, y tantos otros), junto al crecimiento del movimiento obrero en la 茅poca se denunci贸 鈥渓a axfisiante inercia, la hipocres铆a y la corrupci贸n de la vida espa帽ola鈥. Resulta emotiva esta reivindicaci贸n que hace Ward de la ILE, desde un punto de vista libertario, y de la posterior Residencia de Estudiantes creada en 1910 con notables resultados. Gerald Brenan, en The Literature fo the Spanish People (Cambridge, 1951), describe de forma tambi茅n memorable aquella Residencia con Unamuno, Coss铆o y Ortega paseando por el jard铆n, o a la sombra de los 谩rboles, de forma parecida a las maneras de los antiguos fil贸sofos.

Se trata de abandonar el privilegio y la meritocracia, alejarse de aquello que lo justifique, como directores y consejos acad茅micos, en busca de un festival del aprendizaje. Como se demostr贸 en algunas experiencias durante la rebeld铆a estudiantil de los a帽os 60, la autoeducaci贸n, aut茅ntica ense帽anza, puede conseguirse acabando u obviando la jerarqu铆a acad茅mica y buscando la actividad autogestionada (mediante una red de grupos de individuos aut贸nomos que substituya la estructura de poder), asumiendo las decisiones y la responsabilidades como liberaci贸n.

El control obrero de la industria

El escritor y periodista Gordon Rattray Taylor, en Are Workers Human?, consider贸 la divisi贸n entre la vida y el trabajo como uno de los problemas contempor谩neos de mayor calado. Resulta impensable pedir responsabilidad e iniciativa a los hombres en su vida particular, si se les impide tenerlas en su experiencia laboral. La personalidad no es divisible en compartimentos estancos, y si se ense帽a a una persona a ser tutelada por una autoridad en el trabajo, seguramente reproducir谩 lo mismo en otros 谩mbitos de su vida. El novelista Nigel Balchin afirm贸 en cierta conferencia que los sic贸logos industriales deber铆an, en lugar de esforzarse en averiguar toda suerte de bonificaciones para el trabajador, indagar en por qu茅 茅ste, despu茅s de un penoso d铆a laboral, llega a su casa y disfruta trabajando en su jard铆n (tal vez, por estar ah铆 libre de jefes o administradores, de la monoton铆a y por ser capaz de dirigir 茅l mismo su trabajo). El deseo de independencia, y de tener la sensaci贸n de que puede controlarse su propio destino, parece inherente al ser humano, rara es la persona que no le gustar铆a ser su propio jefe y dirigir su propio negocio.

La autogesti贸n por parte de los propios obreros se ha asomado en la historia una y otra vez. Hace cosa de un siglo, la cuesti贸n tal vez daba motivos para ser m谩s optimista a la clase trabajadora, con mayores concesiones por parte de las autoridades a los gremios obreros o a los movimientos cooperativistas. En la actualidad, esa demanda de control obrero ha desaparecido, pr谩cticamente, de los organizaciones sindicales mayoritarias, m谩s esforzadas en adquirir poder para negociar mejores condiciones laborales. Hay quien se帽alaba ya hace d茅cadas la incompatibilidad entre el control de la industria y los sindicatos, entendidos como protecci贸n y defensa de los obreros, ya que se opondr铆an a la creaci贸n en la industria de una estructura representativa paralela. Lo que se quiere decir es que en los casos hist贸ricos conocidos, de control total o parcial por parte de la clases trabajadora, la estructura del sindicato es ajena a la Administraci贸n.

Frente a los que acusan a la autogesti贸n obrera de ser una idea irrealizable debido a la magnitud y complejidad de la industria moderna, Colin Ward se帽alaba lo obsoleto de la concentraci贸n geogr谩fica de la industria y c贸mo los modernos m茅todos de producci贸n hac铆an tambi茅n innecesaria una gran concentraci贸n de personas. En este sentido, la descentralizaci贸n resulta factible y econ贸micamente viable en la industria moderna, aunque las tendencias al respecto resulten pr谩cticamente inexistentes. El anarquista contempor谩neo Geoffrey Ostergaard se mostraba bastante pesimista respecto a las organizaciones sindicales y las aspiraciones del control de la industria, cuanto mayores son aqu茅llas m谩s se diluyen sus objetivos revolucionarios; en la pr谩ctica, los sindicalistas tuvieron que elegir entre organizaciones que fueran reformistas, y puramente defensivas, o revolucionarias, y notablemente ineficaces. Colin Ward quer铆a ver una soluci贸n al dilema entre la mera lucha cotidiana de los obreros para mejorar sus condiciones laborales y una intenci贸n m谩s radical; para ello, se inspiraba en lo que los sindicalistas y socialistas gremiales describ铆an como 鈥渓a usurpaci贸n del control鈥 por medio de un 鈥渃ontrato colectivo鈥: 鈥渦n sistema por el cual los obreros realizar铆an una cantidad de trabajo espec铆fica a cambio de una cantidad de dinero que ser铆a distribuida por el grupo de trabajo como lo creyese conveniente, con la condici贸n de que los patronos renunciasen al control de proceso productivo en s铆鈥. Este llamado 鈥渟istema de grupos鈥 puede ser alabado como m谩s humano, capaz de liberar a los hombres de muchas preocupaciones y permitirles concentrarse en su trabajo, distribuyendo las responsabilidades de la manera que deseen (con diversos cargos al respecto, como jefes supervisores del trabajo o delegados de grupos proveedores de material); del mismo modo, se les deja desarrollar sus habilidades, permite otorgar las tareas a los m谩s id贸neos, proporciona una marco de seguridad y se busca, naturalmente, la equidad salarial. El hecho de asumir cargos de responsabilidad resulta educativo en todos los sentidos, al contrario que en una organizaci贸n del trabajo tutelada en la que el obrero es reducido a 鈥渦na condici贸n inhumana de irresponsabilidad intelectual鈥

Ejemplos de control del trabajo por los trabajadores existen, a pesar de todo, y demuestran que la sumisi贸n a una gesti贸n paternalista no es necesaria, ni incluso m谩s eficaz. Pero m谩s importante resulta, como puede ocurrir tambi茅n en el conjunto de la sociedad, que promueven la solidaridad entre las personas en lugar de su divisi贸n (a causa de las diferencias salariales o en las funciones). Colin Ward respond铆a afirmativamente, incluso, a la pregunta de si pueden los obreros dirigir la industria, ya que ya lo estaban haciendo en determinadas situaciones. Si el conjunto de la industria estuviera controlada por los obreros, la sociedad anarquista demandar铆a objetos cuyo funcionamiento fuera 鈥渢ransparente鈥 y cuya reparaci贸n pudiera hacerse de manera f谩cil y r谩pida, incluso por el propio usuario. La sociedad capitalista ha conducido a trabajos absurdos que pueden ser evitables en lo que Ward denomina Taller Comunitario, concebido como un imaginativo servicio social para el 鈥渙cio creativo鈥; estos talleres podr铆an convertirse en una f谩brica mayor que se adelantase, como prerrequisito, a una futura econom铆a controlada por los productores. Se trata de una petici贸n a las personas de que se esfuercen en fortalecer una comunidad autogestionada, en lugar de dedicarse a los trabajos banales de la sociedad consumista, de crear la oportunidad de que todo el mundo se sienta verdaderamente 煤til.

Sistemas de bienestar social

Si hoy en d铆a, la m谩xima aspiraci贸n socipol铆tica parece ser el llamado 鈥淓stado del bienestar鈥, habr铆a que aclarar lo antes posible que el bienestar social puede darse sin intervenci贸n estatal alguna. La visi贸n anarquista cl谩sica del estatismo, como fuente de privilegios y de opresi贸n, quiere verse periclitada, pero est谩 claro que el denominado bienestar no es inherente al Estado ni es, por supuesto, su 煤nica posibilidad. Cualquier clase de asociaci贸n entre personas puede resultar una sociedad del bienestar: se persigue el beneficio mutuo, la seguridad y el fortalecimiento de la comunidad seg煤n unos determinados principios. El Estado, connotaciones ideol贸gicas aparte, se puede definir como una forma social que exige obediencia al conjunto de la poblaci贸n y, si es necesario, emplea la fuerza para lograrlo (monopolio de la violencia). Kropotkin, en su erudita obra El apoyo mutuo, demostr贸 que la asociaci贸n voluntaria en busca de un beneficio rec铆proco es una tendencia del ser humano desde los albores de los tiempos. Es tan fuerte, al menos, como la llamada lucha por la supervivencia, incluso puede considerarse como parte de ella entre individuos de la misma especie. El anarquista ruso consider贸 que las instituciones sociales creadas conforme a este modelo de asociaci贸n, tendente al apoyo mutuo, fueron destruidas con el triunfo de un modelo estatal nacido en el siglo XV. El Estado se convertir铆a en la 煤nica forma de cohesi贸n social, 煤nica forma aparente de progreso y desarrollo.

Colin Ward desmiente cualquier visi贸n rom谩ntica kropotkiniana acerca de la sociedad preestatal y mencionaba otras fuentes al respecto. Si en la Edad Media, por ejemplo, se combat铆a la pobreza sin necesidad del Estado, lo primero que realizar谩 la moderna Naci贸n-Estado es crear leyes para castigar a los indigentes. Los s铆mbolos del Estado ser谩n el polic铆a, el carcelero y el Estado, por lo que resulta parad贸jico que se convirtiera en garante del bienestar social. Las tradiciones sobre bienestar social son m煤ltiples, producto de actividades muy diferentes seg煤n las diversas necesidades sociales. Podemos distinguir dos tipos de universos al respecto: el de las instituciones, donde se otorgar谩n los servicios de mala gana (la experiencia nos demuestra que todo fortalecimiento estatal ha sido un desastre), y el de las asociaciones, entendida como expresiones de apoyo mutuo y responsabilidad, tanto social como individual. El punto de vista anarquista puede decirse que es refractario a la llamada 鈥渋nstitucionalizaci贸n鈥, si entendemos por ella la asociaci贸n legalmente preestablecida convertida por el Estado en servicio p煤blico. La gran pregunta es si estas instituciones del Estado cumplen su objetivo, o en realidad perpet煤an los males sociales, por lo que habr铆a que iniciar un proceso de descentralizaci贸n o fragmentaci贸n de la instituci贸n con el fin de solucionar los problemas de la sociedad. El ejemplo de c贸mo trata la sociedad a los ancianos, con instituciones en los que es dif铆cil que la persona pueda tener su vida propia en la medida de lo posible, un lugar en que se incremente su independencia y su alegr铆a de vivir. En 茅ste, y en cualquier otro ejemplo, el objetivo es que el ser humano tenga la mayor libertad de acci贸n, de que est茅 convencido de la fortaleza de su personalidad y de lo importante de la actividad social para la felicidad.

En cuanto a las enfermedades mentales, aparentemente, parece haberse demostrado el efecto nocivo de las instituciones y desterrado todo maltrato a los pacientes. Pero la gran cuesti贸n sigue siendo el substituir un sistema de tutela, todav铆a jerarquizado y autoritario, por otro de cuidado comunitario y trato permisivo y tolerante, capaz de estimular a la persona a ser ella misma y a compartir sus sentimientos, tal y como afirman algunos expertos. Desde luego, en una instituci贸n de naturaleza autoritaria, todos los miembros, personal y pacientes, forman parte del mismo engranaje y es dif铆cil que haya un cambio radical hacia un sistema m谩s humano. Tal y como han afirmado ciertos profesionales, es muy probable que la tendencia a estigmatizar y encerrar a ciertas personas sea consecuencia de cierta ansiedad social; habr铆a que sobreponerse a ello y tratar a las personas con problemas como miembros de la comunidad, con el fin de no fomentar la enfermedad mental y la delincuencia. Si la tendencia en las instituciones (siqui谩tricos, c谩rceles, reformatorios鈥) sigue siendo la disciplina, rutina, obediencia y sumisi贸n, y su implantaci贸n se realiza de forma ajena a la sociedad, es posible que todos los problemas permanezcan intactos. Si nos seguimos alimentando del odio y del deseo de venganza, amparados en una supuesta seguridad que ignora tantos problemas sociales y que se cimenta sobre la injusticia, las cosas no habr谩n mejorado mucho a comienzos del siglo XXI.

Si el ser humano parece ser, en gran medida, un producto de la sociedad que le ve nacer, el llamado 鈥渉ombre institucionalizado鈥 parece una exacerbaci贸n de ello. El modelo de instituciones p煤blicas que nos ha legado el pasado parece dar lugar a un soldado ideal (que no se hace preguntas y cumple las 贸rdenes), el feligr茅s ideal (moldeado seg煤n alg煤n principio que le trasciende), el trabajador ideal (que hace un trabajo embrutecedor), en definitiva, el producto ideal resultado de la legislaci贸n o de la educaci贸n (ll谩mense personal o internos, tal vez ambos institucionalizados). Porque las instituciones resultan un microcosmos de la sociedad que las alberga, r铆gidas, jerarquizadas y autoritarias, aunque esa naturaleza se muestre de forma m谩s o menos sutil. El anarquismo, en cuyas se帽as de identidad est谩 la responsabilidad social y el apoyo mutuo, se situar铆a junto a aquellos que preconizan nuevos valores basados en la humanidad, la compasi贸n y la aut茅ntica tolerancia, y que pretende una substituci贸n de la instituciones estatales por sistemas comunitarios. Como en otras cuestiones, el objetivo es la descentralizaci贸n, la federaci贸n de peque帽as unidades aut贸nomas y no jerarquizadas dentro de un contexto social m谩s amplio. No se trata solo de buscar un sistema asistencial, tambi茅n de construir una comunidad responsable, y para ello tal vez haya que hacerlo sobre las bases de la 鈥渏usticia social鈥 (noci贸n tan bella, o m谩s, que la de 鈥渂ienestar social鈥).

Comportamientos 鈥渁ntisociales鈥

Peter Brown afirmaba, en Smallcreep鈥檚 day, que en una sociedad libre tendr铆amos que llegar a un acuerdo con nosotros mismos, en primer lugar, y a continuaci贸n con nuestros semejantes, en el conflicto que fuere, en lugar de recurrir a los asistentes sociales, los partidos pol铆ticos, la polic铆a o los delegados sindiales. Es de esta manera como nos enfrentar铆amos con nosotros mismos, tal como somos. Cuando nos esforzamos en difundir las ideas libertarias, la mayor resistencia de las personas est谩 en el rechazo a la ley (jur铆dica), aunque critiquen por otra parte las enormes lagunas e injusticias del sistema. El Estado es defendido con recurrencia como un logro del progreso (la mayor de las veces, por su apariencia 鈥渄emocr谩tica鈥 y 鈥渄e derecho鈥); ante la falta aparente de otras alternativas protectoras, cuesta ver a la gente un sistema m谩s deseable o factible. La divulgaci贸n del anarquismo, su aceptaci贸n, obliga a tomar siempre en serio la mentalidad pol铆tica que puedan tener nuestros semejantes.

Colin Ward, con el af谩n de extenderlos y mostrarse cr铆tico con ellos despu茅s, repet铆a los t铆picos argumentos anarquistas sobre c贸mo una sociedad libertaria puede enfrentarse a actos criminales sin necesidad de un sistema legal instituido ni de fuerzas policiales: en primer lugar, si se habla de robos como mayor铆a de los delitos, no tendr铆an sentido en una sociedad donde las materias primas y los medios de producci贸n fueran comunitarios y existiera un reparto equitativo de las bienes de consumo; no se dar铆a tampoco una inclinaci贸n tan fuerte a los actos violentos en una sociedad permisiva y sin que la competencia tuviera tanta predominancia; tambi茅n se producir铆an mayores actos de responsabilidad en cuanto al uso de un transporte p煤blico, y desaparecer铆a el apego a valores fr铆volos como la velocidad y la agresividad en las carreteras; el proceso de descentralizaci贸n supondr铆a que se evitaran las grandes concentraciones urbanas y que se desarrollaran valores de preocupaci贸n y respeto hacia el pr贸jimo. Estos argumentos son recurrentes, aunque no est谩 dem谩s insistir en ellos dado su valor, y su r谩pida refutaci贸n como irrealizables en la pr谩ctica tambi茅n lo ha acabado siendo. Los detractores aseguran que la civilizaci贸n, tal y como la entedemos en las sociedades 鈥渁vanzadas鈥, ha dado lugar a personas que nada tienen que ver con esos valores, presentados como ut贸picos y necesitados de 鈥渉ombres nuevos鈥. Pero disciplinas como la sicolog铆a social nos demuestran hasta qu茅 punto somos consecuencia del ambiente en que nos desarrollamos, por lo que se trata de cambiar tambi茅n la sociedad y demostrar que la realidad no es solo la que ponen delante de nuestros ojos. Paul Tappan, crimin贸logo norteamericano, afirmaba que es preferible para nosotros, en cuanto a sociedad que somos, aceptar los problemas sociales que padecemos en lugar de esforzarnos conscientemente para cambiar radicalmente nuestra cultura.

Si la ley emana del Estado en forma de orden o prohibici贸n, basada en la autoridad y en la capacidad de emplear la fuerza, el delito supone cualquier infracci贸n de dicha ley o c贸digo criminal y la polic铆a son los agentes que se encargan de mantener esa ley y orden, est谩 claro que todos estos conceptos se muestran incompatibles con el anarquismo. Pero la ley no tiene por qu茅 suponer un sistema legalista, y s铆 tener un sentido comunitario o consuetudinario; incluso la sociolog铆a alude como ley a la formaci贸n de un cuerpo complejo de normas de todo tipo ya existentes en la sociedad. En cuanto a la noci贸n de delito, tambi茅n es posible extender su definici贸n; el crimin贸logo del siglo XIX Garofallo hablaba de 鈥渃ualquier acto que vaya contra las normas imperantes de honestidad y de respeto al pr贸jimo鈥. Incluso, algunos profesionales insisten en que la clasificaci贸n legal no deber铆a limitar el trabajo del crimin贸logo y ampliar la definici贸n a la vista de ciertos comportamientos aparentemente no delictivos. La idea de algo parecido a la polic铆a desde un punto de vista anarquista se muestra casi imposible; a pesar de ello, puede aceptarse que una fuerza coercitiva como la policial realice determinadas funciones sociales, siempre minoritarias en cuanto a su cometido de labores al servicio de un gobierno. Colin Ward mencionaba una alternativa a la polic铆a denominada 鈥渃ontrol social鈥, descrita como el sistema por el cual los individuos y las comunidades se protegen de las acciones antisociales. Godwin, en Justicia pol铆tica, ya hablaba de un 谩rea reducida en un contexto descentralizado en la que el individuo estar铆a sometido al juicio de la comunidad (se entiende, que sin intenciones coercitivas arbitrarias). Hay que advertir de la opresi贸n costumbrista y censora que se han dado tantas veces en los pueblos, lo que ha llevado a tantas personas inconformistas o de comportamiento 鈥渁ntisocial鈥 a refugiarse en grandes urbes.

Kropotkin reconoc铆a que en una sociedad, por muy bien organizada que est茅, aparecer谩n siempre personas que se dejan llevar por sus pasiones para cometer actos antisociales. Para prevenirlo, habr铆a que dar una orientaci贸n sana a esas pasiones huyendo del aislacionismo y del individualismo ego铆sta que supone la propiedad privada. Es necesario buscar la comunicaci贸n, el conocimiento de nuestros semejantes que supondr铆a una vida comunitaria m谩s entrelazada que empuje a las personas a la cooperaci贸n moral y material. Ward menciona a Edward Allsworth Ross como el primero, en 1901, en dar a esta idea el nombre de 鈥渃ontrol social鈥; hablaba de determinadas sociedades fronterizas en las que no se daba provecho alguno para una autoridad legal gracias a la simpat铆a, la sociabilidad y un sentido de la justicia conformado en circunstancias favorables. En la actualidad, el control social se define como regulador del comportamiento a traves de valores y normas, contrastado con el orden que se pueda establecer con el uso de la violencia. No podemos poner ning煤n ejemplo actual sobre una sociedad de este tipo, pero no hay que restarle por ello menos importancia y valor como modo de vida alternativo. Los soci贸logos parecen de acuerdo en que lo que quita valor al llamado 鈥渃ontrol social鈥, definido por el cumplimiento de unos normas, frente a la 鈥渁utoridad鈥, en la que se habla de obediencia a esas normas, es el tama帽o y el alcance de una comunidad. Jane Jacobs es una urbanista contempor谩nea que se ha ocupado de la manera en que el control social funcionaba en el ambiente urbano; si una de las funciones de calles y aceras, llenas de extra帽os en el caso de grandes concentraciones urbanas, es la de inspirar seguridad, la misma se mantiene gracias a una trama intr铆nseca de controles voluntarios y de normas t谩citas entre la propia gente, sin que la polic铆a intervenga para nada. Seg煤n esta autora, se puede hablar de cierta labor de vigilancia mutua e inconsciente por parte de la gente en aglomeraciones reducidas y, como consecuencia y de forma paralela, las personas se desenvuelven con menos hostilidad y sospecha al disfrutar de las calles de manera voluntaria y sin preocupaci贸n. En grandes urbes es otro cantar, ya que la presencia de extra帽os que no tienen por qu茅 adaptarse al ambiente obliga a soluciones m谩s directas y tajantes. Lo que se defiende es que el comportamiento social tiene m谩s dependencia de la responsabilidad compartida que de alguna fuerza policial.

Errico Malatesta hablaba de una defensa frente a quienes atentan, no contra un sistema establecido, sino contra los valores m谩s profundos que distinguen al hombre, y que los gobiernos utilizaban para justificar su existencia. En primer lugar, hay que eliminar las causas sociales del delito y buscar los sentimientos fraternales y de mutuo respeto. Pero Malatesta advert铆a sobre la instauraci贸n de un nuevo sistema opresivo basado en el privilegio, con esa excusa de comportamientos sociales; la soluci贸n pasaba para 茅l por la b煤squeda de una soluci贸n defensiva por parte de las mismas personas afectadas, viendo al delicuente como a un 鈥渆nfermo鈥 que necesita atenci贸n. En casos extremos, puede que se tenga que recurrir a una violencia defensiva o confinamiento frente a ciertos actos peligrosos, dejando el juicio para las partes interesadas, sin la creaci贸n de algo parecido a una fuerza policial. Colin Ward analizaba estos argumentos de Malatesta y mencionaba, en primer lugar, el peligro de endurecimiento e institucionalizaci贸n de todo sistema de justicia, conocidos son los casos de terribles tribunales surgidos de un contexto revolucionario. Por otra parte, la fe en el pueblo que tiene Malatesta no pasaba, como es obvio, por toda justificaci贸n de la violencia vengativa que puedan ejercer las personas, tampoco del sentimiento de ansiedad y culpa que pueda tener una sociedad que no desea verdaderamente acabar con el crimen, indagando para ello en la ra铆ces de lo que produce determinados comportamientos.
Observando las cosas de otro modo, una sociedad sin delito supondr铆a una terrible cohesi贸n basada en el conformismo y en el anquilosamiento. De Durkheim era la frase acerca de la idea de delito: 鈥渦n aspecto de la salud p煤blica, parte integrante de todas las sociedades saludables鈥. La existencia de ciertos comportamientos puede acelerar los cambios necesarios, y el anarquismo tiene mucho que decir sobre estos comportamientos que son vistos como sospechosos seg煤n la ley establecida. De Malatesta tambi茅n es el siguiente comentario: 鈥淓n cualquier caso, s贸lo somos una de las muchas fuerzas que act煤an en la sociedad, y la historia avanzar谩, como siempre lo ha hecho, en la direcci贸n que resulte de todas estas fuerzas鈥. El anarquista italiano alud铆a a una tensi贸n permanente entre diversas filosof铆as y actitudes sociales, que a su vez coexistir谩n. Siempre habr谩 actos antisociales, y siempre habr谩n gente deseosa de instaurar un sistema punitivo, por lo que los libertarios deber铆an mostrarse alerta para contener estas intenciones y buscar otro tipo de soluciones.

Anarquismo en acci贸n

El libro de Colin Ward Anarchy in action es una exposici贸n de argumentos a favor del anarquismo, citando numerosas fuentes y ejemplos pr谩cticos y vigentes. La gran pregunta, al margen de una posible revoluci贸n 鈥渧iolenta鈥 (los conceptos revolucionario y reformista se funden aqu铆, si se mantiene la labor transformadora), es si es posible extender el 谩rea de acci贸n de esa pr谩ctica libertaria hasta que sea la predominante y las personas logren autogestionar la sociedad tal y como deseen. A estas alturas, creemos que la mayor parte de la gente deber铆a pensar que cualquier tipo de sociedad es posible; naturalmente, el poder coercitivo es empleado por cualquier tipo de 鈥渋smo鈥, excepto por aquel que ver铆a transgredido sus principios si lo llevara a cabo. Como dice Ward, se puede imponer la autoridad, pero no la libertad. Viene al caso recordar la frase de la pel铆cula V de vendetta (de la buena adaptaci贸n cinematogr谩fica, no del excelente c贸mic que la inspira): 鈥渢odo es posible, nada es probable鈥. El anarquismo es enemigo del totalitarismo (pol铆tico, por supuesto, pero tambi茅n vital), por lo que una sociedad que se pretenda integrada 煤nicamente por anarquistas resulta imposible. Recordaremos la frase de Malatesta citada m谩s arriba: 鈥渆n cualquier caso, s贸lo somos una de las muchas fuerzas que act煤an en la sociedad鈥.

Una sociedad autogestionada por sus integrantes es posible, una sociedad en la que se diera la unanimidad se antoja imposible (y no deseable). La idea de elegir, entre varios tipos de comportamiento social, parece fundamental para toda filosof铆a de la libertad y de la espontaneidad. Ward rechaza, no la utop铆a, sino llegar a ella (la idea de una perfecci贸n, al igual que a Proudhon, no cabe en una mentalidad progresista). Naturalmente, el olvidarse de llegar a la utop铆a no supone caer en el nihilismo ni en el abatimiento. Tampoco refugiarse en la esfera privada abundando en lo que se puede denominar 鈥渓iberaci贸n personal鈥 con la idea de que cunda el ejemplo; esa idea de afirmaci贸n individual siempre ha estado en el anarquismo, pero necesita completarse con la cooperaci贸n con los dem谩s, con lo que podemos llamar 鈥渆mancipaci贸n social鈥. No, de lo que se trata es de negar ese 鈥渋dealismo鈥 que pretende situar el objetivo solo al final (por lo que es susceptible de ser acusado de inalcanzable), negando todo compromiso inmediato y toda forja de las m谩s bellas ideas en nuestra cotidianeidad. Alexaner Herzen escribi贸: 鈥淯na meta infinitamente remota no es una meta, es una decepci贸n. Una meta debe estar m谩s cercana -al menos, lo m谩s cerca posible- del sueldo de un jornalero o de la satisfacci贸n del trabajo realizado. Cada 茅poca, cada generaci贸n, cada vida ha tenido, y tiene, su propia experiencia, y el final de cada generaci贸n debe ser ella misma鈥.

Ward defiende que la ant铆tesis entre la idea libertaria y la idea autoritaria no es el resultado de ning煤n cataclismo final, sino una tensi贸n permanente marcada por los compromisos vigentes a lo largo de toda la historia. La pluralidad de la sociedad hace que este enfrentamiento, polarizaci贸n de muchos otros, resulte tal vez inconcluso a perpetuidad. Podemos luchar para que los m谩s nobles valores se impongan en la sociedad, pero siempre existir谩 disconformidad y disensi贸n; la respuesta para ello no pasar谩, en opini贸n de los anarquistas, por medios autoritarios. Es m谩s, tal vez estemos hablando de argumentos que refuerzan nuestra postura, si hablamos de intenciones opuestas a una mayor铆a (por libertaria que se presente) o a toda suerte de centralizaci贸n (en el 谩mbito o en la forma que sean); naturalmente, recordaremos que el disenso es lo aceptable, pero la imposici贸n y el centralismo que puede estar en el germen de toda postura (mayoritaria o minoritaria) es lo rechazable. Hace tres d茅cadas, Ward se mostraba pesimista al observar unos nuevos poderes pol铆ticos y econ贸micos, m谩s perversos incluso que en el siglo anterior, pero optimista al mismo tiempo al observar nuevos brotes cr铆ticos con las instituciones y con af谩n autogestionador. El mundo sigue transform谩ndose vertiginosamente, y no siempre podemos mostrarnos positivos al respecto; el fracaso de la modernidad, con el nuevo periodo que denominan posmodernidad, supone una 茅poca de contornos difusos en la que no parece deseable aferrarse a nada s贸lido. Pero ese rechazo del dogmatismo, del absolutismo, ha formado siempre parte del anarquismo, incluso en su versi贸n decimon贸nica m谩s r铆gida, heredera de los postulados de la Ilustraci贸n. La lucidez es inherente al ser humano, y se requiere mucha, por un lado, para enfrentar el dogma (detr谩s del cual siempre se da la imposici贸n , las mayores aberraciones justificadas en esa verdad con may煤sculas) a los m谩s nobles valores (humanos, y situados en el plano humano); por otro lado, la lucidez y valent铆a para no caer tampoco en un relativismo vulgar o en el simple c铆nismo exento de compromiso. Nuestra batalla est谩 tambi茅n en el pensamiento, pero no olvidemos el legado de Ward: ese empe帽o diario en ir construyendo el anarquismo conformando los nuevos movimientos opuestos a todo poder coercitivo, formados por personas que se niegan a ser siervos consumistas o explotadores de sus semejantes.

Por 煤ltimo, una interesante reflexi贸n que tal vez sintetice las intenciones de Ward en su libro. Se trata del falso dilema, absurdamente presente en tantas discusiones, sobre revoluci贸n y reforma. El aut茅ntico enfrentamiento es, entre una revoluci贸n que instaura una nueva 茅lite de opresores y ese tipo de reforma que hace m谩s llevadera y eficaz la dominaci贸n, con los cambios sociales, ll谩mense revolucionarios o reformistas, que suponen que las personas incrementen su esfera de autonom铆a y que disminuya la dependencia de toda autoridad externa. Ward concluye su libro con estas bellas y esclarecedoras palabras: 鈥淓l anarquismo, en todas sus modalidades, es una afirmaci贸n de la dignidad y de la responsabilidad humanas. No es un programa de cambios pol铆ticos, sino un acto de autodeterminaci贸n social鈥.

Capi Vidal

Fuente: https://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com



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Fuente: Lapeste.org