March 14, 2021
De parte de Briega
423 puntos de vista


Nota introductoria; Abrimos un espacio para compartir una serie de art铆culos (susceptibles de ser antiguos y/o abordar realidades de otros territorios) que tengan que ver con las energ铆as renovables, la cr铆tica al capitalismo verde y las luchas populares y comunitarias contra la instalaci贸n de sus infraestructuras debido a los efectos nocivos sobre el territorio . El motivo es  aportar informaci贸n m谩s o menos afin a este medio que a su vez pueda contribuir en algo a las movilizaciones en curso contra los pol铆gonos e贸licos planificados para Cantabria.

Charla de Miquel Amor贸s en el Cicle 芦antidesarrollista禄 en defensa del territori, Barcelona, CSOA La Teixidora (Poble Nou), 20 de mayo de 2012.
Publicado en Argelaga 1.

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, as铆 como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
鈥揕a ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acert谩ramos a desear, porque ves all铆, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos m谩s, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que 茅sta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

A lo largo de los 煤ltimos treinta a帽os la dominaci贸n ha tomado 芦una nueva conciencia del hecho energ茅tico禄 condicionada por los precios del petr贸leo y la distribuci贸n geogr谩fica de sus reservas. La clase dirigente ya es consciente de que un suministro seguro de energ铆a es imprescindible para el mantenimiento de la sociedad de mercado, urbana en su m谩s alta expresi贸n, y, dado el coste creciente para su obtenci贸n y la disponibilidad decreciente de recursos energ茅ticos, no le importa los impactos que causen su producci贸n y transporte; los 芦costes medioambientales y sociales禄 son meros da帽os colaterales de una pol铆tica de 芦seguridad禄 que ha de prever eventuales situaciones de desabastecimiento. Es esa doble amenaza la que obliga a los Estados industrializados a confeccionar planes que faciliten la mundializaci贸n del mercado de la energ铆a y fijen estrategias de ahorro, eficiencia y prospecci贸n a fin de atemperar su elevada dependencia energ茅tica. Lo primero conduce al desarrollo de infraestructuras energ茅ticas de interconexi贸n; lo segundo, a la innovaci贸n tecnol贸gica y a la promoci贸n de las energ铆as renovables industriales.

La sociedad capitalista de masas se basa m谩s todav铆a en el crecimiento, lo que redunda en estilo de vida motorizado y climatizado apoyado en un consumo intensivo de energ铆a, con el consiguiente incremento continuo de la demanda. Sin embargo, ese estilo no puede sostenerse indefinidamente, puesto que el agotamiento progresivo de los yacimientos de combustibles f贸siles (y de uranio) junto con la gravedad de los impactos ambientales y sociales causados imponen serias limitaciones que han de asumir las administraciones. Por un lado, el aumento del precio del petr贸leo y el gas natural; por el otro, las emisiones contaminantes, la destrucci贸n del entorno rural, la degradaci贸n de los ecosistemas y el calentamiento global. El capitalismo se halla ante la disyuntiva de seguir creciendo y agravando la crisis ecol贸gica, o de decrecer y sumergirse en una crisis econ贸mica. Al final ha tenido las dos y esto no es m谩s que el principio. En un art铆culo titulado 芦La transici贸n energ茅tica禄 (El Pa铆s, 26-x-2005) pod铆a leerse: 芦la crisis que se avecina es de tal magnitud que todos los expertos consultados coinciden en que estamos ante un nuevo paradigma.禄 Que los expertos al servicio del poder econ贸mico sean catastrofistas es una novedad, pero como el sistema capitalista ha venido demostrando a trav茅s de la historia, la soluci贸n que preconizan en su nombre se desprende de la conversi贸n de los problemas generales en oportunidades para las grandes corporaciones. As铆 pues, el sistema ha dado con la 芦opci贸n sostenibilista禄, que consiste en reorientar el crecimiento econ贸mico tratando de contrarrestar sus deplorables efectos a trav茅s de cambios en las pautas de consumo energ茅tico, y, por encima de todo, en un salto tecnol贸gico hacia delante. Los dirigentes empresariales y pol铆ticos planean un cambio paulatino hacia un modelo productivo 芦descarbonizado禄, o sea, un modelo que dependa menos de los combustibles f贸siles y m谩s de las nucleares y las renovables industriales. La seguridad del suministro y la neutralizaci贸n de los efectos del cambio clim谩tico son los puntos clave del nuevo paradigma capitalista, pero los caminos a seguir, como por ejemplo el mercado de emisiones, la subvenci贸n de la industria nuclear y renovable, el control social o la geopol铆tica imperialista, abocan a contradicciones insuperables. El 芦desarrollo sostenible禄 resulta pues una vulgar estafa, ya que se resume a una apuesta pol铆tico-tecnol贸gica por el control de la demanda de energ铆a y la explotaci贸n del territorio como fuente aut贸ctona de recursos energ茅ticos, sean o no renovables, sean o no contaminantes, sin reducir para nada el consumo de combustibles f贸siles, ni por supuesto alterar el statu quo mercantil. Puede que sea desarrollo, pero no tiene nada de sostenible. Las rutas tecnol贸gicas abiertas suponen un 芦nuevo modelo territorial禄 pagado directamente por los consumidores mediante la factura de la luz, o indirectamente, a trav茅s del erario p煤blico: es lo que las multinacionales llaman 芦internalizaci贸n de los costes禄. En realidad el aumento del precio de la energ铆a ha de costear todos los dispendios del capitalismo verde, puesto que 茅ste a煤n no es rentable: la construcci贸n de infraestructuras como las 芦redes transeuropeas de energ铆a禄, el secuestro del di贸xido de carbono, la extracci贸n de gas y petr贸leo no convencionales, la investigaci贸n tecnol贸gica, la construcci贸n de centrales de renovables, la plantaci贸n de agrocombustibles, las plantas de tratamiento de residuos鈥 Y todo para concluir que la demanda mundial entre 1997 y 2020 se incrementar谩 en un 57%, y que al final del periodo los combustibles f贸siles representar谩n m谩s del 80% de la energ铆a mundial consumida, es decir, m谩s o menos lo que representan en la actualidad. Del petr贸leo depende no solamente el transporte mundial, sector que crece m谩s que los otros, sino la construcci贸n, la agricultura intensiva, la industria qu铆mica, la farmac茅utica y la agroalimentaria, la producci贸n de asfaltos, fibras sint茅ticas, pl谩sticos, abonos, plaguicidas, etc., elementos imprescindibles para la vida artificial obligatoria en r茅gimen capitalista. No existe, ni a corto ni a largo plazo, un recurso capaz de sustituirlo y los expertos del poder dan por sentado en los pr贸ximos a帽os un escenario de crisis que comportar谩 graves disfunciones socio-econ贸micas y desastres ambientales.

Ante la perspectiva de la cat谩strofe, las directivas de las altas instancias europeas (el Parlamento, el Consejo, la Comisi贸n) relativas al fomento de las renovables industriales pueden entenderse m谩s que como mecanismos de contenci贸n de la demanda de combustibles f贸siles (que van a seguir siendo la principal fuente de energ铆a, y por lo tanto, de contaminaci贸n y de producci贸n de gases de efecto invernadero) como mecanismos de ocultaci贸n de la crisis energ茅tica y ecol贸gica. Las renovables son un complemento inconfesable de la verdadera producci贸n alternativa, la nuclear, destinada a representar el 30% de la energ铆a producida en 2030 en la pen铆nsula, seg煤n informa el lobby nacional Foro Nuclear, lo que supondr谩 la construcci贸n de entre siete y diez centrales nucleares. Adem谩s, las renovables son seudo-exorcismos contra el cambio clim谩tico, destinado a disimular fen贸menos m谩s agresivos con el medio ambiente, por ejemplo la expansi贸n del consumo de gas natural o la producci贸n de gas y petr贸leo no convencionales por fractura hidr谩ulica. Tambi茅n dan una impresi贸n de seguridad que se corresponde poco con la realidad, al proporcionar una apariencia de diversificaci贸n de las fuentes, cuyos cuantiosos costes presentes comportar谩n seg煤n los expertos y pol铆ticos beneficios superiores en un futuro. Este peculiar efecto pantalla psicol贸gico de las renovables, que ni son baratas, ni reducen sensiblemente el estado de dependencia energ茅tica, y que, finalmente, no son siquiera renovables, prevalece a tal punto que se han convertido, sobre todo las e贸licas, en la prioridad de las pol铆ticas energ茅ticas para los a帽os venideros, los de la 芦transici贸n energ茅tica禄.

Desde que la Uni贸n Europea fij贸 el objetivo del 20% de generaci贸n renovable en 2020, las e贸licas industriales marchan en primera l铆nea, y ello es as铆 porque son las menos caras y las que se encuentran en una fase de desarrollo m谩s avanzado. Pero la energ铆a e贸lica est谩 lejos de ser una fuente socializada, en manos de colectivos locales energ茅ticamente aut贸nomos. Cuatro multinacionales controlan el sector en el 谩mbito estatal, a saber, Acciona, Iberdrola-ACS, Gamesa y Abengoa, que junto con Endesa, Uni贸n Fenosa, Isolux, Corporaci贸n E贸lica SA, Fersa e Hidrocant谩brico, poseen la mayor铆a los impropiamente llamados 芦parques禄 de aerogeneradores, que, siguiendo el modelo centralizador cl谩sico, vierten su producci贸n a la red el茅ctrica. En el pastel tambi茅n participan a trav茅s de filiales multinacionales extranjeras como por ejemplo Siemens o Element Power. En 2004 el Estado espa帽ol se situaba en segundo lugar mundial en cuanto a potencia instalada, pero del consumo total de energ铆a primaria en 2009, solamente un 2鈥4% correspondi贸 a la e贸lica. Para 2010 hab铆a triplicado la potencia (20.000 Mw) y el n煤mero de aerogeneradores (19.000 unidades). La energ铆a e贸lica no es apta para el transporte pues s贸lo sirve para producir electricidad y el veh铆culo el茅ctrico est谩 lejos de ser una realidad pr谩ctica. Se consume principalmente en el 谩mbito residencial y terciario, pero nunca sola, pues para compensar las bajadas de tensi贸n debidas a la variabilidad del viento necesita el respaldo de centrales t茅rmicas, grandes contaminadoras. Esa necesaria asociaci贸n pone en duda el car谩cter renovable de la energ铆a producida en los 芦parques禄, pero no olvidemos tambi茅n que los materiales industriales usados en su construcci贸n reflejan una importante huella carb贸nica de f谩brica: hormig贸n armado para la cimentaci贸n, las zanjas y las torres (un parque de veinte turbinas necesita diez mil toneladas), acero para las torres y la 芦g贸ndola禄, fibra de vidrio o de carbono reforzada con pl谩stico para los 芦谩labes禄 o palas, cobre para el transformador y cables de evacuaci贸n, y hasta metales muy poco abundantes en la naturaleza como el neodimio y el disprosio para los imanes permanentes del rotor, cuya extracci贸n y purificaci贸n es un proceso altamente t贸xico. Si a ello a帽adimos el uso de aceite en la maquinaria, las resinas de poliuretano o de polivinilo para la protecci贸n del acero, los movimientos de tierras, excavaciones y dem谩s trabajos de instalaci贸n, que se repiten a la hora del desmantelamiento, o sea, al cabo de veinte a帽os 鈥搇a vida 煤til del aerogenerador de 60 metros de altura con palas de 30 metros鈥 tendremos el cuadro completo de la verdadera renovabilidad de la energ铆a e贸lica.

El primer impacto que se percibe ante una central e贸lica es el visual. Todas las protestas aluden al deterioro del paisaje, que para los pueblos es todo un referente. La configuraci贸n del paisaje resulta mayormente cambiada, fragmentada, afeada y banalizada, con p茅rdida de su calidad visual, de su unidad y su singularidad, algo que desde un punto de vista pragm谩tico puede parecer secundario, pero que para el vecindario que se siente a gusto con la belleza de su entorno y se identifica con 茅l resulta vital. A partir de ah铆 podemos continuar con el impacto sobre el territorio, el segundo gran argumento contra los 芦parques禄. Efectivamente, la construcci贸n de infraestructuras viarias y el茅ctricas erosiona el terreno y provoca da帽os a la vegetaci贸n que aumentan cuando la central ocupa espacios protegidos y corredores ambientales. La evacuaci贸n de la electricidad producida exige l铆neas de alta tensi贸n adem谩s de zanjas, con el riesgo de incendio que conllevan. Dicho impacto empieza a ser considerable en cuanto a la mortandad de aves por colisi贸n con las palas, electrocuci贸n con los tendidos de evacuaci贸n y p茅rdida de h谩bitat. Un solo aerogenerador puede matar entre 3 y 64 aves y murci茅lagos. Multipl铆quese por el n煤mero de aerogeneradores existentes y obtendremos una cifra de aves muertas situada entre 60.000 y un mill贸n doscientas mil. Precisamente es el escalofriante n煤mero de aves muertas, muchas de ellas protegidas, lo que oblig贸 a pronunciarse a la Comisi贸n Europea y la primera causa de paralizaci贸n de las centrales Las denuncias conciernen tambi茅n a los da帽os al patrimonio arqueol贸gico e hist贸rico, al turismo rural u ornitol贸gico y a la caba帽a ganadera. Finalmente, el bloqueo de las corrientes de aire favorece el calentamiento global; el ruido producido por los aerogeneradores resulta molesto en las proximidades de las centrales; las luces de se帽alizaci贸n nocturna son fuente de contaminaci贸n lum铆nica y el 芦efecto discoteca禄, que consiste en la sombra proyectada por las palas al recibir la luz solar, llega a ser inaguantable. Por si fuera poco, frente a tanto destrozo no se ha avanzado gran cosa: se necesitar铆an 4.000 aerogeneradores para igualar la producci贸n de una sola central t茅rmica (de 1 Gw), es decir, una superficie de mil Km2 y dos millones de toneladas de hormig贸n, cantidad equivalente a la que necesitar铆a la construcci贸n de bloques de viviendas para albergar a 100.000 personas. La preocupaci贸n por el medio ambiente de los industriales e贸licos y de los pol铆ticos que sostienen sus intereses queda pues suficientemente desenmascarada como negocio insalubre y expolio territorial.

Ante las tensiones sociales que arrastran las centrales e贸licas terrestres y el problema de la escasez de emplazamientos aprovechables, o sea, la limitaci贸n impuestas por el factor espacio, surge la posible alternativa de las centrales e贸licas marinas, todav铆a en fase experimental. No necesitan v铆as de acceso, alcanzan una productividad mayor y duplican la vida 煤til de los aerogeneradores, pero son bastante m谩s caras y su impacto paisaj铆stico, territorial y ambiental es mayor. Adem谩s, como las terrestres, necesitan una central t茅rmica de apoyo, como las terrestres, para cuando no sople el viento. Las torres tienen una envergadura de hasta 200 metros, 75 de ellos sumergidos, con palas de 50. A la erosi贸n provocada por las obras de superficie y submarinas se suman el mayor ruido, el picadillo de aves y los efectos de los campos electromagn茅ticos en la flora subacu谩tica y los recursos pesqueros. Las econom铆as costeras resultan claramente perjudicadas, por lo que el rechazo vecinal es total. En general, las e贸licas no pueden suscitar una complicidad suficiente en la poblaci贸n afectada, ni siquiera con el reclamo recurrente de los puestos de trabajo y del 芦atractivo tur铆stico禄 que significar铆an los aerogeneradores en medio del mar, argumento 茅ste tan extravagante que denota la absoluta falta de justificaciones plausibles. La toma unilateral de decisiones que comporta la liquidaci贸n de la actividad econ贸mica local sin estudios de impactos ambientales dignos de ese nombre por parte de las distintas administraciones asesoradas por el trabajo deshonesto de t茅cnicos y escudadas en periodistas serviles, no es capaz de ocultar a los ojos de la poblaci贸n que los proyectos e贸licos 鈥搚 los otros鈥 no responden m谩s que a la megaloman铆a irresponsable de los pol铆ticos auton贸micos y a los intereses espurios de los fabricantes de aerogeneradores, de las empresas promotoras y de los bancos.

En resumidas cuentas, la energ铆a e贸lica no surge en el mercado global para sustituir a ning煤n otro tipo de energ铆a, pues s贸lo para reducir significativamente el n煤mero de t茅rmicas de carb贸n o de nucleares necesitar铆amos un 芦parque禄 cada tres o cuatro kil贸metros cuadrados. Simplemente aparece para apuntalar la econom铆a de mercado. No es ni siquiera renovable, puesto que la construcci贸n de centrales y la fabricaci贸n de turbinas requieren una gran cantidad de combustibles f贸siles que cuestiona la limpieza de la producci贸n final. No disminuye pues la emisi贸n de di贸xido de carbono a la atm贸sfera, ni contribuye a detener el cambio clim谩tico. Tampoco rebaja el precio del kwh, ni reduce la dependencia de los Estados sin yacimientos de petr贸leo o gas. La producci贸n de energ铆a e贸lica es ante todo un gran negocio en manos de un oligopolio multinacional que pone el territorio en explotaci贸n a fin disponer de una fuente secundaria de electricidad para proporcionar un suministro energ茅tico constante a las conurbaciones, sin el cual no ser铆an viables. El alumbrado de calles y edificios, la calefacci贸n, la refrigeraci贸n, el alcantarillado, los supermercados, los ascensores, los sem谩foros, los hospitales, las escuelas, los desplazamientos, la vigilancia policial, etc., todo depende de la energ铆a que hasta ahora han asegurado el carb贸n, el fuel, el gas y la fisi贸n nuclear. De esta manera los derechos, los intereses e incluso la identidad de los habitantes rurales se sacrifican al mantenimiento de unas condiciones de consumo suficiente para las masas encerradas en los aglomerados urbanos convenientemente iluminados. El modelo despilfarrador de las e贸licas industriales es en definitiva una pieza m谩s del nuevo capitalismo 芦sostenible禄, aquel donde el territorio ambiental y socialmente deteriorado se transforma en mercado, y por consiguiente, en fuente de beneficio privado exclusivo protegido por el Estado, alentado por las administraciones auton贸micas y justificado por el ecologismo pol铆tico. Es una prueba m谩s de la carrera suicida de una civilizaci贸n industrial superpoblada con necesidades masivas de energ铆a y alimentos pero con cada vez menos petr贸leo, una civilizaci贸n enferma y decadente de la que conviene escapar so pena de quedar atrapados en un proceso de extinci贸n.

Nota del 2 de noviembre

Si bien los aerogeneradores en suelo espa帽ol ya existen desde los a帽os ochenta, la construcci贸n de centrales e贸licas no cobr贸 impulso hasta las Cumbres de la Tierra y las directivas de la Uni贸n Europea sobre energ铆as renovables de finales de los noventa. La oposici贸n de un pu帽ado de agricultores, ecologistas, colectivos rurales e incluso alcaldes arranca pues de entonces. Merece especial atenci贸n como pionera y modelo de la defensa del territorio la Plataforma en Defensa de la Terra Alta (Tarragona) que no ha dejado de oponerse a las e贸licas industriales desde 1998. Ha sido la que con m谩s fuerza ha denunciado la permisividad culpable de la administraci贸n auton贸mica en la marginaci贸n y destrucci贸n del territorio, la deficiencia o ausencia de estudios de impacto, los intereses privados que se esconden en proyectos de ninguna utilidad p煤blica, la decisi贸n tomada al margen de la poblaci贸n por pol铆ticos de toda clase en connivencia con las empresas el茅ctricas y constructoras, etc. Una Coordinadora d鈥橢studis E貌lics del Comtat (Alicante) se opuso al proyecto de las centrales e贸licas de la Sierras de Alfaro y Almudaina, y asimismo hubo grupos que impugnaban las centrales situadas en Els Ports y El Maestrat (Castell贸n). La Mesa e贸lica de las Merindades de Burgos o los C谩ntabros por la Ordenaci贸n Racional de la Energ铆a E贸lica son iniciativas que ya llevan a帽os presentando denuncias y alegaciones. Alentadas por las primas, sobre todo a partir de 2006 cuando se elaboran una avalancha de proyectos cuya realizaci贸n causa estragos. La agresi贸n al paisaje y al medio ambiente es tal que empieza a repugnar hasta algunos de sus propios responsables. Entre 2006 y 2012 se produce una toma de conciencia sobre el verdadero papel de las e贸licas algo m谩s general. En consecuencia, surgen plataformas nuevas que plantean conflictos territoriales: en Vigo, por la defensa del monte Gali帽eiro; en L鈥橝metlla de Mar (Tarragona) y la bah铆a de Santander contra la construcci贸n de e贸licas marinas; o en Plasencia (C谩ceres), en defensa de la Sierra de Santa B谩rbara. La protesta antiparques ha obtenido la retirada de algunos proyectos, pero no ha conseguido parar los numerosos planes administrativos que aspiran a poblar la pen铆nsula de turbinas. A la defensa del territorio le falta la implicaci贸n de las masas urbanas que viviendo en un entorno degradado permanecen indolentes ante la aniquilaci贸n de la fauna y la destrucci贸n del espacio rural y paisaj铆stico. Falta una conciencia urbana del territorio que es crucial en la movilizaci贸n contra el capitalismo. Sin ella la desproporci贸n de fuerzas entre la oposici贸n y el poder econ贸mico y pol铆tico seguir谩 contando a favor de la destrucci贸n planificada. Pero tambi茅n es necesario que las plataformas superen el horizonte ciudadanista que les impide formular una estrategia de lucha eficaz porque supedita la movilizaci贸n al alegato jur铆dico y al di谩logo con la administraci贸n. Si las plataformas quieren un mundo sin e贸licas tendr谩n que rechazar el modelo de sociedad que las necesita y plantearse una defensa del territorio que no acepte la autoridad de quienes lo destruyen met贸dicamente en nombre de intereses bastardos.

Miquel Amor贸s Argelaga 1 2013




Fuente: Briega.org