August 6, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
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El profesor y activista publica 鈥楧ecrecimiento鈥, un libro en el que resume su 鈥減ropuesta razonada鈥 para sortear el colapso ecol贸gico y revertir los estragos del capitalismo.

Siempre ha habido personas en la historia que han sido rechazadas, vilipendiadas e incluso ejecutadas por revelar la verdad. El asunto es tanto m谩s desagradable cuando chocan religi贸n y ciencia. Giordano Bruno, Miguel Servet o Galileo Galilei son ejemplos de sobra conocidos.

En Occidente, en el siglo XXI, hay una nueva religi贸n que, sin hogueras, est谩 tan poco dispuesta a que se cuestionen sus dogmas como las antiguas iglesias cristianas. Se trata de la religi贸n impuesta por la econom铆a capitalista y los mercados. Millones de vidas humanas son sacrificadas cada a帽o en el altar de los mercados. El objetivo, siempre, es crecer. Y no crecer, o no crecer lo suficiente, provoca un reguero de v铆ctimas en todas las especies del planeta. Antes de dejar de crecer, el capitalismo parece dispuesto a extinguir la vida en la Tierra. El dios que se esconde detr谩s de esta locura, tan s谩dico e implacable como el del Antiguo Testamento, tiene un nombre: Producto Interior Bruto (PIB).

Carlos Taibo (Madrid, 1956), conforme a lo descrito anteriormente, es un hereje. Como activista y como profesor de Ciencia Pol铆tica en la Universidad Aut贸noma de Madrid ha denunciado los excesos del sistema se帽alando lo que deber铆a ser obvio para cualquier economista: de donde no hay no se puede sacar. 芦Si vivimos en un planeta con recursos limitados no parece que tenga mucho sentido que aspiremos a seguir creciendo ilimitadamente禄, afirma al inicio de su libro  (Alianza Editorial, 2021). Su 芦propuesta razonada禄 para hacer frente a la emergencia clim谩tica es un cambio radical de paradigma: hay que .

Para entender la perversi贸n que se esconde tras este sistema econ贸mico es adecuado tener en cuenta que el PIB es 芦un 铆ndice que considera la contaminaci贸n como riqueza禄. Quemar combustibles f贸siles incrementa el PIB. Talar un 谩rbol incrementa el PIB. La obsolescencia programada que exige la explotaci贸n de m谩s y m谩s recursos naturales incrementa el PIB. Hay que parar esta rueda infernal y hay que hacerlo ya.

Para explicar esta premura, Taibo, que en libros y conferencias gusta de citar a sus maestros y colegas dentro del movimiento decrecentista (Serge Latouche, Nicholas Georgescu-Roegen, Ivan Illich, Andr茅 Gorz鈥), suele recurrir a una ense帽anza de Cornelius Castoriadis que podr铆amos llamar 芦la par谩bola del hijo enfermo禄. Dice as铆: 芦Si a un padre le comunican que es muy posible que su hijo tenga una grav铆sima enfermedad, la 煤nica reacci贸n plausible del progenitor consistir谩 en colocar a su v谩stago en manos de los mejores m茅dicos, para que determinen si el diagn贸stico es certero o no. Lo que ese padre, o esa madre, en cambio, no podr谩 hacer ser谩 razonar diciendo: 鈥楤ien, si es posible que mi hijo tenga una grav铆sima enfermedad, tambi茅n es posible que no la tenga, con lo cual parece justificado que me quede cruzado de brazos鈥. 脡sta es, sin embargo, la actitud que la especie humana parece haber asumido en relaci贸n con la crisis ecol贸gica禄.

驴No cree que el problema es precisamente ese, que no vemos el planeta como un hijo o alguien amado, como si estuvi茅ramos por encima de 茅l o fuera de 茅l? Aun a riesgo de simplificar en exceso, 驴no es el 芦marco cultural禄 impuesto por el capitalismo el peor enemigo en esta crisis clim谩tica?

As铆 es. O, por decirlo de otra manera, el capitalismo ha conseguido colocar dentro de nuestra cabeza un pu帽ado de ideas de las que es dif铆cil, muy dif铆cil, liberarse. Ideas que, claro, generan las conductas correspondientes en terrenos como los de la competitividad, la productividad, el consumo y el crecimiento econ贸mico. Los habitantes del Norte rico nos topamos con enormes problemas para salir de ese mundo. Las circunstancias son diferentes en muchas 谩reas de los pa铆ses del Sur en las que perviven con fuerza culturas precapitalistas mucho m谩s marcadas por la l贸gica del apoyo mutuo y mucho menos hechizadas por la identificaci贸n entre consumo y bienestar. Una identificaci贸n simplota donde las haya.

Nuestra relaci贸n con el planeta no se caracteriza precisamente por el amor y los cuidados. Lo demuestra la crisis clim谩tica y el agotamiento de las materias primas energ茅ticas. Pero es que ese marco cultural nos dificulta tambi茅n entender lo que significa la explotaci贸n cotidiana de miles de millones de seres humanos en un escenario lastrado por el trabajo asalariado, por la mercanc铆a y, naturalmente, por la plusval铆a.

驴Por qu茅 el decrecimiento es la soluci贸n m谩s l贸gica?

Prefiero acogerme a la idea de que el decrecimiento, que es una propuesta de alcance limitado, constituye un agregado, un complemento. Pero este complemento es imprescindible para cualquier proyecto serio de contestaci贸n del capitalismo en el siglo XXI. He dicho muchas veces que ese proyecto tiene que ser por definici贸n decrecentista, autogestionario, antipatriarcal e internacionalista. Yo no soy un decrecentista libertario. Soy un libertario decrecentista: el meollo de mis percepciones lo proporciona la apuesta por la autogesti贸n, por la democracia directa y por el apoyo mutuo. Ese es un buen modelo, sobre todo ahora. En un planeta que visiblemente se nos va, es necesario poner freno de inmediato a la locomotora del crecimiento.

驴Y c贸mo se decrece?

En el Norte opulento tenemos que , pero tenemos que asumir otras muchas iniciativas: recuperar la vida social que hemos ido dilapidando, apostar por formas de ocio creativo, repartir el trabajo, reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras que empleamos, estimular la vida local frente a la l贸gica desbocada de la globalizaci贸n. En definitiva, apostar por la sobriedad y la sencillez voluntarias.

En su libro pone usted mucho 茅nfasis en ese aspecto: tomar el camino del decrecimiento debe ser una decisi贸n 芦colectiva y voluntaria禄. Pero para eso necesitamos d茅cadas, generaciones de pedagog铆a. 驴Tenemos tiempo para eso?

Tal y como est谩n las cosas, entiendo que la pregunta es leg铆tima. No hay m谩s que echar una ojeada a los programas, productivistas y desarrollistas, de la abrumadora mayor铆a de los partidos. O a lo que defiende el grueso de los medios de comunicaci贸n. Pero creo que hay dos dimensiones que no deben escap谩rsenos. La primera ya la he se帽alado: la posibilidad de que muchas de las respuestas que aqu铆, en el Norte rico, nos faltan lleguen de habitantes de pa铆ses del Sur con poblaciones mucho menos corro铆das por la l贸gica mercantil del capitalismo. La segunda sugiere que la conciencia de la proximidad de un colapso general podr铆a provocar, tambi茅n en el Norte, cambios importantes y r谩pidos en la conducta de grandes grupos de poblaci贸n. Y ya hemos visto se帽ales de esto. Creo que esos grupos de apoyo mutuo que proliferaron al inicio de los confinamientos, hace un a帽o, significan que una parte de la gente com煤n empieza a hacerse las preguntas pertinentes. Y remarco lo de 芦gente com煤n禄. No hablo de activistas hiperconscientes de movimientos sociales cr铆ticos.

Su discurso suele incomodar a la izquierda y a la derecha. Que incomode a la derecha es l贸gico, 驴pero c贸mo quiere convencer a la izquierda de que abandone sus viejos postulados? Usted critica a los nost谩lgicos de la vieja normalidad, los que a帽oran la socialdemocracia de posguerra, la industrializaci贸n, los sindicatos, el Estado del Bienestar鈥 Muchos de esos derechos se han perdido. 驴No merece la pena luchar por recuperarlos?

Esa es una lucha muy respetable, claro que s铆, pero en el mejor de los casos, es pan para hoy y hambre para ma帽ana. Creo que la figura del Estado del bienestar debe vincularse, y estrechamente, con un momento hist贸rico que ha quedado atr谩s: la llamada era del petr贸leo barato.

Hay que renunciar al pasado entonces.

Es que no creo en ning煤n proyecto que no acarree, con claridad, la voluntad de dejar atr谩s el universo del capitalismo. Y eso me obliga a ser profundamente esc茅ptico. Y hay razones hist贸ricas para serlo. Eso que llamamos Estado del Bienestar obedece a unas f贸rmulas de organizaci贸n econ贸mica y social propias y exclusivas del capitalismo, lo que dificulta hasta extremos inimaginables la pr谩ctica de la autogesti贸n desde abajo. No cuestionan el orden de la propiedad imperante. Beben de una filosof铆a mortecina, la socialdemocracia, y de un burocratizado sindicalismo de pacto. Ya hemos visto c贸mo esta socialdemocracia y este sindicalismo no han venido a liberar, como anunciaban, a tantas mujeres que son hoy v铆ctimas de una doble o de una triple explotaci贸n. Y, adem谩s, no responden a ning煤n proyecto de solidaridad con los habitantes de los pa铆ses del Sur y no exhiben ninguna condici贸n ecol贸gica solvente.

Globalizaci贸n disparatada

Cuando Taibo subtitula su libro con la frase 芦una propuesta razonada禄 no lo hace a la ligera. En Decrecimiento hay hasta 26 p谩ginas de citas y bibliograf铆a. El despliegue de ejemplos, datos y fuentes es abrumador. Citemos s贸lo algunos.

Los detractores del decrecimiento piensan que 茅ste nos llevar谩 de vuelta a la Prehistoria. Est谩 calculado y, por supuesto, no es verdad. Para salvar el planeta debemos reducir nuestra huella ecol贸gica y situarla en niveles no tan lejanos: 芦La d茅cada de 1980 no es la Edad de Piedra禄.

Hablemos de turismo: 芦El n煤mero de turistas que salen de su pa铆s pas贸 de 25 millones en 1950 a 1.500 millones en 2019, con efectos desoladores. (鈥) En Goa, en la India, un hotel de cinco estrellas consume el agua equivalente al abastecimiento de cinco pueblos, mientras la tuber铆a que lo sirve cruza numerosas localidades que carecen de agua corriente禄.

驴Y qu茅 decir de la industria de la alimentaci贸n? 芦La lechuga que procede del valle de Salinas, en California, se desplaza por carretera 5.000 kil贸metros para llegar a Washington, con lo cual consume 36 veces m谩s energ铆a 鈥揺n forma de petr贸leo鈥 que lo que contiene en calor铆as. Cuando la lechuga llega, en fin, a Londres, ha consumido 127 veces m谩s energ铆a que la que corresponde a las calor铆as que incorpora禄. Y ya ni hablamos del uso de fertilizantes t贸xicos que se usan en su producci贸n. La apuesta por los productos locales y de proximidad, por tanto, no es una extravagancia hippie. Es una necesidad y tampoco es que suponga un sufrimiento insoportable.

Bueno, pensemos que hemos dejado atr谩s el capitalismo. 驴Qu茅 ocurre con el ocio? Usando un viejo sintagma de las luchas obreras, necesitamos 芦el pan y las rosas禄. Usted se帽ala que 芦el pan禄, gracias a formas de producci贸n m谩s enfocadas en la econom铆a local y de cercan铆a, no es un problema. 驴Pero qu茅 ocurre con 芦las rosas禄?

La perspectiva del decrecimiento defiende lo que se suele llamar 芦ocio creativo禄. es decir, un ocio desmercantilizado que escapa a la creaci贸n artificial de necesidades. Y con esto se consigue otra cosa: evitar la uniformizaci贸n, que es un proceso habitual en el mundo del ocio. Y m谩s all谩 de 茅l, tambi茅n en el de la cultura.

Entonces, 驴en un futuro decrecentista no habr铆a espacio para Netflix, para el f煤tbol, para los grandes conciertos?

Parece inevitable que pierdan peso, claro. La descentralizaci贸n de los procesos de creaci贸n debe permitir que rebroten las culturas aut贸ctonas y los medios de comunicaci贸n alternativos frente al poder ejercido por los conglomerados transnacionales. En ese contexto, pierden importancia las grandes plataformas medi谩ticas y esas parafernalias que est谩n tan obscenamente vinculadas con los intereses de las 茅lites dirigentes y que, a fin de cuentas, reproducen la miseria dominante.

Usted usa en diferentes pasajes de su libro un t茅rmino acu帽ado recientemente: 芦convivencialidad禄. Creo que es un t茅rmino que est谩 empezando a ganar adeptos en Francia. 驴Es una maniobra l茅xica para dejar atr谩s el t茅rmino 芦comunismo禄, o incluso 芦comunismo libertario禄 , que est谩 maldito en nuestro marco cultural, que parece hist贸ricamente t贸xico?

El t茅rmino convivencialidad fue difundido, hace ya tiempo, por Ivan Illich. En mi percepci贸n conviene oponerlo a la mercantilizaci贸n que marca el grueso de las reglas que se nos imponen. Y conviene vincularlo tambi茅n con la l贸gica del apoyo mutuo y con la defensa de los bienes relacionales frente a los bienes materiales. No tengo nada en contra del comunismo, a pesar de la enorme perversi贸n que ha marcado su sistema de 芦capitalismo burocr谩tico de Estado禄. Y tampoco tengo nada contra el concepto de comunismo libertario, o contra el anarcocomunismo. Me molestan, eso s铆, y mucho, las gentes que en el mundo anarquista piensan que el comunismo es, por definici贸n, un proyecto intr铆nsecamente perverso. En cualquier caso, creo que es m谩s importante lo que colocamos por detr谩s de estos conceptos que su formulaci贸n verbal.

Hablemos de las mujeres y de su importancia en el decrecimiento. Se ha hablado del . Luego, para acotar m谩s el concepto, se ha hablado de capitaloceno. Y usted afina a煤n m谩s y habla de androceno. 驴Por qu茅?

No lo hago s贸lo yo. Lo hace cada vez m谩s gente. Parece evidente que muchas de las l贸gicas que vinculamos con los desastres producidos durante eso que se llama antropoceno o capitaloceno tienen una dimensi贸n masculina y se vinculan estrechamente con la sociedad patriarcal y sus reglas. Estos conceptos, antropoceno y capitaloceno, arrastran cierta dimensi贸n simplificadora, eso es obvio. Pero creo que, a la vez, subrayan de manera m谩s fina en d贸nde tenemos que buscar responsabilidades. Salta a la vista que no todos los integrantes de la especie humana son responsables por igual del colapso que se avecina. La responsabilidad de hombres y mujeres no es la misma.

驴Usted cree, , que el colapso es inevitable y que debemos centrarnos en c贸mo ser谩 la sociedad despu茅s de la cat谩strofe o cree que a煤n puede pararse el golpe?

Bueno, antes de responder a eso habr铆a que preguntarse qu茅 entendemos por colapso y qu茅 diferencias tendr谩 geogr谩ficamente. Pero dejando estos matices al margen, creo que  es defendible. Lo que suelo se帽alar es que, conforme a mi intuici贸n, el colapso es inevitable. As铆 que lo 煤nico que podemos hacer al respecto es mitigar algunas de sus consecuencias m谩s negativas y postergar un poco en el tiempo su manifestaci贸n. Y s铆, creo que ahora una de las tareas m谩s honrosas es anticipar los rasgos de la sociedad poscolapsista desde el horizonte del decrecimiento, la desurbanizaci贸n, la destecnologizaci贸n, la despatriarcalizaci贸n, la descolonizaci贸n y la descomplejizaci贸n de nuestras mentes y de nuestras sociedades.

驴C贸mo afronta usted las cr铆ticas de quienes intentan menospreciar su propuesta tach谩ndola de primitivista, ludita y poco realista?

Prefiero que me atribuyan esos adjetivos antes que pasar por fr铆volo. La frivolidad es una condici贸n que suele acompa帽ar a esas cr铆ticas. Adem谩s, esas cr铆ticas, lo que hacen en el fondo es defender la miseria existente. En cualquier caso, habr铆a que escarbar en el sentido preciso de esos adjetivos que usted invoca. Sospecho que me quedar铆a con muchos de los elementos de lo que se suele entender por primitivismo o por ludismo, que son, como poco, dos propuestas que merecen atenci贸n.

驴Y con lo de 芦poco realista禄?

Eso tambi茅n me lo quedo. Soy orgullosamente no realista en la medida en que hago m铆a la aserci贸n de Bernanos: 芦El realismo es la buena conciencia de los hijos de puta禄. 脡stos invocan la realidad como si viniese dada por la naturaleza y fuese, por tanto, inmodificable, cuando con toda evidencia esa realidad que invocan es el producto de la defensa obscena de los intereses m谩s ruines y mezquinos.

Para terminar, denos alguna receta, alguna clave contra el ecofascismo. D铆ganos por qu茅 es inmoral afrontar el reto clim谩tico como un problema demogr谩fico.

Eso es f谩cil. Ya sabemos que el ecofascismo no es un proyecto negacionista ni del cambio clim谩tico ni del agotamiento de las materias primas energ茅ticas. El ecofascismo parte de la certeza de que en el planeta sobra gente, de tal forma que, en la versi贸n m谩s suave, se tratar铆a de marginar a quienes sobran. Y en la m谩s dura postular铆a, literalmente, el exterminio. La m煤sica recuerda poderosamente a la que tocaron los jerarcas nazis. Otra cosa distinta es, claro, que, habida cuenta de los l铆mites medioambientales y de recursos del planeta, asumamos un ejercicio voluntario de autocontenci贸n como el que postulan en el terreno demogr谩fico la mayor铆a de las escuelas decrecentistas. Como ant铆dotos contra el ecofascismo me remito a lo que ya dije antes: decrecimiento, desurbanizaci贸n, despatriarcalizaci贸n鈥 Todo eso combinado con la defensa de sociedades asentadas en la autogesti贸n, en la democracia directa y en el apoyo mutuo. Cien a帽os despu茅s de la muerte de Kropotkin, la lectura de  me parece, por cierto, una recomendaci贸n muy sensata.

Fuente: La Marea

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Fuente: Cgt-lkn.org