March 2, 2022
De parte de La Peste
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Mucho me hubiera gustado que estas l铆neas viesen la luz en alguno de esos peri贸dicos que, en Madrid o en Barcelona, tiempo atr谩s me hac铆an alg煤n hueco. No es as铆 鈥揺ntiendo yo- porque nuestro panorama medi谩tico se ha ido cerrando de tal manera que impide considerar determinadas materias y defender determinadas posiciones. De resultas, y en relaci贸n con lo que ocurre en Ucrania en estas horas, televisiones, radios y peri贸dicos, con la inestimable colaboraci贸n de esa plaga contempor谩nea que son nuestros tertulianos, prefieren reproducir una vez m谩s ese cuento de hadas que nos habla del coraje de unas potencias, las occidentales, que habr铆an acudido en socorro de un peque帽o pa铆s para hacer frente a la barbarie moscovita.

Aunque quienes me conocen ya lo saben, dejar茅 claro desde el principio que no creo en las soluciones militares y que mucho me gustar铆a que en la Europa central y oriental, y en todo el planeta, cobrase cuerpo un r谩pido y profundo proceso de desmilitarizaci贸n del que obtendr铆an franco beneficio los pueblos y que dejar铆a mal parados, en cambio, a los constructores de imperios. Y dejar茅 claro tambi茅n que no siento simpat铆a alguna por la realidad que Vlad铆mir Putin ha acabado por perfilar 鈥搊 le han obligado a perfilar tirios y troyanos- en Rusia. Hablo de un triste amasijo en el que se dan cita un manifiesto autoritarismo, un nacionalismo que a menudo tiene ribetes 茅tnicos, la miseria mercantil de los oligarcas, un escenario social lastrado por aberrantes desigualdades, un genocidio en toda regla en Chechenia y, por doquier, la represi贸n de todas las disidencias

Creo, sin embargo, que har铆amos mal en olvidar, como lo hacen una y otra vez nuestros medios de incomunicaci贸n, que Putin es en buena medida el resultado de pol铆ticas occidentales caracterizadas por la prepotencia y la agresividad. Aunque, ciertamente, a la hora de dar cuenta de la condici贸n del presidente ruso pesan tambi茅n factores internos propios de su pa铆s e inercias hist贸ricas de largo aliento, a duras penas entender铆amos que buena parte de la conducta de la Rusia putiniana es un intento de respuesta a la ignominia occidental. Al respecto, y en esos medios de los que hablo, creo que ha operado un mecanismo de traslaci贸n de conceptos que es, como poco, delicado. Parecen deducir que, habiendo como hay muchos elementos de la vida pol铆tica, econ贸mica y social rusa 鈥揳cabo de mencionarlos- que merecen contestaci贸n franca, lo suyo es concluir que todo lo que Rusia hace en el tablero internacional es igualmente despreciable. Semejante manera de ver las cosas tiene una consecuencia extremadamente delicada: anula cualquier consideraci贸n cr铆tica de lo que han hecho, y hacen, las potencias occidentales, con Estados Unidos y esa filantr贸pica organizaci贸n que es la OTAN en cabeza. Muchos de nuestros medios parecen meros repetidores de las consignas que llegan del Departamento de Estado norteamericano.

Intento fundamentar lo anterior de la mano de media docena de observaciones. La primera invita a recordar que a finales de la d茅cada de 1980 y principios de la de 1990 las potencias occidentales transmitieron en repetidas oportunidades a sus interlocutores sovi茅tico-rusos 鈥揋orbachov primero, Yeltsin despu茅s- compromisos firmes en el sentido de que nada har铆an para arrinconar a una Rusia a la que parec铆an dispuestas a ofrecer garant铆as serias en materia de seguridad. Lo menos que puede decirse es que en los 煤ltimos treinta a帽os, y en los hechos desde el inicio de esa larga etapa, esas promesas quedaron, una y otra vez, en agua de borrajas.

Y es que, y en segundo lugar, con la OTAN como ariete mayor, Estados Unidos ha alentado la incorporaci贸n a su alianza militar de un pu帽ado de pa铆ses otrora integrados en la URSS 鈥搇as tres rep煤blicas b谩lticas- o aliados, bien es cierto que forzados, de esta 煤ltima 鈥揚olonia, la Rep煤blica Checa, Eslovaquia, Hungr铆a, Rumania y Bulgaria-. Merced a ese proceso se hizo valer un genuino cerco sobre Rusia que en una de sus claves fundamentales obedec铆a al prop贸sito de limitar en lo posible la reaparici贸n, con consistencia, de una potencia importante en el oriente europeo. Importa, y mucho, subrayar, por lo dem谩s, lo que dejan bien claro los mapas: el escenario de conflicto de estas horas lo aporta la periferia de la Federaci贸n Rusa, y no alg煤n territorio que, pr贸ximo a Estados Unidos, pondr铆a en peligro la seguridad de Washington y San Francisco. 驴C贸mo reaccionar铆a EEUU en caso de que una alianza militar hostil se hubiese hecho presente en Canad谩 y en M茅xico? Si alguien quiere agregar que la Rusia de Putin se ha servido de lo anterior para sacar ventaja en lo que hace a la represi贸n interna de las disidencias 鈥揳ntes la he mencionado-, no tendr茅 ning煤n motivo para quitarle, eso s铆, la raz贸n.

Por si poco fuera lo anterior, y en un tercer escal贸n, Rusia lo ha probado todo con Occidente. Y entre lo que ha probado, aunque a menudo lo olviden nuestros tod贸logos, ha estado la colaboraci贸n franca y leal con quienes hoy son sus enemigos aparentemente frontales. Esa colaboraci贸n despunt贸 en el primer lustro de la presidencia de Yeltsin, dispuesto como estaba este a re铆rle las gracias a los caprichos e imposiciones de Washington y de Bruselas. Pero se hizo valer tambi茅n, y esto es con mucho m谩s importante, en los inicios de la presidencia del propio Putin. Qu茅 r谩pido ha quedado en el olvido que este 煤ltimo ofreci贸 un c谩lido, e impresentable, respaldo en 2001 a la intervenci贸n militar norteamericana en Afganist谩n y que guard贸 un silencio connivente, de nuevo lamentable, ante la que dos a帽os despu茅s adquiri贸 carta de naturaleza en Iraq. A Putin le preocupaba entonces mucho m谩s la cuenta de resultados de los gigantes rusos del petr贸leo.

驴Cu谩l fue la respuesta estadounidense ante la complacencia con que Rusia obsequi贸 al espasmo imperial de Washington en los orientes pr贸ximo y medio? Consisti贸 en esencia en mantener los programas vinculados con el escudo antimisiles 鈥揺ncaminado con descaro a reducir la capacidad disuasoria de los arsenales nucleares ruso y chino-, en propiciar una nueva ampliaci贸n de la OTAN 鈥揷on beneficiarios en las ya mentadas rep煤blicas del B谩ltico-, en darle largas al desmantelamiento de las bases militares que, con aquiescencia rusa, EEUU hab铆a desplegado en 2001 en el C谩ucaso y en el Asia central, en estimular las llamadas revoluciones de colores que auparon a gobiernos hostiles a Mosc煤 en Georgia, Ucrania y Kirguizist谩n, y, en suma, en negar a Rusia cualquier trato comercial de privilegio. Aunque 鈥搚 repito la cl谩usula- nuestros medios no lo quieran ver, el Putin de estas horas vio la luz en el escenario que acabo de mal retratar, al amparo de una lamentable prepotencia de un lado, el occidental, incapaz de certificar que Rusia merec铆a alguna recompensa por su general docilidad.

Doy un salto m谩s, el cuarto, para subrayar que, pese a las apariencias, el escenario empeor贸 para Mosc煤 en 2013-2014 al calor de las sucesivas crisis 鈥揺l Maid谩n, la defenestraci贸n de Yanuk贸vich, Crimea, el Donb谩s- ucranianas. Aunque, ciertamente, Rusia incorpor贸 Crimea a su federaci贸n y pas贸 a controlar una parte peque帽a de la Ucrania oriental, en los hechos 鈥搚 esto es sorprendente, una vez m谩s, que se olvide- perdi贸 las riendas del grueso del territorio ucraniano, que bascul贸 claramente hacia Occidente. Hay una vieja y controvertida tesis que, en la geopol铆tica norteamericana como en la rusa, sugiere que Mosc煤 liderar谩 una imperio si domina Ucrania, pero dejar谩 inmediatamente de encabezarlo si se desvanece ese dominio. Sospecho que en la percepci贸n de los gobernantes rusos esto ha sido al cabo m谩s relevante que las eventuales ganancias territoriales obtenidas en Crimea y en el Donb谩s.

Para que nada falte, y en quinto lugar, el aparato medi谩tico occidental ha edulcorado visiblemente la condici贸n de la Ucrania contempor谩nea. Aunque entiendo sin dobleces que esta 煤ltima 鈥搒us habitantes- es por muchos conceptos una v铆ctima de las miserias y de las arrogancias imperiales de unos y de otros, no est谩 de m谩s que recuerde que la Ucrania de estas horas es un recinto que, indeleblemente marcado 鈥揺l panorama, ciertamente, no es muy diferente en Rusia- por la corrupci贸n y el autoritarismo, ha disfrutado de lo que en su momento se describi贸 como el parlamento m谩s monetizado del mundo 鈥搇as condiciones de oligarca y diputado parec铆an ir de la mano-, sin que falte un elemento inquietante m谩s: en muchos de los estamentos de la vida ucraniana se ha revelado la influencia poderos铆sima de la derecha m谩s ultramontana. M谩s all谩 de lo anterior, desde la independencia de 1991 Ucrania ha seguido siendo un Estado unitario que reconoc铆a una 煤nica lengua oficial, el ucraniano, aun a sabiendas de que una parte significada de la poblaci贸n ten铆a el ruso como lengua materna. No quiero dejar en el tintero el recordatorio de que en 2014 y 2015 los acuerdos de Minsk, que deb铆an abrir el camino de una paz duradera en el Donb谩s, reclamaban de las autoridades ucranianas una federalizaci贸n del pa铆s que en momento alguno ha salido adelante.

Tengo que incluir en este listado de desafueros, en un sexto escal贸n, algo que no debe escap谩rsenos. Aunque no estoy en condiciones de iluminar lo que ocurrir谩 en los meses venideros, lo suyo es que recuerde que en 2006 y 2009 se produjeron dos crisis que, provocadas por desavenencias comerciales entre Rusia y Ucrania, se saldaron durante unas pocas horas con la interrupci贸n de los suministros de gas natural ruso a la Europa comunitaria. Llamativo result贸, sin embargo, que con ocasi贸n de la guerra iniciada en el Donb谩s en 2014, y saldada, seg煤n una estimaci贸n que corre por ah铆, con 14.000 muertos, nunca se interrumpieran esos suministros. Poderoso caballero es don dinero, escribi贸 Quevedo. La agresividad verbal, y material, de dos rivales presuntamente irreconciliables desapareci贸 como por ensalmo cuando de por medio estaba el negocio, en el buen entendido de que, si es verdad que la Uni贸n Europea, y en singular alguno de sus miembros, arrastra una delicada dependencia energ茅tica con respecto a Rusia, no lo es menos que esta 煤ltima necesita como agua de mayo 鈥搉o tiene hoy por hoy compradores alternativos- las divisas fuertes que allegan sus exportaciones de energ铆a. Me da 鈥搃gual me equivoco- que las sanciones que las potencias occidentales preparan no van a tocar el negocio del gas. Y aviso de que las noticias relativas al gasoducto North Stream II, que a煤n no ha entrado en funcionamiento, no afectan mayormente a la tesis que, con cautela, enuncio ahora.

Acometo de regalo un 煤ltimo salto, el s茅ptimo, y lo hago con la voluntad de subrayar que, fanfarria ret贸rica aparte, lo que los pa铆ses occidentales 鈥搒us empresarios- buscan en la Europa oriental no es otra cosa que una mano de obra barata que explotar, materias primas razonablemente golosas y mercados moderadamente prometedores. En ese designio, por cierto, a menudo se han dado la mano con los oligarcas rusos y ucranianos, procedentes estos 煤ltimos en su mayor铆a 鈥搉o es un dato que convenga sortear- del oriente del pa铆s. En la trastienda, y obligado estoy a anotarlo, Estados Unidos se mueve como pez en el agua: muy alejado del escenario de conflicto, la crisis de estas horas le viene como anillo al dedo para agudizar 鈥搉o perdamos de vista esto 煤ltimo- los problemas de una Rusia que arrastra desde tiempo atr谩s una econom铆a exang眉e y para dividir una vez m谩s a la UE, en un escenario en el que los imaginables desencuentros de esta con Mosc煤 en lo que hace al gas natural y al petr贸leo afectan de forma menor a Washington. Claro es que en todo ello a la UE le toca pagar los desastres que nacen de su opci贸n principal, que no ha sido otra que la de andar a rebufo de las imposiciones norteamericanas.

Termino: no me gustar铆a que el improbable lector, o lectora, de estas l铆neas concluya que me he subido al carro de quienes estiman que en la Ucrania de estas horas se manifiesta una aguda confrontaci贸n con bases ideol贸gicas asentadas. Si fascistas los hay, sin duda, en muchos de los estamentos del poder ucraniano, tambi茅n se hacen valer en la Rusia putiniana. Si, por decirlo de otra manera, a Putin no le falta raz贸n cuando repudia el olvido, en el mejor de los casos, con que una parte de la sociedad ucraniana parece obsequiar a lo ocurrido entre 1941 y 1945, quien piense que de su lado, o del de sus aliados en Donetsk y en Lugansk, hay un proyecto antifascista har铆a bien en visitar al m茅dico. Lo que ha ganado terreno en la Rusia putiniana es un revoltijo lamentable 鈥搚a lo he medio se帽alado- de rancio nacionalismo de Estado, valores tradicionales, ortodoxias religiosas, oligarcas inmorales, lacerantes desigualdades, militarizaci贸n, represi贸n y鈥 sana econom铆a de mercado. No s茅 qu茅 es lo que todo lo anterior tendr谩 que ver con el antifascismo. M谩s bien me da que por detr谩s de todas estas miserias est谩n los arrebatos imperiales de siempre, en Washington, en Bruselas y en Mosc煤. En esas guerras sucias, como en algunas de las limpias, pierden siempre los pueblos.

Carlos Taibo

24 de febrero de 2022

Fuente: https://www.carlostaibo.com


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Fuente: Lapeste.org