November 24, 2021
De parte de CNT Vitoria-Gasteiz
161 puntos de vista

porque me han dicho que son individuos proactivos, sensibles, y progresistas:

S├ę que andar├ín ocupados con celebraciones y actos propios del 25 de noviembre. No pasa nada si leen ustedes este texto ma├▒ana, el mes que viene o cualquier otro d├şa. Sospecho que no perder├í vigencia habida cuenta de la estabilidad y persistencia de lo que voy a relatar.

S├ę que les preocupan las asesinadas tanto como a m├ş, pero hay m├║ltiples formas de violencia que preceden a esos finales tr├ígicos; que nos matan a las mujeres progresiva y calladamente alimentando los contextos que los propician. Y me pregunto si lo que nos acontece a las mujeres cotidianamente no podr├şa ser tipificado como delito de odio y como apolog├şa de la violencia.

Cada calle o barrio que no puedo transitar a causa de una cierta prudencia ense├▒ada, incluso impuesta, en tribunales, hogares y tutoriales varios me mata un poco; nos mata a todas y a todos. Sin desmerecer los esfuerzos dedicados a aplicaciones virtuales de autoprotecci├│n, echamos de menos pol├şticas efectivas en materia de limitaci├│n de la pornograf├şa. Gr├ívenla ustedes como gravan los libros, la m├║sica, el teatro y la cultura, en general, por ejemplo: les reportar├í ping├╝es beneficios y, a las mujeres, nos proteger├í de su salvaje y da├▒ina difusi├│n, y de los efectos de representaciones mentales masculinas, tan homicidas, tan significativas.

Cada imagen, publicitaria o no, que reifica a una mujer me cosifica a m├ş tambi├ęn, les da├▒a a los hijos que educo con tanto esfuerzo, y nos resta vida a todos. Cada exhibici├│n ostentosa de percepciones pecuniarias de futbolista afamado en los telediarios me perturba y me mata simb├│licamente, porque duermo con dos pares de calcetines en invierno para ahorrar, y ni entiendo la n├│mina que me pagan ni me la quiere explicar la subcontrata que se enriquece con mis labores y prestaciones profesionales y su permiso.

Cada vez que expertos en pediatr├şa me atienden por tel├ęfono cuando enferman los hijos y las hijas me matan un poco; a m├ş y a ellos. Cada medio de transporte p├║blico abarrotado en hora punta que me impide ir a recogerles a tiempo a la escuela nos mata a todos: docentes y discentes. Podr├şa alegrarme con sus esfuerzos por fomentar la natalidad, incluso a costa de la estricta biolog├şa; pero me entristecen las facturas pendientes del oftalm├│logo, de la logopeda, del ortopedista y de la ortodoncista de las criaturas. Tambi├ęn las m├şas me entristecen y coartan mi salud.

Cada vez que me atiende personal de seguridad privada en las instituciones p├║blicas a las que ustedes me obligan a ir para hacer gestiones obligatorias me matan un poco: me hacen sentirme delincuente y conflictiva, y no creo serlo. Dir├şa que soy sumisa y obediente, m├ís bien: estudi├ę en universidad cuando me dejaron, e hice formaci├│n profesional cuando me lo indicaron; procuro cuidar mi imagen; saco un abanico discreto en p├║blico si tengo calor en vez de abrirme la camisa o quit├írmela; hago deporte; soy puntual con el trabajo, con alquileres, con pr├ęstamos bibliotecarios y con impuestos; realizo labores de voluntariado; aprendo y hablo idiomas; no orino en las esquinas ni defeco en los jardines; me esfuerzo en el supermercado en lo relativo a la alimentaci├│n familiar a base de kil├│metro cero aun cuando resulte ser lo m├ís caro; ni conduzco ni aparco mal porque no tengo coche; defiendo la hosteler├şa procurando consumo responsable aun doli├ęndome tantas camareras y cocineras sin contrato que hacen horas extraordinarias no remuneradas en territorios con tasas de desempleo insospechadas; y, reciclo todo lo que puedo.

Cada convenio laboral de sector feminizado que no se cumple, no se revisa o no se celebra con la connivencia de ustedes tres, asesina mi fuerza de trabajo, resta mis capacidades como contribuyente, me enferma y me hace dependiente. Por extensi├│n, nos mata a todas las mujeres paulatinamente. Cada vez que se ignora mi condici├│n de mujer en un sector profesional masculinizado, me resta vida: a m├ş y a todos mis colegas. Cada inspecci├│n de trabajo eludida o postergada me humilla y me arroja a la econom├şa sumergida que lejos de mejorar mi situaci├│n, engrosa grandes fortunas y evasi├│n de capitales. Se esforzaron ustedes en promover potentes planes de igualdad, seguridad y vigilancia de la salud. Pero sepan que apenas se cumplen y que me afectan cada d├şa. No me dejen sola ante la tesitura de tener que denunciar porque con ello perder├ę mi puesto de trabajo, y la paciencia en los tribunales. Es decir, perder├ę otro poco m├ís de vida.

Sara (www.instagram.com/sarayaga) CNT Aranda

Una sola de las mujeres asesinadas de esos inventarios que en este 25 de noviembre se manejar├ín es muestra suficiente de que las pol├şticas que se est├ín llevando a cabo han fracasado de manera incuestionable y flagrante. A lo mejor nos sobran instituciones, informes y programas de color violeta, ya que hasta ahora solo se ocupan de estudiarnos e investigarnos, adem├ís de decirnos a las mujeres reiteradamente qu├ę hacer, qu├ę decir, qu├ę vestir, cu├ínto pesar y c├│mo actuar oblig├índonos a una minor├şa de edad perpetua. Una sola mujer maltratada y asesinada es cosa de ustedes tres, m├şa, y de toda la sociedad. Y no se arregla con placa conmemorativa, minuto de silencio, o v├şdeo viral.

Cada prost├şbulo tolerado mata mujeres: a las que est├ín dentro y a las que est├ín fuera. Cada prost├şbulo consentido da cuenta y testimonio de hombres que no lo son de verdad, que est├ín ya muertos: los que los visitan; los que se lucran con la explotaci├│n de nuestros cuerpos; los que miran hacia dentro, curiosos por las expectativas relacionadas con su propia construcci├│n de una masculinidad imperante; o, los que miran hacia otro lado, esc├ępticos o defensores de una libertad mal comprendida. Todos muertos.

Cada falta de techo que obliga a la permanencia de las mujeres subyugadas en convivencias perversas es violencia contra las mujeres que propicia potenciales homicidios. Y la soluci├│n no pasa por ayudas intramitables que solo socorren a rentistas y proveedores m├║ltiples. La soluci├│n pasa por salarios que nos permitan pagar las facturas de la oftalm├│loga, el electricista, la logopeda, el fontanero, la ortopedista y el dentista, salvo que quieran ustedes cubrir esos gastos de forma colectiva, tal y como financiamos conjuntamente viajes innecesarios de autoridades, destacamentos militares en misiones inciertas y cuerpos uniformados de seguridad en eventos privados. La soluci├│n pasa por salarios dignos, obtenidos con nuestro trabajo, que nos permitan financiar nuestras necesidades b├ísicas: vivienda, alimentaci├│n, calefacci├│n, transporte, ropa, agua, gas y electricidad. La soluci├│n no se reduce a medicarnos alegremente en dispensarios de atenci├│n primaria cuando referimos dolores difusos variados, malestares heterog├ęneos, insomnios y preocupaciones. La soluci├│n pasa por escucharnos de verdad. La soluci├│n no es tolerarnos a rega├▒adientes en manifestaciones p├║blicas inofensivas, darnos premios en cert├ímenes ama├▒ados, o comprar nuestros silencios con limosnas p├║blicas y privadas que aumentan nuestra dependencia. La soluci├│n no puede reducirse al bombo y platillo de las celebraciones circenses. La soluci├│n debe estar soportada por voluntad y esfuerzo materiales reales. La soluci├│n remite insoslayablemente a salarios dignos para las mujeres, que alejen el terror de la llegada de jubilaciones precarias tras vidas largas e intensas llenas de dobles y triples jornadas, cuando no de horas extraordinarias trabajadas y no cobradas. Somos muchas las que con sus pol├şticas estamos perdiendo poco a poco la salud, f├şsica y mental, y la vida. Por eso, las asesinadas son importantes, pero su recuento y menci├│n no es suficiente.

Esta misiva abierta bien podr├şa considerarse esbozo de posible, desordenado e insuficiente retrato del patriarcado feminicida. Querr├şa matizar que por extensi├│n es patriarcado genocida, ya que si las mujeres no podemos desarrollar nuestros propios proyectos de vida de manera aut├│noma en plena igualdad de derechos y obligaciones, mal colaboraremos en los proyectos de los que nos rodean: esos que cuidamos, peinamos, amamos, ense├▒amos, abrazamos, escuchamos, curamos, aseamos, parimos, divertimos y alimentamos.

Se lo cuento a ustedes, gobernantes de mi ciudad, mi comunidad aut├│noma y mi pa├şs, estados que se sobreponen, que lejos de aliviar a las mujeres, nos oprimen. Se lo cuento a ustedes tres  porque me han dicho que son tipos proactivos, sensibles y progresistas: son importantes todas las asesinadas, por supuesto. Pero antes de serlo, las asesinadas fueron mujeres an├│nimas en las ciudades y pueblos que ustedes gobiernan. Por favor, por ser candidatos electos y por el salario que perciben, no sigan oblig├índonos encubiertamente a todas las mujeres a homenajes p├│stumos.

No me he presentado, disculpen: soy una mujer, soy muchas mujeres.




Fuente: Vitoria.cnt.es