April 12, 2021
De parte de La Haine
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Escrita tres semanas antes de su asesinato ordenado por Carranza.

Cuartel General del Ej茅rcito Libertador en el Estado de Morelos, Marzo 17, 1919

Un sello que dice: Rep煤blica Mexicana.- Ej茅rcito Libertador.

Cuartel General del Ej茅rcito Libertador en el Estado de Morelos.

Al C. Venustiano Carranza.- M茅xico, D. F.

Como ciudadano que soy, como hombre poseedor del derecho de pensar y hablar alto, como campesino conocedor de las necesidades del pueblo humilde al que pertenezco, como revolucionario y caudillo de grandes multitudes, que en tal virtud y por eso mismo he tenido oportunidad de reconocer las reconditeces del alma nacional y he aprendido a escudri帽ar en sus intimidades y conozco de sus amarguras y de sus esperanzas; con el derecho que me da mi rebeld铆a de nueve a帽os siempre encabezando huestes formadas por ind铆genas y por campesinos; voy a dirigirme a usted, C. Carranza, por vez primera y 煤ltima.

No hablo al Presidente de la Rep煤blica, a quien no conozco, ni al pol铆tico, del que desconf铆o; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de raz贸n, a quien creo imposible no conmuevan alguna vez (aunque sea un instante) las angustias de las madres, los sufrimientos de los hu茅rfanos, las inquietudes y las congojas de la patria.

Voy a decir verdades amargas; pero nada expresar茅 a usted que no sea cierto, justo y honradamente dicho.

Desde que en el cerebro de usted germin贸 la idea de hacer revoluci贸n, primero contra Madero y despu茅s contra Huerta, cuando vi贸 que aqu茅l ca铆a m谩s pronto de lo que hab铆a pensado; desde que concibi贸 usted el proyecto de erigirse en jefe y director de un movimiento que con toda malicia denomin贸 芦constitucionalista禄; desde entonces pens贸 usted, primero que nada, en encumbrarse, y para ello, se propuso usted convertir la revoluci贸n en provecho propio y de un peque帽o grupo de allegados, de amigos o de incondicionales que lo ayudaron a usted a subir y luego lo ayudasen a disfrutar el bot铆n alcanzado: es decir, riquezas, honores, negocios, banquetes, fiestas suntuosas, bacanales de placer, org铆as de hartamiento, de ambici贸n de poder y de sangre.

Nunca pas贸 por la mente de usted que la revoluci贸n fuera ben茅fica a las grandes masas, a esa inmensa legi贸n de oprimidos que usted y los suyos soliviantan con sus pr茅dicas. 隆Magn铆fico pretexto y brillante recurso para oprimir y para enga帽ar!

Sin embargo, para triunfar fu茅 preciso pregonar grandes ideales, proclamar principios, anunciar reformas.

Pero para poder evitar que la conmoci贸n popular (peligrosa arma de dos filos) se volviese contra el que la utilizaba y la esgrim铆a; para impedir que el pueblo, ya semilibre y sinti茅ndose fuerte, se hiciera justicia por s铆 mismo, se ide贸 la creaci贸n de una dictadura, a la que se di贸 el nombre novedoso de 芦dictadura revolucionaria禄.

Se encontr贸 luego la f贸rmula apropiada; se pronunciaron palabras sugestivas; eran precisas, indispensables, la unidad de direcci贸n y de impulso, la cohesi贸n entre los revolucionarios, la rapidez para concebir, la energ铆a y la prontitud para ejecutar.

Todo eso, que no podr谩 tener cabida en una asamblea deliberante, se otorg贸 a un solo hombre, que fu茅 usted, y desde entonces fu茅 el 煤nico amo de las filas del constitucionalismo.

Para hacer triunfar las reivindicaciones libertarias de la revoluci贸n, se necesitaba un dictador -se dijo entonces-. Los procedimientos autocr谩ticos eran inevitables para imponerse a una sociedad refractaria a los principios nuevos.

En otros t茅rminos, la f贸rmula de la pol铆tica llamada constitucionalista, fu茅 esta: 芦Para establecer la libertad hay que valerse del despotismo.禄

Sobre estos sofismas se fund贸 la autoridad de usted, el absolutismo y la omnipotencia de usted.

驴C贸mo y de qu茅 forma ha hecho usted uso de esos exorbitantes poderes, que hab铆an de traer el triunfo de los principios?

Aqu铆 es preciso, para no pecar de ligero, analizar con calma y pasar revista retrospectiva a los hechos desarrollados durante la ya bien larga dominaci贸n de usted.

En el terreno econ贸mico y hacendario, la gesti贸n no puede haber sido m谩s funesta.

Bancos saqueados; imposiciones de papel moneda, una, dos o tres veces, para luego desconocer, con mengua de la Rep煤blica, los billetes emitidos; el comercio desorganizado por estas fluctuaciones monetarias; la industria y las empresas de todo g茅nero, agonizando bajo el peso de contribuciones exorbitantes, casi confiscatorias; la agricultura y la miner铆a pereciendo por falta de garant铆as y de seguridad en las comunicaciones; la gente humilde y trabajadora, reducida a la miseria, al hambre, a las privaciones de toda especie, por la paralizaci贸n del trabajo, por la carest铆a de los v铆veres, por la insoportable elevaci贸n del costo de la vida.

En materia agraria, las haciendas cedidas o arrendadas a los generales favoritos; los antiguos latifundios de la alta burgues铆a, reemplazados en no pocos casos, por modernos terratenientes que gastan charreteras, kep铆 y pistola al cinto; los pueblos burlados en sus esperanzas.

Ni los ejidos se devuelven a los pueblos, que en su inmensa mayor铆a contin煤an despojados; ni las tierras se reparten entre la gente de trabajo, entre los campesinos pobres y verdaderamente necesitados.

En materia obrera, con intrigas, con sobornos, con maniobras disolventes, y apelando a la corrupci贸n de los l铆deres, se han logrado la desorganizaci贸n y la muerte efectiva de los sindicatos -煤nica defensa, principal baluarte del proletariado en las luchas que tiene que emprender por su mejoramiento.

La mayor parte de los sindicatos s贸lo existen de nombre; los asociados han perdido la fe en sus antiguos directores, y los m谩s conscientes, los que valen, se han dispersado llenos de desaliento.

Hoy se trata, al parecer, de infundirles vida nueva, pero con miras pol铆ticas (como siempre) y bajo la corruptora sombra del poder oficial. Acabamos de ver m铆tines obreros presididos y 芦patrocinados禄 (!) por un gobernador de provincia bien conocido como uno de los servidores incondicionales de usted.

Y ya que se trata de combinaciones de orden pol铆tico, asom茅monos al terreno de la pol铆tica, en el que usted ha desplegado todo su arte, toda su voluntad y toda su experiencia.

驴 Existe el libre sufragio? 隆Mentira! En la mayor铆a, por no decir en la totalidad de los Estados, los gobernadores han sido impuestos por el centro; en el Congreso de la Uni贸n figuran como diputados y senadores creaturas del Ejecutivo y en las elecciones municipales los esc谩ndalos han rebasado los l铆mites de lo tolerable y aun de lo veros铆mil.

En materia electoral, ha imitado usted con maestr铆a y en muchos casos superado a su antiguo jefe Porfirio D铆az.

Pero 驴qu茅 digo? En algunos Estados no se ha cre铆do necesario tomarse siquiera la molestia de hacer elecciones. All铆 siguen imperando gobernadores militares impuestos por el Ejecutivo Federal que usted representa, y all铆 contin煤an los horrores, los abusos, los inauditos cr铆menes y atropellos del per铆odo preconstitucional.

Por eso dec铆a yo al principio de esta carta, que usted llam贸 con toda malicia, al movimiento emanado del Plan de Guadalupe, revoluci贸n constitucionalista, siendo as铆 que en el prop贸sito y en la conciencia de usted estaba el violar a cada paso y sistem谩ticamente la Constituci贸n.

No puede darse, en efecto, nada m谩s anticonstitucional que el gobierno de usted; en su origen, en su fondo, en sus detalles, en sus tendencias.

Usted gobierna sali茅ndose de los l铆mites fijados al Ejecutivo por la Constituci贸n: usted no necesita de presupuestos aprobados por las C谩maras; usted establece y deroga impuestos y aranceles; usted usa de facultades discrecionales en Guerra, en Hacienda y en Gobernaci贸n; usted da consignas, impone gobernadores y diputados, se niega a informar a las C谩maras; protege al pretorianismo y ha instaurado en el pa铆s, desde el comienzo de la era 芦constitucional禄 hasta la fecha, una mezcla h铆brida de gobierno militar y de gobierno civil, que de civil no tiene m谩s que el nombre.

La soldadesca llamada constitucionalista se ha convertido en el azote de las poblaciones y de las campi帽as. Seg煤n confesi贸n de los m谩s altos jefes de usted (nada menos que el secretario de Guerra, Jos茅 Agust铆n Castro), la revoluci贸n se extiende y nuevos rebeldes aparecen cada d铆a, en gran parte debido a los excesos y desmanes de jefes sin honor y carentes de todo escr煤pulo, que, olvidando su car谩cter de guardianes del orden, son los primeros en trastornarlo con sus cr铆menes y sus actos de vandalismo.

Esa soldadesca, en los campos, roba semillas, ganados y animales de labranza; en los poblados peque帽os, incendia o saquea los hogares de los humildes, y en las grandes poblaciones especula en grande escala con los cereales y semovientes robados, comete asesinatos a la luz del d铆a, asalta autom贸viles y efect煤a plagios en la v铆a p煤blica, a la hora de mayor circulaci贸n, en las principales avenidas, y lleva su audacia hasta constituir temibles bandas de malhechores que allanan las ricas moradas, hacen acopio de alhajas y objetos preciosos, y organizan la industria del robo a la alta escuela y con procedimientos nov铆simos, como lo ha hecho ya la c茅lebre maffia del 芦autom贸vil gris禄, cuyas feroces haza帽as permanecen impunes hasta la fecha, por ser directores y principales c贸mplices personas allegadas a usted o de prominente posici贸n en el ej茅rcito, hasta donde no puede llegar la acci贸n de un Gobierno que se dice representante de la legalidad y del orden.

Y, sin embargo, usted acaudill贸 a todos esos hombres; usted, su Primer Jefe; usted sigue siendo el responsable ante la ley y ante la opini贸n civilizada, de la marcha de la administraci贸n y de la conducta del ej茅rcito, y sobre usted recaen esas manchas y a usted salpica ese lodo.

隆Con cu谩nta raz贸n los gobiernos extranjeros no tienen confianza en el de usted, y con qu茅 justo motivo el de Francia se ha negado a recibir al enviado constitucionalista, consider谩ndolo como el representante de una facci贸n y no como el funcionario de un gobierno!

Las naciones extranjeras recuerdan la conducta de usted durante el per铆odo del gran conflicto guerrero, y no tienen para usted sino recelos, desconfianza y hostilidad.

Usted protest贸 ser neutral, y se condujo como furioso germanizante; permiti贸 y azuz贸 la propaganda contra las potencias aliadas, protegi贸 el espionaje alem谩n, obstruccion贸 y perjudic贸 el capital, los intereses y las finanzas de los extranjeros hostiles al k谩iser.

Usted, con sus desaciertos y tortuosidades, con sus pasos en falso y sus deslealtades en la diplomacia, es la causa de que M茅xico se vea privado de todo apoyo por parte de las potencias triunfadoras, y si alguna complicaci贸n internacional sobreviene, usted ser谩 el 煤nico culpable.

Usted ha orillado a nuestro pa铆s a la ruina en lo econ贸mico, en lo financiero, en lo pol铆tico y en el orden internacional.

La pol铆tica de usted ha fracasado ruidosamente.

Usted ofreci贸 y anunci贸 que por medio de un r茅gimen dictatorial que disfraz贸 con el nombre de Primera Jefatura, har铆a la paz en la Rep煤blica, mantendr铆a la cohesi贸n entre los revolucionarios, consolidar铆a el triunfo de los principios de reforma.

La paz no se ha hecho, ni se har谩 nunca con los procedimientos que usted emplea y con el desprestigio que sobre usted pesa. Los revolucionarios, los de la facci贸n constitucionalista, los que usted ofreci贸 unir, est谩n cada vez m谩s desunidos: as铆 lo confes贸 usted en su 煤ltimo manifiesto, y en cuanto a los ideales revolucionarios, yacen maltrechos, destrozados, escarnecidos y vilipendiados por los mismos hombres que ofrecieron llevarlos a la cumbre.

Nadie cree ya en usted, ni en sus dotes de pacificador, ni en sus tama帽os como pol铆tico y como gobernante.

Es tiempo de retirarse, es tiempo de dejar el puesto a hombres m谩s h谩biles y m谩s honrados. Ser铆a un crimen prolongar esta situaci贸n de innegable bancarrota moral, econ贸mica y pol铆tica.

La permanencia de usted en el poder es un obst谩culo para hacer obra de uni贸n y de reconstrucci贸n.

Por la intransigencia y los errores de usted, se han visto imposibilitados de colaborar en su Gobierno, hombres progresistas y de buena fe que hubieran podido ser 煤tiles a M茅xico.

Esos hombres, esos intelectuales, esa juventud plet贸rica de ideales, esa gente nueva, no mancillada, no corrompida ni gastada, esos revolucionarios de ayer, se han apartado de la cosa p煤blica llenos de desencanto; esos j贸venes que se han iniciado en los grandes principios de la revoluci贸n y sienten infinita ansia de realizarlos; esos enamorados del ideal, que hoy llevan el alma impregnada de anhelo por un gobierno serio, honrado, fuerte, impulsado por anhelos generosos y atento a cumplir los compromisos contra铆dos en hora solemne.

Devuelva usted su libertad al pueblo, C. Carranza; abdique usted sus poderes dictatoriales, deje usted correr la savia juvenil de las generaciones nuevas. Ella purificar谩, ella dar谩 vigor, ella salvar谩 a la patria.

Y si usted, como simple ciudadano, puede colaborar en la magna obra de reconstrucci贸n y de concordia, sea usted bienvenido.

Pero, por deber y por honradez, por humanidad y por patriotismo, renuncie usted al alto puesto que hoy ocupa y desde el cual ha producido la ruina de la Rep煤blica.

Nuevos horizontes se presentan para la patria. El se帽or doctor don Francisco V谩zquez G贸mez, hombre conciliador y atingente, antiguo y firme revolucionario, invita a la uni贸n a los mexicanos, y ha encontrado una f贸rmula de unificaci贸n y de gobierno, dentro de la que caben todas las energ铆as sanas, todos los impulsos leg铆timos, el esfuerzo de todos los intelectuales de buena fe y el impulso de todos los hombres de trabajo.

Bajo esa nueva direcci贸n se podr谩 hacer patria, se fundar谩 una paz definitiva, se reorganizar谩 el progreso, se consolidar谩 un gran Gobierno de la unificaci贸n revolucionaria.

Y para allanar esa obra que de todas maneras habr谩 de realizarse, s贸lo hace falta que usted cumpla con un deber de patriota y de hombre, retir谩ndose de lo que usted ha llamado Primera Magistratura, en la que ha sido usted tan nocivo, tan perjudicial, tan funesto para la Rep煤blica.

Emiliano Zapata.

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Fuente: Lahaine.org