September 10, 2021
De parte de Lobo Suelto
167 puntos de vista


Hace no mucho tiempo, el ex Presidente hijo de Macri estuvo en el programa de televisi贸n de Mirta Legrand, sin ella porque lo que se reproduce es el dispositivo: un espacio donde poner al cuerpo en situaci贸n de no-producci贸n, no trabajo, no oficiando su oficio, sino almorzando. Se sabe que la verdad se asoma en los recreos, en los pasillos, en los breaks. Sentada, deglutiendo, la gente se suelta y expresa cosas m谩s all谩 del 鈥渃asette鈥 (qu茅 antig眉edad la expresi贸n). Entonces a Macri se le escap贸 un chorrito de verdad que fue muy se帽alado, cuando dijo que mientras trabajaba de Presidente trataba bajar la persiana a las siete de la tarde, todos los d铆as, y quedarse con la familia viendo la tele, sin enterarse de nada ni responder nada. Se lo acusa m谩s que nada de vago y en realidad no es vago -o al menos no tiene una pizca de lo que se llama la vagancia-, simplemente su forma es la de quien sabe que, de fondo, puede no hacer nada e igual est谩 salvado. Lo que cont贸, en rigor, es que estaba agobiado, quemado, deprimido. Al fin y al cabo es un b铆pedo m谩s, solo que fue l铆der emergente de un movimiento que llev贸 a la pol铆tica la subjetividad corporativa de forma literal. No tiene por qu茅 -desde un punto de vista naturalista, o materialista- estar a la altura de la Historia. Los presidentes tambi茅n pueden entrar en depresi贸n. En parte por ese quiebre an铆mico de Macri, la raz贸n del capital ahora ve crecer en el plano de la pol铆tica expresiones como el neo facho de Javier Benny Hill Milei, con su furiosa vitalidad. Lo m谩s vital que nos pas贸 a los progres en el 煤ltimo a帽o y medio fue ser odiados por semejante crispaci贸n, dicen algunos. Si nos odia tanto, algo de vida tenemos. No ha de ser por Alberto Fern谩ndez; est谩 all铆 precisamente por su baj铆sima capacidad de generar pasiones. Cristina lo eligi贸 porque advirti贸 que, en la coyuntura aquella, resultaba un buen candidato. Nunca se plante贸 que fuera buen Presidente. Un hombre de la Pol铆tica, no de la Historia. Raz贸n de Estado. Rosca y gobernabilidad. Cristina, en cambio, s铆 tiene una presencia jocunda que amerita odio, o m谩s en general, pasiones fuertes. Ella s铆 piensa desde un plano m谩s hist贸rico; tiene m谩s presente la lucha de clases, negada por Sergio Berni, a quien ella apoya. Pero la Historia la puso en un combate del que pareciera no tener salida. Le volvieron loca a la hija, que tuvo que replegarse a un exilio psiqui谩trico. No se fue a Estados Unidos (como B茅liz), ni a Espa帽a como Urutbey. Se fue a Cuba. Materialismo aleatorio: la l铆der del proceso pol铆tico que proces贸 institucionalmente la revuelta de 2001 (que contuvo sus efectos, en el doble sentido del t茅rmino) fue blanco de un odio de clase que no era en realidad contra ella, sino contra el protagonismo, que hab铆a crecido, de sujetos subalternos, pero que fue depositado en ella como recept谩culo -ella, que en aquel discurso en Parque Norte cuando estall贸 el conflicto con los due帽os de las tierras, declar贸: 鈥渘o estamos en contra de las ganancias empresariales, nosotros -los peronistas- inventamos la alianza entre el capital y el trabajo鈥. Pero se la agarraron con ella -las clases privilegiadas no quisieron tanta alianza- y ahora, por la din谩mica del combate, parece ser casi la 煤nica que sabe percibir un poco m谩s all谩 de la inmediatez del teatro pol铆tico, por ejemplo cuando se帽ala que 鈥渆l lawfare no es contra un l铆der o un peque帽o grupo de l铆deres, sino para disciplinar a todos los que se dediquen a la pol铆tica, meterles miedo鈥. 

M谩s all谩 del espect谩culo de la pol铆tica, o sea m谩s ac谩 de la esfera que gestiona institucionalmente las relaciones de fuerzas de la sociedad -que se dirimen en instancias m煤ltiples de forma infinitamente m谩s amplia-, se cuecen las habas. En el 2001 se escrach贸 a Cavallo, a los bancos, a la Corte, se corri贸 a la yuta, se ech贸 al Presidente -sufrimos m谩s de treinta asesinados, e hicieron falta dos m谩s seis meses despu茅s, en la Estaci贸n Avellaneda, para entristecer y desanimar la revuelta. Las clases privilegiadas ten铆an miedo; la reproducci贸n normal del privilegio cr贸nico, estamental, tembl贸 un poco. Sin aquellas condiciones ser铆a impensable lo inclusivo y democratizante que tuvo el proceso de gobierno kirchnerista. Tener esto presente no es nostalgia: es estrat茅gico. Solo hay movimientos democratizantes consistentes en el plano institucional cuando reflejan la fuerza de la movilizaci贸n social. Entonces resulta un problema grande si los 驴l铆deres, representantes, emergentes, delegados, referentes, extractivistas? de la movilizaci贸n promueven la desmovilizaci贸n, como hizo Alberto desde el mism铆simo d铆a posterior a aquel paliz贸n hermoso de las PASO. Y la ortodoxamente alfonsinista gesti贸n del funeral de Diego, y la represi贸n y quema de ranchos en Guernica reformaron esa l铆nea. 驴Puede haber algo popular en el gobierno sin encauzar alguna consistencia presente de aquella hist贸rica e impresionante plaza del 10/12/19? 驴C贸mo es que siguen haciendo fortuna los bancos, los terratenientes, el pu帽ado de productoras alimenticias que manejan los precios, las energ茅ticas, clarin, mercadolibre, y dem谩s, mientras se extiende un drama de miseria especialmente agudo a煤n para la historia contempor谩nea argentina? Una desesperante situaci贸n -contenida en parte por las organizaciones de la econom铆a popular- que acaso no estalla justamente porque la figura de Cristina sostiene alguna esperanza (鈥渃oordina expectativas鈥). Pero no fue ella ni fue Alberto quienes derrotaron al macrismo; es m谩s: de no ser por aquellas cuarenta o cincuenta mil personas que la acompa帽aron, bajo intensa lluvia, en abril de 2016 cuando tuvo que declarar en Comodoro Py, seguramente la habr铆an metido presa. El teatro se acomoda a las condiciones que impone la movilizaci贸n popular. Macri mismo lo dijo, sin advertir lo revelador de sus palabras. 鈥溌縔 siempre estuviste as铆, encerrado viendo Netflix desde las siete de la tarde?鈥, le pregunt贸 Juana. 鈥淣o, no鈥, cont贸 el condenado por contrabando, 鈥渇ue desde que nos tiraron catorce toneladas de piedras en el Congreso, en diciembre de 2017. Ah铆 sent铆 que no pod铆a m谩s, que hab铆amos ganado en octubre, y a煤n as铆 no hab铆a caso; a partir de ah铆 estuve deprimido鈥. Se quebr贸 ah铆, en aquella batalla por la Previsional. En la que muchas organizaciones se dieron la vuelta y retrocedieron a la nueve de julio -por una combinaci贸n de entendible miedo y c谩lculos pol铆ticos- pero muchas otras se quedaron al frente y, sobre todo, se les iban lxs pibxs al frente m谩s all谩 del encuadre de los dirigentes. All铆 derrotamos al macrismo, comenzamos a derrotarlo; fue una estocada de la que no se recuper贸. Esa noche del 18 hubo cacerolazos de protesta en la mism铆sima Capital,y una tercera marcha (14, 18 y 18 noche) al Congreso. Un par de meses despu茅s el gobierno acudi贸 al FMI: como se帽al贸 Diego Sztulwark, no solo para pedir Plata, sino un aliado pol铆tico. Ac谩 ya se sent铆an en el horno. Esa batalla callejera -que por supuesto re煤ne lazos y 谩nimos que se gestan en otras dimensiones tambi茅n- hiri贸 de muerte al gobierno de los CEOs, despues de dos a帽os en que lograban aparentar que las movilizaciones de cien, doscientas o trescientas mil personas ni los molestaban. Despu茅s apareci贸 la herramienta electoral que tradujo esa correlaci贸n de fuerzas al plano institucional. Ahora se realizar谩 el acto electoral y no hay que olvidar que a veces llueven piedras -y para eso es preciso el gesto de agarrar la tierra, dar vuelta este suelo-, y, a veces, sapos.




Fuente: Lobosuelto.com