December 20, 2021
De parte de Cultura Y Anarquismo
172 puntos de vista

En Navarra ha entrado en vigor la Orden Foral 60/2021 de la
Consejería de Salud por la que se establecen nuevas medidas para
afrontar la situación sanitaria. De todas las medidas, destaca la
obligatoriedad de presentar el certificado de vacunación o prueba
diagnóstica negativa para el acceso a determinados locales de ocio, a
toda persona mayor de doce años. Creemos que la decisión de imponer
restricciones a las personas no vacunadas solo se justifica como salida
irracional a la frustración que genera en gobiernos y en la propia
población vacunada el hecho incuestionable de que las vacunas no están
funcionando como nos prometieron. De hecho, como algunos expertos
pronosticaron, están siendo vacunas «fallidas»: a cambio de unos meses
de protección parcial frente a casos graves (una proporción escasa del
total de infecciones), facilitan la prolongación de la pandemia, el
riesgo de efectos secundarios a largo plazo sigue constituyendo una
incógnita y aquellos a corto y medio plazo son ya de una magnitud no
despreciable (como se muestra en el documento del propio Gobierno de
España «Estrategia de vacunación frente a Covid-19 en España»,
actualización 9 de 2 de noviembre de 2021″).

Además, se confirma que vacunar con una vacuna deficiente (leaky),
que no evita el contagio y tampoco la trasmisión, en medio de una
pandemia, promociona la propagación de cepas más resistentes a los
anticuerpos. Son lo que se denominan mutaciones de escape y ya se están
sufriendo. Es una noción elemental de biología evolutiva que nuestros
políticos y «sus» expertos deberían conocer. Poner presión evolutiva
(las vacunas lo son) en un virus con gran tendencia a mutar es
tremendamente peligroso. Pero, por el contrario, se pretende que sean
las personas no vacunadas las responsables de la propagación actual del
virus, algo esperable ante la inaudita carrera vacunal a la que hemos
asistido, pero que es insostenible desde el punto de vista científico.
¿Hasta cuándo va a ser la pandemia de los no vacunados, si esos son un
porcentaje tan bajo de la población? ¿Seguiremos hablando de pandemia de
los no vacunados cuando estos supongan el 1% de los ciudadanos, como en
Gibraltar, que afronta una nueva onda? ¿Cómo cuadra esto con el hecho
ya conocido de que las personas vacunadas transmiten el virus? El relato
no se sostiene de ninguna manera.

Pero si desde el punto de vista sanitario la situación es preocupante
lo es más si consideramos la dimensión de los derechos. Sobre la
restricción de derechos a personas no vacunadas y en concreto sobre el
«Certificado Covid» ha habido varias sentencias del Tribunal Supremo
contrapuestas: la del 18 de agosto, nº 5899/2021 considerando
inconstitucional una medida similar a la que se ha adoptado en Navarra
por considerarla no proporcionada, idónea y necesaria, y la de 14 de
setiembre, nº1112/2021, que se reproduce en la Orden Foral, para
justificar la medida como constitucional. Más allá de las resoluciones
del Tribunal Supremo, la negativa a aceptar esta medida por distintos
Tribunales Superiores de Justicia de otras Comunidades Autónomas al
considerarse inconstitucional, pero la aceptación por parte del Tribunal
Superior de Justicia de Navarra, sin duda, el derecho a la igualdad y a
la no discriminación (art. 14 CE), el derecho a la integridad física
(art. 15 CE) y el derecho a la intimidad personal y a la protección de
datos (art. 18.1 y 18.4 CE), están fuertemente comprometidos con esta
medida y debiera ser objeto de preocupación ciudadana.

De todas las cuestiones que se podrían desarrollar al respecto, por
su gravedad, queremos destacar la referida a las implicaciones que tiene
adoptar restricciones en las personas no vacunadas en la obligatoriedad
indirecta a la vacunación. De hecho, los medios de comunicación airean
esta idea sin disimulo. Hasta hace poco, obligar a una persona a
someterse a la inoculación de cualquier vacuna era una auténtica
aberración contraria al Código de Nurenberg de 1947 y la Declaración
Universal sobre Bioética y Derechos humanos, entre otras. Si además a
esto se añade que se trata de una vacuna que está solo autorizada de
manera provisional y cuyos resultados y consecuencias son todavía una
incógnita, esto se convierte en un evento desconocido hasta el momento
en nuestra historia como para aceptarlo sin ningún cuestionamiento. Sin
conocer los resultados de la evaluación de las medidas restrictivas
anteriores (confinamientos, cierres perimetrales, reducción de aforos en
algunos lugares, etc.) supuestamente para evitarlas, se plantea esta
otra, que sin embargo sigue la estrategia dominante adoptada desde el
inicio para afrontar la pandemia que se basa en presupuestos sanitarios
autoritarios, reaccionarios y neoliberales en lo político, y
biologicistas, asociales y reduccionistas en lo epistemológico. Pero,
además, es una medida tan ridículamente arbitraria y esperpéntica como
seguramente ineficaz. En el mejor de los casos será inocua, pero a costa
de un retroceso evidente en la comprensión de los derechos.

Nuevamente se está dando la espalda a planteamientos progresistas
propios de la epidemiología entendida ante todo como una ciencia social,
o cuando menos biológico-social, arrojando a la basura aspectos tan
básicos como los enfoques integrales, la información veraz, la
participación y la decisión informada de la persona, con unas
consecuencias muy serias para los derechos de las personas, la creación
de una polaridad social prácticamente insalvable (que nos recuerda, sin
duda, a momentos pasados de la historia) y el retraso a una salida digna
de esta crisis sanitaria. Llamemos a un debate sobre la situación y a
levantar la censura a las voces formadas (pero críticas con el relato
oficial) que avisaron de lo que iba a pasar. Seguir machaconamente con
las mismas estrategias no va a resolver la compleja situación ante la
que estamos.

Extraído de http://www.politicayletras.es




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com