August 2, 2022
De parte de Nodo50
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Chile nueva Constituci贸n
Foto: getty images

驴Cu谩l es el significado profundo que reviste la batalla pol铆tica en torno al plebiscito del pr贸ximo 4 de septiembre? Esta pregunta ofrece no una sino varias respuestas posibles, dependiendo de los objetivos y perspectivas pol铆ticas desde las cuales se formule. Ello porque lo que en este escenario se juega no es exactamente lo mismo para las diferentes fuerzas pol铆ticas y sociales que intervienen en 茅l. No obstante, se trata para todos los casos de una batalla pol铆tica de gran importancia.

La operaci贸n de los poderes f谩cticos empresariales

En primer lugar, tenemos los intereses del 鈥渂loque en el poder鈥. El torrente de mentiras con que los diversos componentes de la clase dominante y sus m谩s incondicionales o sumisos apoyos pol铆ticos e intelectuales se empe帽an en mantener vigente el sistema pol铆tico-institucional de la llamada 鈥渄emocracia protegida鈥 鈥搑ebautizada luego como 鈥渄emocracia de los acuerdos鈥濃 busca ocultar lo que realmente constituye el centro de la disputa actualmente en curso y, por lo tanto, lo que en ella est谩 de un modo m谩s general en juego: nada m谩s y nada menos que la cuesti贸n de los grados efectivos de democracia con que operar谩 en el pr贸ximo futuro el sistema pol铆tico-institucional chileno.

Como se recordar谩, la situaci贸n que dio origen al proceso pol铆tico en curso fue la rebeli贸n popular de octubre-noviembre de 2019 que hizo saltar por los aires la id铆lica imagen de un pa铆s presuntamente pr贸spero y pujante, que se encontraba a punto ya de cruzar el ansiado 鈥渦mbral del desarrollo鈥. Un 鈥渙asis鈥 en medio de un continente convulsionado, como se le ocurri贸 decir a Pi帽era justo en v铆speras de ese formidable estallido social. La rebeli贸n popular de octubre de 2019 fue una muy expresiva manifestaci贸n del generalizado y explosivo descontento ciudadano ante la situaci贸n de profunda desigualdad, generalizada corrupci贸n y constantes abusos a la que se ha visto cotidianamente enfrentada la inmensa mayor铆a de los chilenos y puso directamente en cuesti贸n todo el entramado pol铆tico-institucional vigente en el pa铆s. Por ello la casta pol铆tica que lo administra al servicio de los grandes poderes f谩cticos empresariales se vio en la necesidad de buscar una salida que permitiese descomprimir esa situaci贸n.

De all铆 surge el acuerdo del 15 de noviembre que busca canalizar la indignaci贸n popular hacia una salida pol铆tica negociada entre las c煤pulas partidarias del duopolio, con el activo concurso tambi茅n de una parte de las fuerzas pol铆ticas emergentes reunidas en el Frente Amplio. Se tornaba inevitable dar curso entonces a la conocida estrategia gatopardista de 鈥渃ambiarlo todo para que nada cambie鈥 y en este caso lo que hab铆a que sacrificar era la ileg铆tima y ya desprestigiada Constituci贸n de Pinochet-Lagos. Pero hab铆a que hacerlo tomando los resguardos necesarios para impedir que las cosas se pudiesen salir demasiado de control. De all铆 todas las cortapisas que el llamado 鈥渁cuerdo por la paz鈥 estableci贸 para evitar que en ese proceso se pudiese plasmar en todo su alcance una genuina expresi贸n de la voluntad popular, en particular el cu贸rum supramayoritario de dos tercios para la aprobaci贸n de todas las normas de la nueva Constituci贸n y la intangibilidad de los tratados internacionales.

Y si bien la derecha m谩s cavernaria no logr贸 obtener al tercio que necesitaba en la Convenci贸n para vetar por s铆 sola los cambios sustantivos que la nueva Constituci贸n pudiese contener, la posibilidad de forjar ese dique de contenci贸n la pudo alcanzar con el activo concurso pol铆tico de algunos sectores de convencionales procedentes de la ya fenecida y desprestigiada Concertaci贸n. Si a ello le sumamos el esp铆ritu conciliador con que han actuado las corrientes del Frente Amplio y sus representantes, mal podr铆a esperarse que de la Convenci贸n emergiera una propuesta de Constituci贸n que est茅 realmente a la altura de los cambios que Chile necesita. El gran empresariado sabe que por ahora puede respirar tranquilo. Sin embargo, tampoco se puede perder de vista que, m谩s all谩 de nuestros deseos, la composici贸n pol铆tica de la Convenci贸n es, quer谩moslo o no, una expresi贸n del efectivo grado de madurez alcanzado por el pueblo en el contexto del descontento y lucha popular que hemos vivido, es decir, una expresi贸n de la real correlaci贸n de fuerzas pol铆ticas plasmada en el momento de su elecci贸n.

De all铆 que, desde una perspectiva revolucionaria, el texto que surge de ella deja bastante que desear, aunque la derecha y los pr贸ceres de la Concertaci贸n no cesen de motejarla de 鈥減artisana鈥. No solo retrocede en algunos aspectos claves, como el de la propiedad y gesti贸n de los recursos mineros, sino que adem谩s acepta ser sometido en su totalidad, y sin que nada lo obligase a ello, a su revisi贸n y eventual desmantelamiento por parte del sistema pol铆tico que hoy existe en base a la actual Constituci贸n de Pinochet-Lagos. En efecto, el Parlamento, que se mantendr谩 en funciones al menos por cuatro a帽os m谩s y que por la composici贸n de sus miembros reci茅n electos otorga un poder de decisi贸n clave al viejo y desprestigiado duopolio, podr谩 hacer cuanto le plazca con el texto aprobado por la Convenci贸n. De ese modo, y salvo que un resurgimiento de la movilizaci贸n social se lo logre impedir, las representaciones pol铆ticas m谩s directamente identificadas con los intereses de la clase dominante est谩n logrando sacar las casta帽as del fuego con la mano del gato.

El significado de la batalla pol铆tica para los sectores populares

Sin embargo, m谩s all谩 del escenario pol铆tico-institucional plagado de espejismos y de trampas en que discurre este proceso, el mismo tiene para los actores sociales y pol铆ticos que intervienen la actual coyuntura un significado y una importancia simb贸lica que excede en mucho lo que se diga o no se diga en el texto constitucional sometido ahora a plebiscito. Como bien reza una vieja consigna, y como lo prueba fehacientemente la experiencia hist贸rica, 鈥渓a lucha da lo que la ley niega鈥. En su gran mayor铆a los chilenos seguir谩n demandando ser respetados en sus intereses, derechos y aspiraciones, y tratar谩n de no dejarse enga帽ar f谩cilmente por los dulces cantos de sirena y las siniestras campa帽as de terror orquestadas por la clase dominante. Por lo tanto, aun cuando el texto de la nueva Constituci贸n no vaya todo lo lejos que debiera en la promoci贸n de los cambios que el pa铆s necesita, ni a煤n en la defensa de los que efectivamente promueve, es claro que la batalla pol铆tica y comunicacional desatada en torno a su aprobaci贸n tiene un significado que lo trasciende ampliamente.

Es por ello que, aun estando muy lejos de poner directamente en cuesti贸n el poder f谩ctico de la clase dominante, lo que principalmente inquieta a 茅sta y a la mayor parte de la vieja y corrupta casta pol铆tica es que la Constituci贸n propuesta por la Convenci贸n alienta las expectativas del pueblo trabajador y busca correr, en alguna medida, el cerco con que la actual normativa institucional ha logrado poner en interdicci贸n a la mayor铆a de la poblaci贸n y mantener a raya sus demandas durante las 煤ltimas tres d茅cadas. Por t铆mida que sea en ese prop贸sito, abre brechas que debilitan o pueden llegar a debilitar sustantivamente su control sobre lo que acontece en el escenario pol铆tico-institucional. De modo que la sola posibilidad de que en el pr贸ximo futuro esas demandas logren irrumpir con renovada fuerza y que ello le vaya a resultar ahora m谩s dif铆cil de contener es m谩s que suficiente para generar en ella una genuina y profunda inquietud.

As铆 lo hacen ver sin ambages algunos de los m谩s connotados personajes tanto de la clase dominante como de la casta pol铆tica. Todos ellos claman por 鈥渦na Constituci贸n que suscite consenso鈥 y en la que 鈥渢odos se sientan representados鈥. Todos ellos denuncian c铆nicamente que la nueva Constituci贸n 鈥渃ompromete la paz, el desarrollo y la prosperidad鈥 del pa铆s al demandar un mayor nivel de derechos pol铆ticos y sociales para su poblaci贸n. Lo que en buen romance todo esto significa es aspirar a que la normativa pol铆tico-institucional vigente contin煤e haciendo la vista gorda ante las abismales desigualdades sociales existentes en el pa铆s. Dicha pretensi贸n supone admitir que se pueda seguir pasando completamente por alto las profundas divisiones y conflictos reales que actualmente fracturan a la sociedad chilena, aceptando como leg铆timas sus r铆gidas y jerarquizadas estructuras de poder, as铆 como los mecanismos institucionales antidemocr谩ticos en que estas se sustentan.

Para ellos, se trata de impedir que el sistema pol铆tico pueda llegar a ser una genuina expresi贸n de la voluntad mayoritaria de la ciudadan铆a ya que por esa v铆a se puede llegar a poner en riesgo los privilegios y la capacidad de extorsi贸n que posee esa 铆nfima minor铆a que hoy detenta el poder real en la sociedad. As铆 por ejemplo, les parece inadmisible que la Constituci贸n aprobada por la Convenci贸n proponga eliminar la se帽orial instituci贸n del Senado y concentrar el poder de decisi贸n pol铆tica parlamentaria en un Congreso de diputadas y diputados con integrantes electos en base a un democr谩tico criterio de proporcionalidad. Para ellos, el peligro que esto conlleva consiste, precisamente, que ello ofrecer铆a mayores posibilidades de que las leyes lleguen a ser entonces lo que siempre debiesen ser: una genuina expresi贸n de la voluntad popular.

De all铆 que con su habitual hipocres铆a pongan el grito en el cielo con el absurdo argumento de que la propuesta de Constituci贸n emanada de la Convenci贸n no resguarda los 鈥渃ontrapesos鈥 institucionales que 鈥減rotegen a la democracia鈥. 驴Pero de qu茅 contrapesos se trata? 驴De los de la cl谩sica y muy liberal divisi贸n de poderes? Ella se encuentra tan claramente presente en la propuesta de la Convenci贸n que no les queda m谩s remedio que reconocer que el verdadero problema es otro: la amenaza que para sus intereses supone el 鈥減opulismo鈥 que pudiese conllevar la voluntad de una 鈥渕ayor铆a circunstancial鈥.

En realidad, lo que en el interesado alegato de los dinosaurios de la casta pol铆tica se denomina eufem铆sticamente 鈥渃ontrapesos鈥, corresponde a lo que hist贸ricamente ha constituido el blindaje institucional que representa la llamada c谩mara alta frente a las demandas de la ciudadan铆a. En efecto, la principal funci贸n pol铆tica de esa instituci贸n, tanto por su modo de generaci贸n como por las potestades de que est谩 investida, no es otra que la de operar como un efectivo y permanente dique de contenci贸n de aquellas temidas 鈥渕ayor铆as circunstanciales鈥. Es por eso que prefieren que se mantenga el sistema pol铆tico actual de 鈥渄emocracia protegida鈥, aun cuando varios de los candados ideados por quienes lo impusieron han sido ya rotos. As铆 lo acreditan los fuertes mecanismos de protecci贸n de los intereses de aquellos que detentan el poder real en la sociedad que se mantienen vigentes, y que hacen de ella una democracia puramente cosm茅tica, que opera como mero ritual de legitimaci贸n del orden establecido.

Es por ello muy elocuente y significativo que consideren como un candado antidemocr谩tico la exigencia de plebiscitar eventuales reformas a futuro, es decir la consulta a la ciudadan铆a. Ello pone de relieve el real significado de su desvirtuado concepto de democracia. Porque en una genuina democracia, como por lo dem谩s el propio t茅rmino lo denota (demos = pueblo, kratos = poder), el 煤nico soberano y fuente real de legitimidad es el propio pueblo. En cambio, por el significado que le asignan, el concepto de democracia que esgrimen los poderes f谩cticos empresariales y su bien remunerada burocracia pol铆tica corresponde, en realidad, al de plutocracia (ploutos = riqueza, kratos = poder) y est谩 muy lejos de sintonizar siquiera con la bien conocida y ya cl谩sica definici贸n liberal que le diera Lincoln en su discurso de Gettysburg: 鈥渆l poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo鈥. Es por ello que poco despu茅s de la guerra civil de 1891 uno de los m谩s conspicuos exponentes de la oligarqu铆a no tuvo el menor empacho en declarar: 鈥淟os due帽os de Chile somos nosotros, los due帽os del capital y del suelo: lo dem谩s es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opini贸n ni como prestigio鈥.

La disyuntiva pol铆tica de la izquierda anticapitalista

Como ya hemos se帽alado, es evidente que la Constituci贸n emanada de la Convenci贸n no apunta a establecer en el pa铆s un sistema econ贸mico que acabe con la explotaci贸n de los trabajadores, promueva en forma vigorosa la igualdad social y resguarde los intereses de los pueblos que habitan el territorio chileno en sus relaciones con el mundo. Es decir, no es una Constituci贸n socialista y es innecesario abundar en ello. Pero tambi茅n es evidente que se hace eco y recoge en alguna medida la aspiraci贸n a establecer un sistema pol铆tico-institucional con menos cortapisas autoritarias y que al reconocer un conjunto de derechos sociales apunta a erosionar los intereses de la clase dominante, alcanzando con ello una mayor sinton铆a con las demandas de la poblaci贸n. De all铆 el gran temor de la clase dominante de que pudiese abrir las compuertas al fantasma del 鈥減opulismo鈥 llevado en brazos de alguna eventual 鈥渕ayor铆a circunstancial鈥. As铆 vistas las cosas, la disyuntiva que enfrentamos bien puede ser colocada en t茅rminos de un 鈥渕al mayor鈥, representado por la mantenci贸n de la Constituci贸n de Pinochet, y un 鈥渕al menor鈥, representado por el proyecto aprobado por la Convenci贸n. Esto incluso a pesar de que el propio texto propuesto deje abierta la posibilidad de que los poderes actualmente constituidos echen completamente abajo los t铆midos avances democratizadores en 茅l contenidos.

Hay quienes invocan este hecho para negarse a intervenir en el escenario pol铆tico-institucional, arguyendo que el 煤nico efecto de ello ser铆a contribuir a legitimar el sistema y que toda acci贸n contrahegem贸nica deber铆a realizarse entonces exclusivamente por cauces extrainstitucionales. La pregunta que esto plantea de inmediato es sobre cu谩l es el criterio apropiado para definir ante cada coyuntura de la lucha de clases una posici贸n consistente con el objetivo de avanzar en la perspectiva de liquidar el capitalismo. Una perspectiva que, como sabemos, exige la creaci贸n de una voluntad colectiva contrahegem贸nica que, apoyada en el gran descontento acumulado por las condiciones de vida a que el pueblo trabajador se ve cotidianamente sometido bajo este sistema de explotaci贸n, sea finalmente capaz de movilizar a las amplias masas del pueblo en direcci贸n a ese objetivo. Por lo tanto, se trata de determinar qu茅 alternativa es la que puede ayudar en mayor medida a acrecentar la confianza del pueblo en su fuerza y su inter茅s por mantenerse movilizado con la expectativa de ver realizados sus sue帽os de conquistar una vida mejor. 驴Un triunfo de sus m谩s reconocidos enemigos? 驴O de aquellos que, al menos en principio, se hacen eco de sus m谩s sentidas aspiraciones?

En consecuencia, salvo que se afirme que una alternativa de boicot tiene alguna posibilidad de 茅xito y adem谩s es pol铆ticamente conducente, abstenerse de intervenir en la disputa pol铆tica real que tiene lugar sobre los cauces institucionales equivale a ignorar la enorme importancia que reviste la lucha pol铆tica y la acci贸n comunicativa que tiene lugar en ese escenario y de sus inevitables impactos sobre la conciencia del grueso de la poblaci贸n, convertida en el blanco de la constante campa帽a de mentiras que la clase dominante necesita internalizar en ella para preservar su poder. Es decir, equivale a sostener como pol铆ticamente conveniente mantener una actitud abstencionista. Lo que habr铆a que clarificar entonces es c贸mo podemos incidir en la disputa en curso, a fin de potenciar una voluntad pol铆tica de transformaci贸n social, sin utilizar audaz y asertivamente todas las oportunidades que ocasionalmente abre a las corrientes contrahegem贸nicas una batalla de este tipo, dado el inter茅s que concitan en la mayor parte de la poblaci贸n pol铆ticamente motivada. Esto es algo que no se puede escamotear si de verdad se quiere hacer progresar la lucha revolucionaria.

Y no se puede escamotear porque la legitimidad de la acci贸n pol铆tica es un asunto clave de su eficacia para el logro de los fines que se propone alcanzar. Una legitimidad que descansa en que las razones que la justifican logren ser debidamente comprendidas, aceptadas y en lo posible asumidas como propias por la inmensa mayor铆a. Desprovista de ese argumento de legitimidad toda acci贸n pol铆tica se torna est茅ril en su gran objetivo de convocar y movilizar a la mayor铆a. M谩s aun cuando dicha acci贸n no pasa de ser una cruda expresi贸n de la rabia y frustraci贸n acumuladas, como suele ocurrir con las manifestaciones de violencia que han protagonizado en los 煤ltimos a帽os algunos sectores de la juventud.

En un escenario pol铆tico que invoca a su favor la voluntad popular expresada en las urnas el gran objetivo de toda fuerza transformadora no puede ser otro que la de crear una gran voluntad colectiva, cada vez mayor, favorable a los cambios. De lo contrario su accionar se torna inconducente, est茅ril. Evidentemente distinta es la situaci贸n cuando lo que se tiene al frente es a un r茅gimen totalitario, sostenido principalmente en la fuerza coercitiva ejercida discrecionalmente como puntal de un poder pol铆tico autoimpuesto, autocr谩tico, y por lo tanto carente de toda legitimidad.

En consecuencia, las preguntas clave que es necesario contestar para definir una posici贸n coherente con el objetivo de impulsar una lucha contrahegem贸nica en una perspectiva revolucionaria, es decir anticapitalista, son del siguiente tenor: 驴Da exactamente lo mismo para el impulso ulterior de la lucha, es decir para el esfuerzo que necesitamos desplegar para elevar los niveles de conciencia, organizaci贸n y movilizaci贸n popular, cual sea el resultado del plebiscito? 驴Acaso un triunfo de los sectores m谩s reaccionarios fortalecer谩 la confianza de las amplias masas populares en sus propias fuerzas y elevar谩 su moral de combate? 驴No es acaso evidente que, por el contrario, fortalecer谩 precisamente en esos aspectos claves a las fuerzas m谩s reaccionarias?

No sacamos nada con lamentarnos de lo mezquino de la disyuntiva pol铆tica que enfrentamos en ese plebiscito. Ante ello lo que debemos preguntarnos por qu茅 las cosas no han podido hasta ahora ir m谩s lejos y que es lo que necesitamos hacer para lograrlo. Es un grave error suponer que el grueso de la poblaci贸n ha estado efectivamente dispuesta a mantenerse en un estado de movilizaci贸n m谩s radical y que solo la traici贸n y la cobard铆a de las elites pol铆ticas se lo han impedido. Sin duda que la gente est谩 cansada de los abusos y atropellos de que es cotidianamente v铆ctima, pero mayoritariamente est谩 a煤n lejos de tener suficientemente claro c贸mo podemos salir de esta situaci贸n. Por ello se ilusiona f谩cilmente y suele caer presa de los enga帽os de los lobos vestidos con piel de ovejas y tambi茅n de aquellas ovejas que, temiendo ser devoradas por los lobos, han optado por someterse d贸cilmente a ellos.

Lo que necesitamos hacer entonces es persistir en el empe帽o por construir una fuerza social y pol铆tica que sea fiel y clara expresi贸n de una gran voluntad de cambios, unificando las m煤ltiples aspiraciones y demandas populares en torno a un proyecto hist贸rico revolucionario, hasta que esta fuerza logre alcanzar la envergadura necesaria para hacerlo realidad. Y eso solo lo podremos hacer fijando una posici贸n clara e interviniendo activamente en todas las batallas pol铆ticas en curso.





Fuente: Alai.info