December 29, 2021
De parte de Nodo50
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La noche del 21 de noviembre fue una de las m谩s dolorosas de los 煤ltimos a帽os en Chile. Los resultados de la primera vuelta presidencial daban la primera mayor铆a a Jos茅 Antonio Kast, el candidato del pinochetismo y vocero de la contrarrevuelta, de esa derecha golpeada por la revuelta de octubre del 2019 y que no soport贸 la insubordinaci贸n de los pobres, las feministas y los ind铆genas. En segundo lugar llegaba Gabriel Boric, un dirigente estudiantil devenido parlamentario, representante del Frente Amplio, una alianza pol铆tica que hab铆a roto al mismo tiempo con los partidos de la Transici贸n neoliberal y con la izquierda radical estancada en una costosa marginalidad. Se trataba del mismo Boric que hab铆a firmado a nombre personal, sin el respaldo de su partido, el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constituci贸n en noviembre de 2019, dando paso a un proceso constitucional restringido, y por lo mismo, foco de grandes cr铆ticas por parte del movimiento popular en su conjunto.

La elecci贸n presidencial m谩s significativa desde 1970 parec铆a llevarnos hacia una barbarie demasiado imaginable para cualquiera que tenga memoria. Los sectores movilizados de Chile, abiertamente cr铆ticos de la orientaci贸n m谩s bien moderada de Boric, tomaron la r谩pida decisi贸n de sumarse a la campa帽a para asegurar su triunfo, y sobre todo, una aplastante derrota de la candidatura pinochetista. Esto se hizo realidad la noche del pasado domingo 19, con un resultado electoral in茅dito en muchos aspectos. En primer lugar, Boric (55,9%) fue electo con una ventaja de m谩s de 11 puntos sobre Kast (44,1%). Segundo, la participaci贸n aument贸 significativamente con respecto a la primera vuelta (55,7% del padr贸n, versus un 47,3% en la primera vuelta), superando todas las tasas de participaci贸n desde que se implement贸 el voto voluntario en 2012. Finalmente, Boric es el presidente electo con la mayor cantidad de votos en la historia de Chile (4.620.671). Se trata de una combinaci贸n in茅dita en un pa铆s que llevaba un largo periodo de alta abstenci贸n, con la excepci贸n del Plebiscito por la Nueva Constituci贸n de octubre del 2020. Aun as铆, este domingo particip贸 casi un mill贸n m谩s de personas que para aquEl refer茅ndum (7.562.173, un 50,9% del padr贸n).

En un contraste hermoso, la sensaci贸n de victoria inunda la noche del domingo 19 de diciembre de este 2021 demasiado largo para los pueblos de Chile. Cientos de miles de personas recorren las calles de todo Chile para celebrar cara a cara lo que sienten como un triunfo propio: haber derrotado al pinochetismo y poder mantener abierto el ciclo de transformaciones que impuls贸 la revuelta popular de octubre del 2019. Pero no es solo alegr铆a, sino sobre todo alivio. La amenaza del neofascista Kast, materializada ya en los gobiernos de Trump, Bolsonaro y Orb谩n, fue percibida muy claramente por el movimiento feminista y la comunidad LGBTQI+, que aun teniendo pocas ilusiones en Boric, fueron los sectores que m谩s r谩pidamente se convocaron a trabajar por un triunfo suyo en la segunda vuelta. Algunos an谩lisis iniciales ya apuntan a la tremenda importancia del voto femenino y joven en ese triunfo.

De la revuelta a la contrarrevuelta

 驴C贸mo fue que llegamos a este escenario tan riesgoso? No hay respuestas sencillas, pero s铆 algunos elementos insoslayables. Al igual que otros pa铆ses de la regi贸n y el mundo, Chile est谩 transitando un largo periodo de politizaci贸n polarizada, que se asienta sobre una inestabilidad social y pol铆tica causada por m煤ltiples crisis ecol贸gicas, econ贸micas y sociales. La administraci贸n neoliberal de la transici贸n a la democracia se sostuvo con estabilidad durante un ciclo de crecimiento econ贸mico entre los 90 y el fin de los 2000. Pero con el precio de las materias primas a la baja hacia 2009, esa certeza se diluye para los sectores populares, que comienzan a ver c贸mo su vida se va precarizando de manera implacable. Chile es un pa铆s sin acceso garantizado y universal a salud, pensiones, educaci贸n y vivienda, donde el 谩mbito de la reproducci贸n de la vida est谩 privatizado, ya sea en manos de empresas privadas o cargado simplemente sobre los hombros de la esfera privada familiar, particularmente de ni帽as, j贸venes y mujeres responsables de los cuidados. En el marco de esa estructura, los cambios en las condiciones macroecon贸micas se dejan sentir muy r谩pido en las vidas cotidianas de los sectores populares.

Ese proceso de precarizaci贸n creciente se complementa con una democracia tremendamente restringida, delineada por la Constituci贸n aprobada fraudulentamente por la dictadura en 1980. Se trata de un marco normativo que concentra el poder pol铆tico en el Ejecutivo y el Congreso, sin lugar alguno para las comunidades y territorios, y que pone alt铆simas exigencias para los cambios, muchos de ellos bloqueados por qu贸rums supra-mayoritarios en el parlamento. Se trata de una democracia excluyente, hecha a medida de los grandes partidos burgueses, y que incluye mecanismos que tienden a dejar fuera a mujeres, pueblos originarios e independientes.

Esta explosiva combinaci贸n llev贸 a la revuelta de 2019, en la que una chispa de insurgencia estudiantil contra el aumento del precio del transporte incendi贸 una pradera plagada de resentimiento, deuda y desesperanza. La revuelta fue un portal hacia lo nuevo, cargado de la violencia pol铆tica que caracteriza a los despertares del pueblo. Pero tambi茅n fue un remez贸n para la clase dominante, que activ贸 r谩pidamente sus dispositivos autoritarios y de combate ideol贸gico para frenar ese despertar popular. El presidente Sebasti谩n Pi帽era declar贸 la guerra al pueblo, sacando a los militares a aplacar la revuelta. Pol铆tica y medi谩ticamente, se articul贸 un relato que contrapon铆a la violencia destructiva de la calle a un nuevo pacto social digitado al interior del Congreso. El primer momento de la revuelta concluy贸 en el Acuerdo del 15N. All铆 se inici贸 la consolidaci贸n institucional de la impugnaci贸n antineoliberal de la revuelta, que se tradujo en la habilitaci贸n de un espacio pol铆tico para la contrarrevuelta, organizada ahora en la campa帽a de la opci贸n Rechazo para el Plebiscito por una Nueva Constituci贸n, y en la introducci贸n de una tensi贸n en el campo popular: a favor o en contra de aquel Acuerdo y su institucionalizaci贸n. Son escenas conocidas para el movimiento popular en el mundo: largos y encendidos debates sobre los riesgos y oportunidades que abre el paso de lo instituyente a lo instituido.

A dos a帽os de la revuelta, es evidente que el proceso de politizaci贸n que experimenta la sociedad chilena no es simplemente un escenario de izquierdizaci贸n. La integraci贸n de miles de personas a la actividad pol铆tica se da por la izquierda y por la derecha. Esto no significa que el pa铆s est茅 dividido simplemente en dos. Los sectores populares han adoptado una actividad pol铆tico-social siguiendo orientaciones feministas y de izquierdas, participando en asambleas territoriales para organizar la defensa de los Derechos Humanos o debatir los contenidos de una nueva Constituci贸n, o involucr谩ndose en las campa帽as para elegir representantes para la Convenci贸n Constitucional, o ingresando a organizaciones sociales y pol铆ticas para asumir roles activos en los procesos de cambio. Por su parte, la derecha ha organizado su base en comunidades de contrainformaci贸n conservadora y anticomunista, en iglesias evang茅licas reaccionarias con presencia territorial, en grupos de choque neofascista que retoman la calle con una presencia no vista desde la Unidad Popular, ya sea para atacar los s铆mbolos de la revuelta o llevar a cabo acciones de amedrentamiento. La actividad de los sectores populares es masiva, abierta, autogestionaria, participativa y constructiva, con una voz m煤ltiple, mientras que la politizaci贸n de derecha es reaccionaria, de grupos peque帽os financiados por empresarios, y con vocer铆as pol铆ticas m谩s tradicionales. Una de ellas es la de Jos茅 Antonio Kast, antiguo militante y parlamentario de la derecha cat贸lica, conservadora, autoritaria y nacionalista, devenido l铆der del nuevo Partido Republicano, que re煤ne hoy a lo m谩s granado del pinochetismo y el neofascismo, y que existe por fuera de la coalici贸n derechista Chile Vamos.

Kast ya hab铆a sido candidato presidencial en 2017, con un pobre desempe帽o electoral. Desde entonces se consolid贸 como la voz de la reacci贸n ante las aspiraciones refundacionales de la izquierda, apuntando sus dardos principalmente contra el Partido Comunista y el Frente Amplio, pero tambi茅n contra el movimiento feminista y de la disidencia sexo-gen茅rica, las organizaciones mapuche y socioambientales. La revuelta, y en particular el ciclo electoral 2020-2021, le dio la oportunidad de consolidar su liderazgo como vocero del Rechazo y articulador de una alternativa electoral para los sectores de la contrarrevuelta. La pandemia ratific贸 su posici贸n anti-cient铆fica y anti-globalista, aunque de una manera m谩s solapada que otros liderazgos ultraderechistas del mundo.

Estas oportunidades coyunturales, sumadas a la debilidad de las candidaturas de Chile Vamos, pusieron a Kast a la cabeza de la apuesta electoral de la derecha para estas elecciones presidenciales. Entonces, 驴c贸mo llegamos a esto? Las m煤ltiples crisis del capitalismo en Chile no solo han dado lugar a una alternativa transformadora, de base antineoliberal, feminista y plurinacional, sino que tambi茅n abrieron un portal a los monstruos del pinochetismo y el autoritarismo, que ofrecen una alternativa de mano dura anti-migrante, nostalgia por el disciplinamiento patriarcal de la dictadura y presunta certeza econ贸mica para el gran empresariado.

Los dos polos del campo transformador: Boric y el proceso constituyente

En esta rearticulaci贸n del terreno pol铆tico en Chile, donde las fuerzas tradicionales de la derecha y la centroizquierda han mostrado su m谩ximo agotamiento y falta de proyecto, se ha abierto un espacio para la transformaci贸n, en el que conviven dos sectores: por un lado Boric y la coalici贸n Apruebo Dignidad (que incluye al Frente Amplio y el Partido Comunista), y por otro las fuerzas de movimientos sociales y pueblos originarios que lograron un espacio in茅dito en la Convenci贸n Constitucional, en torno a las listas de Movimientos Sociales Constituyentes, la Lista del Pueblo y constituyentes de Pueblos Originarios. Es una coexistencia que no carece de tensiones, pero que al menos discute sobre el terreno com煤n de las aspiraciones de cambio estructural al r茅gimen de 1980.

Mientras que Boric logra el heterog茅neo respaldo masivo que rese帽茅 al comienzo, el sector popular constituyente tiene su fuerza en el hecho de que la disputa por una nueva Constituci贸n aparece hoy como el centro del ciclo pol铆tico chileno actual. Las elecciones recientes son un indicador de este fen贸meno, en la medida en que cada vez que ha estado en juego el proceso constituyente, la participaci贸n ha sido alta y se ha inclinado mayoritariamente hacia el polo transformador. Esto ocurri贸 con la votaci贸n en el plebiscito, con un 80% por el Apruebo, en la elecci贸n de convencionales, donde las fuerzas abiertamente anti-neoliberales alcanzaron la mayor铆a de la Convenci贸n Constitucional, y en la segunda vuelta presidencial, donde se hizo inminente la amenaza de un gobierno de Kast que destruyera avances en derechos y bloqueara el momento constituyente abierto por la revuelta. No fue as铆 con la elecci贸n parlamentaria, donde no se dieron las mismas garant铆as democr谩ticas para la participaci贸n de independientes, luchadores sociales y pueblos originarios. Es posible afirmar hoy que los sectores populares, principales garantes del proceso constituyente, eligen sabiamente sus batallas electorales en el marco de una democracia restringida.

Con un gobierno de Boric se presenta un escenario favorable para el proceso constituyente, lo que dar谩 protagonismo a las fuerzas populares constituyentes que mantengan su independencia pol铆tica del gobierno, pero compartan algunos aspectos program谩ticos claves. Lo que est谩 en juego para las fuerzas populares dentro y fuera de la Convenci贸n es aprovechar la oportunidad de un gobierno favorable para desplegar al m谩ximo el potencial del proceso constituyente y abrir un largo ciclo de transformaciones estructurales en el modelo econ贸mico, el sistema pol铆tico y la garant铆a de derechos sociales.

Por su parte, el principal desaf铆o que enfrentar谩 el gobierno de Boric ser谩 administrar el impasse que representa un Congreso sin mayor铆as claras y una crisis econ贸mica que arrecia. En ese contexto dif铆cil pero no in茅dito, Boric tiene la oportunidad de no ser un nuevo gobierno de la Concertaci贸n. El 茅xito de su gobierno depende claramente de cumplir la promesa de cambio al pueblo que celebr贸 en las calles la noche del domingo, y no a los mandarines renovados que afilan los dientes esperando sus errores para salir a decir que ellos lo hubiesen hecho mejor.

En el corto plazo veremos la reorganizaci贸n de la derecha: los partidos de Chile Vamos y el Partido Republicano buscar谩n capitalizar la votaci贸n, disputando el liderazgo del sector para el nuevo ciclo. Estando en minor铆a en la Convenci贸n Constitucional, buscar谩n darle el m谩ximo poder posible a su bloque en el Congreso, y seguir谩n insistiendo en su relato de que en esta elecci贸n “gan贸 el Boric moderado”, como una manera de tensionarlo hacia el centro. Tambi茅n veremos a la vieja y agotada Concertaci贸n abri茅ndose lugar en el gobierno de Boric con una mezcla de falsa adulaci贸n y amenazas solapadas. Se ofrecer谩n como garant铆a de gobernabilidad, pero seguir谩n siendo la pen煤ltima trinchera de la Transici贸n. Compartir谩n con la derecha la tarea de tentar a Boric hacia el centro, teniendo como antecedente su conocida trayectoria de conciliaci贸n y acuerdos en momentos cruciales.

El primer desaf铆o que tendr谩n Boric y Apruebo Dignidad ser谩 definir si aprovechar谩n el triunfo electoral para afirmar su programa de reformas estructurales, o si el miedo a ser rechazados por el duopolio transicional les har谩 moderarse y alejarse de la base social que les dio un triunfo que no lograron por s铆 mismos en primera vuelta.

Nuevas tareas para la izquierda anticapitalista

En contra de la tesis de que el gobierno de Boric solo puede ser un gobierno moderado y conciliador, los resultados electorales muestran que hay un pueblo dispuesto a defender el momento constituyente con toda su creatividad y su deseo de ruptura con el r茅gimen actual. En el relato de la moderaci贸n instalado por la derecha, que har谩 eco en los sectores liberales de Apruebo Dignidad, busca transmitir un mensaje disciplinador: m谩s le vale mantener silencio a la izquierda radical y a los movimientos sociales, no vaya a ser que terminen siendo responsables de una nueva derrota para su sector, o a煤n peor, de un nuevo golpe de estado. Se nos llama a dejar que Boric haga lo suyo, sin cr铆ticas que abran flancos.

Pero el 茅nfasis en el cumplimiento efectivo del programa no es, como podr铆an creer algunos, un obst谩culo para la realizaci贸n de las transformaciones, sino su mejor garant铆a. Esas transformaciones solo ser谩n posibles si cuentan con el impulso de una amplia coalici贸n de movimientos sociales y pol铆ticos que mantenga sobre la mesa los aspectos irrenunciables del programa, lo inaceptable de la represi贸n y la urgencia de superar desde hoy mismo el guion transicional de cambios 鈥渆n la medida de lo posible鈥. Frente a un gobierno susceptible a la presi贸n popular, ser谩 clave mantener la independencia pol铆tica de los movimientos sociales y la izquierda anticapitalista con respecto al gobierno, su disposici贸n a respaldar los avances y criticar los retrocesos, para no enredarse en la siempre presente tentaci贸n vac铆a de tener poder en los pasillos del palacio a cambio de abandonar el horizonte de transformaci贸n.

驴Cu谩les son esos puntos irrenunciables del programa? En lo inmediato, una reforma tributaria que permita la contenci贸n de la crisis econ贸mica de los hogares de la clase trabajadora mediante la condonaci贸n de la deuda educativa y un ingreso de emergencia universal. En el mediano plazo, la reducci贸n de la jornada laboral, un nuevo sistema de pensiones sin AFP, un fondo universal de salud y un sistema nacional de cuidados, adem谩s de modificar las condiciones para la negociaci贸n colectiva de los sindicatos y garantizar el derecho a huelga. En una mirada de largo plazo, sentar las bases para una transici贸n ecol贸gica donde la renacionalizaci贸n de las materias primas se complemente con una reorientaci贸n de la matriz productiva en un marco de solidaridad e integraci贸n regional.

Pero junto con ello, el nuevo gobierno tendr谩 que responder a dos demandas urgentes de los sectores que no son de su coalici贸n, pero que s铆 lo respaldaron en la segunda vuelta. La libertad de los presos pol铆ticos mapuche y de la revuelta, y el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. Ambas demandas cuentan con iniciativas parlamentarias que han sido bloqueadas por la derecha y la centroizquierda. Pesa sobre el gobierno de Boric la responsabilidad hist贸rica de reparar las violaciones sistem谩ticas a los Derechos Humanos en el presente y el pasado, y establecer un marco de libertad sexual y justicia reproductiva que represente avances claros para el movimiento feminista y las comunidades LGBTQI+.

Se vuelve una necesidad inevitable, entonces, que las diversas fuerzas pol铆ticas y sociales dentro y fuera de la Convenci贸n Constitucional se encuentren en una alianza que re煤na a los movimientos que han sostenido las movilizaciones feministas, estudiantiles, territoriales y sindicales de las 煤ltimas d茅cadas, y que integre el archipi茅lago de la izquierda radical a una actividad de masas que convierta su potencial militante, que tanto ha contribuido a esos mismos movimientos sociales, en capacidad pol铆tica del pueblo y no solo de peque帽os grupos.

Esta alianza popular tendr谩 una tarea dif铆cil: confrontar a la nueva derecha radicalizada y sus ansias de revancha antipopular. Esa confrontaci贸n tendr谩 lugar en las calles y aprovechar谩 las lecciones de autodefensa aprendidas d茅cadas, y m谩s recientemente durante la revuelta. Pero la manera m谩s duradera de frenar a la ultraderecha es ganar a su potencial base popular para un proyecto de transformaci贸n anticapitalista y feminista, y eso se logra conquistando mejores condiciones de vida y de lucha, cerr谩ndole el paso a la oferta de una salida conservadora a la crisis. Al fascismo tambi茅n se le combate en el terreno de la vida cotidiana de la clase trabajadora plurinacional de Chile.

Pero, sobre todo, una confluencia pol铆tica y social como esa tiene la oportunidad de convertirse en la fuerza que le d茅 soporte territorial a la redacci贸n y aprobaci贸n de la nueva Constituci贸n en el plebiscito de salida en 2022, y que pueda corregir las vacilaciones del nuevo gobierno en los momentos cruciales del cumplimiento del programa. Con un Congreso bloqueado, sin una mayor铆a clara, lo que inclinar谩 la balanza en esos momentos ser谩, como el domingo reci茅n pasado, la movilizaci贸n popular. La independencia pol铆tica y la orientaci贸n program谩tica de esa movilizaci贸n ser谩 la clave de este nuevo ciclo.

21/12/2021

Pablo Abufom, militante de Solidaridad y editor de Revista Posiciones.

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Fuente: Vientosur.info