October 19, 2020
De parte de Arrezafe
2,472 puntos de vista

 



“La
revuelta
nos
oblig贸
a
pensar
qu茅
instituciones
inventamos”




Tinta
Lim贸n




18/10/2020



A
un
a帽o
de
la
revuelta,
publicamos
una
serie
de
entrevistas
que
realizamos
en
los
meses
posteriores
al
estallido
en
Chile.
En
esta
primera
entrega,
la
conversaci贸n
con
Vitrina
Dyst贸pica. 



El
domingo
6
de
octubre
de
2019
entra
en
vigencia
un
nuevo
aumento
en
las
tarifas
del
Metro,
en
Santiago,
el
cuarto
en
menos
de
dos
a帽os.
El
鈥減anel
de
expertos鈥
que
regula
el
precio
del
transporte
p煤blico
en
la
ciudad
decide
que
a
partir
de
ese
d铆a
deb铆an
pagarse
30
pesos
m谩s
para
viajar.
La
medida
genera
fastidio
en
una
poblaci贸n
mayormente
abrumada
por
el
alto
costo
de
la
vida
y
cansada
de
los
abusos.



La
semana
comienza
con
una
convocatoria
a
concentrarse
en
algunas
estaciones
del
metro
para
鈥渆vadir鈥
los
torniquetes
y
viajar
sin
pagar.
La
convocatoria
la
hace
v铆a
Instagram
un
grupo
de
estudiantes
secundarios
de
uno
de
los
colegios
鈥渆mblem谩ticos鈥
de
la
ciudad.
En
esos
colegios
la
tensi贸n
era
tal
que
los
Carabineros
dorm铆an
en
sus
techos.



En
ese
marco,
el
partido
oficialista
agudiza
la
represi贸n
y
presenta
un
proyecto
para
sancionar
penalmente
a
quienes
evadan
el
transporte
p煤blico.
El
mi茅rcoles
16,
Clemente
P茅rez,
ex
presidente
del
Directorio
de
Metro
durante
el
primer
gobierno
de
Michelle
Bachelet,
dice
en
horario
central
a
un
canal
de
noticias:

鈥淐abros,
esto
no
prendi贸.
No
se
han
ganado
el
apoyo
de
la
poblaci贸n鈥
.
Pero
el
descontento
se
viraliza
y
las
evasiones
se
propaga:
cada
d铆a
se
suman
m谩s
personas.



El
viernes,
al
grito
de
鈥淓vadir,
no
pagar,
otra
forma
de
luchar鈥,
cientos
de
estudiantes
secundarios
se
autoconvocan
en
las
bocas
del
metro,
entran
corriendo,
en
banda,
de
a
cientos,
y
saltan
los
molinetes.
Cantan,
bailan,
pintan
las
paredes
de
las
estaciones
y
hasta
queman
alg煤n
vag贸n.
El
Gobierno
invoca
la
Ley
del
Seguridad
del
Estado
y
anuncia
severas
sanciones
contra
quienes
resulten
responsables
del
ataque
al
metro.
El
descontento
sale
a
la
superficie.



Ese
viernes
18
de
octubre
el
transporte
se
suspende
a
las
tres
de
la
tarde
y
las
personas
que
salen
de
trabajar
deben
volver
a
sus
casas
caminando.
La
ciudad
est谩
paralizada
y,
a
la
vez,
se
respira
un
aire
de
alivio.
鈥淣o
me
importa
tener
que
caminar
para
volver鈥,
dice
una
mujer
cuando
descubre
que
el
subte
est谩
cerrado.
Otras
y
otros
deciden
quedarse
en
las
calles
a
protestar.
Y
esa
misma
noche
estalla
la
revuelta.



Suenan
cacerolas,
se
toman
las
calles
y
las
plazas,
se
montan
barricadas,
se
atacan
supermercados,
centros
comerciales,
bancos
y
farmacias,
todos
identificados
con
abusos
y
estafas
recientemente
difundidos
por
la
prensa.
Se
incendian,
tambi茅n,
veinte
estaciones
de
metro,
una
docena
de
buses
y
el
edificio
de
ENEL,
la
empresa
prestadora
de
servicios
el茅ctrico.



El
estallido
se
expande
a
lo
largo
de
todo
el
territorio
chileno.
En
Santiago,
la
ex
Plaza
Italia
鈥揳hora
llamada
Plaza
de
la
Dignidad鈥,
un
lugar
simb贸lico
en
la
historia
de
las
luchas
sociales,
se
convierte
en
el
epicentro
de
la
protesta.
El
s贸lido
neoliberalismo
chileno
se
resquebraja:
Chile
despert贸,
dicen
los
propios
chilenos.
驴Qu茅
es
lo
que
sucede?
驴C贸mo
se
lleg贸
hasta
ac谩?


 
 
 
Foto:
Paulo
Slachevsky



Una
serie
de
respuestas,
inspiradas
y
provisorias,
las
encontramos
conversando
con
el
colectivo

Vitrina
Dyst贸pica
.
De
las
razones
de
los
malestares
a
la
genealog铆a
de
un
movimiento
recortado
sobre
una
generaci贸n
insubordinada:
la
generaci贸n
del
pinguinazo.
La
subjetividad
antipolic铆aca
y
el
estar
en
bandas
son
marcas
indelebles
de
esta
fuerza
de
octubre.
A
continuaci贸n,
las
ideas
m谩s
destacadas
de
ese
encuentro.




Octubre
estalla




(las
luchas
se
transversalizan)



Chile
revent贸
en
octubre,
ya
no
se
aguantaba
m谩s.
Fue
una

revuelta
contra
el
saqueo
organizado
por
los
empresarios
,
contra
un
modo
de
vida
insoportable,
contra
el
鈥渕asoquismo
del
m茅rito鈥
y
la
presi贸n
de
ser
reconocido,
contra
la
violencia
policial
y
contra
todo
un
entramado
pol铆tico-institucional
que
en
nuestro
pa铆s
es
especialmente
cruel.
Hay
mil
motivos.



En
Chile
hay
una
privatizaci贸n
total
de
la
vida.
Hay
un
sistema
masivo
de
endeudamiento.
Los
bancos
y
financieras,
cada
uno,
te
ofrece
su
tarjeta
de
cr茅dito,
las
farmacias
tienen
su
tarjeta,
los
supermercados
tienen
otra.
隆S贸lo
falta
que
las
botiller铆as
te
den
su
propia
tarjeta!
Hay
miles
de
l铆neas
de
endeudamiento
y
una
flexibilidad
muy
grande.
Y
ante
este
problema,
la
煤nica
respuesta
es
m谩s
endeudamiento,
una
forma
cada
vez
m谩s
f谩cil
de
hipotecarnos.
Entonces
cuando
nos
dimos
cuenta
de
que
no
hab铆a
respuesta
posible,
sucedi贸
lo
que
est谩
pasando
ahora:
todo
estalla
y
se
vuelve
visible
la
lucha
contra
la
privatizaci贸n
total.



De
fondo,
siempre
est谩
la
idea
de
Chile
como
el
鈥渏aguar
de
Latinoam茅rica鈥,
de
que
tenemos
un
modo
de
vida
diferente
al
resto
del
continente.
Est谩
la
figura,
tambi茅n,
de
la
鈥渂arrera
natural鈥
que
nos
separa
del
resto
de
Latinoam茅rica,
la
Cordillera,
un
鈥渃ord贸n
higi茅nico鈥
de
los
pesares
de
la
Argentina.
鈥淪omos
distintos鈥,
鈥渆stamos
mucho
m谩s
ligados
a
Europa鈥.
Hay
un
deseo
muy
fuerte
de
ser
blanco.
Pero
hace
rato
que
todo
eso
se
empez贸
a
ir
a
la
mierda.



La
revuelta
es,
tambi茅n,
contra
la
corrupci贸n.
En
los
煤ltimos
cinco
a帽os
hubo
muchos
casos
en
los
que
las
polic铆as
y
las
fuerzas
armadas
aparec铆an
rob谩ndose
fondos
p煤blicos.
Hubo
casos
de
corrupci贸n
en
el
gobierno,
sobre
todo
grandes
transnacionales
que
estafan
al
Estado
con
much铆simo
dinero
y
quedan
impunes.
Casos
de
colusi贸n
como
el
de
los
productores
de
pollos
o
el
del
papel
higi茅nico.
Pero,
sobre
todo,
la
sensaci贸n
de
que
para
los
empresarios
no
hay
ley,
no
hay
penas.
A
lo
sumo,
los
mandan
a
tomar
clases
de
茅tica
como
ha
quedado
de
manifiesto
煤ltimamente.
Es
muy
indignante,
porque
es
la
impunidad
total.
Al
mismo
tiempo,
la
TV
esconde
bajo
la
alfombra
estos
casos
haciendo
un
fest铆n
espectacular
con
鈥渆l
flagelo
de
la
delincuencia鈥,
鈥渜ue
entran
y
salen
por
puerta
giratoria鈥,
buscando
naturalizar
las
pol铆ticas
de
criminalizaci贸n
de
la
pobreza,
especialmente
contra
lxs
m谩s
cabros.



En
2007
se
promulg贸
la
Ley
de
Responsabilidad
Penal
Adolescente,
una
ley
que
habilita
la
penalizaci贸n
de
menores.
Concretamente,
los
j贸venes
pobres
van
en
鈥渃ana鈥
y
los
ricos
no
entran
a
ninguna
c谩rcel.
La
fecha
en
la
que
sacan
esa
ley
no
es
arbitraria,
porque
en
el
2006
fue
el
ping眉inazo.[1]
Y
en
2007
Bachelet
impulsa
esta
ley
que
vuelve
punible
a
ni帽as
y
ni帽os
desde
los
catorce
a帽os
隆Una
ley
de
Bachelet,
no
de
Pi帽era!
Pero
lo
hace
a
su
manera,
con
cinismo:
articulando
todo
un
discurso
de
la
protecci贸n
de
las
y
los
ni帽xs.
Y
empiezan
a
meter
en
cana
a
lxs
m谩s
chicxs.
Se
dan
casos
de
alta
connotaci贸n
p煤blica,
como
el
caso
de
un
ni帽ito
de
ocho,
nueve
a帽os,
al
que
llamaron
鈥淐isarro鈥,
que
ten铆a
una
serie
de
delitos
que
se
hicieron
medi谩ticos
para
justificar
esta
ley.
驴Y
a
d贸nde
lo
meten?
Ah铆
pasamos
a
otra
cuesti贸n
que
ya
era
sabida,
pero
que
se
volvi贸
muy
central
desde
el
estallido:
la
crisis
y
la
corrupci贸n
en
el
Servicio
Nacional
de
Menores
(SENAME).
M谩s
de
dos
mil
ni帽os
han
muerto
en
los
Servicios
de
鈥淧rotecci贸n鈥
de
la
ni帽ez.
Tambi茅n
se
revelaron
abusos
sexuales,
much铆simos
maltratos
e,
incluso,
venta
de
贸rganos.



Entonces,
en
octubre
estalla
el
caso
de
SENAME,
estallan
los
casos
de
corrupci贸n,
estallan
los
casos
de
robo
al
fisco
de
las
Fuerzas
Armadas,
estallan
las
鈥渮onas
de
sacrificio鈥漑2]
y
la
muerte
indiscriminada
del
pueblo
mapuche.
Ser谩n
todos
esos
elementos
los
que
se
empiezan
a
conjugar
en
un
malestar
que
ya
no
ten铆a
d贸nde
ser
alojado
m谩s
que
en
la
calle.



Y,
al
mismo
tiempo,
hay
un
componente
transversal
a
las
luchas
o
a
los
malestares.
En
las
marchas
hay
hartas
banderas
mapuches,
hay
un
sensibilidad
con
la
lucha
de
los
pueblos
ancestrales
que
no
se
reduce
s贸lo
al
mapuche,
sino
que
se
extiende
a
otras
territorios
鈥渟acrificados鈥
por
el
capital.
Las
鈥渮onas
de
sacrificio鈥,
como
Quintero
y
Puchuncav铆,
zonas
desoladas
por
la
extracci贸n
de
hidrocarburos,
que
comienzan
a
organizarse
como
comunas
para
poder
luchar
contra
este
destructor
de
la
tierra
y
destructor
de
la
vida.
Y
empieza
a
haber
un
eco
muy
interesante
entre
las
luchas
territoriales
de
las
zonas
de
sacrificio
con
el
pueblo
mapuche.
Empieza
a
haber
un
com煤n
ah铆.
Hay
una
experiencia
de
lo
com煤n
que
es
clave
porque
todos
se
empezaron
a
dar
cuenta
de
que
el
problema
es
el
neoliberalismo
y
las
polic铆as
que
lo
protegen.




Quebrar
el
consenso
del
miedo




(隆Evadir,
no
pagar,
otra
forma
de
luchar!)



Si
hacemos
una
lectura
de
las
po茅ticas
de
la
revuelta,
el
elemento
gatillador
de
esa
transversalidad
es
la
jugada
que
hacen
los
estudiantes
secundarios.
El
armaz贸n
fr谩gil
del
endeudamiento
que
cargamos
durante
los
煤ltimos
treinta
a帽os
se
cae
cuando
nos
damos
cuenta
de
que
no
hay
enemigo
interno,
de
que
no
hay
delincuentes,
de
que
no
hay
v谩ndalos.
Cuando
se
quiebra
el
consenso
del
miedo
y
dejamos
de
legitimar
la
campa帽a
medi谩tica
contra
los
estudiantes
de
secundaria,
cambia
completamente
la
perspectiva.
Nos
ten铆an
encerrados
mirando
la
televisi贸n:
鈥渕ira
los
delincuentes鈥.



Un
tiempo
antes
del
estallido
los
pacos
dorm铆an
en
los
techos
de
las
escuelas,
por
miedo
a
que
los
鈥渄elincuentes
encapuchados鈥
salieran
a
quemar
cosas
en
la
ma帽ana.
Ya
hab铆an
metido
polic铆as
en
el
interior
de
las
escuelas.
Los
estudiantes
secundarios
estaban
en
un
conflicto
permanente,
encerrados
en
cada
una
de
sus
escuelas
y
los
especuladores
del
miedo
extrayendo
valor
de
ese
confinamiento.
驴Qu茅
valor?
El
valor
miedo.
El
valor
miedo
permit铆a
que
la
gente,
frente
al
endeudamiento
y
la
precarizaci贸n
de
sus
vidas,
frente
a
los
casos
de
corrupci贸n,
pusiera
la
atenci贸n
ah铆.
Hay
una
pol铆tica
del
autofinanciamiento,
del
endeudamiento,
de
la
privatizaci贸n
y
de
la
capitalizaci贸n
individual
que
tiene
por
regla
el
estar
confinado.
Lleva
tu
malestar
a
tu
casa,
admin铆stralo
t煤
mismo,
s谩cale
provecho
por
medio
de
la
l贸gica
del
sacrificio
y
el
m茅rito,
pero
no
lo
expongas.



Los
estudiantes
secundarios
estaban,
tambi茅n,
un
poco
presos
de
esa
l贸gica
de
pelear
contra
la
polic铆a.
Hasta
que
se
dan
cuenta
y
empiezan
a
organizarse,
ya
no
para
pelear
contra
los
pacos,
sino
para
fugarse
de
la
escuela.
Se
escapan
del
confinamiento
que
permit铆a
la
extracci贸n
del
valor
miedo.
Y
lo
interesante
es
que
salen
hacia
el
Metro.
O
sea,
se
meten
abajo
de
la
tierra,
donde
va
toda
la
gente
apretada,
y
rompen
los
torniquetes.
De
estar
encerrados
en
el
interior
de
las
escuelas,
salen,
se
fugan
y
abren
los
torniquetes
permiti茅ndole
a
la
gente
pasar
sin
pagar.



Y
si
bien
se
organizaron
para
fugarse,
no
se
puede
decir
que
sean
organizados
desde
afuera.
Est谩
la
CONES
鈥搎ue
es
la
Coordinadora
Nacional
de
Estudiantes
Secundarios,
hegemonizada
por
el
Partido
Comunista鈥,
pero
no
es
que
eso
haya
sido
organizado
por
los
partidos
de
izquierda.
T煤
vas
a
una
escuela
emblem谩tica,
como
a
la
que
van
estos
chicos
y
chicas,
y
lo
que
ves
son
chicas
lesbianas,
disidencia,
punks,
aros,
tatuajes,
los
chicos
con
sus
cortes
de
pelo.
Las
escuelas
parecen
casas
okupadas.
En
el
interior
suele
haber
murales
de
lucha
contra
la
polic铆a.
Y
muchos
murales
de
y
sobre
la
lucha
del
2006,
que
son
los
que
no
se
pueden
tapar.
El
resto
est谩
todo
rayado.




Aula
Segura




(y
las
micropol铆ticas
del
miedo)



Hac铆a
tiempo
que
los
estudiantes
de
los
colegios
emblem谩ticos
hab铆an
desatado
la
guerra
contra
la
polic铆a.
Los
colegios
emblem谩ticos,
en
este
caso
colegios
municipales,
es
de
donde
salen,
o
sal铆an,
los
mejores
puntajes
para
ir
directamente
a
las
universidades
p煤blicas.



Los
estudiantes
de
estos
colegios
desde
hac铆a
tres
a帽os
ven铆an
desarrollando
pr谩cticas
de
autoeducaci贸n,
de
ense帽anza-aprendizaje
alternativas.
Ven铆an
criticando
el
modelo
educativo,
las
pol铆ticas
p煤blicas
macro,
pero
al
interior
de
las
escuelas
ya
hab铆an
empezado
a
desarrollar
sus
propias
pr谩cticas.
En
muchos
aspectos,
ellos
hab铆an
tomado
el
control
de
las
escuelas,
celebraban
las
manifestaciones,
hac铆an
actividades
en
apoyo
a
las
luchas
mapuches,
a
las
luchas
de
las
mujeres
y
las
disidencias.
Incluso
en
muchas
de
estas
escuelas
hab铆an
armado
oficinas
de
sexualidad
y
de
g茅nero.
Y
tomaban
posici贸n
en
los
conflictos
sociales
que
se
suced铆an
distribuidos
en
todo
el
pa铆s,
y
los
incorporaban
al
interior
de
las
escuelas.



Hace
un
tiempo,
una
integrante
de
un
equipo
de
鈥渃onvivencia
escolar鈥
de
una
de
estas
escuelas
nos
dec铆a
muy
indignada
que
no
pod铆a
entender
a
estos
nuevos
estudiantes
que
ya
no
se
preocupan
por
鈥渓a
educaci贸n鈥
鈥揷omo
s铆
lo
hab铆an
hecho
los
movimientos
estudiantiles
de
2006
y
2011鈥,
sino
por
otros
temas
que
鈥渘o
le
cab铆an
a
las
escuelas鈥:
鈥渜ue
el
aborto,
que
los
mapuches,
que
los
perros,
que
los
animales鈥
隆Esto
ya
no
le
compete
a
las
escuelas!
驴Por
qu茅
no
se
preocupan
por
la
educaci贸n?鈥.
Hay
un
desconcierto
total
de
los
aparatos
de
convivencia.
Y
cuando
prima
el
desconcierto
suele
aparecer
la
brutalidad
represiva.
Y
esa
fue
la
煤nica
respuesta
que,
finalmente,
se
dio:
brutalidad
represiva.



El
conflicto
en
estas
escuelas
se
agudiz贸
en
el
煤ltimo
tiempo
por
el
proyecto

Aula
Segura
,
que
es
una
pol铆tica
de
Estado,
un
protocolo
que
busca
intervenir
en
las
escuelas
que
est谩n
m谩s
politizadas.
Lo
que
se
permite
el
proyecto
de
ley

Aula
Segura

es
que
todas
las
escuelas
cuenten
con
un
protocolo
de
expulsi贸n.
En
2015
Michelle
Bachelet
impulsa
la
modalidad
de
鈥渆scuelas
inclusivas鈥,
una
modalidad
en
la
que
las
escuelas
ya
no
pod铆an
efectivamente
expulsar.
Igual
es
muy
hip贸crita
el
concepto
que
usan:
no
se
pod铆a
expulsar,
sino
que
deb铆an
鈥済arantizar
el
cambio
de
ambiente鈥.
Es
un
eufemismo
asqueroso.
Entonces,
no
expulsaban
para
no
dejar
a
lxs
estudiante
sin
clases,
sino
que
le
reasignaban
otra
escuela,
una
escuela
鈥渄e
acuerdo
a
sus
condiciones鈥.
Y
as铆
es
como
hay
escuelas
realmente
convertidas
en
vertederos
de
estudiantes.
Los
sacaban
y
los
cambiaban
todos
a
las
mismas
escuelas
que
son
principalmente
muy
perif茅ricas,
donde
la
educaci贸n
es
mala
y
donde,
al
mismo
tiempo,
solo
hay
conflictos.
隆Que
se
acuchillen
entre
ellos!



En
cambio,
vino
Pi帽era
y
dijo:
鈥渧amos
a
garantizar
que
los
estudiantes
puedan
tener
todos
educaci贸n
y
para
eso
les
vamos
a
otorgar
a
los
directores
de
escuela
las
facultades
que
se
les
hab铆an
quitado鈥.
Y
lo
que
volvieron
a
reponer
fue
esa
potestad
de
expulsar
a
trav茅s
de

Aula
Segura
.
Concretamente,
lo
que
hace
es
acelerar
los
tiempos
de
una
expulsi贸n.
En
lugar
de
durar
quince
d铆as,
la
investigaci贸n
鈥揺l
鈥渄ebido
proceso鈥濃
pasa
a
ser
solo
de
cinco.
Es
una
suerte
de
judicializaci贸n
de
las
escuelas.
Si
un
profesional
del
谩rea
de
鈥渃onvivencia
escolar鈥
identificaba
a
un
estudiantes
desarrollando
una
asamblea
o
convocando
a
un
par
a
una
movilizaci贸n,
pod铆a
denunciarlo
de
manera
an贸nima
para
que
se
le
hiciera
una
investigaci贸n.
Y
se
activaba
el
鈥渄ebido
proceso鈥.
La
investigaci贸n
pod铆a
durar
hasta
dos
meses
para
garantizar
que
el
estudiante
fuera
expulsado,
pero
a
los
cinco
d铆as
el
estudiante
ya
estaba
fuera
del
aula,
suspendido.




Contra
la
educaci贸n
de
mercado




(la
generaci贸n
del
ping眉inazo)



Esto,
naturalmente,
no
es
nuevo.
Desde
2006,
desde
el
鈥減ing眉inazo鈥,
el
Estado
chileno
est谩
en
guerra
contra
los
estudiantes.
En
esos
a帽os
se
contagi贸
el
malestar
con
respecto
a
la
privatizaci贸n
de
toda
la
educaci贸n
chilena;
ya
no
solamente
la
privatizaci贸n
de
la
educaci贸n
superior,
sino
la
privatizaci贸n
de
todo
el
sistema
educativo.



Ya
hab铆a
movilizaciones
muy
fuertes
desde
2004,
en
la
Universidad,
contra
el

Cr茅dito
con
Aval
del
Estado

(CAE)[3],
que
a
su
vez
retomaban
las
luchas
contra
el
neoliberalismo
que
hab铆a
dado
con
mucha
tenacidad
el
movimiento
estudiantil
universitario
de
los
鈥90.
Pero
ahora
se
extend铆a
a
las
escuelas
secundarias,
que
fueron
tomadas.
En
ese
proceso
tambi茅n
se
empiezan
a
recomponer
las

coordinadoras
estudiantiles

a
nivel
zonal
鈥搝ona
norte,
zona
sur,
etc.鈥,
que
es
algo
que
no
hab铆a
pasado
antes.
Es
decir,
empiezan
a
ponerse
en
di谩logo
los
diferentes
estudiantes
de
diferentes
escuelas.
Justamente,
las
escuelas
privadas
鈥搎ue
siempre
est谩n
al
margen
de
todas
las
movilizaciones鈥
empiezan
a
sumarse
a
los
paros
y
a
las
tomas.
Esa
trama
de
solidaridad
fue
sumamente
importante,
porque
articul贸
y
transversaliz贸
a
todo
el
movimiento.
Ya
no
eran
solamente
los
estudiantes
de
las
escuelas
p煤blicas
municipales
pidiendo
una
educaci贸n
de
calidad,
sino
que
eran,
incluso,
los
estudiantes
que
ten铆an
privilegios
los
que
estaban
luchando
contra
sus
propios
privilegios.
Y
por
la
posibilidad
de
que
todos
tuvieran
los
mismos.
Entonces,
esa
puesta
en
com煤n
del
malestar
fue
muy
interesante.



En
suma,
en
2006
se
decreta,
transversalmente,
la
guerra
contra
la
鈥渆ducaci贸n
de
mercado鈥.
Una
de
las
consignas
centrales
de
aquellas
movilizaciones
ped铆a
que
los
colegios
volvieran
al
Estado,
dado
que
hab铆an
sido
municipalizados
sobre
el
fin
de
la
dictadura
mediante
la

Ley
Org谩nica
Constitucional
de
Educaci贸n

(LOCE).
Se
luchaba
contra
esa
ley
que
garantizaba
el
entramado
constitucional
de
la
educaci贸n
de
mercado.



En
cierto
modo,
esa
lucha
fue
traicionada
a
partir
de
2007,
o
as铆
lo
entendimos
los
estudiantes
de
secundaria
que
acusamos
a
la
CONFECH
鈥搎ue
es
la
Confederaci贸n
Nacional
de
Estudiantes
de
Chile鈥
de
haber
pactado
con
el
gobierno
de
Michelle
Bachelet
para
que
la
LOCE
fuera
reemplazada
por
otra
鈥搇a
Ley
General
de
Educaci贸n
(LGE)鈥,
que
dejaba
intacto
tanto
el
principio
de
autofinanciamiento
como
el
Cr茅dito
con
Aval
del
Estado.
Por
esa
traici贸n
hubo
una
fractura
entre
el
movimiento
universitario
y
el
secundario,
que
va
del
2007
al
2010.
Tambi茅n
en
ese
momento
la
CONFECH
expulsa
a
la
FEP
(Federaci贸n
de
Estudiantes
del
Instituto
Pedag贸gico),
que
era
m谩s
anarca,
m谩s
radicalizada,
sin
el
formato
鈥渞epublicano鈥
de
la
CONFECH,
sino
un
formato
m谩s
libertario,
con
una
Asamblea
que
funcionaba
mediante
democracia
directa
y
sin
presidente,
solo
con
voceros.
Hubo
una
fractura
total.
Son
tres
a帽os
de
disputa
al
interior
del
movimiento.




Pol铆ticas
de
la
fragmentaci贸n




(del
Estado)



Una
de
las
principales
l铆neas
estrat茅gicas
de
la
dictadura
consist铆a
en
fragmentar
el
gran
贸rgano
social
del
Estado.
Tambi茅n
en
la
educaci贸n.
De
hecho,
lo
que
hizo
la
dictadura
de
Pinochet
con
la

Universidad
de
Chile

es
muy
significativo:
la
desmembr贸,
la
destruy贸,
la
arancel贸
y
le
cambi贸
el
nombre.



Hab铆a
tres
grandes
universidades
en
el
momento
del
golpe,
la

Universidad
de
Chile
,
que
es
de
1842,
la

Universidad
T茅cnica
del
Estado

y
la

Universidad
Cat贸lica
.
La

Universidad
de
Chile

era
una
sola
instituci贸n
en
todo
el
pa铆s.
Lo
que
hizo
Pinochet
fue
fragmentar
y
atomizar
ese
gran
cuerpo
social
que
se
extend铆a
en
todo
el
territorio
nacional
y
hacer
que
cada
una
de
las
sedes
fuera
una
universidad
aut贸noma.
Tambi茅n
la
separ贸
del

Instituto
Pedag贸gico
,
que
es
de
1889,
y
es
un
hist贸rico
basti贸n
de
la
izquierda.
Este
Instituto
ten铆a
otras
sedes,
como
la
de
Valpara铆so
鈥搎ue
hoy
se
llama

Universidad
de
Playa
Ancha
鈥,
pero
que
a
su
vez
todas
pertenec铆an
a
la

Universidad
de
Chile
.
Pero
en
1983,
luego
del
cambio
de
la
Constituci贸n
鈥搎ue
fue
en
el
鈥80鈥
el

Instituto
Pedag贸gico

pasa
a
llamarse

Universidad
Metropolitana
de
Ciencias
de
la
Educaci贸n
.



Hay
un
desmembramiento
organizado
por
el
neoliberalismo
de
todo
el
sistema
de
Estado
que
permiti贸
que
lo
p煤blico
se
privatizara.
Pero
no
solamente
se
privatiza
鈥減or
fuerza
de
ley鈥,
sino
que
la
conducen
hacia
un
modo
de
gesti贸n
eminentemente
neoliberal,
por
m谩s
que
sigan
siendo
universidades
p煤blicas.
Y
el
principal
mecanismo
para
imponer
este
modo
de
gesti贸n
es
el
鈥渁utofinanciamiento鈥.
Impedir
constitucionalmente
que
el
Estado
pueda
sostener
su
propia
universidad
p煤blica
e
impulsar
a
que
estas
funcionen
y
se
gestionen
como
universidad
privada.
Esta
es
una
de
las
herencias
m谩s
contundentes,
pero
a
la
vez
m谩s
resistidas,
de
la
dictadura.
Y
ese
principio
de
autofinanciamiento
se
fortalece
a煤n
m谩s
con
el

Cr茅dito
con
Aval
del
Estado
,
porque
se
bancariza,
por
un
lado,
endeudando
a
los
estudiantes
y,
por
consiguiente,
endeudando
a
las
universidades.
El
CAE
en
un
momento
lleg贸
a
tener
un
inter茅s
del
6%.
Y
despu茅s
lo
bajaron
a
4%.
Y
ahora,
reci茅n
el
a帽o
pasado,
con
mucha
lucha
de
por
medio,
lo
bajaron
a
2%.



Al
mismo
tiempo,
es
una
l贸gica
que
se
replica
en
otras
谩reas
del
Estado,
como
en
el
Sistema
de
Pensiones.
Ah铆
se
expresa
la
misma
l贸gica:
la
de
la
capitalizaci贸n
individual.
Esta
es,
sin
duda,
una
de
las
grandes
columnas
del
consenso
neoliberal
instaurado
por
la
dictadura:
que
todos
se
subjetiven
de
acuerdo
a
un
principio
de
capitalizaci贸n
individual.
Y
las
instituciones
educativas
empiezan
a
funcionar
tambi茅n
de
la
misma
forma.



Por
eso
las
universidades
p煤blicas
hoy
est谩n
en
una
lucha
permanente
por
sobrevivir,
porque
no
tienen
fondos,
inversiones,
para
poder
entrar
en
competencia
con
las
universidades
privadas.
Muchas
p煤blicas,
como
el
Pedag贸gico,
no
tienen
presupuesto
para
investigar,
por
lo
que
queda
muy
en
desventaja
respecto
de
otras
universidades,
sobre
todo
privadas,
que
s铆
lo
tienen.
Una
universidad
sin
investigaci贸n
no
puede
competir
con
las
que
s铆
lo
hacen.
Y
las
que
s铆
lo
hacen
son,
principalmente,
universidades
privadas,
que
invierten
en
investigaci贸n
鈥揾acen

papers
,
venden
modelos
o
proyectos鈥
y
eso
les
permite
rentabilizar
su
quehacer.
Y
lo
peor
es
que
le
venden
su
conocimiento
a
las
instituciones
p煤blicas.
Las
grandes
reformas
p煤blicas,
como
la
del
Transantiago,
fueron
investigaciones
y
gestiones
hechas
por
universidades
privadas.
Porque
las
universidades
p煤blicas
no
tienen
la
fuerza
para
poder
administrar
las
pol铆ticas
del
Estado.
Es
una
pol铆tica
de
debilitamiento
cuyo
origen
se
remonta
a
la
dictadura.




Lucha
contra
la
deuda




(Generaci贸n
2006)



A
nosotrxs
nos
resulta
divertido
pensar
que
aquellos
que
hicimos
el
鈥減ing眉inazo鈥
en
2006,
cuando
est谩bamos
en
la
escuela
secundaria,
fuimos
los
mismos
que
encabezamos
el
conflicto
en
2011,
cuando
est谩bamos
en
la
universidad.
Y,
en
cierto
sentido,
fuimos
quienes,
ya
en
la
vida
laboral,
nos
movilizamos
contra
las
AFP
y
hoy
estamos
tirando
piedras
en
las
plazas.
Ah铆
hay
una
continuidad
desde
2006
y
tiene
que
ver
con
no
dejar
a
un
lado
el
malestar
que
nos
produce
el
neoliberalismo,
el
principio
de
autofinanciamiento
y
de
endeudamiento
por
el
cr茅dito.
Y
salimos
de
ese
espacio
escolar,
universitario,
a
la
calle,
a
la
vida
del
trabajo,
que
es
altamente
precarizada.
Porque
ser
universitario
profesional
es
exponerse
a
una
precarizaci贸n
del
trabajo;
una
poblaci贸n
de
precarizados
no
sindicalizados.
Por
eso
es,
tambi茅n,
un
movimiento
muy
ac茅falo:
no
tiene
referentes
org谩nicos.



Desde
2006
la
lucha
es
contra
el
financiamiento
y
contra
la
deuda,
y
eso
no
se
ha
abandonado
hasta
ahora.
Pero
es
muy
interesante
lo
que
pasa
en
el
2011,
porque
es
tambi茅n
el
movimiento
de
lxs
indignadxs
a
nivel
global.
Ac谩
estaba
la
discusi贸n
con
respecto
a
la
bancarizaci贸n
de
la
vida
y
la
lucha
contra
la
deuda.
El
problema
del
endeudamiento,
en
un
primer
momento,
aparec铆a
confinado
a
la
educaci贸n
superior.
Todo
giraba
en
torno
a
ella.
O
al
modelo
educativo
neoliberal,
que
es
principalmente
la
lucha
contra
el
principio
de
competencia,
de
autofinanciamiento
y
de
endeudamiento.
Creemos
que
esos
tres
elementos
son
clave.



En
2004
se
luchaba
contra
el
CAE
y
dos
a帽os
despu茅s,
adem谩s
de
contra
el
CAE,
se
luchaba
contra
el
principio
de
autofinanciamiento.
Y
porque
todas
y
todos
pudieran
entrar
a
la
universidad.
Ah铆
hay
algo
importante,
porque
se
luchaba
por
mayor
lugar
en
la
Universidad,
y
entre
2006
y
2011
crecen
los
institutos
profesionales,
que
fueron
una
gran
jugada
del
neoliberalismo.
Cuando
se
est谩
poniendo
en
crisis
el
modelo
educativo,
reinventan
su
estrategia
y
empiezan
a
copar
ofertas
estudiantiles
de
educaci贸n
superior.
鈥溌縌uieren
ir
a
la
universidad?
Bueno,
les
vamos
a
ofrecer
educaci贸n
superior
a
su
alcance鈥.
Y
empiezan
a
proliferar
por
todos
lados
los
institutos
profesionales.
Carreras
t茅cnicas,
sobre
todo.
驴Qui茅nes
son
los
que
estudian
en
un
Instituto
Profesional?
Los
estudiantes
pobres,
de
las
escuelas
municipales,
perif茅ricas.



Y
esto
se
articulaba
con
toda
una
discursividad
sacrificial,
propia
de
la
meritocracia,
del
emprendedor:
鈥淧谩gatelo
t煤,
que
no
te
lo
pague
el
Estado鈥.
Esa
fue
la
mejor
salida
frente
al
malestar
del
2006
y
del
2011.
Fue
la
salida
neoliberal.
Fortalecer
el
emprendedurismo
y
que
estos
estudiantes
pobres
se
den
cuenta
de
que
ellos
pueden
endeudarse
y
pagarlo;
que
no
necesitan
que
el
Estado
les
garantice
nada:
individualmente
pueden
demostrar
que
pueden
alcanzar
sus
propios
logros.



Esto
se
suma
a
la
traici贸n
del
movimiento
del
2006,
conformado
principalmente
por
secundarios,
que
fueron
traicionados
por
las
c煤pulas
de
la
izquierda
m谩s
tradicional
hacia
el
2011.
El
2011
fue
la
mayor
expresi贸n
de
la
traici贸n
鈥搉uevamente鈥
a
los
estudiantes
m谩s
radicalizados,
que
son
principalmente
los
estudiantes
m谩s
pobres.
El
2011
fue
una
pelea
a
muerte,
que
evidencia
muy
bien
el
inevitable
componente
de
clase
que
tiene
Chile
鈥揳
diferencia,
por
ejemplo,
de
la
Argentina.
Ac谩
no
hay,
necesariamente,
una
referencia
positiva
de
lo
popular.



De
hecho,
los
chicos
de
las
escuelas
m谩s
perif茅ricas,
durante
el
2011,
eran
expulsados
de
las
marchas.
Y
era
un
movimiento
completo
que
le
gritaba:
鈥淨ue
se
vayan
los
sopaipas鈥.
El
t茅rmino
鈥渟opaipa鈥
remite
a
un
tipo
de
corte
como
el
de
esos
guachines
que
bailaban
en
Argentina,
Los
Wuachiturros.
A
ese
corte
de
pelo
se
lo
llama
鈥渟opaipa鈥
ac谩.
Y
que
era
el
chico
de
barrio,
de
la
villa,
que
llegaba
a
la
marcha,
a
veces
encapuchadxs,
y
llegaban
a
destruirlo
todo.
A
pelear
con
la
polic铆a.
A
destruir
la
calle,
los
paraderos.
Y
los
mismos
estudiantes,
las
mismas
personas
que
marchaban
los
segregaban:
鈥渜ue
se
vayan
los
sopaipas鈥.
Pura
cr铆tica
burguesa,
porque
esa
actitud
de
mostrarse
rompiendo
鈥渓o
que
es
de
todxs鈥
contradec铆a
el
objetivo
de
ampliar
esa
luchas
al
sentido
com煤n
ciudadano:
鈥淨ue
se
vayan
porque
vienen
a
ensuciar
el
movimiento,
que
tratamos
que
sea
lo
m谩s
limpio,
lo
m谩s
progresista,
lo
m谩s
aceptable鈥.
Todo
eso
se
fue
a
la
mierda.



El
Estado
en
Chile
no
puede
nunca
calar
en
los
movimientos
m谩s
populares.
No
entra
por
ninguna
parte.
Porque
son
principalmente
estudiantes
privilegiados:
Boric,
Jackson,
Vallejos
Dowling,
Sharp.
Son
estudiantes
privilegiados
que
pasan
a
ser
los
referentes
de
la
izquierda
representacional
o
institucionalista.
Porque
los
P茅rez
est谩n
peleando
en
el
Liceo
p煤blico
con
la
polic铆a.
Y
organiz谩ndose
en
bandas,
escuchando
trap
insurreccional,
siendo
veganos,
o

straight
edge
,
que
son
鈥渁nti-todo鈥.
Y
leen
mucho,
escriben
tambi茅n,
en
un
registro
muy
cercano
al
de
la
anarqu铆a,
que
est谩
en
los
textos,
en
los
panfletos,
se
ve
en
todos
lados.
El
ensamble
te贸rico-pr谩ctico
es
m谩s
fuerte
hoy
que
en
periodos
anteriores.
Antes
era:
o
luchabas
contra
la
polic铆a
o
te
dedicabas
a
鈥減ajas
mentales鈥.
Pero
ahora
los
movimientos
de
confrontaci贸n
con
la
polic铆a
tienen
mayor
capacidad
de
leer
el
contexto.
Lxs
pendejxs
son
unas
m谩quinas.
Son
chicos
del
INBA,
de
la
escuela
secundaria,
a
los
que
persigui贸
la
polic铆a.
Tienen
grupos
de
estudio
de
filosof铆a.
Pero
con
una
perspectiva
de
no
creerle
a
nadie,
a
ning煤n
pol铆tico
m谩s
tradicional.
Y
de
no
caer
en
las
l贸gicas
representacionales.




驴Radicales
vs.
Institucionalistas?




(y
la
forma
Coordinadora)



Hist贸ricamente
ha
habido
una
desconfianza
de
la
institucionalidad.
Creemos
que
viene
de
la
post
dictadura,
del
modo
en
que
se
fueron
acomodando
cuando
dejaron
de
ser
perseguidos.
Sobre
todo
el
Partido
Socialista
y
el
Partido
Comunista,
que
se
fueron
acomodando
y
formando
parte
de
la
gobernabilidad
neoliberal.
Eso
fue
evidente
durante
2011,
cuando
ambos
espacios
bajaron
al
movimiento
estudiantil.
O
luego
cuando
conforman
la

Nueva
Mayor铆a
.
Por
eso
hay
mucha
desconfianza
con
todo
lo
que
venga
de
las
instituciones
pol铆ticas.
Porque,
adem谩s,
tienden
a
reproducir
esta
l贸gica,
como
pas贸
en
diciembre
con
el
voto
de
varios
diputados
del
Frente
Amplio
a
favor
de
un
conjunto
de
leyes
represivas
(鈥渁ntisaqueos鈥
y
鈥渁ntibarricadas鈥).



Desde
el
2006
hasta
ahora
la
gran
discusi贸n
era:
o
caes
en
las
m谩quinas
representacionales,
institucionales
o
contin煤as
en
la
radicalidad,
desde
afuera
de
los
espacios
formales
de
la
pol铆tica.
Y
estas
dos
fuerzas
estaban
en
tensi贸n
constante.
Pero
lo
bueno
de
la
revuelta
es
que
te
mezcla
un
poco
todo,
te
corre
de
los
lugares
donde
cada
uno
estaba
fijado.
Te
obliga
a
ser
m谩s
estrat茅gico,
o
a
desarrollar
una
inteligencia
estrat茅gica
que
permita
pensar
qu茅
instituciones
nos
inventamos.



Pero
el
modo
en
que
se
daban
los
conflictos
durante
el
2006
y
durante
el
2011
tend铆an
a
posicionarte
en
uno
de
estos
polos
Y,
por
ejemplo,
era
muy
criticado
el
que
ten铆a
las
dos
posiciones
al
mismo
tiempo,
quedaba
como
un
poco
infiltrado,
o
una
huevada
as铆:
鈥溌縌u茅
andai,
de
infiltrado?鈥.
Ese
lugar
ambivalente
de
la
revuelta
es
interesante
porque
tambi茅n
lo
que
te
est谩
planteando
es
que
esa
polaridad
ya
no
puede
ser
planteada,
que
ya
no
hay
por
d贸nde
entrarle
a
la
representaci贸n
m谩s
tradicional;
que
ya
no
hay
parlamento,
que
ya
no
hay
polic铆as,
que
ya
no
hay
sindicatos,
que
ya
no
hay
Frente
Amplio.
Pero,
驴qu茅
hay?
Hay
coordinadoras.
Las
coordinadoras
fueron
apareciendo
en
las
luchas,
en
las
luchas
estudiantiles
de
2006
y
con
mucha
m谩s
fuerza
desde
2015.
Y
tienen
que
ver
con
esto
que
dec铆amos:
ya
no
hay
grandes
estructuras
pol铆ticas
y
organizativas,
como
en
otro
momento
era
el
partido
o
el
sindicato.
Mas
bien,
todos
tienen
su
bandita.
Y,
entonces,
la
煤nica
manera
es
coordinar
las
distintas
banditas.




Lxs
j贸venes
radicalizadxs
de
hoy




(y
su
impulso
al
estallido)



Luego,
claro,
tambi茅n
hay
organizaciones
m谩s
cl谩sicas
de
secundarios,
como
la
CONES,
que
es
del
Partido
Comunista.
Pero
tambi茅n
est谩
la
ACES,
que
es
un
movimiento
mucho
m谩s
transversal,
mucho
m谩s
radical,
que
funciona
como
una
coordinadora.
Est谩
conformada
por
estudiantes
de
colegios
emblem谩ticos,
de
colegios
municipales
que
no
son
los
de
mayor
calidad,
el
Instituto
Nacional
o
el
Liceo
1
sino
el
Liceo
de
Aplicaci贸n,
el
Dar铆o
Salas,
el
Cervantes,
el
INBA.
Son
estudiantes
pobres
que
han
entrado
a
escuelas
p煤blicas
m谩s
o
menos
emblem谩ticas.



Y
ya
no
se
puede
hablar
del
movimiento
como
hablamos
durante
el
ciclo
2006-2011,
ni
se
pueden
pensar
en
l铆nea
con
las
organizaciones
o
ideolog铆as
pol铆ticas
m谩s
cl谩sicas.
Son
principalmente
j贸venes
que
han
hecho
del
combate
con
la
polic铆a
una
de
las
mayores
experiencias
actuales
de
autoafirmaci贸n.
No
necesitan
militar
en
organizaciones
grandes,
sino
que
aparece
el
concepto
del
grupo
de
afinidad.
Son
principalmente
grupos
de
afinidad
que
agarran
como
referente
a
algunos
anarquistas
muertos
entre
el
2009
y
el
2011.
Entre
ellos,
Mauricio
Morales,
el
Punki
Mauri.
Con
toda
su
simbolog铆a,
la
Estrella
del
Caos
y
el
extintor,
que
es
como
la
bomba.
Ya
no
la
鈥淎鈥,
sino
la
Estrella
del
Caos.
Es
cosa
de
ir
a
cualquier
colegio
y
est谩
en
todos
lados
rayada.



Y
son
esos
estudiantes
secundarios,
que
ven铆an
de
una
trayectoria
de
combate
contra
la
polic铆a,
los
que
hoy
est谩n
en
la
primera
l铆nea.
Fue
un

training

de
combate
con
la
polic铆a
de
dos
a帽os
en
todas
las
escuelas
secundarias.
Pero
eso
antes
se
hac铆a
en
las
universidades,
sobre
todo
entre
2007
y
2011.
Eran
grupos
de
encapuchados
que
sal铆an
las
universidades.
Sal铆an
organizados
a
pelear
con
la
polic铆a
porque
ten铆an
la
autonom铆a
del
campus
universitario,
donde
si
la
polic铆a
entraba
t煤
te
pod铆as
esconder,
cambiar
de
ropa
r谩pidamente
y
pasar
a
ser
un
estudiante
como
cualquier
otro.
Pero
estos
pibitos
est谩n
en
las
escuelas,
que
son
lugares
chiquititos
donde
no
te
pod铆as
esconder,
entra
la
polic铆a
y
te
captura
inmediatamente.



De
hecho,
el
2011
fue
un
momento
de
fuerte
criminalizaci贸n
de
la
pr谩ctica
de
combate
directo
contra
la
polic铆a
dada
mayormente
por
los
referentes
de
ese
movimiento,
que
luego
fueron
los
referentes
del
Frente
Amplio.
Lo
que
caracterizaba
a
los
movimientos
anteriores
era
una
l贸gica
m谩s
representacional,
m谩s
militante,
que
segregaba
y
criminalizaba
el
combate
directo.
Lo
que
hacen
los
estudiantes
secundarios
es
retomar
la
trayectoria
o
la
memoria
del
combate
con
la
polic铆a,
del
combate
directo.
Y
de
repente,
en
2019,
estalla
la
revuelta
y
lo
que
se
segregaba,
hoy
se
lo
retoma
y
valora.
Aparece,
por
ejemplo,
la
primera
l铆nea
como
principales
protagonistas
a
la
hora
de
sostener
la
revuelta,
el
enfrentamiento.
Un
tiempo
antes,
toda
esa
primera
l铆nea
hubiera
sido
impugnada,
criminalizada.



Quiz谩
parte
de
la
alegr铆a
inmensa
del
fin
de
a帽o
en
Plaza
Dignidad
tuvo
que
ver
con
una
sensaci贸n
de
alivio,
de
鈥渁l
fin
realmente
pas贸
algo鈥.
驴Cu谩ntas
veces
peleamos
con
la
polic铆a?,
驴cu谩ntas
balas
nos
dispararon?
隆Y
ahora
todos
aman
a
los
encapuchados!
O
se
ponen
la
capucha
y
quieren
pelear
contra
la
polic铆a.
Cu谩ntos
a帽os
cost贸
que
la
experiencia
sensible
de
pelear
contra
la
polic铆a
al
fin
se
haya
compartido.
Ahora
s铆,
es
el
momento.




Subjetividad
ACAB




(contra
el
gorrudismo
social
generalizado)



No
sabemos
lo
que
va
a
pasar
con
el
estallido,
con
este
movimiento
por
venir.
Lo
que
es
evidente
es
que
predomina
una
sensaci贸n
de
que
algo
nuevo
se
inicia
en
Chile.
Pero
el
odio
a
la
polic铆a
est谩
completamente
instalado.
Lo
que
se
est谩
viviendo
en
Chile
es
una
lucha
contra
la
polic铆a
en
todas
sus
expresiones.
Una
polic铆a
que,
adem谩s,
est谩
militarizada
鈥搈iren
las
tanquetas
que
usan鈥
desde
la
茅poca
de
Bachelet,
es
decir,
es
un
cambio
que
hizo
el
progresismo.
鈥淣o
vamos
a
sacar
nunca
m谩s
a
los
militares
a
la
calle鈥,
dijeron,
pero
militarizaron
a
la
polic铆a.
Eso
sucedi贸
desde
los
a帽os
2000,
vinculado
con
el
enfrentamiento
con
el
鈥淣uevo
movimiento
mapuche鈥,
el
de
la
autodeterminaci贸n
y
el
del
combate
directo
con
la
polic铆a.
Ya
hace
m谩s
de
doce
a帽os
que
la
polic铆a
est谩
en
combate
directo
contra
la
gente
en
todos
lados.



El
ACAB
(鈥淎ll
cops
are
bastards鈥)
aparece
en
Europa,
con
las
protestas
griegas
contra
la
deuda,
y
viene
del
Black
Block
europeo,
de
sus
peleas
contra
la
polic铆a.
Y
llega
ac谩
porque
la
lucha
contra
los
pacos
estaba
desatada
desde
hac铆a
rato.
Pero
el
ACAB
hoy
tiene
un
alcance
mucho
mayor,
que
no
se
reduce
al
polic铆a
de
uniforme,
a
la
instituci贸n,
sino
que
es
tambi茅n
contra
lo
polic铆aco.
Es
decir,
no
ser
polic铆a
de
nadie.
Es
una
lucha,
tambi茅n,
dentro
de
los
horizontes
de
la
micropol铆tica
y
de
los
cuidados.
Es
una
lucha
de
鈥渟茅
igual
de
ACAB
en
tu
casa鈥.
No
ser
polic铆a
y
el
luchar
contra
la
polic铆a
son
dos
caras
de
la
misma
sensibilidad.
Y
esto
incluye
cierta
disputa
al
interior
de
las
figuras
de
la
representaci贸n
pol铆tica:
鈥渘o
me
veng谩i
a
paquear鈥
(en
alusi贸n
a
los
pacos),
se
le
dice
al
maquinero.
El
鈥渕aquinero鈥
es
el
operador
pol铆tico
de
una
organizaci贸n
de
izquierda
m谩s
tradicional
que
en
la
asamblea
trata
de
conducir
la
cosa
para
poder
posicionarse,
para
sacar
r茅dito.
鈥淧asar
m谩quina鈥,
se
dice
aqu铆:
te
paso
la
m谩quina
por
encima.
Esa
es
otra
figura
polic铆aca.



Y
al
mismo
tiempo,
hay
que
poder
afirmarse
en
lo
que
pasa,
en
lo
que
se
est谩
haciendo.
La
otra
vez
un
militante
de
izquierda
nos
interpelaba
鈥溌縔
qu茅
van
a
conseguir?
驴Y
qu茅
han
conseguido?鈥.
Quiz谩
no
hemos
conseguido
demasiado,
pero
hoy
el
95%
de
la
poblaci贸n
chilena
odia
a
la
polic铆a
y
se
lleva
esa
idea
de
no
ser
polic铆a
a
sus
casas.
Y
eso
no
es
poco
porque
de
ah铆
pueden
surgir
mil.
Ya,
por
lo
menos,
tenemos
eso.




Una
guerra
an铆mica




(隆pacos
culiaos!)



Hoy
la
batalla
a
nivel
macro
se
juega
tambi茅n
a
nivel
micro,
en
el
plano
del
谩nimo.
Hay
una
guerra
an铆mica
total
en
estos
momentos.
La
gente
trata
de
reponer
el
谩nimo
para
poder
seguir
sosteniendo
la
revuelta
cada
d铆a.
Los
cuerpos
est谩n
cansad铆simos,
entonces
es
sumamente
importante
poder
desarrollar
pr谩cticas
que
traten
de
sostenernxs
an铆micamente.
Y
de
esta
batalla
an铆mica
participan
tambi茅n
los
pacos.
Ellos
hablan
de
un
鈥渟abotaje
psicol贸gico鈥
contra
las
fuerzas
policiales,
produjeron
ese
concepto.
Los
tipos
tratan
de
controlar
las
manifestaciones
para
reponer
psicol贸gicamente
a
la
instituci贸n.
Tratar
de
reponer
la
validez
de
la
instituci贸n
frente
a
la
opini贸n
p煤blica.
Porque
la
perdieron,
porque
hoy
es
una
instituci贸n
completamente
deslegitimada
por
la
corrupci贸n
y
la
represi贸n
de
esto
meses.
O
sea,
estos
tipos
no
solo
perdieron
la
plaza
Dignidad,
lo
que
perdieron
fue
la
dignidad.
Socialmente,
son
basureados
en
la
calle.
Un
paco
va
a
comprar
y
no
le
venden,
por
ejemplo.
Hubo
un
video
dando
vueltas
de
cuando
echan
a
un
paco
de
una
multitienda;
el
tipo
estaba
comprando
y
la
gente,
los
vendedores,
no
le
quisieron
vender.



Hay
muchos
relatos
que
se
cuentan
y
circulan
por
redes.
Los
pacos
hist贸ricamente
usan
gratis
el
transporte
p煤blico
y
ha
habido
casos
en
que
los
bajan
de
un
colectivo,
como
ac谩
se
les
llama
a
los
autos
compartidos.
El
carabinero
se
sube
y
le
dice
al
chofer:
鈥淟l茅vame
hasta
tal
lugar鈥,
y
el
chofer
le
contesta:
鈥淣o,
b谩jate鈥.
鈥淧ero,
oye,
soy
carabinero,
tienes
que
llevarme鈥.
鈥淣o,
no
te
voy
a
llevar鈥.
Y
bueno,
creo
que
el
paco
lo
putea,
pero
se
tiene
que
bajar
igual
del
colectivo.
Es
un
relato
muy
bonito,
porque
el
chofer
mira
a
la
gente
que
estaba
atr谩s
y
les
dice:
鈥淥ye,
disculpen
por
esta
situaci贸n鈥.
Y
uno
de
los
pasajeros
lo
agarra
del
hombro
y
le
dice:
鈥淣o
te
preocupes,
ya
no
estamos
solos鈥.
Dan
ganas
de
llorar.




El
consenso
de
la
transici贸n
se
desmorona




(micropol铆ticamente)



Este
relato
da
una
clave
importante
para
entender
qu茅
se
est谩
discutiendo.
Porque
golpearles
la
gratuidad
es
golpearles
la
serie
de
privilegios
con
los
que
cuentan
los
carabineros
desde
la
transici贸n
democr谩tica
鈥搚
entre
estos
privilegios,
el
de
la
impunidad.
Las
polic铆as
y
las
fuerzas
armadas
tienen
las
garant铆as
sociales
que
ning煤n
chileno
tiene.
Son
los
煤nicos
que
despu茅s
del
golpe
del
鈥73
siguieron
viviendo
en
el
socialismo.
Los
煤nicos
que
se
quedaron
con
el
sistema
de
jubilaci贸n
y
de
pensiones
de
la
Unidad
Popular,
con
su
sistema
de
prevenci贸n
en
salud,
tambi茅n.
Que
la
gente
no
le
quiera
hacer
valer
el
beneficio
que
les
asegur贸
el
Estado
es
una
acci贸n
pol铆tica
y
un
gesto
contra
el
consenso
de
la
transici贸n.



Son
muchos
elementos
que
permiten
pensar
que
lo
que
hoy
se
est谩
viviendo
es
el
desmoronamiento
de
este
consenso.
El
estallido
no
es,
simplemente,
鈥渧amos
a
quemar
las
cosas,
vamos
a
destruir鈥.
Por
el
contrario,
la
lucha
diaria,
micro
es
ir
desactivando
estos
consensos
que
forman
parte
de
la
vida
cotidiana
y
que
suceden
hoy
mismo.
Que
no
se
pueda
subir
a
las
personas
en
un
auto
por
la
fuerza,
gritarle,
golpearla.
Hace
falta
multiplicar
esa
pr谩ctica
de
desactivaci贸n
micropol铆tica
del
consenso
neoliberal,
que
todas
y
todos
lo
tienen
en
sus
manos
ahora,
en
estos
momentos.




驴C贸mo
componerte
una
vida?




(la
violencia
como
autodefensa)



Para
pensar
el
uso
de
la
violencia,
que
forma
parte
de
muchas
pr谩cticas
pol铆ticas
de
todos
estos
a帽os
y
que
hoy
nos
rodea
por
todos
lados,
la
f贸rmula
es
pensar
que
no
hay
vanguardia
que
quiera
imponer
nada,
sino
solo
autodefensa.
Ac谩
hay
violencia,
pero
para
defender
algo.
Lo
que
se
est谩
tratando
de
defender
es
un
modo
de
reinvenci贸n
de
la
vida
cotidiana.
驴Y
qu茅
es
lo
que
se
defiende?



Cada
qui茅n
tiene
sus
estrategias
para
poder
armarse
una
vida.
Las
feministas
y
las
disidencias
tienen
todo
un
modo
de
componer
y
recomponer
una
vida
cotidiana,
una
nueva
relaci贸n
con
los
v铆nculos,
con
sus
cuerpos,
con
el
mundo
de
lo
p煤blico
y
los
privado.
La
lucha
contra
las
Administradoras
de
Fondos
de
Pensiones
鈥搎ue
son
las
encargadas
del
sistema
de
capitalizaci贸n
individual
de
jubilaciones
y
pensiones
dise帽ado
en
la
dictadura鈥
ha
sido
tambi茅n
un
espacio
donde
se
aglutinan
formas
y
generaciones
muy
distintas.
Por
lo
tanto,
es
una
manera
de
recomponer
toda
una
vida
cotidiana
en
relaci贸n
con
los
m谩s
viejos,
pero
sobre
todo
en
relaci贸n
al
trabajo.



No+AFP
es
un
modo
de
reinvenci贸n
de
lo
laboral,
por
parte
de
trabajadores
precarizados
que
carecen
de
sindicato;
es
la
lucha
contra
la
privatizaci贸n
individual.
Los
movimientos
estudiantiles,
como
dec铆amos,
son
modos
de
recomposici贸n
de
lo
juvenil.
Est谩
todo
el
escenario
tambi茅n
de
reinvenci贸n
de
los
territorios,
por
parte
de
las
Asambleas
territoriales,
y
del
cuidado
de
la
tierra
y
del
agua,
con
movimientos
como
el

Movimiento
por
el
agua

y
los
territorios
(MAT)
o
el

Movimientos
de
defensa
del
agua
,

la
tierra
y
el
medioambiente

(MODATIMA).
Es
un
modo
de
reinvenci贸n
de
la
vida
y
de
reencuentro
con
la
naturaleza.
A
su
vez,
todas
estas
luchas
y
organizaciones
apoyan
y
valoran
la
lucha
del
pueblo
mapuche.
Y
se
puede
pensar
todo
lo
que
sucede
en
esta
revuelta
como
un
proceso
de
recomposici贸n
de
un
modo
de
ser
social,
colectivo.



Las
experiencias
de
las
Cooperativas
de
Abastecimiento,
por
ejemplo,
son
brutales,
con
doscientas
familias
afiliadas.
驴Y
qu茅
es
lo
que
hacen?
Organizar
canastas
de
alimentaci贸n
por
medio
de
la
compra
directa
a
productores.
Y
hay
varias
de
estas
cooperativas,
en
distintos
territorios.
Y
muchas
de
estas
experiencias
鈥渋nfra鈥
rayan
el
hipsterismo,
pero
hay
que
entenderlo
desde
la
experiencia
chilena.
Ac谩
todo
pasa
por
ser
una
ONG,
o
micro
emprendimiento.
T煤
ves
a
los
anarcos
que
empiezan
vendiendo
soya,
y
luego
se
arman
su
puesto
de
comida
org谩nica,
en
ferias鈥
Es
una
estrategia
de
lxs
locxs,
tambi茅n,
como
para
no
trabajar
dentro
de
las
l贸gicas
hegem贸nicas
de
empleabilidad
y
precariedad.



Toda
esta
recomposici贸n,
que
no
est谩
exenta
de
violencia,
no
implica
tomar
la
vanguardia
de
nada.
Es,
m谩s
bien,
un
espacio
de
anonimato;
la
necesidad
de
habilitar
un
espacio
de
encuentro,
de
conocer
las
luchas
del
otro,
de
qu茅
es
lo
que
se
viene
armando,
en
condiciones
de
imprevisi贸n
total.
Se
est谩
improvisando,
porque
todas
las
energ铆as
creativas
est谩n
dispuestas,
principalmente,
en
encontrarse.
Por
eso
hay
actividades
todos
los
d铆as
en
la
plaza:
porque
la
gente
se
est谩
tratando
de
inventar
espacios
de
encuentro.
Y
eso
es
importante
porque
ya
nadie
puede
pensar,
a
priori,
que
conoce
algo:
鈥渁h,
no,
yo
conozco
a
este
movimiento
de
antes鈥.
Nada
qued贸
intacto
con
el
estallido
social.
Todos
los
partidos
se
fueron
a
la
mierda,
las
organizaciones
formales
se
fueron
a
la
mierda.
O
sea,
son
organizaciones
formales
y
partidos
que
ya
no
tienen
la
capacidad
de
movilizaci贸n
porque
no
tienen
la
capacidad
de
ponerle
concepto
a
lo
que
est谩
pasando.
驴Y
d贸nde
est谩n
los
que
le
est谩n
poniendo
concepto
a
lo
que
est谩
pasando?
Haciendo
actividades
de
encontrarse,
de
que
la
experiencia
pol铆tica
pase
por
el
cuerpo.
Algo
fundamental
est谩
pasando
en
ese
plano.




El
wen眉y




(una
nueva
subjetividad
pol铆tica)



La
revuelta
tambi茅n
nos
permite
hacer
un
balance
de
estos
煤ltimos
a帽os,
preguntarnos
c贸mo
se
fue
expresando,
o
c贸mo
se
fue
acogiendo
el
malestar
social
desde
2011
hasta
el
estallido.
Y,
como
dec铆amos,
茅ste
tuvo
dos
canales:
uno
fue
el
enfrentamiento
de
los
estudiantes
鈥搒ecundarios,
sobre
todo鈥
con
la
polic铆a.
Y
el
otro
las
grandes
marchas
que
se
realizaron
estos
煤ltimos
a帽os:
marchas
mapuches,
marchas
por
No+AFP,
marchas
feministas
del
8M,
marchas
en
apoyo
a
las
鈥渮onas
de
sacrificio鈥.
Un
poco
de
lo
que
dan
cuenta
estas
marchas
es
de
que
hay
una
sensibilidad
recompuesta
con
esos
malestares,
que
no
los
posees
t煤
individualmente,
que
no
te
pertenecen
en
exclusiva.
Y
esto
hace
que
las
marchas
muestren
muy
bien
c贸mo
hay
una
fuerza
de
reuni贸n
y
de
vinculaci贸n
que
no
est谩
dada
porque
te
pertenezca
el
malestar,
sino
porque
compartes
el
malestar
con
el
otro.
Creo
que
esto
es
sumamente
importante
y
novedoso.



驴Qu茅
es
la
Coordinadora
No+AFP?
Es
un
encuentro
entre
generaciones
de
precarizados.
Cuando
los
estudiantes
van
a
las
marchas
de
No+AFP,
no
van
preocupados
individualmente
por
cuando
ellos
sean
viejitos,
van
a
compartir
la
sensibilidad
con
el
viejito
que
est谩
ah铆,
que
es
su
abuelo.
Un
caso
muy
conocido
fue
el
de
Mauricio
Fredes,
asesinado
por
los
pacos
en
diciembre,
en
plaza
Dignidad.
Estaba
en
primera
l铆nea
porque
lo
que
茅l
hab铆a
desarrollado
era
una
pr谩ctica
de
cuidado
con
su
abuela,
que
era
una
jubilada
que
no
ten铆a
pensi贸n.
Y
茅l
se
ten铆a
que
sacar
la
cresta
para
poder
sostenerla.



Hay
una
especie
de
recomposici贸n
de
la
sensibilidad
con
esos
malestares.
Bueno,
t煤
no
eres
mapuche,
no
te
est谩n
disparando
a
ti.
Pero
s铆
te
pones
en
la
calle
a
luchar
y
a
defender
al
pueblo
mapuche.
No
te
pertenece
la
lucha,
pero
est谩s
ah铆
con
ellos.
Un
ejemplo
obvio
es
el
de
Santiago
Maldonado,
que
es
lo
que
los
mapuche
llaman
鈥渨en眉y鈥,
que
es
el
amigo.
Es
el
que
no
es
mapuche,
pero
pelea
contigo.
Y
ellos
nunca
te
van
a
dar,
nunca
te
van
a
otorgar,
el
reconocimiento
de
mapuche,
pero
s铆
de
wen眉y.
Es
un
amigo
que
est谩
a
la
altura
de
la
lucha,
incluso
cuando
no
le
pertenece
鈥搚
no
le
pertenece
porque
no
tiene
sangre
mapuche.
Pero
s铆
est谩
en
la
calle
dando
la
cara
contigo.



La
figura
del
wen眉y,
del
amigo,
creo
que
habla
un
poco
de
la
subjetividad
social
chilena.
Al
mismo
tiempo,
no
parece
que
fuera
algo
local,
algo
especial
de
la
revuelta
chilena;
parece,
m谩s
bien,
expresi贸n
de
una
subjetividad
m谩s
amplia,
a
nivel
latinoamericano.
Pensamos
en
lo
que
est谩
pasando
en
Colombia,
sobre
todo
con
el
activismo
medioambiental.
Son
personas
a
las
que
no
le
pertenecen
los
bienes
comunes
y
est谩n
luchando
por
los
bienes
comunes.
No
por
la
propiedad
respecto
del
bien
com煤n,
sino
por
el
bien
com煤n,
porque
sea
usado
por
todos
y
todas.
Lo
mismo
pasa
ac谩,
uno
sale
a
la
calle
a
pelear
y
a
poner
el
cuerpo
en
primera
l铆nea
no
porque
te
pertenezca
la
primera
l铆nea,
ni
te
pertenece
la
marcha,
es
porque
t煤
sabes
que
hay
que
contener
a
la
polic铆a
porque
atr谩s
est谩n
pasando
cosas
que
no
estaban
pasando
antes.
Y
por
eso
es
una
lucha
inminentemente
transversal.
Creo
que
ac谩
hay
una
clave
para
pensar
c贸mo
se
recompone
una
nueva
subjetividad
pol铆tica,
como
dice
nuestra
amiga
Suely,
citando
a
otro
amigo,
al
F茅lix:
se
est谩
componiendo
una
nueva
suavidad
pol铆tica.鈥




Las
fuerzas
reactivas




(contra
el
proceso
constituyente)



Pero,
cuidado,
que
si
ponemos
atenci贸n
a
las
grandes
masacres
hecha
por
los
estados
neoliberales
en
Latinoam茅rica,
apuntan
precisamente
a
esas
sensibilidades,
o
a
los
cuerpos
que
desarrollan
esas
sensibilidades.
Porque
hay
tres
grandes
fuerzas
reactivas
que,
en
estos
momentos,
pueden
cooptar
lo
que
se
est谩
gestando,
y
una
es
el
miedo.
Es
la
fuerza
m谩s
reactiva
y
est谩
siempre
al
acecho.
Precisamente,
si
algo
se
logr贸
desactivar
con
el
estallido
fue
el
consenso
del
miedo
y
las
pol铆ticas
de
seguridad
que
conllevan.
Es
muy
importante
identificar
eso.
El
barrabrava,
el
migrante,
todas
las
figuras
que
los
medios
de
comunicaci贸n
mostraban
como
el
nuevo
enemigo
interno,
comenzaron
a
desmoronarse,
ya
no
se
sostienen.
El
nuevo
enemigo
interno
es
la
oligarqu铆a,
la
elite
de
empresarios
que
controla
el
Estado
desde
la
dictadura
hasta
hoy
d铆a.
M谩s
que
enemigos,
la
gente
ve
ahora
en
el
otro,
o
en
la
otra,
la
posibilidad
de
una
vida
digna
de
ser
vivida.
Y
por
eso
buscar
reconocer
a
ese
otro,
compartir
con
esa
otra.
Que
los
barrabravas
est茅n
ah铆
con
la
abuelita
y
con
los
ni帽os,
cuando
el
barrabrava
era
el
m谩ximo
s铆mbolo
de
la
violencia,
es
maravilloso.



Entonces,
una
de
las
fuerzas
reactivas
es
la
del
consenso
del
miedo.
Lo
que
est谩n
tratando
de
reponer
es
la
figura
del
v谩ndalo,
del
violentista,
del
terrorista.
Lo
tratan
de
reponer,
lo
tratan
de
reponer,
lo
tratan
de
reponer:
ese
el
consenso
del
miedo
y
las
pol铆ticas
de
seguridad.
La
segunda
fuerza
reactiva
es
la
del
confinamiento,
las
pol铆ticas
de
confinamiento
familiar.
Es
volver
a
meter
tus
malestares
a
la
casa
y
la
familia.
Y
eso
es
lo
primero
que
dice
el
General
del
Ej茅rcito
(Javier
Iturriaga)
ante
el
estallido
social:
鈥淰uelvan
a
sus
casas,
con
sus
familias,
sean
felices,
qu茅dense
ah铆鈥.
El
confinamiento
en
el
espacio
privado
y
que
cada
uno
resuelva
sus
malestares
como
pueda.
Porque
la
tercera
fuerza
reactiva
es
la
de
la
capitalizaci贸n
individual.
Que
es,
en
definitiva,
la
gesti贸n
de
tu
propia
miseria,
el
sentirte
emprendedor.
驴C贸mo
sacarle
provecho
a
la
miseria
que
tienes
todos
los
d铆as?
Este
煤ltimo
es
re
complicado,
y
el
riesgo
de
la
hipsterizaci贸n
est谩
ah铆.
Creo
que
esas
ser铆an
como
las
tres
grandes
fuerzas
reactivas
que
sostienen
el
consenso
neoliberal
en
Chile
y
que
el
estallido
desactiv贸
un
poco.
Creo
que
las
tres
operan
en
el
horizonte
del
deseo
y
de
la
subjetividad.



Ahora,
la
pregunta
clave
es
c贸mo
poder
sostener
las
potencias
destituyentes
durante
el
proceso
constituyente.
O
que
lo
que
se
constituya
pueda
permitirse
sostener
las
potencias
destituyentes
que
son
estas
fuerzas
de
reinvenci贸n
de
la
vida
cotidiana
que
van
permitiendo
desactivar
los
tres
consensos.
Pero,
驴c贸mo
hacerlo?




Vivir
en
banda




(y
conjurar
los
malestares
en
red)



Nosotros
todo
este
tiempo
fuimos
organizando
cosas,
participando
de
encuentros
colectivos.
De
alguna
manera
es
donde
canaliz谩bamos
todos
y
todas
ciertas
experiencias
de
orfandad
que
nos
dej贸
el
dejar
de
ser
estudiantes
y
la
pelea
con
la
polic铆a,
digamos.
Pero
lo
hacemos
construyendo
cosas.
Y
construyendo
conversaciones.
Nos
conocemos
todas
y
todos
con
todos
porque
hacemos
conversaciones
radiales
con
personas
que
est谩n
metidas
en
todas
las
cosas,
en
todas
las
redes.
La
experiencia
de
la
red
es
una
especie
de
protoinstituci贸n
que
ya
est谩
construida,
y
que
se
va
construyendo
todo
el
tiempo.
Las
Coordinadoras
est谩n
construidas.
Y
ahora
lo
que
pasa
es
que
la
red
pueda,
digamos,
desarrollar
una
infraestructura
econ贸mico-pol铆tica
que,
creemos,
ya
est谩
empezando.



Realmente,
lo
que
tenemos
m谩s
a
mano,
es
seguir
viviendo
en
bandas.
Creemos
que,
hasta
ahora,
es
lo
que
estamos
haciendo.
E
inventando
formas
de
trabajo
que
lo
permitan.
Y
esto
suele
darse,
ac谩
en
Chile,
bajo
formas
muy
ongistas.
ONG鈥檚
que
han
sido,
por
otra
parte,
grandes
canalizadares
del
malestar.
T煤
vas
a
una
ONG
y
es
tambi茅n
como
un
okupa,
como
que
todo
lo
hemos
convertido
en
una
okupa.
Las
escuelas
pasaron
a
ser
okupas,
las
universidades
pasaron
a
ser
okupas,
nuestros
puestos
laborales
parecen
okupas.
En
las
ONG,
de
repente
t煤
puedes
ir
con
tu
perro,
toda
la
gente
anda
a
pie
pelado.
Por
un
lado,
puede
sonar
muy
neoliberal,
pero
ya
hay
pr谩cticas
organizativas
de
la
vida
cotidiana
que
est谩n
ah铆,
haci茅ndose,
transform谩ndose.



En
cierto
sentido,
esto
es
muy
generacional.
Hay
una
鈥済eneraci贸n
2006鈥
en
todos
lados,
en
cada
familia,
que
funciona
como
agente
de
contagio,
un
elemento
contaminante.
Y
siempre
algo
est谩
haciendo
algo,
metiendo
un
virus
鈥揺l
virus
de
la
okupaci贸n.
Siempre
hay
una
8M
metida
en
alguna
parte;
siempre
hay
un
No+AFP
en
la
vida
cotidiana.
O
sea,
prolifera
y
prolifera
por
bandas.
Hay
un
factor
que
es
el
generacional
que
es
muy
fuerte.
Nosotros
seguimos
inquietos.
Somos
la
generaci贸n
del
2006
y
seguimos
inquietos.
Y
tratando
de
habitar
el
presente
de
una
manera
distinta.
Imag铆nate
esxs
pibitxs
que
vienen
ahora.
En
nosotros
a煤n
hab铆a
una
memoria
pol铆tica
vinculada
con
una
sensibilidad
de
la
izquierda
m谩s
tradicional.
Pero
eso
tambi茅n
estall贸
con
el
2019.
Veremos
lo
que
viene
ahora.




Virulencias
de
cuidado




(De
la
revuelta
y
otros
contagios)



Se
est谩
cumpliendo
un
a帽o
de
la
revuelta
de
octubre
2019
y
hace
solo
unas
semanas
todxs
qued谩bamos
conmocionados
frente
a
las
im谩genes
de
un
ni帽o
de
16
a帽os
tendido
inconsciente
sobre
el
cauce
del
r铆o
Mapocho.
Algunos
segundos
atr谩s
hab铆a
sido
arrojado
desde
el
puente
P铆o
Nono,
a
7
metros
de
altura,
por
un
polic铆a
de
fuerzas
especiales
que
participaba
de
un
operativo
de
de
intervenci贸n
en
Plaza
de
la
Dignidad
que
trataba
de
evitar
que
se
volvieran
a
congregar
las
fuerzas
de
oktubre
post-confinamiento.



Las
im谩genes
del
horror
de
la
dictadura
cuando
cuerpos
an贸nimos
eran
encontrados
de
forma
imprevista
en
la
ribera
del
r铆o
Mapocho
se
repet铆an.
No
es
casualidad
que
ese
cuerpo
fuera
el
de
un
estudiante
secundario,
uno
de
los
mismos
ni帽os
a
los
que
el
Estado
chileno
le
declar贸
la
guerra
con
Aula
Segura,
con
SENAME,
uno
de
esos
mismos
鈥減ing眉inos鈥
con
los
que
se
desat贸
la
revuelta
social
contra
la
herencia
constitucional
de
Pinochet.



A
pocos
d铆as
despu茅s
de
la
m谩s
grande
marcha
feminista
que
hab铆a
existido
en
la
historia
de
Chile,
la
del
8
de
marzo
de
2020,
Pi帽era
determinaba
la
implementaci贸n
de
un
paquete
de
medidas
sanitarias
COVID,
basadas
en
el
distanciamiento
f铆sico
y
en
el
confinamiento,
bajo
estricto
control
militar,
a
nivel
nacional.
Si
durante
40
a帽os
hab铆amos
buscado
afirmar
鈥渜ue
no
est谩bamos
solos,
que
no
volver铆amos
a
soltarnos鈥;
si
no
hicimos
caso
a
la
orden
del
general
Iturriaga
de
鈥渕eternos
en
nuestras
casas
felices鈥,
cuando
la
rabia
en
la
calle
se
combat铆a
con
el
Ej茅rcito
en
toque
de
queda,
aquel
d铆a,
la
memoria
del
encuentro
en
la
ocupaci贸n
callejera
que
a煤n
vibraba
en
nuestros
cuerpos
era
desafiado
a
partir
de
una
exigencia
de
cuidado
y
protecci贸n
frente
al
virus.



Las
preguntas
y
el
desconcierto
nos
embargaron.
驴Pod铆an
las
potencias
de
la
revuelta,
del
encuentro
en
la
okupaci贸n
callejera,
desafiar
la
tan
naturalizada
idea
de
que
el
espacio
铆ntimo
o
privado
era
de
por
s铆
un
espacio
despolitizado?
驴Pod铆amos
habitar
y
cultivar
vida
en
nuestros
adentros
cuando
hist贸ricamente
la
tarea
silenciosa
del
neoliberalismo
fue
su
destrucci贸n?
驴No
hab铆amos
salido
a
la
calle
con
la
urgencia
de
luchar
por
el
cuidado
y
la
protecci贸n
de
nuestros
abuelos,
por
cambiar
las
condiciones
de
exposici贸n
a
la
violencia
de
las
y
los
ni帽os,
por
la
desigualdad
y
la
violencia
contra
la
mujeres
y
disidencias?
驴No
hab铆amos
aprendidos
e
incorporado,
hecho
cuerpo
en
primera
l铆nea,
la
necesidad
de
la
autodefensa
frente
a
la
violencia
represiva
de
la
oligarqu铆a
y
sus
guardianes?
驴No
hab铆a
sido
el
oktubre
una
revuelta
que
puso
en
el
centro
gravitacional,
frente
al
modo
de
vida
capitalista,
la
politizaci贸n
del
malestar,
un
deseo
de
cuidado
y
responsabilidad
茅tica
contra
la
devastaci贸n
y
la
muerte?



Mientras
el
desconcierto
apremiaba,
en
pleno
toque
de
queda,
un
convoy
militar
deposit贸
a
Pi帽era
en
la
Plaza
de
la
Dignidad.
No
era
necesario
convocar
a
los
medios:
pocos
segundos
despu茅s
las
redes
estallaron
con
la
imagen
del
asesino
sobre
el
monumento.
Lo
que
el
19
de
oktubre
hab铆a
atribuido
a
la
revuelta
social,
ahora
buscaba
otorg谩rselo
a
otro
enemigo:
el
coronavirus.
鈥淓stamos
en
guerra
contra
un
enemigo
poderoso,
cruel
e
implacable鈥,
hab铆a
dicho
en
oktubre
del
2019
refiri茅ndose
a
las
fuerzas
sociales
chilenas.
Casi
un
a帽o
despu茅s,
el
22
de
septiembre,
en
su
discurso
de
fiestas
patrias,
volver铆a
a
reponer
el
soporte
b茅lico
de
la
democracia
neoliberal:
鈥淪abemos
que
el
coronavirus
es
un
enemigo
poderoso,
cruel
e
implacable鈥.



Si
alguna
certeza
pudimos
avizorar
durante
este
tiempo
de
confinamiento,
es
que
el
principal
articulador
de
la
democracia
capitalista,
de
la
movilizaci贸n
de
la
vida
en
todas
sus
formas
por
el
capital,
est谩
dado
por
la
capacidad
de
gestionar
la
devastaci贸n
y
el
enfrentamiento
entre
todas
y
todos.
Una
trama
de
producci贸n
de
miedo
generalizado
y
de
inyecci贸n
de
odio
como
garant铆a
de
un
orden
capaz
de
promover
la
individualizaci贸n
y
depotenciar
las
capacidades
colectivas
para
reinventar
los
cuidados
diferenciados.



La
declaraci贸n
de
guerra
contra
el
covid-19
fue,
tambi茅n,
la
continuaci贸n
bio-seguritaria
de
la
declaraci贸n
de
guerra
social
declarada
contra
el
oktubre-19.
Contra
una
sensibilidad
colectiva
en
estado
de
revuelta;
contra
una
multiplicidad
de
pr谩cticas
e
inteligencias
colectivas
que
emergieron
de
la
interioridad
com煤n
de
la
sociedad
chilena,
de
sus
malestares,
da帽os
y
dolores.
Contra
la
potencia
de
mutabilidad
que
hizo
factible
sostener
la
revuelta
contra
la
gesti贸n
sanitaria
del
neoliberalismo.
De
alg煤n
modo,
el
oktubre-19
confirm贸
que
el
virus,
antes
que
una
amenaza,
supuso
una
alianza
de
las
fuerzas
sociales
con
las
fuerzas
de
Gaia.
Una
alianza
mutante
en
la
que
las
virulencias
de
la
revuelta
social
bajo
la
forma
de
los
cuidados
pod铆an
sostener
la
imaginaci贸n
atenta
de
oktubre,
la
escucha
a
las
urgencias
de
los
territorios
y
los
hogares
de
las
y
los
m谩s
expuestos
a
la
gesti贸n
neoliberal
de
la
pandemia.



Si
de
algo
estamos
convencidos
hoy
es
que
frente
al
miedo
y
al
da帽o
organizado
por
el
capital,
de
cara
al
pacto
b茅lico
de
la
democracia
corporativa,
los
territorios
y
los
cuerpos
sensibles
al
malestar
colectivo
se
han
permitido
sostenerle
la
mirada
al
terror
pand茅mico.
Mutando
como
el
virus
han
dejado
de
manifiesto
que
las
potencias
del
cuidado
se
activaron
en
los
espacio
鈥渋nteriores鈥,
evidenciando
que
la
politizaci贸n
de
nuestras
intimidades
es
un
virus
con
alto
nivel
de
contagio,
que
a
la
vez
pone
en
entredicho
la
norma
de
confinamiento
individual
del
capital
y
su
pacto
de
miedo
y
odio
organizado.




*
Durante
los
meses
de
pandemia,
Vitrina
Dyst贸pica
organiz贸
una
serie
de
conversaciones
virtuales
con
integrantes
de
organizaciones
sociales
chilenas,
que
vienen
impulsando
estrategias
de
cuidado
frente
a
la
crisis
sanitaria
neoliberal,
llamada:
Virulencias
de
cuidado.
De
la
revuelta
y
otros
contagios.
Para
escucharlas
hacer

click
aqu铆
.



[1]
Ping眉inazo
es
como
se
nombra
al
primer
gran
levantamiento
del
movimientos
estudiantil
en
Chile.
La
referencia
al
鈥減ing眉ino鈥
es
por
los
colores
de
los
uniformes
escolares
de
las
y
los
estudiantes
chilenos.



[2]
Zonas
de
sacrificio
refieren
a
territorios
urbanos
y
rurales
en
los
que
se
legitim贸
la
extracci贸n
de
bienes
comunes
y
la
contaminaci贸n
del
medio-ambiente
con
este
fin.



[3]
El
Cr茅dito
con
Aval
del
Estado
es
un
cr茅dito
universitario
que
se
implement贸
durante
el
gobierno
de
Ricardo
Lagos
y
se
otorga
para
costear
los
gastos
de
estudio
en
la
universidad.
Esta
pol铆tica
dej贸,
en
2019,
a
m谩s
del
40
por
ciento
de
los
estudiantes
que
tomaron
el
cr茅dito
como
morosos.





Fuente: Arrezafe.blogspot.com