October 23, 2020
De parte de Briega
303 puntos de vista

 

Chile: Una Mirada en Retrospectiva a un A帽o del Alzamiento

驴Qu茅 Impulsa la Propagaci贸n de la Revuelta – y Qu茅 la Obstaculiza? La Lucha por la Dignidad y la Campa帽a por una Nueva Constituci贸n

 

El 18 de octubre del 2020 marca el primer aniversario de la revuelta en Chile. En Chile, EE. UU. y m谩s all谩, nos encontramos en la intersecci贸n de una pandemia, una crisis econ贸mica y crecientes alzamientos contra la polic铆a. En esta compleja situaci贸n, las demandas por la abolici贸n de la polic铆a surgen en un contexto en el que mucha gente piensa que solo una mayor intervenci贸n policial puede manejar este momento de crisis.

 

En Estados Unidos, al menos a nivel de las movilizaciones callejeras, el creciente deseo de abolir la polic铆a ha eclipsado las preocupaciones sobre un nuevo paquete de est铆mulo o una moratoria a los desalojos. Parece que la revuelta de George Floyd ha producido una crisis pol铆tica que eclipsa cualquier crisis potencial que un naciente movimiento de huelga de arrendatarios podr铆a haber producido. Cada vez que pareciera que la revuelta amaina, otro video de un asesinato de manos de la polic铆a se vuelve viral y estalla nuevamente la revuelta en una nueva zona cero: Minneapolis, Louisville, Atlanta, Kenosha, Rochester. Existe tambi茅n una creciente procuraci贸n por la autodefensa comunitaria despu茅s de sufrir la violencia de los supremacistas blancos y la brutalidad de las fuerzas especiales federales. Sin embargo, en medio de estas nuevas preocupaciones, la actual crisis econ贸mica presenta otro terreno inestable para la vigilancia, el control y la represi贸n estatales. Ofrecemos las siguientes reflexiones de este 煤ltimo a帽o en Chile en un intento de responder a la pregunta central de los alzamientos globales del 2019: 鈥溌緾贸mo podemos disputar el territorio de manera que este se vuelva ingobernable?鈥

En todo caso, este 煤ltimo a帽o de revueltas en Chile nos ha mostrado el poder que tienen aquellos movimientos que no se canalizan hacia el paradigma de la protesta social como lo hicieron tantos movimientos del pasado. [^ 1] En el 2011 y 2012, los movimientos de ocupaci贸n de plazas en Espa帽a y Grecia, Occupy Wall Street, y los movimientos estudiantiles Chilenos y de Montreal ten铆an como objetivo resolver la tensi贸n entre los 鈥渕anifestantes pac铆ficos鈥 y los 鈥渁gitadores externos鈥 buscando justificar la acci贸n directa ante una audiencia neutral y liberal. El vandalismo y los disturbios fueron enmarcados como 鈥渓a voz de los sin voz鈥, los conflictos con la polic铆a como la defensa de una zona de libre expresi贸n. Las ONG y los 鈥渓铆deres comunitarios鈥 designados por el gobierno a menudo tuvieron 茅xito en sus esfuerzos de contrainsurgencia, convenciendo al p煤blico en general de que la militancia en las calles est谩 compuesta por elementos criminales o radicales que se aprovechan de las protestas sociales pac铆ficas. [^1]: Por paradigma de protesta social nos referimos a la organizaci贸n de manifestaciones callejeras que se interpretan como la representaci贸n del 鈥減ueblo鈥, en el entendido de que est谩n construyendo demandas para presentar a las instituciones de poder, hasta e incluyendo la disoluci贸n de estas instituciones en s铆 mismas. Cuando ocurren acciones militantes, se justifican como una intensificaci贸n de la presi贸n sobre los funcionarios gubernamentales y las instituciones p煤blicas para satisfacer las articuladas demandas sociales.

Por el contrario, los movimientos del 2019 en Hong Kong, Chile, y en otros lugares adoptaron el mantra 鈥渟er agua鈥, lo que precipit贸 enfrentamientos espont谩neos con la polic铆a cuando grupos se fusionan en multitudes solo para dispersarse y volver a agruparse nuevamente en otros lugares. En lugar de realizar protestas simb贸licas en frente de las supuestas instituciones de poder, las movilizaciones callejeras atacaron estaciones de polic铆a, oficinas, carreteras y la infraestructura material del poder. Surgi贸 una nueva generaci贸n de vanguardistas (la primera l铆nea) quienes aprendieron a bloquear calles y luchar contra la polic铆a para remodelar fundamentalmente lo que es posible en las manifestaciones callejeras.

El 煤ltimo a帽o de revuelta en Chile indica un enfoque de lucha que no busca resolver la tensi贸n entre manifestantes 鈥減ac铆ficos鈥 y 鈥渕ilitantes鈥 o de alborotador 鈥渂ueno鈥 versus 鈥渕alo鈥. M谩s bien, busca resolver la tensi贸n entre los movimientos en las calles y las diversas luchas fuera del 谩mbito de las movilizaciones callejeras. Al igual que otros alzamientos en el 2019-2020, la revuelta chilena no comenz贸 con una protesta social de reclamo, sino con el bloqueo de infraestructura. Evasi贸n masiva, un movimiento contra el alza de las tarifas del metro en Santiago, r谩pidamente se convirti贸 en un alzantamiento nacional. En la noche del 18 de octubre del 2019, la evasi贸n coordinada de tarifas del metro en todo Santiago estall贸 en disturbios despu茅s de que la polic铆a cerr贸 el metro y se difundieron rumores de que hab铆an matado a un estudiante de secundaria. Para sofocar los disturbios, el gobierno envi贸 a los militares a las calles y declar贸 toques de queda con vigilancia militar. Esto cre贸 las condiciones para la violencia y la tortura policiales desenfrenadas, que solo avivaron las llamas. El alzamiento se extendi贸 por todo el pa铆s.

Mientras continuaban las protestas en todo el pa铆s, en Santiago la gente se reuni贸 espont谩neamente en el punto central de tr谩nsito de la cuidad, Plaza de la Dignidad (antes Plaza Italia) conformando all铆 las protestas m谩s grandes del pa铆s. Como en Hong Kong, la primera l铆nea de manifestantes, luch贸 contra la polic铆a con escudos, resorteras y equipos de protecci贸n. Sin embargo, las batallas callejeras entre la primera l铆nea y la polic铆a en Plaza Dignidad fueron solo una parte de la m谩s amplia revuelta a lo largo de Chile.

Parque Bustamante al sur de Plaza de la Dignidad.

La destrucci贸n del sistema de transporte p煤blico de Santiago durante el fin de semana del 18 de octubre dej贸 la econom铆a de la ciudad en ruinas. Muchos negocios que no fueron saqueados fueron cerrados y los negocios que permanecieron abiertos ten铆an filas extremadamente largas. Muchos servicios y bienes b谩sicos estuvieron inaccesibles durante semanas. Sin embargo, en la Plaza de la Dignidad floreci贸 una econom铆a de la generosidad. Los barberos iban a la plaza para cortar el pelo gratis a las personas que no hab铆an podido cort谩rselo desde que comenz贸 la revuelta, aprovechando una tradici贸n centenaria de peluqueros revolucionarios que practican la ayuda mutua y otorgan dignidad a trav茅s de la moda.

Los rebeldes chilenos se negaron a operar dentro del paradigma de la protesta social, expandiendo la lucha m谩s all谩 de la movilizaci贸n callejera y transformando los diversos terrenos que habitan. Los pueblos ind铆genas recuperaron tierras y bloquearon carreteras rurales; los vendedores ambulantes sin licencia establecieron nuevos mercados callejeros no autorizados; las familias pobres ocuparon tierras y construyeron comunidades urbanas ilegales; iniciativas de socorro no permitidas lucharon contra la vigilancia y el control del gobierno. El poder y la intensidad del alzamiento de octubre del 2019 radica en la heterogeneidad de las luchas en todo Chile, bajo el lema 鈥渉asta que la dignidad se haga costumbre鈥. La diversidad de formas en que la gente cuestion贸 c贸mo se gobierna su vida mostr贸 que la gente estaba en las calles porque la vida cotidiana se hab铆a vuelto miserable, alienante y denigrante. Las fuerzas que buscaban estabilizar la situaci贸n tuvieron que enfrentarse a la posibilidad de que millones de personas ya estaban convencidas de que la 煤nica forma de comenzar una vida digna es no volver nunca a la situaci贸n normal. Incluso cuando el movimiento no pudo mantener un territorio y hacerlo fundamentalmente ingobernable, los participantes adquirieron un nuevo sentido de dignidad en las incesantes luchas en las calles.

Un jard铆n en el marco de una pantalla publicitaria destrozada. 鈥淒estruimos este mundo para crear uno mejor鈥.

 

El Ritmo de la Revuelta

鈥淪upermercados y tiendas saqueadas, ma虂s estaciones de Metro y buses quemados. Barricadas por todo el centro de Santiago y en algunas de sus zonas perife虂ricas y empobrecidas鈥

鈥淓scena uno: cerca del Cerro Santa Luci虂a alrededor de un bus quemado. Desde la man虄ana las personas que ahi虂 se reunieron danzan a su alrededor al ritmo de los golpes que le dan. Un bus, esa ma虂quina dispuesta a la circulacio虂n de personas, ahora se resemantiza en un mantra que le devuelve por segundos a sus viandantes el dominio de su propio cuerpo. Se suben a la estructura quemada, saltan, le pegan, lo manejan sin destino porque no se mueve: es un giro contra la circulacio虂n de mercanci虂as en las que nos hemos convertido. Un mu虂sico callejero de edad toca su arpa.

鈥淓scena dos: en Plaza Italia, un lugar neura虂lgico del centro de Santiago desde la post-dictadura, los militares llegan. Los custodian los carabineros. La gente los increpa y le dicen que se vayan a cara descubierta. No les corresponde estar aqui虂. Los disturbios se propagan por toda la Alameda. Seis buses quemados hacia el sur. No falta quien diga que fueron dispuestos para que les prendieran fuego. 驴Acaso eso importa en este momento? Lo relevante es que se queman y no importa quie虂n lo hizo.

鈥淓scena tres: un supermercado saqueado en Cerrillos. Se toman arti虂culos de primera necesidad. Se toman televisores, arti虂culos varios, entre frazadas, pan虄ales, uno que otro electrodome虂stico. Algunos se devuelven a la barricada. Muchos se tiran a las barricadas. Se saca alcohol y se bebe; tambie虂n se guarda para ma虂s tarde. La algarabi虂a se contagia, hay cantos y bailes.鈥

-De Mejores Tiempos por C铆rculo de Comunistas Esot茅ricas

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Un bus quemado en Santiago: 鈥 Un viejo m煤sico callejero se sienta dentro del bus y toca su arpa.鈥

 

鈥 La gente se conoce mientras baila en la parte superior de los autobuses urbanos quemados al ritmo que golpeaban en su marco de metal carbonizado.鈥

La revuelta chilena se ha caracterizado por una nueva comunidad nacida de la experiencia en las calles que rompi贸 las antiguas categor铆as discursivas de delincuente criminal y manifestante pac铆fico, de agitador externo y ciudadano local. A partir de los toques de queda nocturnos, las personas se encontraban en las calles. Los vecinos mayores golpeaban ollas y sartenes junto a las barricadas en llamas que levantaban los j贸venes. Grupos de adolescentes se reun铆an en los pasillos oscuros de una tienda de comestibles saqueada. Esta nueva comunidad se ha comunicado al ritmo de la revuelta: la gente se reun铆a mientras bailaba en lo alto de autobuses urbanos quemados al ritmo que golpeaban en su marco de metal carbonizado. Se comunican a trav茅s de sonrisas, gestos y risas. Los 煤nicos que percibieron la divisi贸n entre militantes y pacifistas fueron las audiencias externas a esta emergente comunidad de rebeli贸n, quienes no ten铆an la capacidad de comunicarse en estos nuevos lenguajes de ritmos y cuerpos.

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鈥溌l que no salta es paco (polic铆a)!鈥

Seg煤n el C铆rculo de Comunistas Esot茅ricos, el verdadero alzamiento estuvo destinado a la muerte el d铆a en que se canaliz贸 en protestas por una asamblea constitucional. Mientras todo el mundo estaba en las calles celebrando la suspensi贸n de la normalidad, los autoproclamados l铆deres de la izquierda, y lo 煤nico que deseaba la oposici贸n al gobierno era volver r谩pidamente a la normalidad. Los izquierdistas, acad茅micos, periodistas y funcionarios p煤blicos afirmaban que el resultado necesario de la revuelta era un refer茅ndum constitucional. Los exl铆deres del movimiento estudiantil chileno del 2011, ahora pol铆ticos, se apresuraron a interpretar la revuelta como una declaraci贸n sobre la enorme desigualdad de Chile, su sistema de salud privatizado o su inadecuado sistema de pensiones. Sembraron el temor de que los militares pudieran organizar un nuevo golpe si las protestas se intensificaban. Pretend铆an que la nueva comunidad en la calle preferir铆a limitar su participaci贸n a simplemente marcar una casilla en un refer茅ndum. El 15 de noviembre, el gobierno y los l铆deres de la oposici贸n firmaron un acuerdo para la celebraci贸n de un refer茅ndum constitucional en el 2020, y muchos pol铆ticos de izquierda votaron a favor de la 鈥渓ey anti-m谩scara (capucha), anti-saqueos y anti-barricadas鈥 del gobierno. A pesar de todas las pruebas de lo contrario, cre铆an que los participantes en el movimiento solo deseaban que unos pocos privilegiados obtuvieran nuevas posiciones pol铆ticas.

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Un saxofonista tocando 鈥淓l derecho vivir en paz鈥 con la primera l铆nea.

Disturbios en V铆spera de A帽o Nuevo y otras Disturbio-Fiestas en Plaza Dignidad

Sin embargo, estos intentos de separar a la multitud en manifestantes pac铆ficos y delincuentes fracasaron. Un pol铆tico de izquierda del movimiento estudiantil del 2011 que negoci贸 el refer茅ndum constitucional fue incluso expulsado de una protesta. La nueva comunidad de la revuelta continu贸 todos los viernes en la Plaza de la Dignidad, con todos los elementos reunidos en masa para la celebraci贸n de la v铆spera de A帽o Nuevo 2019.

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Esperando el A帽o Nuevo en Plaza Dignidad.

鈥淓n los d铆as pr贸ximos al A帽o Nuevo, hubo una lucha por el control entre la municipalidad, la polic铆a y la gente. Las/los de la municipalidad quer铆an despolitizar las celebraciones, mientras que la polic铆a simplemente quer铆a reprimirlas, ambas estrategias para evitar que el A帽o Nuevo llegara con tonos de valent铆a, combate y cuidado que ha marcado las reuniones en la Plaza de la Dignidad en los 煤ltimos tres meses. La Navidad y el verano hab铆an interrumpido el ritmo de las protestas diarias, y el A帽o Nuevo no era viernes, por lo que era dif铆cil predecir si la acci贸n de esa noche superar铆a los l铆mites o simplemente se sentir铆a rutinaria. Llegamos temprano, cuando todav铆a no hab铆a tanta gente, porque hab铆a una gran cena abierta en la plaza de la que quer铆amos participar 鈥.

鈥淗e recibido elogios antes por salir con mi m谩scara de gas y botella de agua, incluso me ofrecieron latas de cerveza despu茅s de apagar r谩pidamente el gas lacrim贸geno, pero en A帽o Nuevo, el entusiasmo estaba a otro nivel. Junto al comedor hab铆a un peque帽o escenario, y en poco tiempo una banda de cumbia en vivo prendi贸 a la multitud. Cuando llegamos a una de las intersecciones combativas, la primera l铆nea hab铆a ya ganado una cuadra m谩s all谩 de donde se manten铆a normalmente, y la polic铆a hab铆a retrocedido por una calle lateral, postr谩ndose detr谩s de una valla. El guanaco (cami贸n blindado con ca帽贸n de agua) lanzaba espor谩dicamente r谩fagas de agua, pero nadie se inmut贸. Era poco despu茅s del atardecer y el cielo dorado se reflejaba en el suelo cubierto de agua del guanaco, mientras encapuchados lanzaban piedras, fuegos artificiales y molotovs a la polic铆a al otro lado de la valla. Caminamos un poco m谩s y en el Parque Forestal nos topamos con una enorme variedad de bocadillos, siendo atendidos por una numerosa familia de aspecto normal. Con ni帽os peque帽os que brincan en sus regazos y el abuelo, un hombre guapo y mayor, vestido con un elegante polo con un su茅ter alrededor de sus hombros, nos ofrece vino y bocadillos. 鈥淧or favor鈥, insiste. Incluso hay peque帽as brochetas de verduras para veganos. Nos llega un rumor: hay otro concierto en lo alto de una cercana marquesina de teatro. 隆Es Ana Tijoux! Cruzamos la plaza entre multitudes de familias, de gente bebiendo cerveza, con coronas y brazaletes parpadeantes, todo es hermoso y reluciente. Incluso la estatua en el medio de la plaza est谩 iluminada por vecinos de un edificio de apartamentos cercano. Tijoux termin贸 con un bis de 鈥淐acerolazo鈥, el primer himno de la revuelta, que sali贸 apenas tres d铆as despu茅s de la primera noche de disturbios. Fuegos artificiales y bengalas llenaron el cielo nocturno. Una enorme pancarta se extend铆a por la plaza que dec铆a: 鈥淪olo a trav茅s de la lucha podemos avanzar鈥. Todos parec铆an aferrarse a este momento, sin querer dejarlo terminar 鈥.

-extracto de un informe an贸nimo sobre la v铆spera de A帽o Nuevo en Radio Evasi贸n

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La primera l铆nea en v铆spera de A帽o Nuevo en Plaza Dignidad.

Los funcionarios del gobierno y la izquierda institucional continuaron interpretando las festividades de la plaza como protestas por una nueva constituci贸n. Sin embargo, quienes acud铆an a la plaza lo hac铆an para participar de los actos comunales, para ponerle un alto a la alienaci贸n de la vida cotidiana. Los que ven铆an a cantar y bailar en la calle segu铆an celebrando la militancia de la primera l铆nea. M谩s que una ideolog铆a pol铆tica, la primera l铆nea se defini贸 como una experiencia de la protesta a la que cualquiera pod铆a sumarse. No hay encuestas que demuestren la legitimidad de la primera l铆nea a los ojos de la gente, pero las encuestas solo son necesarias para aquellos que necesitan convencer a la gente de su popularidad. Todos en Chile saben qui茅nes fueron los h茅roes de octubre; despu茅s de todo, la popularidad de Pi帽era no se reproduce en masa en camisetas y calcoman铆as. Los vendedores ambulantes vend铆an m谩scaras antig谩s, l谩seres y resorteras durante las protestas para que quienes quisieran pudieran participar en la primera l铆nea. En los barrios que rodean la Plaza de la Dignidad, los residentes formaron asambleas, organizaron comidas para los manifestantes y trabajaron con las Brigadas de Salud para establecer cl铆nicas de campo en su calle. Rescatistas compuestos por param茅dicos, enfermera/os y m茅dicos llevaron a los manifestantes heridos desde las primeras l铆neas a las cl铆nicas de campo. El apoyo al movimiento se demostr贸 en la asistencia material y los recursos que la gente proporcion贸 en las calles, en lugar de un respaldo declarado a cualquiera de las demandas atribuidas al movimiento.

La entrada a la estaci贸n Baquedano del metro en la Plaza de la Dignidad. Las entradas a la estaci贸n estaban cerradas cuando estall贸 la revuelta en Santiago, pero la polic铆a continu贸 usando la estaci贸n como base de operaciones. M谩s all谩 del mont贸n de escombros, se pueden ver las rejas detr谩s de las cuales la polic铆a disparar铆a balas de goma y gases lacrim贸genos a los manifestantes. Era una guerra de desgaste diaria para evitar que la polic铆a tuviera siquiera una pulgada de ventana por donde meter los rifles. Cuando los manifestantes se marchaban, la polic铆a despejaba lo que pod铆a del mont贸n de escombros. Esta estaci贸n tambi茅n fue infame porque el 22 de octubre, un joven manifestante fue llevado dentro de la estaci贸n Baquedano del metro y torturado por la polic铆a. Su testimonio sobre la tortura se convirti贸 en un esc谩ndalo medi谩tico, catalizando una mayor indignaci贸n contra las fuerzas de seguridad. El grafiti de 鈥淛oker鈥 hace referencia a la pel铆cula, que sali贸 justo antes de la revuelta, representando escenas de revuelta con las que muchos manifestantes se identificaron. Esta pel铆cula fue r谩pidamente sacada de cartelera de los cines corporativos.

Impugnando el Espacio P煤blico

En el transcurso de meses de protestas no estructuradas en todas las ciudades chilenas, fuimos testigos de una transformaci贸n del espacio p煤blico que ning煤n movimiento social pudo haber jam谩s ganado como una demanda a las instituciones p煤blicas. La revuelta tuvo un impacto m谩s all谩 del espacio y el tiempo de las protestas callejeras, ya que los funcionarios estatales tem铆an tomar medidas en茅rgicas contra el uso no regulado del espacio p煤blico por temor a provocar una mayor respuesta. A pesar de una nueva ley nacional que aumenta la pena por hacer grafiti, los centros de cada ciudad importante estaban inundados de arte callejero. Cuando los funcionarios mandaban a repintar las murallas de las ciudades en medio de la noche, esto simplemente proporcionaba una invitaci贸n para que la gente regresara al d铆a siguiente y cubriera la ciudad con nuevo arte.

Las ciudades chilenas pertenec铆an al pueblo de la acera en esos meses de intervenci贸n policial suspendida. En la ciudad de Temuco, en el sur de Chile, los agricultores ind铆genas (hortalizeras) vend铆an sus productos en las aceras del centro. Cuando visitamos a las hortalizeras a principios del 2020, nos sentamos junto a nuestra amiga, Carlota, y su mesa plegable donde ten铆a a la venta lentejas, apio, acelgas y otras verduras de su granja. Nuestras conversaciones fueron interrumpidas constantemente por transe煤ntes que la saludaban y le preguntaban c贸mo estaba su granja y su familia antes de comprar sus productos. 鈥淐onozco a muchos de mis clientes desde hace a帽os鈥, dijo, 鈥淢e he instalado en la misma acera todos los d铆as y la mayor铆a de mis clientes vienen a mi mesa todos los d铆as para comprar lo que necesitan鈥. Al final del d铆a, las mujeres intercambiaban sus productos sobrantes para obtener frutas y verduras que no cultivan en sus granjas. Mientras doblaban sus mesas, se daba una segunda oleada de tr谩fico callejero ya que las hortalizeras regalaban sus productos no vendidos a los residentes de Temuco.

https://twitter.com/joorge_p/status/1300127162197049344

El alcalde ha tratado repetidamente de desalojar a las hortalizeras. En septiembre del 2019, la polic铆a antidisturbios con guanacos (tanques de agua) y contenedores de basura llegaron para cerrar el mercado callejero. La polic铆a intent贸 multar y arrestar a las hortalizeras despu茅s de destruir sus verduras y mesas desplegables. Las mujeres contraatacaron y desarrestaron a muchas de sus compa帽eras vendedoras. Al final, solo el chorro del guanaco permiti贸 a la polic铆a desalojar el mercado y arrestar a once mujeres y ni帽os.

Las hortalizeras han organizado un sindicato para coadministrar su mercado de alimentos en las aceras, para recaudar fondos para las once mujeres arrestadas en septiembre y para presentar un reclamo a trav茅s de la UNESCO de protecci贸n contra la municipalidad de la ciudad por motivos de derechos Ind铆genas – un arduo proceso legal que tomar谩 a帽os en dar resultados en cuanto a protecci贸n. Y, sin embargo, debido al alzamiento nacional un mes despu茅s de esa redada, las hortalizeras pudieron volver a vender en las calles sin temor a la intervenci贸n policial. El sentimiento generalizado contra la polic铆a, las ruidosas protestas y la visibilidad p煤blica impidieron que la municipalidad desalojara a las hortalizeras por temor a desencadenar enfrentamientos a煤n mayores en las calles.

Tomaterrenos en las Periferias Urbanas de Chile

Los terrenos bald铆os pertenec铆an a los vecindarios m谩s que al gobierno de la ciudad o a los grandes terratenientes. En medio de una crisis de vivienda en curso, las poblaciones [^ 2] han recuperado sus entornos locales para su propio uso en contra de los intereses de los funcionarios de la ciudad y los especuladores de terrenos. Para febrero del 2020, surgieron 48 ocupaciones de terrenos (tomaterrenos) 1 alrededor de Temuco, donde 1500 personas hab铆an comenzado a ocupar terrenos, construir casas y negociar con el gobierno nacional para nuevas viviendas de inter茅s social. Los tomaterrenos contaron con el apoyo de vecinos cercanos que llevaron agua y comida a los ocupantes, les dejaron usar sus ba帽os y ayudaron a construir cocinas y ba帽os comunes en la toma. En respuesta a un intento de desalojo a una toma, estallaron protestas en todo Temuco cerca de las otras tomas en las que los vecinos levantaron barricadas y bloquearon carreteras.

Una tomaterreno.

La revuelta cre贸 las condiciones para que las comunidades resolvieran sus problemas compartidos inmediatos en lugar de esperar a que los funcionarios del gobierno satisfagan sus necesidades. Lo que los funcionarios de la ciudad interpretan como una crisis de vivienda ha sido reformulado por los residentes como una crisis sobre su poder para decidir d贸nde pueden vivir y su capacidad para dar forma a sus entornos de vida. En febrero del 2020, visitamos varias tomas, incluida la toma que la polic铆a hab铆a intentado desalojar. Era s谩bado d铆a de construcci贸n. Hablamos con Javi y su compa帽ero Carlo, que se hab铆an mudado a la toma con sus tres hijos desde la cercana casa de sus familiares. Carlo explic贸 que

Cuando comenzaron las protestas en octubre, nos dimos cuenta de que ten铆amos la oportunidad de expandir nuestro vecindario al tomar el control de este espacio de terreno abandonado hace mucho tiempo, limpiarlo y construir las viviendas que necesit谩bamos desesperadamente. No queremos que el gobierno nos construya casas en alg煤n otro vecindario lejano.鈥

Carlo dijo: 鈥淨ueremos tener el poder de decidir qu茅 sucede con el terreno en el vecindario en el que crecimos y donde queremos vivir cerca de nuestras familias鈥. Seg煤n Javi, la 煤nica preocupaci贸n del alcalde con el 鈥渟aneamiento p煤blico鈥 es si la ciudad parece moderna o no. Como resultado, al gobierno no le importa la actual crisis de saneamiento en las poblaciones, sino que solo se asegura de que sigan siendo invisibles. Anticip谩ndose a futuros desalojos, los vecinos de la toma han confiado en que los grupos de la primera l铆nea y de estudiantes les ayuden a bloquear y resistir las acciones represivas de la polic铆a.

La primera l铆nea de pie frente a la iglesia institucional de los carabineros en llamas.鈥

Resistencia Ind铆gena

Surgieron o se solidificaron nuevas solidaridades donde exist铆a divisi贸n entre los Mapuche rurales y los Santiaguinos Urbanos, y estallaron nuevas revueltas urbanas en respuesta a la brutalidad policial contra las comunidades ind铆genas. Los aniversarios de asesinatos de j贸venes Mapuche por parte de la polic铆a se han reflejado en algunas de las protestas m谩s militantes en la plaza. El 3 de enero del 2020 marc贸 el 12潞 aniversario de la muerte de Mat铆as Catrileo; la polic铆a lo mat贸 durante una acci贸n de reclamaci贸n de tierras en territorio rural Mapuche. Ese d铆a, luego de una procesi贸n Mapuche hacia la plaza dignidad, los manifestantes corretearon a los polic铆as que defend铆an el monumento al carabinero y la adyacente iglesia. Cientos de personas saquearon la iglesia y le prendieron fuego. Mientras tanto, parlantes port谩tiles emit铆an m煤sica punk y un c铆rculo abarrotado rodeaba el destrozado monumento.

Una mujer Mapuche de pie frente a un Domomam眉ll (una estatua de madera mapuche) erigida en Plaza Dignidad el 3 de diciembre del 2020.

Quiz谩s por primera vez en la historia de Chile, los s铆mbolos ind铆genas dominaron las im谩genes de las protestas en el centro de Santiago. Desde la d茅cada de 1990, las comunidades Mapuche iniciaron acciones directas contra los grandes terratenientes y las industrias extractivistas que asolan las tierras de su comunidad. En los 煤ltimos 30 a帽os, el gobierno chileno ha incrementado la militarizaci贸n de la vigilancia en territorios Mapuche, fortaleciendo las plantaciones madereras en tierras ind铆genas robadas. Durante toda la revuelta chilena, los manifestantes ind铆genas continuaron bloqueando las carreteras rurales y saboteando el equipo forestal. El impacto visual de las banderas Mapuche superando en n煤mero a las chilenas desafi贸 la afirmaci贸n de que las protestas eran acerca de la precariedad econ贸mica individual de los manifestantes o la constituci贸n chilena.

Una bandera Mapuche.

El Paradigma de la Protesta Social y la Pandemia

Dentro del paradigma de la protesta social, pareciera ser que siempre se debe resolver la tensi贸n entre manifestante 鈥減ac铆fico鈥 y 鈥渕ilitante鈥. Sin embargo, esta tensi贸n no se materializ贸 en las experiencias que la gente comparti贸 en las calles de Chile en el 2019 y 2020. M谩s bien, los espectadores externos proyectaron esta tensi贸n en las calles como una estrategia para canalizar la revuelta en un 鈥渕ovimiento social鈥 normativo y legible por reformas estructurales. Al no bifurcar las movilizaciones callejeras, promovieron la narrativa de que la revuelta chilena podr铆a reducirse a la movilizaci贸n callejera en curso, en lugar de reconocer los elementos heterog茅neos de la nueva comunidad de rebeli贸n que disputa el territorio.

La llegada de la pandemia del COVID-19 a Chile cre贸 un terreno en el que se pudo construir la narrativa de que las movilizaciones callejeras ten铆an como objetivo presentar demandas sobre c贸mo las instituciones p煤blicas deben abordar la pandemia y la crisis econ贸mica resultante. Al principio, el gobierno aplic贸 las medidas de cuarentena de forma gradual. Estas medidas no desmantelaron por s铆 mismas los movimientos. M谩s bien, la izquierda institucional, las organizaciones sociales y los sindicatos intentaron realizar acciones para exigir al gobierno que implemente 鈥渦na cuarentena plena con dignidad鈥 similar a las 鈥5 demandas鈥 en los EE.UU. Empleados de centros comerciales paralizaron sus labores y se declararon en huelga hasta que la ciudad cerr贸 los centros comerciales. Cuando el brote de COVID comenz贸 a extenderse fuera de Santiago, los residentes de pueblos rurales e islas bloquearon a los camiones madereros y los transbordadores que transportaban a trabajadores de la industria salmonera para presionar al gobierno a que implementara zonas de cuarentena. El 15 de marzo del 2020, el gobierno declar贸 el estado de emergencia, anunciando medidas de cuarentena y un toque de queda militar a nivel nacional. Como la gente ya no pod铆a ir a trabajar, los manifestantes exigieron ayuda econ贸mica del gobierno. Respondiendo a la pandemia de COVID a trav茅s del paradigma de la protesta social, haciendo demandas en lugar de atender directamente las necesidades, hizo que las instituciones p煤blicas y los funcionarios de las municipalidades fueran nuevamente protagonistas de la gobernanza urbana.

Ya sea por miedo al COVID-19 o por la nueva vigilancia de las reuniones p煤blicas para hacer cumplir la cuarentena, una masa cr铆tica hab铆a abandonado la nueva comunidad en rebeld铆a, exigiendo en cambio nuevas pol铆ticas de las instituciones p煤blicas y de los l铆deres las que no har铆an m谩s que continuar las formas existentes de violencia estructural. Sin la amenaza de la revuelta, las instituciones p煤blicas reforzaron su control sobre las 谩reas que hab铆an estado en rebeld铆a.

En Temuco, las hortalizeras no pudieron obtener permisos para vender en la calle; ni siquiera pudieron ingresar a la ciudad debido a los puestos de control de cuarentena impuestos por los militares. Cuando termin贸 el encierro, regresaron a calles vac铆as a vender sus productos, pero sin la conmoci贸n de la revuelta, la polic铆a reanud贸 sus intentos de desalojo. Las tomaterrenos sufrieron un destino similar: mientras que las 贸rdenes judiciales bloquearon nuevos intentos de desalojo, las municipalidades impidieron que las tomas se conectaran a los servicios p煤blicos de la ciudad. Mientras los abogados y las ONG presionaron a los gobiernos municipales para obtener recursos, la polic铆a impuso una cuarentena que impidi贸 que los vecinos de las tomas trajeran suministros y apoyaran las ocupaciones. A pesar de 茅xitos en mantener las ocupaciones, la gente comenz贸 a dejar las tomas durante la pandemia porque no ten铆an los recursos y el apoyo para continuar. Para agosto, los involucrados en las tomas hab铆an vuelto a alojarse en casa de familiares en viviendas hacinadas o durmiendo en las calles de Temuco.

A pesar de las restricciones a reunirse, la primera l铆nea organizada de manera aut贸noma e informal sigui贸 siendo el actor pol铆tico m谩s leg铆timo en todo el pa铆s. Los manifestantes de la Primera l铆nea pasaron de los disturbios semanales en las calles a los esfuerzos aut贸nomos de salud p煤blica para apoyar a quienes ten铆an que correr el riesgo de contagio para ir a trabajar. El Estado ha tenido dificultades para reintegrar la fuerza aut贸noma de la primera l铆nea en la l贸gica y la mec谩nica del poder pol铆tico.

Una vez que el confinamiento hizo imposible que el movimiento transformara el entorno de vida, el estado busc贸 desafiar a la fuerza aut贸noma y rebelde dentro de la primera l铆nea. Por un lado, la l贸gica estatal ha intentado cooptar a la primera l铆nea en la campa帽a electoral de Apruebo, el bando a favor de una nueva constituci贸n. Gustavo Gatica鈥 a quien la polic铆a ceg贸 con proyectiles antidisturbios, un caso excepcional y ampliamente conocido en Chile鈥攁pareci贸 recientemente en un anuncio de campa帽a que se parece mucho a la propaganda hecha para avivar las llamas durante la revuelta. Ahora, los videos dram谩ticos e 铆ntimos, que muestran la evasi贸n de tarifas (un crimen), grafiti callejeros y Matapacos (que su nombre se traduce en ingl茅s como 鈥渃op killer鈥)鈥 tienen la intenci贸n de llevarles a las urnas. Antes del COVID-19, pocos ten铆an fe en que sus vidas pudieran cambiar como resultado del trazo de un bol铆grafo en una boleta. Sin embargo, el poder de desafiar a las fuerzas que buscan encauzar la revuelta hacia la exigencia de una asamblea constitucional desapareci贸 cuando la multitud abandon贸 las calles. Solo despu茅s de esto es que la primera l铆nea pudiese convertirse en un s铆mbolo, m谩s que en una experiencia.

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鈥淟os Ni帽os de la Plaza鈥, antes de que comenzaran a hacerse videos para apoyar a los partidos pol铆ticos.

El otro aspecto del enfoque estatal para lidiar con la primera l铆nea es, por supuesto, la represi贸n. Sin embargo, incluso en esto, deben reconocer el poder y la popularidad de la primera l铆nea. En julio, en lo que quiz谩s fue el punto m谩s bajo de movilizaci贸n desde el inicio del COVID-19, dos anarquistas de larga data, M贸nica Caballero y Francisco Solar, fueron arrestados por cargos relacionados con bombas colocadas en una comisar铆a de polic铆a, el elegante edificio de una empresa de inversi贸n y las oficinas de un ex ministro del gobierno. Mientras que en el proceso formal, el fiscal enfatiz贸 la naturaleza apol铆tica del caso, sugiriendo que los dos fueron arrestados por comportamiento criminal en lugar de ideas pol铆ticas, los medios completaron el resto de la narrativa que los fiscales no pudieron decir en la corte. Un art铆culo del 1 de agosto en La Tercera, conocido en todo Santiago como el peri贸dico m谩s cercano a la fiscal铆a y la polic铆a, dice:

鈥淧ara los detectives, Francisco Solar es el m谩s activo de los dos. Es invitado constantemente a eventos anarquistas y participa en la Coordinadora 18 de Octubre (el organismo coordinador para la libertad de los presos de la revuelta del 18 de octubre), aunque categorizan su afinidad pol铆tica lejos de la de la 鈥榩rimera l铆nea鈥. Fue uno de los encargados de armar cajas de comida para los presos por agresiones a polic铆as durante las manifestaciones, el t茅rmino 鈥榩rimera l铆nea鈥 no le queda. 鈥楾al t茅rmino tambi茅n se relaciona con discursos y comportamientos basados en la delegaci贸n de tareas dentro de las manifestaciones, que vemos como una amenaza a la horizontalidad que ha caracterizado la revuelta en Chile鈥, dice una de las 煤ltimas ediciones de una revista anarquista de la que se alega Solar participa..鈥

Por ende鈥攑ara dividir la revuelta, el medio vocero de la polic铆a est谩 dispuesto a otorgarle a la primera l铆nea una legitimidad provisional, con el prop贸sito de argumentar que los participantes de la primera l铆nea no deben considerar a Francisco un camarada leg铆timo porque se presume estar involucrado en una revista que quiere mantener la revuelta en relaci贸n horizontal. El cinismo de esta maniobra es asombroso.

Es cierto que no todos los alborotadores de la primera l铆nea eran anarquistas. Muchos se identificaron como Mapuche, roto (jerga para lumpenproletariado), ni帽os del sistema estatal de orfanatos, criminales, feministas, inmigrantes, otakus, incluso socialdem贸cratas. Pero los anarquistas participaron de manera significativa junto a ellos en todas las mayores batallas en la Plaza de la Dignidad: el fin de semana del 18 de octubre de saqueos e incendios, los enfrentamientos en el centro durante la semana de ley marcial, la huelga general del 12 de noviembre, la quema de la iglesia de carabineros, el aniversario de la muerte de Mat铆as Catrileo por la polic铆a, la Navidad y la V铆spera de A帽o Nuevo, sin mencionar los disturbios frente al prestigioso festival de m煤sica de Vi帽a Del Mar en la costa.

Es absurdo discutir la primera l铆nea y los anarquistas como sujetos separados. Una vez m谩s, no existe una encuesta independiente o un censo gubernamental que pueda confirmar cient铆ficamente la presencia y popularidad de las ideas anarquistas entre quienes lucharon contra la polic铆a de octubre a marzo. Pero el intento de dividir a dos reconocidos ex-presos pol铆ticos anarquistas de la primera l铆nea es prueba suficiente de cu谩nto temen los fiscales y los medios de comunicaci贸n a la autonom铆a, la acci贸n directa y la cooperaci贸n 鈥攅s decir, la anarqu铆a, de la primera l铆nea.

鈥溌racias, primera l铆nea!鈥

Disturbios por Hambre y Ollas Comunes

De hecho, el estado tiene motivos para temer a la primera l铆nea. La polinizaci贸n cruzada entre la nueva militancia en las calles y las luchas dispares que abordan la vida y los medios de subsistencia muestra que existen m煤ltiples v铆as para tomar el control del territorio urbano fuera de las protestas. En los meses de encierro, aquellos consternados por las calles vac铆as y desinteresados en las reuniones de Zoom sobre la asamblea constitucional se centraron en los esfuerzos de ayuda aut贸nomos. Despu茅s de meses sin protestas sustanciales ni actividad p煤blica, surgieron protestas espont谩neas de hambre y ollas comunas en todo Santiago en respuesta a la escasez de alimentos y la crisis econ贸mica del COVID-19.

La polic铆a despleg贸 las mismas t谩cticas de dispersi贸n que utiliz贸 durante el alzamiento, contra las protestas por el hambre y las ollas comunes o comedores comunitarios. La violencia policial contra los esfuerzos de ayuda de la comunidad provoc贸 indignaci贸n p煤blica, especialmente un video que muestra a un guanaco (cami贸n blindado con ca帽贸n de agua) pasando por encima de una mesa olla com煤n con comida. En respuesta, los carabineros implementaron un sistema de permisos para ollas comunes. Independientemente, la mayor铆a de las ollas comunes se negaron a obtener permisos y continuaron distribuyendo alimentos sin autorizaci贸n del gobierno.

https://twitter.com/rvfradiopopular/status/1197589526190985217

Al evadir la vigilancia y el control social, las iniciativas de ayuda aut贸nomas pueden desafiar los l铆mites de territorios y poblaciones abandonados, uniendo bloques sociales dispares y aparentemente incongruentes. Al hacerlo, pueden subvertir las antiguas divisiones entre privilegiados y marginados, entre formales e informales, entre ciudadanos y delincuentes, entre los de primera l铆nea y los confinados en casa, y entre las redes y la organizaci贸n.

https://twitter.com/ComunOlla/status/1312754344689913856

En mayo, la asamblea libertaria (una asamblea vecinal anarquista libertaria) en Pe帽alolen fueron invitados a ayudar con una olla com煤n montada en una escuela primaria en un vecindario cercano. Tres personas de la asamblea se presentaron a la escuela con 煤tiles para hacer 300 sopaipillas. Fueron recibidos por tres grupos diferentes que preparaban la comida: la gente de la Coordinadora Violeta Parra (el comit茅 de coordinaci贸n Violeta Parra), un grupo de vecinos que se form贸 para cambiar el nombre de su calle por la cantante folcl贸rica que tambi茅n distribuye leche a diario a los ni帽os; otro grupo cat贸lico que prepara 300 s谩ndwiches semanales; y un grupo de mam谩s de la escuela con cajas para llevar y llaves del edificio. Mientras fre铆an sopaipillas y empacaban los almuerzos, los participantes chismeaban y explicaban diferentes proyectos del barrio. Si bien cada olla com煤n se centra en su vecindario inmediato, han creado las condiciones para coordinarse entre los vecindarios. Personas de la asamblea libertaria explicaron que se re煤nen semanalmente en el Liceo, un centro social anarquista con una imprenta, una biblioteca popular y una panader铆a industrial. A la hora de cierre de esta olla com煤n, un miembro de la coordinadora pregunt贸 si pod铆an usar la panader铆a para hacer pan para m谩s ollas comunes. Durante los meses siguientes, los compa帽eros usaron el Liceo para hacer pan para cinco diferentes ollas comunes en barrios cercanos. En el proceso de coordinaci贸n, se reunieron con vendedores ambulantes que donar铆an sus productos no vendidos a ollas comunes y vecinos con camiones que transportar铆an suministros.

El conflicto entre las ollas comunes y las instituciones estatales sugiere que es mejor para las instituciones de gobierno que la gente responda a la crisis exigiendo cambios estructurales y denunciando la ineficiencia del gobierno que tomando el asunto en sus propias manos. Estas instituciones pueden incluso incentivar los esfuerzos de socorro aut贸nomos, ya que dependen cada vez m谩s de las iniciativas comunitarias para apoyar las zonas abandonadas producidas por la distribuci贸n desigual de los recursos. Sin embargo, se sienten intimidados por las iniciativas de ayuda aut贸nomas que normalizan la evasi贸n y brindan espacio para la conspiraci贸n. Para asegurar que las iniciativas aut贸nomas no produzcan una crisis de gobernabilidad, las instituciones estatales imponen formas excepcionales de vigilancia y control social con el fin de delimitar el alcance, el potencial y la funci贸n del socorro aut贸nomo y la acci贸n comunitaria.

La polic铆a atacando a una olla com煤n.

 

El Movimiento por la Dignidad versus el Movimiento por una Nueva Constituci贸n

Si bien se acerca r谩pidamente el primer aniversario de la revuelta chilena, no estamos seguros de lo que depara el futuro en Santiago. Hemos visto el discurso en torno a este movimiento pasar de un movimiento por la Dignidad a un movimiento contra la constituci贸n heredada de la dictadura de Pinochet. El 25 de octubre, una semana despu茅s del aniversario de la revuelta chilena, los chilenos votar谩n en un refer茅ndum nacional para decidir si celebrar una convenci贸n para reescribir la constituci贸n heredada de Pinochet. La izquierda institucional se apresura a culpar de los males de la sociedad a la constituci贸n actual; es una forma de desviar la atenci贸n de c贸mo los arreglos institucionales entre la dictadura y su oposici贸n crearon esta situaci贸n.

El 煤ltimo plebiscito tuvo lugar hace 30 a帽os, cuando los chilenos decidieron derrocar a Pinochet. Aunque la izquierda aclama ese refer茅ndum como el medio por el cual Pinochet fue expulsado del poder, en realidad, las negociaciones que llevaron al refer茅ndum solo fueron posibles porque los disturbios generalizados contra la dictadura a lo largo de la d茅cada de 1980 desestabilizaron al r茅gimen de Pinochet. La 茅lite democr谩tica emergente cre贸 las contradicciones que enfrentamos hoy cuando suplantaron a los miles que lucharon valientemente contra el ej茅rcito y la polic铆a en las calles para convertirse en los l铆deres designados de la oposici贸n de Pinochet.

En consecuencia, nuestro conflicto actual enfrenta a la nueva comunidad en rebeldia tanto contra el estado como contra su oposici贸n institucional. Esta lucha determinar谩 si la revuelta chilena se tratar谩 de vivir la vida con dignidad o de perpetuar los arreglos institucionales que nos alejan de nuestras experiencias, nuestras historias y entre nosotros. A pesar de las formas en que la suspensi贸n de las protestas ha vuelto invisible a la comunidad rebelde, vemos su presencia en todas partes. Los m谩s feroces disturbios los hemos visto durante la cuarentena en los d铆as que conmemoran a las v铆ctimas de la dictadura militar: el 29 de marzo, D铆a de la juventud combativa y el 11 de septiembre, aniversario del golpe de Estado. En estos d铆as estar en la calle no se trata de hacer demandas, sino de estar presente con los vecinos para honrar a los muertos y enfrentar a las instituciones responsables de sus muertes. Los movimientos en las calles tienen un papel m谩s importante que simplemente 鈥減roteger las marchas callejeras鈥 o presionar a cualquier funcionario p煤blico que atraviese las puertas giratorias del gobierno estatal. Sirven para crear las condiciones para que arraiguen otras ideas, para que arraiguen otras posibilidades.

Desde que termin贸 la cuarentena de Santiago en agosto, hemos visto c贸mo la vida regresa a las calles de la ciudad y los de las primeras l铆neas regresan a Plaza Dignidad. No se planearon marchas ni se anunciaron manifestaciones. En cambio, la gente comenz贸 a congregarse en la plaza todos los viernes, como antes. Al principio, un aumento de la presencia policial y nuevo equipo antidisturbios impidi贸 que estas congregaciones de un centenar tomaran la plaza. M谩s bien, las protestas del viernes han sido juegos del gato y el rat贸n entre manifestantes y polic铆as que circulan por la plaza y sus barrios y parques adyacentes. Sin embargo, el viernes 2 de octubre, un oficial de polic铆a fue filmado en video empujando a un ni帽o de 16 a帽os desde el puente Pionono hacia el r铆o Mapocho, notoriamente contaminado. El gas lacrim贸geno y los ca帽ones de agua retrasaron al equipo de rescatistas y m茅dicos de la calle para que no llegaran al ni帽o herido que yac铆a boca abajo en el r铆o. Al d铆a siguiente, la plaza se llen贸 de multitudes indignadas y la gente agit贸 banderas sobre la ic贸nica estatua en el medio de Plaza Dignidad.

https://twitter.com/VitalistInt/status/1314695341443289090

鈥淓n los meses de cuarentena, la municipalidd limpi贸 los grafitis de los monumentos, repar贸 las aceras e instal贸 nuevos sem谩foros y c谩maras. Al final, esto sirvio como un nuevo lienzo para pintas, cemento para arrojar a la polic铆a y material para las barricadas. Nunca hab铆a visto tanta gente en Plaza Dignidad desde antes de la pandemia. Los vendedores ambulantes hab铆an vuelto, vendiendo banderas, m谩scaras, cerveza y sopaipillas. No creo que la polic铆a estuviera preparada para esta gran multitud. La primera l铆nea logr贸 derribar partes de las barricadas alrededor del monumento a los carabineros y arrojar piedras a la l铆nea policial cercana. Varias bandas de m煤sica encabezaron procesiones que zigzaguearon entre la multitud y los faroles que ca铆an. Pero probablemente la parte m谩s especial de ese d铆a fue encontrarse con todos los amigos y vecinos que no he visto desde que comenz贸 la pandemia. Finalmente, un muro de guanacos polic铆ales [camiones con ca帽ones de agua] y zorrillos [camiones de gas lacrim贸geno] dispers贸 a la multitud.鈥

鈥淭ermin茅 encontr谩ndome con algunos vecinos en el camino de regreso a nuestro vecindario y pasamos el rato junto al punto de encuentro de los rescatistas [equipo m茅dico callejero] mientras los rescatistas regresaban de la protesta. Hab铆an coordinado un sistema completo de rescate en la calle como lo hicieron antes de la pandemia, saliendo en cuadrillas al frente con chalecos antibalas, escudos y radios para coordinar con el despachador, con enfermera/os y m茅dicos en el punto de encuentro. Cuando nos enteramos de que un rescatista estaba celebrando su cumplea帽os, terminamos bebiendo en la calle con ellos hasta que un vecino delator hizo una denuncia por ruido.鈥

-Cristian, testigo ocular

Mientras la gente reclamaba la plaza, los vecinos realizaron peque帽os eventos al aire libre para aprovechar el primer s谩bado despu茅s de la cuarentena. Un grupo de vecinos de Chuchunco organiz贸 una fiesta al aire libre para celebrar un nuevo mural que pintaron en su edificio de apartamentos. Bandas de punk locales, cantantes folcl贸ricos y raperos actuaron en un escenario frente al mural, iluminado por un proyector que reproduce un rollo de im谩genes de disturbios del a帽o pasado. Mientras las familias escuchaban la m煤sica, notamos que una peque帽a barricada se incendiaba en la calle principal de la cuadra. Treinta minutos despu茅s, encapuchados (manifestantes enmascarados) empezaron a sacar neum谩ticos viejos a la carretera y encendieron barricadas a cada lado de la intersecci贸n. Las familias comenzaron a salir de sus casas para pararse junto a las barricadas. A medida que avanzaba la noche, no lleg贸 ning煤n polic铆a para dispersar a la multitud; los ni帽os continuaron jugando al pillarse en la intersecci贸n con barricadas.

A medida que movimientos explotan en todo el mundo, gobiernos han afirmado que detr谩s de estas explosiones populares hay redes internacionales oscuras. En respuesta a protestas en Colombia, el gobierno ya ha afirmado que un 鈥渘exo anarquista internacional鈥 ha provocado que los alzamientos tanto en Colombia como en Chile alimenten su ideolog铆a anti-policial (supuestamente, algo como el efecto de que 鈥渢odos los polic铆as son bastardos鈥). Como se帽al贸 el colectivo de extrabajadores, el tropo del 鈥渁gitador externo鈥 es un discurso antiguo utilizado para deslegitimar los movimientos. En vista del descontento global masivo, parece que los cr铆ticos pronto se quedar谩n cortos de forasteros a los que culpar de la agitaci贸n. Sin embargo, la izquierda institucional y las organizaciones sociales reformistas han tenido al menos el mismo 茅xito que las autoridades en utilizar la narrativa del 鈥渁gitador externo鈥 para deslegitimar los disturbios de los que buscan sacar provecho.

La narrativa del 鈥渁gitador externo鈥 no ha logrado afianzarse aqu铆 en Chile porque los de las primeras l铆neas son parte de una nueva y amplia comunidad en rebeld铆a. Esta narrativa solo puede atraer a quienes se han alejado de las revueltas y a quienes buscan difundir mitos sobre c贸mo funcionan los movimientos. Alegan que las victorias del pasado las debemos a las protestas sociales, cuando sabemos por experiencia propia que las protestas sociales siempre vienen despu茅s de las noches de saqueos e incendios.

鈥淰olver a la normalidad ser谩 nuestra derrota. No era estr茅s ni depresi贸n, sino capitalismo. 隆Rebelarnos es una necesidad! 隆A no abandonar la lucha!鈥

 

Conclusi贸n

La ola global de rebeliones del 2019 a 2020 ha revelado una comunidad de pr谩ctica compartida. Este bricolaje de revueltas constituye un levantamiento global que rompe con los modelos pol铆ticos existentes. La situaci贸n en Santiago difiere de otros contextos en algunos aspectos; por ejemplo, la racializaci贸n de la distribuci贸n de recursos y la violencia estatal que prevalece en Estados Unidos no tiene un an谩logo inmediato en Chile. Sin embargo, la violencia estatal y los ciclos intergeneracionales de pobreza end茅micos de la periferia de Santiago son bastante familiares.

Este pasado a帽o en Chile ha confirmado que una lucha por disputar territorios se vuelve ingobernable cuando los participantes dejan de asumir que la democracia liberal puede resolver la crisis. Ninguna asamblea constitucional o t铆midas reformas podr铆a salvarnos del colapso ecol贸gico que se est谩 gestando, ni ning煤n funcionario del gobierno podr铆a concedernos una vida digna. La participaci贸n en esta ola de revueltas est谩 produciendo el entendimiento de que no existe un modelo de gobernanza en la pr谩ctica en ning煤n lugar del mundo que pueda ofrecer una soluci贸n a la violencia estructural y la alienaci贸n que enfrentamos. Al principio, mucha gente sali贸 a la calle por rabia contra la violencia policial o por sentimientos de impotencia y desesperaci贸n. Pero optamos por regresar porque descubrimos que vivir una vida digna y crear un futuro digno requiere trabajar juntos para ponerle un alto al estado normal de las cosas. En estos momentos juntos, experimentamos nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y los territorios que habitamos.

Se han modificado algunos nombres y lugares para proteger las identidades de los participantes.

1. Las Tomaterrenos son acciones directas en las que familias sin vivienda estable, ya sea sin techo o viviendo con familiares, ocupan colectivamente terrenos bald铆os para organizar un barrio y construir su propia vivienda. Usamos el t茅rmino 鈥渢omaterreno鈥 porque las palabras m谩s cercanas en ingl茅s 鈥 squatting, shantytowns y land occupation 鈥 y a diferencia de las squats (okupas) chilenas, las tomaterrenos no est谩n atadas a ninguna subcultura o tendencia pol铆tica en particular. Los participantes provienen de diversas tendencias pol铆ticas; 隆incluso pueden incluir participantes de derecha que participan en acciones directas junto con comunistas! No usamos el t茅rmino shantytown (barrio pobre), porque este t茅rmino simplemente denota la vivienda ad hoc de los pobres urbanos. La gente no participa en tomaterrenos 煤nicamente por pobreza o falta de vivienda. M谩s bien, eligen participar en una acci贸n colectiva directa para juntos apoderarse de terrenos bald铆os: planifican la acci贸n, trazan un mapa del terreno y se ayudan mutuamente a construir casas. Usamos tomaterreno en lugar de 鈥渓and occupation (ocupaci贸n de terreno)鈥 porque, para los lectores angl贸fonos, el t茅rmino 鈥渙cupaci贸n鈥 evoca el movimiento Occupy del 2011 y movimientos relacionados que ocupan el espacio p煤blico con la visi贸n de construir un microcosmos de una alternativa al mundo social existente. La coordinaci贸n y ejecuci贸n de las tomaterrenos no se basan tanto en ideales pol铆ticos como en necesidades materiales y sociales. La fuerza motivadora es la forma en que las personas desean vivir en su entorno a pesar de la interferencia de agencias gubernamentales e instituciones p煤blicas. 鈫

2020-10-21

 




Fuente: Briega.org