February 19, 2022
De parte de ANRed
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La inauguración de los juegos Olímpicos de Invierno en Pekín fue el momento elegido por Xi Jinping y Putin para anunciar una alianza estratégica «sin límites» y sin «áreas de cooperación prohibidas» entre China y Rusia. Por Eduardo Lucita.


Los medios de comunicación, especialmente los occidentales, no le dieron mayor difusión a la noticia, sin embargo que se haya dado a conocer en el marco de los Juegos Olímpicos no parece ser un dato menor si se tiene en cuenta que Estados Unidos había promovido un boicot diplomático a estos juegos y por otra parte el anuncio coincidió con la intensificación de la escalada militarista en el conflicto por Ucrania.

En la presentación, anunciaron la colaboración en áreas como cambio climático, inteligencia artificial y control de internet así como numerosos proyectos comerciales y energéticos. Sin embargo, el centro de la declaración conjunta fue decididamente político. Cuestionaron el rol «desestabilizador de las alianzas militares occidentales» y la «influencia negativa de EEUU para la paz y la estabilidad de la región Asia-Pacífico», léase respuesta a la alianza militar Aukus, promovida recientemente por EEUU con Australia y Gran Bretaña. Los dos presidentes coincidieron en el concepto de «indivisibilidad de la seguridad», argumento central de Moscú para exigir la desmilitarización de las estructuras montadas por la OTAN en países con los que comparte fronteras. Como contraparte Rusia manifestó su apoyo a que Taiwán es parte inalienable de la República Popular.

El documento conjunto señala que «las nuevas relaciones entre Rusia y China son superiores a las alianzas político-militares de la era de la guerra fría». Todo indica que puede ser el punto de partida de un nuevo impulso a la expansión global que procura la República Popular, esta vez en alianza con Rusia, una potencia militar con una economía frágil y una industria envejecida (salvo la armamentista) pero gran exportadora de productos primarios. La otra cara de esta alianza, es obvio, es EEUU.

Pasaron cosas

Desde la década de los noventa del siglo pasado bajo la presidencia de Bill Clinton, se instaló en EEUU la idea de que el régimen de la democracia liberal y el capitalismo de libre mercado terminaría dominando la relación con China por sobre los intercambios comerciales, mientras que el colapso y el desmembramiento de la Unión Soviética habilitaban el avance de Occidente sobre el Este, lo que dejaba en condiciones de indefensión a Rusia, sumida además en una fuerte crisis interna, por lo que no podría reconstituirse como potencia mundial. En síntesis, el «fin de las ideologías» y el principio del unilateralismo.

Las cosas no resultaron como pensaban demócratas y republicanos. Rusia se ha fortalecido en términos geopolíticos y se ha reconstituido internamente. Sus fuerzas armadas se han reconvertido en un moderno ejército de despliegue rápido, equipado con las nuevas tecnologías y armas nucleares. Ha vuelto a ocupar un lugar en el tablero mundial y es capaz de aprovechar los momentos de debilidad de EEUU, como ahora en Ucrania. Hace valer que sus reservas de gas superan a las de Arabia Saudita y Qatar sumadas y que sus costos de producción son comparables al de las monarquías árabes.

El régimen de la democracia liberal no ha ingresado en China y esta es hoy una potencia económica, militar y tecnológica. Es el principal impulsor de la globalización y del libre comercio. Ha demostrado alta eficiencia en la reducción de la pobreza y en controlar la pandemia del coronavirus, siendo la única economía que tuvo crecimiento en 2020. Su iniciativa «Una Franja Una Ruta» constituye un plan estratégico geopolítico, económico y comercial que promueve la conectividad global y fortalece notablemente la presencia china en el mundo. La República Popular es hoy la principal socia comercial de 144 países, de los 192 reconocidos por la ONU

Cuesta abajo

EEUU es hoy un imperio declinante, ha recuperado su lugar en la economía mundial luego de la fuerte caída del 2020 pero está perdiendo la disputa estratégica con China. Desde la administración Obama, pasando por Trump y ahora con Biden el eje de su política exterior ha ido rotando hacia el Asia, buscando contener el avance de China. Atraviesa una profunda crisis política interna que genera gran incertidumbre e impacta en su política exterior. La inflación que deteriora el poder adquisitivo de la población; el fracaso de 20 años de intervención militar en Afganistán y su desordenada retirada; una fuerte polarización que hace que un alto porcentaje de la población considera que Biden es presidente por fraude electoral y otro tanto que no comparte el rumbo político de la actual administración. El resultado es que no más del 30 por ciento de la población apoya el actual gobierno, que puede perder las elecciones de medio camino de noviembre próximo cuando pondrá en juego su escasa mayoría en diputados y el empate en senadores.

Recientemente la Reserva Federal modificó radicalmente su política monetaria. Anunció la reducción gradual de la política de compra de bonos del Tesoro y el aumento de las tasas de interés, en principio para frenar la espiral inflacionaria, pero también puede ser una respuesta a la crisis política.

Un nuevo orden

Resultado de la crisis del 2008 y la provocada por la pandemia en 2020, la globalización ha ingresado en un nuevo período caracterizado por la profundización de la crisis multidimensional y la disputa estratégica entre las grandes potencias.

La dinámica mundial muestra que a mayor disputa mayor consolidación de la alianza sino-rusa, pero también crecimiento de la interdependencia entre las potencias. No solo EEUU/China cuyo intercambio ha alcanzado el récord histórico de casi 700.000 billones de dólares, también Europa/Rusia. La UE depende del petróleo y gas que le exporta Rusia, que a su vez depende de esos ingresos monetarios, mientras incrementa sus exportaciones de gas a China, que las necesita para continuar su programa de descarbonización.

China en ascenso, EEUU en declinación, la UE sin mayor peso político y Rusia que recupera su lugar. Lo que está en juego es la reconfiguración del orden mundial surgido de la pos Guerra fría.

La alianza estratégica China-Rusia tiende a equilibrar el poder de las potencias en disputa en el tablero mundial.

Eduardo Lucita, integrante de EDI (Economistas de Izquierda)





Fuente: Anred.org