April 26, 2021
De parte de ANRed
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El car谩cter imperialista de Estados Unidos es un dato indiscutible de la geopol铆tica contempor谩nea. La extensi贸n de ese calificativo a China suscita, en cambio, apasionados debates. Nuestro enfoque resalta la asimetr铆a entre ambos contendientes, el perfil agresor de Washington y la reacci贸n defensiva de Beijing. Mientras que la primera potencia busca restaurar su alica铆da dominaci贸n mundial, el gigante asi谩tico intenta sostener un crecimiento capitalista sin enfrentamientos externos. Afronta, adem谩s, serios l铆mites hist贸ricos, pol铆ticos y culturales para intervenir con actos de fuerza a escala global. Por esas razones no integra actualmente el club de los imperios. Por Claudio Katz


Esta caracterizaci贸n contrasta con los enfoques que describen a China como una potencia imperial, depredadora o colonizadora. Define, adem谩s, cu谩l es el grado de eventual proximidad con ese status y qu茅 condiciones deber铆a reunir para situarse en ese plano.

Nuestra mirada tambi茅n se帽ala que China dej贸 atr谩s su vieja condici贸n de pa铆s subdesarrollado e integra actualmente el n煤cleo de las econom铆as centrales. Desde ese nuevo lugar captura grandes flujos de valor internacional y comanda una expansi贸n que lucra con los recursos naturales provistos por la periferia. Por esa ubicaci贸n en la divisi贸n internacional del trabajo no forma parte del Sur Global.

Nuestra visi贸n comparte las distintas objeciones que se han planteado a la identificaci贸n de China como un nuevo imperialismo. Pero cuestiona la presentaci贸n del pa铆s como un actor meramente interesado en la cooperaci贸n, la mundializaci贸n inclusiva o la superaci贸n del subdesarrollo de sus socios.

Una revisi贸n de todos los argumentos en debate contribuye a clarificar el complejo enigma contempor谩neo del status internacional de China.

COMPARACIONES INADECUADAS

Las tesis que postulan el total alineamiento imperial de China, atribuyen ese posicionamiento al giro pos-mao铆sta iniciado por Deng en los a帽os 80. Estiman que ese viraje afianz贸 un modelo de capitalismo expansivo, que re煤ne todas las caracter铆sticas del imperialismo. Observan en el sometimiento econ贸mico impuesto al continente africano una confirmaci贸n de esa conducta. Denuncian, adem谩s, que en esa regi贸n se repite la vieja opresi贸n europea con hip贸critas mascaradas ret贸ricas (Turner, 2014: 65-71).

Pero esta caracterizaci贸n no toma en cuenta las significativas diferencias entre ambas situaciones. China no despacha tropas a los pa铆ses africanos -como Francia- para convalidar sus negocios. Su 煤nica base militar en un neur谩lgico cruce comercial (Djibuti), contrasta con el enjambre de instalaciones que han montado Estados Unidos y Europa.

El gigante asi谩tico evita involucrarse en los explosivos procesos pol铆ticos del continente negro y su participaci贸n en las 鈥渙peraciones de paz de la ONU鈥, no define un status imperial. Incontables pa铆ses manifiestamente ajenos a esa categor铆a (como Uruguay) aportan efectivos a las misiones de las Naciones Unidas.

La comparaci贸n de China con la trayectoria seguida por Alemania y Jap贸n durante la primera mitad del siglo XX (Turner, 2014: 96-100) es igualmente discutible. No es un curso corroborado por los hechos. La nueva potencia oriental ha evitado transitar hasta ahora por el sendero belicista de esos antecesores. Logr贸 un impresionante protagonismo econ贸mico internacional, aprovechando las ventajas competitivas que encontr贸 en la globalizaci贸n. No comparte la compulsi贸n a la conquista territorial que aquejaba al capitalismo germano o nip贸n.

China desenvolvi贸 en el siglo XXI formas de producci贸n mundializadas que no exist铆an en la centuria anterior. Esa novedad le otorg贸 un in茅dito margen para expandir su econom铆a, con pautas de prudencia geopol铆tica inconcebibles en el pasado.

Las analog铆as err贸neas se extienden tambi茅n a lo ocurrido con la Uni贸n Sovi茅tica. Se estima que China repite la misma implantaci贸n del capitalismo y la consiguiente sustituci贸n del internacionalismo por el 鈥渟ocial-imperialismo鈥. Esta modalidad es presentada como un anticipo de las pol铆ticas imperialistas convencionales (Turner, 2014:46-47).

Pero China no ha seguido la pauta de la URSS. Introdujo l铆mites a la restauraci贸n econ贸mica capitalista y mantuvo el r茅gimen pol铆tico que se desmoron贸 en su vecino. Como acertadamente destaca un analista, toda la gesti贸n de Xi Jinping ha estado guiada por la obsesi贸n de evitar la desintegraci贸n padecida por la Uni贸n Sovi茅tica (El Lince, 2020). Las diferencias se extienden en la actualidad al terreno militar externo. La nueva potencia asi谩tica no consum贸 ninguna acci贸n semejante a la desplegada por Mosc煤 en Siria, Ucrania o Georgia.

CRITERIOS ERR脫NEOS

China es tambi茅n situada en el bando imperial, a partir de evaluaciones inspiradas en un difundido texto del marxismo cl谩sico (Lenin, 2006). Se afirma que la nueva potencia re煤ne las caracter铆sticas econ贸micas se帽aladas por ese libro. La gravitaci贸n de los capitales exportados, la magnitud de los monopolios y la incidencia de los grupos financieros confirmar铆an el status imperialista del pa铆s (Turner, 2014: 1-4, 25-31, 48-64).

Pero esos rasgos econ贸micos no aportan par谩metros suficientes para definir el lugar internacional de China en el siglo XXI. Ciertamente el creciente peso de los monopolios, los bancos o los capitales exportados acrecienta las rivalidades y las tensiones entre las potencias. Pero esos conflictos comerciales o financieros no explican las confrontaciones imperiales, ni definen el status espec铆fico de cada pa铆s en la dominaci贸n mundial.

Suiza, Holanda o B茅lgica ocupan un lugar importante en el ranking internacional de la producci贸n, el intercambio y el cr茅dito, pero no cumplen un papel protag贸nico en el 谩mbito imperial. A su vez, Francia o Inglaterra juegan un rol destacado en este 煤ltimo terreno, que no deriva estrictamente de su primac铆a econ贸mica. Alemania y Jap贸n son gigantes de la econom铆a con intervenciones vedadas fuera de ese 谩mbito.

En el caso de China es mucho m谩s singular. La preeminencia de los monopolios en su territorio s贸lo confirma la incidencia habitual de esos conglomerados en cualquier pa铆s. Lo mismo ocurre con la influencia de los capitales financieros, que gravitan menos que en otras econom铆a de gran porte. A diferencia de sus competidores, el gigante asi谩tico escal贸 posiciones en la globalizaci贸n prescindiendo de la financiarizaci贸n neoliberal. No mantiene, adem谩s, ninguna semejanza con el modelo bancario alem谩n de principio del siglo XX que estudi贸 Lenin.

Es cierto que la exportaci贸n de capitales -se帽alada por el dirigente comunista como un dato descollante de su 茅poca- es una caracter铆stica significativa de China en la actualidad. Pero esa influencia s贸lo ratifica la significativa conexi贸n del gigante oriental con el capitalismo global.

Ninguna de las analog铆as con el sistema econ贸mico imperante en la centuria pasada contribuye a definir el status internacional de China. A lo sumo facilitan la comprensi贸n de los cambios registrados en el funcionamiento del capitalismo. Lo sucedido en la geopol铆tica global se esclarece con otro tipo de reflexiones.

El imperialismo es una pol铆tica de dominaci贸n ejercida por los poderosos del planeta a trav茅s de sus estados. No constituye una etapa perdurable o final del capitalismo. El escrito de Lenin clarifica lo ocurrido hace 100 a帽os, pero no el curso de los acontecimientos recientes. Fue elaborado en un escenario muy distante de generalizadas guerras mundiales.

La atadura dogm谩tica a ese libro induce a buscar forzadas semejanzas del conflicto actual entre Estados Unidos y China, con las conflagraciones de la Primera Guerra Mundial (Turner, 2014: 7-11). Se observa la principal pugna contempor谩nea como una mera repetici贸n de las rivalidades interimperiales de entre-guerra.

Esa misma comparaci贸n es actualmente se帽alada para denunciar la militarizaci贸n china del Mar Meridional. Se estima que Xi Jinping persigue los mismos prop贸sitos que enmascaraba Alemania para apoderase de Europa Central, o que disfrazaba Jap贸n para conquistar el sur del Pac铆fico. Pero se omite que la expansi贸n econ贸mica de China se ha consumado, hasta ahora, sin disparar un s贸lo en tiro fuera de sus fronteras.

Tambi茅n se olvida que Lenin no pretendi贸 elaborar una gu铆a clasificatoria del imperialismo, basada en la madurez capitalista de cada potencia. S贸lo subrayaba la catastr贸fica dimensi贸n guerrera de su 茅poca, sin precisar las condiciones que deb铆a reunir cada participante de ese conflicto para quedar ubicado en el universo imperial. Situaba, por ejemplo, a una potencia econ贸micamente retrasada como Rusia dentro de ese grupo por su activo protagonismo en el desangre militar.

El an谩lisis del imperialismo cl谩sico que brind贸 Lenin es un acervo te贸rico de gran relevancia, pero el papel geopol铆tico de China en el siglo XXI se clarifica con otro instrumental.

UN STATUS S脫LO POTENCIAL

Las nociones marxistas b谩sicas de capitalismo, socialismo, imperialismo o antiimperialismo no alcanzan para caracterizar la pol铆tica exterior de China. Esos conceptos s贸lo aportan un punto de partida. Se necesitan nociones adicionales para dar cuenta del curso del pa铆s. La simple deducci贸n de un status imperial de la conversi贸n del gigante oriental en la 鈥渟egunda econom铆a del mundo鈥 (Turner, 2014: 23-24), no permite dilucidar los enigmas en juego.

M谩s acertada es la b煤squeda de conceptos que registren la coexistencia de una enorme expansi贸n econ贸mica de China, con una gran distancia de la primac铆a estadounidense. La f贸rmula de 鈥渋mperio en formaci贸n鈥 intenta retratar ese lugar de gestaci贸n, a煤n alejado del predominio norteamericano.

Pero el contenido concreto de esa categor铆a es controvertido. Algunos pensadores le asignan un alcance m谩s avanzado que embrionario. Entienden que la nueva potencia se encamina en forma acelerada a adoptar un comportamiento imperial corriente. Resaltan el giro introducido con la base militar de Djibuti, la construcci贸n de islas artificiales en el mar meridional y la reconversi贸n ofensiva de las fuerzas armadas.

Esa mirada postula que al cabo de varias d茅cadas de intensa acumulaci贸n capitalista, la fase imperial ya comienza a madurar (Rousset, 2018). Esta evaluaci贸n se aproxima al t铆pico contraste entre un polo imperial dominante (Estados Unidos) y otro imperial en ascenso (China) (Turner, 2014: 44-46).

Pero entre ambas potencias persisten diferencias cualitativas muy significativas. Lo que distingue al gigante oriental de su par norteamericano no es el porcentual de maduraci贸n de un mismo modelo. Antes de embarcarse en las aventuras imperiales que desenvuelve su rival, China deber铆a completar su propia restauraci贸n capitalista.

El t茅rmino de 鈥渋mperio en formaci贸n鈥 podr铆a ser valedero para indicar el car谩cter embrionario de esa gestaci贸n. Pero el concepto s贸lo cobrar铆a otro sentido de creciente madurez, si China abandonara su actual estrategia defensiva. Esa tendencia est谩 presente en el sector capitalista neoliberal con inversiones en el exterior y ambiciones expansivas. Pero el predominio de esa fracci贸n requerir铆a doblegar al segmento opuesto, que privilegia el desenvolvimiento interno y preserva la modalidad actual del r茅gimen pol铆tico.

China es un imperio en formaci贸n tan s贸lo en t茅rminos potenciales. Gestiona el segundo producto bruto del planeta, es el primer fabricante de bienes industriales y recibe el mayor volumen de fondos del mundo. Pero esa gravitaci贸n econ贸mica no tiene correlato equivalente en la esfera geopol铆tico-militar que define el status imperial.

TENDENCIAS IRRESUELTAS

Otra evaluaci贸n considera que China re煤ne todas las caracter铆sticas de una potencia capitalista, pero con un contorno imperial rezagado y no hegem贸nico. Describe el espectacular crecimiento de su econom铆a, se帽alando los l铆mites que enfrenta para alcanzar una posici贸n ganadora en el mercado mundial. Detalla, adem谩s, las restricciones que afronta en el terreno tecnol贸gico frente a los competidores occidentales.

De esa ambigua situaci贸n deduce la vigencia de un 鈥渆stado capitalista dependiente con rasgos imperialistas鈥. La nueva potencia combinar铆a las restricciones de su autonom铆a (dependencia), con ambiciosos proyectos de expansi贸n externa (imperialismo) (Chingo, 2021).

Pero el correcto registro de un lugar intermedio incluye en este caso un desacierto conceptual. Dependencia e imperialismo son dos nociones antag贸nicas que no pueden integrarse en una f贸rmula com煤n. No est谩n referidas -como centro-periferia- a din谩micas econ贸micas de transferencia de valor o a jerarqu铆as en la divisi贸n internacional del trabajo. Por esa raz贸n excluyen el tipo de mixturas que incorpora la semiperiferia.

La dependencia supone la vigencia de un Estado sometido a 贸rdenes, exigencias o condicionamientos externos y el imperialismo implica todo lo contrario: supremac铆a internacional y alto grado de intervencionismo externo. No deber铆an entremezclarse en una misma f贸rmula. En China convive la ausencia de subordinaci贸n a otra potencia, con una gran cautela en la injerencia sobre otros pa铆ses. No se verifica la dependencia, ni el imperialismo.

La caracterizaci贸n de China como una potencia que complet贸 su maduraci贸n capitalista -sin poder saltar al escal贸n siguiente de desarrollo imperial- supone que el primer curso no brinda soportes suficientes, para consumar avances hacia la dominaci贸n mundial. Pero ese razonamiento presenta como dos estadios de un mismo proceso, a un conjunto de acciones econ贸micas y geopol铆tico-militares de distinto signo. Esa importante diferenciaci贸n es omitida.

Una mirada semejante de China como un modelo capitalista concluido -que navega en el escal贸n inferior del imperialismo- es expuesta por otro autor con dos conceptos auxiliares: capitalismo burocr谩tico y din谩mica subimperial (Au Loong Yu, 2018).

El primer t茅rmino indica la fusi贸n de la clase dominante con la elite gobernante y el segundo retrata una pol铆tica acotada de expansi贸n internacional. Pero como tambi茅n se supone que el pa铆s act煤a como una superpotencia (en competencia y colaboraci贸n con gigante estadounidense), el pasaje a la plenitud imperial es tan s贸lo observado como una cuesti贸n de tiempo.

Esa evaluaci贸n subraya que China ha completado su transformaci贸n capitalista, sin explicar a qu茅 obedecen las demoras en su conversi贸n imperial. Todas las limitaciones que se exponen en este segundo terreno, podr铆an ser tambi茅n se帽aladas en el primer campo.

Para evitar esos dilemas es m谩s sencillo constatar que las continuadas insuficiencias de la restauraci贸n capitalista, explican las restricciones en la impronta imperial. Como la clase dominante no maneja los resortes del estado, debe aceptar la estrategia internacional cauta que propicia el Partido Comunista.

A diferencia de Estados Unidos, Inglaterra o Francia, los grandes capitalistas de China, no est谩n acostumbrados a exigir la intervenci贸n pol铆tico-militar de su estado, frente a la adversidad de un negocio. No tienen ninguna tradici贸n de invasiones o golpes de estado, en pa铆ses que nacionalizan empresas o suspenden el pago de la deuda. Nadie sabe con qu茅 velocidad el estado chino adoptar谩 (o no) esos h谩bitos imperialistas y no es correcto dar por consumada esa tendencia.

驴DEPREDADORES Y COLONIZADORES?

La presentaci贸n de China como una potencia imperial es frecuentemente ejemplificada con descripciones de su impactante presencia en Am茅rica Latina. En algunos casos se postula que act煤a en el Nuevo Mundo, con la misma l贸gica depredadora que implement贸 Gran Breta帽a en el siglo XIX (Ram铆rez, 2020). En otras visiones se emiten alertas contra las bases militares que estar铆a construyendo en Argentina y Venezuela (Bustos, 2020).

Pero ninguna de estas caracterizaciones establece una comparaci贸n s贸lida con la apabullante injerencia de las embajadas estadounidenses. Ese tipo de intervenci贸n ilustra lo que significa un comportamiento imperial en la regi贸n. China se encuentra a una distancia kilom茅trica de esa intromisi贸n. No es lo mismo lucrar con la venta de manufacturas y la compra de materias primas que enviar marines, entrenar gendarmes y financiar golpes de estado.

M谩s sensata (y discutible) es la presentaci贸n del gigante oriental como un 鈥渘uevo colonizador鈥 de Am茅rica Latina. En este caso se estima que el ascendente hegem贸n tiende a concertar con sus socios de la zona un Consenso de Commodities, semejante al forjado previamente por Estados Unidos. Ese entramado con Beijing complementar铆a el anudado por Washington y afianzar铆a la inserci贸n internacional de la regi贸n como proveedora de insumos y adquiriente de productos elaborados (Svampa, 2013).

Este enfoque retrata acertadamente c贸mo la relaci贸n actual de Am茅rica Latina con China profundiza la primarizaci贸n de la regi贸n o su especializaci贸n en los renglones b谩sicos de la actividad industrial. Beijing se perfila como el primer socio comercial del continente y usufruct煤a con los beneficios de ese nuevo lugar.

En cambio Am茅rica Latina ha quedado seriamente afectada por transferencias de valor a favor de la poderosa econom铆a asi谩tica. No ocupa el lugar privilegiado que China le asigna a 脕frica, ni es un 谩rea de relocalizaci贸n fabril como el Sudeste Asi谩tico. El Nuevo Continente es cortejado por la dimensi贸n de sus recursos naturales. El esquema actual de aprovisionamiento petrolero, minero y agr铆cola es muy favorable a Beijing.

Pero este aprovechamiento econ贸mico no es sin贸nimo de dominaci贸n imperial o incursi贸n colonial. Este 煤ltimo concepto se aplica por ejemplo a Israel, que ocupa territorios ajenos, desplaza la poblaci贸n local y se apodera de las riquezas palestinas.

La emigraci贸n china no cumple un papel semejante. Est谩 dispersa en todos los rincones del planeta, con una significativa especializaci贸n en el comercio minorista. Su desenvolvimiento no est谩 teledirigido por Beijing, ni obedece a proyectos subyacentes de conquista global. Un segmento de la poblaci贸n china simplemente emigra, en estricta correspondencia con los desplazamientos contempor谩neos de la fuerza de trabajo.

China ha consolidado un comercio desigual con Am茅rica Latina, pero sin consumar la geopol铆tica imperial que contin煤a representada por la presencia de los marines, la DEA, el Plan Colombia y la IV Flota. La misma funci贸n cumple el lawfare o los golpes de estado.

Qui茅nes desconocen esta diferencia suelen denunciar por igual a China y Estados Unidos como potencias agresoras. Sit煤an a los dos contendientes en un mismo plano y remarcan su prescindencia en ese conflicto.

Pero ese neutralismo omite qui茅n es el principal responsable de las tensiones que sacuden al planeta. Ignora que Estados Unidos env铆a buques de guerra a la costa de su rival y sube el tono de las acusaciones para generar un clima de crecientes conflictos.

Las consecuencias de ese posicionamiento son especialmente graves para Am茅rica Latina, que arrastra un tormentoso historial de intervenciones estadounidenses. Al equiparar esa trayectoria con un comportamiento equivalente de China en el futuro, se confunden realidades con eventualidades. Se desconoce, adem谩s, el rol de potencial contrapeso a la dominaci贸n estadounidense que podr铆a desenvolver la potencia asi谩tica, en una din谩mica de emancipaci贸n latinoamericana.

Por otra parte, los discursos que colocan a China y a Estados Unidos en un mismo plano son permeables a la ideolog铆a anticomunista de la derecha. Esas diatribas reflejan la combinaci贸n de temor e incomprensi贸n, que predomina en todos los an谩lisis convencionales del gigante oriental.

Los voceros latinoamericanos de ese relato suelen incluir andanadas simult谩neas contra el 鈥渢otalitarismo鈥 chino y el 鈥減opulismo鈥 regional. Con el viejo lenguaje de la guerra fr铆a advierten la peligrosa funci贸n de Cuba o Venezuela, como peones de una pr贸xima captura asi谩tica de todo el hemisferio. La chinofobia incentiva disparates de toda 铆ndole.

ALEJADA DEL SUR GLOBAL

Los enfoques que acertadamente rechazan la tipificaci贸n de China como una potencia imperialista incluyen muchos matices y diferencias. Un amplio espectro de analistas -que correctamente objeta la clasificaci贸n del coloso oriental en el bando de los dominadores- suele deducir de ese registro la ubicaci贸n del pa铆s en el Sur Global.

Esa mirada confunde la geopol铆tica defensiva en el conflicto con Estados Unidos, con la pertenencia al segmento de naciones econ贸micamente atrasadas y pol铆ticamente sometidas. China prescindi贸 hasta ahora de las acciones que despliegan las potencias imperialistas, pero ese comportamiento no la ubica en la periferia, ni en el universo de las naciones dependientes.

El gigante asi谩tico se ha diferenciado incluso del nuevo grupo de 鈥渆mergentes鈥 para actuar como un nuevo centro de la econom铆a global. Basta con notar que exportaba menos del 1 % de las manufacturas totales en 1990 y en la actualidad genera 24,4 % del valor agregado industrial (Mercatante, 2020). China absorbe plusval铆a a trav茅s de firmas localizadas en el exterior y lucra con el abastecimiento de materias primas.

En este marco consum贸 su ascenso al podio de las econom铆as avanzadas. Qui茅nes contin煤an identificando al pa铆s con el conglomerado del Tercer Mundo desconocen esa monumental transformaci贸n.

Algunos autores mantienen la vieja imagen de China como un 谩mbito de inversi贸n de empresas multinacionales, que explotan la numerosa fuerza de trabajo oriental para transferir luego sus ganancias a Estados Unidos o Europa (King, 2014).

Ese drenaje efectivamente estuvo presente en el despegue de la nueva potencia y persiste en ciertos segmentos de la actividad productiva. Pero China logr贸 su impresionante crecimiento en las 煤ltimas d茅cadas reteniendo el grueso de ese excedente.

En la actualidad, la masa de fondos capturados a trav茅s del comercio y las inversiones externas es muy superior a los flujos inversos. Basta observar el monto del super谩vit comercial o las acreencias financieras para mensurar ese resultado. China ha dejado atr谩s los principales rasgos de una econom铆a subdesarrollada.

Los estudiosos que postulan la continuidad de esa condici贸n tienden a relativizar el desarrollo de las 煤ltimas d茅cadas. Suelen destacar rasgos de atraso que han pasado a segundo plano. Los desequilibrios que afronta China provienen de sobre-inversiones y procesos de superproducci贸n o sobreacumulaci贸n. Debe lidiar con las contradicciones propias de una econom铆a desarrollada.

El gigante oriental no padece los t铆picos ahogos que agobian a los pa铆ses dependientes. Est谩 exenta del desbalance comercial, la carencia tecnol贸gica, la escasez de inversiones o la asfixia del poder adquisitivo. Ning煤n dato de la realidad china sugiere que su impactante poder铆o econ贸mico constituya una mera ficci贸n estad铆stica.

La nueva potencia ha escalado en la estructura econ贸mica mundial. No es correcto situarla en un lugar semejante a las viejas periferias agr铆colas, subordinadas a las industrias metropolitanas (King, 2014). Esa inserci贸n corresponde en la actualidad al enorme ramillete de naciones africanas, latinoamericanas o asi谩ticas, que proveen los insumos b谩sicos a la maquinaria fabril de Beijing.

China es peri贸dicamente clasificada junto a Estados Unidos en el podio de un G 2, que define la agenda establecida por el G 7 de las grandes potencias. Esa evaluaci贸n es incompatible con la ubicaci贸n del pa铆s en el Sur Global. No podr铆a desenvolver desde ese retra铆do 谩mbito, la batalla contra su rival norteamericano por el liderazgo de la revoluci贸n digital. Tampoco podr铆a haber jugado el rol protag贸nico que exhibi贸 durante la pandemia.

Al cabo de un acelerado desarrollo China ha quedado colocada en un sitio de econom铆a acreedora, en potencial conflicto con sus clientes del Sur. Los indicios de esas tensiones son numerosos. El temor a la titularidad china de los activos que garantizan sus pr茅stamos ha generado resistencias (o cancelaciones de proyectos) en Vietnam, Malasia, Myanmar o Tanzania (Hart-Landsbergs, 2018).

La controversia sobre el puerto de Hambantota en Sri Lanka ilustra ese t铆pico dilema de un gran acreedor. El impago de una elevada deuda deriv贸 en el 2017 en un arrendamiento por 99 a帽os de esas instalaciones. A partir de esa experiencia, Malasia revis贸 sus convenios y cuestion贸 los acuerdos que localizan las mejores actividades laborales en territorio chino. Vietnam elev贸 una objeci贸n semejante frente a la creaci贸n de una zona econ贸mica especial y las inversiones que involucran a Pakist谩n reavivan disputas de toda 铆ndole.

China comienza a lidiar con un status contrapuesto a cualquier pertenencia al Sur Global. A fines del 2018 se temi贸 el eventual control chino del puerto de Mombasa, si Kenia incurr铆a en suspensi贸n de pagos de un pasivo (Alonso, 2019). El mismo temor comienza a emerger en otros pa铆ses que arrastran elevados montos de compromisos de dudosa cobrabilidad (Yemen, Siria, Sierra Leona, Zimbabue) (Bradsher; Krauss, 2015).

MIRADAS INDULGENTES

Otra corriente de autores que registra el in茅dito papel actual de China elogia la convergencia con otros pa铆ses y la virtuosa transici贸n hacia un bloque multipolar. Expone estos escenarios con simples descripciones de los desaf铆os que enfrenta el pa铆s para sostener su rumbo ascendente.

Pero esos venturosos retratos omiten que el afianzamiento del capitalismo acent煤a en China todos los desequilibrios ya generados por las mercanc铆as excedentes y los capitales sobrantes. Esas tensiones acent煤an, a su vez, la desigualdad y el deterioro del medio ambiente. El desconocimiento de estas contradicciones, impide notar c贸mo la estrategia internacional defensiva de China es socavada por la presi贸n competitiva que impone el capitalismo.

La presentaci贸n del pa铆s como 鈥渦n imperio sin imperialismo鈥 -que opera centrado en s铆 mismo- es un ejemplo de esas miradas condescendientes. Postula que la nueva potencia oriental desenvuelve un comportamiento internacional respetuoso, para no humillar a sus adversarios occidentales (Guigue, 2018). Pero olvida que esa convivencia no s贸lo es quebrantada por el acoso de Washington a Beijing. La vigencia en China de una econom铆a crecientemente sometida a los principios del lucro y la explotaci贸n ampl铆a ese conflicto.

Es cierto que el alcance actual del capitalismo est谩 acotado por la presencia reguladora del estado y por las restricciones oficiales a la financiarizaci贸n y el neoliberalismo. Pero el pa铆s ya padece los desajustes que impone un sistema de rivalidad y despojo.

La creencia que en el universo oriental rige una 鈥渆conom铆a de mercado鈥 鈥 cualitativamente diferenciada del capitalismo y ajena a las perturbaciones de ese r茅gimen- es el perdurable equ铆voco que sembr贸 un gran te贸rico del sistema mundial (Arrighi, 2007: cap 2). Esa interpretaci贸n omite que China no podr谩 sustraerse de las consecuencias del capitalismo si afianza la inconclusa restauraci贸n de ese sistema.

Otras visiones candorosas del desenvolvimiento actual suelen ponderar la pol铆tica externa china de 鈥渕undializaci贸n inclusiva鈥. Destacan la t贸nica pac铆fica que caracteriza a una expansi贸n basada en los negocios y asentada en principios de beneficios compartidos por todos los participantes. Esas presentaciones realzan tambi茅n la 鈥渁lianza intercivilizacional鈥 que genera el nuevo enlace global de naciones y culturas.

驴Pero resulta posible forjar una 鈥渕undializaci贸n inclusiva鈥 bajo el capitalismo? 驴C贸mo podr铆a plasmarse el principio de ganancias mutuas, en un sistema regido por la competencia y el lucro?

En los hechos, la globalizaci贸n ha implicado dram谩ticas brechas entre ganadores y perdedores, con la consiguiente ampliaci贸n de la desigualdad. China no puede ofrecer remedios m谩gicos a esa adversidad. Al contrario, potencia sus consecuencias al ampliar su participaci贸n en procesos econ贸micos regidos por la explotaci贸n y el beneficio.

Hasta ahora logr贸 limitar los tormentosos efectos de esa din谩mica, pero las clases dominantes y las elites neoliberales del pa铆s est谩n empe帽adas en romper todas las amarras. Presionan para embarcar a Beijing en las crecientes asimetr铆as que impone el capitalismo global. Cerrar los ojos ante esta tendencia implica un auto-ocultamiento de la realidad.

El propio gobierno chino alaba la globalizaci贸n capitalista, exalta las cumbres de Davos y enaltece las virtudes del libre-comercio con vacuos elogios al universalismo. Algunas versiones intentan conciliar esa reivindicaci贸n con los principios b谩sicos de la doctrina socialista. Afirman que la Ruta de la Seda sintetiza las modalidades contempor谩neas de expansi贸n econ贸mica, que a mitad del siglo XIX ponderaba el Manifiesto Comunista.

Pero los cr铆ticos de esta ins贸lita interpretaci贸n han recordado que Marx nunca aplaudi贸 ese desenvolvimiento (Lin Chun, 2019). Por el contrario, denunci贸 sus terribles consecuencias para las mayor铆as populares de todo el planeta. Con alquimias te贸ricas no se puede armonizar lo inconciliable.

CONTROVERSIAS SOBRE LA COOPERACI脫N

Otra visi贸n complaciente del curso actual subraya el componente de cooperaci贸n de la pol铆tica externa china. Se帽ala que ese pa铆s no es responsable de las desventuras padecidas por sus clientes de la periferia y destaca el car谩cter genuino de la inversi贸n motorizada por Beijing. Tambi茅n recuerda que la pujanza exportadora se asienta en incrementos de la productividad, que por s铆 mismos no afectan a las econom铆as relegadas (Lo Dic, 2016).

Pero esa idealizaci贸n de los negocios omite el efecto objetivo del intercambio desigual, que signa todas las transacciones consumadas bajo la 茅gida del capitalismo mundial. China captura excedentes de las econom铆as subdesarrolladas por la propia din谩mica de esas transacciones. Obtiene grandes lucros porque su productividad es superior a la media de esos clientes. Lo que se presenta en un tono ingenuo como un m茅rito peculiar de la potencia asi谩tica, es el principio de generalizada desigualdad que impera bajo el capitalismo.

Al afirmar que 鈥淐hina no primariza鈥 a sus socios de Am茅rica Latina o 脕frica, se postula la exclusiva responsabilidad del sistema mundial en esa desventura. Se omite que la participaci贸n protag贸nica de la nueva potencia es un dato central del comercio internacional.

Sugerir que China 鈥渘o tiene la culpa鈥 de los efectos generales del capitalismo equivale a encubrir los beneficios que obtienen las clases dominantes de ese pa铆s. Esos sectores lucran con el ponderando aumento de la productividad (mediante mecanismos de explotaci贸n de los asalariados) y materializan esas ganancias en el intercambio con las econom铆as retrasadas.

Cuando se elogia una expansi贸n china 鈥渕谩s asentada en la productividad que en la explotaci贸n鈥 (Lo, Dic, 2018) se omite que ambos componentes retroalimentan el mismo proceso de apropiaci贸n del trabajo ajeno.

La contraposici贸n entre la alabada productividad y la objetada explotaci贸n es propia de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica. Esa concepci贸n imagina la confluencia en el mercado de distintos 鈥渇actores de producci贸n鈥, omitiendo que todos esos componentes se asientan en la misma extracci贸n de plusval铆a. Esa expropiaci贸n es la 煤nica fuente real de todos los lucros.

La mera reivindicaci贸n del perfil productivo de China suele destacar tambi茅n el contrapeso que ha introducido a la primac铆a internacional de la financiarizaci贸n y del neoliberalismo (Lo Dic, 2018). Pero los l铆mites interpuestos al primer proceso (corrientes internacionales de especulaci贸n), no diluyen el sost茅n brindado al segundo (atropellos de los capitalistas a los trabajadores).

La reintroducci贸n del capitalismo en China ha sido el gran incentivo a la relocalizaci贸n de las empresas y al consiguiente abaratamiento de la fuerza de trabajo. Ese viraje contribuy贸 a recomponer la tasa de ganancia en las 煤ltimas d茅cadas. Para que el gigante asi谩tico pudiera cumplir un rol efectivo de cooperaci贸n internacional deber铆a adoptar estrategias internas y externas de reversi贸n del capitalismo.

DISYUNTIVAS Y ESCENARIOS

China dej贸 atr谩s su antigua condici贸n de territorio despedazado por las incursiones extranjeras. Ya no atraviesa por la dram谩tica situaci贸n que afront贸 en las 煤ltimas centurias. Confronta con el agresor norteamericano desde una condici贸n muy alejada del desamparo imperante en la periferia. Los estrategas del Pent谩gono saben que no pueden tratar a su rival como a Panam谩, Irak o Libia.

Pero ese afianzamiento de la soberan铆a ha empalmado con el abandono de las tradiciones antiimperialistas. El r茅gimen pos-mao铆sta se alej贸 de la pol铆tica internacional radicalizada que auspiciaba la Conferencia de Bandung y el Movimiento de los No Alineados. Tambi茅n sepult贸 cualquier gesto de solidaridad con las luchas populares en el mundo.

Ese viraje constituye la otra cara de su cautela geopol铆tica internacional. China evita conflictos con Estados Unidos, sin interferir en los atropellos que consuma Washington. La elite gobernante ha enterrado todos los resabios de simpat铆a con las resistencias al principal opresor del planeta.

Pero ese giro afronta los mismos l铆mites que la restauraci贸n y el salto hacia un status internacional dominante. Est谩 sujeto a la irresuelta disputa por el devenir interno del pa铆s. El rumbo capitalista que propician los neoliberales tiene consecuencias proimperialistas tan contundentes, como el curso antiimperialista que promueve la izquierda. El conflicto con Estados Unidos incidir谩 directamente en esas definiciones.

驴Cu谩les son los escenarios que se avizoran en la pugna con el competidor norteamericano? La hip贸tesis de una distensi贸n (y consiguiente reintegraci贸n de ambas potencias) ha quedado diluida. Los indicios de perdurable puja son abrumadores y desmienten los diagn贸sticos de asimilaci贸n de China al orden neoliberal como socio de Estados Unidos que postularon algunos autores (Hung, Ho-fung, 2015).

El contexto actual tambi茅n disipa la expectativa en la gestaci贸n de una clase capitalista transnacional con integrantes chinos y estadounidenses. La elecci贸n asi谩tica de un rumbo diferenciado del neoliberalismo no es la 煤nica raz贸n de ese divorcio (Robinson, 2017). La asociaci贸n de 鈥渃hinamerica鈥 -previa a la crisis del 2008- tampoco inclu铆a amalgamas entre clases dominantes o esbozos de surgimiento de un estado compartido.

En el corto plazo se verifica el contundente ascenso de China frente a un evidente retroceso de Estados Unidos. El gigante oriental est谩 ganando la disputa en todos los terrenos y su reciente gesti贸n de la pandemia confirm贸 ese resultado. Beijing logr贸 controlar r谩pidamente el alcance de la infecci贸n, mientras Washington afront贸 un desborde que ubic贸 al pa铆s en el tope de los fallecidos.

La potencia asi谩tica tambi茅n sobresali贸 por sus auxilios sanitarios internacionales, frente a un rival que exhibi贸 un espeluznante ego铆smo. La econom铆a asi谩tica ya retom贸 su elevada tasa de crecimiento, mientras que su contraparte americana est谩 lidiando con un dudoso rebote del nivel de actividad. La derrota electoral de Trump coron贸 el fracaso de todos los operativos estadounidenses para doblegar a China.

Pero el escenario de mediano plazo es m谩s incierto y los recursos militares, tecnol贸gicos y financieros que conserva el imperialismo norteamericano, impiden anticipar qui茅n saldr谩 airoso de la confrontaci贸n.

En t茅rminos generales se podr铆an concebir tres escenarios dis铆miles. Si Estados Unidos gana la pulseada podr铆a comenzar a reconstituir su liderazgo imperial, subordinando a los socios asi谩ticos y europeos. Si por el contrario China logra triunfar con una estratega capitalista de libre-comercio, afianzar铆a su transformaci贸n en potencia imperial.

Pero una victoria del gigante oriental lograda en un contexto de rebeliones populares, modificar铆a por completo el escenario internacional. Ese triunfo podr铆a inducir a China a retomar su posicionamiento antiimperialista en un proceso de renovaci贸n socialista. El perfil del imperialismo del siglo XXI se dirime en torno a esas tres posibilidades.

20-4-2021

RESUMEN

Las controversias sobre el status geopol铆tico de China se han intensificado. Su presentaci贸n como imperio se basa en err贸neas analog铆as, que ignoran c贸mo la expansi贸n productiva se combina con la prudencia geopol铆tica. El perfil imperial se define por acciones internacionales de dominaci贸n y no por par谩metros econ贸micos.

China incuba en forma s贸lo embrionaria los rasgos de un imperio en formaci贸n. Los l铆mites de la restauraci贸n capitalista inciden sobre su inmadurez imperial. Lucra con la primarizaci贸n de Am茅rica Latina, pero se ubica lejos del intervencionismo estadounidense.

Las tensiones que genera el capitalismo en China son enmascaradas con miradas indulgentes, que desconocen la incompatibilidad de ese sistema con una mundializaci贸n inclusiva. Los negocios en curso contradicen las convocatorias a la cooperaci贸n. El pa铆s no forma parte del Sur Global. Afronta los desequilibrios de una econom铆a desarrollada y las tensiones de un acreedor. Tres escenarios se avizoran en el mediano plazo.

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Fuente: Anred.org