April 21, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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Contigo empez贸 todo

Las epidemias de esta enfermedad han generado graves problemas sociales frente a la incapacidad de las autoridades para enfrentarlas.

Bel茅n Moreno

Eduardo P茅rez

Doce del mediod铆a del 17 de julio de 1834. Puerta del Sol de Madrid. Mientras dos chiquillos juegan, a uno de ellos se le ocurre echar un pu帽ado de tierra en el cubo de un aguador, los encargados de distribuir agua por aquel entonces. Lo hace en un ambiente asfixiante debido al calor del verano, a la guerra carlista y a la epidemia de c贸lera que en esos momentos se est谩 llevando cientos de vidas al d铆a en un pa铆s que apenas cuenta con 12 millones de habitantes. El p谩nico ya estaba disparado, todav铆a m谩s al ver que el Gobierno afirmaba tener todo bajo control mientras corr铆a a refugiarse junto a la familia real en el Palacio de La Granja de Segovia.

Estas circunstancias son el caldo de cultivo perfecto para ideas sin mucho fundamento. Corr铆a el rumor de que los causantes de la epidemia eran los frailes, que envenenaban el agua. La teor铆a de la conspiraci贸n recibe ayuda de los propios religiosos, por un lado por su apoyo a la facci贸n carlista en una guerra en la que, como de costumbre, mueren los pobres. Por otro, algunos como los jesuitas no tienen mejor idea que atribuir la epidemia en las zonas urbanas a un castigo divino contra sus descre铆dos habitantes.

El inocente chiquillo que ha tenido la p茅sima ocurrencia de arrojar tierra al cubo es acusado instant谩neamente por algunos transe煤ntes de envenenador al servicio de los frailes. Es cosido a pu帽aladas y su cad谩ver es arrastrado por la calle Mayor como supuesta prueba del complot contra la salud p煤blica. Su amigo ha huido y los rumores de la turba han dictado sentencia: se ha refugiado en un convento. Todo cuadra.

Dicho y hecho, en las siguientes horas varios conventos son asaltados y 73 frailes son asesinados.

El c贸lera y la c贸lera

El episodio anterior, relatado por Benito P茅rez Gald贸s o Benjam铆n Jarn茅s, es solo una m谩s de las revueltas del c贸lera, relacionadas con esa enfermedad diarreica aguda de origen bacteriano que ha causado incontables muertes y diversas pandemias durante la historia.

Durante el siglo XIX, las autoridades cient铆ficas se debat铆an entre dos teor铆as para la explicaci贸n de la propagaci贸n de la enfermedad: la 鈥渃ontagionista鈥 y la 鈥渕iasm谩tica鈥. Mientras que la primera la atribu铆a al contacto personal entre personas infectadas y sanas, la segunda defend铆a que la causa resid铆a en el aire de mala calidad. De esta forma, las t铆picas medidas de los Gobiernos para enfrentar las epidemias se centraban en la reducci贸n del contacto humano (leyes marciales, cuarentenas en campos de encierro, prohibici贸n de reuniones, cierre de fronteras鈥), junto con otras como desinfecci贸n de las ciudades para reducir el contagio a茅reo, taparse la boca y/o la cara al circular por la v铆a p煤blica鈥

Lamentablemente, el efecto sanitario era inexistente, pero el efecto social s铆 era apreciable: a la epidemia de c贸lera el com煤n de los ciudadanos ve铆a unida una epidemia de empobrecimiento, miseria y hambre todav铆a peor que la enfermedad. Mientras tanto, los ricos, como las autoridades espa帽olas de 1834, se apresuraban a refugiarse lejos de las multitudes hasta que pasara la tempestad. Como apunt贸 Friedrich Engels, 鈥渃uando la epidemia se acercaba, un terror universal se apoder贸 de la burgues铆a鈥. Sab铆an que el c贸lera era la enfermedad de los pobres. Con no estar cerca de ellos, solucionado.

En este contexto se produc铆an las revueltas del c贸lera, estallidos de lucha de clases marcados por la rabia y la frustraci贸n. En 1830, en Rusia, civiles y tropas rebeldes asaltaban cuarteles militares y edificios del Estado. En Novgorod formaron su propio tribunal para juzgar los cr铆menes de las clases altas. Al a帽o siguiente, en Gran Breta帽a e Irlanda estallaron decenas de disturbios. A medida que el Estado se escudaba en los m茅dicos, la ira popular la tomaba con ellos. Con el recuerdo reciente de casos reales en los que algunos cient铆ficos hab铆an cometido homicidio para conseguir cad谩veres con los que experimentar, la epidemia era observada como un intento deliberado de exterminar a los pobres. En Edimburgo, cuando la asistencia a funerales fue prohibida, una multitud grit贸 鈥渕atemos a los m茅dicos鈥.

La hora de John Snow

Afortunadamente, el m茅todo cient铆fico llegar铆a para desbancar a la pseudociencia establecida. John Snow, m茅dico londinense ahora considerado 鈥減adre de la epidemiolog铆a moderna鈥, no estaba convencido por las teor铆as imperantes y se puso manos a la obra. En la epidemia que golpeaba Londres en 1848, Snow analiz贸 los datos disponibles y expuso que el c贸lera se transmit铆a a trav茅s de 鈥渕ateria m贸rbida鈥 presente en el agua. Sin embargo, las autoridades pol铆ticas y cient铆ficas le ignoraron, cuando no atacaron. Lo mismo ocurri贸 siete a帽os m谩s tarde. Snow demostr贸 que un brote de c贸lera estaba vinculado a una bomba de agua, pero la ciencia no se abr铆a camino. El editor de la todav铆a hoy prestigiosa revista m茅dica The Lancet, gran defensora de la teor铆a miasm谩tica, respondi贸 a Snow de forma despectiva, con referencias a 鈥渟u hobby鈥 y su 鈥渇alta de pruebas鈥. El m茅dico falleci贸 en 1858 sin que su descubrimiento fuera reconocido, pese a que el italiano Filippo Pacini (tambi茅n ignorado) hab铆a aislado el bacilo del c贸lera en 1853. The Lancet dedic贸 a Snow un obituario. Su longitud era de dos frases y no se mencionaba el c贸lera.

M谩s suerte tuvo el alem谩n Robert Koch, quien, desconocedor del logro de Pacini, aisl贸 de nuevo el bacilo en 1883. Aun as铆, la teor铆a de la transmisi贸n por agua contaminada tard贸 en imponerse definitivamente a nivel mundial. En el verano de 1884, poco antes de la epidemia en N谩poles, el peri贸dico anarco-comunista La Questione Soziale predec铆a lo que estaba de nuevo por llegar: 鈥淐uando el peligro sanitario es latente, las comisiones de higiene se ponen a la tarea de promulgar medidas que nos har铆an re铆r de lo rid铆culas que son, si no fuera porque nuestra impotencia nos hace llorar de la rabia鈥. Miles de napolitanos morir铆an.

Tras las mejoras higi茅nicas y de alcantarillado, el c贸lera fue progresivamente vencido en muchos pa铆ses. Sin embargo, aun hoy causa un m铆nimo de 20.000 muertes al a帽o en todo el mundo. Los disturbios de Hait铆 en 2010, en los que se acusaba a la misi贸n de la ONU de propagar la enfermedad, muestran que las revueltas del c贸lera no son cosa del pasado.

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Fuente: Grupotortuga.com