July 30, 2021
De parte de Lobo Suelto
392 puntos de vista


El tiempo ha dejado de ser un modo de medici贸n o de existencia, una forma del mundo o de la eternidad. Hoy ha devenido mercanc铆a. Lo podemos controlar. Y solo basta un bot贸n. Sobre esto y otras cosas reflexiona aqu铆 Agust铆n Valle a prop贸sito de la nueva aplicaci贸n de tel茅fonos celulares que permite acelerar los audios. 鈥淟a aceleraci贸n, dice Valle, no solo hace que pase m谩s r谩pido la voz; la distorsi贸n de la velocidad cambia la cualidad de la voz. Quedan voces de 鈥渁rdillitas鈥. Se homogeneizan las voces; desaparece todo rastro del 鈥済rano de la voz鈥 que, seg煤n Liliana Herrero, constituye la marca de una singularidad, a trav茅s de la cual un territorio, una historia, una tensi贸n existencial situada -esta gente, este conflicto, estos dolores, estas ansias-, se expresa en un habla, o canto.鈥

1. Detesto el bot贸n de acelerar audios, me parece horrible, pero lo uso igual; a veces lo 鈥渄ecido鈥 y a veces me encuentro haci茅ndolo. Los botones tienden a eso, es tan f谩cil apretarlos, requieren tan poca voluntad, est谩 tan lejos el cuerpo de los efectos que logra鈥 驴Qu茅 dice este nuevo bot贸n sobre el modo de vida actual? 驴C贸mo nos lee, qu茅 capta de nosotrxs, y, a su vez, qu茅 potencia, a qu茅 propende?

鈥淐incuenta y nueve segundos es el m谩ximo de un audio decente鈥, brom茅abamos con amigos hasta hace poco. Un minuto ya es demasiado. No da. Gracias a Dios ahora tenemos el botoncito de acelerar (鈥淒ios鈥, eso omnisciente que mora en la nube). Podemos escuchar a alguien sin perder tanto tiempo. Sin que nos secuestre su cadencia. A vos, que mand谩s audios de dos, tres, 隆cuatro minutos! Eternos. 鈥淰os le das sentido al bot贸n de acelerar los audios鈥, injuria nueva. A vos, la verdad, te meter铆a el aceleradorcito en persona, si pudiera. 隆Dale!

Esto quiz谩s es un poco extremo.

Al fin y al cabo, no es lo mismo estar con alguien en presencia que tenerlo como una fila m谩s de una larga pila en una pantalla. Esa pila de conversaciones o 鈥渃anales鈥 de di谩logo, que nunca est谩n cerrados, exige comprimirse para entrar, para que no desborde. El dispositivo lo que dispone es el desborde -y subjetiva, as铆, en clave de d茅ficit, siempre algo podemos estar perdi茅ndonos-. La lista de mensajes es virtualmente infinita, y las conversaciones est谩n siempre ah铆, en alg煤n lugar. Cada cual un rengl贸n con su rayita que titila. 驴Por qu茅 titilan las rayitas de nuestro 鈥渃ursor鈥 o 鈥渃omando鈥 en la pantalla, la rayita donde escribiremos, la rayita que representa nuestra presencia activa en la pantalla? Para que la veamos latiendo. El aparato busca que nuestro pulso se identifique; que se componga con 茅l.

Hablar en presencia con alguien es distinto; las diversas situaciones nos ponen en diverso estado, cada una nos dispone a su modo: una cosa es una mesa hogare帽a y un mate (dispositivo de lentitud), un banco de plaza, una mesa de bar y una bebida espirituosa, un ascensor, un pasillo, un recreo en el patio, un boliche, un cuarto propio, una videoconferencia, etc茅tera. Algunos dispositivos vertebran nuestra existencia, y nos ponen en un estado que m谩s que estado es modo de ser, una subjetividad, desde la que luego llegamos a cualquier tipo de situaci贸n. Por eso vemos escenas que por s铆 producir铆an un registro y un tiempo distintos pero que no obstante son habitadas por personas que no pueden bajar su acelere conectivo. Desde nuestra subjetividad conectiva podemos hasta querer apretarle el botoncito para que acelere a la cocina de casa, al ruido del barrio, al propio pensamiento, al trabajo que estemos realizando, a dormir a nuestrxs hijxs, a lo que pasa, a la realidad toda. Al menos x 1.5鈥

2. Para los sujetos conectivos, hablar por tel茅fono resulta de una cercan铆a org谩nica con otra persona excesiva. El mensaje de texto es m谩s limpio, m谩s liso, pero parece que a煤n el mensaje de voz resulta un exceso de presencia de corporalidad, para las exigencias de velocidad y disponibilidad que nos gobiernan. As铆, nos comprimimos para sostener el apretujado lugar en la pila del continuo. Con el acelerador, podemos escuchar el mensaje sin escuchar a la persona, borrando al cuerpo vivo del emisor pero manteniendo la data.

Acaso la conversaci贸n sea una de las pr谩cticas que m谩s atentados sufri贸 en lo que va del siglo. No sufre aplastamiento por parte del silencio, sino del ruido, en un r茅gimen de intercambio constante de mensajes sin que haya alguien. Y la conversaci贸n tambi茅n es un formato subjetivante; tambi茅n produce formas de la percepci贸n, de la vincularidad, de vivir el tiempo y el espacio, las jerarqu铆as y la paridad, la creaci贸n de sentido. Una buena conversaci贸n, y m谩s a煤n la costumbre sostenida de tener conversaciones, interviene con fuerza en las im谩genes que tenemos de nosotros mismos, de lo que somos (lo que Spinoza llama el alma). La conversaci贸n es una pr谩ctica subjetivante con mayor grado de autonom铆a que la subjetivaci贸n ritmada por los dispositivos dise帽ados por corporaciones concentradas. 

La aceleraci贸n no solo hace que pase m谩s r谩pido la voz; la distorsi贸n de la velocidad cambia la cualidad de la voz. Quedan voces de 鈥渁rdillitas鈥. Se homogeneizan las voces; desaparece todo rastro del 鈥済rano de la voz鈥 que, seg煤n Liliana Herrero, constituye la marca de una singularidad, a trav茅s de la cual un territorio, una historia, una tensi贸n existencial situada -esta gente, este conflicto, estos dolores, estas ansias-, se expresa en un habla, o canto. Es que toda habla tiene algo de canto, de cantito. Tanto menos cuanto m谩s aparatosa sea, cuanto m谩s adecuada a la r铆tmica de alg煤n patr贸n. No queda canto en la voz acelerada por el bot贸n.

3. Como dec铆a H茅ctor Schmucler, elegimos c贸mo usar los medios, pero siendo sujetos en buena medida producidos por el dispositivo. Podemos elegir o no si usamos el acelerador de voces, pero nuestra espontaneidad dista de ser inmaculada (tampoco lo es al conversar, por supuesto). Como dice Spinoza, los hombres creen que son libres porque tienen conciencia de sus apetitos, pero ignoran cu谩les son las causas de sus apetitos. Este apetito de que te apures, de que se apure esta cosa; estas ganas de constantemente estar disponibles para lo que sigue, para que pase algo, y cuando pasa que pase r谩pido no sea cosa que bloquee el estar disponibles para que pase algo m谩s; este modo de percibirle lentitud exasperante a las cosas, es una disposici贸n oficial de los dispositivos de la religi贸n -o religaz贸n- contempor谩nea, que lleva la batuta del tiempo. La particularidad de los dispositivos cibern茅ticos es que, dise帽ados para gobernar lo cambiante e imprevisible, no disponen una forma determinada tanto como disponen un estado de disponibilidad permanente. Tan disponibles que ni escuchar el habla de alguien podemos. El disponibilismo pide no estar atado a nada y la voz, el habla de alguien, es en cierto sentido un lugar, tiene su pulso, su tono, su paisaje, su relieve; el habla de alguien te ata un poco, un agarre que dura lo que dura, como el abrazo de un baile.

4. La aceleraci贸n como tendencia dista de ser nueva; lo mismo su cr铆tica. Pero la entronizaci贸n misma de lo nuevo participa del imperio de la instantaneidad. El presente sufre un asedio aceleracionista, que adem谩s muestra, s铆, ribetes espec铆ficos dentro de su historia: la racionalidad del capital dominante es financiera y el capital financiero tambi茅n exige velocidad y disponibilismo. 

Para el capital financiero todo es p茅rdida salvo la ganancia m谩xima conseguible en cada instante. No requiere tanto trabajadores formados para el largo plazo sino seres disponibles a las oportunidades y los negocios desmontables y adaptables. Desde el punto de vista de la valorizaci贸n financiera del capital, todo es dato. De all铆 su car谩cter despiadado, hambreador y biocida.

Hubo un entrenamiento para la aceleraci贸n de las voces: esas codas de las publicidades radiales, donde lo que deben decir por obligaci贸n se graba r谩pidamente y se le borran los silencios entre las palabras. Para vender su promesa de felicidad, hablan con cantito; para pasar los datos, suena una voz sin entres. Plana, lisa, continua. Una voz que no habla, pasa informaci贸n. Una voz que no respira: una forma del horror. Acaso la aceleraci贸n de mensajes de voz exprese una pobreza respiratoria de nuestro cuerpo social. Con poco aire vivimos.

5. 鈥淐ualquier movimiento nos revela鈥, dec铆a Montaigne. La propagaci贸n de este botoncito es un acontecimiento muy menor, pero vale de muestra del perfeccionamiento de un proyecto medi谩tico-financiero de anulaci贸n de todo vestigio de presencia del otro, sustituy茅ndola por una pura informaci贸n abstra铆da de las huellas propias de que hay alguien ah铆. El sue帽o de estar nadando en conexiones, sin que nadie me moleste con su presencia rugosa, es una aspiraci贸n compartida por la subjetividad medi谩tico-conectiva y por el capital financiero tambi茅n. Para el capitalismo medi谩tico financiero, es negocio que haya mensajes infinitos, pensamientos m煤ltiples (o en rigor, discursos y enunciados m煤ltiples); si en alg煤n momento sufrimos el pensamiento 煤nico, hoy vemos la dominancia m谩s profunda de un ritmo 煤nico.

No se trata, por supuesto, de criticar la velocidad. Queremos a Maradona, al cometa Halley, a Nadia Comaneci, a los 谩tomos mismos inclusive. Se trata de cuidarnos de un patr贸n de velocidad 煤nico. De perder la pluralidad de velocidades posibles. Y quedar en aceleraci贸n permanente, viviendo todo (el barrio, los r铆os, las gestiones de gobierno, una tarde de domingo, un dolor en el hombro) sin poder atender y habitar la singularidad de su presencia, por la sensaci贸n dominante de que ya se va y ya tenemos que estar disponibles para lo que puede ya estar pasando. No criticamos la aceleraci贸n sino la naturalizaci贸n de su obviedad permanente. Al fin y al cabo, la alta velocidad tambi茅n puede ser experimentada por entes inertes. Estar constantemente acelerados puede ser una forma de quedarse repitiendo lo mismo y, en rigor, no moverse -no moverse de lo dispuesto por lo dispositivos-. Moverse siempre es moverse respecto de algo, del medio; y si el medio es el de una aceleraci贸n sensible permanente, moverse es guardar la potencia de regular diversas velocidades. (Por ejemplo, como dicen los zapatistas, no vamos a resolver urgente lo que nos va a implicar toda la vida鈥).  

6. Y como dijo una fil贸sofa mexicana, todo eso es cierto, pero quiz谩 tambi茅n es cierto que no es cierto; desde una perspectiva materialista, cualquier calle es doble mano (e incluso lugar de fiesta de arte de lucha de comida de juego鈥), y miles de trabajadores y trabajadoras ya saben que el bot贸n de aceleraci贸n de audios se invent贸 para escuchar a les jefes.

Revista Bordes




Fuente: Lobosuelto.com