June 13, 2021
De parte de Nodo50
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La matemática y divulgadora entonó una sevillana para agradecer la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla. Está de enhorabuena y no solo por la distinción: acaba de recibir “media vacuna” contra el Covid-19 y una invitación al más importante congreso de la comunidad matemática. “Es como si fuera actriz y recibiera una nominación para un Óscar”. Cuando llegó a la Facultad diferenciaba las asignaturas por colores porque no entendía ninguna, ahora tiene hasta un sexenio por su labor de divulgación. Son las 11,00 horas de un lunes, estamos en una bodeguita y Grima insiste en contagiar su raudal de entusiasmo por las ideas felices y por ver a las matemáticas como una obra de arte humana.

¿Qué pensó al recibir la noticia de que iba a ser reconocida con la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla?
Cuando recibí la llamada del alcalde un domingo por la tarde, primero pensé en mis padres, que como muchos de su generación han tenido que trabajar un montón para que nosotros estudiáramos. Luego le pregunté si de verdad era Juan Espadas, a lo mejor me estaban trolleando.

¿Este galardón le ha permitido visibilizar a las matemáticas en un contexto diferente?
Ha supuesto colocar la palabra matemáticas en un evento donde no suele haber casi representación científica. Históricamente, Adela Muñoz —también premiada este año— y yo somos la tercera y cuarta científicas reconocidas con este galardón. Aunque es la primera vez que se reconoce con la Medalla de Sevilla a la ciencia básica [la que explica cómo funcionan las células], las otras dos científicas reconocidas previamente eran de ciencia aplicada [la que resuelve problemas]. En mi caso era un reconocimiento a mi labor como divulgadora. Estoy muy contenta de que haya sido yo, claro, pero estaría feliz también (un poco menos, quizás) de que se la hubieran dado a cualquiera por el hecho de que nos enteremos de una vez de que vivimos en un mundo cada vez más tecnológico y en el que las matemáticas tienen más importancia. Lo necesitamos, la pandemia nos ha dado una buena hostia por vivir el turismo y si tuviéramos más matemáticas y tecnología habríamos resistido. Cuando doy una charla pregunto si el Gobierno ha anunciado alguna medida de apoyo a las tecnológicas. Ah no, perdona, las tecnológicas no han perdido dinero, todo lo contrario.

Recibir la Medalla de Sevilla ha supuesto colocar a las matemáticas en un evento casi sin representación científica

¿De dónde le viene a esta ciencia la mala fama?
Cuando empecé a divulgar lo que más me dolió fue descubrir que niños que casi no decían bien la palabra matemáticas ya afirmaban que no les gustaban. Les respondo: Y tú qué sabes, yo no sé si me gusta jugar al críquet porque nunca lo he probado. Esa desafección viene porque las matemáticas no están dentro de la cultura. Les puede gustar el flamenco, el cine o Ibai Llanos (a mí me encanta, ¿eh?, me parece un tipo muy inteligente y que ofrece un entretenimiento sano), pero no las matemáticas porque no tienen un sitio en la cultura. Todo se relaciona con hacer cuentas, pero hay aspectos de las matemáticas que nos enseñan a razonar y, en algún sentido, a jugar; a todo el mundo le gustan cuando los conocen. Si se popularizara más esta versión, más real, de qué son las matemáticas, más niños y niñas descubrirían que son su pasión.

El domingo pasado El País publicaba que el comité español de Matemáticas ha pedido al Ministerio de Educación que se reduzca el tiempo destinado a la repetición de ejercicio y que la reflexión tenga más peso. Usted lleva tiempo reclamándolo.
Me duele la boca de pedir que no sea todo cálculo repetitivo. Hay que aprender a calcular, al igual que aprender a cortar en juliana una cebolla, pero no puedes tener a una persona toda la vida cortando, alguna vez tendrás que dejarla que cocine. El problema de la formación matemática en primaria y secundaria tiene muchas caras y muchas aristas: es un poliedro. Sobre todo falta de inversión, pero además los programas son anticuados (porque nunca les preguntan a los docentes), no se enseñan suficientes matemáticas en magisterio y se agota a los niños con el cálculo. Mi propio hijo, protagonista del blog ‘Mati y sus mateaventuras’, me dijo: “Mamá, odio las matemáticas”.
Nos aburre el cálculo.

No hay que aprender a calcular a mano raíces cuadradas o dividir entre tres cifras. Nunca las vas a hacer a mano cuando las necesites. Dije esto en una entrevista y no veas la que me cayó. Realizar una división de tres cifras no es matemáticas, sé hacerla pero me moriría de pena haciéndola. Yo insisto en que sé pensar y resolver problemas. Es como lavar a mano: te mueres de asco si tienes que hacerlo (aunque ahora con la subida de la luz a lo mejor se convierte en una opción). Claro que sé dividir sin calculadora y dividir a mano, pero no quiero hacerlo.

¿Se está produciendo ese cambio sobre cómo enseñar matemáticas en los colegios o todavía no ha llegado?
Hay mucha gente muy implicada en ello, pero de forma personal, nada institucional. Hay muchos profesionales que hacen un trabajo altruista y ofrecen, por ejemplo, recursos de geogebra [un software libre para la educación]. Es un esfuerzo voluntario que hacen sacrificando parte de su tiempo de descanso. Habría que pagarles, incentivarlos, como se hace por ejemplo en Reino Unido. Mucha gente se lleva las manos a la cabeza cuando digo esto pero, ¿cómo se incentiva a los futbolistas? Este cambio al que te refieres lo hace gente voluntariosa, en el cuerpo de maestros y profesores hay gente muy buena y muy comprometida con sus alumnos. Además, se han jugado la vida este año y lo decimos poco. ¿Si las matemáticas dan malos resultados vamos a quitar que sean obligatorias? Si van mal y hace falta que los profes se formen, vamos a incentivarlos y no a castigarlos. El trabajo de maestros y profesores en este país es muy frustrante, no se les reconoce y no tienen medios. Son gente cansada pero con mucha vocación. Tienen la profesión más importante para el futuro de un país.

¿Cómo andamos en general de analfabetismo matemático? ¿Padecemos de anumerismo?
Uffff, sobre todo en la prensa, que reproduce muchas veces lo que dicen los políticos. Hay mucho anumerismo y manipulación. Hay veces que los políticos y los periodistas interpretando datos son anuméricos y otras que están manipulando y cuentan con el anumerismo de quien lo lee. Recuerdo una noticia que decía que había unos 180 bares por habitantes en La Rioja. Era una errata, claro, pero ¿nadie se dio cuenta antes de imprimirlo? En un medio especializado en ciencia publicaron que la Luna tenía 447.000 millones de años, más de 30 veces la edad del Universo. Antes del Big Bang la Luna ya estaba allí, aburridita de esperarnos. Fue un fallo entre billones y millardos [mil millones, que en inglés se expresa como billions]. ¿Nadie se dio cuenta del detallito antes de publicarlo? Eso sí es anumerismo: mucha gente ve números en una noticia y desconecta, no presta atención. Salvo que te equivoques en el número de camiseta de Messi, claro. Otra cosa es la manipulación: la hacen porque cuentan con que la gente no los va a comprobar. No estoy criticando que la gente no lo haga, tienen sus vidas y contrastar todo lo que te llega es prácticamente imposible.

Por ejemplo, los sorteos que se hacen en España con las letras de los apellidos son absolutamente injustos. Se siguen dando plazas en los colegios, turnos en las oposiciones y viviendas de protección oficial por una letra. Ya lo hemos pedido por activa y por pasiva, están mal, solo hay que saber contar con los dedos para darse cuenta de ello. Si sorteamos un millón de euros entre nosotras: Grima y Ruiz. Si sale desde la A, B, C, D, E, F, G, sería mío. Siete oportunidades. Si sale la H, I, J, K, L, M, N, Ñ, O, P, Q y R, doce oportunidades para que sea tuyo. Pero después desde la S hasta la A sería mío otra vez. Yo tendría 15 papeletas y tú solo doce, ¿te parece justo? Eso es anumerismo en la administración. Se puede hacer con un sorteo con un número, somos el país de la Lotería. Una vez publiqué un artículo sobre la importancia de llamarse Grima, por delante mía van todos los García y Gómez, creo que por detrás solo están los Gutiérrez. ¡No me va a tocar nunca! Si te apellidas Abad, te llevas todos los premios.

¿Se ha precarizado la Universidad?
Sí, deberíamos asegurar que la carrera investigadora de la gente joven pueda ser compatible con una vida. No digo que sean ricos, pero que puedan pensar en tener una casa, tiempo libre o irse de viaje. Cada vez menos gente quiere dedicarse a la investigación porque la ciencia te puede gustar mucho, pero también quieres tener una vida normal, como la gente que trabaja en un supermercado o en lo que sea que, muchas veces, tiene una vida más normal que nuestros científicos. También sigue habiendo mucha desigualdad. Nos encierran a todos en pandemia, las mujeres empiezan a bajar en publicaciones y los hombres no es que se mantengan, sino que suben. Los investigadores no tienen hijos (risas).

Hay asegurar que la carrera investigadora de la gente joven pueda ser compatible con una vida

¿Se ha mercantilizado la investigación?
Cada cierto tiempo sale un Nobel criticando el sistema, pero siempre es un Nobel. Quiero decir, cuando a alguien no le importa el sistema porque ha llegado al tope. Los demás también lo criticamos pero no sirve de nada. Lo del sistema de publicaciones cuando se lo cuentas a la gente no se lo cree. Hay muchos movimientos por intentar salir de esa rueda, en la que estamos como hámsteres. Nos tienen cogidos por los papers.

El famoso ‘publica o perece’ os persigue, ¿ha provocado que se vea mermada la calidad de las investigaciones?
La presión por publicar provoca que, precisamente, muchas veces publiquemos por la necesidad de publicar, no se puede hacer una ciencia tranquila. Si dejaran a los grupos que investigaran, saldrían mejores trabajos. Algunas veces he publicado trabajos que ahora pienso que no han aportado nada, pero tenías que publicar para sacar la plaza. La prisa por publicar consume un montón de energía mental y dinero. Con más tiempo se publicarían menos artículos, pero con más peso. Incluso se debería publicar lo que no sale. Estoy intentando probar algo para las células y he hecho tantos experimentos que no funcionan. Eso no se publica, pero debería porque así cuando venga otra persona sabe lo que no sale. En definitiva, es una situación que es mala para la ciencia. No hacen falta tantos trabajitos, que la gente se dedique a la ciencia con tranquilidad, que investiguen, busquen y piensen porque eso es la ciencia.

El mundo conoce una nueva forma geométrica gracias a investigadores de la Universidad de Sevilla.
Tuve la suerte de participar en un descubrimiento andaluz, que fue el escutoide, con muy pocos fondos y muchas ganas. Éramos 16 investigadores. La gente nos pregunta cuánto hemos ganado con el descubrimiento. ¿Nosotros? Hemos pagado por publicar con fondos de la Universidad, la investigación se hace con pocos medios. De hecho, la imagen de los escutoides que luego dio la vuelta por el mundo estaba hecha con plastilina de Margarita, la hija del director del proyecto, porque no teníamos por aquel entonces ni una impresora en 3D. Nuestra investigación está en una revista Open Acess [acceso abierto sin requerimiento de ningún tipo de pago], pero otras veces cuando hago un trabajo tengo que pagar para publicarlo y para leerlo.

¿Las matemáticas son arte?
Sin duda. Siempre lo comparo con Google, que es una obra de arte y se hace con unas matemáticas muy sencillas que es un poquito de teoría de grafos, estadística y álgebra. Esas matemáticas estaban ahí antes de que ellos las usaran. Igual que estaban ahí la pintura blanca y negra y nadie hizo un Guernica. No es solo tener los instrumentos. Es encontrar la inspiración. Es hacer arte.

Un estudiante de matemáticas me ha pedido que le pregunte, ¿cuándo son bonitas las matemáticas y por qué?
Me enamoré de la geometría computacional después de conocer el teorema de la galería de arte: un resultado que nos permite calcular el número suficiente de vigilantes en cualquier galería del mundo conociendo solamente cuántas paredes tiene. Aunque suene redundante, este teorema es una obra de arte.

La forma de trabajo de un artista y la de un científico son, básicamente, iguales. Primero, tienes que conocer las técnicas. No vas a hacer un David si no sabes tallar, ni jugar un partido si no has hecho abdominales. Segundo, debes buscar la inspiración. Quiero pintar un cuadro sobre el bombardeo de Guernica, resolver un problema matemático o ganar la Eurocopa. Y en tercer lugar, tienes que atreverte a hacer algo diferente. Así han salido Google o el teorema de la galería de arte, entre otros. Hay un libro sobre las demostraciones más bellas del historia de las matemáticas. Uno de mis matemáticos favoritos, Paul Erdős, era ateo agnóstico, pero cuando veía una demostración bonita de matemáticas decía: “Es arte, dios tiene un libro en el que guarda las demostraciones más bonitas y elige a quién regalárselas”. No creía en dios pero sí en el Libro. Cuando iba a cumplir 90 años, unos matemáticos para rendirle un homenaje escribieron El libro de las demostraciones con todas aquellas que Erdős consideraba que pertenecían al Libro. Las matemáticas son arte, hay demostraciones que son tan bonitas y piensas en cómo no se le ha ocurrido esto a nadie. Por lo mismo que a nadie se le ha ocurrido componer lo que creó Bach. Tú puedes tener las herramientas, luego hay genios que hacen arte.

Para entender el arte de hacer matemáticas se necesita un entrenamiento previo, como en todo. Si veo un entrenamiento de críquet me aburriré como una ostra. Soy muy inculta, a veces me pasa con el arte moderno, no lo entiendo y viene alguien me lo explica y entonces creo que es una maravilla. Pero antes pensaba que eran cuatro pintarrajos. Las matemáticas son iguales. ¿Por qué la gente llora ante la demostración del teorema de la galería de arte? Ostras, porque quien no llora no tiene corazón. Pero para ello necesitas un entrenamiento previo.

¿Desde cuándo tu flechazo con las matemáticas?
Me han gustado siempre, de pequeña daba grititos en las clases. Cuando entré en la Facultad de Matemáticas me dieron una cura de humildad que todavía me duele, pasé a tener como nota más alta un dos. Era Alicia en el País de las Maravillas, no entendía nada, hablaban un idioma que no comprendía. Durante la carrera recuerdo que estábamos luchando por resolver un problema, nos daban una idea feliz y nos enfadábamos: “Cómo se me iba a ocurrir a mí”. En mi caso, esa felicidad la encontré en la carrera. Ahora, mi hijo pequeño es un fanático de las Olimpiadas Matemáticas y se pone a gritar en casa cuando tiene alguna. Me da mucha envidia porque yo con su edad todavía no lo había descubierto. Alguna gente dirá que mi hijo es un friki, pues no, mi hijo es un tío feliz. A veces me enfado con él (es adolescente) y no me habla, pero, de pronto, resuelve un problema y viene: “Mamá, no te pierdas esto, mira qué chulo”. Él disfruta. Yo lo descubrí en la Facultad, pero mi hijo lo ha encontrado en Estalmat, un programa de estimulación del talento matemático. Las matemáticas a veces nos han unido en su adolescencia.

¿Qué es una idea feliz?
Una idea feliz te viene cuando se te ocurre relacionar tu problema con algo ya resuelto. No me preguntes cómo se te ocurren, cuando has visto muchas ideas felices, has pintado muchos cuadros o has jugado muchos partidos, te llega. Te viene una inspiración. Y sí, se puede aprender a tener ideas felices.

Es cruel que la gente no descubra esa obra de arte humana que son las matemáticas

Nunca pensé que me iba a divertir tanto charlando con una matemática.
¡Las matemáticas son muy chulas! Hice una charla en la cárcel de Sevilla sobre teoría de grafos y matemáticas de redes sociales. ¡Aquí para propia yo! Te vas a una prisión que no tienen acceso a internet y se te ocurre dar una charla sobre redes sociales. Sobre la marcha, iba diciendo que las redes sociales no son solo Facebook o Twitter, también lo son una caseta de la Feria. Cuando acabé, un chico de mi edad que había estado todo el rato con la cabeza agachada, me dijo que iba a usar los grafos para ordenar el material de su taller. Me quedé impactada, estaba allí casi sin mirarme, (estaría deprimido o medicado, como todos en la cárcel). Se me rompe el corazón cada vez que voy a una prisión, creo que no deberían ser así. Eso es otra historia. A este chico si le hubiésemos preguntado si le gustaban las matemáticas habría respondido que no, pero le conté algo y el tío ya sabía perfectamente cómo usarlo. Le dije que me buscara cuando saliera, todavía le quedaba un rato. Las matemáticas son realmente bonitas. Antes de la pandemia, preguntaba en mis charlas: “¿Os imagináis que cerraran todos los museos?”. La gente me miraba como se mira a un loco. Ya lo hemos vivido: sin museos, conciertos ni partidos de fútbol. ¿Veis qué penita nos ha entrado? Hay un museo que mucha, muchísima gente tiene cerrado: las matemáticas. No saben que nunca han entrado en ese museo y se las están perdiendo. Es cruel que la gente no descubra esa obra de arte humana que son las matemáticas.




Fuente: Elsaltodiario.com