March 2, 2021
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
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 FRAN FERN脕NDEZ

G茅nesis del anarquismo contempor谩neo

Los or铆genes del Anarquismo y su posterior evoluci贸n han sido objeto de los m谩s variados e interesantes estudios. Los nombres de Max Nettlau, 脕ngel Capelleti, 脕lvaro Gir贸n, Mary Nash, Antonio Elorza, Jos茅 脕lvarez Junco, Eul脿lia Vega, Susanna Tavera, Benedict Anderson o Pere Gabriel, ser铆an solo unos pocos ejemplos a destacar entre el magma de investigadores/as que han tratado al Anarquismo como ideolog铆a y movimiento social.

Como en todo an谩lisis historiogr谩fico, sobre el origen y naturaleza del anarquismo se encuentran diferentes visiones. Por una lado permanece cierta tendencia que lo asimila a la misma rebeld铆a humana, ansia de libertad y sed de justicia social, encontrando en el pasado numerosos episodios hist贸ricos que demostrar铆an que el anarquismo, como tal, aunque con diferentes nombres, ha estado presente en la historia de la humanidad. Movimientos cristianos protestantes como los anabaptistas, ciertos aspectos de la pirater铆a en 脡poca Moderna, los diggers o incluso la misma vida de Jesucristo ser铆an, con m谩s o menos ah铆nco, analizados como episodios o, cuanto menos, precedentes directos de las ideas libertarias, las cuales, con tal nombre y enmarcadas dentro de las ideas socialistas, florecieron en el siglo XIX.

Por contra, tambi茅n existe la visi贸n que analizar铆a al Anarquismo como un fen贸meno estrictamente contempor谩neo, enmarcado en la misma evoluci贸n de ciertos planteamientos y corrientes del Liberalismo, sistema que durante el siglo XIX fue el hegem贸nico en Occidente. Dicha visi贸n implica que el Anarquismo es, al igual que el resto de Socialismos, un movimiento que deriva del Liberalismo. Evidentemente se pueden encontrar planteamientos y sucesos hist贸ricos anteriores al siglo XIX con un fuerte componente antiautoritario, sin embargo, en el contexto de esta visi贸n, ser铆an cosas diferentes. Una cosa ser铆a el anarquismo, un movimiento socialista contempor谩neo, y otra cosa bien diferente las aventuras de Mary Read1 o la vida id铆lica en antiguas comunidades rurales aut贸nomas.

Particularmente me muestro m谩s pr贸ximo a la segunda visi贸n, la cual considera que el Anarquismo fue un fen贸meno estrictamente contempor谩neo. Si analizamos los primeros escritores que reivindicaron a la Anarqu铆a como una sociedad deseable y sin estado, de tipo autogestionario, tal cual fueron los franc贸fonos Anselme Bellegarrigue, Pierre Joseph Proudhon o Joseph D茅jacque, se vislumbra una exaltaci贸n de los ideales liberales de Libertad, Igualdad y Fraternidad propios de la median铆a del siglo XIX. Como afirm贸 el 煤ltimo de los tres citados a inicios de la d茅cada de los 鈥50, los principios a seguir para la lucha revolucionaria eran la:

libert茅 de pens茅, libert茅 d鈥檃mour, libert茅 de travail, libert茅 d鈥檃ction: Libert茅 en tout et pout tout. 脡galit茅 de droits, 茅galit茅 de devoirs: 茅galit茅 sociale. Fraternit茅, c鈥檈st-脿-dire caract猫re social imprim茅 par l鈥檃ction simultan茅e de la libert茅 et de l鈥櫭ゞalit茅 sur le feuillet de l鈥檋umanit茅; vignette qui r茅sulte du texte; derni猫re syllabe qui cl么t la formule apr猫s l鈥櫭﹑ellation des deux autres; qualificatif de solidarit茅 et d鈥檜nit茅鈥2.

Los primeros anarquistas contempor谩neos procedieron de las filas m谩s progresistas del amplio espectro liberal. Una parte del Liberalismo empez贸 a plantear ciertas cr铆ticas, en el sentido que los planteamientos liberales, una vez aplicados, no cumpl铆an con sus promesas y aspiraciones. Todas las ideas socialistas surgieron en el contexto de dicha cr铆tica, desde los Socialismos pristinos de los falansterios de Fourier o la Icaria de Cabet, pasando por el Anarquismo y el Marxismo. Todas ellos ten铆an en com煤n un rechazo o cr铆tica al Liberalismo desde una perspectiva social y econ贸mica, pero no as铆 a ciertos principios del mismo, los cuales fueron en gran medida aceptados como v谩lidos y propios, especialmente aquellos que hab铆an servido, en su momento, para justificar 茅ticamente a los ideales liberales, es decir, las apelaciones a sociedades libres, igualitarias y fraternas.

A los ideales cl谩sicos mencionados, los socialismos generalmente tambi茅n aceptaron otro de los signos m谩s distintivos del Liberalismo, como era la concepci贸n de la historia como una sucesi贸n de conflictos sociales o, si se prefiere, una lucha de clases. Los socialismos se llevaron consigo multitud de rasgos liberales, visibles en sus discursos y debate de ideas, concepci贸n de la historia o, incluso, en algo tan visible como el uso compartido de elementos simb贸licos. La Marie de la Revoluci贸n Francesa, uno de los s铆mbolos mundiales del Liberalismo fue, por ejemplo, habitual en la iconograf铆a socialista como una alegor铆a de la Libertad. Otro s铆mbolo liberal, en este caso personificado en el h茅roe de la unificaci贸n italiana, Giusseppe Garibaldi, fue igualmente adaptado por socialistas como un ejemplo y s铆mbolo de la idea de progreso. No es casualidad que una de las obras preferidas de los anarquistas hispanos del siglo XIX fuese, precisamente, una titulada as铆: Garibaldi. Historial liberal del siglo XIX, una obra dirigida por el internacionalista Rafael Farga Pellicer, en la cual, de manera evidente y sin complejos, se interpretaba la historia occidental e hispana bajo la excusa de dicha c茅lebre figura.

Detalles de diferentes p谩ginas de un tomo de 鈥淕aribaldi. Historia Liberal del Siglo XIX鈥, edici贸n de 1882, por parte del Establecimiento Tipogr谩fico La Academia, donde trabajaron gran parte de las primeras figuras relevantes del anarquismo catal谩n e hispano. Fuente: Biblioteca personal.

Los anarquistas, pese a reconocerse fuera del liberalismo, cuando miraban al pasado, se sent铆an herederos de figuras vinculadas a 茅l, especialmente aquellas que manifestaban posicionamientos progresistas o ya avanzaban ciertos planteamientos socialistas. As铆 pues, resulta comprensible que Garibaldi, o en un terreno m谩s local, figuras como el republicano Abd贸n Terrades o ciertas obras intelectuales de Francesc Pi i Margall, fuesen recordadas con afecto y cari帽o por el anarquismo posterior.

Dentro de las familias socialistas, el Anarquismo destacaba por su cr铆tica al autoritarismo del estado y otras instituciones, como las de tipo religioso o incluso sociales, como pod铆a ser la familia tradicional. Buscar una definici贸n cerrada al mismo resulta harto complicado, puesto que no es un movimiento que se caracterice, precisamente, por ser algo herm茅tico y estanco. El Anarquismo, posiblemente, y dadas sus caracter铆sticas antiautoritarias y cr铆ticas, es a mi entender una de las ideolog铆as contempor谩neas m谩s abiertas al cambio y, por consiguiente, dif铆ciles de etiquetar. Sin embargo, para definir el Anarquismo, como movimiento pol铆tico encaminado a la construcci贸n de una sociedad autogestionaria sin Estado, es decir, la Anarqu铆a, me gusta recordar las palabras escritas por Errico Malatesta en su conocido folleto La Anarqu铆a, en donde lo encuadra dentro del Socialismo:

鈥渟i no existieran escuelas socialistas que escinden artificiosamente la unidad natural de la cuesti贸n social, consider谩ndolo s贸lo algunas partes o aspectos de ellas, si no existieran los equ铆vocos por medio de los cuales se trata de cortar el paso a la revoluci贸n social, podr铆amos afirmar que anarqu铆a es sin贸nimo de socialismo, puesto que una y otro significan la abolici贸n de la dominaci贸n y de la explotaci贸n del hombre por el hombre, pract铆quense por medio de los ej茅rcitos, por la fuerza de las bayonetas o por medio del acaparamiento de los medios de existencia.

La anarqu铆a, de igual modo que el socialismo, tiene como base, como punto de partida y como medio necesario, la igualdad de condiciones, por faro la solidaridad, por m茅todo la libertad. La anarqu铆a no es la perfecci贸n, no es el ideal absoluto que, como el horizonte, se aleja a medida que avanzamos; pero es ciertamente el camino abierto a todos los progresos, a todos los perfeccionamientos, realizable en el inter茅s de todos鈥3.

El anarquismo en Espa帽a

Si nos centramos en la aparici贸n del anarquismo en Espa帽a, pese a la hip贸tesis factible de presencia de elementos afines o simpatizantes a las doctrinas anarquistas antes incluso de la creaci贸n de la Federaci贸n Regional Espa帽ola de la Internacional (FRE-AIT) en 1870, gracias en parte a la cercan铆a con Francia o la labor traductora de las obras de Proudhon por parte del l铆der republicano, federal y socialista Francesc Pi i Margall, lo cierto es que los primeros anarquistas que se organizaron de forma visible eran los conocidos como bakuninistas o colectivistas. Defend铆an una sociedad basada en una libre federaci贸n de n煤cleos aut贸nomos sin estructuras estatales. Ten铆an como modelo de sociedad futura una de corte autogestionario, similar a lo que planteaba el Marxismo con su sociedad comunista, pero diferenci谩ndose de 茅ste por la cr铆tica a la supuesta necesidad de conquista del Estado, para transitar y orientar entre el modelo de sociedad capitalista hacia otra autogestionada.

Grabado del congreso fundacional de la FRE-AIT en Barcelona, 1870. Fuente: Wikimedia

En referencia al problema de la explotaci贸n laboral, aquellos primeros anarquistas reclamaban que el trabajador recibiese el producto 铆ntegro de su trabajo. De este modo cada cual recibir铆a lo que le correspondiese seg煤n hubiese aportado a la sociedad. La propiedad de los medios de producci贸n era colectiva, pero el trabajo surgido de ellos era planteado como un fruto individual. La herencia, como base de desigualdades sociales, deb铆a de ser abolida, mientras que la familia tradicional era puesta en tela de juicio, al tiempo que se optaba como estrategia de lucha por la llamada 鈥減ol铆tica demoledora鈥, la cual era b谩sicamente un precedente directo de conceptos como la acci贸n directa anarquista, es decir, un enfoque de lucha autogestionario, sin intermediaci贸n y antipol铆tico.

Pese la dura represi贸n que recibieron diferentes secciones de la Primera Internacional de varios paises del mundo, el anarquismo a mediados de los 鈥70 estaba bastante bien asentado en varios estados, como eran Italia, Francia o Espa帽a. Pese a la represi贸n y clima de clandestinidad, nuevas generaciones de activistas se fueron sumando al movimiento y, en dicho contexto, las propias ideas que configuraban al Anarquismo empezaron a ser cuestionadas.

De igual forma que el Anarquismo naci贸 como una cr铆tica a las expectativas incumplidas del liberalismo, dentro del movimiento, al colectivismo se le empez贸 a cuestionar por una serie de dudas razonables: si hipot茅ticamente cada trabajador hab铆a de recibir el producto 铆ntegro de su trabajo, qu茅 pasaba con los ancianos, enfermos, inv谩lidos o los ni帽os hu茅rfanos que no trabajaban, por poner un ejemplo. El modelo colectivista, a simple vista, lanzaba dudas en 茅ste y otros sentidos, ya que si el trabajo y el producto 铆ntegro del mismo eran la base de la redistribuci贸n de la riqueza, en dicha sociedad futura pod铆a existir el temor de que quienes no pudiesen trabajar, ya que fuese por edad, salud o condici贸n, no tendr铆an sustento econ贸mico para sobrevivir. Otras dudas que pod铆an lanzar hacia las ideas colectivistas eran las relativas a que, por ejemplo, pese a trabajar lo mismo, un agricultor con buenas tierras tendr铆a m谩s ingresos que otro con otras menos productivas, puesto que los bienes del primer terreno ser铆an superiores al segundo destinando el mismo esfuerzo y trabajo. El dinero, o cuanto menos un m茅todo que contabilizase el trabajo, igualmente ser铆a necesario para afianzar el modelo colectivista, provocando nuevas dudas entre parte del anarquismo, que ya relacionaba el dinero con las diferencias sociales. En definitiva, una serie de cuestiones que pon铆an sobre la mesa un debate en las filas libertarias que dar铆a lugar al nacimiento de las doctrinas comunistas an谩rquicas.

El Comunismo Anarquista

Max Nettlau afirm贸 que Malatesta le confes贸 que 茅l en 1876, junto a Carlo Cafiero y Emilio Covelli, paseando por las playas de la ciudad de N谩poles, llegaron a los nuevos planteamientos comunistas. Una explicaci贸n con cierto reguste buc贸lico y rom谩ntico y que fijaba simb贸licamente un cambio de paradigma en el Anarquismo, aunque, como tambi茅n apunt贸 el mismo Nettlau 鈥渄urante aquellos a帽os lleg贸 igual incitaci贸n desde distintas partes鈥4. De hecho, tambi茅n afirm贸 que, entre 1876 y 1879, los principales propagandistas anarquistas europeos aceptaron las doctrinas comunistas: en octubre de 1876 en el congreso de Florencia de la secci贸n italiana de la Internacional se aceptaron los planteamientos, tambi茅n en el mismo 1876 el destacasdo anarquista franc茅s Francis Dumartheray propag贸 las ideas, m谩s a煤n cuando desde su exilio ginebrino, junto a Piotr Kropotkin y otros destacados anarquistas, fundaron el peri贸dico Le R茅volt茅 e irradiaron dicha reformulaci贸n del anarquismo internacionalmente. En Francia, Italia y Suiza, as铆 como en otras zonas europeas, los planteamientos anarcocomunistas fueron hegem贸nicos antes de 1880, as铆 pues, pese a que en Espa帽a predomin贸 el colectivismo a煤n a inicios de los 鈥80, no era descabellado pensar que de manera aut贸noma, por los contactos con anarquistas extranjeros o, sencillamente, hab铆a un poco de todo, penetrasen la reformulaci贸n anarquista de tipo comunista.

Max Nettlau afirm贸 sobre el Comunismo An谩rquico que 鈥渓a propaganda propiamente anarquista, en el verdadero sentido, comenz贸 cuando fueron admitidas estas ideas鈥5. Una visi贸n, la del herodoto austr铆aco, que suscribo sin apenas matices. La cr铆tica que planteaba el comunismo an谩rquico al colectivismo, a mi entender, fue el paso l贸gico y necesario para que, definitivamente, se separase el Anarquismo del tronco ideol贸gico del Liberalismo. Pese a que ya estaban presentes en el colectivismo el antiestatismo, la socializaci贸n de los medios de producci贸n o la libre federaci贸n o acuerdo entre trabajadores, planteamientos compartidos por el colectivismo y el comunismo an谩rquicos y que, al mismo tiempo, los alejaban del tronco liberal, la creencia colectivista sobre que un trabajador deb铆a de recibir el producto 铆ntegro de su trabajo, reafirmaba una de las bases de las sociedades liberales, como era el derecho a la propiedad privada, en este caso la derivada de la pervivencia de un salario o s铆mil y, por ende, del dinero. La cr铆tica comunista, desde una perspectiva anarquista, no hac铆a otra cosa que recoger unas dudas germinadas desde que Pierre Joseph Proudhon se plante贸 qu茅 era la propiedad y encontr贸 una respuesta inequ铆voca: el robo.

Max Nettlau (1928). Anarquista y pionero en el estudio del Anarquismo. Fuente: Wikimedia

La cr铆tica contra el colectivismo era cuesti贸n de tiempo que apareciese en las filas liberarias, no en vano, ya que perviv铆a en el movimiento ciertos planteamientos m谩s pr贸ximos a las doctrinas liberales que no a las de tipo socialista. El producto 铆ntegro del trabajo no era demasiado factible de fijar sin dinero o un equivalente, lo cual, quer铆a decir, que se mantendr铆a una propiedad individual que pod铆a generar jerarqu铆as sociales. En este sentido, las palabras de Carlo Malato en su Filosof铆a del anarquismo son bastante claras:

鈥渆l comunismo-anarquista, generalizando la riqueza, entra帽a la supresi贸n del dinero haci茅ndolo in煤til. El numerario, fuente inagotable de desigualdades, no tendr谩 raz贸n de ser, porque todos los miembros de la sociedad, concurriendo a la producci贸n, podr谩n con este t铆tulo alcanzar cuanto les sea necesario en los almacenes generales, en los que se acumular谩n los productos de la naturaleza y de la industria鈥6.

El comunismo an谩rquico, frente al dilema colectivista de las desigualdades derivadas del mantenimiento de una forma de propiedad, como ser铆a la ligada al producto 铆ntegro del trabajo, optaba por una visi贸n en consonancia con su tiempo: en pleno desarrollo industrial, en donde la producci贸n de bienes de consumo y proliferaci贸n de servicios se hab铆an multiplicado exponencialmente, se consideraba que habr铆a de sobra para cubrir las necesidades humanas b谩sicas, socializando igualmente lo producido y los servicios prestados, puesto que se cre铆a que exist铆a abundancia para todos y que los avances t茅cnicos, en este sentido, a煤n pod铆an producir m谩s y mejor. Pensamientos que Piotr Kropotkin en su famosa obra La Conquista del Pan ejemplific贸 con las siguientes palabras:

鈥渆n el suelo v铆rgen de las praderas de Am茅rica, cien hombres, ayudados por poderosas m谩quinas, producen en pocos meses el trigo necesario para que puedan vivir en un a帽o diez mil personas. (鈥) A煤n son m谩s pasmosos los prodigios realizados en la industria. Con esos seres inteligentes que se llaman m谩quinas modernas, cien hombres fabrican con que vestir a diez mil hombres durante dos a帽os. En las minas de carb贸n bien organizadas, cien hombres extraen cada a帽o combustible para que calienten diez mil familias en un clima riguroso. (鈥)7[al tiempo que afirmaba que] somos ricos, much铆simo m谩s de lo que creemos. Ricos por lo que poseemos ya; a煤n m谩s ricos por lo que podemos conseguir con los instrumentos actuales; infinitamente m谩s ricos por lo que pudi茅ramos obtener de nuestro suelo, de nuestra ciencia y de nuestra habilidad t茅cnica, si se aplicasen a procurar el bienestar de todos鈥8.

El paradigma social no ser铆a el beneficio individual, t铆pico del Liberalismo, m谩s bien uno social vinculado al Socialismo, lo cual significaba el crear una sociedad fundamentada en derechos naturales que otorgaban a cualquiera por existir el disfrute de comida suficiente, ropa con la que vestirse, un hogar en donde dormir, vivir dignamente y plantear un mundo productivo en donde poder trabajar menos horas y en un ambiente relajado, seguro y confortable. Todo ello enmarcado en una sociedad autogestionaria en donde el individuo fuese la fuente y resguardo de la soberan铆a. En s铆ntesis, una sociedad regida por el bienestar de todos y todas y en donde la idea de progreso, en teor铆a compartida tanto por liberales como por otras escuelas socialistas, se ligaba a una mejora en el bienestar humano y no a la derivada de una supuesta mano invisible capitalista, que por entonces poca prosperidad y felicidad hab铆a generado all铆 donde el Liberalismo triunf贸. Un ideal de sociedad futura, sin duda, incluso hoy en d铆a bastante deseable y entonces, y esto creo que es importante para entender el florecimiento de los movimientos como el anarquismo, exist铆a la evidencia y conciencia que pese a lo mucho que se creaba, el disfrute de la riqueza social se polarizaba en un extremo minoritario configurado por unas pocas manos, mientras que en el otro, exist铆a una sociedad mayoritaria plagada de desheredados de los avances productivos.

Occidente en el 煤ltimo tercio del siglo XIX fue un paisaje en donde las diferencias sociales se palpaban en las calles de forma desgarradora. Las 茅lites sociales, en estados como Espa帽a, se configuraron por terratenientes, industriales sin escr煤pulos, banqueros, especuladores, pol铆ticos que hoy en d铆a se considerar铆an corruptos, militares de alta graduaci贸n y sotanas de alta alcurnia. Personas muchas veces ostentosas, que disfrutaban del lujo y los placeres mundanos al abrigo de una miseria generalizada. Si entre anarquistas, pese al terrible balance mortal del atentado de Santiago Salvador en el Teatro del Liceo de Barcelona, en donde murieron aquel 7 de noviembre de 1893 una veintena de personas, se lleg贸 a justificar el atentado, no fue por otro motivo que el sustrato de odio que exist铆a en una sociedad polarizada. El odio entre clases, generado por el goteo de vidas de trabajadores en beneficio de unas 茅lites despreciables y opulentas, hac铆a comprensible incluso un atentado de dicha magnitud para una parte importante de la poblaci贸n. En Barcelona por entonces, en un contexto represivo antianarquista sin tregua desde hac铆a a帽os, un lugar como El Liceo era, m谩s all谩 de su valor art铆stico, un monumento a la hegemon铆a y opulencia de las 茅lites.

El 煤ltimo tercio del siglo XIX fue una 茅poca en donde el com煤n de la poblaci贸n dif铆cilmente ten铆a posibilidades de llegar a lo que hoy en d铆a se considerar铆a la vejez: las enfermedades, el hambre y el fr铆o eran el pan negro de cada d铆a en multitud de rincones de Europa. La evidencia que los avances t茅cnicos y el incremento exponencial de la productividad no se distribu铆a de manera socialmente justa era tan clara, que la conciencias revolucionarias, pese a la represi贸n generalizada, se incrementaban d铆a a d铆a. Al fin de cuentas tal y como afirm贸 Kropotkin, muchas personas pensaban que las 茅lites 鈥減revaleci茅ndose de pretendidos derechos adquiridos en el pasado, se apropian hoy de dos tercios del producto del trabajo humano, dilapid谩ndolo del modo m谩s insensato y escandaloso鈥9.

El comunismo an谩rquico frente al colectivismo optaba frente a la pervivencia de la propiedad individual vinculada al salario, por la soluci贸n de socializar tambi茅n el fruto del trabajo individual, y tampoco se contradec铆a con el principio an谩rquico de libertad del individuo, puesto que al fin de cuentas, frente a la gesti贸n individualizada del producto del trabajo, la cual no pod铆a asegurar una plena subsistencia, se optaba por la gesti贸n individualizada de las necesidades humanas: lo que deb铆a regir la econom铆a no era una libertad de gesti贸n individual de un capital, era el poder disfrutar y satisfacer, aportando lo que se pudiese a la sociedad por tus capacidades, todas las necesidades humanas b谩sicas.

Lo aqu铆 reflejado y expuesto no deja de ser un planteamiento simplificado de las doctrinas comunistas frente a las colectivistas, pero a modo de ejemplo y para entender la complejidad y matices de dichas doctrinas, s贸lo habr铆a que analizar a m谩s autores como Elis茅e Reclus o al italiano Errico Malatesta para comprender la diversidad de dichos postulados. Sobre 茅ste 煤ltimo personaje en concreto, destacar铆a su adopci贸n heterodoxa del comunismo, puesto que en una cr铆tica de la cr铆tica, pensaba que posiblemente en una sociedad comunista no existir铆a la abundancia prevista por Kropotkin y otros. Consideraba que existir铆an productos y servicios que s铆 se podr铆an poner en com煤n, mientras que otros se deber铆an de racionalizar de alguna manera. Posiblemente el alojamiento, ciertos alimentos o el vestido ser铆an de libre disposici贸n, pero si la producci贸n no generase la oferta suficiente, desde la perspectiva malatestiana, esos productos (o servicios), se tendr铆an que limitar de alguna manera ante la demanda existente. Esta heterodoxia o si se prefiere, pragmatismo o flexibilidad, fue una caracter铆stica propia de dicha figura hist贸rica del Anarquismo, en 茅ste y tambi茅n en otros debates en el seno del Anarquismo.

Errico Malatesta. Funte: AKPRESS

La pol茅mica entre colectivistas y comunistas en Espa帽a

Una parte importante de la historiograf铆a, ante la evidencia que en Espa帽a predomin贸 el colectivismo hasta los primeros a帽os de la d茅cada de los 鈥90 del siglo XIX y, ante la existencia igualmente de documentos que indican que existieron fuertes pol茅micas entre comunistas y colectivistas, entienden que la penetraci贸n del comunismo y su difusi贸n se encontr贸 con una fuerte resistencia por parte de los colectivistas, ejemplificada, precisamente, por la virulencia enmarcada en dicha pol茅mica, con algunas figuras destacadas en la misma como la de los anarquistas Josep Llunas, Ricardo Mella o Francisco Tom脿s. Esto, en parte, se refuerza por la visi贸n de los primeros n煤cleos comunistas en Espa帽a como minoritarios y exaltados.

Sin embargo, en la 煤ltima d茅cada e incluso m谩s all谩, gracias a la labor de varias investigaciones, por ejemplo, la de Claudio Venza y Francisco Madrid en su Antolog铆a documental del anarquismo espa帽ol, se intuye que dicha pol茅mica, pese a momentos de puntuales tensiones, no fue tan virulenta como se planteaba. El mismo Emili Hugas, uno de los anarcocomunistas catalanes m谩s reconocidos por su supuesto fanatismo, en el libro Di谩logos del calabozo, escrito a partir de un di谩logo entre 茅l y un colectivista socialista durante una detenci贸n, al abrigo de las jornadas de mayo de inicios de los 鈥90, se muestra como una persona tolerante y abierta de miras, que respetaba las diferencias aunque, eso s铆, se mostraba muy seguro de sus planteamientos comunistas. Se sabe, igualmente, que Mart铆 Borr脿s, otro destacado comunista anarquista de Gr脿cia (Barcelona), cuando fue detenido en 1889 tras las consecuencias de un m铆tin anarquista fallido en la barcelonesa Pla莽a Catalunya, era uno de los corresponsales de las publicaciones del, por entonces, uno de los colectivistas m谩s reconocidos en toda Espa帽a: Ricardo Mella. Su relaci贸n, pese al cruce dial茅ctico entre publicaciones comunistas y colectivistas, fue fraternal e incluso Mella accedi贸 a publicar una cr贸nica de Borr脿s en las p谩ginas de su peri贸dico, cuando entonces, por ejemplo, el barcelon茅s El Productor se neg贸, abanderado por entonces de la incipiente anarqu铆a sin adjetivos, partidaria de dejar de lado las diferencias sobre la sociedad futura y, sin renegar de la necesidad de organizarse, aprender de los errores comentidos en las d茅cadas pasadas.

Detalle de 鈥淒i谩logos del Calabozo鈥. Fuente: Archivo digital del autor.

鈥淒i谩logos del Calabozo鈥 de Emilio Hugas (1890)Descarga

As铆 que, resulta indudable que existi贸 un debate sobre las doctrinas colectivistas y las comunistas dentro del Anarquismo, pero hay que desdramatizar la supuesta virulencia del mismo. Durante aquellos a帽os finiseculares un movimiento como el Anarquismo ten铆a muchos otros debates de igual o mayor importancia. Analiz谩ndolos y no quitando tampoco importancia a las pol茅micas meramente doctrinales sobre la sociedad futura y su organizaci贸n econ贸mica, otras cuestiones fueron m谩s urgentes e importantes, por ejemplo el c贸mo hacer la revoluci贸n, que en gran medida se determinaba por el modelo organizativo a escoger, o el posicionamiento frente a la violencia pol铆tica como herramienta de lucha, que se trasladaba en la preferencia de una estrategia insurreccional inmediatista e ilegalista, frente a un legalismo que pospon铆a la fuerza insurreccional a un periodo futuro m谩s o menos lejano. El Estado, en estos debates, ten铆a algo que decir, puesto que legalizando o no al movimiento, reprimi茅ndolo o no, influenciaba en el posicionamiento de los anarquistas.

A finales de la d茅cada de los 鈥70 e inicios de los 鈥80, en Espa帽a y buena parte de Europa, los debates que m谩s trascendieron, bastante m谩s que el referido al modelo econ贸mico futuro, fueron los mencionados en el p谩rrafo anterior. En el caso espa帽ol, s贸lo hay que volver a pensar en las diferencias que se originaron entre finales de los 鈥70 e inicios de los 鈥80 en el seno de la finiquitada FRE-AIT, su continuadora en los 鈥80 del XIX, la Federaci贸n de Trabajadores de la Regi贸n Espa帽ola (FTRE), as铆 como en su escisi贸n de Los Desheredados. Todas esas organizaciones fueron aparentemente colectivistas, sin embargo, los debates fueron acalorados y durante a帽os, desde aquellos que en su momento apoyaron la v铆a insurreccional, se recordar谩 el papel legalista y moderado de la FTRE en sus primeros a帽os, asegurando que los sectores legalistas traicionaron a la organizaci贸n y a la causa anarquista, puesto que en el contexto de la represi贸n orquestrada tras el caso de La Mano Negra a inicios de los 鈥80, dichos sectores publicaron diferentes nombres de personas que fueron reprimidas, fomentaron purgas internas y obstruyeron el conocimiento de los debates internacionales en las filas aut贸ctonas.

Por entonces, en la d茅cada de los 鈥80 del siglo XIX, los debates de ideas giraban en otros polos, los cuales, pese a la irrupci贸n del debate sobre colectivismo o comunismo, permanecieron igualmente el tiempo. Como apuntaron investigaciones anteriores, y bas谩ndome en lo expuesto en su momento por Jos茅 脕lvarez Junco en su conocida obra La ideolog铆a pol铆tica del anarquismo espa帽ol (1868-1910)10desde 1875, si nos centramos en el debate del modelo organizativo, existieron planteamientos encaminados a una mayor descentralizaci贸n organizativa, en 1878, por ejemplo, la Federaci贸n Local de la FRE-AIT de Sabadell realiz贸 una propuesta de reducci贸n de atribuciones de la Comisi贸n Federal. En 1883, ya en el contexto represivo de La Mano Negra, la secci贸n de Gr脿cia de la FTRE present贸 una propuesta de estatutos encaminada, igualmente, a una reducci贸n de las atribuciones de la Comisi贸n Federal, mientras que a partir de 1883 y hasta la disoluci贸n de la FTRE en 1888, un sector importante del colectivismo catal谩n y parcialmente castellano (Madrid y Valladolid), congreso tras congreso, propondr谩n y aplicar谩n una descentralizaci贸n organizativa de la FTRE, hasta su substituci贸n por la OARE y la Federaci贸n de Resistencia al Capital en 1888. S贸lo habr铆a que leer los famosos art铆culos de Antoni Pellicer Paraire en la revista Acracia, en 1887, para comprender la naturaleza del debate sobre la comentada descentralizaci贸n organizativa.

Sobre el uso o no de la violencia pol铆tica y sus debates acalorados, s贸lo habr铆a que leer el peri贸dico La Tramontana, dirigido por Josep Llunas quien, a inicios de los 鈥80, ocup贸 cargos en la Comisi贸n Federal de la FTRE, destacando por ser uno de los promotores del legalismo a ultranza, ejemplificado en pol茅micas como la que sostuvo contra Miguel Rubio en el congreso de Sevilla de la FTRE en 1882, o por la aparici贸n de listados de nombres de anarquistas contrarios al legalismo en 贸ganos de la FTRE cuando estaba en su Comisi贸n Federal.

Llunas fue el mayor representante del anarquismo colectivista m谩s legalista e incluso en muchos aspectos heterodoxo, ya que mostraba sentimientos cercanos al nacionalismo catal谩n, pese a no renunciar a su internacionalismo, o tambi茅n mostraba gestos a la colaboraci贸n abierta con otros movimientos contrarios a la Restauraci贸n Borb贸nica que por entonces se padec铆a. Como dato de ejemplo, durante a帽os, en la misma cabecera de La Tramontana se anunciaba que eran, entre las cabeceras liberales, la m谩s liberal. Llunas critic贸 desde esas p谩ginas toda acci贸n an谩rquica que hiciese uso de la violencia pol铆tica. Si bien no negaba que la insurrecci贸n popular era uno de los motores de la historia, entend铆a que era un momento en que la educaci贸n y los m茅todos pac铆ficos deb铆an de imponerse. En un contexto de atentados como el de 1893, en donde casi nadie se cuestionaba, dentro del anarquismo, la necesidad o como m铆nimo comprensi贸n del uso de la fuerza, m谩s a煤n si se ten铆a en cuenta la dura represi贸n en torno a los primeros de mayo de 1890 a 1892, Llunas destac贸 por la cr铆tica de los mismos, como el de Paul铆 Pall脿s o Santiago Salvador. Usando un lenguaje similar al del Liberalismo m谩s conservador, etiquetaba al anarquismo partidario de la violencia con el apelativo de terrorista, pensaba que esos hechos eran contrarios a la idea de progreso. De hecho Llunas, en el a帽o 1896, tras el atentado del Corpus en Barcelona, dej贸 el activismo an谩rquico, dedic谩ndose a otras cosas como la prensa deportiva. En cualquier caso, en el 煤ltimo ejemplar de La Tramontana, se despidi贸 con un escrito en el cual criticaba muy duramente el atentado, hasta el punto que, a mi entender, despu茅s de eso, decidi贸 abandonar la primera l铆nea an谩rquica, aunque entonces, ya en 1896, por sus posicionamientos moderados y por ciertas veleidades de crear una organizaci贸n libertaria, aunque acusada de jer谩rquica en su funcionamiento, estaba bastante aislado y marginado dentro de las filas del anarquismo.

Portada del 煤ltimo ejemplar de La Tramontana. Llunas fue detenido en los inicios del Proceso de Montjuic, pero fue liberado a las pocas horas. En esta portada critica el atentado, dando por cierta la supuesta autor铆a anarquista, culminando as铆 una campa帽a que pese a lo loable del contenido, la lucha pac铆fica, no era comprendida o aceptada por la mayor铆a del anarquismo, el cual padec铆a un d铆a a d铆a de miseria y episodios represivos de forma habitual. Fuente: Archivo digital personal.

As铆 pues, si retomamos el tema del juego de debates y tendencias internas dentro del anarquismo hispano, encontramos que en los 鈥80 colectivistas y comunistas confrontaban sus planteamientos, pero al mismo tiempo, partidarios de la legalidad obrerista y del ilegalismo insurreccional tambi茅n expresaban sus diferencias y, finalmente, se debat铆a sobre los modelos organizativos a utilizar, desde posiciones favorables a mantener las estructuras sindicales utilizadas desde los 鈥70, a quienes quer铆an suprimirlas y fomentar la creaci贸n de grupos de afinidad, pasando por quienes hibridaban los dos extremos para fomentar organizaciones m谩s descentralizadas y separando la acci贸n sindical de la propiamente anarquista.

Si analizamos estos tres debates al mismo tiempo, el doctrinal, el estrat茅gico y el organizativo, entenderemos que el binomio anal铆tico cl谩sico que planteaba una pugna entre un colectivismo legalista frente a un comunismo insurreccional es insuficiente para entender la realidad y desarrollo del anarquismo por estas tierras. Si analizamos esta complejidad existente entonces en el debate de ideas anarquistas, entenderemos el porqu茅 desde p谩ginas de publicaciones comunistas como La Justicia Humana se encuentran cartas publicadas de colectivistas, la existencia de relaciones estables entre personalidades de entornos enfrentados o diferencias dentro de un mismo tipo de anarquismo en diversas cuestiones.

La irrupci贸n del debate sobre la anarqu铆a sin adjetivos, propugnada por individualidades como Fernanto Tarrida del M谩rmol, Pere Esteve o Antoni Pellicer, as铆 como la aparici贸n en el seno del comunismo de los planteamios organizativos formales de Malatesta, Gori y compa帽铆a, son s贸lo una muestra m谩s que los debates que hicieron posicionar a los anarquistas en aquellas d茅cadas que aventuraban ya el siglo XX, eran los referidos al c贸mo organizarse y a la estrategia de lucha a adoptar como los m谩s importantes, antes que el c贸mo ser铆a la sociedad del ma帽ana, si colectivista o comunista. Tanto el antiadjetivismo, de ra铆z colectivista (aunque tender谩 al comunismo en pocos a帽os), como las propuestas organizativas de Malatesta a fines de los 鈥80 e inicios de los 鈥90, de ra铆z comunista, ten铆an en com煤n el dejar en un segundo plano a la cuesti贸n econ贸mica de la sociedad futura, puesto que lo tangible e importante para el desarrollo y posibilidad de experimentar las teor铆as an谩rquicas, no era tanto el c贸mo ser铆a la sociedad del ma帽ana, m谩s bien el c贸mo conseguirla. La propuesta malatestiana, en su momento, tuvo la respuesta cr铆tica de muchos sectores del comunismo an谩rquico internacional, quienes reafirmaron la necesidad de la informalidad organizativa basada en grupos de afinidad. No resultaba extra帽o que la naturaleza de ambos proyectos separados en lo econ贸mico, el antiadjetivismo peninsular de resonancias colectivistas y el del 鈥減adre鈥 del Comunismo Anarquista, Errico Malatesta, se dieran de la mano, simbolizada esa uni贸n durante el interrumpido viaje propagand铆stico de Malatesta por tierras catalanas y espa帽olas en las 煤ltimas semanas de 1891 y los primeros d铆as de 1892.

No es una cuesti贸n de negar las fuertes rivalidades e incluso odios que existieron anta帽o entre las diferentes tendencias anarquistas, expresadas ya por la propia historiograf铆a, como tampoco lo es el negar la existencia de un debate doctrinal entre comunismo y colectivismo, lo que se intenta plantear en este texto es la necesidad de mostrar mayor complejidad en los debates y consiguientes posicionamientos de las diferentes tendencias del Anarquismo.

Tampoco se debe de obviar que las batallas dial茅cticas y doctrinales entre publicaciones libertarias, m谩s que diferencias m茅ramente te贸ricas, escond铆an mucho m谩s, como viejos rencores y rivalidades ante un mismo p煤blico. A modo de ejemplo, me gustar铆a mencionar la Conferencia Internacional Anarquista de Par铆s, iniciada el 1潞 de septiembre de 1889. En dicha conferencia los representantes fueron 鈥poco numerosos: un espa帽ol, dos alemanes, dos ingleses; uno 贸 dos italianos y algunos camaradas de las provincias [francesas]11, aunque tambi茅n anarquistas exiliados acudieron en buen n煤mero: 鈥渃uantos anarquistas extranjeros hab铆a en Par铆s, sea domiciliados en la ciudad 贸 de tr谩nsito (varios americanos), han ido 谩 la Conferencia con numerosos compa帽eros de Par铆s y su radio y de las provincias鈥12En aquella conferencia, propugnada entre otros por el n煤cleo alrededor de La R茅volte, con Kropotkine o Grave a la cabeza, uno de los temas que se abordaron fueron los referentes a la situaci贸n espa帽ola. Despu茅s de a帽os de pol茅micas internas, el proyecto antiadjetivista de la OARE se presentaba al anarquismo internacional. El delegado espa帽ol fue Fernando Tarrida del M谩rmol y, seg煤n Max Nettlau en Le Pr猫miere Internationale en Espagne, representaba en dicho congreso a los grupos anarquistas nacidos al amparo del Congreso de Val猫ncia de 1888. Tarrida del M谩rmol ten铆a las credenciales de 10 grupos de Barcelona, 3 de Sant Mart铆 de Proven莽als, 2 de Sabadell, otros tantos de Sant Feliu de Gu铆xols, as铆 como de otras localidades catalanas13 y del resto del estado, destacando entre ellas a Bilbo y Valladolid.

En el contexto internacional de la pol茅mica doctrinal entre comunismo y colectivismo, la representaci贸n espa帽ola de la OARE era sospechosa del posicionamiento oficial del antiguo colectivismo legalista de la FTRE. En s铆ntesis, representaba la evoluci贸n de dicha corriente y se jugaba en Par铆s gran parte de su aceptaci贸n internacional. Pero m谩s que entrar a fondo en ciertos posicionamientos de la pol茅mica, prefiri贸 optar por la f贸rmula de la ambig眉edad antiadjetivista y no posicionarse demasiado en este sentido, m谩s all谩 de dejarlo en manos de quienes hiciesen la revoluci贸n. Sin embargo, su intervenci贸n s铆 que se centr贸 en los temas que de verdad interesaban a la audiencia: 鈥渆l delegado espa帽ol, redactor de 鈥楨l Productor鈥, refiere los or铆genes del grupo anarquista en Espa帽a, y la fundaci贸n de la Federaci贸n que publicaba 鈥楲a Revista Social鈥. Muestra los numerosos defectos de estas organizaci贸n: sus estatutos, su comit茅 central y las expulsiones incesantes de los que quer铆an salirse de un c铆rculo trazado de antemano. Cuenta asimismo c贸mo los delegados al Congreso de Valencia de 1887, fueron desautorizados por sus mandatarios, y c贸mo, por fin el segundo Congreso de Valencia de 1888 aboli贸 toda la organizaci贸n autoritaria de la Federaci贸n鈥14. En toda regla una cr铆tica que recordaba profundamente a los planteamientos de los disidentes expulsados de la FTRE a partir de 1882 y a la posterior de los primeros grupos anarcocomunistas, pero realizada en este caso desde los antiguos comit茅s de la FTRE en sus 煤ltimos a帽os. Era una aceptaci贸n, o si se prefiere una especie de mea culpa, de un colectivismo que, ante los problemas organizativos, opt贸 por aceptar parte de las cr铆ticas. Cuanto menos as铆 se entendi贸 internacionalmente, puesto que en ese contexto, el posicionamiento de publicaciones, como La R茅volte, ya llevaban tiempo dando muestras de ser m谩s comprensivas con el anarquismo espa帽ol del colectivismo tard铆o, el cual aceptar铆a de facto los postulados comunistas a mediados de los 鈥90 del siglo XIX.

Detalle de la portada del primer ejemplar de La Revoluci贸n Social (Barcelona). Fuente: Archivo digital personal

La Revoluci贸n Social Descarga

Poco m谩s de un mes despu茅s de la Conferencia anarquista de Par铆s, Malatesta foment贸 que el proyecto organizativo de la OARE se aceptase con m谩s fuerza, al trazar desde las p谩ginas deL鈥橝ssociazione una estrategia organizativa similar. Tarrida del M谩rmol dej贸 muy de lado la pol茅mica entre colectivismo y comunismo y, en el foro an谩rquico de Par铆s, vino a afirmar que la anomal铆a estrat茅gica espa帽ola que hab铆a existido hasta entonces, fundamentada en el legalismo extremo, estructuras sindicales no del todo igualitarias y la denuncia de la violencia pol铆tica como estrategia de lucha, hab铆a resultado un error, al tiempo que preconizaba la aceptaci贸n y defensa de los est谩ndares estrat茅gicos y metodol贸gicos europeos, posicion谩ndose cercano al comunismo de individualidades como Malatesta, tanto por planteamientos como el que defend铆a 鈥渜ue cada uno trabajar铆a seg煤n su temperamento, y que unos podr铆an organizarse en repartici贸n colectiva y otros en repartici贸n comunista鈥15, como por sinergias organizativas cercanas a los planteamientos malatestianos de aquellos a帽os, que primaban por crear organizaciones internacionales (una especie de partido pol铆tico que no se presentase a elecciones) y dejar en segundo lado lo doctrinario. Sin embargo, pese a ese clima de concordia, un espa帽ol presente en la conferencia, un tal Casanovas, presumible miembro del entorno anarcocomunista de Catalunya, y quiz谩 uno de los hu铆dos en el contexto represivo contra publicaciones como el Tierra y Libertad a finales de la d茅cada de los 鈥80, interpel贸 a Tarrida del M谩rmol llamando 鈥溍 la memoria algunos grupos anarquistas espa帽oles, entre otros 鈥楲a Mano Negra鈥, con las ejecuciones que tuvieron por objeto acabar con esta sociedad; ejecuciones contra las cuales no protest贸 la Federaci贸n an谩rquica colectivista de entonces, por cuyo motivo el orador parece querer acusarla a煤n hoy d铆a鈥16La intervenci贸n de Casanovas ni tan siquiera se detuvo en elementos economicistas, puesto que se centr贸 en otros temas, m谩s centrados en la desconfianza y honradez de las palabras del delegado de la OARE, o sencillamente que, pese a los cambios discursivos, el perd贸n por la actuaci贸n de los primeros a帽os de la FTRE no se conseguir铆a nunca entre integrantes del movimiento anarquista, como nunca se perdon贸 entre anarquistas que la disidencia marxista, en el contexto de su g茅nesis en los 鈥70, optase por utilizar sus medios de propaganda para delatar el nombre de todos los componentes de la alianza bakuninista existente entonces. Esos hechos generaron antipat铆as entre propagandistas, y tampoco se deber铆an de olvidar en el momento que pensamos en los diferentes debates que existieron.

El debate entre colectivismo y comunismo fue palpable en el ambiente del anarquismo finisecular, pero no fue el 煤nico, ya que la estrategia organizativa o si la Revoluci贸n ser铆a violenta o pac铆fica tambi茅n hicieron acto de presencia. Incluso a finales del siglo XIX e inicios del XX, el tema doctrinal acab贸 siendo secundario, tanto que, de hecho, el Anarquismo Comunista se impuso pr谩cticamente en silencio. Aunque tampoco hay que olvidar que unas pocas d茅cadas despu茅s, durante los llamados epis贸dicos revolucionarios derivados de la Guerra Civil Espa帽ola, me pregunto si lo que se experiment贸 ten铆a m谩s de comunismo o quiz谩 m谩s bien de colectivismo. Aunque eso ser铆a otro debate, historiogr谩fico en este caso.

Notas

1 Nombre de la m铆tica mujer pirata, nacida en 1690 y que entre 1719 y 1720 se hizo conocida por sus aventuras en los mares. La pirater铆a, si nos centramos en su estudio, tiene fuertes componentes que lo pueden enlazar con el anarquismo, pero una cosa es la existencia de movimientos con cr铆tica a las jerarqu铆as y de talante igualitario y otra, bien diferente, es enlazarlos en un com煤n hist贸rico.
2 D脡JACQUE, Joseph. La question r茅volutionnaire. Par铆s, Mutines S茅ditions, 2011, p. 40.
3 MALATESTA, Errico Malatesta. 鈥淟a Anarqu铆a鈥. En: MALATESTA, Errico, Escritos, Madrid, Fundaci贸n Anselmo Lorenzo, 2002, pp. 178-179.
4 NETTLAU, Max. Errico Malatesta. La vida de un anarquista, [Recurso web], kclibertaria, [驴?], p.40.
5 Ib铆dem, p.49.
6 MALATO, Carlo. Filosof铆a del anarquismo, Madrid-Gij贸n, J煤car, 1978, p.52.
7 KROPOTKIN, Pierre, La Conquista del Pan, Madrid-Gij贸n, J煤car, 1977, pp. 9-10.
8 Ib铆dem, p.10.
9 Ib铆dem, p. 10.
10 脕LVAREZ JUNCO, Jos茅. La ideolog铆a pol铆tica del anarquismo espa帽ol (1868-1910) -II edici贸n corregida-. Madrid, Siglo XXI, 1991.
11 鈥淧rimera sesi贸n de la Conferencia Internacional Anarquista鈥. En: La Revoluci贸n Social, 12/10/1889, p. 4.
12 Ib铆dem.
13 Reus, Picamoixons, Gr脿cia, Sant Andreu del Palomar, Terrassa y Carme.
14 鈥淧rimera sesi贸n de la Conferencia Internacional Anarquista鈥. En: La Revoluci贸n Social, 12/10/1889, p. 4.
15 Ib铆dem.
16 Ib铆dem.

Ser Hist贸rico




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com