May 10, 2021
De parte de Nodo50
324 puntos de vista


Más de una semana de conflictos en Colombia, desnudan las condiciones de miseria y de opresión vividas allí. La respuesta de la gente, no podía ser otra que tomarse las calles y mostrar su descontento, probando una vez más que el lenguaje de la confrontación, el conflicto y la violencia, es el único que entiende el poder. Las movilizaciones trajeron consigo que Iván Duque, retirara el proyecto de reforma tributaria que motivó la indignación general en primer lugar, pero esta historia no acaba ahí.

Opus

Acto 1: Crisis

La pandemia global se ha dibujado como la excusa perfecta para hacer a un lado la inversión social y olvidarse de los sectores de la población históricamente excluidos, las negritudes, las comunidades originarias, las disidencias sexo-genéricas, las mujeres, las niñas y los niños.

El incremento de la violencia intrafamiliar, los feminicidios, las agresiones sexuales y el terrorismo de estado, encabezado por el asesinato de cientos de líderes y liderezas sociales, entre quienes se encontraban autoridades afro, indígenas y campesinas, configuraba el panorama cotidiano de la época en curso.

Además, los índices de pobreza, hambre, precariedad laboral y desempleo crecen. El sistema de salud se privatiza, aumentan el precio de los alquileres, de los alimentos, el del combustible; a su vez, incrementa el gasto militar, y por si fuera poco, siendo este el contexto, se pretende impulsar una reforma tributaria, con el pretexto de paliar los efectos de la pandemia en la economía, para que la crisis, que no es otra que el sistema mismo, la paguen lxs pobres y las personas más desfavorecidas.

Cali, conocida como la ciudad de los desplazados, ha vivido de forma desproporcionada estas alzas y privaciones. Sin embargo, no ha sido una excepción dentro del departamento, y zonas históricas de pobreza extrema como el puerto de Buenaventura y ciudades aledañas a Cali como Buga, también pasan por difíciles y desafiantes condiciones de vida, que se replican a lo largo y ancho del país.

Acto 2: El odio

Son unos asesinos. Usan armas de fuego, así cualquiera. Nosotros solo tenemos piedras. “La Haine” , película de 1995

La reforma tributaria fue la gota que derramó el vaso. Si bien antes la única solución era apretarse el cinturón y sacarle otra papita al caldo, hoy la respuesta fue volcarse a la calle y exigirle al gobierno asesino la retirada de tan infame proyecto, consiguiendo al principio, poco más que tozudas declaraciones del mandatario y su camarilla, pero obteniendo con los días la retirada de la reforma propuesta y la renuncia del ministro de hacienda.

Decenas de vidas han sido segadas para conseguir esta meta, también son decenas las violaciones, agresiones sexuales cometidas, desapariciones forzosas y cientos de detenciones que con serias dificultades y ante un enorme subregistro se han logrado compilar. En suma, en tanto las mismas condiciones de miseria siguen vigentes, la rabia de la gente ha ido in crescendo, al punto de dirigir legítimos ataques contra estaciones de policía y entidades bancarias, movilizar a poblaciones afro e indígenas desde sus territorios a ciudades capitales como Popayán y Cali, y protagonizar bloqueos no solo en ciudades, sino en importantes vías arterias del sur del país, generando así desabastecimiento en distintas regiones colombianas, en una accidental sincronía a nivel nacional, que dicen muchxs, no se veía desde el paro cívico de 1977.

El grupo Anonymous también atacó por medios virtuales, atribuyéndose hackeos a las páginas del senado, de la presidencia, la dirección de aduanas y del ejército, publicando los correos electrónicos y las contraseñas de más de 150 cuentas de miembros de las fuerzas armadas; nombres, números de celular y documentos de identidad de integrantes de la policía, y las intervenciones a las comunicaciones de radio del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), en las que se habla de operaciones urbanas, se solicita apoyo, municiones y se menciona actividad de flota aérea.

Intermezzo

Acto 3: Estado Asesino

Van a volver, las balas que disparaste van a volver.

La sangre que derramaste, la pagarás.

La gente que asesinaste, no morirá. ¡No morirá! (Cántico tradicional de protestas en Colombia)

Iván Duque, cual niño caprichoso sacó sus juguetes nuevos. Helicópteros Black Hawk, los últimos modelos de los lanzacartuchos Venom, que contienen humo y químicos, entre otras dotaciones tecnológicas “no letales” para los cuerpos antidisturbios, que con dueñidad sin par se pasean junto al ejército por las calles de las ciudades, convertidas en auténticos campos de batalla; donde el eco de las botas militares que antaño ejecutaban operaciones de contrainsurgencia en el monte, hoy rebota sobre el asfalto.

En un aspecto más técnico, desde la organización Netblocks, encargada de reportar anomalías en el acceso a internet a nivel global, también se denuncian interrupciones del servicio de internet, particularmente en Cali, epicentro de los conflictos, y en momentos en que se vivía una represión intensa. Adicionalmente, se reporta “sospechosa” desaparición de contenidos en famosas plataformas virtuales privativas.

Sumada a la militarización, los tuits del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, fundador del partido que llevó a la presidencia de Colombia a Iván Duque, solo exacerbaron la sed de sangre de militares y policías, a quienes felicitaba, respaldaba en su accionar y en el uso de las armas, al punto que la propia plataforma Twitter, tuvo que censurarlo.

No obstante, no fue ese su último trino, y esta vez, haciendo referencia a la teoría de la revolución molecular disipada del renombrado fascista chileno Alexis López, (concepto difundido por él mismo en la Universidad Militar Nueva Granada en Bogotá en fechas recientes), Uribe, seguía haciendo apología de la violencia estatal, señalando como terroristas y vándalos, a todas las personas partícipes de las protestas, por quienes además el gobierno colombiano ofrece recompensas.

Mientras tanto, las redes sociales se inundaban de aterradores videos, donde madres descubren los cadáveres de sus hijos tendidos en el suelo, el pánico se apodera de barrios de Buga, sobrevolados por helicópteros Black Hawk, en los que se aprecia de forma inequívoca el estertor de los ametrallamientos y disparos indiscriminados, y otros, donde se denuncia que en el patio de un colegio de un barrio del sur de Bogotá, aterrizó un helicóptero utilizado en operaciones aéreas en la ciudad.

Cabe aclarar, que en momentos de tensiones tales, abundan las noticias falsas y el oportunismo rampante, que busca hacer ver como mentiras las vejaciones cometidas por el estado, el ejército y la policía. Sin embargo, los sucesos de los que hacemos referencia, han sido comprobados por diferentes agencias independientes de noticias que se encuentran haciendo cubrimientos desde diferentes puntos, en el lugar de los hechos.

Acto 4: Acuerpando la revuelta

A pesar del intento de romper el tejido comunitario, ofreciendo recompensas, denunciando a las personas presentes en las protestas o imponiendo toques de queda; pese a no ser una constante en todo el país, en las trincheras se ha visto una coordinación barrial y comunitaria impresionante…

Mientras que la revolución comporta una estrategia a largo plazo y se halla inmersa en el decurso de la historia, la revuelta no es sólo un repentino estallido insurreccional, sino una verdadera “suspensión” del tiempo histórico. Y es en la suspensión donde se libera la verdadera experiencia colectiva: “El instante de la revuelta determina la fulmínea autorrealización y objetivación de sí como parte de una comunidad. La batalla entre el bien y el mal, entre supervivencia y muerte, entre éxito y fracaso, en la que cada uno está a diario comprometido, se identifica con la batalla de toda la comunidad: todos tienen las mismas armas, todos enfrentan los mismos obstáculos y al mismo enemigo. Todos experimentan la epifanía de los mismos símbolos”. (Furio Jesi)

A pesar del intento de romper el tejido comunitario, ofreciendo recompensas, denunciando a las personas presentes en las protestas o imponiendo toques de queda; pese a no ser una constante en todo el país, en las trincheras se ha visto una coordinación barrial y comunitaria impresionante para atender a las personas heridas, informar sobre las incursiones policiales y militares en las zonas, y mantener por turnos la vigilancia comunitaria permanente, todo esto financiado por cuotas establecidas dentro de las mismas comunidades, cuidando la vida, contrario a lo que informan fuentes estatales.

En el contexto de la pandemia, lo local ha tomado más relevancia que la afinidad, pues las distancias, magnificadas por las restricciones en la movilidad hacen más complicado el apoyo a distancia, la solidaridad/sororidad que no se efectúa desde el mismo punto donde ocurren las cosas. De modo que, vecinxs que probablemente ni se trataban o se conocían, hoy trabajan mano a mano en beneficio de su comunidad, en esta coyuntura represiva.

Bloqueos vecinales en Cali (Foto: Medios libres Cali)

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Acto 5: El fin de las ideologías

Antes, lxs vecinxs religiosxs tomaban distancia de aquellxs que parecían tener más afinidad con las izquierdas, lxs afines de las izquierdas, a su vez se alejaban de quienes estaban más en sintonía con ideas de centro o de derecha, y así, por no hablar de personas que no son parte de ninguna estructura partidaria o plataforma política. Estas distancias eran más evidentes en tiempos de elecciones, donde cada cartel en una casa promoviendo una campaña u otra, era como una sutil provocación.

No obstante, hoy sin colores políticos, sin importar esas marcadas diferencias, la gente se reúne en las calles al calor de las hogueras que junto a la luna, iluminan las barricadas y los frentes barriales que indómitos se sobreponen a la normalidad que pretende imponer la paz social a sangre y fuego.

Conclusión:

La expansión de la conflictividad social hizo más evidente la guerra, que con eufemismos el poder busca ocultar, guerra que amplificada por el conflicto armado interno vivido por décadas, ha sido la constante del país; lo que hace que sucesos de este tipo no se lean como excepcionales, con la diferencia de que hoy la guerra de ayer se traslada a las metrópolis.

Estos hechos también revelan la vigencia de los antagonismos de siempre, (civiles y actores armados, poderosxs y desposeídxs, etc.). Asímismo, a pesar de ser en principio un asunto de clases medias, el acompañamiento de distintos sectores (campesinado, negritudes, comunidades indígenas, mujeres, disidencias sexo-genéricas, gremios como los transportistas, entre otros) ha sido clave para la continuidad de la revuelta, que con valentía y ante una fuerza represiva dotada de armamento sofisticado y tecnología para matar, insiste en sus exigencias, por la memoria de lxs muertxs y la dignidad del pueblo.

En el ámbito internacional, hubo concentraciones solidarias en Europa, Oceanía, y por supuesto, América, particularmente América latina, en las que en consulados, embajadas, plazas y otros puntos de reunión, se denunciaba la masacre cometida por el estado colombiano.

Hoy, se está a la espera de un diálogo entre el gobierno y personas y sectores que convocaron a las movilizaciones. Solo el tiempo dirá si con esta lucha el pueblo logra imponer sus demandas al despotismo estatal. Por lo pronto, esta alternativa se plantea como la única salida negociada para el cese de los conflictos, de manera que otro acto está por escribirse.

¡Desmonte del ESMAD ahora!

¡Cese inmediato de la militarización y la represión!

Foto de la movilización en los barrios de Cali (Foto: Medios Libres Cali)

Foto de Portada: Medios Libres Cali




Fuente: Chaskiclandestina.org