January 16, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
246 puntos de vista


Diego Quiroga

Red Antimilitarista de Am茅rica Latina y el Caribe (RAMALC)

Ser colombianx y vivir en Colombia en estos tiempos se siente como tomar una terrible fotograf铆a de la historia y darse cuenta de que, aunque pasan los a帽os, los paisajes y personajes retratados mutan, cambian de apariencia, pero no se altera el orden original de la imagen. En otras palabras, el genocidio que estamos presenciando hoy es una fotograf铆a del genocidio que sacude al pa铆s desde hace d茅cadas, pero la desmemoria ha sido tambi茅n una pol铆tica institucional, y eso tiene un peso especial hoy en d铆a.

A partir de informaci贸n aportada por la organizaci贸n de Derechos humanos Indepaz, en lo corrido del 2020 se contabilizan alrededor de 66 masacres en las que han muerto cerca de 263 personas en 19 departamentos distintos del territorio colombiano. La mayor铆a de hechos se le adjudican a grupos paramilitares que nunca se desmovilizaron, hoy act煤an como bandas descentralizadas sin obedecer a una estructura de mando unificada y controlan rutas de tr谩fico de drogas, armamento y personas. A pesar de lo alarmante de las cifras, es una realidad ajena para los principales centros urbanos, pero que se vive a diario en las zonas rurales del pa铆s. Sin embargo la masacre del 9 de septiembre en Bogot谩 marc贸 un punto de quiebre, pues all铆 la polic铆a nacional asesin贸 con armas de fuego a por lo menos doce personas e hiri贸 de gravedad a cerca de 170 que participaban de las protestas por el asesinato del abogado Javier Ordo帽ez.

La tragedia se repite como suspendida en el tiempo, las v铆ctimas son diversas y a la vez comparten el mismo perfil: l铆deres y lideresas que promueven alternativas al modelo econ贸mico capitalista, que se oponen a la megaminer铆a y los megaproyectos, personas firmantes de la paz que decidieron dejar las armas para construir otros caminos, mujeres y personas disidentes del g茅nero y la sexualidad, j贸venes estudiantes se帽alados de pertenecer a grupos ilegales, v铆ctimas del conflicto armado que fueron desplazados por la violencia y hoy exigen la restituci贸n de sus tierras.

Sobre esto, en uno de sus textos clave, Daniel Feierstein se帽ala que el genocidio es una pr谩ctica social 1 pues en ella participan (por acci贸n u omisi贸n) diferentes actores de la sociedad y no solo los victimarios directos. En ese sentido, existe un elemento fundamental all铆, y es que el genocidio se logra consolidar cuando una parte de la sociedad lo considera leg铆timo, y por lo tanto es aceptable y necesario exterminar a ciertos grupos para constituir el orden social deseado por algunos. El correlato de la guerra en Colombia ha logrado posicionarse con tal nivel de sistematicidad que en muchas ocasiones la construcci贸n misma de la identidad nacional est谩 fundamentada en el desconocimiento del otro como diferente, negando su condici贸n individual o colectiva, decidiendo sobre su vida, consider谩ndolo como 鈥渁lgo鈥 exterminable.

Una de las estrategias que se utilizan para negar a ese 鈥渙tro diferente鈥, es la construcci贸n de eufemismos medi谩ticos que difuminan el significado y la magnitud de esta realidad que desborda la ficci贸n. As铆, el presidente Iv谩n Duque, en declaraciones recientes afirm贸 que en Colombia est谩n ocurriendo 鈥渉omicidios colectivos鈥, pero no masacres. De igual forma en d铆as recientes, despu茅s del asesinato de Juliana Giraldo, una mujer transexual que muri贸 tras el disparo de un soldado del Ej茅rcito, algunos medios anunciaron la noticia diciendo que la victima era hombre, que hab铆a muerto en un cruce de disparos y que en el lugar hab铆a un ret茅n del Ej茅rcito; tres mentiras en un solo encabezado.

Esto hace evidente la pretensi贸n permanente por ocultar la crisis social y pol铆tica que est谩 atravesando el pa铆s, desconociendo una historia donde las masacres aparecieron con fuerza durante los a帽os 90, cuando los grupos armados (legales e ilegales) descubrieron que masacrar comunidades era una forma mucho m谩s eficaz de intimidar y sembrar el terror en poblaciones que consideraban de su oposici贸n.

Durante las protestas del 9 de septiembre en Bogot谩, los manifestantes incineraron varias estaciones de polic铆a (CAI) en diferentes barrios; la indignaci贸n acumulada por las condiciones de precariedad que se hicieron visibles durante la cuarentena encontr贸 un lugar detonante en el asesinato de Ord贸帽ez, las calles ardieron y aunque los medios de comunicaci贸n oficiales no revelaron toda la informaci贸n, el pa铆s conoci贸 que muchas de las estaciones incineradas tienen denuncias en curso por detenciones arbitrarias, violencia sexual, asesinatos, v铆nculos con bandas de trafico de drogas, entre otros delitos.

Al d铆a siguiente, el 10 de septiembre, las comunidades de los barrios se volcaron con acciones art铆sticas para resignificar las estaciones de polic铆a consumidas por el fuego; poco a poco los vecinos y vecinas se fueron juntando con libros, plantas, pinturas y m煤sica; los lugares f铆sicos y simb贸licos de la 鈥渁utoridad鈥 se fueron convirtiendo poco a poco en bibliotecas comunitarias, centros culturales, espacios de experimentaci贸n creativa, su voz dec铆a con fuerza: 鈥淣o m谩s centros de tortura, s铆 a los centros culturales鈥. En algunos lugares los polic铆as retornaron censurando las im谩genes que evocaban la memoria de las v铆ctimas, y la comunidad volvi贸 a llenar de color los espacios.

Este es un testimonio m谩s de la disputa de la memoria contra el olvido que se libra en las calles y con herramientas diversas. Nada garantiza que la justicia llegue para las v铆ctimas y sus familiares, o que las masacres tengan la misma visibilidad cuando ocurren en el campo que en la ciudad. Nada garantiza que el genocidio tenga fin en Colombia. Sin embargo, est谩 quedando claro que existen relatos alternos, puntos de fuga, creaciones potentes que se rebelan con fuerza ante aquel fotograma de guerra que se repite como una espiral genocida. Todav铆a el rollo no se termina de revelar, a煤n quedan muchas historias por retratar y por fortuna el pueblo tambi茅n tiene su propio flash.


1 Feierstein, D. El Genocidio como pr谩ctica social: Entre el nazismo y la experiencia argentina. Buenos Aires, FCR. 2011.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/plane…




Fuente: Grupotortuga.com