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Colombia o la nueva banalidad del mal


May 6, 2021
De parte de Radio Zapatista
185 puntos de vista


06 may 2021

Por: Christian Arteaga.

En ese sentido, la fuerza p煤blica colombiana es uno m谩s de aquellos engranajes de la gran maquinaria de la muerte, pero como Eichmann, miles de soldados y polic铆as -seg煤n fuentes oficiales, los militares bordear铆an los 267 mil y polic铆as, cerca de los 155 mil miembros- suponen que son uno m谩s de esa gran m谩quina. Por tanto, se sienten garantes de lo que realizan. Es decir, la estrategia de la elite pol铆tica colombiana y sus medios (recordemos que su pen煤ltimo presidente, Juan Manuel Santos, ven铆a de una familia que era propietaria de diario El Tiempo) es desplazar la responsabilidad del Estado, hacia la de los hombres y mujeres de carne y hueso, al tristemente conocido Escuadr贸n M贸vil Antidisturbios (ESMAD). Es por ello que se cuestiona difusamente a la ultra derecha colombiana como autora real de toda la masacre actual.

Entonces, no es solamente el ESMAD y los militares, es el sistema pol铆tico que deviene de m谩s de cincuenta a帽os, sostenido por un pacto de gobernabilidad y represi贸n entre liberales y conservadores. De ese modo, el ESMAD y los militares son el instrumento, virulento e inhumano, pero la responsabilidad total es Duque y su clase.

         II

 Hector Abad Faciolince, sobreviviente de la violencia pol铆tica, pues su padre, el m茅dico y defensor de los derechos humanos, Hector Abad G贸mez, fue asesinado en 1987, por el paramilitarismo colombiano al servicio del narcotrafico, escribi贸 sobre ese suceso, bella y dolorosamente en su novela: El olvido que seremos. No obstante, en otra de sus obras que lleva por t铆tulo Angosta, existe  un r铆o, un hotel de mala muerte que lleva por nombre La Comedia donde viven sus personajes -un claro gui帽o a Hotel Savoy de Joseph Roth (1894-1939)- Pero sobre todo, metaforiza la ciudad (驴Medell铆n? paramilitarismo, cuna del narco, y tambi茅n de uno los personajes m谩s oscuros de la pol铆tica colombiana, 脕lvaro Uribe). Angosta exhibe sus conformaciones sociales a partir de la siguiente estructura: los dones, primeros en la escala social, viven en Tierra Fr铆a, los segundones que est谩n en Tierra Templada y los tercerones, en  Tierra Caliente, boca del infierno. Las elites, bajo la figura de los Siete Sabios, quienes deciden los castigos, quienes viven y quienes mueren, bajo qu茅 formas y en qu茅 circustancias. Estos sabios controlan la ciudad de Angosta y se llaman por los d铆as de la semana, y est谩n preocupados de la Fundaci贸n H, especialmente de su presidente, el doctor Burgos, quien se ocupa, como dice el propio narrador: 鈥(鈥) de lo verdaderamente peligroso e importante: torturados, secuestrados, desaprecidos, pobres, desplazados (鈥) cosas as铆. El doctor Burgos explica que ya no ejerce la medicina, sino la poliatr铆a, o sea que ocupa de la curaci贸n de la polis, es decir, en su caso, de sanar a esta incurable ciudad de Angosta (鈥) cuando llega en su carro blindado, sale del garaje y se mete por un patio central que da a un corredor, hasta que se encuentra con las puertas, tambi茅n blindadas, de su despacho (鈥)鈥 (Abad Faciolince: 2003: p. 131) Este es otro gui帽o a su padre, quien en la novela tiene los d铆as contados por los Siete Sabios y sus sicarios. Esta narraci贸n describ铆a a Angosta, acosada y destinada a ser controlada por las elites, a sangre y fuego, cueste lo que cueste. Esto es lo que sucede ahora en Colombia, y no es solo literatura.

III

La masacre que acece en estos d铆as, ahora mismo, no es sino una exposici贸n del tipo de Estado que detenta. Ya no es solamente autoritario, sino que ha mutado a un tipo de Estado Asesino -en clave foucaultiana-, que no repara en las ejecuciones extrajudiciales que ya suman 31, van 814 detenciones arbitrarias, diez v铆ctimas de violencia sexual por parte de la Polic铆a y  1443 de abuso de la Fuerza P煤blica, seg煤n el Sistema de Informaci贸n de Agresiones a la Protesta Social (SIAP). Esto es una alerta para comprender algo m谩s alarmante, el neoliberalismo impone sus pol铆ticas con base en la utilizaci贸n de la fuerza m谩s letal, esto es una constante en la historia del presente, desde el Golpe de Estado militar en 1973, en Chile y las subsecuentes dictaduras en el Cono Sur y en la regi贸n. Pero adem谩s, esto resulta singular para Colombia, que ha tenido pocos momentos dictatoriales en su vida republicana (la de Rojas Pinilla en la d茅cada del 50), casi toda su violencia ha sucedido en reg铆menes democr谩ticos, y en sus respectivos gobiernos liberales y conservadores.

Desde el incio del siglo XXI, han concurrido varias estrategias de represi贸n y lucha contra las resistencias. Andres Pastrana inici贸 dichas tareas al comienzo de la d茅cada del 2000, con el sonado Plan Colombia, que entre sus contenidos se planteaba combatir al noarcotr谩fico y su producci贸n, pero en el fondo era un reacomodo geopol铆tico para establecer nuevas bases militares norteamericanas en Colombia y la regi贸n, am茅n de limitar el accionar de guerrillas. Posteriormente, en la administraci贸n de Uribe V茅lez, se radicaliz贸 dicho Plan, bajo la impronta de la noci贸n de Seguridad Democr谩tica, misma que dio guerra sin cuartel, no solo a las grupos armados insurgentes, sino a todo el movimiento obrero, campesino, estudiantil, acentu谩ndose el paramilitarismo con mayor fuerza, despliegue, libertad e impunidad.

IV

La estrategia de hoy es clara, Duque busca instituir un clima, donde la poblaci贸n civil se sienta insegura, se erijan nuevos terroristas y amenazas al gobierno. De ese modo, se intenta retornar a las doctrina de Seguridad Democr谩tica uribista, para de esa manera, contener y reprimir el descontento de la gente y movimientos sociales. Pero, paralelamente, profundizar las pol铆ticas fondomonetaristas, adem谩s de llamar la atenci贸n al voto duro de la ulturaderecha de su pa铆s, pues en un a帽o se dar谩n elecciones presidenciales. Por ello, no solo se introducen con sa帽a polit铆cas de corte neoliberal, sino que se apela a los sectores m谩s guerreristas y raccionarios de la masa de votantes que acudir谩 por convicci贸n, tomando en cuenta que en Colombia, el sufragio no es obligatorio.

V

El golpe al sector popular es muy fuerte, el contexto son l铆deres sociales y compesinos asesinados, desmovilizados de las FARC, con igual suerte; el movimiento armado insurgente debilitado y nuevamente pensando en reagruparse en medio de grandes desventajas. Esto evidencia que las guerrillas no eran el problema mayor para la democracia, sino el propio Estado y sus actores pol铆ticos. Al final, el Ej茅rcito colombiano en su voracidad por disparar no tiene a quien hacerlo visiblemente, las FARC desmovilizadas y el ELN en repligue, no le queda m谩s que la poblaci贸n civil. Pues, en el pasado, la t谩ctica insurgente en cada paro nacional era la toma de municipios y paralizaci贸n de veh铆culos en todas la carrerteras del sector rural; en la ciudades, desplegaban sus unidades urbanas hacia los sectores no c茅ntricos y generaban enfrentamientos con narcos, paramilitares y Fuerza P煤blica.  De ese modo, descongestionaban la represi贸n en los epicentros con mayor poblaci贸n movilizada y los estudiantes, obreros, artistas, y dem谩s sectores, pod铆an enfrentar al ESMAD, sin una carga represiva tan brutal como ahora. En el caso de haber una arremetida sin control en contra de los movilizados, las unidades urbanas -que estaban tambi茅n mimetizadas entre la gente- pod铆an disuadir con algunas cargas contra la polic铆a.

Dicha estrategia hoy est谩 ausente, m谩s bien la valent铆a de miles de j贸venes (digo esto porque en el conflicto colombiano, los j贸venes suman 6000 v铆ctimas de falsos positivos, siendo tal vez, el sector m谩s golpeado los gobiernos de turno) poniendo el cuerpo a las balas, es lo que prima. Sin actuar coordinadamente se ha visto tejer espacios de resistencia en toda Colombia. Pero aquello puede agotarse por el recrudecimiento de los ataques a la poblaci贸n que est谩 vulnerable, porque la lucha es desigual, y el silencio y pasividad de los pa铆ses vecinos, as铆 como de toda una opini贸n p煤blica obsecuente a la administraci贸n actual.

VI

Uno de los actores visibles de esta masacre, en tanto poder铆o e individualidad, es la polic铆a. Queda claro que ella no detenta ninguna virtud que no sea la de acallar y ser la fuerza choque asalariada del poder pol铆tico. No es gratuito que Walter Benjamin (2011) en Para una cr铆tica de la violencia expres贸 certeros cuestionamientos a dicha insituci贸n: 鈥淟a polic铆a es un poder con fines jur铆dicos (con poder para disponer), pero tambi茅n con la posiblidad de establecer para s铆 misma dentro de vastos l铆mites, tales fines ( poder para ordenar).鈥 (p. 68) Entonces, es una o la 煤nica instituci贸n de la modernidad que posee a su haber, la capacidad para castigar f铆sicamente y juzgar al mismo tiempo, por eso: 鈥淓l aspecto ignominioso de esta autoridad -que es advertido por pocos s贸lo porque en sus atribuciones en raros casos justifican las intervenciones m谩s brutales, pero pueden operar con tanta mayor ceguera en los sectores m谩s indefensos y contra las personas sagaces a las que protegen las leyes del Estado- consiste en que en ella se ha suprimido la divisi贸n entre violencia que funda y violencia que conserva la ley.鈥 (Benjamin: 2001: p. 68) Por ello, no hay l铆mite, no hay control ni cordura en la ESMAD, su raz贸n de ser se anul贸 completamente, las 贸rdenes son lo 煤nico que las hace existir espectralmente en una maxima degeneraci贸n por la vida.

VII

Para concluir, lo que sucede en Colombia, nos duele y nos doler谩 siempre. Los condenable desde afuera, se convierte en norma desde adentro. Iv谩n Duque lo demuestra, la asistencia militar y el ataque sin parang贸n contra los movilizados por el paro nacional iniciado el 28 de abril pasado, no deja dudas. El terrorismo de Estado se convierte en principio jur铆dico, en un sacrificio por llevar hasta el final la idea de seguridad. La Polic铆a y el Ej茅rcito, son insituciones que cumplen 贸rdenes sin cuestionarse. Pero eso va m谩s all谩, recala en sus decisiones personales m谩s trascendentes, incluso, ontol贸gicas, al haber escogido un camino laboral donde sab铆an claramente lo que iban hacer, contra qui茅n van a actuar y envilecer, en suma, ser asalariados de una de las instituciones m谩s mezquinas y salvajes del Estado. Por esa raz贸n, no se justifica en ning煤n contexto, que se remarquen las bondades 铆ntimas, como las doxas de que es buen esposo/a, novio/a, padre, madre o amigo/a. Esa es la nueva banalidad del mal que ha emergido. La Polic铆a jam谩s ser谩 pueblo, nunca ser谩 parte de los explotados y ofendidos. Al igual que Duque, su raz贸n de Estado convierte a Colombia en un tipo de Estado dispuesto a sacrificarlo todo, a acabar con todos y todas.  Y m谩s bien recuerda a los testimonios del propio Eichmann, narrados por Arendt, solo que para el caso del gobierno colombiano, parece que no hay las fases de  las soluciones finales propuestas por la fil贸sofa en el caso Eichmann y el regimen nazi, que era: primero Expulsar, segundo Concentrar y finalmente, Matar. Pues partecer铆a ser que el Presidente colombiano, se salta las dos primeras y va directo a la 煤ltima soluci贸n.




Fuente: Radiozapatista.org
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