October 11, 2021
De parte de La Haine
328 puntos de vista


Despu茅s del estallido social de este 2021, Colombia, la lucha insurgente y la misma lucha popular, empiezan a transitar diversos y nuevos caminos

En las condiciones actuales de Colombia, mantiene plena validez y sigue siendo un imperativo, la lucha por la soluci贸n pol铆tica y la paz. Pero igualmente se requiere construir y aplicar otro modelo de negociaci贸n y salida pol铆tica, que trascienda los procesos de pacificaci贸n, las frustraciones y la perfidia que se han presentado en el pasado, que han impedido avanzar hacia nuevas realidades de pa铆s, la paz y los cambios.

Hist贸ricamente, las clases dominantes han desarrollado e impuesto procesos de pacificaci贸n, neg谩ndose a lo que son propiamente los procesos de paz. Para estas lo que importa es la desmovilizaci贸n y el desarme de las guerrillas, pero que todo el resto siga igual. Arrancar y conquistar un proceso de paz es el reto que esta por delante como sociedad.

Racionalizando la experiencia de los procesos de negociaci贸n con las fuerzas guerrilleras en las d茅cadas pasadas y pensando de manera m谩s global en los acuerdos que a lo largo de la historia colombiana se han realizado entre las clases dominantes y los sectores populares movilizados, es verificable una constante, estas no han cumplido con lo pactado, despu茅s de desactivar mediante un proceso de negociaci贸n la presi贸n de las masas o de la lucha guerrillera.

Una vez desactivada la fuerza de la movilizaci贸n popular o la presi贸n de las armas, la oligarqu铆a ha desconocido lo pactado, en especial cuando el cumplimiento de los acuerdos ha descansado en la palabra o la supuesta buena fe de las clases dominantes.

Los hechos, una y otra vez, han mostrado que las “garant铆as” para que se cumpla lo acordado tienen que afincarse en otros factores que obliguen o fuercen a los de arriba a cumplir.

La perfidia de la clase dominante con lo pactado, tiene una larga historia, se ha repetido una y otra vez en Colombia. Recordemos cuando los acuerdos de la colonia espa帽ola para desactivar el levantamiento de los negros palenqueros encabezados por Benkos Bioh贸; no cumplieron, cuenta la historia que una vez levantado el movimiento todo se desconoci贸, acompa帽谩ndose de la m谩s brutal represi贸n y de la captura y muerte de Benkos el 16 de marzo de 1621

Dos siglos despu茅s, en 1.781, cuando la insurrecci贸n de los comuneros, los gobernantes espa帽oles se vieron obligados a negociar. Pero una vez se desmoviliza el movimiento y se pierde la fuerza, nada se cumple, son asesinados y perseguidos o desterrados sus principales lideres. Ah铆 esta la ejecuci贸n de Jos茅 Antonio Gal谩n el 1 de febrero de 1782

Desde el siglo pasado, hace 70 a帽os, los acuerdos de paz firmados con los alzados en armas, han repetido la misma historia, inici谩ndose con las guerrillas liberales de los llanos orientales, encabezadas por Guadalupe Salcedo en la d茅cada del 50. Los de arriba firmaron, las guerrillas entregaron las armas, se desmovilizaron, pero la casta olig谩rquica liberal-conservadora, les incumpli贸, Guadalupe Salcedo es asesinado el 6 de junio de 1957.

En tiempos m谩s recientes, en la d茅cada del 80, cuando el gobierno de Belisario Betancur, se firmaron los pactos de la Uribe con las FARC de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, los que progresivamente se fueron quebrantando en los a帽os siguientes para quedar definitivamente aplastados con el bombardeo a Casa verde en la presidencia de Cesar Gaviria.

Cuando Belisario tambi茅n, se dieron los acuerdos y la tregua con el M-19 y el Epl, pero una vez m谩s fueron quebrantados por sectores olig谩rquicos, terminando con el ataque y asedio a sus campamentos por parte de las fuerzas militares.

Despu茅s, cuando el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990), se realizan nuevas negociaciones, se firma la paz, se desarman y desmovilizan estas dos guerrillas, siendo asesinado meses m谩s tarde el dirigente dirigente principal del M-19, Carlos Pizarro, estando ya este como candidato presidencial. El pa铆s, sigui贸 igual, sin el M, ni el EPL, pero sin ning煤n cambio, con el neoliberalismo encima, el paramilitarismo en ascenso y un terrorismo de estado sin limites. Una vez m谩s asist铆amos a la pacificaci贸n, no a la paz, ni a la erradicaci贸n de la violencia de los de arriba, ni a nuevas realidades de pa铆s.

Ahora ya en este siglo XXI, 26 a帽os despu茅s, en el 2016, se firmaron los llamados acuerdos de paz con con las FARC, llevando estos al desarme y a la desmovilizaci贸n de una parte de las mismas, principalmente del sector encabezado por Timoleon Jimenez y la mayor铆a del Secretariado. Ahora en el 2021, cinco a帽os despu茅s, esta demostrado, esos acuerdos, en sus aspectos sustanciales, han sido desconocidos por las clases dominantes y su actual gobierno.

Hace 3 a帽os, en el 2018, el gobierno de Duque tambi茅n desconoci贸 e incumpli贸 los acuerdos suscritos en Caracas, en Marzo del 2016, entre el gobierno de ese momento y el ELN para desarrollar el proceso de dialogo y negociaci贸n que se instalado en Quito en Febrero del 2017. Duque neg贸 los acuerdos y rompi贸 la mesa.

La violencia de los de arriba, una constante en nuestra historia

En Colombia las guerrillas revolucionarias aparecieron a principios de los a帽os 60 del siglo pasado. Desde ese entonces hasta hoy, a diferencia de otros pa铆ses en el continente, la lucha guerrillera ha permanecido, en ello ha tenido decisiva incidencia el comportamiento de las elites en el poder, al persistir en un trato extremadamente violento y en especial de terrorismo de estado, a los movimientos y a los procesos sociales y pol铆ticos que luchan por los cambios y otro futuro.

En el continente latinoamericano, la clase dominante colombiana sigue siendo la m谩s violenta y represiva. En las ultimas 4 d茅cadas y producto del terrorismo de estado, han obligado al desplazamiento de 8.2 millones de colombianos, especialmente de las zonas rurales y han sido expropiadas casi el mismo n煤mero de hect谩reas de tierra.

En 1949 fue asesinado Jorge Eliecer Gaitan, dirigente de gran ascendencia popular, que se distancio de la oligarqu铆a y que para el momento tenia la opci贸n de ganar las elecciones presidenciales. Por esa 茅poca se desato un ciclo de violencia, conocido como la violencia liberal-conservadora que dej贸 aproximadamente 300.000 muertos[1 ].

A fines del segundo quinquenio de la d茅cada del 80, despu茅s de quebrarse un primer acuerdo de tregua y paz con las FARC, el M-19 y el EPL, realizado por el gobierno de Belisario Betancur, se desato una despiadada violencia paramilitar y una sistem谩tica pol铆tica de terrorismo de estado, que se han prolongado hasta hoy.

A fines de los 80, en la d茅cada del 90 y en en los primeros a帽os de la siguiente, los paramilitares se instalaron como fuerza armada, con sus propias guarniciones militares, en distintas regiones del pa铆s, sometiendo a sangre y fuego a la poblaci贸n, exterminando a las organizaciones sociales y a las fuerzas legales de la izquierda. Todo ello con el auspicio y complicidad de los poderes regionales, de distintos sectores olig谩rquicos, de los EEUU, de la fuerza p煤blica y las autoridades.

El terror paramilitar y de estado, aniquilo a tres de las organizaciones pol铆ticas legales de masas m谩s representativas de la izquierda hacia los a帽os 80 y 90; la Uni贸n Patri贸tica, el Movimiento A Luchar y el Frente popular. Tal como esta documentado, les causaron aproximadamente 8.000 asesinatos y desapariciones, lo que llevo a la extinci贸n o al exterminio de estos movimientos.[2]

Entre fines de los a帽os 1987 y 1990, fueron asesinados 4 candidatos presidenciales, tres de ellos representantes de sectores de izquierda, Jaime Pardo Leal (11 de octubre de 1987) , Bernardo Jaramillo (22 de marzo de 1990), los dos integrantes de la Uni贸n Patri贸tica y Carlos Pizarro Le贸n G贸mez (26 de abril de 1990), del M-19, organizaci贸n que acababa de firmar un pacto de paz con el gobierno de Virgilio Barco, el cuarto, Luis Carlos Gal谩n del Nuevo liberalismo (18 de agosto de 1989), representaba sectores disidentes de los partidos tradicionales

En estas 煤ltimas cuatro d茅cadas, incluso despu茅s de la firma del acuerdo de paz de las FARC, en el 2016, han permanecido el terrorismo de estado en su sentido global y el paramilitarismo como una de sus expresiones. Este problema no fue resuelto, ni desapareci贸 con el acuerdo de paz, suscrito entre las FARC y el gobierno de Santos, como lo constata la realidad del pa铆s en la actualidad.

Desde el momento de la firma de los acuerdos de paz con esa guerrilla y hasta este Septiembre del 2021, han sido asesinados 287 excombatientes de FARC, firmantes del acuerdo de paz y 1.245 dirigentes sociales y defensores de derechos humanos[3].

En el paro nacional de este 2021, en los 煤ltimos d铆as de Abril y los meses de Mayo y Junio y Julio, fueron asesinados por la fuerza p煤blica y por paramilitares, 86 personas, la mayor铆a de ellos manifestantes, fueron v铆ctimas de agresiones oculares 82 j贸venes, de estas movilizaciones sigue desaparecidos un poco m谩s de 300 colombianos[4]

El a帽o anterior, en las protestas por el asesinato de Javier Ord贸帽es, en los d铆as 10 y 11 de Septiembre del 2020, fueron asesinados a bala por la polic铆a 13 ciudadanos, 10 en Bogot谩 y 3 en Soacha[5]

Situaci贸n actual de los procesos de soluci贸n pol铆tica

Estos 煤ltimos, el pactado con las FARC y el que que se cancel贸 con el ELN, est谩n en crisis, destruidos por las elites dominantes y en especialpor la conducta de este gobierno, la situaci贸n del pa铆s se ha agravado, la violencia paramilitar y estatal sigue en una espiral ascendente, indicativo de ello son las cifras del asesinato de lideres sociales, de excombatientes firmantes del acuerdo y de los manifestantes de este 2021 y del 2020.

En m谩s de una ocasi贸n, este gobierno y el anterior, obligaron a las FARC a renegociar los acuerdos, pero no contentos con ello, tambi茅n los han desconocido y los han modificado de forma unilateral.

En el acuerdo firmado hace 5 a帽os entre el gobierno y las FARC, estas se compromet铆an a cesar la lucha guerrillera, a entregar las armas y a demovilizarce, el Estado una vez se diese ello, se compromet铆a a realizar unas reformas, a aplicar un sistema integral de verdad y justicia y a un proceso de participaci贸n pol铆tica y de reinserci贸n colectiva.

Las FARC cumplieron. Pero las clases dominantes y el Estado no han hecho lo mismo, no han cumplido con las reformas, ni con el resto de los componentes centrales de lo firmado, redujeron el acuerdo a la mera reinserci贸n y a煤n en este aspecto hay grandes incumplimientos[6]

Las FARC como opci贸n pol铆tica no se fortaleci贸 despu茅s de la firma, se ha debilitado, esta dividida en varios grupos; unos dentro del acuerdo y la institucionalidad, fracturados en distintas tendencias , otros, encabezados por Ivan Lozada y Gentil Duarte, que no participaron, ni respaldaron el pacto de paz, se mantienen como fuerza armada, otra vertiente conocida como la Segunda Marquetalia, encabezada por Ivan Marques, el difunto Jes煤s Santrich y otros mandos guerrilleros, retorn贸 a la lucha armada en respuesta al incumplimiento del Estado, y por 煤ltimo, varios sectores dispersos, grupos aut贸nomos que se siguen autodenominando como Farc.

Como ya lo indicamos, con el ELN, el gobierno de Duque no le dio continuidad al proceso que se tra铆a con la administraci贸n del expresidente Santos, rompi贸 la Mesa, desconoci贸 lo acordado y estableci贸 unilateralmente precondiciones inaceptables para retomar el proceso.

Otro modelo

La lucha por la soluci贸n pol铆tica, los cambios y la paz, obedece a las realidades actuales del pa铆s y al trasegar de la misma lucha revolucionaria en estos a帽os, a la vez ha conquistado un creciente respaldo en la sociedad colombiana y en el campo internacional.

Despu茅s del estallido social de este 2021, Colombia, la lucha insurgente y la misma lucha popular, empiezan a transitar diversos y nuevos caminos, algunos imperceptibles todav铆a, que tienden a generar distintos desarrollos y expresiones de la lucha en las calles y en la misma lucha insurgente, gracias a las nuevas din谩micas de los estallidos sociales y los levantamientos en los centros urbanos.

Para que los nuevos procesos de di谩logo y negociaci贸n conduzcan a nuevas realidades de pa铆s, a derroteros de paz y cambios, para que la oligarqu铆a una vez m谩s no se salga impunemente con la suya, frustrando las aspiraciones de de las mayor铆as, no es viable, ni repetible el modelo de “desarme, desmovilizaci贸n y reinserci贸n”.

Para lograr otros derroteros y avanzar hacia el futuro, Colombia ha de conquistar la realizaci贸n de procesos de paz, dejando atr谩s los de pacificaci贸n, lo que requiere de una correlaci贸n de fuerzas en la sociedad que habilite e imponga este camino. En esa direcci贸n hemos de trabajar los que queremos los cambios y la paz.

El aprendizaje de lo procesos anteriores, indican la necesidad y factibilidad, de desarrollar de otro modelo de soluci贸n pol铆tica, que desactive la at谩vica violencia ejercida desde las elites dominantes y que propicie nuevas realidades socio-econ贸micas y de soberan铆a.

En ese nuevo modelo, la sociedad ha de tener una participaci贸n sustancial, no es s贸lo la negociaci贸n gobierno-guerrilla, igualmente el proceso ha de estar acompa帽ado por la lucha social y pol铆tica de masas y por ende ha de servir para el fortalecimiento del campo popular.

Pactar y ejecutar lo que se va acordando, simultaneidad y equivalencia en la implementaci贸n, son otros componentes de la experiencia aprendida, al igual que el respaldo y la presi贸n social para cumplir lo pactado, no tanto la supuesta buena fe de las clases dominantes.

Igualmente ha de tenerse un importante acompa帽amiento de lo comunidad internacional y ojal谩 contar con el respaldo y la solidaridad de los pueblos hermanos y sus organizaciones

Las armas son la garant铆a. Pero tambi茅n son decisivas la participaci贸n de la sociedad, el respaldo de la misma, la fuerza de masas, el respaldo social y pol铆tico y la presi贸n internacional, todos estos son factores que inciden en la correlaci贸n de fuerzas, cuesti贸n que es vital.

El ELN le aporta a ese nuevo modelo la agenda que se acord贸 con el gobierno en Marzo del 2016, en la que se destaca, como primer punto, la participaci贸n de la sociedad, la experiencia cuando del cese al fuego bilateral de 100 d铆as en Octubre del 2017, la bilateralidad como elemento rector, la construcci贸n como sociedad de una agenda com煤n de paz y otras m谩s.

Pero asumimos que el nuevo modelo de negociaci贸n no esta a煤n resuelto, sino que esta en construcci贸n y que en la misma tienen participaci贸n todas las fuerzas populares, todos quienes estamos por los cambios y la sociedad entera. Todos, sin exclusiones tenemos aqu铆 la palabra.

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Notas

[1]. Uno de los estudios m谩s reconocidos sobre la violencia de esos a帽os, es el libro “La violencia en Colombia”, publicado en dos tomos, de la autor铆a de Monse帽or Guzman, Orlando Fals Borda y Eduardo Uma帽a Luna.

[2]. Documental el Baile rojo sobre la UP. 2003 y Luchas, resistencias y genocidio del Movimiento !A luchar!. Diego Fajardo. Universidad Nacional. 2017

[3]. Ver registros de INDEPAZ

[4]. Registros de INDEPAZ y de la ong Temblores

[5]. Ver los principales medios de comunicaci贸n del pa铆s en esas fechas

[6]. Revista Izquierda. Colombia. #s89 a 93

* Aureliano Carbonell, Delegado en los acuerdos de paz entre el ELN y el gobierno colombiano
CLAE




Fuente: Lahaine.org