May 3, 2021
De parte de Nodo50
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Comprendo que es tranquilizador pensar que s贸lo los fascistas son fascistas y que somos capaces de distinguirlos, y que no nos parecemos en nada. El fascismo no ha llegado con Vox hace cuatro a帽os. El fascismo pol铆tico puede representarlo un partido y puede que no acabamos de verlo y asumirlo hasta que ha llegado a las instituciones, pero est谩 aqu铆 hace mucho y mucho m谩s cerca de lo que muchos y muchas piensan. El fascismo necesita un caldo de cultivo, necesita que se extiendan determinados comportamientos, determinadas mentalidades; de lo contrario, no crece. Digamos que el fascismo pol铆tico necesita del fascismo cultural.

Hay un cambio de paradigma evidente. Dec铆a Esperanza Aguirre que, para ganar plenamente, hab铆a que acabar con la superioridad moral de la izquierda. Es evidente que esa llamada superioridad moral no lo es de la izquierda, sino de la sociedad en su conjunto desde, al menos, la Ilustraci贸n.  Y es cierto que eso puede resultar un h谩ndicap para una determinada derecha, al menos la derecha neoliberal. Los principios morales que son aceptados mayoritariamente como m谩s deseables por la sociedad en su conjunto, que se han universalizado, parecen -al menos hoy- m谩s cerca de la izquierda que de la derecha.  Para la mayor铆a de la gente es mejor tener empat铆a con los otros/as, ser generoso, ser solidario; es mejor la igualdad que la desigualdad, la fraternidad que el odio, la convivencia que la guerra,  la escucha que el grito; es mejor que la mayor铆a viva bien a que lo hagan s贸lo unos pocos. La defensa de la igualdad y los derechos humanos tiene tal potencial que se han convertido en los principios b谩sicos de cualquier democracia, el terreno com煤n compartido. Ha habido momentos hist贸ricos en los que las derechas compart铆an una gran parte de ese terreno com煤n. Sin embargo, esto ha cambiado radicalmente.  La deriva neoliberal del capitalismo ha acelerado de tal manera la rapi帽a que, ahora mismo, la derecha necesita no s贸lo gobernar, sino combatir ideol贸gicamente los derechos sociales b谩sicos. Necesita una sociedad que no crea ni defienda, por ejemplo, que tener acceso a la vivienda es un derecho, o que lo es  disponer de una buena sanidad. El neoliberalismo no es s贸lo un sistema econ贸mico, es tambi茅n una racionalidad y, en su camino hacia el abismo, llega a sobrarle la democracia. Entonces la derecha tradicional se convierte en fascista.

Las derechas siempre han defendido (y esa es la base de todas sus pol铆ticas) sus privilegios de clase, pero excepto en determinados momentos hist贸ricos no se atrev铆an a negar abiertamente ese terreno com煤n que es la base de cualquier democracia. Estamos en uno de esos momentos. Ya no s贸lo se hacen pol铆ticas contra los derechos humanos b谩sicos, sino que se niegan abiertamente los principios en los que se basan esos derechos. As铆, se defiende (primero t铆midamente, luego abiertamente, como est谩 ocurriendo) que la empat铆a humana es perjudicial, que las personas que no tienen para vivir se lo merecen, que los enfermos o pagan o que se mueran, que los migrantes mejor se ahogan, que los pobres son una lacra, que todos los derechos dependen del dinero que tengas, que no somos ciudadanos/as sino clientes, que el supremo derecho es el del consumo etc. Y para imponerse todo vale, la democracia s贸lo sirve si ganan, si pierden la democracia sobra. Eso es lo que hace el fascismo. El fascismo crea una identidad basada en el orgullo de atreverse a defender aquello que, hasta hace muy poco, resultaba indefendible. Crea el orgullo del que defiende su privilegio de raza, de clase, de sexo e incluso crea el orgullo del que no sabe muy bien que defiende porque no tiene gran cosa pero consigue un sentido en el odio a los otros/as y en hacer de ese odio la columna vertebral de su existencia.

Lo estamos viendo en una aceleraci贸n dif铆cil de asimilar. De un a帽o a otro vemos a pol铆ticos de un partido que se llama democr谩tico decir que el fascismo es el lado bueno de la historia y le vemos reivindicando imp煤dicamente pol铆ticas antidemocr谩ticas y de destrucci贸n de derechos humanos b谩sicos.  Y cuentan, adem谩s, con el apoyo de todo el aparato medi谩tico. Es un momento fascista y un momento descarnado de defensa de la democracia. Escribe Enric Juliana que es evidente que la extrema derecha cuenta ya con fuertes apoyos medi谩ticos y que la pregunta es qu茅 debe hacer el esp铆ritu democr谩tico para no acabar aislado.  

Creo que el esp铆ritu democr谩tico se defiende todos  los d铆as y no s贸lo en las urnas. La destrucci贸n de los valores democr谩ticos es una operaci贸n que no se hace de un d铆a para otro, hay que crear un estado de 谩nimo y exige la participaci贸n de mucha gente que no se definir铆a a s铆 misma como siquiera de derechas. Y es que no basta con refutar lo que dicen los fascistas, no basta con decir verdades como pu帽os, ni con escribir tuits, hablar alto en las tertulias o escribir art铆culos. Todo eso no es depreciable, pero estamos viendo como es posible participar en un clima cultural fascista incluso para defender posiciones de izquierdas. Lo dec铆a en mi art铆culo acerca de la  sociedad trol (https://ctxt.es/es/20181024/Firmas/22477/beatriz-gimeno-trolls-redes-amenazas-totalitarismo.htm, si nos convierten en trols, nos ganan. Est谩 ocurriendo en muchos espacios pol铆ticos cercanos. Nos relacionamos entre nosotras manejando presupuestos totalitarios, de expulsi贸n absoluta de las otras. No debatimos con los diferentes  queremos borrarlas, que desaparezcan, matarlas simb贸licamente, cualquier intento de matizar es acallado con insultos y gritos (siquiera sean virtuales), la expansi贸n del odio es evidente. Utilizamos los bulos y las mentiras si nos vienen bien para defender posiciones, no hay argumentos, hay trincheras, sectarismo extremo. Se condena el intento de empatizar y la propia empat铆a como rasgo de debilidad y no como una virtud necesaria en la relaci贸n con los otros/as. Insultamos gravemente, utilizamos la deshumanizaci贸n y negamos la palabra a otras con las que ayer compart铆amos mucho. Esto es fascismo cultural. Las redes han exacerbado estas tendencias, pero, obviamente, no son las responsables. El fascismo no ha necesitado de las redes para imponerse antes. Las redes son s贸lo el instrumento actual que usan, si no hubiera redes utilizar铆an otro. En todo caso, perdemos siempre que aceptamos sus marcos y eso incluye el comportamiento p煤blico. Por eso, tomar la decisi贸n, a veces dura, de no contestar a los insultos, no dejarse sectarizar, no tener miedo a la exclusi贸n y luchar por construir, como sea, espacios de convivencia, es fundamental y es una decisi贸n personal. El fascismo est谩 llamando a las puertas y se nos llevar谩 por delante si no le ponemos freno. Las urnas no son el 煤nico camino y, despu茅s de las urnas, habr谩 que seguir luchando.  




Fuente: Beatrizgimeno.es