March 6, 2021
De parte de Terraindomite
217 puntos de vista


En 1865, con el mandato de reformar la estrategia imperial brit谩nica global, se cre贸 el 鈥淐lub X鈥, un grupo de 12 cient铆ficos bajo el liderazgo del darwinista Thomas Huxley, Matthew Arnold, Joseph Hooker y Herbert Spencer (fundador del darwinismo social). En 1869, ellos fundaron la revista se llamaba Nature para promover su propaganda, tal y como se expone en un informe de 2013 titulado 鈥Hideous Revolution: The X Club鈥檚 Malthusian Revolution in Science鈥, orientado a la redefinici贸n de todas las ramas de la ciencia en torno a una interpretaci贸n estad铆stica-empirista del universo que negaba la existencia de la raz贸n creativa en la humanidad o la naturaleza. A lo largo del siglo XX, la revista Nature se gan贸 una p茅sima reputaci贸n como defensora de modelos de pensamiento deductivo/inductivo que han destruido las carreras y las vidas de muchos cient铆ficos creativos.

El estudio de la historia ense帽a que en todo momento de crisis, caos y confusi贸n, hay que mirar hacia atr谩s en el tiempo para recoger las ra铆ces y las analog铆as necesarias para analizar el presente con mayor precisi贸n y resulta de gran ayuda para entender por qu茅 hasta nuestros d铆as la revista Nature sigue siendo un aparato pol铆tico que el establishment occidental utiliza, por ejemplo, para refutar la teor铆a de que el Covid-19 fue manipulado en laboratorio 鈥攖eor铆a que defienden incluso muchos cient铆ficos de 茅lite, varios premios nobel que, est谩n siendo censurados y desprestigiados, as铆 como el genetista ruso candidato al Premio Nobel de 2021, Peter Garaiev, que muri贸 recientemente a causa de un fuerte golpe en la cabeza en condiciones 鈥渋nusuales鈥. Y es que, como hemos venido documentando desde el inicio de la crisis sanitaria actual todos los hilos de la trama del Covid conducen hacia las redes del imperio anglo-estadounidense neoliberal , globalista y partidario de un gobierno mundial, que se encuentra en bancarrota, que busca detener desesperadamente y a cualquier costo el desarrollo de otra 茅lite competidora, representada por el eje asi谩tico Rusia 鈥 China, que obligar铆a a la 茅lite anglo-(veneciana)-estadounidense (veneciana por sus or铆genes hist贸ricos) a aceptar vivir en un orden mundial multipolar 鈥攜 por lo tanto鈥 compartir la hegemon铆a con otras potencias, como China a la que ha decidido responsabilizar de la crisis actual para reforzar todo el aparato de propaganda que necesita para preparar una guerra total contra su 茅lite antagonista. Y en medio de sus batallitas por el poder, la poblaci贸n, como siempre, es reh茅n de unos tejemanejes y de unas peleas que nada bueno nos pueden traer; no en vano el poder nunca cambia, s贸lo quienes mueven sus hilos.

Para conseguir sus prop贸sitos, ambas 茅lites 鈥 en pugna por dominar el mundo, cada cual con su proyecto 鈥 han recurrido a la Ciencia, una ciencia politizada, cartesiana, industrial y reduccionista que hace tiempo se convirti贸 en otro brazo m谩s del poder. Este proceso comenz贸 a mediados del siglo XIX con la creaci贸n del Club X y la revista Nature, a modo de nueva inquisici贸n de la nueva religi贸n cient铆fica, que iba a perseguir a todo aquel, cientifico o no, que cuestionara sus dogmas. 

La pandemia de covid-19 es un proyecto basado en un informe: El origen pr贸ximo del SARS-CoV-2鈥. Este proyecto fue dirigido por un equipo de vir贸logos evolucionistas que utiliz贸 una l铆nea de razonamiento seg煤n la cual 鈥渓a mutaci贸n aleatoria puede explicar cualquier cosa鈥 y fue repetidamente repetida por Fauci, los funcionarios de la OMS y Bill Gates con el fin de cerrar toda discusi贸n inc贸moda sobre los posibles or铆genes de laboratorio del COVID-19, al mismo tiempo que se impulsaba la campa帽a mundial de vacunaci贸n que est谩 en marcha. Este informe y toda el discurso cient铆fico tras 茅l est谩 respaldado por la revista Nature, una de las m谩s prestigiosas del mundo cient铆fico y la que con m谩s fe sostiene los dogmas reduccionistas de la ciencia cartesiana e industrial, defendiendo con todo su fanatismo la creencia del origen natural/accidental de la pandemia.

Pero 驴Qu茅 es exactamente la revista Nature? 驴Es realmente una plataforma 鈥渙bjetiva鈥 de investigaci贸n cient铆fica pura, no contaminada por la suciedad de las agendas pol铆ticas? 驴Es esta abanderada del 鈥渕茅todo adecuado鈥, que puede hacer o deshacer la carrera de cualquier cient铆fico, realmente la revista cient铆fica que dice ser o hay algo m谩s oscuro por descubrir?

Echando la vista atr谩s se puede trazar una l铆nea que explica como la ciencia, podrida y corrupta, lleg贸 a convertirse en un brazo m谩s del poder, siendo parte de 茅l.

Como se indicaba al principio, en 1865, con el mandato de reformar la estrategia imperial brit谩nica global, se cre贸 el 鈥淐lub X鈥, un grupo de 12 cient铆ficos bajo el liderazgo de Thomas Huxley, Matthew Arnold, Joseph Hooker y Herbert Spencer (fundador del darwinismo social).

La reorganizaci贸n del poder

En el momento de la formaci贸n de este grupo y despu茅s de haberse lanzado a demasiadas ofensivas militares en la segunda guerra del opio en China (1856-1860), la guerra de Crimea (1853-1856), la represi贸n de las revueltas indias (1857-1858) y el patrocinio de la Confederaci贸n del Sur en la guerra de secesi贸n estadounidense (1861-1865), el Imperio Brit谩nico sab铆a que estaba al borde del colapso. Dentro del capitalismo hab铆a dos facciones que pugnaban por controlar la econom铆a y someter a la poblaci贸n a sus reglas.

El principal asesor econ贸mico de Lincoln y coordinador de la exportaci贸n del sistema estadounidense a nivel internacional tras la Guerra Civil se llamaba Henry C. Carey. Ya en 1851, Carey escribi贸 鈥淎rmon铆a de Intereses鈥 en el que afirmaba:

Dos sistemas est谩n ante el mundo; el uno busca aumentar la proporci贸n de personas y de capital dedicados al comercio y al transporte, y por lo tanto disminuir la proporci贸n dedicada a la producci贸n de productos b谩sicos con los que comerciar, con un rendimiento necesariamente disminuido para el trabajo de todos; mientras que el otro busca aumentar la proporci贸n dedicada al trabajo de producci贸n, y disminuir la dedicada al comercio y al transporte [鈥 Uno es el sistema ingl茅s; el otro podemos enorgullecernos de llamarlo el sistema americano.鈥

 

El sistema americano se estaba exportando (Alemania, en quien estaba inspirado, Rusia, Jap贸n鈥), bas谩ndose en el crecimiento cient铆fico-tecnol贸gico y estaba poniendo en aprietos al sistema ingl茅s, basado en las finanzas. Por lo que 茅ste, para conseguir su hegemon铆a, dio un golpe de efecto, apoder谩ndose de la herramienta cient铆fico-tecnol贸gica y venciendo a sus oponentes, cuyos l铆deres, habiendo sido derrotados, se subordinaron al modelo financiero, que pasaba a controlar tanto la econom铆a, como la pol铆tica y la ciencia. Acababa de nacer el eje Londres 鈥 Wall Street y los grandes financieros hab铆an encontrado su futura potencia hegem贸nica para cuando el Imperio Brit谩nico cayera: Estados Unidos, que pas贸 a dominar el mundo tras la II Guerra Mundial. Es decir, el Imperio Brit谩nico y su modelo se hab铆a reorganizado para no perecer y, entre otros factores, hab铆a utilizado el arma de la tecnolog铆a y la ciencia para conseguir sus objetivos. No s贸lo venci贸 la batalla econ贸mica, sino que pudo hacerlo en parte porque tambi茅n venci贸 la cultural. Hab铆a sido capaz de crear un nuevo paradigma de conocimiento apoder谩ndose de la ciencia industrial para, dominando la tecnolog铆a, dominar la econom铆a y ganar la partida en el tablero que es el mundo.

El Imperio Brit谩nico sab铆a que si no controlaba la ciencia y la tecnolog铆a, 茅stas, en manos de sus rivales (Alemania 鈥 unificada gracias al autoritarismo de Bismarck y al desarrollo del ferrocarril -, Estados Unidos 鈥 inspirada en el modelo tecnol贸gico alem谩n y en su unificaci贸n aduanera y ferroviaria para construir su joven pa铆s-, Rus铆a 鈥 que bajo el terrible r茅gimen zarista se estaba convirtiendo en el tercer pa铆s con mayor crecimiento industrial -, Jap贸n 鈥 la teocracia imperial industrializada gracias a la renovaci贸n Meiji -, etc.) convertir铆an en obsoleto tanto su control mar铆timo del comercio internacional como su programa internacional de usura y cultivo de dinero.

Estaba claro que algo ten铆a que cambiar dr谩sticamente, ya que si el imperio no pod铆a adaptarse en respuesta a este avance tecnocient铆fico, seguramente perecer铆a pronto. La tarea de reconfigurar la pol铆tica imperial, pasando de un enfoque de control de 鈥渇uerza material鈥 a otro de 鈥渇uerza mental鈥, fue asignada a T. H. Huxley y al Club X. Este grupo estableci贸 los principios cient铆ficos rectores del imperio que pronto fueron puestos en pr谩ctica por dos nuevos grupos de reflexi贸n conocidos como la Sociedad Fabiana y el Rhodes Scholar Trust.

Huxley, tambi茅n conocido como 鈥渆l bulldog de Darwin鈥 por promover implacablemente la teor铆a de la Selecci贸n Natural de Darwin (una teor铆a en cuyos m茅ritos cient铆ficos ni siquiera cre铆a) pronto decidi贸 que el grupo deb铆a establecer una revista para promover su propaganda.

Fundada en 1869, la revista se llamaba Nature y conten铆a art铆culos de Huxley y de varios miembros del Club X. El prop贸sito m谩s profundo del Club X y de su revista, tal y como se expone en un informe de 2013 titulado Hideous Revolution: The X Club鈥檚 Malthusian Revolution in Science, estaba orientado a la redefinici贸n de todas las ramas de la ciencia en torno a una interpretaci贸n estad铆stica-empirista del universo que negaba la existencia de la raz贸n creativa en la humanidad o la naturaleza. As铆, la ciencia pas贸 definitivamente de ser el estudio reduccionista de una verdad, pero aun abierta a nuevas posibilidades, a una 鈥渃iencia de los l铆mites鈥 sellada matem谩ticamente.

Darwin, Malthus y el uso pol铆tico de una 鈥榗iencia de los l铆mites鈥

La ciencia de los 鈥渓铆mites鈥 se convirti贸 en el fundamento de una ciencia econ贸mica olig谩rquica para la 茅lite y, naturalmente, deb铆a mantenerse oculta a la poblaci贸n en general, ya que segu铆a el principio matem谩tico de Thomas Malthus sobre el crecimiento de la poblaci贸n. El 鈥減rincipio鈥 de poblaci贸n de Malthus supon铆a que los seres humanos irreflexivos se reproducen geom茅tricamente mientras que la generosidad de la naturaleza s贸lo crece aritm茅ticamente y, como tal, los colapsos peri贸dicos de la poblaci贸n eran una ley inevitable de la naturaleza que, en el mejor de los casos, pod铆a ser gestionada por un sacerdocio cient铆fico olig谩rquico que estaba obligado a sacrificar peri贸dicamente la manada.

Malthus y los l铆deres del Club X cre铆an que la naturaleza otorgaba a la clase dominante ciertas herramientas para llevar a cabo esta importante tarea (a saber, la guerra, el hambre y la enfermedad) y Malthus lo afirm贸 con sangre fr铆a en su Ensayo sobre la poblaci贸n de 1799:

Deber铆amos facilitar, en lugar de esforzarnos tonta y vanamente en impedir, las operaciones de la naturaleza en la producci贸n de esta mortalidad; y si tememos la visita demasiado frecuente de la horrible forma de la hambruna, deber铆amos fomentar seductoramente las otras formas de destrucci贸n, que obligamos a la naturaleza a utilizar. En nuestras ciudades deber铆amos hacer las calles m谩s estrechas, amontonar m谩s gente en las casas y cortejar el regreso de la peste.鈥

 

El apoyo del X Club a la teor铆a darwiniana de la Selecci贸n Natural fue menos una decisi贸n cient铆fica en este sentido y m谩s una decisi贸n pol铆tica, ya que Darwin admiti贸 m谩s tarde en su autobiograf铆a que su propia teor铆a surgi贸 directamente de su estudio de Malthus:

En octubre de 1838, quince meses despu茅s de haber comenzado mi investigaci贸n sistem谩tica, le铆 por diversi贸n a Malthus sobre la Poblaci贸n, y estando preparado para apreciar la lucha por la existencia que tiene lugar en todas partes, a partir de la observaci贸n prolongada de los h谩bitos de los animales y las plantas, me pareci贸 de inmediato que en estas circunstancias las variaciones favorables tender铆an a ser preservadas, y las desfavorables a ser destruidas. El resultado ser铆a la formaci贸n de una nueva especie. As铆 pues, ten铆a por fin una teor铆a con la que trabajar鈥.

Universalizar a Malthus sobre toda la creaci贸n viviente, el Club X era ventajoso para un imperio que s贸lo puede controlar a los seres humanos cuando 茅stos adoptan la competitividad, la llamada falsamente 鈥渓ey de la selva鈥 como normas de pr谩ctica moral y de formaci贸n de la identidad, en lugar de la cooperaci贸n y la 茅tica, algo por otra parte ya sostenido tanto por Lamarck como por Kropotkin (El apoyo mutuo).

Por lo tanto, no fue casualidad que Henry C. Carey atacara implacablemente al darwinismo, a Malthus y al Club X en su 鈥淯nity of Law: An Exhibition on the Relations of Physical, Social, Mental and Moral Science 鈥(1872). Era l贸gico, estaban quit谩ndole a su bando la primac铆a tenocient铆fica, y adem谩s sobre bases manifiestamente falsas e inventadas.

Durante este periodo, floreci贸 una 鈥渞evoluci贸n cient铆fica鈥 anti-darwiniana en las ciencias de la vida bajo el liderazgo de figuras como Jean-Baptiste Lamarck, Alexander von Humboldt, Georges Cuvier, Karl-Ernst von Baer y Benjamin Silliman. No s贸lo empezaron a cuestionar la teor铆a est谩tica de la naturaleza derivada de la Biblia, sino que dieron pasos de gigante en la comprensi贸n de los mecanismos causales que definen el flujo de la evoluci贸n.

Esta perspectiva fue expuesta por el naturalista Karl Ernst von Baer, quien escribi贸 en su obra 鈥淪obre el prop贸sito de la naturaleza鈥 (1876):

Las interconexiones rec铆procas de los organismos entre s铆 y su relaci贸n con los materiales universales que les ofrecen los medios para sostener la vida, es lo que se ha llamado la armon铆a de la naturaleza, es decir, una relaci贸n de regulaci贸n mutua. Al igual que los tonos s贸lo dan lugar a una armon铆a cuando est谩n unidos de acuerdo con ciertas reglas, los procesos individuales en la totalidad de la naturaleza s贸lo pueden existir y perdurar si se mantienen en ciertas relaciones entre s铆. El azar es incapaz de crear nada duradero, sino que s贸lo es capaz de destruir鈥.

 

Por otra parte, Huxley y los darwinianos promovieron una interpretaci贸n opuesta de la evoluci贸n partiendo de las imaginadas 鈥渕utaciones aleatorias鈥 en lo inconmensurablemente peque帽o, que supuestamente se sumaban a la suma colectiva de todas las especies y la biosfera. Esta biosfera se defin铆a as铆 como poco m谩s que la suma de sus partes.

La escuela imperial del Club X de Huxley negaba no s贸lo la existencia de la creatividad desde este punto de vista metaf铆sico, sino tambi茅n el hecho de que la humanidad pudiera traducir de forma 煤nica los frutos de esos descubrimientos creativos en nuevas formas de conocimiento que tuvieran el efecto de aumentar la capacidad de nuestra especie para trascender nuestros 鈥渓铆mites de crecimiento鈥 (o como los neomaltusianos modernos han denominado nuestra 鈥渃apacidad de carga鈥).

La revista Nature a煤n persiste con su p茅simo legado

A lo largo del siglo XX, la revista Nature se ha ganado una p茅sima reputaci贸n como defensora de modelos de pensamiento deductivo/inductivo que han destruido las carreras y las vidas de muchos cient铆ficos creativos que no comulgaban con sus dogmas.

Uno de estos cient铆ficos fue el inmun贸logo Jacques Benveniste (1935-2004), que sufri贸 una caza de brujas de 15 a帽os dirigida por la revista Nature como castigo por sus descubrimientos sobre 鈥渓a memoria del agua y la vida鈥 (es decir, c贸mo las mol茅culas org谩nicas configuran la geometr铆a de las mol茅culas de H2O e imprimen su 鈥渋nformaci贸n鈥 en dicha agua).

Esta campa帽a de difamaci贸n comenz贸 en 1988, cuando la revista Nature llev贸 a cabo un intento 鈥渙ficial鈥 de duplicar los resultados de los descubrimientos de Benveniste sobre el poder del agua para retener la informaci贸n de las sustancias alerg茅nicas dentro de su estructura, que segu铆an causando reacciones al茅rgicas en los tejidos y 贸rganos vivos mucho despu茅s de que se filtraran todos los rastros de las sustancias de varias soluciones.

La revista Nature lleg贸 a contratar a un mago de teatro llamado James Randy para que codirigiera un equipo de investigaci贸n que intencionadamente estrope贸 los resultados de Benveniste, minti贸 sobre los datos y conden贸 a Benveniste como un estafador. Esta operaci贸n arruin贸 la reputaci贸n del cient铆fico, sec贸 su financiaci贸n y mantuvo a la biolog铆a encerrada en la jaula materialista durante otras tres d茅cadas. Las campa帽as de difamaci贸n de la revista Nature fueron descritas por Benveniste como una 鈥渂urla鈥 que utiliz贸 鈥渕茅todos similares a los de McCarthy y campa帽as de difamaci贸n p煤blica鈥 para aplastarlo.

No fue el 煤nico, otros como Luc Montagnier, Judith Mikovitz o Stefen Lanka han sufrido la persecuci贸n de Nature, adalid del paradigma de la ciencia industrial en manos del poder.

Independientemente de que el COVID-19 haya surgido de forma natural, como atestigua la revista Nature, o de que haya surgido en un laboratorio, como han llegado a creer el Dr. Luc Montagnier y los funcionarios chinos del CDC, lo cierto es que la ciencia, en su sentido gen茅rico, y el conocimiento pueden retrasarse, pero su curso no puede detenerse para siempre por mucho que el poder y la Ciencia, cartesiana e industrial, la ciencia capitalista lo intenten, y claramente lo intentan.

La pol铆tica hace a peque帽a escala lo que la ciencia y la medicina hacen a lo grande

El legado del Club X, con Nature como panfleto propagand铆stico, contin煤a a d铆a de hoy, como ya se ha se帽alado, y ha colonizado la mente de media humanidad, sino m谩s. Uno de los errores m谩s comunes en torno a la ciencia es la de reducirla 鈥 cosa que ha sabido hacer muy bien el poder, sobre todo a trav茅s de los medios de comunicaci贸n y del sistema educativo 鈥 a su dimensi贸n cognoscitiva y de ella s贸lo tienen en cuenta los conocimientos. As铆, la ciencia ser铆a un saber 鈥渘eutral鈥, desprovisto de connotaciones ideol贸gicas, pol铆ticas, religiosas, morales o filos贸ficas y sus practicantes ser铆an personas de la misma factura, por encima de las clases, del poder y de la lucha de clases. La conclusi贸n evidente es que hay que dejar la ciencia en manos de los cient铆ficos. Si los dem谩s queremos acertar en nuestras decisiones, debemos aceptar el consejo de los que saben, de los expertos

Pero, como dice un refr谩n, saber es poder y a la inversa. Y como hemos visto a lo largo del texto, la burgues铆a (quien ostenta hoy d铆a el poder) supone que puede perpetuar su dominaci贸n transformando los problemas pol铆ticos en problemas t茅cnicos, que eso asegura su gobernabilidad, hoy y en el futuro. Los pol铆ticos se entrometen en la ciencia tanto, por lo menos, como los cient铆ficos en la pol铆tica. Lo reconoci贸 el creador de la moderna teor铆a celular, el alem谩n Virchow con su equiparaci贸n entre la medicina y la pol铆tica: 鈥淒ie Politik ist weiter nichts, als die Medizin im Gro脽en鈥 (La pol铆tica hace a peque帽a escala lo que la medicina hace a lo grande).

La ciencia es una fuerza productiva y un instrumento de hegemon铆a pol铆tica. Hoy en d铆a ning煤n ej茅rcito es capaz de vencer sin los cient铆ficos. La ciencia (y la tecnolog铆a) han pasado a formar parte de la maquinaria militar y, por consiguiente, deben ser estudiados como tales, escribe Latour (1). Entre un 20 y un 30 por ciento de los cient铆ficos trabajan en proyectos militares, porcentaje que sube al 40 por ciento en Estados Unidos. El 70 por ciento de la inversi贸n en ciencia se destina a la guerra. La militarizaci贸n de la ciencia asegura una provisi贸n de mano de obra a su imagen y semejanza: disciplinada y amaestrada. Ni en un cuartel de artiller铆a ni en un observatorio astron贸mico caben las singularidades.

En la Segunda Guerra Mundial, el 鈥淧royecto Manhattan鈥 para fabricar la primera bomba at贸mica, sell贸 el destino de la ciencia para el futuro. El Proyecto invirti贸 2.000 millones de d贸lares de la 茅poca, empleando a 125.000 cient铆ficos en m谩s de diez centros de investigaci贸n distintos bajo una misma direcci贸n militar y pol铆tica. La ciencia estadounidense -y por extensi贸n la sometida a su influencia- nunca volvi贸 a recuperarse de aquella fara贸nica movilizaci贸n de recursos. Fue la primera organizaci贸n civil puesta al servicio del ej茅rcito estadounidense. Naci贸 la 鈥渂ig science鈥, las gigantescas industrias cient铆ficas.

Como consecuencia de esa situaci贸n, una parte cada vez m谩s importante de lo que se considera como 鈥渃iencia鈥 tiene poco que ver con ella y, en cualquier caso, tiene que ver tambi茅n con intereses espurios, que la mayor parte de las veces son bastante turbios, empezando por el transplante de m茅dula o la creaci贸n del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta. Cuando en la posguerra el propio Eisenhower denunci贸 los peligros del complejo militar-industrial, tambi茅n puso a la ciencia en el mismo punto de mira.

Eisenhower se refer铆a a dos riesgos simult谩neos que concern铆an a su propio pa铆s: primero, la sumisi贸n de los cient铆ficos 鈥渃on el poder del dinero鈥 y, segundo, que la democracia se convierta en un reh茅n de los tecn贸cratas, de quienes pretenden acaparar para s铆 el monopolio del conocimiento y que los dem谩s adapten a ellos sus decisiones (2).

Adem谩s de militarizada la ciencia est谩 industrializada. A la ciencia como fuerza productiva, esto es, a la aplicaci贸n de la ciencia a la producci贸n capitalista, hay que a帽adir la aplicaci贸n del capitalismo a la ciencia. La megaciencia necesita una movilizaci贸n tal de recursos que s贸lo se puede lograr mediante una militarizaci贸n de los medios puestos a su disposici贸n, entre ellos, los propios cient铆ficos. El acelerador de part铆culas de Ginebra re煤ne a unos 8.000 f铆sicos cuyas condiciones de trabajo son las de cualquier cadena de montaje. La EMBO (Organizaci贸n Europea de Biolog铆a Molecular) creada en 1964, re煤ne a m谩s de 1.100 cient铆ficos, la mayor parte de los cuales no son m谩s que emisarios de la industria del ramo.

Tras el programa 鈥溍乼omos para la Paz鈥, Estados Unidos entr贸 en una era de econom铆a de guerra permanente. El informe Paley demostr贸 que la econom铆a hab铆a pasado a estar fundada en criterios militaristas.

El Plan Bolonia, del que ya nadie se acuerda, sell贸 la industrializaci贸n y militarizaci贸n de la ciencia en Europa, la transformaci贸n de la universidad en una f谩brica (3), un paso necesario porque los laboratorios y centros de investigaci贸n ya lo estaban. El 75 por ciento de la investigaci贸n se lleva a cabo en empresas privadas con dinero p煤blico. Los cient铆ficos son funcionarios p煤blicos y empleados privados. Como en el ej茅rcito o en cualquier sector econ贸mico, no cabe ninguna posibilidad de discusi贸n de las 贸rdenes. Como cualquier pe贸n fabril, el cient铆fico tiene que ser sometido y, adem谩s, debe aceptar e interiorizar su propia condici贸n gregaria como un estado natural.

Como consecuencia de ello, el conocimiento atraviesa un profundo declive, s贸lo comparable al de la aparici贸n del cristianismo. Se investiga, se publica y se lee aquello que se financia y subvenciona a golpe de talonario. Lo dem谩s no existe, no es ciencia, no es conocimiento. No es necesario recordar que quien paga manda, ni tampoco que quien paga y manda nada tiene que ver con la ciencia, es decir, que quien la dirige es ajeno a ella.

La ciencia, siguiendo el hilo cronol贸gico iniciado en el siglo XIX con la creaci贸n del Club X, fue la gran coartada que justific贸 el incremento de los gastos militares durante la Guerra Fr铆a, que dejaron de parecer improductivos para convertirse en una inversi贸n, es decir, rentables. Inmediatamente despu茅s de que en 1957 los sovi茅ticos colocaran en 贸rbita el Sputnik, el primer sat茅lite artificial, el general Eisenhower organiz贸 ARPA, de donde nacieron la NASA, la Comisi贸n de Energ铆a At贸mica e internet. Actualmente dispone de un presupuesto anual de unos 2.000 millones de d贸lares y es una primeras f谩bricas cient铆ficas del mundo.

Por iniciativa de la Union of Concerned Scientists, en febrero de 2004 un grupo de m谩s de 60 cient铆ficos, 20 de ellos galardonados con el Premio Nobel, dirigieron una carta colectiva al presidente Bush protestando por la injerencia pol铆tica de su gobierno en la investigaci贸n cient铆fica. El documento es un texto incendiario en el que los firmantes protestan por la manipulaci贸n que lleva a cabo el gobierno de los resultados de las investigaciones, la imposici贸n de pol铆ticos de confianza en los comit茅s consultivos y la asfixia de aquellos conocimientos cient铆ficos que no concuerdan con sus planteamientos pol铆ticos.

Y as铆, queridos amigos y por los motivos ya explicados, es como el poder y quienes lo ejercen moldearon la ciencia, que pas贸 a ser su gran herramienta, para dominar a la poblaci贸n y para luchar entre s铆 por estar en la c煤spide de la pir谩mide.

Notas:

(1) Bruno Latour: La ciencia en acci贸n. C贸mo seguir a los cient铆ficos e ingenieros a trav茅s de la sociedad, Labor, Barcelona, 1992, pgs.164 a 166.
(2) Eisenhower鈥檚 Farewell Address to the Nation, 17 de enero de 1961, http://mcadams.posc.mu.edu/ike.htm
(3) Cfr.Carlos Sevilla Alonso: La f谩brica del conocimiento. La universidad-empresa en la producci贸n flexible, El Viejo Topo, Barcelona, 2010.

Fuentes:

Matthew Ehret 鈥 How Huxley鈥檚 X-Club Created Nature Magazine and Sabotaged Science for 150 Years.

Jos茅 Manuel Olarieta 鈥 La pol铆tica hace a peque帽a escala lo que la medicina hace a lo grande. Mpr21




Fuente: Terraindomita.blackblogs.org