September 7, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
26 puntos de vista

Samuel Moyn

El 23 de mayo de 2013, la activista y defensora de la paz Medea Benjamin asisti贸 a un discurso de Barack Obama en Fort McNair, en la ciudad de Washington, en el que el entonces presidente de Estados Unidos defendi贸 el uso de drones armados por parte de su gobierno en la lucha antiterrorista.

Benjamin (autora del libro 鈥橪as guerras de los drones, matar por control remoto鈥) interrumpi贸 al presidente en varias ocasiones para mostrar su rechazo por el hecho de que este no hubiera cerrado la c谩rcel de Guant谩namo y por apostar por la v铆a militar en detrimento de la v铆a diplom谩tica. La polic铆a militar y el Servicio Secreto la expulsaron del auditorio de inmediato. El Washington Post la describi贸 posteriormente como una “gritona”.

En cambio, Obama opt贸 por reflexionar en voz alta en torno a las cr铆ticas de la activista, lo que le llev贸 a hacer una autocr铆tica m谩s profunda. Fue el momento de su presidencia en el que expuso con mayor nitidez su posicionamiento formal en torno a las guerras; una presidencia que repens贸 la forma en la que Estados Unidos libra ahora unas guerras “m谩s humanas” pero interminables.

A pesar de toda la violencia inherente a los conflictos, la forma en la que Estados Unidos libra las guerras en la actualidad se caracteriza cada vez m谩s por una inmunidad pr谩cticamente total frente a los da帽os para el bando estadounidense y unas precauciones sin precedentes cuando se trata de matar a personas del bando enemigo.

Hoy en d铆a, hay cada vez m谩s imperativos legales para que las guerras sean “m谩s humanas”. Esto comporta, en especial, el objetivo de minimizar los da帽os colaterales. Pa铆ses como Estados Unidos se han comprometido a cumplir esas obligaciones, aunque las interpreten de forma laxa y las apliquen inadecuadamente sobre el terreno.

En t茅rminos absolutos y relativos, se maltrata a menos prisioneros y mueren menos civiles que en el pasado. Pero al mismo tiempo, y para lograr estos objetivos, las operaciones militares estadounidenses han ampliado su alcance y se han perpetuado en el tiempo.

La idea de una guerra m谩s humana puede parecer una contradicci贸n. Los conflictos b茅licos de Estados Unidos en otros pa铆ses siguen siendo brutales y mort铆feros, pero lo que asusta de ellos no es solo la violencia que infligen. En el nuevo tipo de guerra est谩 quedando de manifiesto que la cara m谩s elemental de la guerra no es la muerte, sino el control por medio de la dominaci贸n y la vigilancia.

Durante la campa帽a presidencial de 2008, digna de un cuento de hadas, Obama se present贸 como una especie de candidato antibelicista, y cuando m谩s tarde se hizo evidente que era un pragm谩tico empedernido, en este y otros 谩mbitos, muchos de sus partidarios se sorprendieron.

Obama ampli贸 la “guerra contra el terror” hasta un extremo sorprendente. Al mismo tiempo, la hac铆a aceptable para el p煤blico estadounidense de un modo que su predecesor, George W. Bush, nunca logr贸. Esto se debe, en parte, a que Obama comprendi贸 la utilidad pol铆tica de transformar la guerra estadounidense y darle un giro humano.

Auge del imperio de los drones

En los primeros meses de 2009, despu茅s de que Obama jurara su cargo, se produjo la primera metamorfosis de la estrategia belicista estadounidense. Mientras se repudiaban los peores pecados de la presidencia anterior, el equipo legal de Obama se atribuy贸 la autoridad para continuar la guerra indefinidamente, y dise帽贸 un marco legal formal para justificar los ataques letales selectivos.

El auge del imperio de los drones armados bajo el mandato de Obama no fue m谩s que el s铆mbolo de la extensi贸n y expansi贸n de la guerra sin fin. “La presidencia de Obama ha estado muy marcada por los abogados que lo rodean”, afirm贸 Charlie Savage, el periodista del New York Times que public贸 muchos reportajes impactantes sobre seguridad nacional durante los dos mandatos de Obama.

Esa base jur铆dica a menudo serv铆a para construir un argumentario que les permitiera justificar la guerra. Los hombres y mujeres del presidente, ha escrito Savage, “intentaban luchar contra Al Qaeda al tiempo que se adher铆an a lo que consideraban el imperio de la ley”. Aunque lo que ellos consideraban el Estado de Derecho no era m谩s que un conjunto de normas que ellos mismos se impon铆an, su compromiso con las normas para una guerra m谩s humana 鈥揹e ninguna manera perfecto en base a la teor铆a legal o en la pr谩ctica militar鈥, ten铆a un poder ret贸rico para algunos estadounidenses y efectos significativos en las contiendas. Tambi茅n propici贸 guerras interminables.

Obama continu贸 un proceso iniciado en los 煤ltimos a帽os de la presidencia de George W. Bush, pero a diferencia de su predecesor supo presentar su estrategia de forma m谩s convincente y vender la supuesta rectitud moral del pa铆s, como precursor de una forma de librar guerras que fueran lo menos brutales posible.

Y transform贸 la propia “guerra contra el terror”. La expansi贸n y la humanizaci贸n fueron de la mano, lo que imprimi贸 a las guerras de Obama un sello ruin.

M谩s all谩 de sus otras deficiencias, la transformaci贸n de la guerra estadounidense incurri贸 en un riesgo gigantesco que sus defensores y sus oponentes en gran medida no supieron ver hasta que fue demasiado tarde. En noviembre de 2016, los sorprendi贸. “Ha cuestionado implacablemente la eficacia de la fuerza”, dijo el periodista Jeffrey Goldberg hacia el final de los dos mandatos de Obama, “pero tambi茅n se ha convertido en el cazador de terroristas con m谩s 茅xito de la historia de las presidencias de Estados Unidos y entregar谩 a su sucesor un conjunto de herramientas que ser铆an la envidia de un asesino consumado”.

Este poder daba miedo, por mucho que se controlara, se practicara con humanidad y se gestionara con criterio, y eso antes de que se conociera la identidad del sucesor de Obama (Donald Trump), s贸lo seis meses despu茅s de que Goldberg publicara este art铆culo.

Obama no pod铆a hacer la vista gorda ante el terrorismo; era un pol铆tico cuya carrera depend铆a de su capacidad para proteger al pueblo estadounidense. Pero Obama no s贸lo dise帽贸 una maquinaria b茅lica de unas dimensiones y un alcance mucho mayores de lo necesario, y no s贸lo socav贸 los compromisos anteriores de Estados Unidos con un ordenamiento jur铆dico que consagraba la paz. Sus pol铆ticas contribuyeron a crear las condiciones para un desenlace impactante y terrible.

Sin ser precisamente una paloma o un presidente que se oponga a las guerras (en Estados Unidos a los pol铆ticos que se adhieren a corrientes m谩s pacifistas se los denomina palomas y a los que son partidarios de soluciones militares, halcones), Donald Trump aprovech贸 la percepci贸n de que los grandes gobernantes ten铆an un compromiso con las guerras interminables. Y gan贸.

El arco del universo moral pasaba por la humanizaci贸n del conflicto interminable. Sin embargo, se inclin贸 hacia el precipicio. Formas m谩s y m谩s humanas de lucha en el extranjero, ahora hab铆an desencadenado el desastre tambi茅n en casa. Entonces Trump repiti贸 la misma pirueta que Obama; pas贸 de ser un candidato antib茅lico a presidente de la guerra interminable. Y ahora Joe Biden corre el riesgo de hacer lo mismo.

En marzo de 2009, un informe legal hist贸rico dio un aviso claro y asombroso de c贸mo se llevar铆an a cabo las guerras de Obama, que formalizaban y globalizaban la “guerra contra el terror” de una forma que Bush no hab铆a hecho nunca oficialmente. La lucha antiterrorista no tendr铆a l铆mites temporales o espaciales. Esto importar铆a mucho m谩s que las reformas m谩s comentadas de Obama: prohibir simb贸licamente la tortura o retocar las normas sobre prisioneros y juicios.

Dos meses despu茅s, Obama se reuni贸 en el Despacho Oval con un grupo de defensores de las libertades civiles y los derechos humanos. “Nadie cuestiona sus valores”, comenz贸 diciendo Anthony Romero, director de la Uni贸n Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en ingl茅s). “Pero cuando sus pol铆ticas no son sustancialmente diferentes de las de su predecesor, entonces es justo compararlas”.

Ese mismo a帽o, Obama fue galardonado con el premio Nobel de la Paz y, en diciembre, viaj贸 a Oslo para pronunciar su deslumbrante discurso de aceptaci贸n. La premisa de su discurso del Nobel fue que el terrorismo, que 茅l describi贸 en privado (seg煤n la transcripci贸n de las entrevistas) como un tedioso dilema legal, era tan nuevo y amenazante que requer铆a repensar “las nociones de guerra justa y los imperativos de una paz justa”. Independientemente de las ilusiones que algunos hab铆an cultivado cuando Obama se postul贸 como candidato, para un presidente, al menos de Estados Unidos, era imposible mantener una postura antib茅lica en el poder.

Su posici贸n hacia el antibelicismo

Con el debido respeto al rechazo a la guerra de su antecesor, Martin Luther King, cuando gan贸 su propio Nobel en 1964 con el mensaje de que la violencia “no resuelve ning煤n problema social: simplemente crea otros nuevos y m谩s complicados”, ni King ni Mahatma Gandhi hab铆an dirigido una potencia mundial antes que 茅l.

Fue una brillante autodefensa, no s贸lo de la 茅tica del posicionamiento de Obama, sino de la violencia estadounidense en un mundo en el que, insisti贸, demasiados exigen la paz de manera ingenua. “En muchos pa铆ses”, se帽al贸 Obama, “existe hoy una profunda ambivalencia respecto a la acci贸n militar, sean cuales sean los motivos. Y a veces, a esto se une un recelo instintivo hacia Estados Unidos, la 煤nica superpotencia militar del mundo”.

Como se帽alaron los editorialistas del New York Times al elogiar la ret贸rica de Obama, “desafi贸 directamente la ambivalencia y repulsi贸n generalizadas” hacia la guerra en Afganist谩n, tambi茅n entre los estadounidenses.

En su elocuente justificaci贸n de los usos del poder militar estadounidense para una nueva era, la gracia salvadora, quiz谩s, fue que Obama insisti贸 en las limitaciones humanas. Record贸 el papel desempe帽ado por Estados Unidos para reconstruir un mundo devastado por la guerra, es decir, despu茅s de la Segunda Guerra Mundial, levantando sistemas e instituciones internacionales que pretend铆an reducir los conflictos internacionales.

Y esa contribuci贸n durante y despu茅s de la Guerra Fr铆a dej贸 al mundo un “legado del que mi pa铆s est谩 leg铆timamente orgulloso”, a pesar del coste y de los errores que se cometieron en el camino. Sin embargo, frente al terrorismo, Estados Unidos no pod铆a mantener una actitud antibelicista sino que ten铆a que jugar con las reglas de una guerra m谩s humana.

“Estoy convencido de que adherirse a los est谩ndares internacionales, fortalece a los que lo hacen, y a铆sla y debilita a los que no lo hacen”, concluy贸. Obama fue claro: “Creo que Estados Unidos debe seguir siendo un abanderado de los patrones a seguir en los conflictos”.

Obama recurri贸 a los drones armados m谩s veces s贸lo en su primer a帽o en la Casa Blanca que Bush en toda su presidencia. Pr谩cticamente desde el principio, la estrategia de Obama consisti贸 en apostar por los ataques letales selectivos, no s贸lo con drones, sino tambi茅n con las fuerzas especiales o con misiles de ataque enviados desde largas distancias. Iniciados en secreto y m谩s tarde normalizados en p煤blico, los ataques letales selectivos transformaron la “guerra contra el terrorismo” para que se extendiera cada vez m谩s por todo el planeta.

Al final del segundo mandato de Obama, los aviones no tripulados hab铆an atacado casi 10 veces m谩s que bajo la presidencia de su predecesor, con muchos miles de muertos. Las fuerzas a茅reas entrenaban ahora a m谩s operadores de drones que a pilotos de aviones, y las bases y la infraestructura de la actividad de los drones se hab铆an extendido hasta lo m谩s profundo del continente africano, no s贸lo por Oriente Medio y el sur de Asia.

Mientras tanto, en el 煤ltimo a帽o de Obama en la Casa Blanca, los comandos de las fuerzas de 茅lite operaron en 138 pa铆ses o se desplazaron por ellos; el 70% de todos los pa铆ses del mundo. Se produjeron combates reales en al menos 13, y ataques letales selectivos en algunos de ellos. Las ventajas de este enfoque eran evidentes. La primera y m谩s importante respond铆a a la necesidad de sacar la guerra de las portadas de los medios de comunicaci贸n de Estados Unidos y evitar im谩genes de bolsas de cad谩veres de soldados. Adem谩s, Obama estaba profundamente preocupado por la posibilidad de ataques terroristas en Estados Unidos.

El mes siguiente al discurso del Nobel, el d铆a de Navidad, un terrorista nigeriano, Umar Farouk Abdulmutallab, tambi茅n conocido como “el terrorista de la ropa interior” (ya que ocult贸 los explosivos en la ropa interior) intent贸 hacer estallar una bomba en el vuelo 253 de Northwest en ruta de 脕msterdam a Detroit. El intento de atentado, que podr铆a haber costado la vida a 300 personas, caus贸 una enorme consternaci贸n a Obama, y lo llev贸 a intensificar en la pr谩ctica lo que hab铆a defendido en teor铆a y sus abogados hab铆an bendecido.

Ataques preventivos

Otro incentivo igualmente importante era la necesidad de evitar los perjudiciales ataques pol铆ticos que hab铆a sufrido su predecesor por el trato a los prisioneros capturados en Abu Ghraib y Guant谩namo, junto con los sitios secretos de la CIA. Si no se capturaba a nadie, no se pod铆a maltratar a nadie. Pero m谩s all谩 de estos factores, Obama abraz贸 el ideal de una guerra m谩s humana no s贸lo por ser un imperativo legal, sino como un objetivo moralmente leg铆timo y legitimador.

La ampliaci贸n de la “guerra contra el terror” mediante los ataques letales selectivos, y su extensi贸n espacial o temporal, recibi贸 inicialmente poco escrutinio p煤blico. El mundo reaccion贸 con horror cuando la estrategia de seguridad nacional de Bush en 2002 defendi贸 abiertamente la necesidad de emprender una autodefensa preventiva sin que hubiera una amenaza inminente.

En lo que los esc茅pticos consideraban un absurdo ox铆moron, los abogados de Obama invocaban ahora la “inminencia extendida” de las amenazas que, seg煤n ellos, justificaban la fuerza. No s贸lo se permit铆a el ataque letal selectivo en defensa propia, sino que Obama tambi茅n afirmaba la legalidad de hacerlo de forma preventiva.

Adem谩s, a medida que la guerra de Obama se extend铆a a nuevos lugares, la ley se ampli贸 de forma extraordinaria para abarcar a nuevos grupos terroristas. La legislaci贸n nacional no supon铆a un obst谩culo para los ataques letales selectivos, al menos para los dirigidos contra no estadounidenses, porque en su Autorizaci贸n para el Uso de la Fuerza Militar, el Congreso hab铆a permitido el uso de la fuerza armada contra cualquier “persona” relacionada con los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Pero se convirti贸 en una cuesti贸n candente si una Al Qaeda en constante evoluci贸n y los nuevos grupos que hab铆an surgido, y que reivindicaban su nombre, eran lo suficientemente cercanos a los implicados en el 11 de septiembre como para ser blanco de un ataque letal selectivo.

“Fuerzas vinculadas”

En el hist贸rico informe jur铆dico de marzo de 2009, los abogados de Obama se basaron en el concepto de “fuerzas vinculadas” a Al Qaeda de la 茅poca de Bush para ampliar el alcance de los blancos de ataque. Se aplic贸 a grupos como el conjunto islamista Al Shabaab en Somalia, con pocos o ning煤n v铆nculo con Al Qaeda, y a individuos en virtud de su pertenencia a este y otros conjuntos lejanos. En 2014, para justificar la acci贸n militar contra el Estado Isl谩mico sin necesidad de obtener la aprobaci贸n del Congreso, los abogados de Obama consideraron que ISIS era el “aut茅ntico heredero” de Osama bin Laden.

Cada uno de los pasos que dio Obama contaba con argumentos legales, cuya solidez variaba seg煤n el caso. Sin embargo, en conjunto, bendijeron una “guerra contra el terrorismo” en expansi贸n y con consecuencias imprevisibles. Este tipo de juegos de manos legalistas no se limit贸 a la lucha contra el terrorismo.

En 2011, Estados Unidos inici贸 una intervenci贸n humanitaria autorizada por las Naciones Unidas en Libia, pero la transform贸 en un cambio de r茅gimen ilegal, con consecuencias deplorables para ese pa铆s. La operaci贸n en Libia depend铆a de una justificaci贸n sin l铆mites, que el equipo legal de Obama proporcion贸.

Barack Obama y Chuck Hagel, Secretario de Defensa del momento, en 2014. Archivo

Mayor vigilancia desde los medios

El debate p煤blico dominante pr谩cticamente no se hizo eco de estos hechos porque el Gobierno de Obama hizo hincapi茅 en la humanidad de los combates. A partir del verano de 2011, el programa de aviones no tripulados comenz贸 a recibir un escrutinio m谩s intenso por parte de los medios de comunicaci贸n.

El Gobierno de Obama levant贸 parcial y estrat茅gicamente el secreto en los a帽os siguientes. Al hacerlo, normaliz贸 los ataques letales selectivos, algo que no era dif铆cil de hacer dado el entusiasmo que suscit贸 la muerte de Osama bin Laden en Pakist谩n el 2 de mayo de 2011, en una espectacular redada por parte de un comando de 茅lite.

Al mismo tiempo, se propuso minimizar de forma manifiesta los da帽os colaterales. Si la alternativa a los ataques letales selectivos era la masacre indiscriminada, y si la alternativa a los aviones no tripulados era guerras totales como la de Irak o Vietnam, entonces a muchos les parec铆a obvio que el camino de Obama era el correcto.

Las primeras declaraciones dirigidas a los ciudadanos afirmaban con rotundidad que no se estaban infligiendo da帽os colaterales en estos ataques letales selectivos; algo que los informes externos contradec铆an f谩cilmente. “Somos excepcionalmente precisos y quir煤rgicos”, afirm贸 con entusiasmo John Brennan, principal asesor antiterrorista de Obama, en junio de 2011.

Afirm贸 que las operaciones antiterroristas de Estados Unidos no hab铆an implicado ni una sola “muerte colateral” en casi un a帽o “debido a la excepcional competencia y precisi贸n de las capacidades que hemos sido capaces de desarrollar”.

Eso estaba muy lejos de ser verdad. El propio Obama estaba tan molesto por los excesos de las acciones que orden贸 que se detuvieran los ataques con drones en Yemen durante un a帽o, entre 2010 y 2011. Lo m谩s dif铆cil de conciliar con la idea de una guerra humana fueron los informes sobre los “ataques de autor” por parte de Estados Unidos. Estos ataques iban dirigidos a hombres en edad de combatir en una zona determinada sin tener la certeza de que fueran terroristas, y mucho menos una amenaza.

Muertes de civiles

Era una presunci贸n que recordaba a la pr谩ctica de la 茅poca de Vietnam de declarar zonas de “ataque libre” en las que cualquiera que permaneciera era presuntamente un enemigo. A medida que avanzaba la “guerra contra el terror”, las estimaciones del gobierno sobre la cifra de v铆ctimas civiles se rectificaron al alza, aunque nunca llegaron a ser las calculadas por observadores externos, que eran mucho m谩s elevadas.

La mayor铆a de las primeras cr铆ticas que recibi贸 Obama por los ataques letales selectivos hac铆an referencia a c贸mo se hab铆an interpretado los est谩ndares de derechos humanos de las leyes de guerra. De hecho, este enfoque ya anticip贸 el debate del segundo mandato de Obama, que era si demasiadas personas inocentes estaban muriendo, no si las intervenciones en s铆 eran legales, d贸nde pod铆a ir la fuerza estadounidense y cu谩nto tiempo pod铆a permanecer.

Mientras se preparaba para las elecciones presidenciales de 2012, consciente de que otro candidato pod铆a heredar el sistema que hab铆a construido, Obama inici贸 un proceso para codificar las pol铆ticas en torno a los ataques con drones. Dos semanas antes de ser reelegido, fue invitado al programa de The Daily Show y le dijo a Jon Stewart que quer铆a construir un marco legal que garantizara que “no solo estoy controlado, sino que lo est茅 cualquier presidente”.

Mayor control de los ataques

Tras la victoria, pronunci贸 un discurso en la Universidad de Defensa Nacional en Fort McNair y explic贸 que hab铆a emitido una orden ejecutiva un a帽o antes para precisar los controles humanos que el gobierno exig铆a como requisito previo a un ataque letal selectivo.

Esta Orientaci贸n Pol铆tica Presidencial (PPG) era un documento esencial. Mientras que el informe jur铆dico de marzo de 2009 anunciaba una guerra sin l铆mites de tiempo ni de espacio, el nuevo documento promet铆a tard铆amente que se llevar铆a a cabo con un enfoque humano. Promet铆a que, m谩s all谩 de las zonas de hostilidades activas, y “salvo circunstancias extraordinarias”, no se producir铆a ninguna matanza a menos que la captura fuera “inviable” y hubiera una “casi certeza” de que nadie sufrir铆a adem谩s de los terroristas.

Y all铆 donde Bush hab铆a dado a la CIA autoridad general para atacar en cualquier lugar, Obama exigi贸 supervisi贸n. Se reuni贸 semanalmente para examinar las “listas de ataques letales” que estudi贸 personalmente, y se comprometi贸 formalmente a hacerlo en el documento de orientaci贸n.

Redactado en 2012, el PPG no se hizo p煤blico hasta dos a帽os despu茅s. El profesor de Derecho de Harvard, Naz Modirzadeh, describi贸 de forma mordaz el documento como un popurr铆 de normas “de tipo legal”. Modirzadeh sugiri贸 que la 贸ptica del comportamiento humano “se utilizaba para dar una apariencia de derecho internacional” a “un enfoque que la mayor铆a de los aliados consideran que vulnera” otras partes del derecho internacional, sobre todo las leyes relativas al uso de fuerza.

El jurista Martin Lederman (profesor en la Universidad de Georgetown), que durante la presidencia de Obama trabaj贸 en el Departamento de Justicia, se indign贸. 驴C贸mo puede alguien 鈥搒e pregunt贸鈥 tener el descaro de quejarse del intento de humanizar la guerra? La guerra brutal era peor que una guerra m谩s humana, 驴no? Lederman obvi贸 la cuesti贸n de si humanizar los conflictos era el “poco de az煤car” que permit铆a que pasara mejor la p铆ldora de la guerra interminable.

Nuevas reacciones de los activistas

Uno de los resultados insidiosos de la humanizaci贸n de la guerra interminable fue que incit贸 a los activistas a exigir una guerra a煤n m谩s humana. Obama se situ贸 entre la guerra y el mantenimiento del orden. Por qu茅 no ir hasta el final, razonaron estos cr铆ticos. Si la guerra iba a tener lugar fuera de los campos de batalla y sin l铆mite de tiempo, seg煤n el argumento, deber铆a parecerse a la instituci贸n permanente del mantenimiento del orden, con sus normas mucho m谩s estrictas sobre los ataques letales, s贸lo que ahora a escala mundial.

Pero se trataba de un argumento muy arriesgado. Para implorar la m谩xima humanizaci贸n, se conced铆a que la guerra ilegal pod铆a ser interminable y estar en todas partes. 驴La humanizaci贸n de una pr谩ctica tan dantesca como la guerra global sin fin la hace mejor o peor? Los abogados especializados en temas humanitarios y militares debatieron sobre cu谩nta humanidad en tiempos de guerra iba a ser suficiente. Acordaron t谩citamente no discutir sobre el sentido de la guerra en s铆. La campa帽a para conseguir una guerra m谩s humana no cuestion贸 la idea de la guerra como tal.

Como se hizo evidente tras el incidente con la activista por la paz Medea Benjamin en 2013, el propio Obama esperaba defender la humanizaci贸n de la guerra desde su cargo como presidente. Pero despu茅s de que Benjamin fuera expulsada sin contemplaciones del auditorio, y con la calma y la intelectualidad que le caracterizan, Obama se pregunt贸 abiertamente si los avances hacia una guerra humana que 茅l mismo exig铆a pod铆an tener un precio.

“Merece la pena prestar atenci贸n a la voz de esa mujer”, medit贸 Obama fuera de gui贸n, sorprendiendo a su p煤blico. “Obviamente no estoy de acuerdo con mucho de lo que ha dicho, y obviamente no me ha escuchado en mucho de lo que he dicho. Pero son cuestiones muy dif铆ciles, y la suposici贸n de que podemos pasarlas por alto es un error”. Obama afirm贸 que sus pol铆ticas de ataques letales selectivos eran legales, seg煤n las leyes nacionales e internacionales. Sin embargo, intuy贸 que una guerra interminable, por muy humana que sea, podr铆a seguir siendo un error.

“Ni yo, ni ning煤n presidente, puede prometer la derrota total del terror”, dijo. “El uso de la fuerza, por s铆 solo, no puede darnos seguridad. No podemos utilizar la fuerza en todos los lugares en los que arraiga una ideolog铆a radical; y en ausencia de una estrategia que reduzca el manantial del extremismo, una guerra perpetua, mediante drones o fuerzas especiales o el despliegue de soldados, resultar谩 contraproducente y alterar谩 nuestro pa铆s de forma preocupante”. Incluso concluy贸 que “este tipo de guerra, como todas las guerras, debe tener un final”.

Obama fue su mejor cr铆tico. Era dif铆cil saber si realmente se preocupaba por el imperativo de la paz, en lugar de querer que parte de su audiencia pensara que s铆. Fue extraordinario, de todos modos, que Obama expresara el temor a una guerra interminable como lo hizo. La declaraci贸n de Obama reflejaba la creciente percepci贸n de que se hab铆a cometido un terrible error al comienzo de la guerra que hered贸, o en alg煤n momento durante su mandato.

“Desde la Segunda Guerra Mundial”, dijo Obama a los cadetes que se graduaban en West Point la primavera siguiente, “algunos de nuestros errores m谩s costosos no se debieron a nuestra moderaci贸n, sino a nuestra voluntad de precipitarnos en aventuras militares sin pensar en las consecuencias”. Los costes no fueron s贸lo para las v铆ctimas lejanas.

Falta de rendici贸n de cuentas

A menudo se ha criticado a Obama por no haber hecho rendir cuentas a aquellos que promovieron el uso de la tortura en la presidencia anterior. Sin embargo, concentrarse en este punto pasa por alto su constante invitaci贸n a los estadounidenses a ver que “nosotros” hab铆amos torturado y que “nosotros” no somos el tipo de personas que volver铆a a hacerlo.

“Hicimos un mont贸n de cosas que estaban bien, pero torturamos a algunas personas”, dijo desarmado en una conferencia de prensa en la Casa Blanca en el verano de 2014. “Algunas de nuestras acciones son contrarias a nuestros valores”, continu贸, y “tenemos que, como pa铆s, asumir la responsabilidad”.

Los estadounidenses hab铆an obrado mal en el pasado. Pero a煤n pod铆an luchar por la luz, en forma de una guerra m谩s humana en el presente y en el futuro. Una y otra vez, la reacci贸n caracter铆stica de Obama ante la inhumanidad de las guerras recientes fue: “Eso no somos nosotros. Eso no es lo que somos”. La tortura no era lo nuestro, pero, su argumento parec铆a implicar que la guerra interminable s铆 lo era.

Sin embargo, unos a帽os m谩s tarde, result贸 que algunos de “nosotros” estaban inquietos. Dos d铆as antes de las primarias republicanas de Carolina del Sur, en febrero de 2016, Donald Trump apareci贸 en el escenario con el presentador de la CNN Anderson Cooper. En este estado favorable a Bush y a los militares, Trump arremeti贸 contra la guerra de Irak como posiblemente la “peor decisi贸n” de la historia de Estados Unidos. “Hemos desestabilizado Oriente Medio”, dijo, provocando el surgimiento del Estado Isl谩mico y los conflictos en Libia y Siria.

Al d铆a siguiente gan贸 en Carolina del Sur por 10 puntos, y nunca mir贸 atr谩s. En todos los debates presidenciales, Trump reiter贸 que se hab铆a opuesto a la guerra de Irak desde el principio, una prueba de que los votantes pod铆an confiar en 茅l como comandante en jefe e ignorar el coro de expertos en seguridad nacional que lo consideraban incapaz.

En la campa帽a de las elecciones generales de 2016, se se帽al贸 repetidamente que Trump no se hab铆a opuesto, de hecho, a la guerra de Irak. Y aunque Clinton reconoci贸 su error al votar a favor de la autorizaci贸n de la guerra, se desentendi贸 del tema, como si la lecci贸n a aprender fuera no volver a dejar que Bush invadiera Irak en 2003. Correspondi贸 a Trump reconocer que la guerra fue un desastre que justificaba un cambio significativo en la seguridad nacional estadounidense.

El hashtag #EndEndlessWar (terminar con guerras interminables) se origin贸 en 2014 a partir del activismo de base entre los progresistas en torno al ritual anual del Congreso de renovar la financiaci贸n de la guerra. Dos a帽os m谩s tarde, la sorpresa fue que la corriente principal de ambos partidos, y sobre todo Clinton, hab铆a dejado a Trump un espacio para convencer a millones de estadounidenses de que 茅l era el candidato m谩s digno del hashtag.

El giro de Trump

A diferencia de Obama, Trump no dej贸 ninguna duda sobre su opini贸n sobre la guerra humana. Elogi贸 activamente la brutalidad. En la campa帽a electoral, afirm贸 que la tortura funciona. Volvi贸 a hacerlo cuando fue presidente.

Pero algo curioso ocurri贸 en el camino hacia la temida restauraci贸n de las antiguas y brutales formas de guerra que Trump favorec铆a personalmente. La orden ejecutiva para reinstaurar la tortura nunca se emiti贸, en parte porque el secretario de Defensa, James Mattis, consider贸 que la tortura era inaceptable. Y las propuestas de Trump se encontraron con los aullidos de los principales republicanos, como el l铆der de la mayor铆a del Senado, Mitch McConnell. La propia CIA se ech贸 atr谩s, marcando un periodo de autocorrecci贸n institucional id茅ntico al que sufrieron los militares despu茅s de Vietnam; aunque ninguno de los dos responsabiliz贸 a nadie de los cr铆menes del pasado.

En su primer a帽o de mandato, Trump elimin贸 la Gu铆a de Pol铆tica Presidencial, sustituy茅ndola por un documento m谩s permisivo de Principios, Normas y Procedimientos. Una vez m谩s, el ladrido result贸 ser peor que la mordida: Trump mantuvo el requisito de que la predicci贸n de cualquier muerte de civiles elimina la posibilidad de un ataque selectivo. Incluso cuando demostr贸 estar dispuesto a perdonar a algunos criminales de guerra estadounidenses acusados, Trump, en gran medida, tambi茅n cerr贸 filas en torno a la humanidad de la guerra.

驴Iba a defender tambi茅n que fuera interminable? Como presidente, Trump se esforz贸 mucho por acabar con ciertos aspectos de la guerra interminable, en Afganist谩n, sobre todo, incluso cuando intensific贸 la guerra en general. A veces, sus intentos de retirada provocaron aullidos de rabia en todo el espectro pol铆tico, especialmente cuando abandon贸 a los aliados kurdos al iniciar una retirada de Siria en 2019. Ante una posici贸n m谩s fragmentada, Trump bombarde贸 al Gobierno sirio en represalia por los ataques qu铆micos, y asesin贸 al cerebro militar iran铆 Qassem Suleimani cuando estaba en Irak en 2020.

La misma estrategia, pero aumentada

En comparaci贸n, el aumento del gasto militar de Trump (del que presumi贸 constantemente), su escalada en el uso de las fuerzas especiales incluso m谩s all谩 de las cotas alcanzadas por Obama, y su expansi贸n del imperio de los drones con cada vez m谩s ataques, se encontraron con pocas quejas de dem贸cratas o republicanos. Al fin y al cabo, era la estrategia de los dos presidentes anteriores, s贸lo que aumentada.

Ahora Biden ha completado el proceso de retirada en Afganist谩n que comenz贸 Obama y que Trump se esforz贸 en llevar hasta el final, aunque ambos mantuvieron las nuevas formas de lucha contra el terrorismo para sustituir a las fuerzas en el terreno.

La situaci贸n de caos ha provocado un examen de conciencia nacional en Estados Unidos y, por fin, ha puesto de manifiesto lo irresponsable que ha sido todo el tiempo el “esfuerzo de construcci贸n de la naci贸n” afgana. Pero Biden quiso hacer una distinci贸n muy clara entre la lucha antiterrorista que nunca se plante贸 terminar de la retirada que ha ordenado. Y los atentados de la rama local del Estado Isl谩mico en el aeropuerto de Kabul llevaron a los responsables de la seguridad nacional y de vigilancia de Estados Unidos a intensificar para el futuro las mismas medidas de lucha antiterrorista sin fin que tanto preocupaban a Obama y que allanaron el camino de Trump hacia la Casa Blanca.

Cualquiera que sea el juicio de la historia sobre los m茅ritos de la “guerra contra el terror”, y las consecuencias para el mundo y para Estados Unidos, los resultados presentaron al pa铆s con un dilema al que todav铆a no se hab铆a enfrentado, y por lo tanto no hab铆a hecho nada para abordarlo. Con las presidencias de Bush, Obama y Trump, Estados Unidos pudo dar pasos para que sus guerras fueran humanas. Pero lo hizo mientras afianzaba su militarismo globalizado, ya que un candidato contrario a la guerra y luego otro se convirtieron en presidentes de guerras interminables. Y ahora uno m谩s, por desgracia, parece prisionero del mismo guion.

Adaptado de Humane: How the United States Abandoned Peace and Reinvented War, publicado por FSG en Estados Unidos el 7 de septiembre y por Verso en el Reino Unido en enero.

Traducci贸n de Emma Reverter.


El Diario




Fuente: Grupotortuga.com