January 21, 2021
De parte de La Haine
206 puntos de vista


Si se recuperara la participaci贸n -el camino que abandon贸 el proceso bolivariano en los 煤ltimos a帽os- se producir铆a un importante e innovador giro hacia el socialismo genuino

El final de la presidencia de Hugo Ch谩vez coincidi贸 en Venezuela con la creaci贸n de un contrato social un tanto difuso. No era muy distinto del contrato social que sustent贸 al socialismo real durante d茅cadas, tal como cuenta Michael Lebowitz en su libro Contradictions of Real Socialism.

En ambos casos una vanguardia garantizaba cierto nivel de bienestar a las masas a cambio de su apoyo pasivo. Es importante se帽alar que lo que las masas ofrec铆an a cambio de bienestar material y dignidad era su apoyo al gobierno, pero no su participaci贸n. Aunque la participaci贸n hab铆a sido un principio fundamental del Proceso Bolivariano encarnado en la constituci贸n venezolana de 1999, fue gradualmente marginada al final de la primera d茅cada del siglo XXI.

El proceso por el que se abandon贸 la participaci贸n ciudadana en el proceso revolucionario venezolano ha sido poco estudiado y poco comprendido. Sin embargo reviste una crucial importancia. En su mayor parte, fue liderado por los cuadros medios, que sistem谩ticamente, de forma gradual y reiterativa, desbarataron las estructuras org谩nicas de base del movimiento bolivariano y del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) con el fin de proteger su propio poder. Las estructuras org谩nicas del poder popular 鈥搃ncluyendo los c铆rculos bolivarianos creados antes de la elecci贸n de Ch谩vez, los grupos de diez miembros que actuaron para dar forma al refer茅ndum de 2004, y los 鈥渂atallones鈥 del partido creados en 2007鈥 fueron tomando forma durante las diversas campa帽as electorales.

Desafortunadamente, despu茅s de que cada una de estas estructuras organizativas alcanzara sus metas a corto plazo, los cuadros del partido las disolvieron, bloqueando as铆 la formaci贸n de expresiones de base del poder popular, para inventar posteriormente otras nuevas cuando surg铆an nuevas tareas.

El efecto general de este proceso reiterativo fue el de erosionar y, en 煤ltimo t茅rmino, derrotar al poder popular, que regresaba cada vez m谩s debilitado tras cada nueva oleada de desmovilizaci贸n. El resultado fue la consolidaci贸n del arriba mencionado contrato social, que implicaba el apoyo pasivo al gobierno en tiempo de elecciones a cambio de bienestar material. El proyecto respaldado por este acuerdo fue llamado 鈥渟ocialista鈥, aunque en realidad poco ten铆a que ver con los verdaderos objetivos socialistas. Esto se debe a que un proceso socialista, si pretende ser significativo y duradero, debe activar el protagonismo popular y la promoci贸n del desarrollo humano integral.

 Un ejemplo claro del car谩cter de este falso quid pro quo 鈥渟ocialista鈥 consolidado al final de la primera d茅cada del proceso bolivariano fue la muy aclamada Gran Misi贸n Vivienda Venezuela. Se trat贸 del 煤ltimo gran proyecto de Ch谩vez que alcanz贸 resultados concretos. Era un gigantesco plan de construcci贸n de viviendas que proporcion贸 m谩s de 2,5 millones de hogares a venezolanos necesitados. Sin embargo, lo hizo sin la participaci贸n ni el empoderamiento de las masas. Los beneficiarios recib铆an las llaves en actos p煤blicos, pero no participaban en la conceptualizaci贸n ni en la planificaci贸n, y tampoco en la realizaci贸n del proyecto.

Esta era la situaci贸n y la base del poder que Maduro hered贸 cuando fue elegido presidente en 2013. Sin embargo, enseguida se vio que era imposible de mantener. La ca铆da de los precios del petr贸leo en 2014, el aumento de los ataques financieros al pa铆s y las sanciones de EEUU y la Uni贸n Europea iniciadas en 2015 impidieron al gobierno mantener la provisi贸n de bienestar al pueblo, su parte del contrato.

Parad贸jicamente, sin embargo, los ataques de EE.UU. al pa铆s, y en concreto las crueles sanciones petroleras, ofrecieron a Maduro y a su gobierno una salida. Puede que el tren del bienestar 鈥渟ocialista鈥 estuviera avanzando sin combustible y que la gente se sintiera cada vez m谩s insatisfecha, pero la cobertura que proporcionaron los ataques desde el exterior permiti贸 a Maduro y a su equipo buscar ayuda en otro sector. En concreto en el sector compuesto por aquellos miembros del movimiento, del partido y de sus aliados que quer铆an establecer negocios para iniciar y expandir el desarrollo capitalista.

 Y esa es exactamente la direcci贸n que tomaron Maduro y su gobierno. Incapaces de satisfacer el contrato social existente y a riesgo de perder apoyo popular, ahora pod铆an culpabilizar de la situaci贸n econ贸mica a las fuerzas externas y neutralizar as铆 la mayor parte de la disidencia popular, al tiempo que buscaban nuevos apoyos en una emergente clase capitalista.

驴Exist铆a alguna otra alternativa? La otra opci贸n habr铆a sido recurrir a las masas, reinstaurar la participaci贸n popular para forjar de ese modo un nuevo contrato con las masas aut茅nticamente socialista que no estuviera basado en un aumento del bienestar material sino en la participaci贸n y el protagonismo revolucionario. Pero el gobierno y el partido percib铆an el riesgo de esta opci贸n, que habr铆a amenazado el poder consolidado de los cuadros medios y superiores, pero que tambi茅n chocaba contra el sentido com煤n que tiende a impregnar la burocracia venezolana, un sentido com煤n que proviene del pasado y que se infiltra a partir del contexto capitalista global, haciendo que los funcionarios gubernamentales desconf铆en de las capacidades y la racionalidad de las masas.

En realidad, el mismo Ch谩vez lleg贸 a tener en el 煤ltimo periodo de su presidencia la misma aversi贸n a los riesgos que Maduro muestra actualmente. En ning煤n lugar fue m谩s evidente este rasgo que en sus pol铆ticas hacia la vecina Colombia. A partir de 2007-2008, Ch谩vez decidi贸 promover un proceso de paz que conducir铆a a la desaparici贸n de la guerrilla de las FARC, que llevaba 50 a帽os combatiendo. En lugar de pensar en una radicalizaci贸n de la guerrilla, que podr铆a haberse efectuado trasladando los principios fundamentales del proceso bolivariano de participaci贸n y protagonismo popular a un contexto diferente al que Ch谩vez estaba acostumbrado 鈥搖n contexto definido por la lucha armada鈥, el presidente venezolano deseaba que la guerrilla hiciese un aterrizaje suave en la pol铆tica legal.

La lucha armada contra el imperialismo estadounidense es obviamente una empresa arriesgada, pero en su deseo por eliminarla parece que Ch谩vez pensaba que estampar un sello de Marea Rosa (un giro a la izquierda) a la pol铆tica legal podr铆a funcionar en el pa铆s vecino. Pero era descabellado. Dicho modelo, que ya estaba en peligro en Venezuela por aquel entonces, nunca podr铆a haber despegado del terreno en medio de la polarizaci贸n existente en Colombia.

Practicar una pol铆tica libre de riesgos es virtualmente una contradicci贸n desde el punto de vista de la izquierda y, en el mejor de los casos, tiene una corta vida. Esto es as铆 porque la seguridad que se adquiere siempre implica una mayor dependencia de la din谩mica y las fuerzas del capitalismo. En la crisis que atraves贸 poco despu茅s de su llegada a la presidencia, Maduro tom贸 el camino de menor resistencia y pretendi贸 eliminar los riesgos inclin谩ndose hacia un desarrollo capitalista.

La decisi贸n del gobierno de reemplazar el contrato social existente para acoger a sectores capitalistas emergentes 鈥搖n giro que se tom贸 con la excusa del brutal ataque imperialista鈥 resulta evidente en la ir贸nicamente denominada 鈥渓ey antibloqueo鈥, aprobada en octubre de 2020. Se podr铆a pensar que una ley antibloqueo intentar铆a cerrar filas con el pueblo venezolano para enfrentar al enemigo externo. Pero la ley aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente no tiene nada que ver con eso, sino que traiciona su verdadero prop贸sito al incluir cl谩usulas que permiten la privatizaci贸n de empresas p煤blicas sin tener que rendir cuentas a la ciudadan铆a.

Es importante resaltar que, en los primeros cinco a帽os de su presidencia, Ch谩vez ni siquiera tuvo la opci贸n de seguir una pol铆tica libre de riesgos 鈥揳unque fuera una quimera鈥 pues el contexto geopol铆tico global de la 茅poca y la falta de aliados poderosos no se lo permit铆a. Cuando Ch谩vez ech贸 a andar la revoluci贸n bolivariana en 1999 se encontraba casi en solitario en el contexto mundial.

Por esa raz贸n, el 煤nico apoyo que pod铆a tener el movimiento fue el de las propias masas venezolanas. Fue este bloque popular, movilizado gracias al liderato carism谩tico de Ch谩vez, el que se enfrent贸 a un mundo dominado por EEUU. Tuvo su momento de gloria cuando consigui贸 derrotar el golpe de Estado respaldado por EEUU en 2002 y el sabotaje petrolero que le sucedi贸. Sin embargo, con el ascenso de China y Rusia como potencias rivales del poder estadounidense, surgi贸 otra opci贸n sobre la mesa: la posibilidad de confiar en el apoyo de una emergente clase capitalista local y buscar el apoyo internacional de estas potencias rivales al tiempo que apartaba de la ecuaci贸n a las masas venezolanas.

Carece de sentido analizar una evoluci贸n hist贸rica si no se examinan las opciones disponibles que se dejaron atr谩s en el camino. En Venezuela, el contrato social que defini贸 los 煤ltimos a帽os de Ch谩vez 鈥揺l apoyo pasivo de las masas a un gobierno que garantizaba su bienestar material鈥 ya no es posible. Pero el giro que ha dado el gobierno actual para buscar apoyo en una emergente clase capitalista no es la 煤nica opci贸n potencial. Las masas venezolanas todav铆a est谩n vivas y efervescentes.

Las pr谩cticas de solidaridad social, los ideales igualitarios y el cuestionamiento de las actitudes hacia el liderazgo forman parte de la cultura popular venezolana desde antiguo. Estos rasgos fueron fomentados, aunque de formas contradictorias, durante la primera d茅cada de chavismo. Es posible incluso encontrar pr谩cticas de solidaridad 鈥搄unto con el individualismo que el comercio privado necesariamente implica鈥 en el peque帽o comercio y el trueque que permiten sobrevivir a los venezolanos de las ciudades. Las estrategias de supervivencia de las masas relacionadas con la salud, la alimentaci贸n y la vivienda todav铆a evidencian m谩s las actitudes solidarias.

Otro importante centro de solidaridad social en Venezuela es el subconjunto de las comunas en funcionamiento, que contin煤an intentando producir nuevas relaciones sociales. Aunque el n煤mero de comunas activas sea relativamente peque帽o, estas forman parte de un amplio movimiento de base campesina que engloba muchos de los mismos valores. Lo suyo ser铆a hallar la manera de aumentar todas estas pr谩cticas de solidaridad social, que representan la verdadera l贸gica del socialismo, y desarrollar al mismo tiempo los medios para traducir la solidaridad popular y la cooperaci贸n en participaci贸n pol铆tica activa.

Si se recuperara la participaci贸n 鈥揺l camino que abandon贸 el proceso bolivariano en los 煤ltimos a帽os鈥 se producir铆a un importante e innovador giro hacia el socialismo genuino, m谩s relacionado con la libertad y el desarrollo humanos y menos con el mero bienestar material distribuido a las masas pasivas. Esto 煤ltimo ni siquiera es ya una posibilidad en un futuro pr贸ximo, bajo cualquier r茅gimen imaginable en Venezuela.

Conclusi贸n: Si aumentara el peso en la sociedad de estas pr谩cticas solidarias y estas formas organizativas, y pudieran convertirse en expresi贸n pol铆tica, el liderazgo se ver铆a forzado a rectificar y a abandonar su giro hacia los sectores capitalistas emergentes. Todo ello implicar铆a graves riesgos. En cualquier caso, el camino hacia el socialismo y la liberaci贸n humana es inconcebible sin iniciativas arriesgadas, como la lucha armada que tuvo lugar en la Sierra Maestra de Cuba y el alzamiento venezolano del 4 de febrero [de 1992, encabezado por Hugo Ch谩vez, y germen de la revoluci贸n bolivariana], ninguno de los cuales ten铆a muchas probabilidades de triunfar.

www.counterpunch.org. Traducido para Rebeli贸n por Paco Mu帽oz de Bustillo. Extractado por La Haine




Fuente: Lahaine.org