September 6, 2021
De parte de Kurdistan America Latina
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Jin, jiya, azadi!, gritan las mujeres en Rojava, las combatientes con casaca militar que lucen el cabello trenzado y con flores. Son las milicianas que claman mujer, vida y libertad. Son los pilares del tramado que simboliza su peinado. Pero tambi茅n las columnas vertebrales sobre las que edificaron y edifican su lucha y resistencia.

Rojava, que significa 鈥減oniente鈥 en kurdo, alude al Kurdist谩n sirio (tambi茅n existe el iraqu铆, el iran铆 y el turco). Sin embargo, en Rojava, los kurdos se han organizado de forma particular. Crearon la Administraci贸n Aut贸noma del Norte y Este de Siria, planteada sobre tres ejes claves: un sistema de gobierno horizontal (鈥淐onfederalismo democr谩tico鈥), la igualdad de g茅nero y la ecolog铆a como modo de sustento. El pueblo kurdo, una naci贸n sin Estado con unos 40 millones de personas en el mundo, es uno de los m谩s antiguos. Se estableci贸 en la Mesopotamia, entre los r铆os 脡ufrates y Tigris, la cuna de la humanidad.

Ante las continuas amenazas de las potencias regionales, en Rojava funcionan desde 2012 las milicias populares femeninas y masculinas. Las integradas por mujeres han crecido en n煤mero desde que Estado Isl谩mico intent贸 dominar esta porci贸n del mapa con la instituci贸n del Califato.

Organizados en 鈥淎cademias鈥, voluntarios se unen a las YPJ (Unidades de Protecci贸n Femenina) y YPG (Unidades de Protecci贸n masculina) para resistir la amenaza del r茅gimen turco de Recip Erdogan y del r茅gimen sirio de Bashar al Asad, en connivencia con los fundamentalistas isl谩micos.

En 2014, las primeras fotos en los medios de comunicaci贸n de las combatientes femeninas captaron de inmediato mi atenci贸n. Las llamaban 鈥渓as vengadoras de Estado Isl谩mico鈥. Ganaron fama por repeler a los yihadistas que las tomaron como esclavas sexuales a ellas, a sus hermanas, sobrinas, primas y asesinaron a sus madres, abuelas, padres y hermanos mayores de edad.

Ocurri贸 durante el genocidio de Sinjar (Shengal, a煤n no reconocido por la ONU) en el Kurdist谩n iraqu铆. Estado Isl谩mico arremeti贸 contra las familias yezid铆es de Kocho, una aldea vecina habitada por yezid铆es (primos hermanos de los kurdos, en cuanto a etnias). A los varones menores los tomaron prisioneros y los obligaron a convertirse al Islam. A los que no obedecieron, los fusilaron. Los terroristas se apoderaron de varias ciudades en Irak y Siria para instaurar el Califato, pero cuando quisieron entrar a Kobane, en Rojava, las mujeres se organizaron en estas milicias para resistir y repelerlos. Se detonaron entre ellos con el pelo suelto, provoc谩ndoles pavor a los terroristas.

Para Estado Isl谩mico, las mujeres yezid铆es representan el diablo. Creen que morir a manos de ellas significa irse al infierno.

La batalla de Kobane (septiembre 2014/enero 2015) fue heroica, pero adem谩s fue femenina y feminista. Las combatientes lo lograron abriendo fuego en el frente con los ojos delineados, la boca pintada y las u帽as esmaltadas. Empu帽aban sus fusiles AK-47, Kalashnicov, el arma caracter铆stica de la zona; y disparaban con precisi贸n ca帽ones y morteros.

El AK-47 es el arma que luce la mujer con chaqueta militar y el cabello trenzado con flores en la portada de mi novela Rojava (2021, Penguin Argentina). La protagonista de mi ficci贸n, Nan茅 Parsehyan, una armenia criada en la Armenia sovi茅tica que viaja a Rojava en busca de su verdadero padre, me funcion贸 como argumento para desandar la historia del pueblo kurdo y el yezid铆, para entender el complejo tramado sirio y para seguir desandando mi propio camino al origen, el armenio.

Estudi茅 la organizaci贸n de Rojava desde los sociol贸gico, pol铆tico, cultural e ideol贸gico. Siguen los principios de Abdullah 脰calan, su l铆der, el revolucionario kurdo nacido en Turqu铆a, preso y aislado en el mar de M谩rmara hace veinte a帽os. Europeos y americanos viajan para estudiar el modelo de Rojava, aunque por estos lados resulta mucho menos conocido.

En Rojava, la lucha contra el patriarcado ancestral no s贸lo se bate en armas y la instrucci贸n militar. La ense帽an en clases que imparten sus l铆deres. Tienen que ver con el grito de libertad: jin, jiyan, azad卯. El sistema de gobierno horizontal establece la elecci贸n de una l铆der mujer y un l铆der var贸n por cada cant贸n de Rojava; la igualdad de g茅nero donde se respeta la elecci贸n sexual; y la construcci贸n de una sociedad con sustento ecol贸gico, clave no s贸lo por la perdurabilidad del planeta, sino como resistencia ante la opresi贸n capitalista.

Quien domina los recursos naturales, domina a los pueblos. En Rojava lo saben porque Erdogan desvi贸 el cauce del r铆o 脡ufrates para cortarles los recursos. La comunidad no se qued贸 pasiva. Organiz贸 diferentes programas para recuperarla tierra arrasada por los bombardeos turcos, que contin煤an actualmente, la explotaci贸n de los recursos naturales y la sequ铆a caracter铆stica de la zona.

Uno de los planes Make Rojava Green Again (Hagamos que Rojava vuelva a ser verde, makerojavagreenagain.org), convoca a expertos del mundo y cient铆ficos para colaborar en proyectos ecol贸gicos. De esta forma, comenzaron la construcci贸n de viveros, huertas comunitarias, ingenier铆a para filtrar y reutilizar las aguas contaminadas y fomentar la reforestaci贸n.

Sin elecci贸n

En esta zona, el patriarcado est谩 arraigado desde hace siglos. Las 谩rabes, kurdas, armenias o yezid铆es (ni bien terminan el colegio) deben casarse, convertirse en madres y servir al marido. A algunas las comprometen para la boda antes de recibirse en el colegio. Y, por supuesto, no tienen la posibilidad de elegir. Sus padres o abuelos lo hacen por ellas. Ser mujer, y ser una mujer joven, en esta cultura, es anularse como individuo.

Si bien el r茅gimen sirio ha manifestado que nunca dar谩 la autonom铆a a Rojava, los kurdos de la regi贸n ya han pedido a la ONU que los reconozca como regi贸n aut贸noma. Mientras los carriles de la pol铆tica y las negociaciones entre estados y organismos internacionales siguen su curso, a veces demasiado lento, las mujeres de Rojava no descansan.

No pueden perder un d铆a de sus vidas que consagran para defender su tierra. Los varones las acompa帽an. No compiten ni las dominan. La lucha se constituye por encima del g茅nero, de la etnia y de la religi贸n.

Otros dramas

A煤n existen tres mil cautivas de Estado Isl谩mico que permanecen en casas de 谩rabes en Turqu铆a, Siria e Irak. Los llamados 鈥渃oyotes鈥 se hacen pasar por 谩rabes y las buscan a cambio de sumas siderales que 鈥減agan鈥 sus familias, desesperadas.

Las cautivas no siempre corren la misma suerte. Si los coyotes logran dar con ellas, comienza otro periplo para 鈥渞egresarlas鈥. Primero, atravesar los campos minados (a煤n quedan las municiones sembradas por los yihadistas en su retirada tras caer el Califato), y luego la parte m谩s escalofriante del patriarcado. Sus propias familias las rechazan porque estas mujeres regresan 鈥渃on su honor mancillado鈥. Ya no son v铆rgenes y sus padres y madres no las consideran dignas de volver al hogar.

Muchas se refugian en la ciudad de Jinwar, la ciudad de las mujeres, creada en Rojava para quienes han sufrido la violencia del patriarcado. Aqu铆 pueden vivir y desarrollarse con sus hijos, pero ellos deben abandonar el lugar al cumplir la mayor铆a de edad.

El otro tema que trae la violencia en la regi贸n es que a muchos kurdos y yezid铆es no les ha quedado opci贸n que ir a vivir, o subsistir, en los campos de refugiados. Uno de los m谩s grandes en Siria es Al-Hol. Este, como los otros, son 鈥渘o lugares鈥 que generan m谩s crisis humanitaria. La participaci贸n de los organismos internacionales nunca es suficiente. Los refugiados llevan a帽os habitando carpas o contenedores cubiertos de polvo -y lodo cuando se inunda- en condiciones sanitarias precarias, con todos los peligros que ello implica.

La pandemia recrudeci贸 todav铆a m谩s la problem谩tica. Y todos, por supuesto, quieren regresar a sus hogares. Aunque muchos, la mayor铆a no tiene la garant铆a ni los medios para hacerlo. Espanto por donde se mire.

En los campos de refugiados no s贸lo viven las mujeres yezid铆es o kurdas rescatadas de Estado Isl谩mico, sino que tambi茅n deambulan las mujeres de los yihadistas.

Algunas huyeron de las bestias y otras han ido a parar a los campos luego de que murieran sus maridos en combate o se inmolaran. Y aqu铆 la otra paradoja y el horror.

Muchas son arrepentidas y se lamentan por haber sido 鈥渃ooptadas鈥 con las falsas promesas de los yihadistas, y haber sufrido el sometimiento y la violaci贸n. Adem谩s de no soportar ver c贸mo sus maridos llevaban a sus casas a las mujeres yezid铆es y ped铆an a las otras esposas que las prepararan para violarlas y despu茅s deb铆an cuidarlas y alimentarlas. Las manten铆an encerradas en habitaciones para abusar de ellas, inclusive en manada.

En el otro extremo, las mujeres que llegaron a los mismos campos luego de que murieran los cabecillas terroristas siguen anhelando la reagrupaci贸n de Estado Isl谩mico. Reciben 贸rdenes de c茅lulas clandestinas a煤n activas. Por lo bajo, les ordenan: 鈥淎guarden en los campos hasta que les demos las instrucciones para volver鈥. Como las 鈥渁rrepentidas鈥, viajaron al 鈥淐alifato鈥 desde Europa (generalmente en crisis con sus familias) para casarse con los yihadistas.

Las 鈥渁rrepentidas鈥 no pueden regresar a sus pa铆ses de origen donde las acusar谩n de complicidad con el terrorismo internacional y las esperan para encarcelarlas. El problema es tan delicado como complejo. En los campos funciona 鈥渦n mundo marginal dentro de otro mundo marginal鈥.

Mientras tanto, y pese a las continuas amenazas de las potencias regionales y el pivoteo de las internacionales, Rojava sigue latiendo como nuevo modelo de sociedad. Cada ma帽ana muestran que se puede renacer de las cenizas con coraje, ingenio y organizaci贸n. Y el dato principal, una marca de 茅poca, las mujeres son las protagonistas.

FUENTE: Magda Tagtachian / Revista Viva

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Fuente: Kurdistanamericalatina.org