November 17, 2021
De parte de Amor Y Rabia
253 puntos de vista

No s茅 si vais a comprenderme bien porque no estoy seguro si la sensaci贸n de la que voy a hablar la ha sentido todo el mundo. Supongo que, aparte de las condiciones circunstanciales, deben darse tambi茅n algunas innatas, gen茅ticas. Supongo que habr谩 que nacer con la predisposici贸n a sentirse as铆.

Tienes que estar solo y alejado de cualquier preocupaci贸n, de cualquier urgencia cotidiana. En ti ha de reinar una cierta paz, una cierta ataraxia que dir铆an los griegos. Las circunstancias ambientales tambi茅n han de acompa帽ar. Vienen mejor los d铆as plomizos. Una pesada atm贸sfera gris o una insistente lluvia ayudan. El sol no. Quiz谩 por eso los espa帽oles no hemos sido nunca grandes fil贸sofos: tantas horas de insolaci贸n no predisponen a la reflexi贸n profunda. Pasear por la ciudad, sentarse en un solitario parque, ensimismarse en el m谩s ordinario de los objetos鈥 Y entonces puede aparecer, puede llegar esa rar铆sima experiencia: la de irrealidad, la de sentir que el mundo que nos rodea no es real.

Es la experiencia Matrix o, pel铆cula menos conocida pero quiz谩 hasta mejor, la experiencia Dark City (Alex Proyas, 1998). Sentimos que algo va mal, que algo falta, que lo que nos rodea tiene algo de impostura, de envoltorio que oculta una verdad m谩s profunda.

LA VIEJA EXPERIENCIA DE LA IRREALIDAD

Es una experiencia que tiene casi tantos siglos como nuestra civilizaci贸n. En su Poema (quiz谩 el texto fundacional de la filosof铆a occidental), Parm茅nides narra c贸mo es secuestrado por unas doncellas y llevado a la presencia de una enigm谩tica diosa. 脡sta le revela el camino del ser, de la aut茅ntica verdad.

Leyendo este precioso texto en edici贸n biling眉e se descubre que Parm茅nides utiliza la palabra griega aletheia para referirse a la verdad. El significado de tan hermosa palabra (su sonoridad es pura poes铆a, como todo el griego cl谩sico. Invito al lector que compare el griego con el ingl茅s, esa lengua de b谩rbaros que se ha impuesto en la actualidad) es 鈥渟acar a la luz lo que est谩 oculto鈥 o 鈥渄esvelar鈥. En este sentido, la verdad no puede ser algo evidente, algo que se ve a simple vista, sino algo que est谩 escondido, que se oculta tras las apariencias.

El conocid铆simo Mito de la Caverna plat贸nico es un desarrollo del poema de Parm茅nides. En 茅l, la humanidad entera se encuentra esclavizada en una cueva, condenada a no conocer la aut茅ntica verdad que solo se encuentra fuera de tan t茅trico lugar. Los esclavos solo contemplan sombras y reflejos, copias deformadas de la verdad. De repente, un d铆a, uno es liberado y sube la escarpada cuesta que lleva a la salida. Una vez fuera ve por primera vez la luz que emana del sol (met谩fora de la Idea de Bien: desde cierta interpretaci贸n, el dios plat贸nico) y descubre la verdad. Cuando regresa a la cueva para liberar al resto de la humanidad, lo toman por loco y terminan por matarlo.

Plat贸n da en el clavo al ilustrar de forma tan brillante lo que suele ocurrir cuando el t铆pico genio tiene ideas que se adelantan a su tiempo (el lector puede encontrar miles de ejemplos hist贸ricos), o cuando una sociedad se acostumbra tanto a ciertos tipos de cadenas que incluso llegan a resistirse a ser liberados; pero lo esencial del mito es lo mismo que en el poema parmen铆deo: el mundo que nos rodea no es real. Tus ojos te enga帽an, tu mundo es postizo.

LA TEOR脥A OMPHALOS

Resulta sorprendente como los mejores cerebros de una 茅poca han dedicado arduos esfuerzos a cuestiones de lo m谩s absurdas. Esto ocurr铆a en la Inglaterra del siglo XIX cuando se debat铆a sobre la interesant铆sima cuesti贸n de si el ad谩n b铆blico tuvo ombligo o no. Si Dios lo cre贸 como el primer hombre, tener ombligo ser铆a algo un tanto il贸gico ya que sin madre que lo pariera no tiene mucho sentido el cord贸n umbilical. Por otro lado, parece que crearlo sin ombligo dejar铆a al primer hombre, a la idea arquet铆pica de ser humano reci茅n salido del horno de la creaci贸n divina, un poco incompleto.

As铆, te贸logos e intelectuales de diversa 铆ndole andaban enfrascados en tan fruct铆feras disputas cuando una gran revoluci贸n cient铆fica comenz贸 a ver la luz. Ge贸logos y naturalistas empezaron a comprobar que exist铆an estratos geol贸gicos y especies biol贸gicas de una antig眉edad much铆simo m谩s grande que la que hasta ese momento se pensaba que ten铆a el Universo. El obispo Ussher afirmaba que, bas谩ndonos en la cronolog铆a b铆blica, la Tierra no pod铆a tener una antig眉edad de m谩s de seis mil a帽os. Sin embargo, los nuevos descubrimientos hablaban de millones de a帽os de antig眉edad鈥 驴estaba la Biblia equivocada?

Ad谩n y Eva – Alberto Durero (1507)

Una ingeniosa soluci贸n la dio el naturalista Philip Henry Gosse (1810-1888) cuando public贸 en 1857 su obra Omphalos (en griego significa 鈥渙mbligo鈥). En ella afirmaba que Dios hab铆a creado todo el Universo y todas las especies vivas a la vez (o en unos pocos d铆as, tal y como narra el G茅nesis), pero habr铆a dado una ficticia apariencia de antig眉edad a todo lo creado, de modo que los estratos geol贸gicos parecen tener millones de a帽os cuando quiz谩 solo tienen seis mil. Gosse llam贸 a este tiempo ficticio procr贸nico y al tiempo real diacr贸nico. Siguiendo esta l贸gica, Dios habr铆a creado a Ad谩n con un ombligo procr贸nico, con un rasgo de antig眉edad ficticia.

驴C脫MO SABER CON ABSOLUTA CERTEZA QUE EL UNIVERSO NO TIENE, SENCILLAMENTE, SOLO CINCO MINUTOS DE ANTIG脺EDAD?

Las cr铆ticas a tal teor铆a llegaron por todos lados. Los creacionistas defensores de la Biblia no pod铆an aceptar que Dios, fuente de toda verdad y bondad, inventar谩 un mundo con un falso pasado. Por otro lado, los incipientes defensores de la teor铆a de la evoluci贸n ve铆an que la enorme antig眉edad de los f贸siles no era una mentira de Dios, sino que era verdad y punto. Sin embargo, el argumento de Gosse no era tan alocado y estramb贸tico como pudiera parecer.

Gosse pensaba que todo lo que ocurre en la naturaleza sigue una historia circular. Todo animal sigue un ciclo vital para dar descendientes que, a su vez, seguir谩n ese mismo ciclo: nacer谩n, crecer谩n, se reproducir谩n y morir谩n. Dios, cuando cre贸 el mundo, tuvo que partir de alg煤n momento de ese ciclo. Si cre贸 a Ad谩n adulto, aunque jam谩s hubiera sido un ni帽o, deber铆a tener rasgos ficticios de su juventud y crecimiento. Pueden leer m谩s de esta singular teor铆a en el art铆culo a ella dedicado por en el fant谩stico libro La sonrisa del flamenco de Stephen Jay Gould. El caso es que sea la Teor铆a Omphalos una estupidez o no, sirve para replantear una interesante cuesti贸n filos贸fica: 驴c贸mo saber con absoluta certeza que el Universo no tiene, sencillamente, solo cinco minutos de antig眉edad?

En Dark City, el inspector Walenski (personaje interpretado por Colin Friels) es tomado por loco (y enloquece) al descubrir la verdad. El inspector Bumstead (William Hurt) va a visitarlo a su casa y lo encuentra encerrado en un inmundo cuartucho dibujando espirales. Cuando le dice que asusta a su mujer, Walenski le contesta, con toda la raz贸n del mundo, que no la conoce de absolutamente nada鈥

Detective Walenski (Dark City): 鈥淚t鈥檚 all a Joke鈥 (FUENTE)

Un genio maligno podr铆a poner en nuestra memoria recuerdos falsos, recuerdos de toda una vida pasada, podr铆a crear un mundo entero que pareciera tener una historia que encajara perfectamente con esa vida ficticia insertada en nuestros cerebros. La mujer de Walenski cree recordar una vida entera junto a su marido cuando, quiz谩, solo lo conoce de esa misma noche.

En la preciosa escena de amor de Blade Runner, el protagonista ha desvelado a la replicante Rachel (Sean Young) que toda su vida anterior es falsa, que sus recuerdos han sido implantados en su cerebro de manera artificial (ser铆an, en t茅rminos de Goose, recuerdos procr贸nicos). Ella contempla viejas fotos, recuerdos verdaderos de la vida de Deckard, se sienta y se suelta el pelo rompiendo con toda una vida anterior que ya carece completamente de sentido.

Rachael (Blade Runner) (FUENTE)

ENCERRADOS EN EL SOLIPISMO

Descartes abre la Edad Moderna con su celeb茅rrimo cogito ergo sum. Toda lo que me rodea puede no ser m谩s que una ilusi贸n, todos mis conocimientos podr铆an no ser m谩s que falsedades y sofismas, pero de lo que no puedo dudar es de que, al menos, yo (o, como m铆nimo, mi mente) existe. La 煤nica certeza que puedo tener, si dudo met贸dicamente de todo, es de la existencia de m铆 mismo. N贸tese que las consecuencias de esta tesis son tremendas: todo mi mundo podr铆a ser falso. Yo podr铆a ser un loco que camina por los pasillos de un psiqui谩trico imaginando que escribe art铆culos en un ordenador, o despertar ahora mismo siendo otra persona completamente diferente a la que ahora creo ser que, sencillamente, so帽aba que era yo.

Podr铆amos r谩pidamente objetar: todos sabemos, a nivel general, que no estamos so帽ando. La realidad es m谩s persistente, m谩s coherente y viva que la confusi贸n incoherente de mis sue帽os. Aunque cuando estoy so帽ando no soy consciente de que sue帽o, ahora podr铆a asegurar con bastante certeza que no estoy so帽ando. De acuerdo pero sigamos: 驴podr铆amos descartar la idea de que toda nuestra vida completa no fuera m谩s que el sue帽o de otro ser, un sue帽o que dura a帽os, que dura lo que dure nuestra vida entera?

Podr铆amos imaginar que, cuando morimos, un misterioso organismo extraterrestre se despierta pensando que ha tenido un sue帽o de noventa a帽os en el que cre铆a ser un ser humano que viv铆a en la Tierra. Al lector podr谩 parecerle una locura, pero una locura que no tenemos modo de refutar absolutamente.

Y nos podemos poner m谩s espeluznantes: desde la premisa cartesiana no puedo tener certeza alguna de que exista otra persona m谩s que yo. Todos los dem谩s podr铆an ser fantasmagor铆as de mi mente. Y es que, 驴c贸mo s茅 que los dem谩s tienen mente? 驴C贸mo s茅 que detr谩s de los ojos de mi mujer o de mi padre hay una mente que piensa y siente como la m铆a? Solo lo s茅 mediante lo que veo, es decir, mediante su conducta observable. Mi mujer llora ante una mala noticia, por lo que yo infiero que 鈥渆n su interior鈥 tendr谩 una sensaci贸n parecida a la m铆a cuando me siento triste.

Sin embargo, yo solo puedo saber que est谩 triste por su conducta externa, no puedo observar directamente su mundo interior. Ser铆a posible que mi mujer fuera un robot con apariencia humana que simula tener mente. Pel铆cula de referencia es la modesta Est谩n vivos (1988, John Carpenter).

鈥淓st谩n Vivos鈥 (John Carpenter)

En filosof铆a llamamos a esto escepticismo de las otras mentes. Invito, de nuevo, al lector a que intente imaginar en serio esta idea. Mire a sus familiares y amigos y piense que son tan solo un enga帽o, 鈥渮ombis鈥 puestos all铆 por qui茅n sabe qui茅n para enga帽arle, para hacerle creer que lleva una vida con sentido. Podr铆a darse el aterrador caso de que usted fuera la 煤nica persona consciente en el mundo, la 煤nica persona que realmente existe.

Este es el angustioso mundo en el que viven los pacientes con s铆ndrome de Capgras. No piensan que son los 煤nicos seres que existen, pero s铆 que piensan que alguno o algunos de sus seres queridos son impostores, no son la misma persona que antes eran 驴Ha notado usted algo raro en la conducta de su pareja 煤ltimamente?

El tema ha inspirado infinidad de series y pel铆culas. A m铆 personalmente me gusta como es tratado en La cosa (The Thing, 1985, de nuevo de John Carpenter): un monstruo extraterrestre tiene la capacidad de devorar a sus v铆ctimas para luego transformarse en ellas y replicar perfectamente su conducta. Nadie sabe qui茅n puede ser el monstruo pero un sencillo an谩lisis de sangre sirve para desvelarlo鈥

The Thing (1982)

EL MUNDO NO EXISTE

La teor铆a del conocimiento moderna nos dej贸 una separaci贸n que ha atravesado la historia de la filosof铆a hasta la actualidad: la diferencia entre representaci贸n y realidad, entre sujeto y objeto. Cuando yo pienso en cualquier objeto imagino en mi mente ese objeto.

Si pienso en una manzana, en mi mente se genera una representaci贸n, una imagen que pretende copiar a la manzana real. La gran fisura generada por la filosof铆a moderna es plantear lo que se denomina problema cr铆tico del conocimiento: 驴c贸mo puedo saber que la imagen mental de una manzana representa verdaderamente a un objeto fuera de mi mente? 驴No ser铆a posible que la manzana fuera una proyecci贸n de mi mente, un objeto creado por m铆 como los dem谩s objetos que aparecen cuando estoy so帽ando?

Esta idea es la propia de los planteamientos idealistas: no hay un mundo propiamente objetivo, sino que todo es extensi贸n o proyecci贸n de un sujeto. En esta l铆nea una filosof铆a muy curiosa fue la de George Berkeley (1685-1753). Este obispo irland茅s partir谩 del empirismo tan caracter铆stico de las islas brit谩nicas (la verdad es lo que percibes mediante los sentidos) y lo llevar谩 a sus m谩ximas consecuencias.

驴Qu茅 es lo realmente percibes mediante tus ojos? Un haz de propiedades sensibles: colores y formas. Ese haz de propiedades es de lo 煤nico que puedo tener certeza que exista. De aqu铆 la famosa frase de Berkeley: 鈥淓sse est percipi (existir es ser percibido)鈥. Pero claro, 驴qu茅 garant铆a tengo de que esos colores y formas que pueblan mi mente representen realmente a objetos materiales? Ninguna. De hecho Berkeley va a poner en duda la misma existencia f铆sica del mundo.

Volvamos a mirar la manzana. Percibo su redondez y sus colores rojos y amarillentos. 驴Percibo que est谩 hecha de materia? 驴Percibo su sustancialidad? No. Decir que la manzana es un objeto material o que est谩 compuesta por 谩tomos es ya una abstracci贸n, el fruto de inferencias o deducciones l贸gicas o matem谩ticas. Si somos radicalmente empiristas y solo queremos creer en lo que tenemos delante de los ojos, debemos dudar de la materialidad del mismo mundo.

Pero pongamos a Berkeley a prueba: si ser es ser percibido, 驴qu茅 ocurre cuando cierro los ojos? 驴El mundo deja de existir? 驴Dejar铆a de existir el universo si no hubiera ning煤n ser capaz de percibir algo? No, porque aqu铆 est谩 Dios como la percepci贸n absoluta. Dios contempla constantemente todo lo que existe por lo que si ser es ser percibido, Dios garantiza la continuidad de la existencia del universo.

SI SOMOS RADICALMENTE EMPIRISTAS Y SOLO QUEREMOS CREER EN LO QUE TENEMOS DELANTE DE LOS OJOS, DEBEMOS DUDAR DE LA MATERIALIDAD DEL MISMO MUNDO

Cuando cierro los ojos, la divinidad sigue percibiendo lo que yo ya no contemplo, garantizando que cuando vuelva a abrirlos el mundo seguir谩 all铆. A esta perspectiva se la conoce tambi茅n como panente铆smo (Dios es el mundo, al igual que en el pante铆smo, pero es algo m谩s que el mundo: la mente que lo percibe). Somos en Dios, o mejor, dicho, percibimos en la percepci贸n de Dios.

Lo interesante de esta propuesta es comprobar como alguien que parte de un empirismo radical, afirmando que lo 煤nico de lo que puede uno fiarse es de lo que observamos, termina en un idealismo que llega a negar la existencia material del mundo. Reflexionen los materialistas contempor谩neos pues la materia, como los 谩ngeles, el Esp铆ritu Santo o Shiva, no se ve.

Contemplemos la escena final de La se帽al (Signal, 2014, William Eubank) para ver un bonito ejemplo cinematogr谩fico de la posibilidad de que el mundo sea algo muy diferente a lo que pensamos.

EL ARGUMENTO DE LA SIMULACI脫N

El fil贸sofo de Oxford Nick Bostrom present贸 en 2003 una versi贸n actualizada de la idea de Berkeley. Establezcamos estas tres aseveraciones:

1. Es muy poco probable que nuestra civilizaci贸n llegue a una era 鈥減ost-humana鈥.

2. Es muy poco probable que una civilizaci贸n genere un n煤mero significativo de simulaciones computerizadas de su historia evolutiva.

3. Es muy probable que vivamos en una simulaci贸n computerizada.

Bostrom razona que de las tres, al menos una, es verdadera (a saber, la tercera). Vamos a simplificarlo y lo veremos claro. Si nuestra civilizaci贸n no se extingue es muy probable que llegue a una era 鈥減ost-humana鈥 (la aseveraci贸n 1 ser铆a falsa). Entendemos como era 鈥減ost-humana鈥 un momento de nuestra historia en la que la capacidad de c贸mputo sea tal que tengamos s煤per-computadores tan poderosos como para poder simular la realidad a un alt铆simo nivel de realismo.

Entonces, parece l贸gico pensar que si nuestra civilizaci贸n tiene el poder de crear simulaciones, genere alguna sobre alg煤n momento de su pasado evolutivo. Y si puede generar una, es muy factible que genere m谩s, por lo que podr铆an existir muchas simulaciones computerizadas de la realidad (la aseveraci贸n 2 ser铆a falsa).

Cuantas m谩s simulaciones existan, tantas m谩s probabilidades tenemos de vivir en una de ellas. Si solo existiera una, nuestra probabilidad ser铆a del 50% (o somos la civilizaci贸n simuladora o la simulada), pero si existe m谩s de una, nuestra probabilidad va siendo cada vez m谩s alta. Por ejemplo, si los programadores post-humanos del futuro decidiesen crear cincuenta simulaciones, nuestra probabilidad de vivir en la actualidad en una simulaci贸n ser铆a del 99,98% (la aseveraci贸n 3 es verdadera).

El argumento de Bostrom es m谩s o menos plausible s铆, y solo s铆, aceptamos sus premisas, que son varias y muy discutibles. Bostrom asume todas las tesis de la IA Fuerte: que todas y cada una de las caracter铆sticas de la mente humana son replicables en un computador de modo que ser谩 posible (y es solo cuesti贸n de tiempo) crear mentes computerizadas absolutamente indiferenciables de las mentes humanas actuales. En unas d茅cadas tendremos inteligencias artificiales similares en capacidades y aptitudes a nosotros (e, inmediatamente despu茅s, superiores), o tambi茅n podremos descargar nuestra mente en un disco duro (mind uploading) de modo que conseguiremos la, tan perseguida, inmortalidad.

En fin, el grave problema reside en que las tesis de la IA Fuerte no son, o eso creo y espero, compartidas por casi nadie que se haya tomado la molestia de estudiar el tema con un poco de seriedad. Las cr铆ticas han venido, curiosamente, desde mi gremio, creando una especie de guerra entre fil贸sofos e inform谩ticos. Nada m谩s sorprendente (y grato) para m铆 el encontrar manuales de IA con un cap铆tulo dedicado a la filosof铆a.

No quiero entretenerme con arduos debates t茅cnicos aqu铆 (lo reservo para futuros art铆culos), as铆 que solo presentare alguno de los razonamientos m谩s cl谩sicos en el tema. Bostrom tiene una web dedicada a rebatir algunas de sus cr铆ticas.

POR QU脡 NO VIVIMOS EN UNA SIMULACI脫N

Una computadora puede tener una inimaginable capacidad de c谩lculo. No es absurdo pensar que, dentro de no demasiado, se puedan manejar cantidades de variables tan altas que podamos simular con un alt铆simo grado de realismo el mundo natural (o, como m铆nimo, partes significativas del mismo). Nadie duda de esto viendo la velocidad con la que la tecnolog铆a va generando procesadores m谩s y m谩s poderosos.

Sin embargo, el problema no est谩 tanto en la capacidad de c贸mputo como en qu茅 puede y qu茅 no puede hacerse con ella. Hay que tener claro en mente que cualquier ordenador, por muy potente que sea, no es m谩s que una M谩quina Universal de Turing, es decir, una m谩quina capaz de solucionar algoritmos computables, es decir, de calcular todo lo que sea calculable (suponiendo que la tesis Church-Turing sea cierta).

驴Es calculable toda nuestra vida mental? De primeras, parece extra帽o que factores tan esenciales para nuestra mente como son los recuerdos o las emociones tengan que ver con operaciones matem谩ticas. Y, en segundo lugar, ciertos autores como Roger Penrose han criticado esta posibilidad bas谩ndose en el principio de incompletitud de Kurt G枚del (1906-1978). Este genial matem谩tico demostr贸 que todo sistema axiom谩tico y recursivo para la aritm茅tica contendr铆a, tarde o temprano, sentencias que no ser铆an demostrables dentro del mismo sistema. Pronto surgir铆an enunciados que no habr铆a modo de decidir si forman parte del sistema o no (llamados enunciados indecidibles).

El argumento de Penrose consiste en pensar en que si nosotros somos simulables por computador es porque somos un sistema matem谩tico, y si somos un sistema matem谩tico tendremos elementos indecidibles. Un d铆a, descubrimos algo en nosotros mismos (si bien yo no me imagino qu茅 pudiera ser) que no encaja con el resto, que no sabemos si es correcto o no, si es verdadero o si es falso.

Estar铆amos ante un elemento indecidible dentro de nuestro propio sistema. Penrose sostiene que nosotros s铆 que ser铆amos capaces de darnos cuenta de que algo va mal, mientras que una m谩quina, por definici贸n no podr铆a darse cuenta (ya que si pudiera, de alguna forma, podr铆a decidir acerca de tal enunciado indecidible), por lo que existe algo en nosotros no computable o no simulable por un ordenador

Aqu铆 tienen el argumento de Penrose algo m谩s desarrollado. Tambi茅n pueden leer La nueva mente del emperador o Sombras de la mente, aunque advierto de la dificultad de su lectura. Penrose no es demasiado cort茅s con los no matem谩ticos.

Otro problema est谩 en el mismo concepto de simulaci贸n 驴Qu茅 es simular algo? Crear una copia lo m谩s parecida posible a un original. El ideal de cualquier simulaci贸n es conseguir una copia de tal calidad que no seamos capaces de distinguirla de dicho original. 驴Podr铆an realizar nuestros ordenadores simulaciones perfectas de seres humanos? Problemas graves: una simulaci贸n por ordenador lo que hace es copiar ciertos aspectos, pero otros los deja evidentemente fuera. Un ejemplo clarificador: pensemos que tenemos un programa que simula a un nivel de realismo perfecto la conducta de una vaca.

El programa es tan potente que es capaz de emular el comportamiento de todos y cada uno de los 谩tomos y mol茅culas que constituyen la vaca. La cuesti贸n, planteada por John Searle, es: 驴dar铆a esa simulaci贸n por computador leche? 驴Podr铆amos beber leche de esa vaca informatizada? No. De forma similar, un computador parece tener tambi茅n muy poco 茅xito a la hora de simular ciertos aspectos de la mente. Es cierto que ha conseguido simular a la perfecci贸n algunos, a saber, la capacidad de c谩lculo humana. Cuando un ordenador calcula, no simula que calcula, sino que calcula de verdad.

Igualmente, puede razonar l贸gicamente, es decir, puede emular a la perfecci贸n los aspectos computables del razonamiento humano. El problema est谩 en intentar emular aspectos volitivos y emocionales de nuestra mente. Es el famoso problema de los qualia. Un quale es una sensaci贸n, algo que sentimos de alg煤n modo. Hasta ahora no se ha hecho absolutamente nada con 茅xito en IA con respecto a intentar replicar alg煤n tipo quale.

Por ejemplo, pensemos en que pretendemos hacer que una m谩quina desee algo. Podemos programarla para que tenga un objetivo y haga todo lo posible para conseguirlo pero, 驴realmente esa m谩quina siente el deseo de conseguir su objetivo? No, las m谩quinas no tienen ninguna emoci贸n consciente y, lo peor, no hay ninguna v铆a de investigaci贸n abierta que arroje algo de luz sobre c贸mo podr铆a conseguirse algo as铆.

Entonces, si no podemos simular aspectos emocionales en un computador y todos nosotros, ahora mismo, sentimos alg煤n tipo de emoci贸n, no podemos estar viviendo en una simulaci贸n computerizada. Otra cosa es que en el futuro se descubran nuevas y fruct铆feras l铆neas de investigaci贸n o se dise帽en computadores completamente diferentes a los actuales que, al final, permitan la simulaci贸n total de la mente, pero a d铆a de hoy dada nuestra tecnolog铆a actual, nada hay que diga que podamos conseguirlo.

A partir de aqu铆 lo que afirmemos ser谩 fruto de la m谩s pura especulaci贸n. Quiz谩, qui茅n sabe, m谩s que en una simulaci贸n vivamos en una canica con la que juegan amorfos extraterrestres tal y como se sugiere en Men in Black (1997, Barry Sommenfeld).




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com