September 12, 2021
De parte de Nodo50
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La Revoluci贸n de Octubre cre贸 las condiciones necesarias para que la clase obrera tomara el poder en lo que se convirti贸 en la Rusia sovi茅tica. Sin embargo, antes de que pudiera consolidar el poder que hab铆a alcanzado, la clase obrera fue perdiendo el poder. El hecho de que la primera revoluci贸n obrera victoriosa del mundo tuviera lugar en un pa铆s menos desarrollado y permaneciera aislada -es decir, en contra de las expectativas de sus dirigentes y participantes, no fue seguida por revoluciones victoriosas en los pa铆ses altamente desarrollados que podr铆an haber “tomado el relevo” de la Rusia sovi茅tica- fue un factor determinante. La grav铆sima crisis socioecon贸mica que condujo a la revoluci贸n, provocada por la guerra mundial, se vio muy agravada por la guerra civil.

La clase obrera era reducida en Rusia, y el proletariado industrial era minoritario dentro de ella, pero estaba muy concentrado. Sus filas se duplicaron temporalmente durante la Guerra Mundial; despu茅s, a partir de mediados de 1918, se redujeron, volviendo al nivel de antes de la guerra, y durante los cuatro a帽os siguientes continuaron reduci茅ndose. Durante la guerra civil, muchos obreros industriales se alistaron en el Ej茅rcito Rojo y murieron, muchos fueron a trabajar en el aparato del partido y del Estado, y muchos otros se dispersaron en una b煤squeda desesperada por sobrevivir, principalmente en el campo, pero tambi茅n en el mercado negro.

En una discusi贸n entre historiadores, Sheila Fitzpatrick escribi贸 que al final de la guerra civil el n煤mero de trabajadores industriales se hab铆a dividido por tres, alcanzando s贸lo un mill贸n. “En el transcurso de la guerra civil, tal vez un mill贸n de obreros se transformaron en campesinos, refutando la noci贸n de madurez de la clase obrera planteada por los bolcheviques”. Ronald Suny respondi贸: “驴Debe entenderse tan categ贸ricamente ese movimiento de la ciudad al campo, de la f谩brica a la granja, como el paso de una clase a otra, sin tener en cuenta la experiencia que esos hombres y mujeres proletarizados se llevaron consigo?” [1]Ambos plantearon mal la cuesti贸n. En su mayor铆a, los que se fueron al campo s贸lo llegaron a trabajar en la industria durante la Guerra Mundial.

Yuri Larin, uno de los principales administradores de la econom铆a del comunismo de guerra, escribi贸, bas帽andose en los datos de principios de 1920: la modificaci贸n general del proletariado industrial “se debe a que su n煤mero se ha reducido a una cuarta parte en comparaci贸n con el per铆odo de paz, principalmente por la reducci贸n de la industria textil y de los trabajadores no cualificados en otras ramas, si bien el n煤cleo del proletariado cualificado no sufri贸 grandes variaciones. En lo que respecta al elemento esencial de la producci贸n -la fuerza humana cualitativamente preparada- estamos ante un organismo que se redujo, pero que no se destruy贸” [2]. Continu贸 disminuyendo hasta finales de 1921 y, finalmente, en comparaci贸n con el per铆odo de preguerra -es este per铆odo el que hay que tener en cuenta para las comparaciones, no el per铆odo de guerra- el n煤mero de trabajadores industriales se redujo a m谩s de la mitad.

Una fractura irreversible del Estado obrero

Fue entonces cuando estall贸 una crisis abierta en la relaci贸n entre el partido bolchevique y el poder sovi茅tico, por un lado, y la clase obrera -la que sobreviv铆a como clase-, por otro. Sus causas y, sobre todo, su impulso, su car谩cter dram谩tico y sus graves consecuencias s贸lo pueden comprenderse plenamente hoy en d铆a, a la luz de las fuentes no disponibles antes del colapso de la URSS y del trabajo de los historiadores que se basan en ellas.

Sergei Pavliushenkov se帽ala: “La historia de la guerra civil muestra que, tras enfrentarse brevemente a la contrarrevoluci贸n burguesa-latifundista, los campesinos tomaron una decisi贸n totalmente inequ铆voca a favor del Estado sovi茅tico. Esto ocurri贸 finalmente a finales de 1919. “Millones de campesinos aseguraron la victoria de los bolcheviques en la guerra civil, pero pronto qued贸 claro que los bolcheviques hab铆an sobrestimado el grado de su apoyo. La alianza militar no se convirti贸 en una alianza econ贸mica, y la culpa no fue del campesinado” [3]. La alianza econ贸mica era imposible sin que el Estado abandonara la dura dictadura del abastecimiento ejercida sobre el campesinado, sin sustituir la requisici贸n de cereales, que era una de las bases del comunismo de guerra [4], por un impuesto en especie mucho menor y el restablecimiento del intercambio de mercado. Ya en marzo de 1920, Le贸n Trotsky abog贸 por un cambio de este tipo, pero en ese momento Lenin reaccion贸 con hostilidad, acus谩ndolo, nada menos, que de abogar por el libre comercio [5].

El retraso en el abandono del comunismo de guerra -un a帽o entero- tuvo consecuencias desastrosas porque, agotadas por las requisas, las masas campesinas se volvieron contra su aliado. Adem谩s, hab铆a una fuerte divisi贸n entre la base y la c煤pula en el propio partido. Ya en el verano de 1920, Yevgeny Preobrazhensky, entonces secretario del Comit茅 Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia (PC(b)R), alert贸 a Lenin y a la direcci贸n del partido sobre la insurrecci贸n antibolchevique que una divisi贸n de caballer铆a del Ej茅rcito Rojo dirigida por Alexander Sapojkov hab铆a desatado en la provincia [gubernia] de Samara. “La abrumadora mayor铆a de los l铆deres del levantamiento son comunistas”, escribi贸. “Aparte de las consignas kulak y antisemitas, el levantamiento de Sapojkov plantea las mismas reivindicaciones que unen a las llamadas bases de nuestro partido en la lucha contra las c煤pulas en innumerables conferencias y en casi todas las organizaciones del PC(b)R (“abajo los pseudocomunistas aburguesados -generales, esbirros, bur贸cratas del partido-“, “abajo la casta privilegiada de la c煤pula comunista”). Se puede decir que estas consignas gozan de la simpat铆a de una gran parte de los miembros de base de nuestro partido y que la divisi贸n en nuestras filas en este sentido crece cada d铆a. En el mismo Mosc煤, entre los comunistas que trabajan sobre el terreno, el t茅rmino Kremliners se pronuncia con hostilidad y desprecio” [6].

Esta opini贸n era exagerada. El l铆der menchevique Yuli Martov emigr贸 de Rusia en oto帽o de 1920. Escribi贸 a su camarada Pavel Axelrod que el apoyo a los bolcheviques entre el proletariado segu铆a siendo mucho mayor de lo que pensaban los mencheviques emigrados: “Apenas puedes imaginar c贸mo recientemente (antes de mi partida) entre la considerable masa de trabajadoras moscovitas de las f谩bricas y talleres artesanales hab铆a un verdadero fanatismo bolchevique combinado con la adoraci贸n de Lenin y Trotsky y un odio terrorista hacia nosotros. (…) Por lo tanto, las palabras que se encuentran a menudo en las cartas de estos trabajadores publicadas en Pravda no son un t贸pico: “S贸lo despu茅s de la Revoluci贸n de Octubre pudimos los trabajadores ver el mundo”. A pesar de las decepciones posteriores, estas mujeres siguen teniendo la fuerte impresi贸n de la luna de miel bolchevique. Por la misma raz贸n, la juventud obrera principiante est谩 con los bolcheviques” [7].

En muchas regiones, los campesinos declararon la guerra a los dirigentes bolcheviques [8] a la que no se pod铆a hacer frente con medios militares, sobre todo porque el Ej茅rcito Rojo estaba compuesto principalmente por campesinos. “A principios de 1921, los 谩nimos en el ej茅rcito se fundieron con los de la poblaci贸n rural de Rusia. Durante un tiempo, los bolcheviques hab铆an perdido el ej茅rcito” [9], aunque contaban con un aliado importante, pero en gran medida subestimado, en el campo: la juventud hostil al patriarcado que se uni贸 al Komsomol [10]. Con el cuchillo literalmente en la garganta, sofocaron la guerra de los campesinos con un giro brusco y desesperado del comunismo de guerra a la Nueva Pol铆tica Econ贸mica (NEP). Pero antes de que esto ocurriera, el 10潞 Congreso del PC(b)R, que adopt贸 el cambio a la NEP en marzo de 1921, coincidi贸 con el mot铆n antibolchevique de los marineros de la Flota del B谩ltico en la estrat茅gicamente importante fortaleza de Kronstadt, que defend铆a el acceso por mar a la cercana Petrogrado.

Esta revuelta estaba vinculada a un acontecimiento desconocido pero pol铆ticamente muy importante, que fue revelado por Pavliushenkov como resultado de su investigaci贸n en los archivos postsovi茅ticos. Durante una acalorada discusi贸n sobre los sindicatos que tuvo lugar antes del X Congreso en la c煤pula del partido, Lenin, que junto con Grigori Zin贸viev encabezaba la llamada facci贸n de los Diez, atac贸 duramente a Trotsky. El prestigio de Trotsky tras la victoria del Ej茅rcito Rojo en la guerra civil fue tan grande que en la sociedad y en el propio partido, que 茅ste empez贸 a llamarse el partido de Lenin y Trotsky. En el curso de su conflicto con Lenin sobre el papel y las tareas de los sindicatos, Trotsky “comenz贸 a apoyar activamente la idea de la democracia obrera” [11], se帽ala Pavliushenkov. La t谩ctica de la lucha fraccional de Lenin contra Trotsky fue apartar a los militantes cercanos a 茅l de los puestos de direcci贸n del partido y del Estado. Esto es lo que se hizo en Kronstadt [12].

Gobernando en Petrogrado, “los zinovievistas, con el pleno apoyo de las c茅lulas comunistas de la Flota del B谩ltico, aplastaron literalmente los 贸rganos de mando y pol铆ticos de la flota” y, en particular, destituyeron de sus puestos de direcci贸n a Fi贸dor Rask贸lnikov y a Ernest Batis, que se hab铆an puesto puesto “del lado de Trotsky, lo que tuvo como efecto la intensificaci贸n de los sentimientos de oposici贸n y anarqu铆a entre los marineros y acab贸 provocando el famoso mot铆n”. Los partidarios de Trotsky acusaron a los partidarios de los Diez de revivir el “comiterismo” en la flota. La comisi贸n investigadora de la Cheka constat贸 que “un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos”, es decir, en lo que condujo al mot铆n, “lo desempe帽贸 la incre铆ble confusi贸n” que, tras la eliminaci贸n del mando anterior, reinaba “entre los dirigentes de la organizaci贸n [del partido] de Kronstadt y los comisarios de la Flota del B谩ltico y de la fortaleza de Kronstadt”. Seg煤n Pavliushenkov, “no ser谩 exagerado decir que Zin贸viev manipul贸 Kronstadt con sus propias manos” [13].

Al mismo tiempo, “la crisis de los carburantes, que se desarroll贸 con una fuerza incre铆ble, ech贸 por tierra los programas de reconstrucci贸n de las industrias metal煤rgica y textil”. La causa es sobre todo la “estructura organizativa defectuosa” del sistema de gesti贸n, que “era un residuo” de la econom铆a del comunismo de guerra [14]. En Petrogrado se cerraron decenas y quiz谩s hasta un centenar de f谩bricas, entre ellas gigantes como Pulev, y estallaron huelgas obreras, pero no se unieron a la revuelta de Kronstadt. Una amplia y minuciosa investigaci贸n llevada a cabo tras la apertura de los archivos por Sergei Yarov muestra que la revuelta tuvo poco apoyo entre los trabajadores de Petrogrado y que prevalecieron sentimientos que iban desde la indiferencia hasta la hostilidad, mientras que su aplastamiento fue abrumadoramente acogido por los trabajadores [15].

El poder en la ciudad ya estaba en manos de la burocracia obrera que se estaba formando r谩pidamente. La mitad de los miembros de la organizaci贸n municipal del partido bolchevique eran de origen obrero, pero menos de una sexta parte segu铆a trabajando como obreros, y entre los delegados al consejo de Petrogrado los primeros constitu铆an la mayor铆a, mientras que los segundos eran menos de una d茅cima parte. Moisei Kharitonov, miembro del comit茅 municipal del PC(b)R, dijo que los trabajadores originales “se convirtieron en malos funcionarios y bur贸cratas sovi茅ticos, a menudo abusando de su poder y posici贸n no menos (o no mejor) de lo que lo hicieron los antiguos funcionarios y bur贸cratas zaristas” [16]. Aunque Lenin admiti贸 que “nuestro Estado es un Estado obrero con una deformaci贸n burocr谩tica” [17], no desarroll贸 ni reforz贸 esta tesis, que obviamente fue formulada ad hoc en su pol茅mica con Trotsky.

Alexander Shliapnikov, activista bolchevique con 20 a帽os de experiencia en el partido, l铆der de los bolcheviques de Petrogrado durante la Revoluci贸n de Febrero y presidente del Sindicato de Metal煤rgicos, que desempe帽贸 un papel importante en la revoluci贸n y la creaci贸n del Estado sovi茅tico, ten铆a a帽os de experiencia trabajando en f谩bricas de Europa Occidental y en organizaciones sindicales de varios pa铆ses. Impuls贸 la reconstrucci贸n del movimiento sindical ruso siguiendo el modelo del sindicato metal煤rgico, sustituyendo los tradicionales sindicatos artesanales por modernos sindicatos industriales, llamados en Rusia sindicatos de producci贸n. Su pensamiento, muy independiente y al mismo tiempo te贸ricamente bien fundamentado, se articul贸 entonces obstinadamente en torno a cuatro ideas entrelazadas.

En primer lugar, estaba convencido de que para que el poder fuera obrero, deb铆a ser ejercido por la clase obrera y no por el partido bolchevique en su lugar; deb铆a ser una democracia obrera y no una dictadura del partido. En segundo lugar, que esta clase no ejercer铆a el poder pol铆tico, o lo conservar铆a, si no se hac铆a con el poder econ贸mico en la industria nacionalizada, si este poder reca铆a, por tanto, en “aparatos sovi茅ticos, desvinculados de la actividad econ贸mica y productiva inmediata y viva y, adem谩s, mixtos desde el punto de vista de su composici贸n social” y no en “贸rganos de clase desde el punto de vista de su composici贸n, vinculados a la producci贸n directamente, de forma viva, es decir, a los sindicatos” [18]. En tercer lugar, que los “especialistas burgueses” en la industria -donde los trabajadores tienen un conocimiento considerable de los procesos de producci贸n eran indispensables, pero no en la misma medida que los “especialistas burgueses” en el ej茅rcito, donde las masas de soldados conscriptos no tienen ninguna idea del arte de la guerra. En cuarto lugar, que s贸lo la autoorganizaci贸n de los trabajadores permitir铆a a los productores inmediatos subyugar los procesos de trabajo y las fuerzas productivas heredadas del capitalismo y, mediante la autoactividad y la autoiniciativa colectivas, transformarlos y desarrollar otros nuevos para que se conviertan en la base material de la construcci贸n de una sociedad sin clases [19].

En marzo de 1919, Lenin asegur贸 en el VIII Congreso del PC(b)R que “hemos pasado del control obrero a la gesti贸n obrera de la industria, o al menos estamos muy cerca de ello” [20]. Esto pod铆a ser evidente, ya que “durante todos los a帽os del comunismo de guerra, el poder real en las empresas pertenec铆a a los sindicatos y a los comit茅s de f谩brica” y “las empresas eran gestionadas por colegios con mayor铆a obrera o por directores obreros, designados por los sindicatos y nombrados obligatoriamente a partir de estas indicaciones por los consejos regionales de la econom铆a nacional” [21]. El VIII Congreso adopt贸 un programa del partido que dec铆a: “Los sindicatos deben lograr la concentraci贸n efectiva en sus manos de la gesti贸n de toda la econom铆a nacional como un 煤nico organismo econ贸mico” [22]. Esta idea proviene del propio Lenin, pero no se sabe de d贸nde la sac贸, ya que su origen se encuentra en el sindicalismo revolucionario, que le era ajeno [23]. No suscit贸 ninguna oposici贸n en el Congreso [24].

A Shliapnikov le cay贸 del cielo, por lo que comenz贸 a difundirla y desarrollarla intensamente. Lo expresaba as铆: el partido bolchevique deb铆a ser “la direcci贸n pol铆tica de las masas obreras y campesinas en la lucha revolucionaria y en la construcci贸n” de la nueva sociedad, los consejos deb铆an ser la 煤nica forma de poder pol铆tico y los sindicatos el 煤nico organizador responsable de la econom铆a nacional y una escuela de gesti贸n econ贸mica para los trabajadores [25]. Muy pronto, la direcci贸n del partido empez贸 a acusarle de ceder a las “tendencias sindicalistas”.

En el siguiente congreso, el 9 de marzo de 1920, el miembro del Politbur贸 Lev K谩menev, hablando de Shliapnikov, declar贸 sin rodeos que “si el movimiento sindical manifiesta tendencias sindicalistas, los camaradas que las cumplen deben ser expulsados del movimiento sindical” [26]. Era obvio que lo que se hab铆a escrito en el programa un a帽o antes sobre el papel de los sindicatos en la gesti贸n de la econom铆a estaba ahora avergonzando a los dirigentes del partido. Al no saber c贸mo salir del paso, cubrieron su verg眉enza con ataques a las tendencias sindicalistas y a Shliapnikov. Le acusaron de olvidar que “vamos en la direcci贸n de la estatalizaci贸n de los sindicatos” [27], aunque esto no se dec铆a en el programa. Shliapnikov no pudo defenderse, porque no particip贸 en el congreso -hab铆a sido enviado a una misi贸n en el extranjero, lo que Lenin explic贸 al congreso [28].

Antes del 10潞 Congreso, durante el debate sobre los sindicatos, Shliapnikov y el metal煤rgico Sergei Medvedev, a los que se uni贸 la feminista Alexandra Kollontai, formaron una facci贸n con los principales l铆deres de los sindicatos de rama de los metal煤rgicos, los trabajadores textiles y los mineros, llamada Oposici贸n Obrera. Gozaba de un amplio apoyo entre los obreros bolcheviques, que estaban cada vez m谩s convencidos de que las pr谩cticas militaristas que se hab铆an generalizado durante la guerra civil estaban ahogando la democracia obrera en el partido y el Estado y que el partido, abrumado por elementos peque帽oburgueses, se estaba convirtiendo en un organismo ajeno a su clase. En varios centros industriales provinciales, la Oposici贸n Obrera asumi贸 la direcci贸n de las organizaciones del partido o luch贸 por ella. Incluso en Mosc煤, donde contaba con el apoyo de m谩s del 20% de los delegados a la conferencia provincial del partido, hac铆a una cr铆tica tan abierta que Lenin ve铆a en ella una din谩mica de escisi贸n [29].

Alej谩ndose del comunismo de guerra, la Oposici贸n Obrera pretend铆a, escribe Tatiana Sandou, “fortalecer la democracia dentro del partido, debilitar los m茅todos de trabajo administrativos y autoritarios y organizar la econom铆a sobre la base de la autogesti贸n de los trabajadores bajo la direcci贸n de los sindicatos” [30]. Bas谩ndose en los principios de la econom铆a planificada y del centralismo obrero, y actuando en la perspectiva inherente a la industrializaci贸n, elabor贸 un proyecto de sistema de autogesti贸n obrera, desde el nivel de la f谩brica -donde la empresa deb铆a ser dirigida por un comit茅 obrero elegido democr谩ticamente-, pasando por el sector, hasta el nivel nacional. Este sistema deb铆a integrarse en el sistema de organizaciones sindicales, de ah铆 su vertiente sindicalista, de ah铆 tambi茅n sus incoherencias y contradicciones internas [31]. Esta claro que los sindicatos deb铆an desempe帽ar un papel fundamental en la construcci贸n de un sistema de autogesti贸n de los trabajadores. Pero pretender que los sindicatos se fusionen con este sistema era otra cosa. Sin embargo, no era un proyecto cerrado e inmutable.

Lenin acus贸 a Shliapnikov y a la Oposici贸n Obrera de “desviaci贸n evidente del partido, del comunismo” y proclam贸: “La desviaci贸n sindicalista debe ser curada, y lo ser谩” [32]. Si, como en Marx, la dictadura del proletariado no es m谩s que un sin贸nimo de poder obrero [33], entonces s贸lo en las visiones metaf铆sicas se puede curar de las desviaciones sindicalistas y otras tendencias hist贸ricas del movimiento obrero. Lenin actu贸 como si todav铆a no viera que 茅l mismo hab铆a instalado tal desviaci贸n en el programa de su partido.

Antes y durante el X Congreso, Shliapnikov emprendi贸 una lucha cuya agudeza refleja la profundidad de la crisis sociopol铆tica. Escribi贸 que “el partido, como colectivo dirigente y creativo, se ha transformado en una pesada m谩quina burocr谩tica” y que “el Estado sovi茅tico, en lugar de tender a una forma de organizaci贸n obrera global y completa, se est谩 transformando en un Estado gestionado por la burocracia y, de hecho, excluye la participaci贸n masiva de las organizaciones obreras en su gesti贸n” [34]. No dud贸 en entrar en conflictos cada vez m谩s agudos con Lenin. “La esencia del conflicto”, explicaba, “consiste en saber de qu茅 manera nuestro Partido Comunista conducir谩 su pol铆tica econ贸mica en el per铆odo de transici贸n en el que nos encontramos: por medio de las masas trabajadoras organizadas en sindicatos o por encima de ellas, por la v铆a burocr谩tica, a trav茅s de funcionarios y especialistas canonizados” [35].

El principal enfrentamiento tuvo lugar en el congreso. El representante de la Oposici贸n Obrera, Yuri Milonov, critic贸 la “casta” que estava en la direcci贸n del partido con Lenin, profesando “la primac铆a de los m茅todos autoritarios de la direcci贸n central sobre el m茅todo de la autoactividad de las masas” y sugiriendo que no se pod铆a confiar en la clase obrera. A los ojos de Lenin y de esta “casta”, dijo Milonov, “estamos en el precipicio: entre la clase obrera, infectada de prejuicios peque帽oburgueses, y el campesinado, que es por naturaleza peque帽oburgu茅s”. Milonov se pregunt贸 ret贸ricamente si los dirigentes a los que criticaba no pensaban que “deb铆amos confiar 煤nicamente en la capa de funcionarios del Soviet y del partido” (Soviet significa Estado). Dijo: “Nuestro partido deja de ser un partido obrero” [36]. En su vehemente contraataque, Lenin asoci贸 a la Oposici贸n Obrera con elementos que se alzaban “sobre la ola de la contrarrevoluci贸n peque帽oburguesa”, la cual rta “m谩s peligrosa que Denikin”. Con ello se refer铆a a los levantamientos campesinos y a la rebeli贸n de Kronstadt. “Existe una relaci贸n”, afirm贸, “entre las ideas, las consignas de esta contrarrevoluci贸n peque帽oburguesa y anarquista y las consignas de la oposici贸n obrera鈥. “Una oposici贸n obrera que se esconde a espaldas del proletariado es un elemento peque帽oburgu茅s y anarquista” [37] dentro del propio partido.

Por lo tanto, sugiri贸 que a trav茅s de esta oposici贸n, la “contrarrevoluci贸n peque帽oburguesa” se estaba infiltrando en el partido bolchevique. Al panfleto de Kollontai, que presenta el punto de vista de la Oposici贸n Obrera, le atribuy贸 un contenido abiertamente contrarrevolucionario. Su quintaesencia era, seg煤n 茅l, la exigencia formulada anteriormente por Shliapnikov y recogida en el panfleto, de que un “congreso de los productores de Rusia, agrupados en sindicatos de producci贸n” elija “un 贸rgano central que dirija toda la econom铆a nacional de la Rep煤blica” [38]. Tal exigencia, seg煤n el, estaba en radical contradicci贸n con un punto del programa del partido aprobado dos a帽os antes, el que precisamente afirmaba que los sindicatos deb铆an lograr la concentraci贸n en sus manos de toda la gesti贸n de la econom铆a nacional. La Oposici贸n Obrera exig铆a, precisamente, que este punto del programa no se quedara en papel mojado.

La pol茅mica entre la Oposici贸n Obrera y Lenin en el X Congreso fue tan acalorada que Shliapnikov dijo de la resoluci贸n que present贸 Lenin “sobre la desviaci贸n sindicalista y anarquista” -que estaba dirigida a la oposici贸n- as铆 como de la resoluci贸n “sobre la unidad del partido” que tambi茅n present贸 Lenin al Congreso (ambas fueron aprobadas): “Habiendo estado en el partido durante 20 a帽os, nunca he visto ni o铆do nada m谩s demag贸gico y calumnioso que esta resoluci贸n. Los delegados de la Oposici贸n Obrera declararon conjuntamente: la resoluci贸n “introduce una divisi贸n en el sector obrero de nuestro partido y excita a los elementos peque帽oburgueses y burocr谩ticos del partido contra el sector obrero” [39]. A petici贸n de Lenin, el congreso vot贸 la prohibici贸n de las actividades de las fracciones, algo sin precedentes en la historia del bolchevismo. El propio Lenin no respet贸 esta prohibici贸n. Su fracci贸n Diez segu铆a activa en el siguiente congreso [40].

Trotsky escribir铆a a帽os despu茅s (en un art铆culo que decidi贸 no publicar): “A la luz de los acontecimientos posteriores, una cosa est谩 absolutamente clara: la prohibici贸n de las fracciones marc贸 el final de la historia heroica del bolchevismo y abri贸 el camino a su degeneraci贸n burocr谩tica” [41]. Pero el final de esta historia tambi茅n marc贸 la derrota de la Oposici贸n Obrera -la 煤nica corriente del partido que advirti贸 que la clase obrera estaba perdiendo el poder-, una derrota sellada por el estigma con el que el congreso del partido marc贸 a esta corriente en las mencionadas resoluciones. La coincidencia del momento de su campa帽a pol铆tica en el partido con el hundimiento cuantitativo y cualitativo de la clase obrera y con el levantamiento de Kronstadt le cort贸 las alas [42]. La resoluci贸n sobre los sindicatos, apoyada por Lenin con toda su autoridad y adoptada en el X Congreso, por un lado contra la Oposici贸n Obrera y por otro contra Trotsky, “sirvi贸 en la pr谩ctica para devolver la gesti贸n obrera” de la industria y la econom铆a nacionalizada “a las calendas griegas” y “para consolidar y hacer aut贸nomo el aparato de gesti贸n administrativa de la econom铆a, cuya degeneraci贸n burocr谩tica iba a manifestarse r谩pidamente”. Aqu铆 es donde reside realmente la tragedia del X Congreso” [43].

La importancia de la cuesti贸n de la Oposici贸n Obrera s贸lo comenz贸 a emerger recientemente en la historiograf铆a. Era un desaf铆o muy serio, casi sist茅mico, al poder bolchevique y a la “concepci贸n leninista del partido”, ya que la Oposici贸n exig铆a “un sistema alternativo de organizaci贸n del poder en el pa铆s, basado en el papel dirigente de los sindicatos como organizaci贸n de los productores inmediatos, los trabajadores” [44], es decir, reivindicaba la primac铆a del movimiento obrero sobre el partido y el aparato estatal. “Lenin ten铆a todas las razones para creer que la realizaci贸n pr谩ctica de la idea de la oposici贸n obrera amenazaba con crear una alternativa a la dictadura del partido bolchevique” [45]. Se enfrent贸 a esto con operaciones para expulsar a los l铆deres y partidarios de esta oposici贸n ya derrotada de los puestos de direcci贸n no s贸lo en el partido, sino tambi茅n en los sindicatos, que al mismo tiempo se vieron obligados a someterse totalmente a las autoridades del partido. Tambi茅n intent贸, fracasando literalmente por los pelos, expulsar a Shliapnikov del partido [46].

Dos ideas radicalmente nuevas aparecieron entonces en Lenin. La primera no la expres贸 p煤blicamente, formul谩ndola as铆 en sus notas sobre la NEP: “驴Termidor? Fr铆amente quiz谩s, 驴s铆? 驴Suceder谩? Ya veremos. No presumir antes de ir a la batalla” [47]. Al mismo, le confi贸 a Jacques Sadoul, un antiguo oficial de la misi贸n militar francesa que se hab铆a unido a los bolcheviques y era cofundador de la Comintern: “Los jacobinos obreros son m谩s perspicaces, m谩s firmes que los jacobinos burgueses y tuvieron el valor y la sabidur铆a de termidorizarse” [48]. Inmediatamente despu茅s de la muerte de Lenin, Sadoul hizo p煤blica esta idea en Mosc煤, pero fue ignorada. Jean-Jacques Marie comenta: “驴Qu茅 significa? 驴Que la NEP es un Thermidor econ贸mico y por tanto social, ya que abre la puerta a la propiedad privada y al libre comercio, pero que no lo es pol铆ticamente, ya que el poder sigue en manos de los jacobinos obreros?” [49]. Sin embargo, al menos seg煤n el relato de Sadoul -que, si bien es plausible, puede no ser exacto-, Lenin no le dijo que establecieron un Thermidor socioecon贸mico permaneciendo jacobinos, sino que dijo que ellos mismos se convirtieron en Thermidorianos.

La segunda idea, que parece estar intr铆nsecamente ligada a la primera, fue a煤n m谩s lejos. Lenin lo formul贸 as铆: el proletariado ha desaparecido, pero el Estado sigue siendo proletario. Esto podr铆a sugerir que la relaci贸n de uno con el otro no es necesaria cuando el poder en el Estado es ejercido por jacobinos obreros, incluso autotherminorizados, sea cual sea el significado de este t茅rmino. Lenin dec铆a que en las condiciones de la NEP “el poder estatal proletario, apoy谩ndose en el campesinado”, por un lado “mantendr谩 a raya a los capitalistas para dirigir el capitalismo hacia el cauce del Estado y crear un capitalismo subordinado al Estado y puesto a su servicio”. Por otra parte, “los capitalistas”, dijo, “dar谩n vida al proletariado industrial que, en nuestro pa铆s, a causa de la guerra, la ruina desesperada y la devastaci贸n, se ha degradado, es decir, se ha desviado de su camino de clase y ha dejado de existir como proletariado. La clase ocupada en la producci贸n de bienes materiales en las empresas de la gran industria capitalista se llama proletariado” [50].

Esta definici贸n, por un lado, reduc铆a enormemente la clase: exclu铆a a la mayor铆a de los trabajadores que trabajaban en peque帽as empresas, en el 谩mbito del transporte, etc., y, por otro lado, era completamente ajena a la noci贸n de clase como relaci贸n social. “Si se restablece el capitalismo, ser谩 tambi茅n, por tanto, el restablecimiento de la clase proletaria, ocupada en producir bienes materiales 煤tiles a la sociedad en grandes f谩bricas mecanizadas, en lugar de dedicarse a la especulaci贸n, a la fabricaci贸n de mecheros para vender” [51], que es en lo que se ocupan los actuales trabajadores desclasados, entre los que se extiende la “ideolog铆a de peque帽os propietarios”. Lenin consideraba entonces que “la producci贸n a gran escala y las m谩quinas”, y por tanto las fuerzas productivas espec铆ficas m谩s que las relaciones de producci贸n, constituyen la “base material y psicol贸gica del proletariado”, sin la cual se daba un “desclasamiento” [52].

Si el “proletariado hubiera desaparecido”, como sugiri贸 Lenin, Rusia habr铆a retrocedido a la era precapitalista. En 1922 esta tendencia se invirti贸: s贸lo el proletariado industrial empez贸 a crecer en un 10% a escala anual y a finales de a帽o era inferior al de antes de la guerra, no ya en un 50% como en 1921, sino en un 44% [53]. El discurso de que “el proletariado ha declinado y desaparecido” atestigua una crisis muy grave en el pensamiento pol铆tico y te贸rico de Lenin. Fitzpatrick tiene una opini贸n diferente. Cree que se trat贸 simplemente de una “ef铆mera crisis de fe” en la que muchos dirigentes bolcheviques, incluido Lenin, no estaban convencidos tanto de la “desaparici贸n del proletariado” como “a punto de ser decepcionados por la clase obrera rusa” [54].

En marzo de 1922, en el XI Congreso del PC(b)R, el 煤ltimo al que asisti贸 Lenin, declar贸 que “el Estado somos nosotros, es el proletariado, es la vanguardia de la clase obrera”, pero lo que realmente quer铆a decir era que “el Estado… somos nosotros, la vanguardia”, porque, como afirmaba, “el proletariado hab铆a desaparecido”. “Muy a menudo, cuando decimos “trabajadores”, pensamos que significa proletariado de la f谩brica. En absoluto”. Hizo una pregunta ret贸rica: “Y hoy, 驴son las condiciones sociales y econ贸micas de nuestro pa铆s tales como para empujar a los verdaderos proletarios a las f谩bricas y plantas? No. Eso no es cierto. As铆 es, seg煤n Marx. Pero Marx no hablaba de Rusia; hablaba del capitalismo en su conjunto, desde el siglo XV en adelante. Eso estuvo bien durante seiscientos a帽os, pero est谩 mal para la Rusia de hoy. Muy a menudo, los que acuden a las f谩bricas no son proletarios, sino un cualquier otra cosa” [55].

驴Por qu茅 milagro, a pesar de todo lo que ocurre a su alrededor, s贸lo los que est谩n en el poder no corren el peligro de desclasarse y dejar de ser jacobinos obreros? Al responder a Lenin, Shliapnikov dio en el clavo: “Perm铆tame felicitarle por ser la vanguardia de una clase inexistente. Se dice que en nuestro pa铆s el proletariado est谩 en decadencia, que se queda muy atr谩s, y cuando se escuchan los melosos discursos del camarada K谩menev, uno se da cuenta de que hasta el obrero avanzado de Mosc煤 expresa los intereses de los campesinos, (…) que hasta los metal煤rgicos avanzados de Mosc煤 hablan el lenguaje de los intereses campesinos en nuestro pa铆s鈥. Otros dirigentes del partido afirman que la NEP “da lugar a los instintos de los trabajadores como propietarios”. Por otra parte, lo que “el Comit茅 Central difunde sobre la clase obrera en sus boletines de informaci贸n” son calumnias que afirman que las huelgas son obra de los mon谩rquicos, mientras que despu茅s de la investigaci贸n result贸 que son causadas por la escasez de alimentos y el impago de los salarios. Seg煤n Shliapnikov, todo esto fue el resultado, con la transici贸n a la NEP, de la “b煤squeda” por parte del poder sovi茅tico “de una nueva base, de un nuevo apoyo, fuera del proletariado”, as铆 como de estados de 谩nimo parecidos a los que reinaban en el partido bolchevique tras la derrota de la revoluci贸n de 1905. “Recordamos el estado de 谩nimo de la intelectualidad y de los elementos no proletarios cercanos a ella en aquella 茅poca; 隆y cu谩ntas cosas nos recuerdan hoy a esa 茅poca! El terreno para tales estados de 谩nimo lo crean nuestros dirigentes, especialmente el camarada Lenin, el camarada K谩menev y otros. “Las reflexiones que a menudo escuchamos, sobre el hecho de que nuestro proletariado ha deca铆do”, dan testimonio “de una fractura en la relaci贸n igualmente ideol贸gica entre el proletariado y su principal destacamento: nuestro partido”. Sus dirigentes deber铆an, seg煤n Shliapnikov, “recordar de una vez por todas que no tendremos otra clase obrera mejor y que tenemos que conformarnos con lo que tenemos” [56].

Una vez m谩s, este congreso tuvo lugar en el ambiente de una nueva y fuerte tensi贸n en torno a la cuesti贸n de la antigua Oposici贸n Obrera, concretamente en torno al “caso de los 22”. Veintid贸s  militantes -entre ellos Shliapnikov, Kollontai y Medvedev- hab铆an recurrido a la Comintern. “Mientras las fuerzas de la burgues铆a nos presionan por todos lados, mientras se infiltran en nuestro partido” en el que los obreros son minor铆a, afirmaban en su llamamiento, “nuestros centros dirigentes luchan implacablemente contra ellos, y especialmente contra los proletarios, que se permiten tener sus opiniones, aplicando todo tipo de medidas represivas contra la expresi贸n de estas opiniones en el partido”, suprimiendo en el movimiento sindical “la iniciativa y la espontaneidad de los trabajadores” e “ignorando los mandatos de nuestro congreso para construir las bases de la democracia obrera”. “La aspiraci贸n de acercar a las masas proletarias al Estado”, escribieron, “es calificada de anarcosindicalismo, y sus partidarios son perseguidos y desacreditados” [57].

Seg煤n Richard Day, Kollontai y sus camaradas “vieron m谩s claramente que la mayor铆a de los bolcheviques” (pero valdr铆a la pena examinar si no lo vieron incluso el m谩s claro de todos los bolcheviques) “que en el campo de la NEP el partido pod铆a buscar un compromiso entre las clases rivales, sentando as铆 las bases de una nueva pol铆tica burocr谩tica” [58], e incluso, podr铆amos a帽adir, las bases para la formaci贸n de una nueva burocracia, esta vez termidoriana por excelencia.

En el contexto del “asunto de los 22”, se present贸 una moci贸n para expulsar del partido a Shliapnikov, Kollontai y Medvedev. Lenin no habl贸 durante la discusi贸n de esta moci贸n, pero los delegados del congreso hab铆an sido informados por 茅l de que ocho meses antes 茅l mismo hab铆a intentado sin 茅xito expulsar a Shliapnikov. Para gran sorpresa de la direcci贸n del partido, en una sesi贸n a puerta cerrada, el XI Congreso se dividi贸 sobre el “asunto de los 22” en dos partes casi iguales: una ligera mayor铆a apoy贸 la resoluci贸n que condenaba sin apelaci贸n y expulsaba a los tres mencionados, mientras que los dem谩s votaron a favor de una resoluci贸n conciliadora que los criticaba pero no los expulsaba. Como resultado, bajo la fuerte impresi贸n de dicha votaci贸n, se a帽adieron enmiendas a la resoluci贸n mayoritaria ya aprobada y se elimin贸 la expulsi贸n de los tres opositores. El hecho de que el congreso estuviera dividido en este tema se ocult贸: las actas de la sesi贸n a puerta cerrada del congreso nunca se publicaron [59].

En opini贸n de Jean-Jacques Marie, “esta votaci贸n ilustra la magnitud del descontento de los delegados con toda la direcci贸n, incluido Lenin” [60]. En opini贸n de Oleg Nazarov, ante el 鈥渁sunto de los 22″, “el XI潞 Congreso del Partido estuvo en el umbral de una escisi贸n”, lo que parece una gran exageraci贸n. Sin embargo, Nazarov plante贸 una tesis importante en este contexto, a saber, que “hubo una conexi贸n muy estrecha entre el asunto de los 22 y la elecci贸n, inmediatamente despu茅s de la votaci贸n sobre el mismo, de Jos茅 Stalin como Secretario General” del Comit茅 Central del PC(b)R. Cuando los delegados del congreso eligieron a los miembros del Comit茅 Central, en sus papeletas, junto al nombre de Stalin, por iniciativa de Lenin o al menos con su consentimiento, aparec铆a su futuro cargo: 隆el de Secretario General, aunque s贸lo pod铆a ser elegido por el CC! Esta era una pr谩ctica sin precedentes entre los bolcheviques. Por tanto, fue elegido para este puesto por el congreso, lo que le asegur贸 una posici贸n aparte, mucho m谩s fuerte que la que le daba la elecci贸n por el Comit茅 Central por s铆 sola. Ante las amenazas, como la negativa de casi la mitad de los delegados del congreso a expulsar a importantes militantes del partido, la c煤pula del partido, seg煤n Nazarov, necesitaba un hombre como Stalin en ese puesto, con un poder extraordinario [61]. Menos de nueve meses despu茅s, Lenin se帽al贸 con consternaci贸n que “Stalin, al convertirse en Secretario General, ha concentrado en sus manos un inmenso poder” [62].

La ruptura entre el partido bolchevique y la clase obrera result贸 irreversible. Lo que ocurri贸 fue quiz谩s lo m谩s sucinto y al mismo tiempo lo m谩s claro que expres贸 Moshe Lewin. En junio de 1941, los soldados sovi茅ticos que se retiraban la ciudad de Vilna llevaron en secreto, en contra de sus oficiales, a este joven activista del sionismo proletario, huyendo del ej茅rcito alem谩n. Trabaj贸 en los koljoses y en los altos hornos de la acer铆a y sirvi贸 en el ej茅rcito sovi茅tico. Entre los investigadores, pocos le igualan en cuanto a la profundidad de su conocimiento del Estado y la sociedad sovi茅ticos, especialmente del r茅gimen estalinista y el “absolutismo burocr谩tico” post-estalinista [63].

Lewin describi贸 as铆 lo que ocurri贸 en las altas esferas del partido bolchevique despu茅s de la Guerra Civil: “Ya no era una clase social -ni el proletariado- la que actuaba como encarnaci贸n y soporte del socialismo a trav茅s del Estado, sino que era el Estado el que, imperceptiblemente, para algunos ide贸logos, ven铆a a sustituir a la clase y a convertirse en encarnaci贸n y soporte del principio superior con, o sin, la ayuda del proletariado. Esto era, en su estado embrionario, una orientaci贸n e ideolog铆a totalmente nuevas, que ciertamente no estaban presentes en lo que era antes el leninismo. Aunque faltaba el apoyo social deseable, sobre todo por la disoluci贸n de la clase obrera, el partido no actuaba en el vac铆o, ni pod铆a hacerlo: al tener que apoyarse cada vez m谩s en el Estado, y menos en las masas inconstantes, el aparato estatal, sea cual sea el origen social de sus servidores, se fue convirtiendo en el principal instrumento de acci贸n para conseguir los objetivos deseados. En el proceso, el bolchevismo adquiri贸 una base social que no quer铆a y que no reconoci贸 inmediatamente: la burocracia. La burocracia no tard贸 en imponerse como un factor crucial en la formaci贸n del sistema, pero se necesit贸 cierta evoluci贸n y algunas dram谩ticas luchas internas para que este hecho fuera plenamente aceptado y luego celebrado. En cualquier caso, insuficientemente preparados para comprender el Estado que estaban construyendo, los bolcheviques juzgaron mal el curso de estos acontecimientos. La teor铆a disponible era muy inadecuada en este tema. Ahora era importante estudiar no s贸lo el potencial social del proletariado, o del campesinado, sino tambi茅n el potencial, los intereses y las aspiraciones de un aparato estatal sovi茅tico cambiante y creciente” [64].

De la burocracia obrera a la burocracia termidoriana

En 1928, en el umbral de la “revoluci贸n desde arriba” de Stalin, Christian Rakovsky, principal dirigente de la Oposici贸n de Izquierda junto a Trotsky [65], fue uno de los primeros en la URSS en comenzar a estudiar, todav铆a a ciegas, el fen贸meno de la formaci贸n del poder burocr谩tico. Reprimido, escribi贸 desde el exilio que “cuando una clase toma el poder, es una parte de s铆 misma la que se convierte en agente de ese poder. As铆 aparece la burocracia”, en este caso la burocracia obrera. Esta “diferenciaci贸n comienza siendo funcional y luego se convierte en social. No digo de clase, sino social”, dice Rakovsky [66]. Con el tiempo, en el Estado sovi茅tico, “la funci贸n ha modificado el propio 贸rgano”, porque tanto la posici贸n social y material como “la psicolog铆a de los encargados de las diversas tareas de direcci贸n en la administraci贸n y la econom铆a del Estado, [han] cambiado hasta el punto de que, no s贸lo objetivamente, sino subjetivamente, no s贸lo materialmente sino moralmente, han dejado de formar parte de esa misma clase obrera” [67].

En la URSS, la burocracia deb铆a ser considerada como una “nueva categor铆a sociol贸gica”, porque era, como se帽al贸 Rakovsky, “un fen贸meno sociol贸gico de la mayor importancia” y desempe帽aba un papel decisivo “en la descomposici贸n del partido y del Estado sovi茅tico”. Refiri茅ndose a los m茅todos y consecuencias de la usurpaci贸n del poder por esta “nueva categor铆a”, describi贸 la “espantosa desintegraci贸n del partido y del aparato sovi茅tico, la asfixia de todo control de las masas, la opresi贸n espantosa, las persecuciones, el terror que juega con la vida y la existencia de los militantes y de los trabajadores”. Al mismo tiempo, observ贸 un “espantoso [tambi茅n] declive de la actividad de las masas trabajadoras y su creciente indiferencia por el destino de la dictadura del proletariado y del Estado sovi茅tico”. Subray贸 con fuerza que el terreno en el que se desarroll贸 este proceso, y lo que presentaba el mayor peligro, era “precisamente esta pasividad de las masas (incluso mayor pasividad en la masa comunista que entre los sin partido) hacia las manifestaciones de arbitrariedad inaudita que se produc铆an: aunque las presenciaban, los trabajadores pasaban por encima de ellas sin protestar o simplemente refunfu帽ando, por miedo a los que estaban en el poder o simplemente por indiferencia pol铆tica” [68]. Rakovsky omiti贸 un aspecto muy importante de esta cuesti贸n: la nueva categor铆a social se form贸, entre otras cosas, como una amalgama de la burocracia de origen obrero con un enorme funcionariado heredado del zarismo, as铆 como con una capa mucho m谩s peque帽a de los llamados especialistas burgueses.

Por una cierta analog铆a con la revoluci贸n francesa, esta burocrcia puede calificarse de termidoriana [69]. En la Revoluci贸n Rusa, el Thermidor se prolong贸 en el tiempo, pero no es la 煤nica raz贸n por la que durante mucho tiempo la Oposici贸n de Izquierda no se dio cuenta de que ya hab铆a tenido lugar y de que las discusiones sobre su peligro, que todav铆a se desarrollaban en sus filas a principios de los a帽os 30, eran anacr贸nicas. S贸lo en 1935 Trotsky decidi贸: “1924 es el a帽o del comienzo del Termidor sovi茅tico” [70] (en otros escritos lo databa en 1923-25). Lo hizo tan tarde porque hasta entonces entend铆a Thermidor como una victoria de la reacci贸n burguesa, que conducir铆a a la restauraci贸n del capitalismo. As铆 que tuvo que entender que en la URSS fue una victoria de la reacci贸n burocr谩tica, de ninguna manera restaurando el capitalismo, pero consolid谩ndose ideol贸gica y pol铆ticamente bajo el lema nacionalista de que era posible construir el socialismo en un solo pa铆s desconectado de la econom铆a internacional.

Cuando, tras la crisis del comunismo de guerra, lleg贸 una nueva crisis socioecon贸mica y pol铆tica -la crisis de la NEP, que tuvo lugar a finales de los a帽os 20-, la direcci贸n de la burocracia termidoriana fue asumida en su totalidad por su segmento estalinista. Rompi贸 la alianza con el ala derecha de esta burocracia -construida contra la ya derrotada Oposici贸n de Izquierda- y se dio cuenta de que para mantener su poder pol铆tico ten铆a que asegurarse todo el poder econ贸mico. Era imposible que lo hiciera “si no era mediante la apropiaci贸n de todo el proceso econ贸mico”, lo que 鈥”debido a la relativa debilidad de su base econ贸mica”, limitada durante la NEP al sector estatal de la econom铆a, poco desarrollado industrialmente- s贸lo pod铆a lograrse “mediante la expropiaci贸n militar de las clases medias”, en particular del campesinado [71]. Militar no significa aqu铆 llevado a cabo por el ej茅rcito; significa, llevado a cabo empleando m茅todos militares.

El segmento estalinista de la burocracia termidoriana, a partir de entonces en la direcci贸n, se embarc贸 en una industrializaci贸n brutal e intent贸 extraer los fondos necesarios del campesinado utilizando la violencia del Estado para forzar la colectivizaci贸n del campo. “Para llevar a cabo semejante trastorno, nunca emprendido en la historia, habr铆a sido necesario todo un per铆odo de transformaci贸n revolucionaria, 10 o 15 a帽os seg煤n las concepciones de los bolcheviques m谩s audaces. Pero la direcci贸n estalinista decidi贸 repentinamente lo contrario”, queriendo hacerlo primero en tres a帽os, luego en un a帽o y finalmente en unos meses [72]. Aplicadas mediante el terror desenfrenado y las deportaciones masivas -que se dirig铆an cada vez m谩s no s贸lo a la “clase explotadora por excelencia”, sino tambi茅n a los campesinos medianos y peque帽os-, la “dekulakizaci贸n” y la colectivizaci贸n forzosa encontraron la resistencia de las masas campesinas desarroll谩ndose a toda velocidad y a gran escala.

“Los acontecimientos del invierno de 1930 adquirieron el car谩cter de una explosi贸n de violencia masiva de dimensiones in茅ditas desde los horrores de la guerra civil” [73]. Los informes de varias regiones “indicaban dolorosamente la extensi贸n de una verdadera guerra campesina, dirigida no s贸lo contra la colectivizaci贸n y la dekulakizaci贸n, sino tambi茅n contra el poder sovi茅tico” [74]. El 45% de las revueltas tuvieron lugar en Ucrania. Sergo Ordjonikidze, enviado por Stalin para inspeccionar las regiones fronterizas con Polonia, especialmente sensibles, inform贸 de que “las verdaderas insurrecciones campesinas all铆” fueron aplastadas por las fuerzas armadas, utilizando ametralladoras pesadas y, en algunos lugares, ca帽ones” [75]. Pero el uso a gran escala del Ej茅rcito Rojo, mayoritariamente campesino, para luchar contra los insurgentes campesinos habr铆a sido muy arriesgado, ya que podr铆a conducir a “una explosi贸n similar a la revuelta de Kronstadt, y quiz谩s incluso m谩s fuerte” [76]. Stalin no tuvo m谩s remedio que ordenar que se redujera el ritmo de la colectivizaci贸n. Sin embargo, Ordzhonikidze y otros hombres de Stalin aseguraron que la colectivizaci贸n se lograr铆a al 100%, “aunque la logremos quiz谩s no en tres meses, sino en tres a帽os” [77].

Expulsado del pa铆s, Trotsky explic贸 que la colectivizaci贸n del campo no ten铆a ninguna base t茅cnica en la URSS. 鈥淣o surgi贸 de la ventaja de la econom铆a colectiva sobre la individual, demostrada por la vasta experiencia de todo el campesinado”. El campesinado no experiment贸 esta ventaja y, en el contexto del subdesarrollo de la econom铆a sovi茅tica, no pod铆a experimentarla. Adem谩s, la colectivizaci贸n, llevada a cabo bajo la coacci贸n del Estado, amenazaba con “socavar a largo plazo la ya extremadamente d茅bil fuerza productiva de la agricultura” [78]. En la URSS, Rakovsky y otros activistas de la oposici贸n de izquierda advirtieron que la colectivizaci贸n estalinista era “una desviaci贸n muy grave de los principios del socialismo” y no un paso adelante en el camino hacia 茅l. “Somos marxistas y sabemos que s贸lo se pueden crear nuevas formas de propiedad sobre la base de nuevas relaciones de producci贸n. Estas nuevas relaciones de producci贸n todav铆a no existen” y los tractores, por no hablar de otras m谩quinas, “no son capaces de procesar ni el 5% de la superficie cultivada”. Por eso, la industrializaci贸n y la colectivizaci贸n, conducidas de forma brutal, irracional, aventurera y ca贸tica, “conducen, bajo una gesti贸n burocr谩tica -es decir, cuando la clase es sustituida por funcionarios que se han convertido en un estado gobernante separado- no a la construcci贸n del socialismo, sino a su derrumbe”. Sin embargo, la burocracia no lo tiene en cuenta, ya que se mueve por intereses y aspiraciones completamente diferentes. “No es dif铆cil adivinar la tentaci贸n que supone para la burocracia la colectivizaci贸n total y la mayor tasa de industrializaci贸n. Ampliar铆an el ej茅rcito de bur贸cratas, aumentar铆an su participaci贸n en la renta nacional y reforzar铆an su poder sobre las masas” [79].

Hasta entonces, Rakovsky consideraba que la diferenciaci贸n funcional dentro de la clase obrera dominante se hab铆a convertido en una diferenciaci贸n social entre esa clase y la burocracia dominante, pero no en una diferenciaci贸n de clase. Pero en ese momento present贸 la cuesti贸n de manera diferente, diciendo: “De un Estado proletario con deformaciones burocr谩ticas -como Lenin caracteriz贸 nuestra forma de gobierno- estamos pasando a un Estado burocr谩tico con supervivencias proletarias comunistas. Ante nuestros ojos se ha formado y se sigue formando una gran clase de gobernantes”, y “lo que une a esta clase social original es una forma original de propiedad privada, a saber, la posesi贸n del poder estatal. La burocracia, como dijo Marx, “posee el Estado como su propiedad privada” [80].

Sin embargo, las conclusiones pol铆ticas que sac贸 Rakovsky no fueron coherentes con este an谩lisis, porque, de acuerdo con Trotsky, segu铆a asociando Thermidor con la restauraci贸n del capitalismo y no ve铆a que no s贸lo se hab铆a producido ya, sino que se estaba consolidando. En 1932-33, los activistas de la Oposici贸n de Izquierda encarcelados en el pol铆ticamente alejada ciudad de Verkhneuralsk hicieron lo mismo. “Al conducir todas las contradicciones de la aldea actual a los koljoses, donde se reproducen sobre una nueva base, al negar la diferenciaci贸n en los koljoses y al declarar que los koljoses son empresas socialistas a priori”, escribieron, el r茅gimen estalinista estaba “ocultando en los koljoses las tendencias capitalistas de los agricultores y sacrificando a los campesinos pobres y a los trabajadores agr铆colas al someterlos a la explotaci贸n de los koljoses pr贸speros” [81]. De hecho, los estaba sometiendo, junto con todo el campesinado y la clase obrera, a la explotaci贸n de la burocracia estatal, algo que la oposici贸n de izquierdas segu铆a sin entender.

M谩s tarde, a lo que ocurri贸 a partir de finales de los a帽os 20, Stalin lo defini贸  como la “revoluci贸n desde arriba”. Robert Tucker, uno de sus bi贸grafos m谩s serios antes de la apertura de los archivos en Rusia, se帽al贸 que no s贸lo este concepto, sino tambi茅n la pr谩ctica estalinista de la “revoluci贸n desde arriba”, le daba un “fuerte sello contrarrevolucionario”. Adem谩s, era inherente a su promotor, al que Tucker caracteriz贸 como un “bolchevique de la derecha radical” [82]. Los dirigentes estalinistas de la burocracia termidoriana, al instigar esta “revoluci贸n desde arriba”, “reorientaron el sistema hacia objetivos muy diferentes” de los que se hab铆an fijado los bolcheviques, escribi贸 Lewin. “Ya no se trataba de construir una sociedad en la que desaparecieran las clases y el Estado, pasando por una fase socialista, en el sentido en que Marx, Engels, Lenin y muchos otros socialistas occidentales entend铆an este t茅rmino. Ahora se trata de estatismo, es decir, de poner un Estado dictatorial todopoderoso por encima de todo para preservar el sistema de clases y los privilegios tal y como se hab铆an establecido durante el periodo de industrializaci贸n forzosa. Por lo tanto, podemos hablar aqu铆 de una ruptura, no s贸lo con el per铆odo prerrevolucionario del leninismo, sino tambi茅n con su versi贸n posrevolucionaria muy modificada” [83].

Los resultados sociales de la “revoluci贸n desde arriba” pueden verse a la luz de las investigaciones de Grigori Khanin sobre la din谩mica de la econom铆a sovi茅tica. En 1928-1941, es decir, durante la aplicaci贸n de los tres planes quinquenales de desarrollo antes de la guerra, la tasa anual de crecimiento econ贸mico era varias veces inferior a la que afirmaban las autoridades estatales. No fue del 14%, sino s贸lo del 3,2% (ligeramente inferior a la media de los a帽os 1928-1987, que fue de hecho, en contra de los datos oficiales, del 3,8%). Para cada quinquenio, la situaci贸n era la siguiente. En el primer periodo (1928-1932), la renta nacional cay贸 entre un 15 y un 20%. Esto se debi贸 a un fuerte descenso de la producci贸n agr铆cola, que proporcionaba la mayor parte de los ingresos de la 茅poca, y a la colectivizaci贸n forzosa del campo, que provoc贸 una terrible hambruna. En el segundo per铆odo (1933-1937), la renta nacional aument贸 r谩pidamente debido al rapid铆simo desarrollo de todas las ramas de la producci贸n material. Sin embargo, en el tercer periodo (1938-1941), que comenz贸 durante el Gran Terror de Stalin, su ritmo de crecimiento se redujo dr谩sticamente. Dentro de las fronteras anteriores de la URSS, el crecimiento fue insignificante y result贸 principalmente de la expansi贸n territorial bajo el Pacto Molotov-Ribbentrop [84]. Andrea Graziosi afirma que justo antes de la guerra “los signos de estancamiento eran evidentes incluso en los sectores favorecidos por el r茅gimen, a los que alimentaba con los recursos de que dispon铆a”. La Uni贸n Sovi茅tica “se sumi贸 en una crisis moral, pol铆tica y econ贸mica de la que, parad贸jicamente, la guerra la salv贸” [85].

Al iniciar el primer quinquenio, el r茅gimen prometi贸 que, tras su finalizaci贸n, el salario medio real aumentar铆a un 70% en comparaci贸n con el periodo de preguerra. El economista sovi茅tico Nikolai Valentinov hab铆a roto con el r茅gimen y emig贸. Comprob贸 lo que ocurr铆a realmente en 1937, es decir, despu茅s del espectacular aumento de la renta nacional durante el segundo quinquenio. Se comprob贸 que mientras que en 1925 el salario medio real (medido al tipo de cambio fijo del rublo) era de 48,25 rublos y en 1929 de 75 rublos, en 1937 s贸lo era de 28,25 rublos, es decir, el 63,6% del salario medio anterior a la Primera Guerra Mundial. En una familia obrera de cuatro miembros, el gasto en alimentos b谩sicos pas贸 del 51% en 1929 al 87% del salario en 1937. Para la misma cesta de alimentos, para la que hab铆a que trabajar 112 horas antes de la guerra y 87 horas en 1929, hab铆a que trabajar 151 horas en 1937. Como resultado, Valentinov se帽al贸 que “para adquirir tantos bienes materiales como lo hac铆a un trabajador que ganaba ligeramente (15%) por encima del salario medio en 1929, ahora es necesario que trabajen dos trabajadores con un salario medio como m铆nimo” [86]. Por ello, el empleo de las mujeres en la industria aument贸 considerablemente en esa 茅poca.

Treinta a帽os m谩s tarde, Alexander Barsov revel贸 en la prensa cient铆fica sovi茅tica que, en contra de la creencia generalizada, los medios de acumulaci贸n durante la industrializaci贸n proced铆an s贸lo en peque帽a medida de la agricultura, y por tanto “s贸lo pod铆an ser un sobreproducto de la esfera no agr铆cola de la econom铆a: la industria, la construcci贸n, el transporte”. Para que las revelaciones de que el peso de la industrializaci贸n reca铆a en gran medida sobre los hombros de los trabajadores se publicaran, Barsov se vio obligado a a帽adir un comentario hip贸crita. Por eso escribi贸 que “茅sta fue una de las manifestaciones m谩s claras del papel de vanguardia de la clase obrera sovi茅tica” [87].

Siguiendo las investigaciones de Barsov, Michael Ellman estableci贸 que la principal fuente de la tasa de acumulaci贸n excepcionalmente alta de aquella 茅poca era la explotaci贸n absoluta de los trabajadores: el producto extra obtenido por la expansi贸n cuantitativa de su fuerza de trabajo y la colosal reducci贸n de sus salarios reales [88]. Arvind Vyas, siguiendo tambi茅n los pasos de Barsov, calcul贸 que “los salarios reales urbanos cayeron dr谩sticamente durante el primer plan quinquenal, y si se considera incluso un per铆odo m谩s largo, incluyendo el segundo plan quinquenal, cayeron un 43% entre 1929 y 1937” [89]. Esto fue confirmado por R.W. Davies: “entre 1928 y 1940, la renta real por asalariado fuera de la agricultura puede haber ca铆do hasta un 50%” [90].

Construir la burocracia estalinista y consolidar el modo de explotaci贸n

Aprovechando la revoluci贸n de los archivos en la Rusia postsovi茅tica, Jeffrey Rossman ha reconstruido la historia de la gran oleada de huelgas, protestas y otras formas de resistencia de masas con las que los trabajadores del sector textil -y principalmente las trabajadoras- de la regi贸n industrial de Ivanovo reaccionaron en la primavera de 1932 a las desastrosas consecuencias sociales de una industrializaci贸n incre铆blemente forzada. En 1917, la concentraci贸n de la clase obrera all铆 era la m谩s alta de toda Rusia y era un importante basti贸n del bolchevismo. “Incluso entre los obreros metal煤rgicos cualificados de la Vyborg Roja de Petrogrado, los bolcheviques no disfrutaban de una hegemon铆a tan inquebrantable” [91]. En la regi贸n, el poder hab铆a pasado a manos de los consejos de delegados obreros mucho antes que en Petrogrado.

Sin embargo, en abril de 1932, la regi贸n “se convirti贸 en el epicentro a escala de la Uni贸n Sovi茅tica de la resistencia obrera a la revoluci贸n estalinista desde arriba“. En las f谩bricas de Ivanovo trabajaban “obreros con su propia experiencia y su propia interpretaci贸n de la Revoluci贸n de Octubre que reivindicaban. De este sentimiento surgi贸 la convicci贸n de que era su deber juzgar a quienes pilotaban la revoluci贸n en su nombre. La valoraci贸n fue dura. Esperaban al menos que el partido les ofreciera un mejor nivel de vida, menos cargas dentro y fuera del lugar de trabajo, y cierto nivel de democracia en la f谩brica. La escasez cr贸nica de pan, el aumento de los atrasos salariales, el incremento brutal del trabajo, la (des)organizaci贸n taylorista de la producci贸n, la persecuci贸n de los que plantean reivindicaciones leg铆timas… no era lo que esperaban. Tampoco les entusiasmaba la idea de construir nuevas f谩bricas -incluso aquellas en las que ellos mismos podr铆an trabajar alg煤n d铆a, o en las que podr铆an trabajar sus hijos- si se iban a construir a un coste tan elevado” [92].

En ninguna otra regi贸n industrial el nivel de afiliaci贸n de los trabajadores al partido era tan bajo como aqu铆, y al mismo tiempo, probablemente, en ning煤n otro lugar los trabajadores opusieron tan masiva y vigorosamente la exigencia del poder de los consejos frente a la dictadura del partido y de la polic铆a. Durante la mayor y m谩s violenta huelga de la regi贸n, que se convirti贸 en una insurrecci贸n en la ciudad de Vichuga, 17.500 trabajadores lo demostraron inequ铆vocamente, saqueando la sede del Partido Comunista, la milicia y el Guepeu (polic铆a pol铆tica), pero sin tocar la sede del soviet, porque a sus ojos bien pod铆a servir de sede del nuevo poder, esta vez elegido democr谩ticamente [93]. Adem谩s de la dr谩stica reducci贸n de las raciones de alimentos, la revoluci贸n desde arriba signific贸 para ellos un fuerte aumento de la explotaci贸n absoluta de su fuerza de trabajo y su dr谩stico empobrecimiento.

Rossman ha documentado que en esa 茅poca el t茅rmino explotaci贸n era habitual en la expresi贸n de los trabajadores. Sin embargo, los aparatos ideol贸gicos del Estado sovi茅tico difundieron e inculcaron a la fuerza la afirmaci贸n, atribuida a Marx y Engels, de que la explotaci贸n quedaba inevitablemente abolida con la supresi贸n de la propiedad privada de los medios de producci贸n. La revoluci贸n desde arriba estaba destruyendo precisamente lo que quedaba de esta propiedad. En la regi贸n, sin embargo, este “marxismo transg茅nico” [94] fue rechazado por los trabajadores. Hay muchas razones para creer que los dirigentes obreros locales, que por regla general ya hab铆an actuado en 1917, y que ahora denunciaban el aumento de la explotaci贸n absoluta, comprend铆an muy bien lo que esto significaba: esta explotaci贸n agotaba el trabajo y, por lo tanto, era fundamentalmente diferente de la explotaci贸n relativa, que se basa en el aumento de la productividad del trabajo mediante la mejora de su equipamiento t茅cnico.

Rossman concluye que la historia de la lucha llevada a cabo por los trabajadores de la Regi贸n Industrial de Ivanovo en abril de 1932 fue tan importante que tuvo que ser erradicada de la memoria humana de forma tan exhaustiva por el Estado porque “atestigua el hecho de que los trabajadores percibieron la revoluci贸n estalinista desde arriba como una traici贸n a la Revoluci贸n de Octubre” y que “aunque el partido pretend铆a gestionar todos los recursos humanos y materiales de la sociedad, no logr贸 monopolizar el lenguaje de la clase, y mucho menos los procesos de construcci贸n de la identidad. Este fiasco debe a帽adirse a la lista de causas del colapso del comunismo”, al igual que debe “a帽adirse a la paradoja de que la legitimidad del comunismo se debi贸 a una ideolog铆a que, apropiada (de nuevo) por los propios trabajadores, derroc贸 las intenciones y la autoridad del partido que gobernaba en su nombre” [95].

Fue entonces, durante la revoluci贸n desde arriba estalinista y el primer quinquenio, cuando se establecieron firmemente las relaciones de explotaci贸n entre la burocracia estatal gobernante y la clase obrera, y se consolidaron a煤n m谩s durante los dos quinquenios siguientes. Relaciones de explotaci贸n que se convirtieron simult谩neamente en las relaciones de producci贸n dominantes. Al mismo tiempo, el r茅gimen estalinista introdujo tambi茅n otros dos modos de explotaci贸n relacionados: el modo de explotaci贸n del trabajo del campesinado de los koljoses y el modo de explotaci贸n del trabajo forzado en el sistema de los campos subordinado desde 1934 a la Administraci贸n General de Campos de Trabajo Correctivo (GOuLag). Los dram谩ticos acontecimientos de la regi贸n industrial de Ivanovo mostraron a la burocracia la enormidad de la amenaza que supon铆a la clase obrera para su poder.

“Incluso si los acontecimientos no llegaran tan lejos, la acci贸n industrial, las huelgas y las manifestaciones callejeras podr铆an neutralizar el deseo del r茅gimen de consolidar su poder mediante la industrializaci贸n forzosa. Por tanto, el r茅gimen ten铆a que derrotar a la clase obrera mientras enmascaraba su ataque con la ret贸rica de la construcci贸n del socialismo”, escribe Donald Filtzer. “En su pol铆tica intentaba sobre todo romper a la clase obrera, socavar su cohesi贸n y su solidaridad, cortarla de una vez por todas de sus tradiciones militantes y destruir su capacidad de acci贸n colectiva como fuerza hist贸rica autoconsciente” [96].

En el transcurso de su investigaci贸n, Filtzer identific贸 los medios por los que el r茅gimen estalinista logr贸 esto. 脡stos, “operaron simult谩neamente y se reforzaron mutuamente: la represi贸n f铆sica; el engrosamiento de las filas de la clase obrera con campesinos sin tradici贸n en la vida industrial y, por lo tanto, sin experiencia en la huelga y en la acci贸n colectiva en general; la eliminaci贸n de muchos trabajadores de edad avanzada de la producci贸n; el debilitamiento de la cohesi贸n del proletariado al ofrecer a una minor铆a considerable de 茅ste oportunidades de ascenso a las filas de la burocracia y la 茅lite”. La llamada emulaci贸n socialista y el trabajo de choque sirvieron para desintegrar la unidad de la clase obrera. “La pobreza y el endurecimiento de las condiciones de trabajo hicieron que la lucha por la supervivencia individual primara sobre las protestas colectivas, incluso de car谩cter puramente defensivo鈥. Por un lado, “la fuerte diferenciaci贸n en el seno de la clase obrera erosion贸 a煤n m谩s su cohesi贸n interna, separando a los obreros modelo -los estajanovistas, los privilegiados- de las bases. De este modo, el r茅gimen consigui贸 finalmente romper la clase obrera como fuerza colectiva. La otra cara de este proceso fue el reclutamiento efectivo desde la clase obrera de muchos miembros del r茅gimen que, una vez en el aparato, se comportaron no como trabajadores sino como quienes ejerc铆an el poder sobre los trabajadores. La paradoja es que “las divisiones de clase cada vez m谩s agudas se produjeron al mismo tiempo que la clase explotadora era m谩s proletaria en su origen” [97].

Sin embargo, todo esto no fue suficiente para sofocar a la clase obrera. Era necesario transformar radicalmente la propia burocracia. La dominaci贸n de la burocracia termidoriana se desarroll贸 sobre el terreno, excepcionalmente f茅rtil para ella, de las sucesivas derrotas de las revoluciones en todo el mundo, a las que ella misma hab铆a contribuido, en particular la derrota de la revoluci贸n china en 1927. En su libro sobre la evoluci贸n de la Internacional Comunista, publicado en 1930, Trotsky calific贸 a la Internacional Comunista de “gran organizadora de derrotas” [98]. Sin embargo, a escala internacional, nada consolid贸 mejor la dominaci贸n de la burocracia sovi茅tica que la victoria del nazismo en Alemania en 1933, a la que contribuy贸 especialmente. Efectivamente, con su campa帽a de asociar la corriente socialdem贸crata del movimiento obrero con el fascismo (“socialfascismo”), sabote贸 el frente 煤nico obrero en Alemania, sin el cual no era posible ninguna lucha eficaz contra el movimiento nazi. A su vez, oblig贸 a los comunistas alemanes a rivalizar con los nazis en el terreno nacionalista, una revalidad que conduc铆a al abismo. El reverso de la terrible derrota del movimiento obrero alem谩n -hasta entonces el m谩s poderoso del mundo- fue la solidificaci贸n del r茅gimen burocr谩tico en la Uni贸n Sovi茅tica, del mismo modo que, a su vez, el estallido de la revoluci贸n obrera en Espa帽a en julio de 1936, justo despu茅s de la masiva ola de ocupaciones de f谩bricas por parte de los trabajadores en Francia, dio lugar al estallido del Gran Terror en la URSS.

El mismo d铆a en que el Politbur贸 de Mosc煤 aprob贸 formalmente la decisi贸n de conceder ayuda militar a la Rep煤blica Espa帽ola, tambi茅n adopt贸 una resoluci贸n sobre la represi贸n del trotskismo, es decir, sobre el exterminio f铆sico de todos los estigmatizados en el Kremlin como trotskistas, aunque inmensa mayor铆a no lo fueran. Esta tarea fue confiada a Nikolai Yezhov, que hab铆a sido nombrado tres d铆as antes Comisario del Pueblo para el Interior. De hecho, la resoluci贸n tambi茅n afectaba a Espa帽a, ya que el Kremlin hab铆a quedado muy impresionado por el informe de un funcionario de la Comintern. En Europa Occidental, informaba, los trotskistas afirmaban haber previsto la rebeli贸n de los generales fascistas contra la rep煤blica y aseguraban que, frente al ej茅rcito de los fascistas, “Espa帽a no se salvar谩 con una rep煤blica burguesa, sino con una revoluci贸n proletaria” [99].

Lo importante para Stalin en Espa帽a no era la influencia pol铆tica de los trotskistas, que no eran m谩s que un pu帽ado, mientras que entre los obreros revolucionarios los socialistas y anarcosindicalistas eran, con mucho, la mayor铆a. Lo importante fue que tras el estallido de la revoluci贸n en Espa帽a, en el Kremlin “se ten铆a la impresi贸n de que Espa帽a era un terreno f茅rtil para la aplicaci贸n con 茅xito de las tesis y predicciones trotskistas. Esto no es algo que se pueda observar con tranquilidad en Mosc煤”, dice 脕ngel Vi帽as. Se帽ala que “ning煤n aspecto significativo de la pol铆tica comunista o sovi茅tica de la 茅poca”, incluida la intervenci贸n de la URSS en Espa帽a, “puede entenderse sin vincularlo a las acciones dirigidas contra el trotskismo” [100] y, de hecho, contra la amenaza real o potencial de la revoluci贸n, en la URSS y en otros lugares.

En mayo de 1937, la polic铆a republicana dirigida por los estalinistas atac贸 la central telef贸nica de Barcelona, controlada por los anarcosindicalistas. Esto provoc贸 una huelga general en la ciudad y combates armados entre las fuerzas gubernamentales y las milicias obreras. Estas acciones fueron llevadas a cabo por militantes anarquistas radicales opuestos al ministerialismo practicado por la direcci贸n de su propio movimiento [101]. El emisario de Stalin, Stoyan Minev, inform贸 inicialmente de que se trataba de un “golpe anarquista”, se帽alando adem谩s que las milicias del Partido Obrero de Unificaci贸n Marxista (POUM) se unieron al levantamiento, como fuerza secundaria o complementaria. Calific贸 al POUM de trotskista, mientras que el propio Trotsky no consideraba al POUM como un partido revolucionario y lo criticaba duramente.

Unos d铆as m谩s tarde, presumiblemente por orden de Mosc煤, Minev corrigi贸 sustancialmente su informe: ahora afirmaba que se trataba principalmente de un golpe trotskista, no anarquista. Escribi贸: “Los inspiradores, organizadores y dirigentes del golpe fueron los trotskistas (poumistas), la juventud anarquista libertaria (entre la que hay muchos trotskistas) y la fracci贸n extremista de la FAI (Federaci贸n Anarquista Ib茅rica), actuando con la ayuda de algunos grupos y dirigentes de la CNT” (Confederaci贸n Nacional del Trabajo). Esta vez Minev calific贸 al POUM de “destacamento organizado de la quinta columna de Franco”, mientras que elogi贸 a los dirigentes de la CNT, incluidos los ministros anarcosindicalistas, que “hicieron grandes esfuerzos para impedir la participaci贸n de las masas trabajadoras en el golpe” [102]. En Mosc煤, tras la recepci贸n de la nueva versi贸n del informe de Minev, incluso en los documentos secretos, era obligatorio describir estos acontecimientos como “un intento de golpe contrarrevolucionario, emprendido por trotskistas y elementos extremistas entre los anarquistas” [103].

El Kremlin necesit贸 la versi贸n revisada de Minev sobre los sucesos de Barcelona para acusar al mariscal Mijail Tukhachevsky y a gran parte de los cuadros del Ej茅rcito Rojo de participar en la URSS en una “conspiraci贸n militar-fascista antisovi茅tica”. Tukhachevsky fue detenido 10 d铆as despu茅s de que el segundo informe corregido de Minev sobre el “golpe de Estado en Catalu帽a” llegara al Kremlin. Stalin, tratando de relacionar este “golpe” con una “conspiraci贸n” dentro del ej茅rcito sovi茅tico, anunci贸: los conspiradores “quieren hacer de la URSS una segunda Espa帽a” [104]. Se supon铆a que el “golpe” y la “conspiraci贸n” estaban vinculados por el hecho de que una de las dos organizaciones pol铆ticas que formaban el POUM hab铆a pertenecido anteriormente, s贸lo durante un tiempo, a la Oposici贸n de Izquierda Internacional dirigida por Trotsky, y que los comandantes militares sovi茅ticos “conspiradores” hab铆an pertenecido a la direcci贸n del Ej茅rcito Rojo en la 茅poca en que Trotsky estaba a la cabeza.

El naciente r茅gimen estalinista se enfrentaba entonces a dos tareas interrelacionadas. La primera, fue aplastar la revoluci贸n en Espa帽a, aun a costa de condenar a la rep煤blica a la derrota y allanar el camino para la victoria de las tropas fascistas. La derrota de la sublevaci贸n en Catalu帽a y la prohibici贸n del POUM permitieron a las tropas republicanas en Arag贸n, comandadas por el estalinista Enrique Lister, emplear abiertamente el terror contrarrevolucionario para derrocar el poder revolucionario, ejercido de facto en esa regi贸n por los anarcosindicalistas, y liquidar las granjas colectivas creadas por su iniciativa [105]. Esto se logr贸 “por la fuerza militar de los comunistas, socialistas de derecha y otros elementos antirrevolucionarios”. La ca铆da del Consejo de Arag贸n 鈥渇ue un gran paso en el camino de la derrota de la revoluci贸n espa帽ola” [106]. La represi贸n de la polic铆a secreta republicana, dirigida por oficiales sovi茅ticos, hizo el resto. Las autoridades sovi茅ticas pronto comenzaron a retirarse de su participaci贸n en Espa帽a. Preventivamente, el personal retirado de Espa帽a fue reprimido a su regreso a casa bajo la sospecha de estar infectado por la revoluci贸n. S贸lo los emisarios de Stalin, como menciona Minev, no fueron reprimidos porque Stalin estaba seguro de que no estaban amenazados por la “plaga” revolucionaria.

La segunda, fue desencadenar el Gran Terror. Se trataba de aplastar, mediante asesinatos en masa y otras represiones, a todas las fuerzas sociales reales o potenciales, incluida en particular la clase obrera, que hab铆a crecido con la industrializaci贸n, y todas las tendencias colectivas e incluso individuales a la disidencia. Pero este terror tambi茅n ten铆a una finalidad muy particular: asesinar, enviar a campos de trabajo forzado y, en general, desarticular de diversas maneras la propia burocracia termidoriana. El primer paso en esta direcci贸n fue la liquidaci贸n de los cuadros del ej茅rcito. Ciertamente, por su car谩cter termidoriano, la burocracia sovi茅tica ten铆a ra铆ces revolucionarias, pero 茅stas, despu茅s de todo, se hab铆an agotado hac铆a tiempo. Sin embargo, a los ojos de Stalin y de la direcci贸n estalinista, exist铆a el peligro de que la vida volviera a brotar de esas ra铆ces, a partir de las chispas de la revoluci贸n espa帽ola o bajo la influencia de otros factores, en diversos puntos y niveles del aparato burocr谩tico. Esta burocracia no garantizaba el mantenimiento a largo plazo de los m茅todos de explotaci贸n introducidos durante la “revoluci贸n desde arriba”, o que algunos de sus segmentos no se apartaran de la dictadura estalinista o, incluso, que no se pronunciaran en contra de ella. Unos a帽os antes, Rakovsky hab铆a descrito la Uni贸n Sovi茅tica como un “Estado burocr谩tico con supervivencias proletarias comunistas”. Ahora hab铆a que erradicar sin miramientos estas supervivencias.

Trotsky escribi贸 sobre Stalin que en la primera mitad de la d茅cada de 1920, “antes de que 茅l mismo hubiera visto su camino, la burocracia lo hab铆a elegido” [107] como su l铆der. Ahora fue 茅l quien cre贸 su propia burocracia. Para consolidar y salvaguardar el sistema formado en la revoluci贸n desde arriba, era necesario sustituir en gran medida la burocracia termidoriana por una nueva burocracia, ya puramente estalinista, en la que predominar铆an nuevos elementos. Su principal ventaja: no cargar铆an con el defecto fatal de la burocracia existente: no tendr铆an ra铆ces revolucionarias y no portar铆an las “supervivencias proletarias comunistas”. Por el contrario, estar铆an arraigados en la revoluci贸n desde arriba contrarrevolucionaria, en los aparatos que colectivizaron el campo, industrializaron la econom铆a y al mismo tiempo aseguraron a estos nuevos elementos una promoci贸n social. Fue precisamente “gracias a ellos que comenz贸 a reinar el ambiente de juventud y progreso, el triunfo de la joven generaci贸n estalinista, que se produjo en el mismo momento en que se dispersaban las fuerzas de la oscuridad representadas por los viejos bolcheviques” [108].

Hoy existen serias evidencias de que el Gran Terror se hab铆a preparado durante varios a帽os. Balazs Szalontai ha establecido que Stalin experiment贸 por adelantado en Mongolia, la primera “rep煤blica popular”, ya en 1933-1934, al menos las t谩cticas y t茅cnicas, si no toda la estrategia, del Gran Terror contra la capa burocr谩tica existente. Fue precisamente contra la 茅lite del poder mongol que los agentes de la polic铆a secreta sovi茅tica aplicaron por primera vez “los m茅todos caracter铆sticos del Gran Terror sovi茅tico (purga y ejecuci贸n de altos funcionarios del partido, juicios escenificados, uso sistem谩tico de la tortura para extraer falsas confesiones y acusaciones de espionaje)”. “Es totalmente improbable que hayan inventado m茅todos tan sofisticados s贸lo para el uso de los mongoles y que no tuvieran la intenci贸n de utilizarlos en su pa铆s” [109].

La construcci贸n desde arriba de una nueva burocracia, esta vez puramente estalinista, coron贸 la contrarrevoluci贸n. La relaci贸n de explotaci贸n entre la burocracia gobernante y la clase obrera ya s贸lo pod铆a consolidarse como una relaci贸n de producci贸n. Filtzer escribe: “Los contornos de la incipiente estructura de clases quedaron a menudo desdibujados durante este periodo por la enorme fluidez y movilidad social. Muchos miembros del antiguo aparato burocr谩tico perdieron sus puestos e incluso sus vidas, mientras que al mismo tiempo decenas y eventualmente cientos de miles de antiguos trabajadores -algunos de los cuales eran a su vez recientes reclutas del diezmado campesinado- entraron en la 茅lite como funcionarios del partido y bur贸cratas estatales o como administradores de f谩bricas. Es importante darse cuenta de que bajo la apariencia de caos y fluidez social, el colapso de las estructuras tradicionales y la formaci贸n de nuevas subestructuras dentro de la clase obrera, se form贸 una relaci贸n de clase particular entre la nueva fuerza de trabajo, que cre贸 el producto social excedente, y la nueva 茅lite, que lo expropi贸. Independientemente de cu谩ntos miembros de la burocracia murieron en la campa帽a contra los “par谩sitos econ贸micos” en los primeros a帽os de la industrializaci贸n o durante las Purgas y el Terror de 1936-1938, e independientemente de cu谩ntos trabajadores pasaron a formar parte de la 茅lite, esta relaci贸n de clase evolucion贸 en el transcurso de la d茅cada de 1930 hasta que finalmente se solidific贸 en una forma reproducible, aunque hist贸ricamente inestable” [110].

Con el establecimiento del dominio de la nueva burocracia estalinista, la nueva clase obrera, fundida en el crisol de las relaciones de explotaci贸n, tambi茅n dej贸 de ser una fuerza social colectiva, es decir, capaz de autoactividad y autoorganizaci贸n de masas, durante casi 60 a帽os. La burocracia gobernante de la URSS logr贸 hacer algo que las potencias de todo el mundo rara vez consiguen. Despoj贸 a los trabajadores de su poder innato y potencial, pero tambi茅n muy real, que a partir de la segunda mitad de la d茅cada de 1830, primero en Inglaterra y luego con la expansi贸n del capitalismo a escala internacional, ejerci贸 una influencia cada vez mayor en el curso de la historia. Al mismo tiempo que el r茅gimen estalinista lograba frenar a la clase obrera, que se convert铆a en una fuerza grande y numerosa en el vasto territorio del Estado sovi茅tico, en Alemania el r茅gimen nazi aplastaba con su terror al movimiento obrero.

Por otra parte, el movimiento sindical estadounidense estaba experimentando la mayor expansi贸n de su historia desde 1934, y estaba naciendo el movimiento sindical industrial moderno. Gracias a las grandes huelgas, este movimiento lleg贸 a derribar los muros de los bastiones m谩s poderosos del capital, se instal贸 en ellos e impuso los convenios colectivos de trabajo [111]. Entonces, aprovechando la situaci贸n de pleno empleo en condiciones de econom铆a de guerra y animados por la persistente y exitosa lucha huelgu铆stica del sindicato de mineros, los trabajadores rompieron en masa la promesa sindical de no hacer huelga durante la guerra. Los beneficios se dispararon, los precios subieron y los salarios deb铆an estar congelados, pero la fiebre de la huelga los descongel贸 de hecho [112]. En los talleres de muchas grandes f谩bricas, el control de los trabajadores sobre los procesos de trabajo se desarroll贸 hasta crear situaciones de doble poder [113]. Incluso en los primeros a帽os de la posguerra, C. Wright Mills -muy impresionado por el impulso del control obrero en las empresas y el poder social del movimiento sindical- parec铆a pensar que sus l铆deres tendr铆an pronto la oportunidad de hacerse con el control del Estado. As铆 lo expres贸 en su primera obra sociol贸gica [114].

En la Uni贸n Sovi茅tica, en los a帽os de posguerra, la clase obrera estaba bajo la tutela del r茅gimen estalinista y de sus leyes laborales draconianas, m谩s que nunca antes o despu茅s: “una de las diferencias m谩s importantes entre el proceso de acumulaci贸n de los a帽os 30 y la posguerra fue la erosi贸n de la distinci贸n entre trabajo forzado y trabajo libre” [115].

En el seno del movimiento obrero internacional, por tanto, se produjo una divergencia, de gran alcance en sus efectos hist贸ricos, entre sus tres grandes y cruciales centros. Cuando el movimiento obrero arras贸 en Norteam茅rica, fue erradicado en Alemania y Rusia. El destino de ninguna lucha social en la historia ha dependido tanto de su interacci贸n y convergencia internacional como el destino de las luchas obreras.

La asimilaci贸n estructural estalinista de las periferias de Europa del Este

Antes de que los partidos comunistas asumieran el poder estatal en Europa del Este, que, debido al reparto del mundo entre las potencias vencedoras, se encontraba en la “esfera de inter茅s” sovi茅tica, sufrieron la primera de una serie de mutaciones pol铆ticas sucesivas, consistentes en la ruptura de su propia continuidad pol铆tica. Esto era necesario para la transformaci贸n de estos partidos obreros en partidos de la burocracia gobernante. En el caso extremo de Polonia, la ruptura se produjo muy pronto y de forma radical, incluso antes de la guerra. A finales de los a帽os 30, la direcci贸n de la Internacional Comunista disolvi贸, por orden de Stalin, el Partido Comunista Polaco (KPP), y sus numerosos cuadros exiliados en la URSS fueron exterminados casi en su totalidad. El nuevo Partido Obrero Polaco (PPR), creado a principios de 1942, supuso una profunda discontinuidad con el antiguo KPP. No fue el caso de los partidos comunistas de los dem谩s pa铆ses pertenecientes a la “esfera de intereses” sovi茅tica [116]. Los procesos de ruptura de la continuidad all铆 fueron escalonados, graduales y, aunque no es dif铆cil de demostrar anal铆ticamente, enmascarados con gran 茅xito.

En el periodo de entreguerras, la desigual e incompleta estalinizaci贸n del movimiento comunista fuera de la URSS, combinada con su creciente subordinaci贸n al aparato estatal sovi茅tico, a煤n no hab铆a erradicado completamente su internacionalismo. Justo antes del estallido de la guerra germano-sovi茅tica, Stalin orden贸 un nuevo rumbo para el movimiento. Georgi Dmitrov, Secretario General de la Comintern, anot贸 en su diario el siguiente mensaje de su jefe sovi茅tico, transmitido a 茅l y a sus colaboradores por Andrei Zhdanov: “Ser谩 necesario desarrollar la idea de una combinaci贸n de un nacionalismo sano y bien entendido con el internacionalismo proletario. En los distintos pa铆ses, el internacionalismo proletario debe arraigar en ese nacionalismo. (El camarada Stalin explic贸 que no puede haber contradicci贸n entre el nacionalismo, correctamente entendido, y el internacionalismo proletario. Un cosmopolitismo desarraigado que niega el sentimiento nacional y el concepto de patria no tiene nada en com煤n con el internacionalismo proletario. Ese cosmopolitismo abre el camino al reclutamiento de esp铆as, de agentes enemigos)” [117].

De ese modo, durante la guerra, todos los partidos comunistas que operaban en la futura “esfera de intereses” sovi茅tica se vieron obligados a sufrir una mutaci贸n que consist铆a en “arraigar el internacionalismo” -que ahora significaba la subordinaci贸n absoluta a los intereses estatales de la URSS- de forma permanente en un “nacionalismo sano y bien entendido”. El estalinismo, al inculcar a estos partidos un nacionalismo contrario a su naturaleza, los someti贸 a una “modificaci贸n gen茅tica”. Despu茅s de la guerra, el derrocamiento del capitalismo en los pa铆ses de Europa Central y Oriental se debi贸 a la necesidad de un ajuste estructural y de la asimilaci贸n de los sistemas pol铆ticos y socioecon贸micos de estos pa铆ses al sistema sovi茅tico. As铆, el derrocamiento del capitalismo no se produjo mediante revoluciones: Mosc煤 las hab铆a descartado inexorablemente.

Los partidos comunistas no llegaron al poder por movimientos de masas. Estos partidos no pretend铆an hacerlo ni siquiera all铆 donde el sentimiento popular anticapitalista era generalizado. Si los comit茅s de empresa establec铆an el control obrero en las empresas y aspiraban a gestionarlas, los comunistas estalinistas acababan r谩pidamente con ellos. En cambio, intentaron penetrar en el aparato estatal, empezando por el aparato de seguridad (polic铆a pol铆tica secreta). Tomaron el poder al amparo o a la sombra del ej茅rcito sovi茅tico, los servicios especiales y otros aparatos del Estado. En algunos pa铆ses esto ocurri贸 r谩pidamente, en otros tard贸 varios a帽os, dependiendo de muchos factores: las relaciones de poder internas y las posibles combinaciones pol铆ticas, las consideraciones internacionales en la pol铆tica sovi茅tica, la importancia estrat茅gica primaria, secundaria o terciaria de un determinado pa铆s para el Kremlin, etc. Las nuevas autoridades decretaron la expropiaci贸n del capital y de las clases poseedoras en general mediante la nacionalizaci贸n generalizada de la econom铆a y la reforma agraria [118]. Los partidos comunistas “modificados gen茅ticamente” legitimaron su monopolio de poder gradualmente establecido a trav茅s del nacionalismo. El nacionalismo se materializ贸 en la limpieza 茅tnica, en la opresi贸n de las minor铆as nacionales y en su asimilaci贸n forzosa, as铆 como en la reproducci贸n de los modelos pol铆ticos, ideol贸gicos y culturales del Estado uninacional desarrollados en el periodo de entreguerras por los reg铆menes y movimientos de la derecha radical. Antes de la “modificaci贸n gen茅tica”, estos partidos no ten铆an sus propios modelos nacionalistas, as铆 que los tomaron prestados de los que s铆 los ten铆an [119].

El car谩cter sat茅lite de estos partidos se deb铆a tambi茅n a que eran minoritarios no s贸lo en las sociedades sino incluso en el movimiento obrero de sus pa铆ses. Sin embargo, una vez que se integraron en el aparato estatal, y especialmente cuando tomaron el poder, fueron capaces de aumentar su n煤mero de miembros de forma fenomenal y convertirse instant谩neamente en partidos de masas. En los centros de trabajo, “los empleados fueron obligados a unirse al partido con la amplia participaci贸n de los departamentos de personal y otras presiones administrativas” [120]. Seg煤n la historiograf铆a del periodo de la Polonia Popular, hasta julio de 1944, es decir, todav铆a bajo la ocupaci贸n alemana, el n煤mero de miembros del PPR ascend铆a a 20.000. En enero de 1945, las filas del partido s贸lo contaban oficialmente con 30.000 miembros, pero en febrero el PPR ya contaba con 176.000, y en abril con 302.000. Este crecimiento, ya sea real o s贸lo sobre el papel, provoc贸 en la direcci贸n del partido o bien ansiedad o bien un reflejo de sentido com煤n, de modo que, tras un “control”, el n煤mero de afiliados se redujo a 189.000 en julio. A mediados de 1948, seg煤n los datos del partido, las filas del PPR hab铆an vuelto a crecer en comparaci贸n con julio de 1944, hasta 50 veces; sin embargo, la gran mayor铆a de los miembros formales no pagaban cuotas [121].

Las investigaciones de J臋drzej Chumi艅ski demuestran que los trabajadores afiliados al PPR -en contraste con los trabajadores del Partido Socialista- constitu铆an el sector menos educado e inexperto de los empleados en las f谩bricas [122]. Su pertenencia al PPR “fue el resultado de una importante intensificaci贸n de las actitudes conformistas-oportunistas y de un alto nivel de autoritarismo”, y por tanto tambi茅n el resultado de una tendencia a someterse a “un Estado no democr谩tico en el que todas las esferas de la vida social estaban subordinadas a la burocracia centralizada del partido”. La falta de cultura pol铆tica entre la masa de miembros del partido era una de las principales razones de la “influencia relativamente d茅bil del Partido Comunista en los c铆rculos de la clase obrera” [123]. Esto fue visible durante las grandes huelgas de las trabajadoras textiles en 艁贸d藕 en 1947 y en 呕yrard贸w en 1951. En ambos casos, “si una trabajadora con experiencia [antes de la guerra] en m茅todos de resistencia y conocimiento de la tradici贸n huelgu铆stica apagaba su m谩quina, el resto la segu铆a” [124], independientemente de su afiliaci贸n partidista.

En las dem谩s sociedades del bloque emergente se formaron partidos de masas estalinistas de forma igualmente milagrosa. En proporci贸n a la poblaci贸n del pa铆s, se dice que el Partido Comunista Checoslovaco se convirti贸 en el mayor partido comunista del mundo en los a帽os de la posguerra. Legal, masivo y parlamentario antes de la guerra, ahora deb铆a su enorme apoyo popular principalmente a dos factores. Por un lado, la radicalizaci贸n anticapitalista del proletariado en las grandes industrias (que no se vio alterada por el hecho de que el PCT paralizara en茅rgicamente el movimiento de autogesti贸n de los comit茅s de empresa). Por otro lado, fue el papel desempe帽ado por este partido despu茅s de la guerra en la campa帽a chovinista de limpieza 茅tnica generalizada, contra las minor铆as alemana y h煤ngara. Ambas minor铆as fueron expulsadas con la participaci贸n dominante de los comunistas [125].

Como en otros pa铆ses de Europa del Este, en Checoslovaquia la limpieza 茅tnica fue, adem谩s de una asimilaci贸n estructural, una de las bases para la construcci贸n de un Estado sat茅lite, en este caso no uni, sino binacional. Los comunistas checoslovacos ya estaban firmemente establecidos en los principales aparatos del Estado, especialmente en el aparato de seguridad p煤blica, cuando la coalici贸n gubernamental nacionalista a la que pertenec铆an se derrumb贸 en febrero de 1948. En estas circunstancias, dieron un golpe de Estado apoyado por una huelga general muy simb贸lica -que s贸lo dur贸 una hora- y se hicieron con todo el poder. Ellos mismos nunca lo llamaron revoluci贸n. Jon Bloomfield, utilizando el concepto desarrollado por Antonio Gramsci -o al menos el t茅rmino acu帽ado por 茅l- calific贸 el golpe de Estado en Checoslovaquia de “revoluci贸n pasiva”, se帽alando que su impulso “vino de arriba y del extranjero, con enormes implicaciones” [126]. Si fue una “revoluci贸n pasiva”, queda inmediatamente claro cu谩l fue la principal diferencia entre ella y una revoluci贸n activa como la yugoslava: el hecho de que, a diferencia de 茅sta, era estructuralmente asimilable por el r茅gimen estalinista.

En la Europa ocupada por los alemanes, los comunistas yugoslavos fueron los 煤nicos que no adoptaron la l铆nea de “resistencia antifascista” impuesta por Mosc煤, sino que libraron una guerra revolucionaria. El poderoso Ej茅rcito Popular de Liberaci贸n que formaron liber贸 el pa铆s, fundamentalmente, con sus propios medios. Rechazaron el reparto de influencias acordado por Winston Churchill y Stalin en Yugoslavia: era un reparto “fifty-fifty” [127]. Despu茅s de la ruptura con Stalin en 1948, Josip Broz Tito declar贸 que desde el Pacto Molotov-Ribbentrop, y especialmente desde la conferencia de los “Tres Grandes” en Teher谩n, la Uni贸n Sovi茅tica hab铆a estado participando en “un acuerdo sobre la divisi贸n de esferas de inter茅s, un acuerdo imperialista” y “siguiendo conscientemente el viejo camino zarista del expansionismo imperialista” [128].

Los comunistas yugoslavos entend铆an bien por qu茅 el Kremlin estaba librando una guerra ideol贸gica incre铆blemente agresiva contra ellos, dise帽ada para aplastar su revoluci贸n. “Es bien sabido que la Segunda Guerra Mundial cre贸 unas condiciones extremadamente favorables para que cualquier partido comunista organizara una lucha revolucionaria”, escribi贸 Svetozar Vukmanovi膰-Tempo, uno de los principales dirigentes comunistas yugoslavos, al explicar por qu茅 Stalin condujo a la derrota de la revoluci贸n en Grecia. Estas condiciones, se帽al贸, se perdieron porque “para llevar a cabo su pol铆tica hegem贸nica, la direcci贸n sovi茅tica era decididamente hostil a los movimientos y luchas revolucionarias en cualquier pa铆s sobre el que no tuviera asegurado el control (ya sea por la distancia geogr谩fica, o por la falta de fiabilidad de la direcci贸n local, o por cualquier otra raz贸n) o que fuera a ser objeto de negociaci贸n con los imperialistas (llevada a cabo sobre la base de la divisi贸n de esferas de inter茅s). Por eso, cuando terminaron las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, orden贸 a los comunistas franceses e italianos que desarmaran al pueblo, que disolvieran todos los comit茅s populares que se hab铆an formado durante la guerra como 贸rganos potenciales e incluso parcialmente reales de un r茅gimen revolucionario, que participaran en coaliciones burguesas (lo que en realidad significaba liquidar todas las conquistas de la lucha revolucionaria y renunciar a la continuaci贸n de la lucha), etc.” Vukmanovi膰-Tempo explic贸 que los dirigentes del Kremlin “estaban interesados en el desarrollo del movimiento s贸lo en aquellos pa铆ses que estaban dentro de la esfera de intereses de la URSS y sobre los que estaban seguros de poder extender control del gobierno sovi茅tico”. En cuanto a los movimientos revolucionarios en otros pa铆ses, en la pr谩ctica el gobierno sovi茅tico trat贸 de impedir su victoria” [129].

Al respecto ,Vsevolod Holubnytchy, entonces activista de la izquierda radical en la di谩spora ucraniana, escribi贸 en 1953: “Stalin tiene miedo a una revoluci贸n” que pueda estallar en alg煤n lugar de Europa o del mundo, “porque una revoluci贸n real, no controlada por el ej茅rcito ruso y el MGB [Ministerio de Seguridad del Estado], tiene 99 de 100 posibilidades de tomar un camino diferente al de Stalin, y el Estado revolucionario que surja de ella ser谩 independiente de la URSS”. En otras palabras, Stalin ten铆a miedo del titismo, sobre todo tal y como era en 1948″ [130]. As铆 que tem铆a exactamente lo mismo que durante la Guerra Civil espa帽ola y lo que entonces llamaba trotskismo.

Los pa铆ses de Europa del Este que formaban parte del bloque sovi茅tico eran llamados por el Kremlin democracias populares. Este t茅rmino enga帽oso, que no se basa en ning煤n concepto [131], se invent贸 en el terreno te贸ricamente flojo del “marxismo transg茅nico” sovi茅tico, s贸lo para indicar que los Estados perif茅ricos del bloque oriental se encontraban en un nivel de desarrollo sist茅mico no especificado, pero inferior al de su centro sovi茅tico. Este 煤ltimo se presentaba como socialista y justificaba as铆 su superioridad y supremac铆a.

La condici贸n previa para la asimilaci贸n estructural de las democracias populares era la formaci贸n de la capa burocr谩tica dirigente de tipo estalinista y la instalaci贸n del modo de explotaci贸n de la clase obrera inherente a su dominaci贸n. En la URSS, el proceso de formaci贸n de la burocracia estalinista dur贸 m谩s de diez a帽os y tuvo un curso catastr贸fico: s贸lo cristaliz贸 despu茅s del Gran Terror. En este caso, el proceso iba a desarrollarse mucho m谩s r谩pidamente, en un periodo de pocos a帽os, y de forma diferente, sobre todo con mucha menos agitaci贸n. El punto de partida era, en el mejor de los casos, la burocracia, que todav铆a estaba poco separada del movimiento obrero (“unificado” en los primeros a帽os de la posguerra), as铆 como los intereses creados de la intelectualidad y la peque帽a burgues铆a.

La r谩pida construcci贸n de una nueva capa dirigente burocr谩tica sobre esta base s贸lo fue posible trasplantando a las democracias populares los modelos estalinistas de aparatos, pr谩cticas y doctrinas de dominaci贸n desarrollados en la URSS. Se instalaron y aplicaron bajo la supervisi贸n de la burocracia sovi茅tica, incluso, in situ, bajo la supervisi贸n de las ramas perif茅ricas de sus aparatos; significativamente, no tanto de los aparatos estatales ideol贸gicos, sino principalmente de los represivos [132]. Esto ocurri贸 necesariamente en el curso de dram谩ticas -pero no catastr贸ficas- crisis pol铆ticas y luchas de facciones, amplias intervenciones y represiones por parte de los 贸rganos de seguridad p煤blica y los servicios secretos militares -que, aunque estaban por encima de la direcci贸n del partido, estaban al mismo tiempo bajo un fuerte control sovi茅tico y cuyo papel en este proceso fue enorme- e incluso tribunales pol铆ticos dignos de los de la Santa Sede [133], juicios espect谩culo y ejecuciones.

No s贸lo se intent贸 someter a los trabajadores a una tutela seg煤n el modelo estalinista, priv谩ndoles del derecho a la autoorganizaci贸n, a la huelga y a cualquier forma de autoactividad, y rompiendo la resistencia a la explotaci贸n mediante una legislaci贸n laboral represiva y una fuerte presi贸n de la “masa laboral” en forma de diversas categor铆as de trabajo no libre [134]. Aprovechando el hecho de que la industrializaci贸n proporcionaba en gran medida elementos de mano de obra frescos, desprovistos de ra铆ces de clase, se utiliz贸 tambi茅n la experiencia sovi茅tica particularmente eficaz de su reclutamiento masivo en las filas de la burocracia. Al igual que en la URSS, esto fue crucial para la introducci贸n de un modo de explotaci贸n de los trabajadores al estilo estalinista.

En ning煤n lugar fue posible obtener copias fieles de la burocracia sovi茅tica original y de su modo de funcionamiento, conformado bajo diferentes condiciones hist贸ricas. La muerte de Stalin, el caso Beria y la desestalinizaci贸n jruschoviana sumieron a la burocracia de todo el bloque en una profunda crisis pol铆tica. Esta crisis desencaden贸 tendencias rebeldes en algunos segmentos de la burocracia perif茅rica. Uno de ellos adopt贸 una forma t铆midamente revisionista, que en contacto con los movimientos sociales gener贸 la demanda de un socialismo con rostro humano. La otra, parad贸jicamente en el terreno creado por el estalinismo, adopt贸 una forma radicalmente nacionalista: este fue el caso de Ruman铆a (y tambi茅n, en la periferia de Extremo Oriente), de Corea del Norte.

Pero la muerte de Stalin y la rehabilitaci贸n de sus 煤ltimas v铆ctimas -los m茅dicos del Kremlin- bastaron para que las protestas obreras sacudieran las relaciones de explotaci贸n. El 1 de junio de 1953 estallaron disturbios obreros en la gran ciudad industrial de Pilsen, en Checoslovaquia. Tambi茅n estallaron huelgas en otros centros industriales del pa铆s, en al menos 129 empresas, con la participaci贸n de al menos 32.000 trabajadores [135]. El 16 de junio, una protesta de los trabajadores de la construcci贸n de Berl铆n en la Stalinallee desencaden贸 un movimiento de huelga en m谩s de mil empresas (participaron medio mill贸n de trabajadores) y manifestaciones y concentraciones en m谩s de 700 ciudades y pueblos de Alemania Oriental. Por primera vez en la periferia del bloque se utiliz贸 el ej茅rcito, en este caso, las fuerzas de ocupaci贸n sovi茅ticas, contra los trabajadores [136].

Tres a帽os m谩s tarde, el levantamiento obrero de Pozna艅, tambi茅n pacificado por el ej茅rcito, esta vez nacional, y los sucesos del octubre polaco sacudieron tanto a la periferia de Europa del Este que la revoluci贸n h煤ngara tuvo que ser reprimida por el ej茅rcito sovi茅tico para evitar el colapso del bloque. “Parece que, en un furioso giro de la historia, las semillas est谩n eclosionando en forma de consejos de estudiantes, trabajadores y soldados, como soviets antisovi茅ticos[137] escribi贸 E.P. Thompson en octubre de 1956, entonces todav铆a miembro del Partido Comunista, impresionado por lo que ocurr铆a en Budapest. Hoy sabemos que el papel de los destacamentos insurreccionales obreros, los consejos obreros, su coordinaci贸n a nivel de distritos y regiones y las huelgas de masas fue enorme en esta revoluci贸n [138].

En la Uni贸n Sovi茅tica, “las huelgas, e incluso las formas m谩s suaves de acci贸n obrera, eran extremadamente peligrosas: se reprim铆an violentamente y los organizadores corr铆an un gran riesgo de acabar en un campo de trabajo o incluso de ser ejecutados, no s贸lo bajo Stalin, sino tambi茅n bajo [Nikita] Jruschov y [Leonid] Br茅zhnev” [139]. Desde que la burocracia estalinista consolid贸 su dominio hasta mediados de 1989, la mayor huelga de masas, combinada con manifestaciones callejeras, estall贸 en junio de 1962 en la f谩brica de locomotoras de Novotcherkassk e incendi贸 esa ciudad obrera. Los trabajadores que se manifestaban en las calles llevaban pancartas rojas y retratos de Lenin. La manifestaci贸n fue reprimida por tropas de los Ministerios de Interior, Seguridad del Estado y Defensa. Todo se llev贸 a cabo bajo la supervisi贸n de dos miembros del Politbur贸 enviados al lugar. Siete participantes fueron condenados a muerte y ejecutados [140]. Esto ocurri贸 durante el reinado de Jruschov, el m谩s liberal antes de la perestroika.

Tras un largo periodo de estancamiento, los trabajadores sovi茅ticos no empezaron a recuperar su fuerza colectiva hasta julio de 1989, cuando estall贸 una repentina avalancha de huelgas en los principales yacimientos de carb贸n de Kuzbass, Donbass, Vorkuta, Ekibastuz y Karaganda [141]. Al igual que los movimientos independentistas de las naciones oprimidas, que fueron los primeros en utilizar el arma de la huelga de masas durante la perestroika, este movimiento obrero resurgente socav贸 de tal manera el Estado sovi茅tico que, sin guerra civil ni intervenci贸n militar extranjera, se derrumb贸 como un castillo de naipes. En su d铆a resisti贸 la prueba hist贸rica de la Segunda Guerra Mundial. Unas d茅cadas m谩s tarde, se derrumb贸 de la noche a la ma帽ana bajo el peso de sus contradicciones internas, dejando al descubierto la fragilidad de su naturaleza.

En su libro Marxismo e Historia, S. H. Rigby escribi贸 que en La revoluci贸n traicionada Trotsky ofreci贸 “un intento cl谩sico de caracterizar a la Uni贸n Sovi茅tica desde posiciones marxistas”. Trotsky, explic贸 Rigby, “ve铆a la apropiaci贸n del poder por parte de la burocracia como una forma transitoria y no duradera de organizaci贸n social. O bien la Uni贸n Sovi茅tica avanzaba hacia el verdadero socialismo, o bien hacia el capitalismo y la propiedad privada de los medios de producci贸n鈥. Pero Rigby ten铆a sus dudas: “Por el momento parece que ni una toma revolucionaria por parte del proletariado ni la restauraci贸n del capitalismo son opciones muy probables para la Uni贸n Sovi茅tica. Por el contrario, incluso los disidentes creen que la sociedad sovi茅tica goza de una estabilidad deprimente. Por tanto, la Uni贸n Sovi茅tica no es una forma de sociedad de transici贸n, sino una nueva forma de sociedad鈥. Rigby estaba seguro de que no era socialismo. Por lo tanto, concluy贸 que “la mejor manera de conceptualizarla es como una nueva forma de sociedad de clases” [142].

Rigby escribi贸 esto en 1987, cuatro a帽os antes de la ca铆da de la URSS. Aunque en su trabajo como historiador suele ser infalible a la hora de distinguir entre fen贸menos y procesos de larga y corta duraci贸n, en este caso le falt贸 perspectiva hist贸rica. En su momento, muchos otros investigadores, acad茅micos y te贸ricos de la izquierda radical cometieron errores similares. Pronto qued贸 claro que la supuesta permanencia y estabilidad del r茅gimen sovi茅tico, del propio Estado y del bloque sovi茅tico en su conjunto eran puras ilusiones. Ninguna “nueva forma de sociedad de clases” que haya aparecido en la historia ha durado varias d茅cadas. El car谩cter muy ef铆mero y radicalmente inestable de esta “nueva forma” atestigua el hecho de que en la URSS, y m谩s tarde en el bloque sovi茅tico, no apareci贸 un nuevo modo de producci贸n (del tipo del enigm谩tico colectivismo burocr谩tico), ni pudo renacer de ninguna forma un viejo modo de producci贸n (como el quim茅rico capitalismo de Estado en sus diversas variantes te贸ricas). La Uni贸n Sovi茅tica, escribi贸 Filtzer, era “una formaci贸n social hist贸ricamente inestable que no era ni capitalista ni socialista y, como tal, no ten铆a un regulador eficaz de la econom铆a ni de la reproducci贸n de su estructura social” [143]. “Funcion贸 en un nivel de contradicci贸n e inestabilidad interna tal que nunca pudo ser otra cosa que una formaci贸n social ef铆mera” [144].

Durante alg煤n tiempo despu茅s de la revoluci贸n de 1917, la sociedad sovi茅tica fue una sociedad en transici贸n entre el capitalismo y el socialismo. “Entre鈥 -esto no significa 鈥渢ener que pasar del capitalismo al socialismo鈥 y “construir el socialismo” (y mucho menos una sociedad que “construya el socialismo”, al contrario de lo que ya hab铆a proclamado Stalin antes de la guerra). Podr铆a avanzar en cualquiera de las dos direcciones: hacia el socialismo o hacia el capitalismo, y tambi茅n podr铆a quedarse atascado en alg煤n lugar de este camino de dos direcciones y degenerar. No s贸lo por el subdesarrollo, sino sobre todo porque el socialismo en un pa铆s o incluso en un grupo de pa铆ses es imposible, el destino de la sociedad sovi茅tica depend铆a de las revoluciones en otras partes del mundo, principalmente muy desarrolladas. La degeneraci贸n burocr谩tica de la Revoluci贸n de Octubre, coronada por la contrarrevoluci贸n de Stalin, bloque贸 finalmente la posibilidad de evoluci贸n hacia el socialismo. El retorno a una sociedad en transici贸n del capitalismo al socialismo no era posible sin una nueva revoluci贸n obrera que derrocara el r茅gimen burocr谩tico y estableciera su poder. Sin ella, la sociedad sovi茅tica s贸lo podr铆a ser una sociedad de transici贸n en el sentido de estar temporalmente desconectada del sistema capitalista mundial.

El bloque sovi茅tico y el problema de los modos de producci贸n y de explotaci贸n

Toda sociedad concreta contempor谩nea, y por lo tanto la sociedad de clases, es, desde un punto de vista te贸rico, una formaci贸n social, est谩 formada de tal manera que articula o combina diferentes modos de explotaci贸n, que pueden ser y a veces son, pero no tienen por qu茅 ser, modos de producci贸n. Se trata siempre de una articulaci贸n o combinaci贸n dominante: un modo de explotaci贸n domina necesariamente sobre los dem谩s. En casi todas las sociedades contempor谩neas domina el modo de explotaci贸n capitalista, que es tambi茅n un modo de producci贸n por excelencia. Pero hasta hace unas d茅cadas, en una serie de sociedades que cubren una gran parte del planeta, dominaba un modo de explotaci贸n que no era un modo de producci贸n.

Marx explic贸 en El Capital que los modos de producci贸n antag贸nicos difieren entre s铆 en las formas sociales que adopta el trabajo excedente en cada uno de ellos, y por tanto en los modos de explotaci贸n. “S贸lo la forma en que este trabajo excedente es extorsionado del productor inmediato, el trabajador, distingue las formaciones sociales econ贸micas, por ejemplo, la sociedad esclavista de la sociedad asalariada” [145]. En su trabajo antropol贸gico sobre la comunidad primitiva como modo de producci贸n, Alain Testart complement贸 la tesis de Marx a帽adiendo que en los modos de producci贸n no antag贸nicos, es decir, sin clases, no hay explotaci贸n y que en esto se distinguen de los modos antag贸nicos, es decir, de clase. Mientras que cuando una clase o estrato de la sociedad vive del trabajo de otra clase, el trabajo se divide necesariamente en indispensable (para la reproducci贸n de la fuerza de trabajo de los productores inmediatos) y en trabajo excedente, en las sociedades sin clases no se divide as铆. El trabajo excedente debe entenderse aqu铆, siguiendo a Testart, y de hecho siguiendo a Marx, cuyo concepto de trabajo excedente fue utilizado por Testart, exclusivamente en el contexto de las relaciones de explotaci贸n [146].

“En las sociedades no explotadoras, la relaci贸n social de producci贸n es una relaci贸n de no explotaci贸n: esta proposici贸n puede parecer tautol贸gica. Sin embargo, no es m谩s tautol贸gico que la proposici贸n de que en una sociedad donde existe la explotaci贸n la relaci贸n [fundamental] de producci贸n es de explotaci贸n. Estas dos proposiciones, m谩s all谩 de su aparente superficialidad, expresan dos cosas, a saber: 1掳 la relaci贸n de producci贸n es la relaci贸n social fundamental que vincula a los hombres en la producci贸n; 2掳 lo fundamental en una sociedad es la presencia o ausencia de explotaci贸n. Que la relaci贸n social de producci贸n fundamental es una relaci贸n de explotaci贸n en la sociedad capitalista es lo que muestra Marx a lo largo de El Capital: la relaci贸n de producci贸n capitalista [fundamental] no es otra que la extorsi贸n de la plusval铆a, la forma espec铆fica que adopta el trabajo excedente en el modo de producci贸n capitalista. Hacer pasar [en el capitalismo] cualquier otra relaci贸n como la relaci贸n fundamental es no entender nada de El Capital“, explic贸 Testart [147]. En un modo de producci贸n antag贸nico -no s贸lo en el capitalismo- la relaci贸n de explotaci贸n es la relaci贸n de producci贸n fundamental. Es “vertical” y determina otras dos relaciones de producci贸n, a las que est谩 inseparablemente ligada: “las relaciones horizontales entre los propios explotadores y entre los propios productores inmediatos” [148].

La tesis de que en cualquier modo de producci贸n (antag贸nico) la relaci贸n fundamental de producci贸n es la de explotaci贸n, es inseparable de la tesis de la primac铆a de las relaciones de producci贸n sobre las fuerzas productivas. La tesis contraria, es decir, la que afirma la primac铆a de las fuerzas productivas, elimina inevitablemente el concepto de relaciones de producci贸n y lo sustituye por el de formas jur铆dicas de propiedad, convirtiendo al marxismo en “una especie de evolucionismo en su versi贸n materialista te帽ida de determinismo tecnol贸gico” [149]. Louis Althusser exager贸 al sostener que, aparte de algunas frases desafortunadas (en particular en el Prefacio a la Contribuci贸n a la cr铆tica de la econom铆a pol铆tica de 1858) que la inmensa mayor铆a de los marxistas han tomado como una revelaci贸n, “Marx nunca defendi贸 la primac铆a de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producci贸n” [150]. Hay muchas otras afirmaciones o sugerencias de este tipo en Marx, como ha demostrado Rigby, someti茅ndolas a una cr铆tica exhaustiva, perspicaz y convincente a la luz del conocimiento hist贸rico contempor谩neo [151].

Sin embargo, Marx se fue alejando progresivamente y cada vez m谩s de esa forma de pensar, y por eso Althusser ten铆a raz贸n al se帽alar que “sosten铆a, al mismo tiempo que la idea de la unidad de las relaciones de producci贸n y de las fuerzas productivas, [la de] la primac铆a de las relaciones de producci贸n (es decir, al mismo tiempo de las relaciones de explotaci贸n) sobre las fuerzas productivas” [152]. Est谩 bastante claro que al escribir El Capital, Marx pensaba que las relaciones de producci贸n no est谩n en absoluto determinadas por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, sino que, citando a Althusser, “en la unidad espec铆fica de las Fuerzas de Producci贸n y de las Relaciones de Producci贸n que constituye un Modo de Producci贸n, son, sobre la base y dentro de los l铆mites objetivos fijados por las Fuerzas Productivas existentes, las Relaciones de Producci贸n las que desempe帽an el papel determinante” [153].

Resumamos. Tenemos tres tesis clave entrelazadas: primera, en cualquier modo de producci贸n la relaci贸n fundamental de producci贸n es la relaci贸n de explotaci贸n (o de no explotaci贸n); segunda, cualquier modo de producci贸n es una unidad de relaciones de producci贸n y fuerzas productivas; y, tercera, dentro de esta unidad la primac铆a la tienen las relaciones de producci贸n: determinan el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, estas tesis exigen tres aclaraciones, desarrollos y adiciones muy importantes.

En primer lugar, incluso los historiadores que reconocen expl铆citamente la primac铆a de las relaciones de producci贸n sobre las fuerzas productivas tienden a ignorar la tesis b谩sica de Marx, ya invocada, de que los modos de producci贸n antag贸nicos difieren entre s铆 en la forma en que se extorsiona el trabajo excedente, y por lo tanto en el modo de explotaci贸n, e inscriben forzosamente distintos modos de explotaci贸n en un 煤nico modo de producci贸n. Es el caso, por ejemplo, de Chris Wickham que, distinguiendo entre la renta extorsionada a los campesinos por los se帽ores feudales en las sociedades precapitalistas y el impuesto exigido a los campesinos por una burocracia estatal tributaria, considera que en ambos casos se trata del mismo modo de producci贸n [154]. Wickham pens贸 y demostr贸 en su d铆a que se trataba de dos modos de producci贸n diferentes [155] pero, bajo la influencia de la cr铆tica de Halil Berktay y John Haldon [156], abandon贸 esta distinci贸n. Ahora llama feudal a este modo de producci贸n precapitalista supuestamente 煤nico, mientras que Haldon lo llama tributario. Sin embargo, Wickham se帽ala que se trata de una diferencia puramente terminol贸gica, no te贸rica.

En segundo lugar, en la investigaci贸n y las pr谩cticas te贸ricas, se suele pasar por alto (o simplemente se olvida) que el modo de producci贸n es una unidad de relaciones de producci贸n y fuerzas productivas. Esta unidad no se problematiza, sino que simplemente se asume, expl铆cita o impl铆citamente, como algo evidente. En consecuencia, diversos modos de explotaci贸n, que no se caracterizan por dicha unidad, se perciben como modos de producci贸n (antag贸nicos), mientras que al mismo tiempo se descuida o incluso se niega la existencia de modos de explotaci贸n que no se consideran modos de producci贸n, o que no son realmente modos de producci贸n. Porque el hecho es que todos los modos de producci贸n (antag贸nicos) son modos de explotaci贸n, mientras que no todos los modos de explotaci贸n son modos de producci贸n, s贸lo algunos. Un determinado modo de explotaci贸n es tambi茅n un modo de producci贸n s贸lo cuando las relaciones de explotaci贸n y las fuerzas productivas correspondientes constituyen una unidad. Es decir, cuando los procesos de trabajo, y con ellos las fuerzas productivas (la capacidad productiva del trabajo social), incluyendo las fuerzas de trabajo de los productores inmediatos (sus capacidades de trabajo), est谩n formal y realmente sometidos a las relaciones de explotaci贸n [157].

Las nuevas relaciones de explotaci贸n, al subyugar formalmente los procesos de trabajo y las fuerzas productivas existentes (es decir, heredadas de los modos de producci贸n que las precedieron), transforman en profundidad su car谩cter social, d谩ndoles una forma social espec铆fica (por ejemplo, lineal, tributaria, capitalista), pero no las transforman sustancialmente en t茅rminos materiales. En este sentido, los transforman sobre todo cuantitativamente, no cualitativamente. Si la cantidad de mano de obra necesaria se mantiene constante, la sumisi贸n formal s贸lo permite obtener m谩s excedente de mano de obra al precio de una jornada laboral m谩s larga o de una intensificaci贸n del trabajo, lo que s贸lo permite una explotaci贸n absoluta. Por otro lado, al subyugar realmente los procesos de trabajo y las fuerzas productivas existentes, las relaciones de explotaci贸n los transforman sustancialmente en t茅rminos materiales. Lo hacen no s贸lo cuantitativamente, sino sobre todo cualitativamente. Marx lleg贸 a escribir que, en tal caso, las relaciones de explotaci贸n revolucionan los procesos de trabajo y las fuerzas productivas, y tambi茅n generan otras nuevas y se materializan en ambas. Esto permite extorsionar m谩s la mano de obra excedente aumentando la productividad del trabajo. Lo que crea la posibilidad de producir en el mismo tiempo de trabajo un mayor n煤mero de medios de consumo indispensables para la reproducci贸n de la fuerza de trabajo. Para obtenerlos, el productor inmediato trabaja menos tiempo, es decir, se reduce el tiempo de trabajo necesario para la reproducci贸n de su fuerza de trabajo y, por tanto, se alarga el tiempo de trabajo excedente y aumenta la explotaci贸n relativa. La sumisi贸n formal y la sumisi贸n real son inseparables; no hay una sin la otra. Siempre existen juntos, con el predominio de una u otra [158].

Al considerar hasta qu茅 punto el feudalismo europeo desarroll贸 las fuerzas productivas, Wickham ha llamado la atenci贸n sobre un hecho hist贸rico crucial: la “difusi贸n del regad铆o en el sur de Europa, especialmente en las tierras que estaban bajo dominio 谩rabe: el sur de Espa帽a desde el siglo VIII hasta el XIII y Sicilia desde el siglo IX hasta el XI”. Escribe: “Este debe haber sido el avance productivo m谩s espectacular de toda la historia agraria de la Edad Media [europea], ya que las tierras de regad铆o rend铆an al menos el doble que las no regadas y no necesitaban dejarse peri贸dicamente en barbecho; tambi茅n pod铆an soportar nuevos cultivos importados de Oriente, como la ca帽a de az煤car y los c铆tricos; el regad铆o tambi茅n tuvo un impacto directo en el proceso de trabajo, ya que aldeas enteras tuvieron que trabajar juntas para establecer y mantener los sistemas de riego. Me gustar铆a demostrar que esto fue en el contexto del establecimiento de un sistema de recaudaci贸n de impuestos鈥. Parece -escribe de nuevo Wickham, se帽alando que esto no puede confirmarse por falta de fuentes- que “el nuevo sistema de impuestos exig铆a la producci贸n de un excedente adicional”, “de ah铆 la intensificaci贸n de la producci贸n mediante el riego” [159].

Desde mediados de los a帽os 70 se sabe que en la Espa帽a isl谩mica (en Al-Andalus), al igual que en la Sicilia isl谩mica, se produjo una verdadera revoluci贸n agr铆cola [160] en el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto condujo a un aumento m煤ltiple de la productividad agr铆cola y, por lo tanto, a un aumento m煤ltiple del producto excedente relativo adecuado. Existe una estrecha relaci贸n entre esta revoluci贸n, que desarroll贸 y transform贸 enormemente las fuerzas productivas, y el hecho de que el excedente de trabajo de los campesinos no fuera extorsionado como renta por los se帽ores feudales, sino como impuesto por el poder estatal (la burocracia). Por ello, algunos historiadores, arque贸logos y antrop贸logos consideran, con raz贸n, que el modo de producci贸n tributario era fundamentalmente diferente del feudalismo [161]. Se diferenciaba no s贸lo en su modo de explotaci贸n, sino tambi茅n en el hecho de que la relaci贸n de explotaci贸n que le era propia era capaz de subyugar a las fuerzas productivas, de desarrollarlas, transformarlas, revolucionarlas. Por eso podemos hablar, y hablamos, de una revoluci贸n agr铆cola.

Por lo tanto, no era s贸lo un modo de explotaci贸n, sino tambi茅n un modo de producci贸n, no de nombre, sino de fondo. Sin embargo, parece que el feudalismo, que coexisti贸 hist贸ricamente con 茅l, fue incapaz de someterse, desarrollar y transformar las fuerzas productivas, por lo que debemos preguntarnos si era un modo de producci贸n o simplemente un modo de explotaci贸n. Al reducir la renta, tomada del campesinado por los se帽ores feudales, y los impuestos, cobrados al campesinado por el Estado, a una misma forma de explotaci贸n, la colosal diferencia entre ambas se difumina por completo. Se hace evidente cuando se distinguen claramente los dos modos de explotaci贸n y se examina c贸mo se relaciona cada uno con las fuerzas productivas. De lo contrario, como en el caso de Wickham, la diferencia entre ellos, arrojada por la puerta, necesariamente vuelve a entrar por la ventana.

En tercer y 煤ltimo lugar, en un modo de producci贸n dado, no es s贸lo la relaci贸n de explotaci贸n, o no necesariamente s贸lo ella, la que somete realmente a las fuerzas productivas, sino que con ella sus otras relaciones de producci贸n tambi茅n las someten. En el caso del modo de producci贸n capitalista, el desarrollo continuo de sus propias fuerzas productivas no s贸lo es impulsado por la relaci贸n “vertical” de explotaci贸n (por la explotaci贸n y la resistencia a la explotaci贸n, y por tanto por la lucha de clases), sino tambi茅n, o incluso m谩s importante, por otra relaci贸n de producci贸n: la relaci贸n “horizontal” de competencia entre capitales [162].

El modo de explotaci贸n introducido primero en la Uni贸n Sovi茅tica por el r茅gimen estalinista, y luego en los Estados perif茅ricos del bloque sovi茅tico, no era un modo de producci贸n. No subyug贸 a las fuerzas productivas, ni formalmente ni de hecho. En estos pa铆ses, la revoluci贸n industrial, hist贸ricamente retrasada y, con su creciente retraso, cada vez m谩s dif铆cil de realizar bajo el capitalismo, s贸lo tuvo lugar a gran escala tras su derrocamiento, ya bajo el dominio de la burocracia. Las fuerzas productivas que se desarrollaron durante y como resultado de esta revoluci贸n, y los subsiguientes procesos de modernizaci贸n y desarrollo social y econ贸mico fueron totalmente moldeados por el modo de producci贸n capitalista. En parte se heredaron y en el proceso se multiplicaron, y en parte se obtuvieron mediante importaciones de pa铆ses capitalistas, imitaci贸n o pr茅stamos. A ello contribuy贸 enormemente el traslado a la URSS, tras la guerra, de los m谩s modernos equipos, aparatos y tecnolog铆as industriales, as铆 como de miles de cient铆ficos y especialistas, procedentes de la zona de ocupaci贸n sovi茅tica de Alemania, altamente industrializada [163]. En todas esas fuerzas productivas, lo que se materializaba era el capital, ellas lo encarnaban, pero al mismo tiempo se despojaban de su forma social capitalista. La burocracia gobernante no las transform贸 materialmente, de modo que siguieron siendo permanentemente lo que eran cuando fueron tomados de los capitalistas: la materializaci贸n del capital. Y de ese modo la burocracia no se someti贸 realmente a ellas. Tampoco les dio una nueva forma social y, por tanto, no se someti贸 se formalmente a ellas. “La materializaci贸n del capital se liber贸 de la forma de capital que lo controlaba, pero no se puso bajo el control de otro sistema org谩nico de metabolismo social que se enraizara en la base material de la econom铆a y la transformara m谩s o menos r谩pidamente, m谩s o menos radicalmente鈥. En resumen, “se proclam贸 el socialismo sin superar radicalmente la encarnaci贸n material del capital” [164].

En las f谩bricas, se conserv贸 la herencia del capitalismo: “la divisi贸n jer谩rquica del trabajo, desde los de abajo, que ejecutan las 贸rdenes de otros, hasta los de arriba, que participan en los procesos de los planes quinquenales. Toda la configuraci贸n humana/material de la t茅cnica del capital fue replicada” [165]. Pero la f谩brica ya no est谩 sujeta a la ley del valor, ni tampoco al principio de la planificaci贸n. No funcionaba en una econom铆a planificada, porque s贸lo los bur贸cratas pensaban que estaban planificando y, a煤n m谩s, que su planificaci贸n no s贸lo regulaba la econom铆a, sino que lo hac铆a incomparablemente mejor que la ley del valor que rige la econom铆a capitalista. O no entendieron, o no quisieron entender que es imposible planificar sin la participaci贸n colectiva de los productores inmediatos, m谩s a煤n cuando se est谩 en una relaci贸n antag贸nica de explotaci贸n con ellos. La econom铆a y la sociedad modernas se rigen por la ley del valor o por el principio de la planificaci贸n. No hay otras posibilidades.

En una econom铆a gestionada burocr谩ticamente, la materializaci贸n del capital, que hab铆a perdido su forma social como capital, pero no hab铆a adquirido una nueva, qued贸 a la deriva. Era posible explotarlo sin ning煤n regulador, sustituy茅ndolo por un suced谩neo: la coacci贸n burocr谩tica extraecon贸mica. Pero, por supuesto, esto s贸lo era posible a relativamente corto plazo. “No era un modo de producci贸n en absoluto (y a fortiori no era ni capitalismo de Estado ni colectivismo burocr谩tico). Las directivas impuestas pol铆ticamente no pod铆an permitir el control de las f谩bricas de manera que se promoviera el desarrollo de las fuerzas productivas de forma estable y permanente” [166].

Las fuerzas productivas, creadas por el modo de producci贸n capitalista y transferidas del capitalismo a la econom铆a dirigida, donde fueron despojadas de su forma social, perdieron su din谩mica de desarrollo. En el capitalismo, la fuente de esta din谩mica es la explotaci贸n relativa de la fuerza de trabajo (la producci贸n de plusval铆a relativa). Como ya sabemos, su crecimiento est谩 ligado no s贸lo a la relaci贸n vertical de explotaci贸n, que tiene lugar entre el capital y el trabajo, sino tambi茅n a otra relaci贸n de producci贸n capitalista: la relaci贸n horizontal de competencia entre capitales. Es esto 煤ltimo lo que obliga a cada capital a acumular, a innovar, a mejorar el equipamiento t茅cnico del trabajo y, en consecuencia, a aumentar continuamente su productividad: la base de la explotaci贸n relativa. En una econom铆a dirigida, bajo dominaci贸n burocr谩tica, esta relaci贸n competitiva entre los capitales ha desaparecido y nada la ha sustituido. A trav茅s de la coacci贸n extraecon贸mica a la que est谩n sometidos los productores inmediatos, es posible extorsionar de ellos casi exclusivamente el trabajo excedente absoluto, ya sea aumentando su n煤mero mientras se mantiene la misma tasa de explotaci贸n, o no aumentando su n煤mero pero s铆 la tasa de explotaci贸n, as铆 como, por supuesto, aumentando ambos.

De ah铆 surge, bajo la dominaci贸n burocr谩tica, la tendencia permanente a la explotaci贸n absoluta, tambi茅n llamada explotaci贸n excesiva, sobreexplotaci贸n -que consume la fuerza de trabajo hasta impedir su plena reproducci贸n- y una tendencia inherente a la resistencia a la sobreexplotaci贸n. Por supuesto, tambi茅n en el capitalismo hay una tendencia permanente a la explotaci贸n absoluta, pero se da en una relaci贸n inseparable con la explotaci贸n relativa. Bajo la dominaci贸n de la burocracia, este v铆nculo se rompi贸, y debido a las limitadas y escasas posibilidades de explotaci贸n relativa, la tendencia en cuesti贸n era mucho m谩s fuerte, pero la tendencia que se opon铆a a ella -la resistencia de los trabajadores- tambi茅n era m谩s fuerte.

A la burocracia le pareci贸 que esta contradicci贸n se resolver铆a con la organizaci贸n cient铆fica del trabajo taylorista, que Lenin hab铆a promovido imprudentemente poco despu茅s de la Revoluci贸n de Octubre. Pero “no pod铆a aplicarse en la URSS” ni en ning煤n otro lugar del bloque sovi茅tico, “porque estaba hecho a la medida del capitalismo; no era, como parece haber imaginado Lenin, un cuerpo de conocimientos socialmente neutral”. Adem谩s, 鈥淭aylor se revolver铆a en su tumba si alguien se atreviera a asociarlo con el enorme sobreempleo caracter铆stico de la industria sovi茅tica. Fiat hab铆a construido una f谩brica para la URSS: empleaba cuatro veces m谩s trabajadores que la misma f谩brica en Italia” [167]. A pesar de ello, en la f谩brica italiana se extrajo m谩s trabajo excedente de los trabajadores que de los cuatro veces m谩s trabajadores de la f谩brica de autom贸viles del Volga (VAZ). La raz贸n de ambas cosas -el tama帽o mucho mayor de la mano de obra sovi茅tica y la cantidad mucho menor de mano de obra excedente que pod铆a extraerse de ella- era muy sencilla: la explotaci贸n relativa s贸lo era posible en la URSS en una medida reducida, si es que lo era.

A la luz de todo esto, est谩 claro que la burocracia no era una clase dirigente hist贸rica. No fue reproducida por ning煤n modo de producci贸n hist贸rico, sino s贸lo por un modo de explotaci贸n transitorio, y puesto que fue reproducida por un modo de explotaci贸n transitorio, debe ser considerada, por tanto, una clase dominante transitoria. Esto se justifica tanto m谩s cuanto que, en el marco del trabajo te贸rico que Geoffrey de Ste. Croix llev贸 a cabo al escribir su libro La lucha de clases en el mundo griego antiguo, defini贸 cualquier clase social de la manera m谩s breve, y al mismo tiempo m谩s rigurosa, que se pueda imaginar: “la clase es una relaci贸n de explotaci贸n” [168]. Esta definici贸n se aplica por igual a una clase que se reproduce por un modo de producci贸n y a una clase que s贸lo se reproduce por un modo de explotaci贸n que no es un modo de producci贸n.

Otros estratos sociales hist贸ricamente conocidos, que dominaban s贸lo por medio de la coerci贸n extraecon贸mica y que no impon铆an modos de producci贸n sino s贸lo modos de explotaci贸n, se denominan com煤nmente clases. Sin embargo, es importante darse cuenta de que se diferenciaban de la burocracia estalinista (y postestalinista) en un aspecto muy importante: dominaban a las clases que, como ellas, no eran hist贸ricamente aut贸nomas, no pod铆an establecer su propio modo de producci贸n. En el bloque sovi茅tico, en cambio, la burocracia dominaba una clase hist贸ricamente independiente. Esta diferencia cualitativa entre la burocracia y la clase obrera significa que no se puede llamar a ambas clase a menos que se aclare expl铆citamente y de inmediato que una era una clase transitoria y la otra una clase hist贸rica. Por lo tanto, para evitar cualquier malentendido, podemos referirnos a la primera como una capa dominante.

Lucha por la sobreproducci贸n y el control de los procesos laborales

Robert Brenner es un historiador econ贸mico que estudia tanto el propio capitalismo como la transici贸n hist贸rica del feudalismo al capitalismo. Tres d茅cadas despu茅s del famoso debate Dobb-Sweezy, suscitado a finales de los a帽os cuarenta y principios de los cincuenta por los trabajos de Maurice Dobb sobre esta 煤ltima cuesti贸n, Brenner, continuando y ampliando el pensamiento hist贸rico y econ贸mico de Dobb, lanz贸 un debate a煤n m谩s vivo entre los historiadores sobre el mismo tema, denominado “debate brenneriano” [169]. Su s贸lido conocimiento de las diferencias fundamentales entre el capitalismo y las econom铆as y sociedades no capitalistas, tanto antiguas como relativamente recientes, le permnmiti贸 realizar importantes contribuciones al estudio de la naturaleza de los reg铆menes burocr谩ticos del bloque sovi茅tico. Como he dicho, el derrocamiento del capitalismo rompi贸 los grilletes que frenaban la revoluci贸n industrial en las sociedades atrasadas y, por lo tanto, subdesarrolladas, y permiti贸 que 茅sta se produjera, pero no cre贸 mecanismos para un mayor desarrollo sistem谩tico de las fuerzas productivas comparables a su desarrollo en las sociedades capitalistas largamente industrializadas. 驴Por qu茅 ha ocurrido esto?

Como explica Ellen Meiksins Wood, al informar sobre los logros te贸ricos de Brenner, “el desarrollo autopropulsivo caracter铆stico del capitalismo requiere no s贸lo la eliminaci贸n de los obst谩culos en su camino, sino tambi茅n la compulsi贸n positiva para transformar las fuerzas productivas, y esto s贸lo ocurre en condiciones de competencia en las que los actores econ贸micos son libres de actuar en respuesta a estas condiciones, y al mismo tiempo se ven obligados a hacerlo. Nadie nos ha ense帽ado m谩s sobre la especificidad de estas condiciones que Brenner. Tampoco nadie ha demostrado m谩s eficazmente que 茅l que, durante la mayor parte de la historia, no fue la necesidad de producir un excedente para las clases o los estados explotadores lo que transform贸 los m茅todos de producci贸n de esta manera, ni siquiera la producci贸n para el intercambio. All铆 donde los explotadores -ya sean grandes terratenientes rentistas o Estados 谩vidos de impuestos- dispon铆an de medios extraecon贸micos para extraer m谩s excedentes del campesinado, es decir, poderes coercitivos militares, pol铆ticos y judiciales directos, no exist铆a una coacci贸n sistem谩tica para aumentar la productividad del trabajo. Los medios de extracci贸n de excedentes bajo coacci贸n extraecon贸mica no s贸lo carec铆an de est铆mulo para desarrollar las fuerzas productivas, sino que ellos mismos obstaculizaban su desarrollo al drenar los recursos de los productores inmediatos. El desarrollo del capitalismo requiere un modo de apropiaci贸n que obligue a extraer el m谩ximo excedente de los productores inmediatos, pero s贸lo puede hacerlo si estimula u obliga a los productores a aumentar su productividad y promueve el desarrollo de las fuerzas productivas en lugar de obstaculizarlo. Este modo de apropiaci贸n es una formaci贸n rara y contradictoria, cuyas condiciones de existencia son muy espec铆ficas y estrictas” [170].

La burocracia usurp贸 el poder alegando que lo ejerc铆a la clase obrera, en cuya explotaci贸n basaba su dominaci贸n. S贸lo pod铆a establecer y mantener la explotaci贸n mediante la coerci贸n extraecon贸mica, porque la coerci贸n econ贸mica s贸lo puede funcionar bajo el capitalismo y el capitalismo ha sido derrocado. Adem谩s, s贸lo la autoorganizaci贸n y la cooperaci贸n de los productores inmediatos pueden estar libres de coerci贸n econ贸mica y extraecon贸mica. Bajo la coacci贸n extraecon贸mica, la burocracia tambi茅n cre贸 una amplia base material para su modo de explotaci贸n: logr贸 la acumulaci贸n primitiva, la revoluci贸n industrial y la modernizaci贸n social que la acompa帽a. Sin embargo, no fue capaz de establecer un modo de producci贸n que permitiera el desarrollo continuo de las fuerzas productivas y el aumento constante de la productividad del trabajo a un ritmo y magnitud comparables a los del capitalismo.

Brenner lo dice muy claramente: en la propia URSS, y en el bloque sovi茅tico en general, la burocracia pudo constituirse y reproducirse como clase dominante porque logr贸 crear los medios de coerci贸n extraecon贸micos indispensables para la extorsi贸n del trabajo excedente en forma de producto excedente de la colectividad de productores inmediatos; de la clase obrera. En primer lugar, organiz贸 directa y coercitivamente la divisi贸n del trabajo y decidi贸 tanto la distribuci贸n de los factores de producci贸n -en particular la fuerza de trabajo, en los diferentes sectores, ramas y empresas- como la distribuci贸n de los productos de estos sectores, ramas y empresas. En segundo lugar, extrajo el excedente de trabajo: los trabajadores, bajo coacci贸n extraecon贸mica, produjeron colectivamente un producto cuyo tama帽o superaba el coste salarial de la reproducci贸n de su propia fuerza de trabajo. La dependencia directa del gobierno de la burocracia de la eficacia de la coerci贸n extraecon贸mica fue una caracter铆stica fundamental del r茅gimen que estableci贸 [171].

Esta limitaci贸n se deb铆a a que, a diferencia de los capitalistas, la burocracia no pod铆a separar a los trabajadores de los medios de producci贸n, y as铆 obligarlos a ganarse la vida en el mercado laboral, vendiendo su fuerza de trabajo como si fuera una mercanc铆a. Esta es la base de la coacci贸n econ贸mica a la que est谩n sometidos los trabajadores en el capitalismo. En una sociedad no capitalista, esto es imposible. Porque si el objetivo de todo capitalista es la maximizaci贸n de su beneficio, “el objetivo de la burocracia en su conjunto es, por supuesto, la maximizaci贸n de todo el excedente social”, es decir, de todo el sobreproducto. “Por lo tanto, le interesa emplear a todos los trabajadores que pueda emplear, ya que cada trabajador empleado aumenta el excedente social (si tan s贸lo, m谩s all谩 de lo que gana, puede producir individualmente alg煤n sobreproducto)” [172]. En consecuencia, la econom铆a gestionada burocr谩ticamente “se desarrolla m谩s extensivamente -aumentando el excedente mediante la contrataci贸n de nuevos trabajadores y equip谩ndolos con m谩quinas- que intensivamente, es decir, transformando los medios de producci贸n con los que est谩 dotado cada trabajador”. En consecuencia, la clase obrera en su conjunto es el mayor recurso productivo de la burocracia, y los trabajadores desempleados son un desperdicio de recursos” [173]. De ah铆 el pleno empleo en el bloque sovi茅tico, no por ning煤n principio socialista.

Las consecuencias hist贸ricas de este estado de cosas fueron considerables. Por un lado, al igual que en el capitalismo, los trabajadores no ten铆an ning煤n control colectivo sobre los medios de producci贸n y subsistencia. Por otro lado, a diferencia del capitalismo, ten铆an garantizado el trabajo, ya que a la burocracia no le interesaba despedirlos. “A diferencia de los gerentes en el capitalismo, los gerentes en el sistema burocr谩tico no tienen el mejor mecanismo para disciplinar a los trabajadores en el proceso laboral que se ha inventado en la sociedad de clases: la amenaza del despido. Su objetivo es maximizar la producci贸n potencial de la empresa, por lo que tratan de retener a cualquier trabajador que produzca el m谩s m铆nimo excedente respecto al coste de su salario” [174].

Los trabajadores que no pueden ser despedidos -que no se arriesgan a ser colocados en un mercado laboral inexistente- no est谩n desconectados de sus medios de producci贸n y de subsistencia, y su fuerza de trabajo no es una mercanc铆a. Brenner sostiene incluso que en el bloque sovi茅tico “los trabajadores estaban efectivamente atados a sus medios de producci贸n y de subsistencia”. Precisamente por eso era imposible “hacer all铆 lo que el capital hace con 茅xito: utilizar la dependencia de los trabajadores del empleo para hacerlos econ贸micamente dependientes de la burocracia[175].

Una unidad de investigaci贸n de la Universidad de Grenoble, dirigida por Wladimir Andreff, estudi贸 los procesos laborales del bloque sovi茅tico a la luz de los conceptos desarrollados por Marx en sus estudios sobre el trabajo y los procesos de producci贸n capitalistas [176]. Comprob贸 que, parad贸jicamente, si bien hab铆a una escasez general de mano de obra, hab铆a un exceso de la misma en todas las empresas. Un ejemplo del alcance de este fen贸meno lo encontramos en el caso de una planta qu铆mica descrito en la prensa sovi茅tica, que no era nada extremo. En el momento de su construcci贸n, la empresa capitalista extranjera plane贸 que emplear铆a a un total de 153 personas. Sin embargo, el planificador sovi茅tico consider贸 que deb铆an emplearse 557 personas, pero en realidad la f谩brica empleaba a 946. Para los investigadores de Grenoble, la contradicci贸n entre la escasez global de mano de obra y el sobreempleo en las empresas era una de las contradicciones fundamentales de las econom铆as del bloque sovi茅tico, que s贸lo pod铆a explicarse a la luz de su funcionamiento global. Result贸 que la direcci贸n de las empresas -obligada a llevar a cabo planes que se les impon铆an desde arriba, sin conocer sus capacidades reales de producci贸n y sin garantizarles un suministro oportuno y adecuado- aplicaba “diversas pr谩cticas de gesti贸n que se desviaban de la letra del plan, siendo una de las m谩s importantes la constituci贸n de diversas reservas o stocks, no declarados a la administraci贸n”. “La mano de obra se puso as铆 en reserva dentro de las empresas” [177].

Esto fue as铆 porque el “verdadero tal贸n de Aquiles” de las econom铆as del bloque sovi茅tico era “su incapacidad para garantizar un suministro sin fallos a las empresas en el marco del plan”. Este fen贸meno era tan importante y cotidiano que varios autores hac铆an de los fallos de abastecimiento el n煤cleo de la l贸gica de funcionamiento “de estas econom铆as” o la principal manifestaci贸n concreta de las contradicciones del sistema que reclama una “regulaci贸n” que se realiza en parte al margen del plan y de la econom铆a oficial, incluso en contra de la letra del plan. En cualquier caso, la m谩s m铆nima observaci贸n de la econom铆a de tipo sovi茅tico muestra la realidad de este problema de abastecimiento, cuya consecuencia es, subray茅moslo, la desorganizaci贸n del proceso laboral. 驴C贸mo puede entonces someterse el ritmo del trabajo a la uniformidad de las m谩quinas, si 茅stas dejan de abastecerse de objetos de trabajo (materiales, etc.)?” [178].

“En enero, la industria estatal produce entre un 15 y un 25% menos que en diciembre, y esto siempre ha sido as铆 en los 煤ltimos 20 a帽os” [179]. As铆 escrib铆a un economista h煤ngaro en 1980 sobre un fen贸meno -llamado chtourmovchtchina [literalmente la permanente disposici贸n a la tormenta]- caracter铆stico no s贸lo de Hungr铆a, sino de todo el bloque sovi茅tico. En la primera mitad del periodo de aplicaci贸n de cada plan (mensual, trimestral, anual, quinquenal), las empresas trabajaron mucho m谩s despacio y no utilizaron plenamente sus capacidades de producci贸n, incluida la mano de obra, mientras que en la segunda mitad sobreutilizaban cada vez m谩s estas capacidades y aumentaban los ritmos de trabajo. Precisamente por el aumento de la demanda de mano de obra durante estos periodos, se almacenaron reservas de mano de obra en las empresas. La mayor intensificaci贸n del trabajo y la mayor duraci贸n de la jornada laboral -horas extraordinarias y trabajo en d铆as festivos, a veces incluso a costa de renunciar a las vacaciones- tuvo lugar “en la 煤ltima d茅cada del mes y del trimestre, en el 煤ltimo mes del a帽o y en el 煤ltimo trimestre del quinquenio”. La Shturmovshchina estaba inextricablemente asociada al “trabajo chapucero” y a la producci贸n de “chatarra” que, por cierto, sol铆a ser rentable, sobre todo cuando el control de calidad se debilitaba bajo la presi贸n de la necesidad de aplicar el plan. “Los productos de la 煤ltima d茅cada del mes son de bastante mala calidad; de muy mala calidad en el 煤ltimo mes del quinquenio” [180].

La “mala calidad de los productos” repercute directamente en el proceso de trabajo: cuando los productos defectuosos de una f谩brica son herramientas, piezas de recambio, productos semiacabados o equipos, es de esperar que se produzcan incidencias t茅cnicas, aver铆as, herramientas rotas, etc., en alg煤n otro lugar del sistema de producci贸n, lo que a su vez alterar谩 el ritmo del proceso de trabajo. Por ello, es comprensible que las empresas asignen a algunos trabajadores a tareas (en talleres auxiliares) para retocar las piezas o equipos defectuosos que reciben de sus proveedores, para reparar herramientas rotas, equipos averiados o incluso para producir sustitutos caseros de los suministros que faltan o son inutilizables por falta de calidad. Para ello se utilizaron talleres de herramientas de f谩brica. Las consecuencias fueron muy graves. En 1977, casi el 17% de los trabajadores industriales de Alemania Oriental se dedicaban a las reparaciones [181]. Hillel Ticktin ironiz贸 con que, adem谩s del sector I de la econom铆a, que produc铆a los medios de producci贸n, y del sector II, que produc铆a los medios de consumo, los ide贸logos sovi茅ticos tendr铆an que introducir en su “econom铆a pol铆tica del socialismo” un sector III, que se ocupar铆a de la reparaci贸n de los medios de producci贸n, porque en la URSS hab铆a m谩s trabajadores (en el caso de las m谩quinas-herramienta, hasta cuatro veces m谩s) implicados en su reparaci贸n que en su producci贸n [182]. “La entrega tard铆a o de baja calidad de los componentes”, se帽alan los soci贸logos de la Academia de Ciencias de Hungr铆a, “era una de las razones por las que las tecnolog铆as avanzadas de los pa铆ses occidentales no pueden ser adoptadas eficazmente por las econom铆as planificadas” [183]. Por supuesto, no se trataba de econom铆as planificadas, sino de econom铆as gestionadas burocr谩ticamente.

En el bloque sovi茅tico, la doctrina de la organizaci贸n cient铆fica del trabajo era un componente de la ideolog铆a estatal dominante. De hecho, esta doctrina estaba enraizada en el taylorismo, pero sin embargo oscilaba entre la afirmaci贸n que justificaba este enraizamiento – “el taylorismo tiene una amplia base cient铆fica” y s贸lo es necesario “rechazar el car谩cter explotador del uso de la teor铆a de la organizaci贸n cient铆fica del trabajo en el capitalismo” [184]– y la negaci贸n de este enraizamiento estigmatizando al propio taylorismo como “un instrumento de explotaci贸n contrario a los ideales del Estado socialista” [185]. El equipo de la Universidad de Grenoble lleg贸 a la conclusi贸n de que si, a pesar de su ineficacia, los procesos de trabajo y los principios de la organizaci贸n cient铆fica del trabajo aplicados oficialmente en las econom铆as del bloque sovi茅tico ten铆an alg煤n parecido con el taylorismo, se trataba de un “taylorismo arr铆tmico”. Andreff y sus colaboradores explicaron que “taylorismo y arritmia son t茅rminos contradictorios; los asociamos precisamente porque conceptualizan, en una sola imagen, los t茅rminos reales de las contradicciones reproducidas por el proceso laboral” en el bloque sovi茅tico [186].

La arritmia y la porosidad resultante de los procesos de trabajo que produce, el “taylorismo arr铆tmico”, es el terreno que define las condiciones de la posibilidad de realizar la tendencia permanente del r茅gimen burocr谩tico a la explotaci贸n absoluta de la fuerza de trabajo y la tendencia igualmente permanente de los trabajadores a resistir la explotaci贸n, es decir, a minimizar la masa de trabajo excedente que se les impone. Recordemos que, suponiendo que el salario debe asegurar al menos la reproducci贸n 铆ntegra de la fuerza de trabajo y que la masa de fuerza de trabajo es constante, la explotaci贸n absoluta s贸lo es posible intensificando el trabajo y alargando la jornada laboral, y sin este supuesto, es decir, en la pr谩ctica, tambi茅n bajando el salario real y aumentando la masa de fuerza de trabajo. En ambos casos, esta explotaci贸n tiene l铆mites infranqueables (naturales y sociales). El “taylorismo arr铆tmico” reduce a煤n m谩s estos l铆mites, ya que “la arritmia del proceso laboral refuerza las dificultades para someter al trabajador”. Por supuesto, estos l铆mites se ampl铆an durante los periodos de “asaltos” y “oleadas”, pero el alcance de este fen贸meno es limitado [187].

Durante estos periodos, “es la direcci贸n la que necesita a los trabajadores: si el plan de la empresa no se cumple, el trabajador puede perder una bonificaci贸n, mientras que el directivo se expone a sanciones desde arriba que pueden costarle su puesto de trabajo y, en todo caso sus perspectivas de carrera [burocr谩tica]”. Este contexto conduce 鈥渁 un tipo de relaci贸n de negociaci贸n entre la direcci贸n y los ejecutivos, por un lado, y los trabajadores, por otro, en la que todo esfuerzo especial realizado por una parte va acompa帽ado de una compensaci贸n por la otra”. Por ejemplo, si la direcci贸n no acepta dos o tres d铆as de ausencias injustificadas durante el periodo de inactividad, si no hace la vista gorda al hecho de que durante las horas de trabajo haya colas en la tienda, impuestas por una econom铆a de la escasez, o al hecho de que las pausas sean de hecho m谩s largas de lo que estipula la normativa, si controla escrupulosamente las bajas por enfermedad, etc., corre el riesgo de que, durante un periodo de inactividad, los trabajadores no puedan tomarse un descanso, se corre el riesgo de que, durante un periodo de “trabajo fren茅tico”, los trabajadores se ci帽an al horario legal, no quieran sudar y no se dobleguen para que la empresa cumpla el plan o simule eficazmente (es decir, con seguridad para la direcci贸n) que lo hace [188].

Aqu铆 llegamos al meollo de la cuesti贸n. En el conjunto de condiciones descritas anteriormente, en el que tom贸 forma el modo de explotaci贸n burocr谩tico, org谩nicamente incapaz de constituirse como modo de producci贸n, la tendencia permanente a la explotaci贸n absoluta de la fuerza de trabajo choc贸 inevitablemente con la tendencia permanente de los trabajadores a resistir la explotaci贸n. Pero incluso podr铆amos decir m谩s: m谩s all谩 de un cierto nivel infranqueable de explotaci贸n, se estrell贸 o colaps贸 ante esta tendencia contraria. Ninguna restricci贸n burocr谩tica extraecon贸mica pudo hacerle frente, ni en la segunda mitad de los a帽os 30, cuando el terror estalinista hac铆a estragos en la URSS, ni en la segunda mitad de los a帽os 40, cuando las draconianas leyes laborales de Stalin estaban en vigor. La reorganizaci贸n burocr谩tica de los procesos laborales y su gesti贸n tampoco pudo hacerles frente.

“Lo que ocurr铆a dentro de la empresa industrial era fundamental para el funcionamiento y el desarrollo del sistema” [189]. La burocracia, “permaneciendo con la clase obrera en una relaci贸n de explotaci贸n”, ten铆a, sin embargo, posibilidades limitadas de extorsionar el trabajo excedente de ella. Estaban limitados no s贸lo por lo que en este sistema era el azote de las empresas y de toda la econom铆a -las frecuentes ausencias o la ociosidad en el trabajo-, sino tambi茅n por la rotaci贸n de los trabajadores que cambiaban masivamente de lugar de trabajo (en la URSS, en el sector estatal, a finales de los a帽os setenta y principios de los ochenta, alrededor de una quinta parte de todos los empleados cambiaba de lugar de trabajo cada a帽o, y dicho cambio duraba una media de un mes). Tambi茅n estaban “limitados por la capacidad (…) de la clase obrera de ejercer el control sobre su proceso de trabajo”. Bob Arnot se帽al贸 que en este sistema los trabajadores, aunque est茅n atomizados, “pueden controlar el ritmo de trabajo, pueden producir sin preocuparse demasiado por la calidad de lo que producen” [190]. Esto significa que “son capaces de ejercer un control negativo tanto sobre la calidad como sobre la cantidad del excedente que se les extrae” porque “mediante sus acciones controlan tanto el nivel absoluto de tiempo de trabajo empleado como su intensidad” [191]. Ticktin describi贸 este fen贸meno como “la contradicci贸n entre la extorsi贸n del trabajo excedente” por parte de la 茅lite social gobernante y “su falta de control sobre el proceso de extorsi贸n de ese trabajo” [192]. Fue 茅l quien inici贸 el reconocimiento de esta contradicci贸n, y Arnot y Filtzer continuaron y desarrollaron amplios estudios te贸ricos e investigaciones hist贸ricas en este 谩mbito.

Esto no era una particularidad del bloque sovi茅tico. El hecho es, sin embargo, que “aunque el control obrero negativo existe en el capitalismo, es sin embargo incompatible con este modo de producci贸n” y es constantemente repelido por la operaci贸n de la ley del valor. “Tomemos una empresa que opera en un mercado de escala y nivel tecnol贸gico similares a los de sus competidores, pero sobre la que el trabajo ha podido ejercer cierto grado de control negativo”, sugiere Arnot. “Resultar谩”, explica, “que en esta empresa el tiempo de trabajo requerido para producir una determinada mercanc铆a superar谩 el tiempo de trabajo socialmente necesario. El trabajo gastado no se reflejar谩 en el valor de la mercanc铆a, y el tiempo de trabajo excedente, la plusval铆a y el beneficio disminuir谩n. Esta disminuci贸n de la rentabilidad en comparaci贸n con la de sus competidores m谩s agresivos desde el punto de vista de la gesti贸n acabar谩 provocando la retirada de la empresa del mercado, ya sea por quiebra o por absorci贸n. Como resultado, la centralizaci贸n y concentraci贸n del capital har谩 que los trabajadores pierdan el control que han impuesto y del que se han beneficiado. Esto ocurrir谩 porque sus antiguos empleados pasar谩n a engrosar el ej茅rcito de reserva de los parados, con todas las consecuencias que ello implica, o se ver谩n obligados a trabajar en un entorno m谩s agresivo que no permite el control negativo. En las econom铆as del bloque sovi茅tico no ocurri贸 nada parecido. Aqu铆, se帽al贸 Arnot, varias “formas de control negativo se repiten constantemente como una caracter铆stica de la econom铆a pol铆tica del sistema y no hay ninguna tendencia inherente en 茅l para eliminarlos” [193].

En la secci贸n del “marxismo transg茅nico” llamada “econom铆a pol铆tica del socialismo”, se afirmaba que las econom铆as del bloque sovi茅tico produc铆an mercanc铆as que s贸lo ten铆an valor de uso, a diferencia de las econom铆as capitalistas, que producen mercanc铆as que tienen tanto valor de uso como de cambio. Sin embargo, esto era una ficci贸n, en primer lugar, porque los procesos de trabajo no estaban formalmente o realmente sujetos a las relaciones de producci贸n, lo que provocaba su enorme arritmia, y en segundo lugar por la naturaleza antag贸nica de las relaciones de producci贸n, que eran relaciones de explotaci贸n.

“El resultado”, escribe Arnot, “es un producto compuesto por dos elementos: por un lado, una parte utilizable que tiene un valor de uso para el conjunto de la sociedad, ya sea como producto intermedio o como producto acabado destinado al consumo o a la inversi贸n; por otro lado, una parte no utilizable que es un residuo y no tiene valor de uso. La determinaci贸n del valor de uso y de los residuos tiene un componente objetivo y otro subjetivo. Objetivamente, un interruptor el茅ctrico que no funciona es un despilfarro, pero un par de zapatos que nadie quiere por su escasa calidad de dise帽o, aunque objetivamente se puedan utilizar como zapatos, es un despilfarro tan grande como un interruptor que no funciona” [194].

Ticktin corrige esta formulaci贸n en parte y lo desarrolla parcialmente de la siguiente manera: mientras que en el capitalismo la mercanc铆a encarna la contradicci贸n entre el valor de uso y el valor de cambio, en las econom铆as del bloque sovi茅tico el valor de uso de la propia mercanc铆a encarna la contradicci贸n “entre el valor de uso real y el potencial”. En otras palabras, una chaqueta servir谩 como tal aunque una de sus mangas sea m谩s corta que la otra, pero su valor de uso es menor que el de una chaqueta con dos mangas de la misma longitud. Una m谩quina-herramienta con una pieza defectuosa puede mecanizar los productos utilizados en la fabricaci贸n de un coche, pero entonces el coche se parece m谩s a una chatarra de lo que deber铆a. En resumen, se帽ala Ticktin, “en el capitalismo, la unidad es la mercanc铆a con la contradicci贸n inherente entre su valor de uso y su valor de cambio; en la URSS, la unidad es el producto, y la contradicci贸n inherente es entre su valor de uso real y su valor de uso potencial” [195].

Hab铆a una manera de salir de este c铆rculo vicioso

La dominaci贸n burocr谩tica era un c铆rculo vicioso. Para poder mantener su poder, la burocracia s贸lo pod铆a ver c贸mo se socavaban cada vez m谩s los fundamentos econ贸micos de su dominaci贸n. La burocracia no pod铆a hacer frente a la arritmia de los procesos de trabajo. Por lo tanto, no pudo superar el inherente control negativo y atomizado de estos procesos laborales por parte de los trabajadores, que limitaron as铆 la cantidad y la calidad del sobreproducto que se extrajo de ellos.

Este control era “la fuente de innumerables disfunciones y distorsiones que afectaban a la producci贸n y a la distribuci贸n: escasez de suministros y de piezas, frecuentes aver铆as de los equipos, lotes de producci贸n incompletos, entregas de maquinaria inacabada, producci贸n de bienes y servicios defectuosos y de calidad inferior” [196], y contribu铆a as铆 a la reproducci贸n constante de la arritmia de los procesos de trabajo, el “taylorismo arr铆tmico”.

Se podr铆a pensar que el progreso t茅cnico y las exigencias t茅cnicas impondr铆an un car谩cter cada vez m谩s cooperativo a los procesos de trabajo y los socializar铆an gradualmente, que el control negativo atomizado se abolir铆a progresivamente y que surgir铆an espont谩neamente las condiciones para una lucha por un control colectivo, ahora positivo, de los trabajadores sobre la producci贸n. Nada confirm贸 esa tendencia.

La experiencia hist贸rica demuestra lo contrario. El control negativo atomizado s贸lo pod铆a ser repelido por la resistencia colectiva a la explotaci贸n, y sobre todo por las luchas huelgu铆sticas, cuando la tasa de explotaci贸n aumentaba bruscamente, es decir, cuando los salarios reales bajaban, ya fuera por el aumento de las normas laborales, por los recortes salariales o por la subida de los precios. La acumulaci贸n de experiencias de huelgas masivas en la memoria colectiva podr铆a conducir a huelgas con ocupaci贸n de empresas. A su vez, 茅stas podr铆an conducir a la autoorganizaci贸n y la coordinaci贸n a escala interempresarial y -tras extenderse a muchos centros industriales- imponer el derecho a tener sindicatos independientes y el derecho a la huelga, as铆 como conducir a la construcci贸n de un sindicato 煤nico y general de trabajadores.

Esto no s贸lo podr铆a ocurrir, sino que ocurri贸 en Polonia en 1980. Y cuando esto ocurri贸, se crearon las condiciones favorables para una transici贸n del control negativo de los trabajadores individuales o de peque帽os grupos de trabajadores sobre sus propios procesos de trabajo a una lucha por el control colectivo de los trabajadores sobre los procesos de producci贸n, as铆 como sobre todos los procesos econ贸micos, sociales y pol铆ticos. Esto se llam贸 la lucha por la autogesti贸n de los trabajadores. De principio a fin, la l贸gica y la din谩mica de esta lucha condujeron al derrocamiento del poder de la burocracia y al establecimiento de un poder verdaderamente obrero.

Zbigniew Marcin Kowalewski es un autor polaco de trabajos de investigaci贸n sobre la historia de los movimientos revolucionarios y el movimiento obrero, sobre la cuesti贸n nacional y sobre los poderes burocr谩ticos. En 1981 fue miembro del presidium de la direcci贸n regional del sindicato Solidarno艣膰 en 艁贸d藕, delegado en el primer congreso nacional del sindicato y l铆der del movimiento por la autogesti贸n de los trabajadores. Exiliado en Francia, dirigi贸 la campa帽a de solidaridad Solidarno艣膰, public贸 隆Devolvednos las f谩bricas! Solidarnosc dans le combat pour l’autogestion ouvri猫re (La Br猫che, Par铆s 1985) y particip贸 en la redacci贸n de Inprekor, una revista en lengua polaca de la Cuarta Internacional que circul贸 clandestinamente en Polonia durante los a帽os ochenta. Actualmente es subdirector de la edici贸n polaca de Le Monde diplomatique. El texto que publicamos aqu铆 constituye el grueso de su ep铆logo al libro de Micha艂 Siermi艅ski, P臋kni臋ta “Solidarno艣膰. Inteligencja opozycyjna a robotnicy 1964-1981 (Solidarno艣膰 cracked. La intelectualidad opositora y los trabajadores 1964-1981), Ksi膮偶ka i Prasa, Warszawa 2020. (Traducido del polaco por JM, traducci贸n revisada por el autor).

Fuente: Inprecor 685/686 – mayo-junio 2021

Notas:

[1] Sh. Fitzpatrick, “The Bolsheviks’ Dilemma: Class, Culture, and Politics in the Early Soviet Years” y R.G. Suny, “Class and State in the Early Soviet Period: A Reply to Sheila Fitzpatrick”, Slavic Review vol. II. 47 n潞 4, 1988, pp. 600, 619.

[2] 挟. 袥邪褉懈薪, 袛. 袣褉懈褑屑邪薪, 袨褔械褉泻 褏芯蟹褟泄褋褌胁械薪薪芯泄 卸懈蟹薪懈 懈 芯褉谐邪薪懈蟹邪褑懈褟 薪邪褉芯写薪芯谐芯 褏芯蟹褟泄褋褌胁邪 C芯胁械褌褋泻芯泄 袪芯褋褋懈懈. 1 薪芯褟斜褉褟 1917-1 懈褞谢褟 1920 谐. [Y. Larin, D. Kritsman, Panorama de la vida econ贸mica y de la organizaci贸n de la econom铆a nacional de la Rusia sovi茅tica. 1 de noviembre de 1917-1 de julio de 1920], 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1920, p. 44.

[3] 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, 袣褉械褋褌褜褟薪褋泻懈泄 袘褉械褋褌, 懈谢懈 锌褉械写褘褋褌芯褉懈褟 斜芯谢褜褕械胁懈褋褌褋泻芯谐芯 袧协袩邪 [S.L. Pavlyushenko, El Brest campesino o la prehistoria de la NEP bolchevique], 袪袣孝-袠褋褌芯褉懈褟, 袦芯褋泻胁邪 1996, pp. 105, 109.

[4] Lev Kritsman, uno de los l铆deres de la administraci贸n econ贸mica durante el periodo del comunismo de guerra, lo describi贸 como un sistema econ贸mico, como “una econom铆a natural-an谩rquica nacida de la revoluci贸n proletaria”, no de mercado y no planificada, “transitoria” (en relaci贸n con el socialismo), pero al mismo tiempo “deformada” por el subdesarrollo y el aislamiento de Rusia y las condiciones de la guerra civil. S贸lo “formalmente, de forma abstracta”, dominaba la econom铆a de mercado, principalmente peque帽a y subterr谩nea, “cuyo peso cualitativo era muy grande incluso antes de la revoluci贸n y se increment贸 a煤n m谩s durante ella”, debido al reparto por parte del campesinado de los latifundios y las explotaciones capitalistas. Este peso “estuvo en el origen de la contradicci贸n que desgarr贸 la econom铆a de la 茅poca y que finalmente hizo estallar el sistema de la econom铆a proletaria natural”. 袥. 袣褉懈褑屑邪薪, 袚械褉芯懈褔械褋泻懈泄 锌械褉懈芯写 胁械谢懈泻芯泄 褉褍褋褋泻芯泄 褉械胁芯谢褞褑懈懈. 袨锌褘褌 邪薪邪谢懈蟹邪 褌.薪. “胁芯械薪薪芯谐芯 泻芯屑屑褍薪懈蟹屑邪” [L. Kritsman, La 茅poca heroica de la gran revoluci贸n rusa. Un ensayo sobre el an谩lisis del llamado “comunismo de guerra”], 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1926, p. 146. La 茅poca heroica de la Gran Revoluci贸n Rusa, de Kritsman, es hasta la fecha el estudio m谩s interesante -y desde el punto de vista te贸rico, el m谩s original- de la naturaleza, la din谩mica y las contradicciones del comunismo de guerra. Silvana Malle ten铆a raz贸n al afirmar que esta obra era, de hecho, una importante pol茅mica contra la evaluaci贸n de Lenin sobre el comunismo de guerra tras el establecimiento de la NEP. S. Malle, The Economic Organization of War Communism, 1918-1921, Cambridge University Press, Cambridge-Londres-Nueva York 1985, pp. 8-9.

[5] 袥. 孝褉芯褑泻懈泄, “袨褋薪芯胁薪褘械 胁芯锌褉芯褋褘 锌褉芯写芯胁芯谢褜褋褌胁械薪薪芯泄 懈 蟹械屑械谢褜薪芯泄 锌芯谢懈褌懈泻懈 (袩褉械写谢芯卸械薪懈褟, 胁薪械褋械薪薪褘械 胁 笑袣 袪袣袩(斜) 胁 褎械胁褉邪谢械 1920 谐.)” [L. Trotsky, “Cuestiones principales de la pol铆tica alimentaria y agraria (Propuestas hechas al Comit茅 Central del PCR(b) en febrero de 1920)”], en 铆dem, 小芯褔懈薪械薪懈褟 [Obras] vol. XVII parte II, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1926, pp. 543-544. En el giro hacia la NEP, Trotsky inform贸 de esta actitud de Lenin al X Congreso del PC(b)R: 袛械褋褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 袦邪褉褌 1921 r. 袩褉芯褌芯泻芯谢褘 [D茅cimo Congreso del PCR(b). Marzo de 1921 r. Actas], 袩邪褉褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1933, pp. 349-350. Ver tambi茅n 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, 袣褉械褋褌褜褟薪褋泻懈泄 袘褉械褋褌, op. cit, pp. 154-167. Pavlyushenkov descubri贸 en los archivos que Larin, considerado (err贸neamente) uno de los m谩s radicales defensores del comunismo de guerra, hab铆a propuesto una alternativa a 茅ste (pero tambi茅n a la futura NEP) m谩s de dos meses antes que Trotsky. Ibidem, pp. 137-144.

[6] 袝.袗. 袩褉械芯斜褉邪卸械薪褋泻懈泄, 小懈屑锌褌芯屑褘 褉邪蟹谢芯卸械薪懈褟 薪邪褕械泄 锌邪褉褌懈懈 [E.A. Preobrajenski, S铆ntomas de descomposici贸n de nuestro partido] en 袦.袦. 袚芯褉懈薪芯胁 (ed.), 袝.袗. 袩褉械芯斜褉邪卸械薪褋泻懈泄: 袗褉褏懈胁薪褘械 写芯泻褍屑械薪褌褘 懈 屑邪褌械褉懈邪谢褘 1886-1920 谐. [M.M. Gorinov, E.A. Preobrazhensky: Documentos y materiales de archivo 1886-1920], 袠蟹写邪褌械谢褜褋褌胁芯 袚谢邪胁邪褉褏懈胁邪 袦芯褋泻胁褘, 袦芯褋泻胁邪 2006, p. 364.

[7] 挟.袨. 袦邪褉褌芯胁, 袩.袘. 袗泻褋械谢褜褉芯写, 袗.袧. 袩芯褌褉械褋芯胁, 袨 褉械胁芯谢褞褑懈懈 懈 褋芯褑懈邪谢懈蟹屑械 [I.O. Martov, P.B. Axelrod, A.N. Potressov, Sobre la revoluci贸n y el socialismo], 袪袨小小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2010, pp. 590-591.

[8] 袩. 袗谢械褕泻懈薪, 挟. 袙邪褋懈谢褜械胁, 袣褉械褋褌褜褟薪褋泻邪褟 胁芯泄薪邪 胁 袪芯褋褋懈懈 胁 褍褋谢芯胁懈褟褏 锌芯谢懈褌懈泻懈 胁芯械薪薪芯谐芯 泻芯屑屑褍薪懈蟹屑邪 懈 械 锌芯褋谢械写褋褌胁懈泄 (1918-1922 谐谐. ), [P. Alyoshkin, Y. Vasiliev, La guerra campesina en Rusia en el contexto de la pol铆tica del comunismo de guerra y sus consecuencias (1918-1922)], 袚芯谢芯褋-袩褉械褋褋, 袦芯褋泻胁邪 2010.

[9] 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, 袙芯械薪薪褘泄 泻芯屑屑褍薪懈蟹屑 胁 袪芯褋褋懈懈. 袙谢邪褋褌褜 懈 屑邪褋褋褘 [S.L. Pavlyushenko, El comunismo de guerra en Rusia. El poder y las masas], 袪袣孝-袠褋褌芯褉懈褟, 袦芯褋泻胁邪 1997, p. 140.

[10] 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, 袣褉械褋褌褜褟薪褋泻懈泄 袘褉械褋褌, op. cit, pp. 107-108.

[11] 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, “袨褉写械薪 屑械褔械薪芯褋褑械胁”. 袩邪褉褌懈褟 懈 胁谢邪褋褌褜 锌芯褋谢械 褉械胁芯谢褞褑懈懈 1917-1929 谐谐. [S.L. Pavlyushenkov, “The Order of Glaive Bearers. El partido y el poder despu茅s de la revoluci贸n 1917-1929], 小芯斜褉邪薪懈械, 袦芯褋泻胁邪 2008, p. 64. A. Rosenberg ya lo hab铆a se帽alado en A history of bolshevism. From Marx to the First Five Years Plan, Oxford University Press, Londres 1934, p. 153, y E. Germain [Mandel] lo demostr贸 claramente en “La discussion sur la question syndicale dans le parti bolchevik (1920-1921)”, Quatri褠me Internationale vol. 13 n潞 1/3, 1955, pp. 50-59.

[12] 小.袥. 袩邪胁谢褞褔械薪泻芯胁, “袨褉写械薪 屑械褔械薪芯褋褑械胁”, op. cit. pp. 37-48, 166-171.

[13] Ibidem, pp. 65-66.

[14] 袚.袦. 袣褉卸懈卸邪薪芯胁褋泻懈泄, 啸芯蟹褟泄褋褌胁械薪薪褘械 锌褉芯斜谢械屑褘 袪.小.肖.小.袪. 懈 褉邪斜芯褌褘 谐芯褋褍写邪褉褋褌胁械薪薪芯泄 芯斜褖械锌谢邪薪芯胁芯泄 泻芯屑懈褋褋懈懈 (袚芯褋锌谢邪薪邪) [G. M. Krzhijanovsky, Los problemas econ贸micos de la RSFSR y la labor de la Comisi贸n General de Planificaci贸n del Estado (Gosplan)], 袚芯褋锌谢邪薪, 袦芯褋泻胁邪 1921, p. 12.

[15] 小.袙. 携褉芯胁, 袩褉芯谢械褌邪褉懈泄 泻邪泻 锌芯谢懈褌懈泻. 袩芯谢懈褌懈褔械褋泻邪褟 锌褋懈褏芯谢芯谐懈褟 褉邪斜芯褔懈褏 袩械褌褉芯谐褉邪写邪 胁 1917-1923 谐谐. [S.V. Yarov, El proletario como pol铆tico. Psicolog铆a pol铆tica de los trabajadores de Petrogrado en 1917-1923], 袛屑懈褌褉懈泄 袘褍谢邪薪懈薪, 小邪薪泻褌-袩械褌械褉斜褍褉谐 1999, pp. 114-133.

[16] 袙.挟. 效械褉薪褟械胁, “袩褉械写懈褋谢芯胁懈械” [“Prefacio”], en 袙.挟. 效械褉薪褟械胁 (ed.), 袩懈褌械褉褋泻懈械 褉邪斜芯褔懈械 “写懈泻褌邪褌褍褉邪 锌褉芯谢械褌邪褉懈邪褌邪” 袨泻褌褟斜褉褜 1917-1929. 小斜芯褉薪懈泻 写芯泻褍屑械薪褌芯胁 [en V.Y. Chernayev, Los trabajadores de Petrogrado y la “dictadura del proletariado”. Octubre de 1917-1929. Documentos], 袘袥袠笑, 袦芯褋泻胁邪 2000, p. 18.

[17] 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袨 锌褉芯褎械褋褋懈芯薪邪谢褜薪褘褏 褋芯褞蟹邪褏, 芯 褌械泻褍褖械屑 屑芯屑械薪褌械 懈 芯斜 芯褕懈斜泻邪褏 褌. 孝褉芯褑泻芯谐芯”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 42, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1970, p. 208 [Lenin, Obras Completas vol. 32]. Las notas a pie de p谩gina de las obras de Lenin se refieren a la 煤ltima (quinta) edici贸n sovi茅tica en 55 vol煤menes – la m谩s completa (pero todav铆a incompleta: v茅anse los 422 “documentos desconocidos”, en realidad previamente censurados y publicados en 1999 en Mosc煤 por las ediciones ROSSPEN) y relativamente la m谩s cre铆ble.

[18] Formulaciones de A.M. 袣芯谢谢芯薪褌邪泄, “袪邪斜芯褔邪褟 芯锌锌芯蟹懈褑懈褟”, en 袥械胁褘械 泻芯屑屑褍薪懈褋褌褘 胁 袪芯褋褋懈懈懈, 袧袩笑 “袩褉邪泻褋懈褋”, 袦芯褋泻胁邪 2008, pp. 170 [en franc茅s: A. Kollonta茂, “L’Opposition ouvri猫re”, Socialisme ou barbarie n掳 35, 1964, pp. 57-120].

[19] Estas ideas fueron presentadas en 1921 por la Oposici贸n Obrera, especialmente en las tesis “袟邪写邪褔懈 锌褉芯褎械褋褋懈芯薪邪谢褜薪褘褏 褋芯褞蟹芯胁 (泻 X 褋褗械蟹写褍 锌邪褉褌懈懈). (孝械蟹懈褋褘 “褉邪斜芯褔械泄 芯锌锌芯蟹懈褑懈懈”)” [“Las tareas de los sindicatos (para el X Congreso del Partido). (Tesis de la “Oposici贸n Obrera”)] as铆 como “袨褉谐邪薪懈蟹邪褑懈褟 锌邪褉芯写薪芯谐芯 褏芯蟹褟泄褋褌胁邪 懈 蟹邪写邪褔懈 褋芯褞蟹芯胁 (袩褉械写谢芯卸械薪懈械 楔谢褟锌薪懈泻芯胁邪)” [“Organizaci贸n de la econom铆a nacional y las tareas de los sindicatos (Propuesta de Shliapnikov)”], en 袛械褋褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜), op. cit, pp. 685-691, 819-823. En nombre de esta oposici贸n tambi茅n lo hizo Kollontai en su folleto: A.M. 袣芯谢谢芯薪褌邪泄, op. cit. pp. 165-204, as铆 como en su discurso en el III Congreso de la Comintern. 孝褉械褌懈泄 袙褋械屑懈褉薪褘泄 袣芯薪谐褉械褋褋 袣芯屑屑褍薪懈褋褌懈褔械褋泻芯谐芯 袠薪褌械褉薪邪褑懈芯薪邪谢邪. 小褌械薪芯谐褉邪褎懈褔械褋泻懈泄 芯褌褔褢褌, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袩械褌褉芯谐褉邪写 1922, pp. 367-370 [en ingl茅s: J. Riddell (ed.), To the Masses. Actas del Tercer Congreso de la Internacional Comunista, 1921, Brill, Leiden-Boston 2015, pp. 679-682].

[20] 袙.袠.袥械薪懈薪, “VIII 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 18-23 屑邪褉褌邪 1919 谐. 袨褌褔械褌 笑械薪褌褉邪谢褜薪芯谐芯. 18 屑邪褉褌邪”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 38, 1969, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1969, p. 141 [Lenin, Obras Completas vol. 29]

[21] 挟. 袥邪褉懈薪, 袠薪褌械谢懈谐械薪褑懈褟 懈 褋芯胁械褌褘. 啸芯蟹褟泄褋褌胁芯, 斜褍褉卸褍邪蟹懈褟, 褉械胁芯谢褞褑懈褟, 谐芯褋邪锌锌邪褉邪褌 [Y. Larin, La inteligencia y los sovi茅ticos. Econom铆a, burgues铆a, revoluci贸n, aparato de Estado], 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1924, p. 39.

[22] 袙芯褋褜屑芯泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 袦邪褉褌 1919 谐芯写邪. 袩褉芯褌芯泻芯谢褘 [Octavo Congreso del PCR(b). Marzo de 1919. Actas], 袚芯褋锌芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1959, p. 403.

[23] Seg煤n la primera edici贸n de las obras de Lenin, publicadas en vida, declar贸 en un congreso sindical en enero de 1919 que “despu茅s de la revoluci贸n pol铆tica que ha dado el poder a los sindicatos, como organizaciones m谩s amplias del proletariado, les corresponde desempe帽ar un papel especialmente grande y convertirse en cierto sentido en los principales 贸rganos pol铆ticos.” 袥械薪懈薪 (袙. 校谢褜褟薪芯胁), “袨 锌褉芯褎械褋褋懈芯薪邪谢褜薪褘褏 褋芯褞蟹邪褏. 袪械褔褜”, en ibidem, 小芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. XVI, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1922, p. 17. As铆, los dirigentes sindicales, por ejemplo, el secretario general de la Internacional Sindical Roja, Salom贸n Losovski, citaron esta frase para justificar la idea de la “estatalidad de los sindicatos”. 小.袗. 袥芯蟹芯胁褋泻懈泄, “袥械薪懈薪 懈 锌褉芯褎械褋褋懈芯薪邪谢褜薪芯械 写胁懈卸械薪懈械” [S. A. Losovski, “Lenin y los movimientos sindicales”], 袙械褋褌薪懈泻 袣芯屑屑褍薪懈褋褌懈褔械褋泻芯泄 邪泻邪写械屑懈懈 vol. I. VIII, 1924, p. 16. Unos a帽os m谩s tarde se public贸 un texto revisado y en lugar de “la revoluci贸n pol铆tica que dio el poder a los sindicatos” se le铆a ahora y desde entonces: “la revoluci贸n pol铆tica que dio el poder al proletariado”. 袥械薪懈薪 (袙. 校谢褜褟薪芯胁), 小芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. XX-2, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1926, p. 300, y 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袛芯泻谢邪写 薪邪 II 袙褋械褉芯褋褋懈泄褋泻芯屑 褋褗械蟹写械 锌褉芯褎械褋褋懈芯薪邪谢褜薪褘褏 褋芯褞蟹芯胁 20 褟薪胁邪褉褟 1919”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 37, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1969, p. 442 [Lenin, Obras Completas vol. 28, p. 439].

[24] S贸lo el principal marxista del partido, David Riazanov, se opuso. Defendiendo la ortodoxia marxista exigi贸 “la abolici贸n obligatoria de cualquier derecho de los sindicatos a gestionar la producci贸n”. 袙芯褋褜屑芯泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜), op. cit, p. 70.

[25] 袨褉谐邪薪懈蟹邪褑懈褟 锌邪褉芯写薪芯谐芯 褏芯蟹褟泄褋褌胁邪 懈 蟹邪写邪褔懈 褋芯褞蟹芯胁 (袩褉械写谢芯卸械薪懈械 楔谢褟锌薪懈泻芯胁邪), op. cit.

[26] 袛械胁褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 袦邪褉褌-邪锌褉械谢褜 1920 谐. [Noveno Congreso del PCR(b). Marzo-abril de 1920], 袩邪褉褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1934, p. 62. K谩menev aprovech贸 la oportunidad para ajustar viejas cuentas con Shliapnikov. En marzo de 1917, tras su regreso a Petrogrado desde el exilio, K谩menev, Matvei Muranov y Jos茅 Stalin segu铆an una pol铆tica conciliadora hacia el Gobierno Provisional y adoptaban una posici贸n ambigua respecto a la guerra imperialista que este gobierno segu铆a librando. Shliapnikov era un implacable opositor a su “bolchevismo de derechas”, al que Lenin, a su regreso del exilio en abril, puso fin en el partido. Shliapnikov describi贸 este asunto, comprometiendo a Stalin, en sus memorias publicadas en 1925: 袗. 楔谢褟锌薪懈泻芯胁, 小械屑薪邪写褑邪褌褘泄 谐芯写 [A. Shliapnikov, A帽o 1917] vol. II. 2, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1925, pp. 170-188. En 1932, el Comit茅 Central prohibi贸 la circulaci贸n de sus memorias alegando que conten铆an “invenciones calumniosas”.

[27] Informe de Nikolai Bujarin sobre los sindicatos en 袛械胁褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜), op. cit, p. 233. La posici贸n de la direcci贸n del partido sobre esta cuesti贸n fue claramente expresada por Bujarin y Preobrazhensky en un libro publicado antes del IX Congreso, en el que explicaban el programa del partido bolchevique adoptado un a帽o antes. “Es necesario que los sindicatos”, escribieron en 茅l, “se desarrollen por el camino que lleva a su transformaci贸n en secciones y 贸rganos econ贸micos del poder estatal, es decir, a su estatalizaci贸n“. 袧. 袘褍褏邪褉懈薪, 袝. 袩褉械芯斜褉邪卸械薪褋泻懈泄, 袗蟹斜褍泻邪 泻芯屑屑褍薪懈蟹屑邪. 袩芯锌褍谢褟褉薪芯械 芯斜褗褟褋薪械薪懈械 锌褉芯谐褉邪屑屑褘 袪芯褋褋懈泄褋泻芯泄 泻芯屑屑褍薪懈褋褌懈褔械褋泻芯泄 锌邪褉褌懈懈 斜芯谢褜褕械胁懈泻芯胁, [N. Bujarin, E. Preobrazhensky, ABC del comunismo. Explicaci贸n popular del programa del PCR(b)], 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袩械褌械褉斜褍褉谐 1920, p. 220.

[28] 袙.袠. 袥械薪懈薪”, IX 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜) 29 屑邪褉褌邪 – 5 邪锌褉械谢褟 1920 谐. 袟邪泻谢褞褔懈褌械谢褜薪芯械 褋谢芯胁芯 锌芯 写芯泻谢邪写褍 笑械薪褌褉邪谢褜薪芯谐芯 袣芯屑懈褌械褌邪 30 屑邪褉褌邪”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 40, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1974, pp. 261-262 [Lenin, Obras Completas vol. 30].

[29] L.E. Holmes, “For the revolution redeemed. The Workers Opposition in the Bolshevik Party 1919-1921”, The Carl Beck Papers in Russian and East European Studies No. 802, 1990, pp. 2-9; 孝. 袗. 小邪薪写褍, “袪邪斜芯褔邪褟 芯锌锌芯蟹懈褑懈褟” 胁 袪袣袩(斜) (1919-1923 谐谐.) (袛懈褋褋械褉褌邪褑懈褟) [T.A. Sandou, “La oposici贸n obrera” en el PCR(b), 1919-1923 (Tesis)], 孝褞屑械薪褋泻懈泄 谐芯褋褍写邪褉褋褌胁械薪薪褘泄 褍薪懈胁械褉褋懈褌械褌, 孝褞屑械薪褜 2006, pp. 38-103; B.C. Allen, Alexander Shlyapnikov, 1885-1937. Life of an Old Bolshevik, Brill, Leiden-Boston 2015, pp. 157-179.

[30] 孝. 袗. 小邪薪写褍, op. cit, p. 78.

[31] Varias contradicciones y debilidades pol铆ticas de la Oposici贸n Obrera son se帽aladas y comentadas por L.H. Holmes, op. cit. pp. 11-30; fueron ampliamente explotadas por Lenin, Zin贸viev y su facci贸n “Diez”. 袚. 袝. 袟懈薪芯胁褜械胁, “袧械锌褉邪胁懈谢褜薪芯械 胁芯 胁蟹谐谢褟写邪褏 褉邪斜芯褔械泄 芯锌锌芯蟹懈褑懈懈 薪邪 褉芯谢褜 锌褉芯褎褋芯褞蟹芯胁” [G.E. Zinoiviev; “Lo incorrecto del papel de los sindicatos en las opiniones de la oposici贸n obrera”], en 铆dem, 小芯褔懈薪械薪懈褟 [Obras] vol. VI, 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1929, pp. 458-465; 袙. 袩. 袦懈谢褞褌懈薪, 袠褋褌芯褉懈褟 褝泻芯薪芯屑懈褔械褋泻芯谐芯 褉邪蟹胁懈褌懈褟 小小小袪 (1917-1927) [V.P. Miliutin, Historia del desarrollo econ贸mico de la URSS 1917-1927], 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1929, pp. 292-296.

[32] 袙.袠. 袥械薪懈薪,” 袝褖械 褉邪蟹 芯 锌褉芯褎褋芯褞蟹邪褏, 芯 褌械泻褍褖械屑 屑芯屑械薪褌械 懈 芯斜 芯褕懈斜泻邪褏 褌. 孝褉芯褑泻芯谐芯 懈 袘褍褏邪褉懈薪邪”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 42, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1970, p. 304 [Lenin, Obras Completas, vol. 32].

[33] Esto ha sido demostrado exhaustivamente por H. Draper, Karl Marx’s Theory of Revolution, vol. II. III, Monthly Review Press, Nueva York 1986, pp. 175-325. Tambi茅n document贸 la evoluci贸n del concepto de Lenin sobre la dictadura del proletariado. Idem, “Dictatorship of the Proletariat” in Marx and Lenin, Monthly Review Press, Nueva York 1987, pp. 42-105.

[34] 袗. 楔谢褟锌薪懈泻芯胁, “袨 薪邪褕懈褏 胁薪褍褌褉懈锌邪褉褌懈泄薪褘褏 褉邪蟹薪芯谐谢邪褋懈褟褏” [A. Chliapnikov, “Sobre nuestros desacuerdos internos en el partido”], 袠蟹胁械褋褌懈褟 笑袣 袣袩小小 n潞 7 (318), 1991, pp. 213-214.

[35] Citado por 孝. 袗. 小邪薪写褍, op. cit, p. 87.

[36] 袛械褋褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜), pp. 85, 87.

[37] 袙.袠. 袥械薪懈薪, “XI 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜) 27 屑邪褉褌邪 – 2 邪锌褉械谢褟 1922 谐. 袟邪泻谢褞褔懈褌械谢褜薪芯械 褋谢芯胁芯 锌芯 锌芯谢懈褌懈褔械褋泻芯屑褍 芯褌褔械褌褍 笑K 袪袣袩(斜) 28 屑邪褉褌邪”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 43, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1970, pp. 36, 38, 40 [Lenin, Obras Completas vol. 30, pp. 202, 204, 206].

[38] A.M. 袣芯谢谢芯薪褌邪泄, op. cit, p. 184.

[39] 袛械褋褟褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜), pp. 536-537.

[40] 肖. 效褍械胁, 袦芯谢芯褌芯胁: 袩芯谢褍写械褉卸邪胁薪褘泄 胁谢邪褋褌械谢懈薪 [F. Chuiyev, Molotov: un oligarca semiestatal], 袨谢屑邪-袩褉械褋褋, 袦芯褋泻胁邪 1999, p. 240.

[41] L. Trotsky, “Factions and the Fourth International (1935)” en N. Allen, G. Breitman (eds), Writings of Leon Trotsky (1935-36), Pathfinder Press, Nueva York 1977, p. 186. Allen, G. Breitman (eds), Writings of Leon Trotsky (1935-36), Pathfinder Press, Nueva York 1977, p. 186. “Lejos de preservar la pureza de la dictadura proletaria, estas medidas la sometieron a la peor influencia del enemigo de clase, transmitida a trav茅s de la burocracia. Lejos de preservar la unidad e integridad del partido de clase, lo lanzaron a una violenta lucha intestina, de la que sali贸 arruinado como instrumento de la lucha obrera鈥. E. Germain [Mandel], op. cit.

[42] 孝.袗. 小邪薪写褍, op. cit, pp. 112-127; B.C. Allen, op. cit, pp. 179-190.

[43] E. Germain [Mandel], op. cit. p. 58.

[44] 小.袙. 笑邪泻褍薪芯胁, 袙 谢邪斜懈褉懈薪褌械 写芯泻褌褉懈薪褘. 袠蟹 芯锌褘褌邪 褉邪蟹褉邪斜芯褌泻懈 褝泻芯薪芯屑懈褔械褋泻芯谐芯 泻褍褉褋邪 褋褌褉邪薪褘 胁 1920-械 谐芯写褘 [S. V. Tsakunov, En el laberinto de la doctrina. Sobre la experiencia del desarrollo de la orientaci贸n econ贸mica del pa铆s en la d茅cada de 1920], 袪芯褋褋懈褟 屑芯谢芯写邪褟, 袦芯褋泻胁邪 1994, p. 37.

[45] 袛. 袠. 袗锌邪谢褜泻芯胁, 袙薪褍褌褉懈锌邪褉褌懈泄薪邪褟 斜芯褉褜斜邪 胁 袪袣袩(斜)-袙袣袩(斜) (1920-械-薪邪褔邪谢芯 1930-褏 谐谐.) (袛懈褋褋械褉褌邪褑懈褟) [D. I. Apalkov, Lucha interna en el PCR(b)-PC(b) de la URSS (1920-principios de los a帽os 30) (Tesis)], 袦芯褋泻芯胁褋泻懈泄 谐芯褋褍写邪褉褋褌胁械薪薪褘泄 褍薪懈胁械褉褋懈褌械褌 懈屑械薪懈 袦.袙. 袥芯屑芯薪芯褋芯胁邪. 袠褋褌芯褉懈褔械褋泻懈泄 褎邪泻褍谢褜褌械褌, 袦芯褋泻胁邪 2017, p. 29.

[46] A petici贸n de Lenin, en una resoluci贸n secreta del X Congreso se decidi贸 que, como “煤ltimo recurso”, el Comit茅 Central pod铆a expulsar a un miembro de su seno e incluso del partido por una mayor铆a de dos tercios de los votos. En agosto de 1921, Shliapnikov fue el primer miembro del Comit茅 Central contra el que se aplic贸 este procedimiento a petici贸n de Lenin. Para expulsarlo se necesitaba un voto. 孝. 袗. 小邪薪写褍, op. cit, pp. 128-160; B.C. Allen, op. cit, pp. 191-226.

[47] 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袦邪褌械褉懈邪谢褘 泻 X 袙褋械褉芯褋褋懈泄褋泻芯泄 泻芯薪褎械褉械薪褑懈懈” [V.I. Lenin, “Materiales para la X Conferencia Panrusa”], en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. I. 43, p. 403.

[48] 袙. 袙懈谢械薪褋泻懈泄 (小懈斜懈褉褟泻芯胁) (ed.), 袩芯谢懈褌懈泻懈 懈 锌懈褋邪褌械谢懈 蟹邪锌邪写邪 懈 胁芯褋褌芯泻邪 芯 袙.袠. 袥械薪懈薪械 [V. Vilensky (Sibiriakov), Pol铆ticos y escritores occidentales y orientales sobre V.I. Lenin], 袚谢邪胁谢懈褌, 袦芯褋泻胁邪 1924, p. 38.

[49] J.-J. Marie, Lenin, p. 473.

[50] 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袧芯胁邪褟 褝泻芯薪芯屑懈褔械褋泻邪褟 锌芯谢懈褌懈泻邪 懈 蟹邪写邪褔懈 锌芯谢懈褌锌褉芯褋胁械褌芯胁”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 44, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1970, p. 161 [Lenin, Obras Completas vol. 33]

[51] Ibidem, p. 151 [Lenin, Obras Completas, vol. 33].

[52] 鈥15. 驴Se est谩 desclasificando el proletariado? 隆S铆! 驴Conclusiones? Ideolog铆a de los peque帽os propietarios. 16. La producci贸n a gran escala y las m谩quinas: base material y psicol贸gica del proletariado. India [de ah铆] la degradaci贸n”. 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袩谢邪薪 褉械褔懈 薪邪 褋褗械蟹写械 锌褉芯褎褋芯褞蟹芯胁”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 43, p. 401 [Lenin, Obras Completas vol. 42].

[53] 袥. 袣褉懈褑屑邪薪, 袚械褉芯懈褔械褋泻懈泄 锌械褉懈芯写, op. cit.

[54] S. Fitzpatrick, Tear off the masks! Identity and Imposture in Twentieth-Century Russia, Princeton University Press, Princeton-Oxford 2005, p. 53.

[55] . 袠. 袥械薪懈薪, “XI 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 27 屑邪褉褌邪 – 2 邪锌褉械谢褟 1922 谐. 袩芯谢懈褌懈褔械褋泻懈泄 芯褌褔械褌 笑械薪褌褉邪谢褜薪芯谐芯 袣芯屑懈褌械褌邪 袪袣袩(斜) 27 屑邪褉褌邪”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 45, 袩芯谢懈褌懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪 1970, pp. 85, 106-107 [Lenin, Obras Completas vol. 33].

[56] 袨写懈薪薪邪写褑邪褌褘泄 褋褗械蟹写 袪袣袩(斜). 袦邪褉褌-邪锌褉械谢褜 1922 谐. 袩褉芯褌芯泻芯谢褘 [Und茅cimo Congreso del PCR(b). Marzo-abril de 1922. Actas], 袩邪褉褌懈蟹写邪写 笑袣 袙袣袩(斜), 袦芯褋泻胁邪 1936, pp. 108-110, 197.

[57] “袟邪褟胁谢械薪懈械 写胁邪写褑邪褌懈 写胁褍褏”, en 袦. 袟芯褉泻懈泄 (ed.), “袪邪斜芯褔邪褟 芯锌芯蟹懈褑懈褟. 袦邪褌械褉懈邪谢褘 懈 写芯泻褍屑械薪褌褘 1920-1926 谐谐. , 袚芯褋懈蟹写邪褌, 袦芯褋泻胁邪-袥械薪懈薪谐褉邪写 1926, p. 59 [Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista].

[58] R.B. Day, “Leon Trotsky and the Dialectics of Democratic Control”, en P. Wiles (ed.), The Soviet Economy on the Brink of Reform. Essays in Honor of Alec Nove, Routledge, Londres-Nueva York 2013, p. 16.

[59] 孝. 袗. 小邪薪写褍, op. cit, pp. 168-190; B.C. Allen, op. cit, pp. 244-251.

[60] J.-J. Marie, Lenin, p. 501.

[61] 袨.袚. 袧邪蟹邪褉芯胁, 小褌邪谢懈薪 懈 斜芯褉褜斜邪 蟹邪 谢懈写械褉褋褌胁芯 胁 斜芯谢褜褕械胁懈褋褌褋泻芯泄 锌邪褉褌懈懈 胁 褍褋谢芯胁懈褟褏 袧协袩邪 [O.G. Nazarov, Stalin y la lucha por la direcci贸n del Partido Bolchevique en las condiciones de la NEP], 袠薪褋褌懈褌褍褌 胁褋械芯斜褖械泄 懈褋褌芯褉懈懈 袪袗袧, 袦芯褋泻胁邪 2002, pp. 48, 50, 181.

[62] 袙.袠. 袥械薪懈薪, “袩懈褋褜屑芯 褋褗械蟹写褍”, en 铆dem, 袩芯谢薪芯械 褋芯斜褉邪薪懈械 褋芯褔懈薪械薪懈泄 vol. 45 [Lenin, Obras Completas, vol. 36].

[63] V茅ase la entrevista con Lewin en MARHO (The Radical Historians Organization), Visions of History, Manchester University Press, Manchester 1983, pp. 281-308, as铆 como R.G. Suny, “Living in the Soviet Century: Moshe Lewin, 1921-2010”, History Workshop Journal vol. 74 n潞 1, 2012, pp. 192-209.

[64] M. Lewin, La formation du syst猫me sovi茅tique , Gallimard, Par铆s 1987, pp. 390-391.

[65] V茅ase P. Brou茅, Rakovsky ou la R茅volution dans tous les pays, Fayard, Par铆s 1996.

[66] “袩懈褋褜屑芯 啸.袚. 袪邪泻芯胁褋泻芯谐芯 芯 锌褉懈褔懈薪邪褏 锌械褉械褉芯卸写械薪懈褟 锌邪褉褌懈懈 懈 谐芯褋褍写邪褉褋褌胁械薪薪芯谐芯 邪锌锌邪褉邪褌邪”, 袘褞谢谢械褌械薪褜 袨锌芯蟹懈褑懈懈 (斜芯谢褜褕械胁懈泻芯胁-谢械薪懈薪褑械胁) n潞 6, 1929, pp. 15-19 [en franc茅s: Kh. Rakovsky, “Carta a Valentinov”, Cahiers L茅on Trotsky n掳 18, 1984, pp. 81-95. La frase “no digo clase, sino social”, presente en el original ruso, suele faltar, por razones inexplicables, en las traducciones de esta carta a lenguas extranjeras. Este es tambi茅n el caso de esta publicaci贸n francesa.

[67] Ibidem, pp. 17-19.

[68] Ibidem, pp. 15-19.

[69] Bailey Stone muestra que es leg铆timo y puede ser heur铆sticamente fruct铆fero analizar las fases finales de las revoluciones inglesa, francesa y rusa como termitores comparables: B. Stone, Rethinking Revolutionary Change in Europe. A Neostructuralist Approach, Rowman & Littlefield, Lanham-Londres 2020, pp. 155-203.

[70] L. Trotsky, “芦 L鈥櫭塼at ouvrier, Thermidor et bonapartisme “, en 铆dem, 艗uvres vol. 5, EDI, Par铆s 1979, pp. 68-89.

[71] D. Rousset, La Soci茅t茅 茅clat茅e, Grasset, Par铆s 1973, p. 178.

[72] M. Lewin, La Paysannerie et le pouvoir sovi茅tique 1928-1930, Mouton, Paris-La Haye 1966, p. 423.

[73] Ibidem, p. 440.

[74] 袧.袗. 袠胁薪懈褑泻懈泄, “袙胁械写械薪懈械 (袪邪蟹胁械褉褌褘胁邪薪懈械 “褋锌谢芯褕薪芯泄 泻芯谢谢械泻褌懈胁懈蟹邪褑懈懈”)” [[N.A Ivnitski, “Introducci贸n(Despliegue de la ‘colectivizaci贸ntotal’)”, en 袧.袗. 袠胁薪懈褑泻懈泄 (ed.), 孝褉邪谐械写懈褟 褋芯胁械褌褋泻芯泄 写械褉械胁薪懈. 袣芯谢谢械泻褌懈胁懈蟹邪褑懈褟 懈 褉邪褋泻褍谢邪褔懈胁邪薪懈械. 袛芯泻褍屑械薪褌褘 懈 屑邪褌械褉懈邪谢褘 [La tragedia del campo sovi茅tico. Colectivizaci贸n y dekulakizaci贸n. Documentos y materiales] vol. 2, 袪袨小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2000, p. 20.

[75] 袙. 袙邪褋懈谢褜械胁, 袥. 袙懈芯谢邪, 袣芯谢械泻褌懈胁懈蟹邪褑懈褟 懈 泻褉械褋褌褜褟薪褋泻芯械 褋芯锌褉芯褌懈胁谢械薪懈械 薪邪 校泻褉邪懈薪械 (薪芯褟斜褉褜 1929-屑邪褉褌 1930 谐谐.) [V. Vasiliev, L. Viola, Colectivizaci贸n y resistencia campesina en Ucrania (Noviembre 1929 – Marzo 1930)], 袥芯褏芯褋, 袙懈薪薪懈褑邪 1997, p. 233.

[76] 袧.小. 孝邪褉褏芯胁邪, 袣褉邪褋薪邪褟 邪褉屑懈褟 懈 褋褌邪谢懈薪褋泻邪褟 泻芯谢谢械泻褌懈胁懈蟹邪褑懈褟. 1928-1933 谐谐. [ N.S. Tarkhova, El Ej茅rcito Rojo y la colectivizaci贸n estalinista, 1928-1933], 袪袨小小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2010, p. 156.

[77] Citado por A. A. Graziosi, “Collectivisation, peasant revolts and government policies (through the reports of the GPU of Ukraine of February-March 1930)”, Cahiers du monde russe vol. 35 n潞 3, 1994, p. 461.

[78] 袥. 孝褉芯褑泻懈泄, “袨褌泻褉褘褌芯械 锌懈褋褜屑芯 褔谢械薪邪屑 袙袣袩(斜)”, 袘褞谢械褌械薪褜 袨锌芯蟹懈褑懈懈 (斜芯谢褜褕械胁懈泻芯胁-谢械薪懈薪褑械胁) [L. Trotsky, “Carta abierta a los miembros del PC(b) de la URSS”, Bolet铆n de la Oposici贸n] n潞 10, 1930, p. 2.

[79] 啸. 袪邪泻芯胁褋泻懈泄, 袙. 袣芯褋褋懈芯褉, 袧. 袦褍褉邪谢芯胁, 袙. 袣邪褋锌邪褉芯胁邪 [懈 袨. 袗褍褋褋械屑, 袣. 袚褉褞薪褕褌械泄薪], “袨斜褉邪褖械薪懈械 芯锌锌芯蟹懈褑懈懈 袘芯谢褜褕械胁懈泻芯胁-袥械薪懈薪褑械胁 胁 笑袣, 笑袣袣 袙袣袩(斜) 懈 泻芯 胁褋械屑 褔谢械薪邪屑 袙袣袩(斜). (袣 锌褉械写褋褌芯褟褖械泄 写懈褋泻褍褋懈懈)”, 袘褞谢谢械褌械薪褜 袨锌芯蟹懈褑懈懈 (斜芯谢褜褕械胁懈泻芯胁-谢械薪懈褑械胁) n潞 17/18, 1930, pp. 12, 16 [en franc茅s: Kh. G. Rakovsky, V. V. Kossior, N. I. Muralov, V. S. Kasparowa (con O. Kh. Aussem, K. E. Gr眉nstein), “D茅claration en vue du XVIe Congr猫s du PCUS (12 avril 1930) “, Cahiers L茅on Trotsky n潞 6, 1980, pp. 90-103].

[80] Marx escribi贸: “La burocracia tiene en su poder la esencia del Estado, la esencia espiritual de la sociedad: es su propiedad privada”. K. Marx, “Para una cr铆tica de la filosof铆a del derecho de Hegel“.

[81] Esta cita es de uno de los cuadernos pol铆ticos recopilados por activistas de la oposici贸n de izquierdas encarcelados y encontrados en 2018 en el recinto de la antigua prisi贸n de Verkhneouralsk. Fue publicado por 袗.袗. 肖芯泻懈薪, “”袣褉懈蟹懈褋 褉械胁芯谢褞褑懈懈 懈 蟹邪写邪褔懈 锌褉芯谢械褌邪褉懈邪褌邪” 懈 芯褋芯斜械薪薪芯褋褌懈 懈褋褌芯褔薪懈泻芯胁械写褔械褋泻芯谐芯 邪薪邪谢懈蟹邪 写芯泻褍屑械薪褌芯胁 斜芯谢褜褕械胁懈泻芯胁-谢械薪懈懈薪褑械胁 1930-褏 谐芯写芯胁” [A. A. Fokin, “Crisis de la revoluci贸n y tareas del proletariado” y Peculiaridades del an谩lisis de las fuentes de los documentos bolcheviques-leninistas de los a帽os 30″], 袙械褋褌薪懈泻 袩械褉屑褋泻芯谐芯 褍薪懈胁械褉褋懈褌械褌邪. 袠褋褌芯褉懈褟 n潞 1 (44), 2019, p. 172.

[82] R.C. Tucker, Stalin in Power. The Revolution from Above, 1928-1941, W.W. Norton, Nueva York-Londres 1990, pp. XIV-XV.

[83] M. Lewin, The Formation of the Soviet System, p. 308.

[84] 袚.袠. 啸邪薪懈薪, 袛懈薪邪屑懈泻邪 褝泻芯薪芯屑懈褔械褋泻芯谐芯 褉邪蟹胁懈褌懈褟 小小小袪 [G.I. Khanin, Din谩mica del desarrollo econ贸mico de la URSS], 袧邪褍泻邪, 袧芯胁芯褋懈斜懈褉褋泻 1991, p. 175. V茅ase tambi茅n R.W. Davies, S.G. Wheatcroft (y en vol煤menes posteriores tambi茅n O. Khlevniuk, M. Harrison), The Industrialisation of Soviet Russia vol. 5-7, Palgrave Macmillan, Houndmills, Basingstoke-Nueva York 2009, 2014, 2018; A. Graziosi, “The Soviet 1931-1933 Famines and the Ukrainian Holodomor: Is a New Interpretation Possible, and What Would Its Consequences Be? 禄, Harvard Ukrainian Studies vol. 27 no. 1/4, 2004-2005, pp. 97-115.

[85] A. Graziosi, L’URSS di Lenin e Stalin. Storia dell’Unione Sovietica 1914-1945, Il Mulino, Bolonia 2007, p. 427.

[86] 袝. 挟褉褜械胁褋泻褨泄 [袧. 袙邪谢械薪褌懈薪芯胁/袙芯谢褜褋泻懈泄], “袠蟹屑械薪械薪懈褟 褋芯褑懈邪谢褜薪芯泄 褋褌褉褍泻褌褍褉褘 小小小袪” [E. Yuryevsky (N.C. Valentinov/Volski), “Cambios en la estructura social de la URSS”], 袪褍褋褋泻懈械 蟹邪锌懈褋泻懈 n潞 4, 1938, pp. 142-149, 155-157.

[87] 袗. 袗. 袘邪褉褋芯胁, “小械谢褜褋泻芯械 褏芯蟹褟泄褋褌胁芯 懈 褋褌芯褔薪懈泻懈 褋芯褑懈邪谢懈褋褌懈褔械褋泻芯谐芯 薪邪泻芯锌谢械薪懈褟 胁 谐芯写褘 锌械褉胁芯泄 锌褟褌懈谢械褌泻懈 (1928-1932)” [A.A. Barsov, “La agricultura y las fuentes de acumulaci贸n socialista en los a帽os del primer plan quinquenal (1928-1932)”], 袠褋褌芯褉懈褟 小小小袪 n潞 3, 1968, p. 82.

[88] M. Ellman, “驴Proporcion贸 el excedente agr铆cola los recursos para el aumento de la inversi贸n en la URSS durante el primer plan quinquenal? Ellman habl贸 err贸neamente de plusval铆a -en lugar de producto excedente-, aunque 茅sta s贸lo se produce en el modo de producci贸n capitalista, y asoci贸 err贸neamente una reducci贸n de los salarios reales con un aumento de la plusval铆a relativa, aunque dicha reducci贸n aumenta en el capitalismo la plusval铆a absoluta y en una sociedad de “tipo sovi茅tico” el producto excedente absoluto.

[89] A. Vyas, “Primary Accumulation in the USSR Revisited”, Cambridge Journal of Economics vol. 3 n潞 2, 1979, p. 129.

[90] R.W. Davies, Soviet Economic Development from Lenin to Khrushchev, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 1998, p. 46.

[91] D. Mandel, “October in the Ivanovo-Kineshma Industrial Region”, en E. Rogovin Frankel, J. Frankel, B. Knei-Paz (eds.), Revolution in Russia. Reassessments of 1917, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 1992, p. 157.

[92] J. Rossman, Worker Resistance Under Stalin. Class and Revolution on the Shop Floor, Harvard University Press, Cambridge-Londres 2005, pp. 232-233.

[93] Ibidem, pp. 207-230.

[94] Claudia Korol acu帽贸 el t茅rmino cuando escribi贸 sobre “los libros de texto sovi茅ticos de un marxismo adulterado y transg茅nico”. C. Korol, “Volver a Camilo”, en C. Korol, K. Pe帽a, N. Hurtado (eds.), Camilo Torres. El amor eficaz, Am茅rica Libre, Buenos Aires 2010, pp. 13-14.

[95] J. Rossman, op. cit. p. 236.

[96] D. Filtzer, Soviet Workers and Stalinist Industrialization. The Formation of Modern Soviet Production Relations, 1928-1941, Pluto Press, London-Sydney-Dover-New Hampshire 1986, pp. 254-255.

[97] Ibidem, p. 255.

[98] L. Trotsky, La Internacional Comunista despu茅s de Lenin, o El gran organizador de derrotas. Ediciones IPS, 2012.

[99] Informe de P.A. Shubin (Willensky), en 小.袩. 袩芯卸邪褉褋泻邪褟, 袗.袠. 小邪锌谢懈薪 (ed.), 袣芯屑懈薪褌械褉薪 懈 谐褉邪卸写邪薪褋泻邪褟 胁芯泄薪邪 胁 袠褋锌邪薪懈懈. 袛芯泻褍屑械薪褌褘 [S.P. Pojarskaya, A.I. Saplin, La Comintern y la guerra civil espa帽ola. Documentos], 袧邪褍泻邪, 袦芯褋泻胁邪 2001, p. 116.

[100] 脕. Vi帽as, “La decisi贸n de Stalin de ayudar a la Rep煤blica: un aspecto controvertido en la historiograf铆a de la Guerra Civil”, Historia y Pol铆tica. Ideas, Procesos y Movimientos Sociales n潞 16, 2006, pp. 96, 99. V茅ase tambi茅n D. Kowalsky, “Operaci贸n X: la Rusia sovi茅tica y la guerra civil espa帽ola”, Bolet铆n de Estudios Espa帽oles: Estudios e Investigaciones Hisp谩nicas sobre Espa帽a, Portugal y Am茅rica Latina vol. 91 n潞 1/2, 2014, p. 175.

[101] D. Evans, Revolution and the State. Anarchism in the Spanish Civil War, Routledge, Abingdon-Nueva York 2018, pp. 89-148.

[102] Informes de I. Stiepanov (Moreno) [S. Minev] de 4-7 y 11 de mayo de 1937, en 小.袩. 袩芯卸邪褉褋泻邪褟, 袗.袠. 小邪锌谢懈薪 (ed.), op. cit, pp. 263-265, 276-279.

[103] V茅ase el primer estudio de la experiencia b茅lica en Espa帽a, realizado a m谩s tardar el 5 de junio de 1937 por la Direcci贸n General de Inteligencia (GRU) del Ej茅rcito Rojo, en 袗.袪. 袝褎懈屑械薪泻芯, 袧.袗. 袦褘褕芯胁, 袧.小. 孝邪褉褏芯胁邪 (ed.), 袪袣袣袗 懈 袚褉邪卸写邪薪褋泻邪褟 胁芯泄薪邪 胁 袠褋锌邪薪懈懈 1936-1939 谐谐. 小斜芯褉薪懈泻懈 懈薪褎芯褉屑邪褑懈芯薪薪褘褏 屑邪褌械褉懈邪谢芯胁 袪邪蟹胁械写褘胁邪褌械谢褜薪芯谐芯 褍锌褉邪胁谢械薪懈褟 袪袣袣袗 [A.R. Efimenko, N.A. Mychov, N.S. Tarkhova, El Ej茅rcito Rojo y la Guerra Civil Espa帽ola. Colecciones de materiales de informaci贸n del GRU] vol. 1, 袪袨小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2019, p. 484.

[104] El discurso de Stalin en 袧.小. 孝邪褉褏芯胁邪 (ed.), 袙芯械薪薪褘泄 褋芯胁械褌 锌褉懈 薪邪褉芯写薪芯屑 泻芯屑懈褋褋邪褉械 芯斜芯褉芯薪褘 小小袪. 1-4 懈褞薪褟 1937 谐. 袛芯泻褍屑械薪褌褘 懈 屑邪褌械褉懈邪谢褘 [N.S. Tarkhova, El Consejo Militar bajo el Comisario del Pueblo para la Defensa de la URSS. 1-4 de junio de 1937. Documentos y materiales], 袪袨小小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2008, p. 133.

[105] G. Kelsey, Anarchosyndicalism, Libertarian Communism and the State: The CNT in Zaragoza and Aragon, 1930-1937, Kluwer, Dordrecht-Boston-London 1991, pp. 148-180; R.J. Alexander, The Anarchists in the Spanish Civil War, Janus, London 2007, pp. 802-830.

[106] R.J. Alexander, op. cit. pp. 829-830.

[107] L. Trotsky, Sur la r茅volution, Minuit, Par铆s 1963, p. 503.

[108] R. Conquest, The Great Terror: A Reassessment. 40th Anniversary Edition, Oxford University Press, Oxford-Nueva York 2008, p. 93.

[109] B. Szalontai, “The Dynamic of Repression: The Global Impact of the Stalinist Model, 1944-1953”, The Mongolian Journal of International Affairs vol. 10, 2003, p. 124. Adem谩s de la Rep煤blica Popular de Mongolia, el Gran Terror tambi茅n abarc贸 otros dos protectorados sovi茅ticos: la Rep煤blica Popular de Tuva (incorporada posteriormente a la URSS en 1944) y Xinjiang, una provincia de China que en aquel momento tambi茅n era una “rep煤blica popular” informal dirigida por el se帽or de la guerra disidente del Kuomintang, Sheng Shicai, que fue admitido personalmente por Stalin en el Partido Comunista Sovi茅tico.

[110] D. Filtzer, “Stalinism and the Working Class in the 1930s”, en J. Channon (ed.), Politics, Society and Stalinism in the USSR, Palgrave Macmillan, Houndmills, Basingstoke-New York 1998, p. 165.

[111] I. Bernstein, Turbulent Years. A History of the American Worker, 1933-1941, Houghton Mifflin, Boston 1971; N. Lichtenstein, The most dangerous man in Detroit. Walter Reuther and the Fate of American Labor, Basic Books, Nueva York 1995, pp. 74-247.

[112] M. Dubofsky, W. Van Tine, John L. Lewis. A Biography, Quadrangle/The New York Times Book, Nueva York 1977, pp. 203-440; M. Glaberman, Wartime Strikes. The Struggle Against the No Strike Pledge in the UAW During World War II, Bewick, Detroit 1980.

[113] N. Lichtenstein, “Conflict over Workers’ Control: The Automobile Industry in World War II”, en M.H. Frisch, D.J. Walkowitz (eds.), Working-Class America. Essays on Labor Community and American Society, University of Illinois Press, Urbana-Chicago-Londres 1983, pp. 284-311.

[114] C.W. Mills, The new men of Power. America’s Labor Leaders, Nueva York, Harcourt Brace 1948. V茅ase tambi茅n N. Lichtenstein, “Los nuevos hombres del poder”, Dissent vol. 48 n潞 4, 2001, pp.121-130.

[115] D. Filtzer, Soviet Workers and Late Stalinism. Labour and the Restoration of the Stalinist System after World War II, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 2004, p. 8.

[116] Algunos historiadores creen que con el secuestro de Stefan Foris, Secretario General del Partido Comunista Rumano, por la llamada “facci贸n de la prisi贸n” (formada por militantes dirigidos por Gheorghe Gheorghiu-Dej que hab铆an pasado la guerra en las c谩rceles rumanas, y no en la clandestinidad, como Foris, o en la URSS, como Anna Pauker) en 1944 y su asesinato dos a帽os despu茅s, tambi茅n se produjo una ruptura total en la continuidad hist贸rica del partido. “El comunismo rumano de preguerra y el de posguerra son dos mundos completamente diferentes” y la ruptura que se produjo en 1944 “es tan completa como profunda era la brecha entre el socialismo de los seguidores de Constantin Dobrogeanu-Gherei y el comunismo leninista en 1921”. A. Cioroianu, Pe umerii lui Marx. O introducere 卯n istoria comunismului rom芒nesc, Curtea Veche, Bucure葯ti 2005, p. 50. V茅ase tambi茅n P. C芒mpeanu, Ceau艧escu, anii num膬r膬torii inverse, Polirom, Ia葯i 2002, pp. 106-151.

[117] I. Banac (ed.), The Diary of Georgi Dimitrov, 1933-1949, Yale University Press, New Haven-London 2003, p. 163.

[118] B. Fowkes, The Rise and Fall of Communism in Eastern Europe, Macmillan Press, Houndmills, Basingstoke-London 1995, pp. 6-71; J. Rothschild, N.M. Wingfield, Return to Diversity. A Political History of East Central Europe Since World War II, Oxford University Press, Nueva York-Oxford 2000, pp. 75-146.

[119] K. Verdery, The national ideology under socialism. Identity and Cultural Politics in Ceau艧escu’s Romania, University of California Press, Berkeley-Los Angeles-Oxford 1991; M. Savova-Mahon Borden, The Politics of Nationalism Under Communism in Bulgaria. Myths, Memories, and Minorities (Disertaci贸n), Universidad de Londres. University College London. The School of Slavonic and East European Studies, Londres 2001; M. Mevius, Agents of Moscow. The Hungarian Communist Party and the Origins of Socialist Patriotism 1941-1953, Oxford University Press, Oxford-Nueva York 2005; Y. Sygkelos, Nationalism from the left. The Bulgarian Communist Party during the Second World War and the Early Post-War Years, Brill, Leiden-Boston 2011; J.C. Behrends, “The Stalinist volont茅 g茅n茅rale: Legitimizing Communist Statehood (1935-1952). A Comparative Perspective on the USSR, Poland, Czechoslovakia, and Germany”, East Central Europe/L’Europe du centre-est vol. 40 n潞 1/2, 2013, pp. 37-73; S. Bottoni, Stalin’s legacy in Romania. The Hungarian Autonomous Region, 1952-1960, Lexington Books, Lanham-Boulder-Nueva York-Londres 2018.

[120] J. Chumi艅ski, Robotnicy polscy 1945-1956. “Stary” i “nowy” o艣rodek przemys艂owy na przyk艂adzie Krakowa i Wroc艂awia, Wydawnictwo Uniwersytetu Ekonomicznego we Wroc艂awiu, Wroc艂aw 2015, p. 155

[121] N. Ko艂omejczyk, M. Malinowski, Polska Partia Robotnicza 1942-1948, Ksi膮偶ka i Wiedza, Warszawa 1986, pp. 51, 225, 262; M. Szumi艂o, Roman Zambrowski 1909-1977. Studium z dziej贸w elity komunistycznej w Polsce, Instytut Pami臋ci Narodowej, Warszawa 2014, pp. 165, 183-184; P. Kenney, Rebuilding Poland. Workers and Communists, 1945-1950, Cornell University Press, Ithaca-Londres 1997, p. 219.

[122] J. Chumi艅ski, op. cit, pp. 163-168.

[123] Ibid, pp. 180, 163, 182.

[124] P. Kenney, op. cit. p. 128; M. Fidelis, Kobiety, komunizm i industrializacja w powojennej Polsce, W.A.B., Warszawa 2010, p. 110.

[125] M. Heimann, Checoslovaquia. The State That Failed, Yale University Press, New Haven-London 2011, pp. 150-176.

[126] J. Bloomfield, Passive Revolution. Politics and the Czechoslovak Working Class, 1945-1948, Allison & Busby, Londres 1979, p. 11.

[127] Churchill cont贸 que en octubre de 1944, en las conversaciones con Stalin, “lleg贸 el momento de los negocios” y que dijo: “Pong谩monos de acuerdo sobre nuestros negocios en los Balcanes. Sus ej茅rcitos est谩n en Ruman铆a y Bulgaria. All铆 tenemos intereses, misiones y agentes. Pero no nos metamos en discusiones por nimiedades. En cuanto a Gran Breta帽a y Rusia, 驴les convendr铆a tener el 90% de su influencia en Ruman铆a, con nuestro 90% en Grecia y un reparto al 50% en Yugoslavia?” Cuando su pregunta fue traducida a Stalin, 茅ste la anot贸 en un papel. Stalin “tom贸 su l谩piz azul, puso una gran firma en la hoja de papel y la movi贸 en nuestra direcci贸n. Todo se arregl贸 en menos tiempo del que se tarda en decirlo. W.S. Churchill, The Second World War vol. VI, Houghton Mifflin, Boston 1953, p. 198. V茅ase tambi茅n la presentaci贸n de la discusi贸n privada de los comunistas yugoslavos Milovan 茐jilas, Vladimir Dedijer y Jo啪e Brilej con Churchill en 1951, en V. Dedijer, La batalla que perdi贸 Stalin. Memorias de Yugoslavia, 1948-1953, Spokesman, Londres 1978, p. 65.

[128] J. Broz Tito, “H kritiki stalinizma”, 膶asopis za Kritiko Znanosti, Domi拧ljijo in Novo Antropologijo vol. VIII n潞 39/40, 1980, pp. 158, 161. V茅ase tambi茅n Z.M. Kowalewski, “Jugos艂awia mi臋dzy Stalinem a rewolucj膮”, Le Monde diplomatique – edycja polska n潞 7, 2013, pp. 30-32.

[129] S. Vukmanovi膰 [-Tempo], How and Why the People’s Liberation Struggle of Greece Met With Defeat, The Merlin Press, Londres 1950, pp. 2-3

[130] V.H. [Holubnychy], “Stalin鈥檚 Theory of Capitalist Encirclement“, Labor Action vol. 17 n潞 3, 1953, p. 5

[131] Un intento serio, pero necesariamente infructuoso, de recuperar y reconstruir el concepto de democracia popular sobre la base de la “teor铆a sovi茅tica” fue emprendido por H.G. Skilling, “People’s Democracy” in Soviet Theory (I-II)”, Soviet Studies vol. II. 3, n潞 1, 1951, pp. 16-33, y n潞 2, 1951, pp. 131-149.

[132] El papel desempe帽ado en este proceso por los aparatos del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) y, posteriormente, del Ministerio de Seguridad del Estado (MGB) de la URSS fue presentado sobre la base de una amplia investigaci贸n de archivo realizada por 袧.袙. 袩械褌褉芯胁, 袩芯 褋褑械薪邪褉懈褞 小褌邪谢懈薪邪. 袪芯谢褜 芯褉谐邪薪芯胁 袧袣袙袛-袦袚袘 小小袪 胁 褋芯胁械褌懈蟹邪褑懈懈 褋褌褉邪薪 笑械薪褌褉邪谢褜薪芯泄 懈 袙芯褋褌芯褔薪芯泄 袝胁褉芯锌褘. 1945-1953 谐谐. [N.V. Petrov, Seg煤n el gui贸n de Stalin. El papel de los 贸rganos de la NKVD-MGB sovi茅tica en la sovietizaci贸n de Europa Central y Oriental 1945-1953], 袪袨小小袩协袧, 袦芯褋泻胁邪 2011.

[133] La Fehmgerichte (el t茅rmino proviene de una palabra del bajo alem谩n que significa “castigo”) o Holy Wehme fue una sociedad secreta de inspiraci贸n religiosa creada en Westfalia en el siglo XIII y activa hasta su disoluci贸n en 1811. La Sainte-Vehme impart铆a justicia de manera expeditiva, reuni茅ndose en secreto y dictando s贸lo dos sentencias: la absoluci贸n o la muerte. Sus jueces estaban obligados a guardar el secreto sobre el estatuto, el funcionamiento y las deliberaciones de este tribunal secreto. La instituci贸n dec铆a actuar en nombre de la Santa Sede. (ndt)

[134] La creaci贸n y utilizaci贸n de esa masa de maniobra por parte del poder burocr谩tico en formaci贸n como medio de presi贸n sobre la clase obrera fue una de las condiciones b谩sicas para el establecimiento de relaciones de explotaci贸n. V茅ase P. Barton [J. Veltrusk媒], A. Weil, Salariat et contrainte en Tchoslovaquie, Marcel Rivi猫re, Par铆s 1956, pp. 204-307.

[135] J. Smula, “The Party and the Proletariat: 艩koda 1948-53”, Cold War History vol. 6 n潞 2, 2006, pp. 153-175; K. McDermott, “Popular Resistance in Communist Czechoslovakia: The Plze艌 Uprising, June 1953”, Contemporary European History vol. 19 n潞 4, 2010, pp. 287-307.

[136] B. Sarel [Sternberg], La classe ouvri猫re d鈥橝llemagne orientale. Essai de chronique (1945-1958), Les 脡ditions ouvri猫res, Par铆s 1958, pp. 54-170; G. Dale, Popular Protest in East Germany, 1945-1989, Routledge, Londres-Nueva York 2005, pp. 9-56.

[137] E.P. Thompson, “Through the Smoke of Budapest “, en C. Winslow (ed.), E.P. Thompson and the Making of the New Left. Essays & Polemics, Monthly Review Press, Nueva York 2014, p. 37.

[138] B. Lomax (ed.), Hungarian Workers’ Councils in 1956, Social Science Monographs-Atlantic Research and Publications, Boulder-Highland Lakes 1990; J.C. Sharman, Repression and Resistance in Communist Europe, Routledge Curzon, Nueva York 2003, pp. 72-92.

[139] D. Filtzer, Soviet Workers and Late Stalinism, p. 202.

[140] S.H. Baron, Bloody Saturday in the Soviet Union. Novocherkassk, 1962, Stanford University Press, Stanford 2001; V.A. Kozlov, Mass Uprisings in the USSR. Protest and Rebellion in the Post-Stalin Years, Routledge, Abingdon-Nueva York 2015, pp. 224-287.

[141] D.R. Marples, Ukraine Under Perestroika. Ecology, Economics and the Workers’ Revolt, Palgrave Macmillan, Nueva York 1991, pp. 175-217; D. Filtzer, Soviet Workers and the Collapse of Perestroika. The Soviet Labor Process and Gorbachev’s Reforms, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 1994, pp. 94-108; S. Clarke, P. Fairbrother, V. Borisov, The Workers’ Movement in Russia, Edward Elgar, Aldershot-Brookfield 1995, pp. 18-82.

[142] S.H. Rigby, Marxism and History. A Critical Introduction, Manchester University Press, Manchester 1987, pp. 242, 243-244.

[143] D. Filtzer, Soviet Workers and De-Stalinization. The Consolidation of the Modern System of Soviet Production Relations, 1953-1964, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 1992, p. 122.

[144] D. Filtzer, “Labor Discipline, the Use of Work Time, and the Decline of the Soviet System, 1928-1991”, International Labor and Working-Class History vol. 50, 1996, p. 24.

[145] K. Marx, Le Capital (Libro I), PUF, Par铆s 1993, p. 243.

[146] A. Testart, Le Communisme primitif vol. I, 脡ditions de la Maison des sciences de l’homme, Par铆s 1985, pp. 28-32, 44-48.

[147] Ibidem, pp. 53-54.

[148] R. Brenner, “Property and Progress: Where Adam Smith Went Wrong”, en Ch. Wickham (ed.), Marxist History-Writing for the Twenty-First Century, Oxford University Press for the British Academy, Oxford-New York 2007, p. 58.s

[149] A. Testart, op. cit. p. 26.

[150] L. Althusser, “Marx dans ses limites (1978)”, en 铆dem, 脡crits philosophiques et politiques vol. I, STOCK/IMEC, Par铆s 1994, p. 425.

[151] S.H. Rigby, op. cit. pp. 5-142.

[152] L. Althusser, op. cit. p. 426.

[153] L. Althusser, Sur la reproduction, Presses universitaires de France, Par铆s 1995, p. 244.

[154] C. Wickham, “Productive Forces and the Economic Logic of the Feudal Mode of Production”, Historical Materialism. Investigaci贸n en teor铆a marxista cr铆tica vol. 16 no. 2, 2008, pp. 3-22.

[155] C. Wickham, “The Other Transition: From the Ancient World to Feudalism”, Past & Present n潞 103, 1984, pp. 3-36; 铆dem, “The Uniqueness of the East”, The Journal of the Peasant Studies vol. 12 n潞 2/3, 1985, pp. 166-196.

[156] H. Berktay, “El debate sobre el feudalismo: el extremo turco – 驴Es el “impuesto frente a la renta” necesariamente el producto y el signo de una diferencia modal? 14 n潞 3, 1987, pp. 291-333; J. Haldon, “The Feudalism Debate Once More: The Case of Byzantium”, The Journal of Peasant Studies vol. 17 n潞 1, 1989, pp. 5-40; 铆dem, The State and the Tributary Mode of Production, Verso, Londres-Nueva York 1993, pp. 63-139; C. Wickham, Framing the Early Middle Ages. Europe and the Mediterranean, 400-800, Oxford University Press, Oxford-Nueva York 2005, pp. 56-61.

[157] Los conceptos de sumisi贸n formal y real de las fuerzas productivas a las relaciones de producci贸n fueron desarrollados en relaci贸n con el capitalismo (es decir, en relaci贸n con la sumisi贸n del trabajo al capital) y sobre su ejemplo por K. Marx, Un chapitre in茅dit du Capital, Union g茅n茅rale d’茅ditions, Par铆s 1971, pp. 191-223. En las investigaciones sobre los modos de producci贸n precapitalistas, en particular el modo de producci贸n por linaje descubierto por los antrop贸logos -que hizo pasar a la humanidad de la recolecci贸n y la caza a la agricultura-, estos conceptos fueron aplicados por P.-Ph. Rey, “Contradictions de classe dans les soci茅t茅s lignag猫res”, Dialectiques n掳 21, 1977, pp. 116-133 En el estudio de la comunidad primitiva y el modo de producci贸n del linaje, tambi茅n lo hizo A. Testart, op. cit. pp. 157-187. Parece que en este 煤ltimo – era un modo de producci贸n antag贸nico (de clase) primitivo – ya exist铆a una relaci贸n de explotaci贸n, pero todav铆a no era la relaci贸n fundamental de producci贸n. V茅ase A. Marie, “Rapports de parent茅 et rapports de production dans les soci茅t茅s lignag猫res”, en F. Pouillon (ed.), L’anthropologie 茅conomique: Courants et probl猫mes, Maspero, Par铆s 1976, pp. 86-116.

[158] V茅ase P. Murray, “The Social and Material Transformation of Production by Capital: Formal and Real Subsumption in Capital, Volume I”, en R. Bellofiore, N. Taylor (eds), The Constitution of Capital: Essays on Volume I of Marx’s Capital, Palgrave Macmillan, Houndmills, Basingstoke-New York 2004, pp. 243-273; C.J. Arthur, “The Possessive Spirit of Capital: Subsumption/Inversion/Contradiction”, en R. Bellofiore, R. Fineschi (eds), Re-reading Marx: New Perspectives after the Critical Edition, Palgrave Macmillan, Houndmills, Basingstoke-Nueva York 2009, pp. 148-162.

[159] Ch. Wickham, “Productive Forces and the Economic Logic of the Feudal Mode of Production”, pp. 15-16.

[160] A.M. Watson, “The Arab Agricultural Revolution and Its Diffusion, 700-1100”, The Journal of Economic History vol. 34 n潞 1, 1974, pp. 8-35.

[161] M. Barcel贸, H. Kirchner, C. Navarro, El agua que no duerme. Fundamentos de la arqueolog铆a hidr谩ulica andalus铆, El Legado Andalus铆, Granada 1996, as铆 como J.M. Mart铆n Civanos, “Working in Lanscape Archaeology: The Social and Territorial Significance of the Agricultural Revolution in Al-Andalus”, Early Medieval Europe vol. II. 19 no. 4, 2011, pp. 385-410. El debate entre los historiadores sobre el predominio del modo de producci贸n tributario en la Espa帽a isl谩mica es presentado por A. Garc铆a Sanju谩n, “El concepto tributario y la caracterizaci贸n de la sociedad andalus铆: Treinta a帽os de debate historiogr谩fico”, en A. Garc铆a Sanju谩n (ed.), Saber y sociedad en Al-Andalus, Universidad de Huelva, Huelva 2006, pp. 81-152. No fue el feudalismo, sino el modo de producci贸n tributario distinto de 茅ste, el modo de producci贸n antag贸nico m谩s extendido en el mundo en la 茅poca precapitalista. El trabajo te贸rico m谩s completo hasta la fecha sobre este modo de producci贸n ha sido realizado por Pierre Briant, que estudi贸 la historia de los imperios aquem茅nida y helen铆stico. Ha demostrado que, bajo su gobierno, se produjo un “desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas” en estos imperios. P. Briant, Rois, Tributs et paysans. 脡tudes sur les formations tributaires du Moyen-Orient ancien, Universit茅 de Franche-Comt茅, Les Belles Lettres, Besan莽on-Paris 1982. Lo sorprendente es que otros te贸ricos del modo de producci贸n tributario, concebido de forma diversa, no se enfrenten a la obra de Briant 隆porque la desconocen! V茅ase J. Haldon, The State and the Tributary Mode of Production; S. Amin, Eurocentrism. Modernity, Religion, and Democracy. A Critique of Eurocentrism and Culturalism, Monthly Review Press, Nueva York 2009; J. Banaji, Theory as History. Essays on Modes of Production and Exploitation, Brill, Leiden-Boston 2010; L. da Graca, A. Zingarelli (eds.), Studies on Pre-Capitalist Modes of Production, Brill, Leiden-Boston 2015; R.M. Rosenswig, J.J. Cunningham (eds.), Modes of Production and Archaeology, University Press of Florida, Gainesville 2017.

[162] As铆 lo explican Robert Brenner y Ellen Meiksins Wood, aunque utilizan una terminolog铆a diferente: no hablan de relaciones de producci贸n, sino de “relaciones sociales de propiedad”. V茅ase R. Brenner, M. Glick, “The Regulation Approach: Theory and History”, New Left Review n潞 188, 1991, pp. 45-119; E. Meiksins Wood, “The Politics of Capitalism”, Monthly Review vol. 51 n潞 4, 1999, pp. 12-26; R. Brenner, “Competition and Class: A Reply to Foster and McNally”, Monthly Review vol. 51 n潞 7, 1999, pp. 24-44; E. Meiksins Wood, “Horizontal Relations: A Note on Brenner’s Heresy”, Historical Materialism. Research in Critical Marxist Theory vol. 4 n潞 1, 1999, pp. 171-179; 铆dem, “La cuesti贸n de la dependencia del mercado”, Journal of Agrarian Change vol. 2 No. 1, 2002, pp. 50-87.

[163] Esta transferencia, llamada eufem铆sticamente “entregas correctivas”, fue la raz贸n de la enorme modernizaci贸n de la econom铆a sovi茅tica despu茅s de la guerra. Durante la aplicaci贸n del Cuarto Plan Quinquenal (1946-1950), las “entregas de reparaci贸n” garantizaban alrededor del 50% del equipamiento para la construcci贸n de capital. En muchas ramas de la industria, la importancia de estas entregas fue a煤n mayor, y fue principalmente gracias a ellas que fue posible, durante el cuarto plan quinquenal, emprender la producci贸n a un nivel varias veces superior al de antes de la guerra (贸ptica, radiotecnia, producci贸n de motores diesel, equipos de comunicaci贸n, productos electrot茅cnicos, equipos de forja y prensado, fibras artificiales y pl谩sticos, caucho sint茅tico, productos petroqu铆micos, etc.). Las entregas correctivas permitieron eliminar o reducir considerablemente los defectos de la estructura sectorial de la industria sovi茅tica y, en particular, aumentar la capacidad de ingenier铆a de la maquinaria pesada, lo que, a principios del quinto quinquenio, permiti贸 asegurar no s贸lo gigantescas construcciones de capital en el propio pa铆s, sino tambi茅n satisfacer las necesidades de tales construcciones en los dem谩s pa铆ses socialistas de Europa y Asia y, a partir del sexto quinquenio, en los pa铆ses no socialistas en desarrollo” (袚.袠. 啸邪薪懈薪, op. cit. nota 84, pp. 186-187). De Alemania Oriental “se llevaron las l铆neas tecnol贸gicas m谩s modernas e instalaciones industriales enteras, relacionadas con ramas en las que el desarrollo en la URSS difer铆a antes de la guerra del nivel mundial o estaba en una fase inicial (贸ptica, radioingenier铆a, ingenier铆a el茅ctrica, etc.). La documentaci贸n t茅cnica se llev贸 junto con el equipo. Con esta documentaci贸n fue posible organizar la producci贸n en muchas ramas de la industria en la Uni贸n Sovi茅tica. Se tom贸 mucho m谩s de lo que la econom铆a sovi茅tica fue capaz de “digerir”. Faltaban instalaciones de almacenamiento, los equipos se guardaban en el exterior, se oxidaban y quedaban inservibles” (袝.挟. 袟褍斜泻芯胁邪, “袩芯褋谢械胁芯械薪薪邪褟 褝泻芯薪芯屑懈泻邪: 袨褋薪芯胁薪褘械 锌褉芯斜谢械屑褘 懈 褌械薪写械薪褑懈懈 褉邪蟹胁懈褌懈褟”, en 袙.袩. 袛屑懈褌褉懈械薪泻芯 (ed.), 袠褋褌芯褉懈褟 袪芯褋懈懈. 啸啸 胁械泻 [E.Y. Zoubkova, “L鈥櫭塩onomie de l鈥檃pr猫s guerre : principaux probl猫mes et tendances du d茅veloppement 禄, dans V.P. Dimitrienko, Histoire de la Russie. XXe si猫cle“], 袗小孝, 袦芯褋泻胁邪 2000, p. 478)

[164] C.J. Arthur, The New Dialectic and Marx’s Capital, Brill, Leiden-Boston 2004, pp. 208-209.

[165] Ibidem, p. 208.

[166] Ibidem, p. 209.

[167] Ibidem, p. 208.

[168] G.E.M. de Ste. Croix, “Class in Marx’s Conception of History, Ancient and Modern”, New Left Review n潞 146, 1984, p. 99. V茅ase tambi茅n 铆dem, The Class Struggle in the Ancient Greek World: From the Archaic Age to the Arab Conquest, Cornell University Press, Ithaca 1981, pp. 31-69.

[169] V茅ase T.H. Aston, C.H.E. Philpin (eds.), The Brenner Debate. Agrarian Class Structure and Economic Development in Pre-Industrial Europe, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York 1985.

[170] E. Meiksins Wood, “The Question of Market Dependence”, pp. 57-58.

[171] E. Meiksins Wood, “The Question of Market Dependence”, pp. 57-58.

[172] Ibidem, p. 27.

[173] Ibidem, p. 27

[174] Ibidem, p. 27

[175] Ibidem, p. 27.

[176] A la luz de esta investigaci贸n, Andreff ha criticado diversas teor铆as, entre ellas las de A. Bordiga, G. Munis, C. Castoriadis, Ch. Bettelheim, B. Chavance, T. Cliff, G. Duch锚ne, D. Rousset y P.M. Sweezy, seg煤n los cuales en el bloque sovi茅tico prevalec铆a bien un capitalismo de Estado concebido de forma diversa o bien una nueva sociedad de clases desconocida e hist贸ricamente estable. W. Andreff, “Capitalisme d鈥櫭塼at ou monopolisme d鈥櫭塼at en U.R.S.S. ? Propos d鈥櫭﹖ape “, en M. Lavigne (ed.), Economie politique de la planification en syst猫me socialiste, Economica, Par铆s 1978, pp. 245-286; 铆dem, “驴D贸nde ha ido todo el socialismo? Post-Revolutionary Society versus State Capitalism”, Review of Radical Political Economics vol. 15 n潞 137, 1983, pp. 137-152.

[177] URGENSE (Unidad de investigaci贸n granobloque sobre las econom铆as y las normas del socialismo existente), “Un taylorismo aritm茅tico en las econom铆as planificadas del centro”, Critiques de l鈥櫭ヽonomie politique n潞 19, 1982, pp. 110-111.

[178] Ibidem, p. 119.

[179] M. Laki, “End-Year Rush-Work in Hungarian Industry and Foreign Trade”, Acta Oeconomica vol. 25 n潞 1/2, 1980, p. 39.

[180] URGENSE, op. cit, pp. 121, 124.

[181] Ibidem, p. 124.

[182] H. Ticktin, “Hacia una econom铆a pol铆tica de la URSS”, Critique. Journal of Socialist Theory vol. 1 n潞 1, 1973, pp. 25-29.

[183] L. H茅thy, Cs. Mako, “Wage Incentives and the Planned Economy”, Sociologie du travail vol. 15 n潞 1, 1973, p. 42.

[184] J. Boduch, “Stan i rezultaty bada艅 nad organizacj膮 pracy w przedsi臋biorstwie”, Ruch Prawniczy, Ekonomiczny i Socjologiczny vol. 23 n潞 4, 1961, pp. 191, 196.

[185] A.S. Dovba, I.I. Chapiro, A.F. Zoubkova, Y.I. Chagalov, “URSS”, en Les nouvelles formes d鈥檕rganisation du travail Vol. 2, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra 1979, p. 91.

[186] URGENSE, op. cit, p. 119.

[187] Ibidem, pp. 126, 116-117.

[188] Ibidem, pp. 113-114.

[189] D. Filtzer, Soviet Workers and De-Stalinization, p. 201.

[190] B. Arnot, “Soviet Labour Productivity and the Failure of the Shchekino Experiment”, Critiques de l鈥櫭ヽonomie politique vol. 15 n潞 1, 1981, pp. 41, 36.

[191] B. Arnot, Controlling Soviet Labour. Experimental Change From Brezhnev to Gorbachev, Macmillan Press, Houndsmill, Basingstoke-London, 1988, pp. 32, 79.

[192] H. Ticktin, Origins of the Crisis in the USSR. Essays on the Political Economy of a Disintegrating System, M.E. Sharpe, Armonk-London 1992, p. 86.

[193] B. Arnot, op. cit. pp. 41-42.

[194] Ibid, p. 43. V茅ase tambi茅n H. Ticktin, “Towards a Political Economy of the USSR”, pp. 27-36.

[195] H. Ticktin, Origins of the Crisis in the USSR, pp. 12-13.

[196] D. Filtzer, “Labor Discipline, the Use of Work Time”, p. 12.

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Fuente: Vientosur.info